Ochako quedó sin habla y en total estado de shock. ¿Casarse? ¿Compromiso? ¿Amor? Palideció, nunca en su vida había recibido tantas noticias abrumadoras de un solo golpe, con suerte quiso presumir que iba a obtener un empleo, pero tal parece que la señora Bakugou había sido bastante específica con lo que pedía y ella jamás lo había imaginado de esa manera. Se sintió mareada y confundida, aquellos padres preocupados le estaban pidiendo un favor a ella, que ni siquiera tenía idea alguna de lo que consistía un compromiso tan grande como volverse esposa de una persona... que ni conocía.

Bakugou dejó escapar un suspiro de frustración y decidió tomar asiento con la petulante intención de ignorar a todos los presentes, si es que podía y si su propia madre no tenía la intención de fastidiarlo. Aunque a juzgar por la presencia de la chica de cara redonda sabía que lo iba a pasar fatal.

— Como podrás notar —comenzó a hablar Mitsuki con más seriedad—. Mi hijo no es muy amigable que digamos y tiene una forma de ser un tanto difícil. Yo recomendaría que se conocieran y...

— No digas estupideces vieja ridícula. La que busca comprometerme con cualquier mujer eres tú —. Afirmó el rubio cruzándose de hombros—. Para ser sincero a mi ni siquiera me interesa esto.

La castaña inevitablemente le miró boquiabierta. Sorprendiéndose de la actitud de ese hombre, que si bien parecía despiadado, poseía poca paciencia.

— Te pido que accedas a conocerlo —suplicó Masaru con una mirada suave a la invitada—. Esto es una cuestión difícil, pero te prometemos que te vamos a apoyar en todo lo que necesites, solo queremos que nos hagas el favor de conocer a nuestro hijo.

Maldijo para sus adentros. Ella jamás podía negarse a las peticiones de las personas amables, más aún si estaban atravesando una situación difícil.

— Si accedo a esto significa que me volveré...

— Su futura prometida si las cosas marchan bien —interrumpió Mitsuki, esperanzada de la buena voluntad de Ochako y de que ésta, al conocer a su hijo pudiera aflorar sentimientos por él. Algo muy en el fondo le decía que esa mujercita era diferente del resto y quería hacer el intento por descubrir qué les deparaba el destino.

— Ustedes siempre pidiendo tonterías —comentó notoriamente en desacuerdo el menor de los Bakugou, seguido de eso le dirigió una mirada amenazante a Ochako—. Mis padres están tontamente ilusionados en un posible matrimonio, pero te diré algo, cara redonda. Si piensas que podrás manejarme a tu antojo déjame decirte que estás bien jodida de la cabeza.

Ella parpadeó todavía más sorprendida. Había recibido un apodo muy extraño y además él ni siquiera la conocía y ya la estaba rechazando. ¿Qué diablos le pasaba? Definitivamente su forma de ser era inusual. A su parecer era bastante atractivo y no lo podía negar, se sentía intimidada por esa mirada tan pesada pero no iba a dejárselo saber.

— ¿Y qué pasaría si al final te termino agradando? —preguntó ella con inocencia y haciéndolo enfadar.

— ¿Agradarme tú? —cuestionó con sarcasmo—. ¿Qué mierda te piensas? Deberías callarte, estúpida.

Mitsuki se sintió avergonzada por el lenguaje de su primogénito, ni bien se conocían y ya estaba derrochando palabras obsenas y una notoria falta de respeto a la pequeña Uraraka.

— Si acepto ser tu prometida en este momento podría ser —se defendió ella con minuciosidad, sonrió con levedad al notar que él se enfadaba muy fácilmente.

¿ESO SIGNIFICA QUE ACEPTAS NUESTRA PROPUESTA? —Interrogó Mitsuki con un atisbo de esperanza.

Ochako le devolvió una mirada tranquila. Asintió levemente y se sintió la persona más estúpida del mundo por haber aceptado sin pensarlo adecuadamente. Lo de menos iba a ser arrepentirse de sus actos, ya que ella había tomado la precipitada decisión de aceptar ese "trabajo".

Bakugou ahora estaba estupefacto, ¿pero qué mierda pasaba por la enferma mente de esa enana idiota? Su enojo crecía mas y más, esa perra lo estaba desafiando. Para la poca fortuna de ella, pues no sabía con quien se estaba involucrando.

¿¡ENTONCES QUE ESTAMOS ESPERANDO!? DEBERÍA HACERSE OFICIAL —dijo con efusividad y hasta Ochako se contagió de aquella energía tan vigorosa.

— "No puedo creer que esa basura se haya ganado a mis padres con tanta facilidad, ¿qué demonios se supone que hizo para que le tengan tan alta estima? Debe ser una jodida broma. No voy a permitir que se entrometa de más en mi vida. —pensó Katsuki observando una escena poco cautivadora para él.

Entonces tenía el plan ideal para deshacerse de ella: iba a comportarse de la manera más cruel e inhumana posible para así alejar a la chica de cara redonda y facciones de niña pequeña, era tan fastidiosa su presencia en estos momentos que podría él mismo arrojarla a su auto y asesinarla en algún lugar lo bastante alejado de la ciudad.

Ella parecía fácil de dañar. Así que no estaba mal la idea de hacerla sentirse menos y denigrarla hasta que decidiera declinar su reciente compromiso.

La observó con detenimiento. Joder, era una niña, ¿en qué mierda estaban pensando sus padres? ¿Y qué clase de fetiches se imaginaban acerca de esto? Ni siquiera se daba cuenta de la mirada que le estaba dirigiendo, quería asesinarla de verdad, ella simplemente lo ignoraba haciéndose la distraída.

Su mirada fue descendiendo un poco más hacia abajo de su cara estúpida de mochi, recorriéndola sin pudor.

Bueno... no era tan niña.

Apretó los puños molesto consigo mismo y molesto con sus padres y con el mundo entero. Y con esa idiota.

[...]

Habían transcurrido apenas 2 semanas de lo sucedido y seguía sabiendo poco de Bakugou Katsuki. Ochako definitivamente estaba muy calmada aún habiendo ocurrido ese gran acontecimiento en su vida. Recordó perfectamente que su mejor amiga casi se desmaya por la noticia y aunque no la reprendió por haber tomado una decisión tan arriesgada, le brindó algunos consejos para sobrellevar todo.

— ¿Es apuesto, ribbit?

— ¿Q-Qué...?

— Tu prometido —aclaró Tsuyu con una mirada perspicaz y haciendo que Uraraka se sonrojara—. ¿Es apuesto?

— N-No lo sé exactamente —se animó a confesar intentado ocultar su rostro, a su mejor amiga no se le escapaba ningún detalle—. Creo que tiene una cara bonita.

No era mentira. La tenía e incluso hasta cuando estaba molesto se veía peculiarmente bien. Por lo menos debía buscarle puntos positivos, y estaba dispuesta a encontrarlos.

— Lamento mucho que tengas que cargar con esto tú sola Tsuyu-chan —se disculpó enormemente—. Los señores Bakugou insisten en mi traslado temporal hacia su hogar y supongo que es parte de las tradiciones japonesas acatar con esto del compromiso.

— No te preocupes de mi, ribbit —contesto con amabilidad—. Incluso por ser una nueva empleada ella pudo prever por mis necesidades y se estará encargando de pagar la renta de el departamento por un año completo, es tan buena persona ¿no lo crees?

Efectivamente lo era y ambas se notaban agradecidas por aquello.

— Si tienes algún problema házmelo saber —colocó su mano en el hombro de la castaña para que supiera que no estaba sola.

Ella sonrió tiernamente. Desde esa tarde iba a comenzar a vivir en la mansión de esa adinerada familia.

¿En qué momento su vida había dado un giro de forma tan radical, que incluso temía porque sus planes se fueran abajo, ella también deseaba trabajar y así sería. Aunque todo tomaba tiempo para procesar, Mitsuki le había asegurado de que nada le faltaría en su estadía.

[...]

— Últimamente tienes una cara mucho más sañuda que de costumbre —criticó su fiel amigo con honestidad, no era para menos, los días desde hace algunas semanas se habían complicado debido a las desesperadas decisiones de sus padres.

Katsuki dejó escapar una maldición y sin sorprender a Kirishima quien solo se dedicó a ajustar su corbata para buscar algo en qué distraerse.

— Es el puto compromiso el que me desagrada.

— ¿Está vez no puedes rechazarlo? —inquirió y tomó asiento en la oficina del rubio y comenzó a firmar unos papeles, de reojo observó negar a su amigo—. Supongo que tus padres desean que cumplas con sus expectativas de una vez por todas.

— ¿Quién mierda necesita una esposa si puede hacer todo sin siquiera casarse? —escupió nuevamente de mal humor.

— Quieren herederos —aclaró el pelirrojo—. Tú lo sabes mucho mejor que yo y además... tiene sus ventajas esto del compromiso ¿no crees?

¿¡CUÁLES PUTAS VENTAJAS!? —le devolvió una mirada mortal con el propósito de obtener una respuesta coherente.

Kirishima esbozó una sonrisa especial. Katsuki pudo entender a qué se refería.

— No digas tonterías.

— Lo quieras o no, sucederá. Además, quieren herederos.

— Pero no quiero tener nada que ver con ella. No parece molestarle absolutamente nada de lo que está sucediendo, ni siquiera porque me dedico a ignorarla y a tratarla mal.

— Quizá esta es la buena —se atrevió a opinar sabiendo que podría morir—. No cualquier persona soportaría tu carácter.

— ¡Me importa una mierda que lo haga! Yo no necesito nada de nadie.

— Ya veremos qué sucede cuando al fin comiencen a vivir juntos —comentó con diversión Kirishima tras firmar su último documento—. No puedes seguir negándolo Katsuki, está sucediendo finalmente, ella va a ser tu esposa.

[...]

Ochako ingresó sigilosamente por la que era ahora su nueva casa, sentía demasiada vergüenza deambular a solas por donde ella gustase. Había tenido una charla muy larga con la señora Bakugou y se sentía solo un poco más tranquila al saber que no iba a dormir —al menos no ahora— con el hijo de aquella familia.

Su presencia solía ser amenazante solo en algunas ocasiones, ya que en nunca se habían quedado a solas, siempre estaban sus padres como mediadores en las pocas reuniones que lograron concertarse entre ambas partes.

Se dedicó a conocer la casa, recorrió las habitaciones comunes como lo eran la cocina, el recibidor, hasta el baño. Encontró un jardín muy bonito con grandes variedades de flores en la parte trasera y se dedicó a estar ahí un muy buen rato, por fin había encontrado un lugar en donde obtener paz y donde se sentía identificada, no iba a mentir.

— ¿Te agrada lo que vez? —se escuchó una voz calmada tras su espalda, haciendo que se colocará de nervios una vez más.

— S-Sí, me encantan las flores —respondió con timidez.

— A mi también —respondió la elegante mujer rubia sentándose a lado de la castaña—. Cuando las cosas van mal, siempre vengo a darme un respiro por estos alrededores.

Ochako se quedó en silencio debido a que estaba disfrutando discretamente del ambiente. Era muy cálida esa mujer y le transmitía fuerza y confianza.

— Estoy decidida a conocer poco a poco a Bakugou-kun —habló al fin, llevándose una increíble sorpresa por haber dicho aquello, incluso Mitsuki no pudo ocultarlo—. P-Puede que me lleve una gran experiencia. A-Además, siento que es una persona especial.

Nadie había dicho tales palabras por su hijo. La señora Bakugou ablandó sus facciones y la miró con ternura.

— Algo me dice que serás la indicada para él...

Y aunque la tranquilidad duró relativamente poco, las cosas se tornaron difíciles en cuanto Uraraka se topó sorpresivamente con Katsuki, éste simplemente la ignoró con la intención de irse a descansar a su propia habitación.

Ella lo miró de hito en hito, tenía que poner manos a la obra si quería que esto funcionara.

— ¿C-Cómo te encuentras hoy? —preguntó con sencillez mientras intentaba seguirlo por las escaleras del hogar.

— Qué te importa. Déjame en paz —respondió con frialdad y sin mirarla.

No perdió el ánimo.

— Me gustaría saberlo a mí.

— Si claro —respondió con sarcasmo, ella apresuraba el paso para hacerse notar—. No me estés siguiendo.

— Deberías creerme —comenzó a decir, sonriendo ampliamente—. De todos modos, me vas a conocer en algún momento y te darás cuenta que digo la verdad.

Que chica tan fastidiosa, pensó el rubio comenzando a alterarse más de la cuenta. ¿Cómo podía deshacerse de ella?

— No me interesa conocerte en lo más mínimo —admitió con aspereza—. Así que deja de romperme las bolas y no fastidies.

— Soy tu futura prometida —aseguró ella volviéndose a sorprender y sonrojándose de reconocerlo e inevitablemente Katsuki le dirigió la mirada, una no tan amigable y que derrochaba desprecio.

— ¿Crees poder soportar esto? —preguntó.

— Soportar ¿qué?

— No te hagas la estúpida.

— Solo sé que eres sincero y de mal carácter —volvió a sonreír con amabilidad, no sabía desde cuando se había vuelto tan valiente, pero tenía que hacerlo—. Pero no voy a dejar que tus palabras me perjudiquen.

— Y yo sólo sé que eres una puta fastidiosa que no deja de hablar, y no necesito saber más para reconocer que me desagradan las personas de tu tipo. Ya vete.

La manera en la que sostenían una conversación si que era dura, hasta esas palabras podían llegar a doler si se le tomaba totalmente en cuenta, pero no podía aceptarlas ya que ni siquiera la conocía, seguramente quería deshacerse de ella, pero se equivocaba. Uraraka Ochako no era ninguna mujer débil y no se iba a dar por vencida. Al llegar a la habitación de Bakugou, éste le dio un fuerte portazo en la cara como forma de ''despedida''.

— Buenas noches Bakugou-kun —dijo Uraraka antes de dirigirse a su propio recinto.

...

Detrás de su puerta la escuchó despedirse despreocupadamente. ¿De qué se trataba todo esto, de una nueva forma para hacerlo perder la cabeza? No se imaginaba una vida entera a lado de esa perra parlanchina ni mucho menos llegar a sentir si quiera sentimiento alguno por esa persona. Ni siquiera parecía afectarle sus palabras, estaba completamente loca.

— ¿Qué se supone que debo hacer para que te alejes de mi? —se preguntó pasmado, ninguna persona se había atrevido a joderlo tanto, porque sabían que iban a terminar siendo lastimados por su bocota.

Tenía que recurrir a algún otro método para que ella decidiera alejarse de él y romper el puto compromiso, y lo conseguiría tarde o temprano.