Los personajes son de la maravillosa Rowling yo solo juego con sus vidas

Capítulo 2. Miedo

Hermione no sabía cuánto tiempo llevaba allí, como una persona responsable y dependiente del trabajo que era, su vida estaba marcada por el reloj, reloj que en ese momento se encontraba roto, parado e inservible en su muñeca. Calculando aproximadamente, diría que llevaba media hora esposada a ese contenedor. Hacía mucho tiempo que los matones se habían ido, y llevaba un rato sospechando que su salvador también, dejándola allí, abandonada a su suerte, ya que no se oía otro ruido que no fuese el provocado por el agua del río que corría a unos metros de su posición.

Por lo menos tendría tiempo de pensar determinadamente en lo que acababa de pasar. Había descubierto algo, algo muy turbio en lo que todos esos hombres estaban metidos, dedujo por la manera en la que la habían perseguido y por las armas que llevaban que estaban dispuestos a todo con tal de que nadie les descubriese. Pero lo que más intrigaba a Hermione era porque ese hombre pelirrojo, que por lo que había entendido había sido contratado para matar a cualquiera que supusiese un obstáculo, la había salvado, poniendo así su vida en peligro. Era cierto que había fingido muy bien el momento de su asesinato, con el disparo y envolviendo esas redes para luego tirarlas al mar, y aunque fuese sólo por eso Hermione no quería que nada malo le ocurriese, pero haberla dejado en la misma "escena del crimen" esposada, no había sentado nada bien a la chica, y esperaba realmente que estuviese haciendo algo de provecho antes de soltarla, o ideando un plan, o lo que fuese, porque ¿iba a volver a buscarla, verdad?

Ante la impotencia y desesperación de no saber qué iba a ser de ella en el futuro, si es que lo tenía, comenzó a llorar, suplicando que su vida volviese a la normalidad cuanto antes, si todavía podía permitirse el tener una vida normal, o tan siquiera una vida.

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Con pasos apresurados, esquivando a las personas que aún se encontraban en la calle, algunas de ellas disfrazadas, celebrando Halloween, cruzó por tercera vez en esa noche el vestíbulo del alto edificio donde estaba situada Malfoy's Company, rogando internamente que no le entretuviesen demasiado, aquella noche un simple minuto valía más que todo el dinero del mundo, y todavía le quedaban demasiados planes por llevar a cabo.

Cuando salió del ascensor se dirigió de nuevo a la sala de juntas, ya que era la única sala que estaba iluminada, al parecer nada había cambiado en la hora que había durado la persecución y "asesinato" de la chica, todos se encontraban en sus respectivos sitios, pudo comprobar que los idiotas de los matones también habían llegado, y al parecer, estaban esperándole a él.

- ¿Y bien? ¿Está muerta? – Preguntó Lucius nada más verle entrar, parecía impaciente.

- Si, muerta y descomponiéndose en el fondo del Támesis – Soltó fríamente haciendo que muchos de los presentes soltasen un suspiro de alivio – Crabbe y Goyle lo pueden confirmar, ellos me ayudaron a tirar el cuerpo – Dijo esto último dirigiéndose al hombre pálido.

- Si, ellos ya me han informado de todo lo sucedido – Al pelirrojo no le gustó la forma en la que había enfatizado el "todo". Dirigió su mirada a los hombres sólo para comprobar que le miraban con una expresión de burla.

- Buen trabajo Ronald, bien hecho, si señor – Empezó a alabarle Lucius – Nos has librado de una buena, imagínate lo que esa muchachita hubiese podido hacer. Considero que esto será más que suficiente – Dijo abriendo un maletín lleno de billetes – Cincuenta mil libras de las doscientas mil que te pagaremos cuando todo esto termine – Le dijo mientras cerraba el maletín y se lo ofrecía.

El pelirrojo acepto el maletín, y con un gesto de la cabeza salió de la habitación sin dignarse a dirigir ni una sola palabra a los presentes. Supo, sin necesidad de mirar atrás, que el hombre pálido le seguía con la mirada, sabía que no se fiaba de él, y que seguramente iría el mismo a comprobar que la chica estaba muerta, por eso mismo debía darse prisa e ir al puerto cuanto antes. En cuanto estuvo de nuevo en el vestíbulo, echó a correr.

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Después de un largo rato por fin había conseguido calmarse lo suficiente como para que las lágrimas dejasen de fluir de sus ojos. Llorar le había sentado bien, había soltado parte de la gran angustia que sentía, aunque el miedo y la incertidumbre todavía revoloteaban en su interior y ni siquiera el pensamiento de que todavía estaba viva lograba reconfortarla, por lo que decidió centrar su atención en algo más ameno que distrajese su mente. Casi como si sus músculos hubiesen esperado a ese momento, comenzó a sentir terribles pinchazos en el brazo que tenía esposado indicándole que le estaba quedando dormido, durante su ataque de debilidad se había ido escurriendo hasta quedar sentada en el suelo, lo que había hecho que su brazo quedase colgando encima de su cabeza.

Como pudo se puso de pie de nuevo, y comenzó a mover el brazo para que el flujo sanguíneo volviese a él, pero paró en seguida, asustada por el audible ruido que hacían las esposas al chocar contra la barra de metal del contenedor. Casi al mismo tiempo, el sonido de unos pasos y una sombra dirigiéndose hacia ella le hicieron maldecirse internamente por décima vez esa noche, definitivamente ese no era su día de suerte, o sí, pensó al distinguir al pelirrojo que ahora se encontraba en frente de ella.

- ¿Es que no has entendido lo que te dije antes de no hacer ruido y quedarte callada? – Le dijo en tono serio – No eres la única que se juega la vida aquí – Ese último comentario ofendió a Hermione.

- Yo no te pedí que me salvaras – Le espetó enfadada pero manteniendo un tono bajo – Tú solito te abalanzaste sobre mí, me ordenaste que me quedase callada, me esposaste y me dejaste aquí – Continuó subiendo un poco el volumen, no le importaba que la hubiese salvado, no la importaba que fuese un asesino, en ese momento la furia y el miedo que recorrían sus venas la hacían ser así.

- ¿Acaso hubieses preferido que te matase? – Preguntó incrédulo.

- Cuando me expliques el motivo por el cual me salvaste, te contestaré a esa pregunta. Ahora sólo te pido que me sueltes de una vez – Dijo susurrando otra vez, todavía con un deje enfadado en la voz.

El pelirrojo se aproximó a ella, dejó el maletín a su lado y sacó las llaves de las esposas del bolsillo delantero del pantalón. Al sentirlo tan cerca de ella no pudo evitar soltar un quejido, no se había equivocado con la primera impresión que había sacado de él, si de lejos imponía, de cerca aún más. Hermione no pudo evitar soltar otro quejido, esta vez de alivio y algo de dolor, cuando sintió que su muñeca era liberada. Levantó la mirada para darle las gracias pero la palabra murió en sus labios, no se había dado cuenta de que lo tenía mucho más cerca de lo que había pensado en un principio, tenía el rostro serio, y parecía que la única parte que expresaba algún sentimiento eran sus grandes ojos azules, aunque en ese momento no supo descifrar cual.

Notó como él, y ella misma se tensaban cuando el sonido de una conversación llegó a ellos, y se tensaron aún más cuando reconocieron las voces. Con un rápido y sigiloso movimiento por parte del pelirrojo, que se agachó un segundo para agarrar el maletín y al levantarse la agarró fuertemente, terminaron en la parte más oscura del callejón, agudizando los oídos y sin atreverse casi a respirar.

- ¿Estáis seguros de que este es el lugar? – Preguntó la fría voz del hombre pálido, examinando la zona – No veo sangre.

- Si señor, fue justo aquí donde encontramos a Weasley enrollando la red – Le explicó Crabbe – Y no hay sangre porque como experto que es no dejando pruebas, fue muy cuidadoso, o eso es lo que dijo– Dijo con un tono de voz enfadado.

- Vaya, si que dejó llegar lejos a la chica – Dijo examinando la zona, le oyeron caminar, y por un segundo pudieron atisbar su sombra en el suelo – Quiero que os metáis al agua y saquéis esa red.

- Pero señor, el agua esta helada y tardaremos muchísimo, además es de noche y no veremos nada – Se quejó uno de ellos.

- No es una sugerencia Goyle, es una orden – Exclamó fríamente – Ahora ¡Al agua! Los dos.

Oyeron como los dos hombres se quitaban la ropa, protestando entre susurros, y los chapuzones les indicaron el momento en el que se metieron al agua. Cada cierto tiempo oían como alguno de los hombres volvía a la superficie para tomar aire y seguidamente volver a meter la cabeza en el agua. Después de lo que calcularon que habían sido veinte minutos, escucharon como uno de ellos salía del agua, y ayudado por el que todavía estaba dentro, tiraba de algo que por el sonido, parecía pesado.

- ¿Estáis seguros de que es esta la red que envolvió Weasley?

- Si señor, allí abajo no había nada más – Dijo Goyle, aunque no parecía muy seguro.

- Sí, sí que lo es – Repuso enseguida Crabbe, muy seguro – Cuando llegamos Weasley estaba terminando de atar esta cuerda alrededor de la red – Dijo señalando la cuerda a la que se refería – Y me acuerdo que hizo un nudo marinero como este.

- Bien, pues ¿a que estáis esperando? Soltad los nudos, quiero comprobar que realmente la chica está muerta.

Durante unos minutos todo fue silencio sólo roto algún que otro chapoteo del agua y por los pequeños suspiros de desesperación que soltaban los hombres cuando encontraban un nudo especialmente difícil de soltar. Mientras tanto, Hermione, que se encontraba atrapada entre la pared del contenedor y el cuerpo del pelirrojo, rezaba por que se marchasen ya, quería salir de aquel lugar de una vez, a ser posible, para ir a algún lugar donde pudiese calentarse, ya que a medida que la noche iba avanzando, la temperatura bajaba cada vez más, y en su intento de huída había olvidado el abrigo en su despacho, además, se encontraba impaciente por poder alejarse del cálido, tentador, y al mismo tiempo intimidante, cuerpo del pelirrojo. Un grito de furia trajo su mente de vuelta de los extraños pensamientos que estaba teniendo.

- No está, ¡No está! – Gritaba furioso el hombre pálido – Sois unos incompetentes, os mandé el facilísimo cargo de aseguraros que estaba muerta, y ni siquiera eso podéis hacer bien – Siguió gritando, parecía fuera de sí – Hay que descubrir donde la ha escondido Weasley, y rápido, antes de que nos delaten, ¿tenéis idea de lo que ocurrirá si van a la policía?

Crabbe y Goyle se habían quedado callados desde que habían terminado de desenrollar la red y descubrieron la trampa que les había tendido el pelirrojo, si tan sólo no se hubiesen confiado. Sabían que su jefe no se fiaba y les había pedido explícitamente que le vigilaran de cerca. Cuando le habían contado cómo se había comportado Weasley ante su insistencia por comprobar si realmente era el cuerpo de la chica lo que estaba enrollando había entornado los ojos con desconfianza, y en cuanto el pelirrojo había abandonado el edificio, ellos habían guiado a su jefe hasta el puerto. Vieron como el hombre sacaba el teléfono del bolsillo y marcaba un número.

- Zabini, dile a Dolohov que se dé prisa en… - Se cortó ante lo que decía el otro - ¿Ya lo ha descubierto? – Una pequeña pausa – Bien, ¿Está de camino? – Otra pausa – Llámale y dile que le espero en la dirección acordada- Dijo mirando en dirección a Crabbe y Goyle – Quiero que me ayude con otro asunto- Y colgó.

Se hizo un largo silencio, en el que ninguno de los tres hombres habló. Hermione podía sentir la tensión que emanaba el cuerpo del pelirrojo, cuanto más tiempo estuviesen allí más peligroso sería para ellos, pero no podían salir de su escondite, no ahora que la única salida disponible estaba bloqueada, y menos cuando parecía que alguien más se iba a unir a ellos. Mientras esperaban observó la cara del pelirrojo, estaba serio, como lo había estado toda la noche, también tenía en ceño fruncido, como si se estuviese concentrando en algo, y Hermione se preguntó si era que estaba ideando un plan de escape, o si estaba concentrado en la conversación, buscando algo que pudiese ayudarles.

Después de lo que les pareció una eternidad, aunque en realidad habían pasado apenas quince minutos, se oyó el sonido de unos pasos que, debido al silencio, resonaban entre las paredes de los contenedores.

- Has tardado mucho Dolohov – Mencionó el jefe con un tono frío.

- Lo siento señor, es fácil perderse en este laberinto, todos los caminos parecen iguales – Se excusó el recién llegado.

- Estoy harto de excusas – Exclamó el hombre – Qué es lo que has averiguado.

- Hace más o menos una hora, Weasley reservó dos billetes de avión en el aeropuerto Heathrow para esta madrugada, con dirección París, el muy imbécil usó su tarjeta de crédito para hacer la reserva – Dijo en tono de burla.

- ¿Consideras que no lo hizo a propósito? – Preguntó su jefe, borrando la sonrisa de su cara – Por mucho que me duela admitirlo, Weasley es muy astuto, además de un ex policía, y como el mismo se ha definido, experto en no dejar pruebas, ¿De verdad creéis que dejaría semejante pista a seguir? – Los tres hombres sólo podían mirar a su jefe – No, es una trampa, una de las muchas que ha pensado esta noche. De todas formas, mandaré a alguien al aeropuerto por si acaso. ¿A qué hora salía el vuelo? – Le preguntó a Dolohov.

- A las cinco de la madrugada señor.

- Son las tres y media – Dijo mirando su reloj – No tenemos tiempo que perder – Entonces levantó la vista, observando detenidamente a Crabbe y a Goyle, valorándolos – Goyle vamos, tenemos que ir al aeropuerto. Dolohov, Crabbe me ha decepcionado demasiado esta noche, alguien que trabaja para mí no puede cometer tantos errores, sobre todo uno tan grande como haber dejado escapar a la chica, ya sabes lo que tienes que hacer – Dijo mientras reía de la cara de terror que acababa de poner Crabbe – Cuando termines usa eso – Dijo señalando la red – Así el Támesis tendrá un cadáver de verdad en sus aguas esta noche. Luego ve a Malfoy´s Company y espérame allí, tenemos que hablar con Lucius para que nos dé la dirección de la chica y la de Weasley – Tras decir esto se dio la vuelta sin ni siquiera mirar al hombre al que acababa de mandar matar.

Goyle fue detrás de su feje después de echar una mirada a su camarada, sabiendo que no volvería a verle, en ese mundo los errores se pagaban caros. Cuando sus pisadas dejaron de oírse Crabbe se tiró a los pies de Dolohov temblando.

- Dolohov, Dolohov por favor… - Le suplicaba – Te juro que me marcharé y él nunca lo sabrá, me iré del país…

- Has fallado al feje, Crabbe – Dijo Dolohov riéndose del patético comportamiento del hombre – Eso no tiene perdón – Dijo sacando la pistola.

El pelirrojo, suponiendo lo que vendría ahora, abrazó fuertemente a la chica, tapando con una mano su boca para evitar que soltase un grito. Cuando el disparó sonó, y se oyó el sonido de un cuerpo pesado cayendo al suelo, sintió como la chica daba un bote y se estremecía, para seguidamente echarse a temblar. Oyeron también, como el hombre maniobraba para poner el pesado cuerpo encima de la red y envolverlo en ella.

Después de unos minutos, el cuerpo de Crabbe se hundía en el fondo del Támesis, mientras Dolohov se marchaba guardando la pistola. El pelirrojo se quedó un rato abrazando a la chica, hasta que notó que dejaba de temblar, cuando por fin se separó de ella, la contempló detenidamente por primera vez en la noche. Tenía el pelo recogido en un improvisado moño del que se habían escapado unos mechones debido a la carrera, la cara muy pálida, con las marcas de las lágrimas que en algún momento de la noche había derramado en sus mejillas y con los ojos marrones brillando de miedo, aunque al pelirrojo no le extrañaba nada con todo lo que había vivido aquella noche, incluso él, que había sido policía, le estaba costando asimilar todo lo ocurrido.

Queriendo darle un poco de espacio para que se repusiese, se alejó un paso de ella, recogió el maletín y salió donde hace un momento habían estado los cuatro hombres, para asegurarse que Dolohov no seguía por allí. Hermione tomó una gran bocanada de aire para relajarse, y salió al encuentro del pelirrojo.

- ¿Quién es el hombre pálido al que todos llaman jefe? – Preguntó con un hilo de voz.

- Tom Riddle – Contesto sorprendido, de todo lo que había pasado esa noche, eso era lo primero que le preguntaba – Alguien con quien es mejor no meterse a no ser que tengas pruebas que le incriminen a cadena perpetua o… – Hizo una pausa – Pocas ganas de vivir – Dijo fríamente – Ahora tenemos que irnos, tenemos que buscar un lugar seguro – Dijo dando media vuelta y avanzando un par de pasos.

- ¡Espera! – Exclamó la chica rápidamente, el pelirrojo se giró hacia ella – Aún no sé porque me has salvado.

- Primero busquemos un lugar seguro, luego te explicaré todo – Dijo mientras volvía a ponerse en marcha.

Salieron de aquel laberinto, el pelirrojo iba vigilante, por si acaso quedaba alguien por allí, y una vez que volvieron al bullicio que continuaba en el centro de la ciudad, diciéndole a Hermione que mantuviese la cabeza gacha, le pasó un brazo por los hombros, simulando ser una pareja más de las que pasaban por allí. Estuvieron andando unos veinte minutos hasta que repentinamente el pelirrojo se quedó quieto al lado de un coche negro, mientras miraba alrededor.

- ¿Qué es lo que ocurre? – Preguntó pasando su mirada asustada por la calle.

- Shhh – La mandó callar mientras sacaba unas llaves y abría el maletero del coche.

Dentro sólo había una mochila, que parecía llena de ropa, y unas bolsas con lo que parecía comida. El pelirrojo cogió la mochila, después de dejar el maletín en el interior, y empezó a rebuscar en ella.

- Toma, cámbiate – Le dijo mientras le pasaba algo de ropa.

-¿Pretendes que me vista aquí? – Le dijo incrédula - ¿En medio de la calle? – El pelirrojo bufó mientras le entregaba las llaves del coche.

Rápidamente la chica se metió en el asiento trasero del coche, y se puso la ropa que le había dado, que consistía en unos pantalones de chándal negros, que definitivamente no podían ser de él porque parecían de mujer y le quedaban más o menos bien, sólo un poco anchos, y una sudadera verde oscuro que sin duda sí era de él, pues le sobraba de todas partes y le llegaba por la mitad del muslo.

- Siento no tener ropa de tu talla, esta te queda enorme, supongo que no estaba preparado tan preparado como creía – Le dijo cuando la vio salir – Arréglate el moño – Le ordenó mientras le cogía la ropa que acababa de quitarse.

Hermione soltó un bufido, no le gustaba que le diesen órdenes, y menos un desconocido, pero no le quedó más remedio que hacerle caso. Cuando el pelo volvió a quedar bien recogido en el moño, el pelirrojo le puso la capucha de la sudadera y se la colocó de tal manera que le ocultaba la mitad de la cara, seguidamente él se puso un gorro que tapaba totalmente su pelo, ya que, a diferencia de ella, no se había cambiado. Cerró el coche, volvió a pasar un brazo por los hombros de la chica, obligándola a ponerse en marcha de nuevo.

- ¿A dónde vamos? – Le preguntó mientras dirigía su mirada al coche.

- Tenemos que coger un autobús.

- ¿Un autobús? – Preguntó ella sorprendida – Pero ¿Y el coche?

- No es seguro.

- Pero… - Iba a protestar ella.

- Tú sólo confía en mi ¿vale? – Le dijo, y por primera vez en la noche, sonrió.

Esa sonrisa dejó a Hermione hipnotizada por un instante, dando un asentimiento con la cabeza se dejó arrastrar por el pelirrojo, había pasado por tantas cosas esa noche, y estaba tan cansada, que no tenía ganas de discutir, por lo menos, hasta que no hubiese dormido, cosa de la que inmediatamente dudó, veía poco probable que algún día se borraran de su mente los acontecimientos que acababa de presenciar.


Aquí os dejo el segundo capítulo, espero que os guste. Gracias por leer.