Kae Izumi se encontraba lavando los platos de la comida lo que le daba tiempo para pensar, en aquella ocasión pensaba en su hijo. Koushiro había vuelto hacía poco de uno de los campamentos más extraños, él y otros 7 chicos habían sido enviados a una extraña dimensión donde habían tenido que lucha contra monstruos. Kae había vivido aquella aventura con auténtica preocupación, desgraciadamente sabía lo que era perder un hijo y no estaba dispuesta a volver a sentir aquello. Koushiro siempre fue frío y distante con ella pero desde que volvió del Digimundo y solucionaron sus problemas Koushiro volvió a llamarla mamá sin ningún deje de duda en su voz, para él ella era su madre y viceversa.
Koushiro siempre fue un niño diferente, desde los 4 años notó que se volvía más introvertido, al principio pensó que era debido a que había entrado en la escuela y se había vuelto más independiente, ahora sabía que fue al descubrir que era adoptado. En cuanto su marido Masami trajo el primer ordenador a casa cuando Koushiro contaba con 6 años nació una chispa en sus ojos que no ha vuelto a apagarse, siempre fue un chico aplicado y siempre tenía preguntas que hacer, pero cuando Masami le pidió ayuda para montar el equipo nació una admiración en Koushiro por todo lo relacionado con la informática inagotable. Unos años después le compraron su propio ordenador al pequeño.
Comenzó a pasar cada vez más tiempo encerrado en su habitación haciendo quién sabe qué cosas, incluso había veces que ni siquiera comía con ellos, Kae sabía que estaba mal pero era incapaz de reñir a Koushiro ya que siempre se sintió demasiado culpable por ocultarle sus raíces a su hijo. Al poco tiempo Kae descubrió que podía conectar con su hijo haciéndole alguna pregunta sobre algo relacionado con la tecnología, se le iluminaba el rostro y comenzaba a hablarle de cosas que ni en sus mejores sueños entendía pero adoraba ver que su hijo había encontrado algo que le llenaba de verdad, sólo había que mirarle a la cara para saber que Koushiro Izumi nunca sabría suficiente, siempre encontraría algo que le suscitara preguntas y necesitara respuestas.
Sus profesores siempre estuvieron fascinados por su hijo, siempre le comentaban en las reuniones de padres que era uno de los chicos más curiosos que habían tenido en sus aulas por lo que cuando al llegar de sus aventuras los niños elegidos le contaron que su hijo portaba el emblema del conocimiento simplemente sonrió con orgullo, su hijo era la persona más curiosa y sabía que conocía, y supo en cuanto lo miró que no había nada en este mundo que apartara a su hijo al nuevo enigma que se le había presentado ante sus ojos: el Digimundo.
Ella, al igual que el resto de padres, notó el cambio que se había producido en su hijo tras la aventura, no diría que fue un cambio radical como lo fue el de Yamato, pero aunque sutil, el cambio fue abismal. No se engañó a sí misma ni un solo momento, aquel viaje no había servido para que su niño olvidara los ordenadores, todo lo contrario, pero le había hecho darse cuenta que había muchas otras cosas que importaban. Desde que habían vuelto Koushiro se comportaba más como un niño, salía a jugar con sus amigos y cuando se quedaba pegado durante días investigando en el ordenador se plantaban en su casa Tai y algunos otros chicos para gritarle a Koushiro que dejara las máquinas y bajara con ellos a dar una vuelta.
También cambió su relación con sus padres, Kae lo notó desde el principio, aquel viaje ayudó a que su hijo aceptara el hecho de que ellos no eran sus verdaderos padres pero que aquello no significaba de ninguna manera que lo quisieran menos. Nunca volvió a perderse una cena con sus padres y aceptaba gustoso pasear con ellos los fines de semana. Les habló de su compañero Tentomon haciéndoles ver que no era una criatura peligrosa, para Kae y Masami nunca sería rechazado un ser que inspirase tanto cariño en su pequeño. Sin duda, Kae agradecía a los cielos aquella aventura que vivió su hijo.
