Alice se detuvo, sus piró, aspiró una gran bocanada de aire y me miró fijo con sus ojos dorados. Me quedé pasmada, ¿tanto se notaba en mi rostro que me estaba poniendo ansiosa, tanto como para que él se diera cuenta?
Capítulo tercero
- Yo puedo ver el futuro.- Explicó Alice.- Cuando Bella estaba embarazada no podía ver nada, no podía ver ni a ella ni al bebé. Vi cuando te encontraste con Carlisle, pero cuando vi que vendrías hacia aquí luego llamó, no supe por qué venías. A pesar de tu bebé, pude verte, aún ahora puedo ver tu futuro y el de tu bebé, y eso es porque ya conozco a los medios vampiros lo suficiente como para percibirlos, siempre pensé que nunca lograría hacerlo.
Se me cayó la mandíbula por el asombro, ella estaba diciéndome que podía ver el futuro, que era un verdadero profeta, lo cual no me dejaba muchas dudas en que Edward supiese de mi estado de animo porque es telépata.
- Lo soy.- Contestó a mis pensamientos.
Suspiré. No me gustaba ese pequeño aspecto de su don, lo más posible es que no pudiese evitar "escucharme", aún más cuando mi mente es un griterío cuando me sorprendo. Ahora sólo faltaba saber quien había estado intentando calmarme, comencé a conjeturar. Y supuse que no podía ser Emmett, era algo demasiado sutil, echaba a perder sus músculos, tampoco es que pareciera que su mente fuese una charca muy profunda.
- Concuerdo.- Se carcajeó Edward.
- Podrías esperar al menos a que terminé de hilar lo que pienso, haces que pierda el carril.
Comencé de nuevo, miré a Rosalie ahora, tampoco parecía muy preocupada por otra cosa que no fuera su reflejo, volví mi mirada a Emmett y me di cuenta. Tal para cual. Jacob tampoco tenía la pinta de una persona muy lista que digamos, más con la cara de idiota que ponía mirando como Reneesmée jugaba con los brazaletes que me había quitado.
- ¡Ja!- Edward estaba encorvado de la risa.- Lo lamento, no puedo evitarlo.
No le di importancia a su interrupción, al menos no la suficiente. Y así, me detuve en Jasper, tenía el aspecto de una persona que sabe manejar a las otras, no para un fin marcado, sólo tenía ese aspecto dominante, y la expresión marcada por la experiencia. Tenía que ser él.
- Ahora si Edward, dime si adiviné.
- Eres casi tan observadora como Bella
Supongo que puede hacerte sentir con todo el amor con que puede arrancarte la cabeza.
- Me retracto, piensas igual que Bella.
Bueno, basta. Es de mala educación y además todos quieren saber de que estábamos hablando.
- Lo lamento. Aun no me he presentado. Soy Madeleine Stevens, vine desde Chicago.
- Pobrecilla, sola tanto camino hasta aquí.- Suspiró Esme.
Nadie dijo nada más, bueno, no se si era de mucho interés. Lo que no pude evitar fue que mi estómago imitara a un oso pardo que acaba de salir de su cueva en primavera.
- Ya te traigo algo, querida.- Dijo Esme mientras iba hacia la cocina, supuse.
Pero sin embargo eso no me importó mucho, ya que mientras mi estómago rugía, mi pequeño se estiró en mi vientre, aplastando mis órganos hacia arriba, pegándolos contra mis costillas, haciéndome arquear la espalda en una contorsión de dolor. Aspiré profundo mientras sentía el profundo "crack" de dos costillas del lado derecho, dejé que mi espalda volviera a tocar levemente los almohadones acolchonados del sofá. Me quedé quieta, a la espera de que todos se movieran, como lo hicieron al instante que el sonido de quiebre terminó. Me enyesaron, para que me mantenga inmóvil. Y me mimaron como no espere que lo hicieran durante horas. Descubrí que Alice tenía un sentido de la moda muy similar al mío, una de las pocas cualidades que tenía era descubrir que ponerme cada mañana y estar a la moda. Mientras mantenía una animada charla con ella, sobre las tiendas en Chicago, y el mejor lugar para comprar una falda de volantes de diseñador, Carlisle llegó. Casi ni sentí el rugido del motor o las pisadas mientras se acercaba, al instante ya estaba parado a mi lado.
- Supongo que ya has comido algo, tu barriga creció por lo menos cinco centímetros desde que te envié.- Asintió maravillado.- Tu cuerpo aún acepta el alimento.
- Supongo, de todas formas me sabia todo muy raro, como si no fuera lo que esperaba mi estómago, pero allí esta alojado.- Respondí.
Me miró durante un instante, supuse eso al menos. Y realizó la pregunta que yo esperaba, sé muy bien que no sé mentir.
- Sabías quien era él ¿cierto?
- Sí.- Suspiré.- Pero me gustaría contártelo sólo a ti si es posible, bueno Edward terminará enterándose de todos modos.- Le sonreí al susodicho.- Pero me parece más prudente no soltarle todo a todos de una sola vez. Siempre me dicen que no soy lo que parezco.
- Esta bien. Supongo que puede ser.
Automáticamente me tomó en sus brazos con cuidado de mis fracturas, y comenzó a subir las escaleras conmigo. Entramos a su despacho y escuché la música en el piso de abajo, como sospeché, no importaba qué tan lejos, podrían oírme. Me sentó en un sofá a un costado, de un marrón rojizo, enfrentado al ventanal que daba al bosque. Se sentó a mi lado y me miró, expectante.
- Por donde empezar…- Suspiré.- Supongo que el comienzo de mi historia explicara bastante más de toda la situación.
»Mi padre era un músico de rock, supongo que ser su pequeña era lo mejor que hacía en ese entonces. Era famoso, y se volvía cada vez más rico. Mi madre comenzó diseñando su vestuario y cuando yo cumplí 7 ya era una diseñadora consagrada con su propia línea y marca. Eran mediados de junio y querían viajar a Europa, era la semana de la moda o algo así, y mi padre aprovecharía para dar un concierto sorpresa. Claramente, no querían que faltara por mucho tiempo al colegio y me dejaron en casa con la niñera y mi tía Claire. Sucedió mientras viajaban en automóvil desde París a Roma, un camionero ebrio no los vio en el camino. Murieron al instante y me dejaron sola. Primero los odié profundamente por ello y luego volví a sentirme desdichada.
»Él apareció durante 5 minutos en su funeral. Su rostro perfecto, blanco, estaba cubierto de lo que creí eran lágrimas, ahora me doy cuenta de que no es posible que lo fueran de verdad. Sus lamentos sí lo eran. Bajé las escaleras directo a sus piernas y lo abracé, muy en el fondo creí saber quien era, por el contrario de lo que pensaba, no me apartó. Tomó mi mano y miró mi rostro mientras secaba mis lágrimas con sus dedos fríos. Vi sus ojos de un color turbio, que se debatía entre el dorado y el negro, estaban oscureciéndose de a poco. De repente suspiré en su rostro y sentí como aspiraba primero maravillado, luego cauto y por último enfadado. Me miraba consternado y arrugando la nariz, como si hubiese ensuciado mis pantalones. Se enderezó, me lanzó una última mirada y se fue. Según lo que me contaron, era el mejor amigo de mi padre, desde toda la vida. Pero no era un reacio a salir de su casa, y era una de las pocas apariciones públicas que había hecho en mucho tiempo.
»Cuando cumplí los 15 años, recibí mi primera carta. Se dirigía a mi como se le dirige la palabra a una princesa, como si me profesara un profundo amor. Me di cuenta de eso mucho tiempo después, claramente, pero contesté su carta gustosa de conocer a alguien que estaba casi tan afligido como yo. Comencé a comentar otras cosas con él, su nombre es William Lexington, es un músico como mi padre, pero era un prominente abogado en su ciudad. Acepté por años sus halagos y regalos, sus cartas se volvían cada vez más interesantes.
»Empecé a sentir por él ese mismo amor cuando cumplí los 17, cuando me di cuenta de que esperaba impaciente sus contestaciones, o me sorprendía imaginando los gestos que correspondiesen a sus palabras escritas, quería más. Le exigía que me visitara, pero nunca aceptaba. Lo quería de veras, como quería aire para respirar. Sin embargo nunca lo vi en persona más que aquella vez. Me di cuenta de que aún recordaba su rostro, que podía verlo con claridad en mis sueños. Comencé a dibujarlo, tomé clases hasta que hice una replica exacta de mi recuerdo, de cada una de sus perfectas facciones.
»Comenzó a pagar mis estudios, estudié arte y diseño en los mejores colegios gracias a él. Lo aceptaba porque lo amaba, pero nunca me animé a confesarlo ¿qué edad tenía ese hombre que me fascinaba? ¿correspondería al amor de un chiquilla? ¿se horrorizaría por los sentimientos que había despertado en mi? ¿los encontraría completamente equivocados?
» Terminé mis estudios, pero no estaba ya tan interesada en ellos. Me sentía completamente sola, a pesar de seguir comunicándome con él. Desconsolada, había concurrido a muchos métodos para olvidarle, para obligarme a odiarle. Encontré las drogas, amigas de parranda. Encontré que podía cobrar la herencia de mi padre, fui cauta de todos modos, sólo gasté en una casa y el auto. Conseguí un trabajo simple y con eso mantuve mis vicios. Me acosté con hombres y mujeres sin saber sus nombres, tantas veces, en tantos lugares y de tantas formas que no sabría decir donde empezó el circulo.
»Cumplí los 23 años y no esperaba lo que sucedió, nadie espera nunca obtener todo lo que desea. Menos esperaba una propuesta de matrimonio, menos del hombre al que más amaba. Me obligué a darle una repuesta, me negué, porque soy una mujer cruel. Quería volver a oírlo, quería escuchar que me amaba., después de tanto dolor, quería que él esperara por mi, que rogara. Le exigí que se presentara él mismo ante mi para declararse, o mi respuesta realmente sería negativa.
»Dos noches después de mi contestación fue que sucedió todo. Se acercó y me tomó, así como se le hace el amor a una cualquiera, luego de tanto respeto y amor, luego de todo eso. Me tomó como la cualquiera que era en un callejón mugroso y oscuro. Drogada y en contra de mi voluntad.- Suspiré antes de dar el final.- Mi querido Will…
- Una historia fascinante y dura.- Me abrazó por sobre los hombros, como queriendo animarme.- Supongo que debo preguntártelo ahora, porque prefiero que la decisión la tomes tu. ¿Te gustaría formar parte de mi familia? ¿Ser otra más de mis hijos? Habrás visto a Bella y descubriste que no podrás sobrevivir a esto, no como humana. Me gustaría transformarte yo mismo, si gustas.
- Me rendí ante esa perspectiva cuando acepte venir aquí Carlisle. Sé que no será lo mismo para mí que si fuera un niño humano, es obvio. Pero haré lo posible porque lo amo, es el bebé del hombre que amo y no puedo matarlo. A ti es a quien conozco y respeto, no permitiría que ninguno de los otros lo haga. Disculpa lo que diré, pero la única que me inspira TANTA confianza como tu, es Esme.
Me miró primero sorprendido, y luego de forma paternal, comprendiendo. Me quedé allí en sus brazos, me recordaron a los de mi padre, casi igual de fuertes e ineludibles. Comencé a divagar sobre mi futuro a su lado, como mi padre, mi nueva familia. Hermanos y hermanas, una nueva experiencia. Supe que el más parecido a mi en varios aspectos, era Edward, si me preguntan yo también hubiese escogido a Bella para compartir la eternidad. Aunque por alguna extraña razón, me parecía que había sido más que una simple elección, como si hubiese habido un factor más importante en el motivo de su unión. En algún momento entre tanto ensueño, me quedé dormida.
- Explícaselo, la estas poniendo loca.
Alice se detuvo, sus piró, aspiró una gran bocanada de aire y me miró fijo con sus ojos dorados. Me quedé pasmada, ¿tanto se notaba en mi rostro que me estaba poniendo ansiosa, tanto como para que él se diera cuenta?
Continuará…
