Acto I : Adiós a las alas
Parte 2 : Territorio.
Había sido una monótona odisea elegirse el traje de novia sola. Por alguna razón no podía mantener amigas por mucho tiempo, y sus amigos terminaban siendo destruidos por su pareja... o simplemente desaparecían del mapa.
Era por esa razón que se sintió algo decepcionada cuando se vio al espejo. Veía a una muchacha delgada, que si bien es cierto su atractivo físico no era la gran cosa, resultaba llamativo para la gran mayoría de los hombres, y despreciable para la masa de mujeres.
Ella se consideraba católica, y siempre había sido su sueño casarse por medio de la iglesia, un sueño que había venido arrastrando desde niña chica. Quería casarse y luego salir en los brazos de su novio directo a la luna de miel donde se amarían salvajemente hasta que uno de los dos quedase inconsciente. O al menos, eso era lo que había querido.
Teniendo tan cerca su propia boda, sentimientos de arrepentimiento e inseguridad sorteaban su simple mente. Había tenido la oportunidad de casarse hace unos cuantos años, pero por un miedo visceral había cancelado la boda en ultimo momento. Corriendo a los brazos de la persona que realmente amaba... solo para ser rechazada, de una manera tan fría y cortés, que años después su orgullo no podía sanar.
Ya guardado el vestido para su traslado en un portafolio de su novio, se dispuso a salir por la puerta. Giro el pomo, soltó un largo suspiro, se toco las llaves en el bolsillo, el celular en el trasero. y abrió la puerta.
-Responde usted al nombre de " Anaís"?
Le dijo una mujer algo pequeña parada enfrente de la puerta, tenia el cabello negro y ligeramente largo, una postura rígida y un semblante altanero bastante desagradable, llevaba unos lentes balísticos que protegían sus fríos e invisibles ojos.
Más por sorpresa que cortesía respondió - Aveces...
-Perfecto, es solo un asunto de territorio, por favor no lo tome a mal...
La puerta cerrándose de golpe en su cara le impidió terminar con la frase.
Estupefacta por unos cuantos segundos se quedo mirando la puerta desde el pasillo del edificio, sin poder creer la osadía de esa maldita desgraciada... dio un paso atrás, levanto lentamente la pierna derecha, y con un rápido movimiento de rodilla la madera estallo lanzando como metralla las astillas al interior del apartamento.
Busco rápidamente entre aquella pocilga alguna señal que la delatase, pero solo encontró un leve aroma a perfume barato, una esencia que felizmente se disipaba a cada segundo gracias a las cortinas abiertas...abiertas por los perdigones afilados que de paso habían desgarrado la tela y trizado la ventana.
El departamento constaba de una habitación inicial que servia tanto de comedor, sala de estar y jardín, esto ultimo lo decía por la presencia de ciertas plantas cuidadosamente abandonadas en puntos estratégicos.
habían otras dos puertas, una llevaba al baño y otra a un dormitorio con una cama desgastada. No pudo evitar sentir cierto grado de repudio por el torbellino de implicaciones que le daba ese pequeño lecho, un repudio tan grande que el ya mecánico gesto de lanzar las granadas a aquellos escondrijos cerrados se imbuyeron de cierto placer.
Las granadas estallaron casi al contacto envolviendo de llamas aquellas sucias recamaras, incinerando los pocos objetos de escaso valor que estaban desperdigados por doquier.
Ella ya estaba acostumbrada a ese tipo de destrucción controlada, le habían enseñado a causar un daño inmenso con la menor cantidad de daño colateral posible, la habían entrenado en el arte del combate y la resistencia. No como esos niños que peleaban por diversión, ella era una profesional. Y una jodidamente buena.
Sin siquiera inmutarse observo como de una nube de escombros caían del techo, albergando entre ellos a su presa, quien incorporándose rápidamente se precipito hacia ella con intención homicida, salto hacia ella envuelta en una furia como de los animales callejeros a través de todo ese caos, casi, era heroico, como una mártir...
Pero a la agresora le pareció más el gesto de un salmón saltando a las fauces de la muerte.
Las garras de la dueña de casa se hundieron en su ropa tanto como para empujarla, haciendo que uno de sus pies se despegara del suelo. Cambio el peso hacia una pierna, y giro con el impulso del atacante... lanzandola en dirección al suelo del ya practicamente destruido apartamento, haciendo que se clavase escombros y astillas en la espalda.
Anaís se revolcó dolorosamente hacia un lado mientras de aferraba fuertemente al maletín.
La invasora sonrío levemente al ver tal escena, resulto ser mucho más complicado de lo que creyó, el plan original, era abrir la puerta, y clavarle un sable en el pecho... cuando la realidad era tubo que gastar dos granadas para llegar a tal punto.
- Será rápido.- Dijo con un dejo de placer, alzo la pierna en un angulo de 80°y la bajo con fuerza como un martillo.
Bloqueo con el maletín la patada sabiendo que seria inútil, pero eso no seria un problema... la transgresora no era la única con entrenamiento especial...
JANO!-Grito la novia en el instante que hicieron contacto el cuero del portafolio y el pie de la sicaria.
(...)
Estupefacta la asesina se encontró tendida en el suelo en la misma posición que su victima, con la pierna extendida, en la misma pose que tenia hace unos segundos. Frente a ella la gran perra sostenía el maletín, y con un gesto triunfal aprovechándose de su asombro, la golpeo en la quijada con el.
Sufre maraca!- Le grito antes de salir saltando por la ventana, mientras le levantaba el dedo del medio.
Se demoro unas segundos en procesar la información, de alguna manera habían cambiado de lugar...pero eso no era lo más relevante...sino de que aquella mujer había saltado por la ventana de su propio hogar sin razón aparente, en vez de darle un tiro de gracia.
Pero entonces lo supo, estaba sentada sobre su chaleco, un chaleco que tenia dibujado burdamente unos garabatos, esos garabatos que se veían en los monitos japoneses de magia, esos que supuestamente hacen cosas y que antes la iglesia se ponía a quemar a los que los dibujasen...
En ese instante se dio cuenta de algo. Cuando le hablaba tan cariñosamente aquel tipo sobre « La brujita», no lo decía porque era una perra sin remedio, sino porque... algo de bruja tenia la muy puta.
Ató los cabos sueltos demasiado tarde...
(...)
BOOM!
Desde la vereda dos pisos más abajo, aun adolorida por la caída, observo como una enorme llamarada salía de lo que había sido antes su departamento, soltando esquirlas de lo que habían sido sus posesiones a través de toda la calle, dejando tras su trayectoria una fugaz estela de humo.
-Bueno... tenia seguro.-Dijo engañandose a si misma.
No se quedaría a ver si la desgraciada seguía respirando, y aún más importante, no se quedaría a esperar a la policía con sus millones de preguntas, serán ineficientes, pero un apartamento explotando dos veces en dos minutos no pasa desapercibido para nadie.
