Capítulo 3: El plan

Resumen:

Piper es una buena hermana mayor.

Drew tiene ideas importantes de vez en cuando.

Y Travis es el mejor hermano del mundo.


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Piper había dejado que Mitchell contara toda su historia intentando ser empática. Pero, finalmente, comprendía y no comprendía la ola de dolor y tristeza que se desprendía del cuerpo de su hermano y traspasaba sus sensaciones con tanta claridad.

Mitchell siempre le había parecido un muchacho cariñoso y tranquilo. Era capaz de expresar sus opiniones cuando era necesario y luchar por algo que creía justo, pero usualmente era callado y servicial con sus demás hermanos, no alguien que hubiera estado guardando todos esos sentimientos por tanto tiempo. Siempre había creído que podía contar con él en cualquier ocasión cuando tenía que lidiar con los demás miembros de la cabaña de Afrodita y sus problemas, pero ahora entendía que había muchas cosas que ella no se había tomado el trabajo de averiguar sobre su hermano pequeño y que debería haber percibido en primer lugar. Jamás se hubiera imaginado que Mitchell tuviera tanta necesidad de ayuda y nadie lo hubiera notado hasta ahora. Piper se sentía decepcionada consigo misma después de entenderlo.

—¿Querías protegerlo de Drew? —le dijo al fin, intentando sonar comprensiva y consoladora, aunque Mitchell aún podía sentir el tono afectado con que trataba de enmascarar su tono de decepción.

Eso era lo que Mitchell era en realidad, una gran decepción.

—Sí, pero esa era una de las razones —le respondió Mitchell tratando de buscar en su interior la respuesta a esa pregunta que se había estado haciendo por mucho tiempo—. Si hubiera sido tan fuerte como tú o Selene en ese momento… todo fue mi culpa. Nunca soy capaz de proteger a las personas que quiero.

Mitchell recordaba a su mejor amiga en el mundo mortal, Laura Mason, cómo habían estado juntos desde que eran niños pequeños y la forma cómo fue herida por un drakón cuando se rehusó a dejar a su amigo solo al ser atacado. Si no hubiera sido por el sátiro que había venido a llevarlo al campamento mestizo, seguramente Laura hubiera muerto en ese momento, sin que Mitchell pudiera hacer absolutamente nada para defenderla.

Las cosas no habían cambiado desde entonces. No había podido hacer nada para defender su relación con Connor y ahora era incapaz de hacer algo para evitar ser olvidado.

—Eso no es cierto —Piper dijo poniendo sus manos sobre sus hombros y mirándolo al rostro—, Mitchell, tú siempre estás cuidando y protegiendo a los demás. La primera semana que Libby llegó a la cabaña, ¿con quién fue que corría a dormir después que tenía una pesadilla sobre su encuentro con esos horribles emposais? ¿o quién se encarga de calmar las discusiones entre Valentina, Rhonda y Amy? ¿Quién logró bajar a Helen del Puño de Zeus después de que comenzó a llorar por su temor a las alturas? ¿No fuiste tú quien estuvo todo el tiempo con Beatrice en la enfermería después de que sufriera esa alergia a la crema de rostro de Drew?

Mitchell recordaba haber hecho esas cosas, pero no creía que ayudar a sus hermanas fuera algo que pudiera describir como protección o defenderlas. Libby Dawson era la hermana más joven en la cabaña de Afrodita, solo tenía 10 años y siempre parecía mirar todo a su alrededor con temor. Mitchell había experimentado la misma llegada peligrosa cuando había arribado al campamento por primera vez, sabía lo que era sentir miedo por cada rincón oscuro de los bosques y esperar que alguna bestia apareciera para devorarlo. Era por eso que corría a la cama de su pequeña hermana cada vez que escuchaba sus movimientos intranquilos o los gemidos que se escapaban de sus pesadillas y estaba ahí para abrazarla y consolarla hasta que pudiera dormir nuevamente.

Valentina Diaz, Rhonda Banks y Amy Monroe eran, sin lugar a dudas, las nuevas rompecorazones de la cabaña a sus catorce años, cada una más bella que la anterior, pero siempre estaban discutiendo por alguna razón que Mitchell no se podía explicar, cosas tontas como tomar prestada la ropa o maquillaje de la otra, hasta cosas graves como gustarles el mismo chico al mismo tiempo. Mitchell siempre trataba de aplacarlas e indudablemente acudían a él para zanjar alguna disputa y escuchar una voz imparcial.

Helen Mcbride era, después de Piper, la hermana que más parecía gozar de alguna aventura. Siempre estaba haciendo cosas peligrosas que ningún otro de sus hermanos intentaba, aunque estas normalmente trajeran como consecuencia que Mitchell tuviera que ir a ayudarla o rescatarla de los lugares a donde su valiente hermana de 13 años no tenía forma de regresar por sus propios medios. Usualmente avisado por Harmony y Lacy, quienes siempre tenían un ojo puesto sobre ella como precaución.

Beatrice Colle, por su parte, era totalmente opuesta a Lacy, de su edad, y solo parecía interesada en verse bien y cuidar de su apariencia. Mitchell sabía que Beatrice también era capaz de muchos actos de bondad en su interior y siempre estaba pendiente de corregir su personalidad para que no creciera como Drew y tuviera los problemas que su hermana mayor tenía con los demás debido a esto. Esa era la razón por la cual estuvo con ella toda la noche en la enfermería, tratando de hacerla reír y no recordar las manchas rojas que habían aparecido en su bello rostro después de la reacción alérgica que había tenido.

—Mitchell, creo que Connor puede perdonarte.

De todas las cosas que habían sido dichas sobre esa prueba de Afrodita, Mitchell nunca pensó escuchar esas palabras de la boca de alguno de sus hermanos. La esperanza de que Connor pudiera verlo nuevamente sin esa mirada llena de rencor era en lo único que había pensado en todo ese año. Ni siquiera se había permitido pensar en que pudieran arreglar las cosas y volver a estar juntos. No después de lo horrible que se había mostrado con él.

—En serio lo creo —le aseguró Piper, una vez que estuvo segura que tenía toda la atención de Mitchell—. Creo que hay una manera de que vuelvan a estar juntos.

Mitchell no quería demostrar lo mucho que lo conmovían esas palabras, más que nada por temor a ver sus esperanzas estrelladas contra la dura realidad. Pero, aun así, no pudo evitar preguntar.

—¿Cómo?

Una sonrisa comenzó a asomar en el rostro de Piper.

—No lo sé todavía, pero conozco exactamente quiénes nos ayudarán a lograrlo.


La cabaña de Afrodita no asistió a cenar esa noche en el comedor y los demás semidioses no dejaron de notar esta ausencia. Muchas especulaciones se hicieron al respecto, como un ayuno general para mantenerse en forma después del entrenamiento, lo cual fue recibido como ridículo por muchos, especialmente Jason Grace, quien consideraba a su novia Piper perfecta, así como era, por lo que nunca necesitaría esas estrategias para mantenerse en forma.

La cabaña de Hermes se mostró menos piadosa en los comentarios al respecto. Desde el incidente bastante notorio de Connor y Mitchell, ningún hijo de Hermes dejaba pasar la ocasión de realizar alguna observación negativa sobre los hijos de Afrodita, aunque habían moderado un poco su actitud con la subida al mando de Piper. En esa ocasión, especularon que simplemente el entrenamiento de Clarisse había sido demasiado duro para ellos y a esas horas no eran capaces de levantar sus maquillados cuerpos de la cama.

Por supuesto, al final de la cena, Jason y Annabeth se acercaron a la cabaña de Afrodita y tocaron la puerta. Escucharon un tanto extrañados que las voces en el interior se quedaban en silencio por un momento antes de que la puerta se abriera y Piper saliera a recibirlos con una sonrisa nerviosa.

—Jason, Annabeth, hola, ¿qué ocurre?

Ambos interpelados intercambiaron miradas un segundo antes de volver su atención a Piper y a la puerta detrás de ella, que su amiga había cerrado con mucha rapidez al salir de la cabaña.

—La cabaña de Afrodita no fue a cenar —le dijo Annabeth observando con detenimiento los gestos de la otra chica—, ¿está todo bien?

—¡Oh! Lo olvidamos por completo —dijo Piper dándose una pequeña palmada en la frente—. Iré con algunos de nosotros a recoger algo para el resto al comedor ahora, gracias por avisarnos.

Annabeth miró a su amiga por unos segundos más antes de encogerse de hombros y retirarse en dirección a su cabaña. Al parecer, la explicación había sido suficiente para ella o simplemente se había figurado que lo que fuera que Piper y su cabaña estaba tramando llegaría a sus oídos tarde o temprano.

Sin embargo, Jason no era del mismo parecer.

—¿Qué pasa? ¿Estás haciendo algo con tus hermanos? —le preguntó sonriendo con afecto, seguro de que lo que fuera que su enamorada estaba haciendo podía incluirlo a él también.

—Ajá, solo nos distrajimos demasiado en ello —respondió Piper con una sonrisa nerviosa. Sin dejar su lugar frente a la puerta, como si tratara de impedir que Jason pudiera pasar o ver a través de ella.

Jason frunció las cejas ante la respuesta, y se tomó unos segundos para preguntar nuevamente.

—¿Qué es lo que están haciendo?

Piper se llevó el índice a los labios y sonrió mientras le guiñaba el ojo.

—Es una sorpresa, así que tendrás que esperar como todos.

Jason pareció encontrar esta salida divertida, así que simplemente metió las manos en los bolsillos de sus pantalones cortos y se inclinó unos centímetros para depositar un beso en su frente.

—No olviden buscar su cena, ¿de acuerdo? —luego de recibir un asentimiento con la cabeza continuó— Iré a ayudar a Percy con los pegasos antes de que estos lo convenzan que es una buena idea trotar por el campamento a medianoche.

—Sí, por favor, sálvanos de la estampida en plena noche —le dijo ella antes de hacerle un gesto de despedida con la mano y volverse al interior de la cabaña de Afrodita.

La habitación de la cabaña se encontraba tal y cómo la había dejado. Mitchell, sentado en una de las dos sillas en medio de ella, con sus demás hermanos acomodados de diversas maneras en el piso a todo su alrededor formando medio círculo. Piper volvió a tomar aliento antes de regresar a su lugar, al lado de su hermano menor.

—Esa es la situación —resumió volviendo al asunto entre manos y su mirada hacia Drew, quien, para variar, no parecía feliz con la atención—. Drew, tú eres responsable directa del problema, así que es más que justo que seas tú quien le busque solución.

La otra joven se cruzó de brazos y lanzó un bufido exasperado sin elaborar ninguna respuesta o queja.

—¿Estás seguro, Mitchell? —rompió el silencio Beatrice, mirando a su hermano todavía con un gesto de incomprensión— Digo, Connor Stoll no es lo que yo llamaría alguien demasiado atractivo como para tomarte el trabajo de ir detrás de él…

Mitchell sintió que los cabellos en su nuca se erizaban, pero en lugar de demostrar lo mucho que le molestaba ese tipo de comentario recorrió la vista hacia sus demás hermanos, la mitad de ellos lucía el mismo rostro confundido y asombrado de Beatrice ante la elección de Mitchell, aunque solo había sido ella quien lo exteriorizó.

Para el asombro general, fue Drew quien zanjó el asunto por él.

—El corazón no manda sobre cuestiones como belleza o atractivo —le dijo a su hermana menor con aire altivo y firme, lo cual hizo que la pequeña al igual que los hermanos de su edad se sobrecogiera por un minuto—. Ustedes son muy jóvenes y no la conocieron, pero nuestra hermana Silena, la antigua jefa de la cabaña, decidió traicionar al campamento mestizo solo porque se le había prometido que nada malo le pasaría a un hijo de Hefesto, Charles Beckendorf, su enamorado, quien ni siquiera era el más atractivo de sus hermanos y eso ya es decir demasiado —luego lanzó un suspiro y se puso de pie enfrentando la mirada de sus dos hermanos frente a ella—. Supongo que soy un poco responsable, pero no me agrada que se me eche toda la culpa del asunto con el hijo de Hermes.

Mitchell y el resto de la cabaña se había quedado en respetuoso silencio cuando Drew había comenzado a hablar de Silena. Eran pocas las veces que lo hacía para decir algo bueno, y aunque no había dejado de recordar la traición de su hermana al campamento, había sido bastante conmovedor.

—De acuerdo, todos te ayudaremos a realizar lo que se te ocurra —dijo Piper un momento después levantando las manos en un gesto para calmar a su hermana—, pero debes pensar en algo que ayude a Mitchell primero.

Drew volvió a lanzar un suspiro cansado, antes de ladear la cabeza y emitir su opinión.

—¿Qué fue lo peor que el hijo de Hermes tuvo que enfrentar después del rompimiento con Mitchell? —preguntó Drew a todos a su alrededor.

—Ummm, bueno, las dos semanas en la enfermería con los hijos de Apolo no debieron ser muy placenteras —respondió André haciendo un gesto de incomodidad.

—Oh, ya sé —agregó inmediatamente Beatrice levantando la mano como si estuviera en la escuela—. Las burlas sobre su aspecto después del accidente.

—¿Te refieres a los rumores sobre cómo no era suficiente para estar con Mitchell? —preguntó Lacy.

—Sí, eso.

—¿Qué tal sobre todas las veces después del accidente que quiso hablar con Mitchell y le cerrábamos la puerta en la cara? —preguntó Jack a sus hermanas mayores, quienes asintieron de acuerdo.

—Esperen, ¿qué? —interrumpió de pronto Mitchell— ¿"Veces que quiso hablar conmigo después de que rompimos"? ¿De qué hablan?

Lorelei y Jack intercambiaron una mirada de culpabilidad antes de responder a su hermano.

—Dos días después de que fuera dado de alta de la enfermería vino a verte —confesó Lorelei, enroscando nerviosamente uno de los mechones de su cabello entre sus dedos—. Tú estabas en cama desde entonces también, así que pensamos que tan solo estaba siendo testarudo otra vez y lo echamos.

—Yo creí que te había comenzado a acosar —se defendió Jack hundiéndose de hombros—, ya sabes, no quería aceptar un no como respuesta.

Mitchell se cubrió el rostro con la mano, demasiado conmocionado como para reaccionar inmediatamente.

—Y durante todo este año —dijo al fin, levantando la voz después de cada palabra—, ¡¿no se les ocurrió decírmelo?!

Todos en la cabaña evitaron su mirada después de este exabrupto, aparentemente Lorelei y Jack no habían sido los únicos que habían tenido esa opinión.

—Bueno, mantengamos la calma —dijo Piper levantando nuevamente las manos para aplacar a su hermano—. Ellos no sabían lo que en realidad sentías por Connor.

—Es verdad —secundó Valentina, una de las hermanas que no habían estado presentes ese fatídico año y por lo que no conocía más que los rumores—, lo importante ahora es buscar la forma de darle solución. Drew, ¿a dónde te dirigías con todas esas preguntas?

Todos los ojos se volvieron esperanzados a su hermana mayor.

—Sí, solo estaba tratando de buscar la forma de poner el marcador en cero —les dijo, aunque solo recibió incomprensión de sus hermanos—. Si logramos contrarrestar todas las cosas que le hicimos al hijo de Hermes después del rompimiento hasta el momento en que se encontraba bien con Mitchell, quizá esté de mejor ánimo para escuchar sus disculpas.

Incluso Piper parecía pensar que esta era una buena idea, si el coro de ¡ohh! que se dejó escuchar a continuación era una prueba de ello.

—Entonces, debemos redimir las dos semanas en la enfermería, su autoestima mellada por los rumores —comenzó a enumerar Peyton contando cada cosa en sus dedos—, el mal recibimiento en la puerta de la cabaña…

—Y no negar los sentimientos de Mitchell hacia él —agregó Sabrina para ayudar a su hermana—, sería bueno que todo el campamento se enterara.

—No estoy muy segura sobre eso —indicó Piper mirando de reojo a Mitchell, quien parecía todavía muy molesto por la última noticia sobre su exenamorado como para intervenir en la discusión.

—No, por el contrario, creo que es esencial —la interrumpió Drew—, el año pasado todo fue muy público, y el hijo de Hermes tuvo que aguantar la humillación durante todo este tiempo. Una de las formas de redimirnos será haciendo público que estábamos equivocados.

Mitchell comenzó a sonrojarse hasta las orejas ante esta idea.

—¿Quieres decir…?

Drew posó su mirada muy seria en él.

—Que es tu momento de brillar, Mitchell. Tienes que dar todo de lo que un hijo de Afrodita es capaz para reconquistar a Connor Stoll.


"Todo de lo que un hijo de Afrodita era capaz" resultó ser demasiado para Mitchell en esos primeros días.

Piper, Drew y Lorelei habían repartido a los hijos de Afrodita en grupos que se encargarían de contrarrestar el daño que le habían hecho a Connor por aquella desastrosa prueba.

De esta manera, la cabaña de Hermes se vería asediada por los hijos de la diosa del amor durante toda esa semana mientras cada uno de ellos cumplía su parte en el plan.

Al día siguiente, los hijos de Hermes despertaron con un olor inusitado en su dormitorio. Este provenía de un cultivo entero de geranios rojos que cubrían cada rincón no ocupado por las camas de los semidioses. En cada uno de los arreglos se podían leer tarjetas deseando una pronta recuperación y cosas por el estilo.

En un primer momento, todos pensaron que se trataba de una broma que alguna de las otras cabañas les hacía en represalia por una propia, pero pronto descartaron esta idea al concordar en que no podían recordar nada que hubiera podido merecer tal cantidad de flores.

—¿Quizá es una amenaza? —sugirió Cecil leyendo por octava vez la tarjeta cercana a su cama — ¿De que necesitaremos una "pronta recuperación" en estos días?

Travis lo pensó un poco más antes de comenzar a abrirse camino hacia la puerta.

—Iré a preguntarle a Katie si sabe de dónde salieron tantas flores en tan poco tiempo —y agregó antes de dirigirse al exterior—, ustedes encárguense de limpiar todo antes de la inspección matutina.

Un coro de quejidos recibió esta última orden, pero Travis no se quedó a escuchar las réplicas. Ni siquiera se había puesto más que la primera chaqueta que había tenido a la mano antes de salir en sus pantalones de pijama y dirigirse a prisa a la cabaña de Deméter.

Katie Gardner no se encontraba en mejor estado que los pijamas de su novio cuando atendió la puerta. E, incluso, su cabello desarreglado parecía haberse encontrado con una tormenta en los campos de cultivo. Rápidamente, le explicó su dilema y esta levantó una ceja antes de echar una mirada de reojo a su alrededor, para cerciorarse que nadie los estuviera viendo o escuchando.

—Piper y Drew estuvieron anoche aquí y me pidieron que consiguiera 14 docenas de geranios escarlata, después de preguntarme qué flor significaba buena salud —le dijo en un cuchicheo—. Pensé que iban a dárselas a alguien en la enfermería, aunque admito que el número específico de flores me dejó un poco intrigada.

Travis se mostró incluso más extrañado por esto y luego dirigió su mirada confundida hacia la puerta de los hijos de Afrodita a unas cabañas de distancia.

—¿Irás a preguntar?

—¿Crees que debería? —preguntó Travis titubeando, muy incómodo con la idea de acercarse a esa cabaña en particular.

Katie ladeó la cabeza y se mordió uno de los labios, incómoda.

—Connor se enterará tarde o temprano —le respondió adivinando los pensamientos de su enamorado—. Sería mejor que supieras de antemano qué están tramando esta vez.

Travis aún parecía debatirse entre acercarse o regresar a su cabaña, por lo que Katie continuó:

—Piper no parecía estar en plan de bromas o algo típico de sus hermanos. Anoche me pareció muy decidida a lo que sea que había planeado.

El joven Stoll debía reconocer que admiraba a Piper McLean por todas sus proezas en la última gran guerra y la forma cómo había cambiado la actitud de sus hermanos desde su llegada. Pero aun así le molestaba pensar en interactuar con los demás hijos de Afrodita.

Sin embargo, esta vez puso sus esperanzas en las palabras de Katie y se dirigió con más lentitud de lo habitual hacia la cabaña de Afrodita.

Cuando estuvo en el porche, lleno de cortinas colgando del techo y las columnas, y cojines bordados en color pastel en las bancas alrededor, tomó una enorme bocanada de aire antes de levantar su puño y dar unos golpes suaves en la puerta.

Para su perplejidad, esta se abrió casi al instante, dejando ver a una muy bella y arreglada Lorelei Summers, quien le regaló una sonrisa encantadora antes de hablar.

—Hola, Travis, buenos días, ¿en qué puedo ayudarte?

Travis estuvo a punto de dar media vuelta y salir despavorido.

Sin embargo, pudo invocar el poco valor que le quedaba y, metiendo las manos temblorosas dentro de los bolsillos de su chaqueta, pidió hablar con Piper.

La puerta se cerró momentáneamente, mientras Lorelei se perdía en el interior presuntamente en busca de su hermana. En esos pocos segundos, Travis comenzó a darse cuenta de lo mal que lucía; recién salido de la cama, con la pijama puesta, descalzo y con el cabello aplastado de un lado. Estaba seguro que todavía no habían pasado más que unos minutos de las seis de la mañana y no entendía cómo alguien podía estar arreglado y listo para ir a un desfile de modas tan temprano.

Sus esperanzas de encontrar un poco de normalidad en esa cabaña no mejoraron con la siguiente figura que se presentó.

Piper abrió la puerta de su cabaña de par en par y sonrió a Travis con tanto afecto como si no lo hubiera visto en años. Lucía unos jeans ceñidos a sus piernas y una camiseta ajustada que no dejaban nada a la imaginación tampoco y, por una vez, llevaba un maquillaje que resaltaba sus extraordinarios ojos multicolor.

—Travis Stoll, qué bueno verte tan temprano —le dijo con entusiasmo y estrechando su mano—, ¿quieres pasar un momento?

Travis retiró su mano y negó repetidamente con la cabeza como toda respuesta.

—Oh, bueno —Piper parecía un poco decepcionada por esta negativa y los demás hijos de Afrodita a sus espaldas parecían compartir los sentimientos de la líder de su cabaña —, ¿en qué puedo ayudarte?

—Pues —empezó a decir Travis bajando la voz, con la esperanza de que los demás semidioses, que no perdían palabra, no escucharan lo que estaba diciendo— Katie dice que fuiste tú quien ordenó 14 docenas de flores para mi cabaña ayer.

Piper asintió inmediatamente con la cabeza.

—Sí, fuimos nosotros —y luego agregó sin parpadear—, ¿le gustaron a Connor?

Travis dejó de sentirse intimidado en ese momento. Una ola de rabia protectora recorrió su cuerpo como un baldazo de agua fría, y dejó de importarle la hora, la forma en qué iba vestido o que Piper fuera una semidiosa que él admiraba.

—¿Qué quieres decir con que si le gustaron a Connor? ¡¿Otra vez están tratando de meterse con mi hermano?! —le dijo levantando la voz sin importarle que estuviera a punto de despertar a las demás cabañas con sus gritos— ¡¿Qué ya no hicieron suficiente la última vez?!

Piper levantó las manos en su actitud típica para tratar de calmarlo, además de intentar en vano de que bajara la voz.

—Tranquilízate, por favor, no es nada malo esta vez. Te lo prometo.

—Piper, no quiero que otra vez se metan con mi hermano, ¿estamos claro?

—No es eso, lo juro.

—La última vez no estuviste aquí para presenciarlo, pero tus demás hermanos son de lo peor que hay aquí —le reclamó observando con satisfacción cómo los hijos de Afrodita en la espalda de su hermana se encogían algo avergonzados por la reprimenda.

—Travis, de verdad…

—Cualquier cosa de la que te hayan convencido, ¡no lo hagas!

Su arrebato había sido tan fuerte y la hora en que ocurría era tan silenciosa que, pronto, más de un par de cabezas se asomó por entre las ventanas de las otras cabañas y la primera en abrir sus puertas fue la de Zeus.

—¿Qué ocurre? —llegó Jason trotando para ver qué era lo que Travis trataba de hacer con su novia.

—Oh, por los dioses, no, Jason, tranquilo. No es nada —le aseguró Piper sin poder evitar que el otro muchacho se pusiera frente a ella protectoramente.

—Te lo estoy advirtiendo, Piper, mantenlos alejados de mi hermano o te juro que esta vez toda mi cabaña se vengará y no te gustará nada de las cosas que haremos.

—Travis, tranquilízate, te juro que no es nada…

—¿Estás amenazando a mi novia? —intervino Jason, quien no parecía tener su humor pacífico habitual después de haber sido despertado tan temprano y encontrarse con tal escena a primera hora de la mañana.

—¡Esto no tiene nada que ver contigo, romano!

Ambos semidioses ya se habían cogido de sus chaquetas antes de que una voz enérgica llegara desde el interior de la cabaña.

—¡Travis Stoll, Jason Grace, sepárense inmediatamente!

Los muchachos se separaron casi como si hubieran sido movidos por un resorte. Drew Tanaka, tan bella y arreglada como el resto de sus hermanos, salía a darles el encuentro en ese momento.

—¡Drew! —se quejó Piper cuando su hermana estuvo a su lado—, ya te he dicho un millón de veces que no uses el embrujahabla en mi novio.

La interpelada simplemente enrolló los ojos ante esta reprimenda.

—Si no lo hacía, las cosas se hubieran puesto peores y no hubiéramos tenido el tiempo de aclarar las cosas.

Piper lanzó un gemido de molestia, pero se cruzó de brazos y no dijo más, esperando a que su hermana prosiguiera con su explicación.

—Hijo de Hermes —Jason notó en ese momento que Drew jamás usaba ninguno de los nombres de la cabaña de Hermes para dirigirse a ellos a menos que fuera en una situación extrema—, las flores fueron una disculpa que llega con un año de retraso. Esperamos que alivien en algo las dos semanas que tu hermano pasó en la enfermería por nuestra culpa.

Travis se mostraba tan confundido como todos los semidioses que espiaban esta escena desde sus cabañas.

—Una docena por cada día que estuvo en cama —aclaró Drew sin perder un ápice de su altivez habitual.

Eso explicaba las catorce docenas, pero no explicaba qué estaban planeando en esta ocasión ni qué buscaban nuevamente con su hermano.

—¿Y por qué ahora? —preguntó finalmente, incapaz de contener su curiosidad—, después de tanto tiempo…

Drew pareció desinflarse ante esta pregunta, así que miró un poco perdida a Piper para que la ayudara.

—Es algo que mis hermanos han tenido sintiendo en su interior por todo el año que pasó —le explicó ella, usando su dulce y tranquilizadora voz una vez más—, pensé que sería mejor tarde que nunca disculparse por algo de lo que realmente están arrepentidos.

Travis todavía tenía un rostro ceñudo y sus gestos estaban en guardia, pero no parecía propenso a exaltarse como hacía unos minutos. Incluso Jason, quien ahora entendía de qué estaban hablando al recordar los rumores que había escuchado sobre Connor y Mitchell, no parecía demasiado inclinado a intervenir más y miraba distraídamente el pasto bajo sus pies.

—Creo que pones demasiada confianza en tus hermanos, Piper —finalmente dijo Travis con un poco de amargura en su voz—, no olvides de que antes de que tú vinieras, solían romper los corazones de otros semidioses como deporte o porque tenían un rato libre.

Drew se puso colorada hasta las orejas y apretó los puños con fuerza a su lado, pero no se atrevió a decir nada, después de que una mirada enérgica de su hermana se lo ordenara.

—Las personas cambian, Travis —le respondió esta sin perder la calma—, espero que seas capaz de ver esto y de darnos una segunda oportunidad a mí y a mis hermanos.

El hijo de Hermes parecía un poco contrariado con esta respuesta, tal vez era más sencillo para él seguir resentido con la cabaña de Afrodita por lo que le restara de vida y la idea de que ellos cambiaran y buscaran una reconciliación arruinaba sus planes.

—Ya lo veremos —dijo antes de darse media vuelta y regresar sus pasos a su cabaña—. Ahora debo ir a limpiar todas esas flores antes de la revisión diaria.

—Oh, ¿necesitas ayuda? —preguntó Piper reflexionando sobre lo impráctico de su regalo solo en esos momentos.

Travis se detuvo y volvió la mitad de su cuerpo despacio hacia Piper y sus hermanos todavía expectantes desde la puerta de su cabaña. Un escalofrío recorrió su espalda ante la vista de Mitchell, tan apuesto y atractivo como el resto de ellos.

—No, gracias. No quiero a ningún hijo de la diosa del amor en mi cabaña por ahora.


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Cabaña de Afrodita:

Los personajes canónicos de la cabaña de Afrodita son Silena Beauregard (fallecida), Piper McLean (16 años), Drew Tanaka (16 años), Mitchell (15 años), Valentina Diaz (14 años) y Lacy (12 años), pero según la información que el autor, Rick Riordan, dio a través de los libros de Percy Jackson y sus secuelas, se conoce que existen nueve hijas y cuatro hijos sin nombrar integrándola para el final de Los héroes del Olimpo.

De esta forma, desarrollé algunos personajes originales para completar estos números, que paso a detallar:

Beatrice Colle, de doce años, es una de las bellezas de la cabaña de Afrodita y es muy orgullosa de ello. Siempre está leyendo revistas de adolescentes y cuidando de su apariencia. Aunque Mitchell no cree que sea tan mala como Drew, siempre está cuidando de que su personalidad no se desarrolle como la de su hermana, por lo que Beatrice siempre escucha sus consejos con resignación y aguanta las reprimendas cuando se porta mal con alguien.