Acto 3: Origen 2: Alto voltaje.

New York: Manhattan, jueves 6 de Julio del 2017.

7:21 de la mañana.
Spider-Man se columpia por las calles, tiene deseos de llegar temprano a su destino para sorprender a su profesora, pero los problemas de ser un héroe van presentándose. A pesar de ser muy temprano, hay un ladrón intentando extraer dinero de un cajero automático usando una pequeña máquina.
— ¡Oye, amigo! ¿Es algo temprano no crees? —El hombre le mira de pies a cabeza, extrañado. — ¿Qué pasa?
—No puedo decidir si te ves extraño o simplemente ridículo.
—Oh, realmente vas a ir a la cárcel —sentenció molesto. El ladrón le dispara, Spider-Man evade el ataque y contraataca con sus redes. La mano del ladrón y el arma han quedado cubiertas. Usa más redes para jalarlo de las piernas y lo tira al suelo, se acerca al ladrón, le coge fuerte del cabello, y chocan su frente contra la de él.
— ¿Te decidiste ya? —preguntó con voz seria y asesina.
—Si… ¡ridículo!
— ¡Oh vamos, viejo! —exclamó avergonzando de que no funcionara su intento.
—Eres sólo un niño —dijo entre risas.
Irritado, Spider-Man lo cuelga de un poste y lo envuelve en su telaraña. De su mochila saca un lápiz y un cuaderno, arranca una hoja y narra lo que escribe.
—"Hola. Soy un idiota que tiene mal gusto y merezco ser arrestado…
— ¡Mira quién habla!
Le dispara telarañas en la boca para callarlo.
—… Y si eso no fuera suficiente, soy un ladrón". Muy bien, dejaré esta nota para la policía. Disfruta la cárcel, compañero, seguro va con tu gusto —dijo de forma alegre. Y se despide haciendo un gesto militar.

Continúa su camino corriendo por los techos, saltando sobre ellos, y en cada salto intenta giros y movimientos diferentes, imitando a olimpistas y acróbatas de circo, algo con lo que antes sólo podía soñar. Minutos después, su sentido arácnido le avisa del peligro. Levanta la mirada y observa un helicóptero que procede a dispararle. Evade los disparos columpiándose a toda velocidad, el helicóptero le persigue sin tregua, no parece importarle dañar propiedad privada o vidas inocentes. Además de la nave, una camioneta negra también persigue al arácnido. En la parte trasera, un hombre enmascarado maneja una ametralladora que apunta al colorido blanco. Al ser atacado por dos lados, Spidy no puede huir con tranquilidad.

Pone manos a la obra, utiliza sus telarañas para acercarse a la parte trasera del helicóptero, desde ahí se deja caer, dispara al rostro del atacante y le quita el arma, la cual dobla en dos y luego se la arroja. El piloto decide huir, Spider-Man decide dejarlo al no sentirse capaz de detener el helicóptero una vez atrapado el piloto. Dirige su atención a la camioneta, la ametralladora empieza a escupir balas nuevamente una vez que el helicóptero se alejó. Spidy gira y aterriza sobre un techo, luego se pasa a otro techo de un edificio más grande y salta de cabeza, las balas pasan cerca de él y golpean las ventanas, los trabajadores se agachan y se esconde tras sus escritorios para proteger sus vidas. Spider-Man se lamenta y se acerca al auto con sus telarañas evadiendo las balas durante el camino girando y contorsionando su cuerpo. Aterriza frente al hombre, le golpea y lo deja mareado. Se acerca al lado del conductor y le toca la ventana.
—Disculpa, amigo. ¿Cuánto cobras por llevarme a Times Square?

El conductor le ve y le apunta con el arma mientras se concentra en el camino, Spidy se aleja y tres balas pasan volando, las cuales, por suerte, no dañaron a nadie.
— ¿Una vida? Creo que es un poco caro, ¿no te parece? —bromeó. Y el hombre le dispara una vez más, quedándose sin balas. Ante esto, Spider-Man ríe malvada y juguetonamente y el conductor entra en pánico, siente el dedo de la araña en su sien, recibe la orden de detenerse, y así lo hace. Ambos ladrones son pegados a una pared, y la araña le hace unas preguntas al conductor.

La policía llega al lugar antes de que Spider-Man escribiera su nota, le apuntan y le ordenan que levante las manos, él acata la orden, levanta las manos, dispara telarañas y abandona el lugar.

«Debo mejorar estas telarañas de una vez, no puedo estar dejando a los tipos malos huir —pensó Spider-Man—. Pero bueno, según lo que dijo ese sujeto, ya hay precio por mi cabeza. Eso es… genial.»

Peter Parker llega a industrias Oscorp, al laboratorio de Gwen, tres segundos antes de las ocho de la mañana, sorprendiéndola de buena manera. Ha ignorado sin darse cuenta algunos crímenes en su camino, sólo porque su deseo por verla y dar una gran impresión es gigantesca. Lo raro del primer robo y el ser atacado fueron las únicas cosas a las que le puso atención, y eso porque aún tenía tiempo de sobra.
Gwen le recibe con un apretón de manos, para luego caer en cuenta de su nueva apariencia.
—Ya no llevas anteojos.
—Sí, ya no los necesito —dijo con una tonta sonrisa, y una piza de vanidad. Al mismo tiempo se para derecho y luce su camisa blanca, chaleco negro, pantalones y zapatos negros; además de un peinado derecho. Es apariencia digna de un chico de bien.
— ¿Cómo que ya no los necesitas? —habló y rio confundida—. La vista no se cura por si sola y sé bien que no posees los recursos para una cirugía láser.
—Yo… bueno, verá…
—Bueno, llevas lentes de contacto, no es nada de lo que avergonzarse.
—Sí —dijo respirando aliviado—, tiene razón, no debería sentirme así.
—Muy bien, ya que dejamos eso claro, hablemos sobre «esto» —dijo extendiendo los brazos, presentando el laboratorio—. Como puedes ver, es aquí donde trabajo, soy apoyada de vez en cuando por los doctores Connors, Octavius y Warren. Ellos tienen sus propios proyectos, además de sus vidas privadas, pero siempre se dan tiempo para asistirme cuando lo necesito. Claro, yo también les ofrezco mi ayuda cuando es requerida.
—Eso es genial —manifestó con genuina admiración, y algo de celos.
—Peter, eres mi estudiante más brillante, por ello te quiero dar una oportunidad para que logres algo importante. Serás un pasante, nos verás trabajar, nos harás preguntas que responderemos si está dentro de nuestros conocimientos, ayudaras con tareas pequeñas. Te enseñaremos todo lo que podamos, y obtendrás experiencia, para que un día puedes ser un gran científico.
—Muchas gracias, profesora Stacy.
—Aquí debes llamar "Doctora". Ahora, te presentaré a tres personas, dos de ellos son jóvenes pasantes como tú lo serás. Él es Miles Morales y ella es Cynthia Moon, ambos van a nuestra escuela y también son mis estudiantes más brillantes. Ellos llevan con nosotros una semana, así que alcánzalos. El que no es tan joven, es Max Dillon, es el asistente personal del doctor Octavius, aquel que sabe las horas en las cuales el doctor está libre para conversar con algún fan o dar una entrevista, y también trabaja con él. Estoy segura de que querrás hablar con mis colegas, él podrá ayudarte.
—Por supuesto, es un sueño compartir lugar con tales genios —dijo Peter, emocionado y soñador.
—Excelente. Entonces, observa todo el laboratorio, siéntete parte de él. Max tiene deseos de llevarte al laboratorio del doctor Octavius, asumo que más que nada para mostrarte las ideas que tiene para construir un invento para el doctor.
—Vamos, ¿Qué tiene de malo algo de vanidad? —se quejó Max—. Estoy siendo de verdadera ayuda para un genio. ¡Eso es increíble! —exclamó sonriente.

Ya que falta un par de horas para el inicio de los experimentos en este primer día, han decidido ir a una cafetería para que todos puedan conocerse, pues eso servirá para un mejor trabajo en equipo. Sentados en una mesa redonda, beban capuchinos, jugos, comen pasteles y otras comidas similares. Cynthia, especialmente, come mucho azúcar.
—Peter —dice Max—, ¿Qué tal es Stacy como maestra? Estoy curioso.
—Bueno, ella es una gran maestra. La mejor.
—Estás exagerando —replicó Gwen. Centra su atención en su plato e intenta ignorarlos.
—No, es cierto. Ella es agradable, sabe cómo mantener la clase divertida por más complejos y pesados que sean los temas que toque. Incluso el tonto de Flash Thompson aprende algo, es muy buena en lo que hace. Por eso todos la aprecian.
—Sigues exagerando, Peter —dijo con un tono levemente molesto—. Todos actúan así simplemente porque quieren hacerme sentir mejor. La verdad es que soy mediocre en lo que hago.
— ¿No te molesta eso, Parker? —continuó Max—. Ella siempre es así, se menosprecia constantemente, es algo irritante. Tampoco acepta que la llamen genio.
—Porque no lo soy —aseveró en voz baja.
— ¡Vamos! —insistió Max—. Tienes tu propio laboratorio en Oscorp con solo veintidós años. Eso es asombroso. Eres líder de tu equipo, se espera mucho de ti e incluso tienes el respeto de otros genios. ¿De qué hablas?
—Soy una tonta en comparación con ellos, no soy nada más que promedio, he tenido suerte, eso es todo. Deberían ser más serios conmigo —precisó, como llamándoles la atención—, y no he hecho nada digno de admiración. Y ya basta de hablar de mí, todos ya me conocen, conversen entre ustedes. Para eso vinimos.
—Como quieras —dice Max, algo molesto. No soporta oír tales palabras cada vez que alguien la felicita. Si no la conociera, probablemente la odiaría por pensar que es falsa modestia—. Bien, Peter. Pareces un chico agradable. ¿Tienes alguna novia? ¿Alguien que te guste?
—Ah —habló nervioso. Le da una mirada rápida a Gwen, luego regresa a prestarle atención a Max, quien, al igual que todos, no ha notado nada—. No, no tengo. No me interesa nadie, estoy muy ocupado con mis tareas y eso.
—Yo también tengo una vida ajetreada, Parker. Mis estudios y mi trabajo de asistente, pero aun así tengo una bella prometida. Voy a casarme y tendré muchos hijos. No hay excusa, cuando se quiere se quiere, siempre habrá tiempo. Yo la conocí a los trece, por eso les digo a todos ustedes, aseguren una pareja, antes de que sea tarde.
—Déjalos decidir lo que quieran, Max.
—Vamos Gwen, sabes lo tontos que somos a esa edad. Me hubiera venido bien una guía para no cometer tantas tonterías. ¡No pienso dejar que ellos pasen por lo mismo! De todas formas. Miles, ¿qué hay de ti? A diferencia de ellos dos te veo en buenas condiciones físicas. ¿Juegas algún deporte?
—No, no realmente —dijo avergonzado, y tragó saliva—. Soy pésimo en ello, aunque mis hermanos me fuerzan a mejorar. Simplemente no soy atlético. Si le parezco en buena condición, será por lo mucho que… que huyo de los bravucones.
—Los nerds aun no somos muy queridos en general, ¿eh? —habló Max, algo decaído, cruzando los brazos—.Yo también huía y me escondía, era la forma de sobrevivir. No parece que vaya a cambiar dentro de mucho. ¿Qué hay de ti, Cynthia? ¿La tienes más fácil por ser una dama?
—Yo… esto... Preferiría no hablar de ello —dijo tímida y comió más pastel.
—No creo que ninguno quiera hablar de ello, Max. —Hablo Gwen, nuevamente seria, actuando como una profesora llamando la atención—. Yo tampoco quiero recordar.
—Estas actitudes no son buenas, Gwen. Debemos ver al pasado, observarlo detenidamente y crecer más fuertes, para tener un mejor futuro. Sólo quiero ayudar, sé que no sirve de nada estar triste. Pero está bien, lo dejare ir por hoy, entiendo que es un tema difícil.
—Le aprecio el intento —dijo Cynthia—, tal vez luego esté dispuesta.
—Asumo que conoce a algún terapeuta o psicólogo, ¿no es así, señor Max?—dijo Peter.
—Sí, una amiga mía lo es. Ella me ayudó mucho, y quiero devolver ese favor a la gente. Y no me digas señor, sólo tengo veinticinco. Tengo toda una vida por delante.
—Me disculpo.
—Está bien, Peter. Me agradas. ¿Qué piensas ser, muchacho?
—Realmente no estoy muy seguro. Algo en química, probablemente. Además quiero ser un fotógrafo. Quiero ser alguien importante.
—Todos lo queremos. Yo seré el mejor ingeniero eléctrico. ¡Lo lograre o si no mi nombre no es Max Dillon! —gritó a los cuatro viento. Toda la gente de la cafetería voltea a verlos, pero él no parece estar avergonzado. Max les mira sonriente, abre las manos como diciéndoles que le acompañen. Les dice que no hay nada de malo en tener mucha confianza, en ser algo arrogante y soñador. Todos se miran entre ellos, dubitativos, pero la confianza que tal hombre irradia es tanta que les alcanza y todos, sin importarle el que dirán, gritaron sus deseos. A excepción de Gwen, quien permaneció callada, y por más que lo intentaron, nunca lograron sacarle nada.

De vuelta al laboratorio, los pasantes pasan una hora observando trabajar a Gwen y al doctor Connors, preguntaron sus dudas y escucharon cuidadosamente las explicaciones y enseñanzas. Al terminar la hora, comienza la segunda etapa. Siguen las indicaciones y ayudan en todo proceso en el que puedan, desde cosas pequeñas como traer algún material, hasta más serias como verter cierto químico. Al terminar otra hora, responden preguntas relacionadas con todo lo que han visto, para probar cuanta información pueden absorber y a qué velocidad. Los tres terminan siendo felicitados por su gran trabajo. Pero por más cansados que se encuentren, aún no termina el día, deben hacer exactamente lo mismo en el laboratorio de Otto Octavius.

Peter y sus dos compañeros, abandonan industrias Oscorp con los rostros de personas que parecieran haber regresado de un furibundo combate en la guerra. El trabajo mental fue demasiado, Peter se siente más cansado que nunca, piensa en no hacer nada heroico en el camino de vuelta a casa. Pero unos gritos de ayuda, le forzaron a ponerse el traje. Y como Spider-Man, batalló contra ladrones. Al llegar a casa como Peter, cayó desplomado sobre el sofá, dispuesto a dormir profundamente. Ni siquiera un terremoto le hubiera despertado.

Al día siguiente, al igual que los pasantes y la doctora Gwen, Max Dillon saluda a la mañana. Se encuentra en su azulado baño, en un mediano piso de apartamento, pero dicho piso está lleno de objetos de buena calidad necesarias para una vida más fácil. Todo desde su microondas hasta su televisión ha costado buena pasta. Gana suficiente dinero para tener una buena vida con ciertos lujos, pero ve innecesario tener un hogar gigantesco. Nunca ha entendido a eso millonarios con mansiones, él no necesita más. Además, tampoco es que gane demasiado, y debe guardar dinero para sus futuros hijos.

Se lava la cara cuatro veces con diferentes jabones, incluyendo uno líquido. Salta dos veces en su lugar y se mira fijamente al espejo.
—Oh, eres muy lindo, muchachón —dijo sonriente—. Sí, no tendrás la pinta de una estrella de cine o un supermodelo, pero estás cerca, amigo mío, muy cerca. ¡Dame una gran sonrisa! —exclamó, y sonrió—. ¡Eso es! ¿Estas despierto? ¿Tu cerebro funciona correctamente? ¿Si? ¡Muy bien! Eres genial, eres asombroso, puedes hacer lo que te propongas. ¡Domina la vida! —gritó con los brazos en alto.
— ¿Qué haces, idiota? —preguntó una joven despeinada.
— ¡Cariño, buenos días! —exclamó alegre. Acto seguido, levanta las manos, las baja y hace gestos como si presentara un lujoso auto en un programa de juegos—. ¡Te ves hermosa! ¡Fantástica!
—Claro que no, idiota. Me veo horrible, acabo de despertar —dijo soñolienta. Se dirige al lavamanos y se arroja agua tres veces a la cara para despertarse.
— ¡Tonterías! —corrigió eufórico—. Eres una criatura hermosa, cariño. Siempre serás así. Y más tomando en cuenta ese bello anillo en tu dedo.
—Supongo que tienes razón —dijo sonrojada, acariciando el anillo.
— ¡Por supuesto que sí! —celebró abrazándola apasionadamente.

Max se dispone a cocinar el desayuno, fríe huevos revueltos para acompañar el juego y el café. Música Rock and Roll suena fuerte en todo el apartamento, él baila mientras cocina, y su pareja canta mientras espera en la mesa. Es un día cualquiera en sus felices vidas. Después del desayuno, se lavan los dientes. Y cuando el reloj toca las siete de la mañana, es hora de que su prometida se prepare, él —como todas las mañanas— se sienta a sus espaldas y le hace algún extravagante peinado.

Ocho de la mañana, los nuevos amigos y compañeros de trabajo se reúnen en Oscorp y se saludan cordialmente. Max presenta a su pareja, y luego ella parte a su propio trabajo como enfermera. Tienen un día productivo. Los sábados y domingos es generalmente día de descanso en Oscorp, y hoy es el primer día. La prometida de Max no descansa, por lo que él se siente algo aburrido en casa, jugar videojuegos no hace el truco, y entonces decide salir a pasear. En la calle, se encuentra con Peter, él está protegiendo a un pequeño perro de otros más grandes, pero no logra espantarlos por más que intenta. Max saca de su bolsillo una pequeña arma de electrochoques, y la usa para espantar a los perros con el ruido de la electricidad.
— ¿Qué hay, Peter? —saludó sonriente.
—Hola, Max. Qué bueno que interviniste. ¿Pero por qué cargas con eso?
—Bueno —responde mientras carga al perro—, New York puede ser un lugar peligroso, hermoso, pero peligroso. Hice estos para mí y mi pareja, para protegernos.
—Entiendo la necesidad. Pero supongo que ya no hay tanto problema ahora.
—Hablas del tipo de la araña, ¿verdad?
—Por supuesto —dijo con cierta arrogancia que Max no captó.
—Sí, su aparición es una bendición. Me siento más seguro. Pero bueno, escucha. Si no tienes nada que hacer, ¿por qué no vamos a una sala de videojuegos?
—Muy bien, pero voy a ganarte —dijo con una sonrisa tonta.
—Ya veremos. Pero primero llevemos a este perro con su dueño, debe estar al borde la desesperación. No quiero tener eso en mi conciencia.
—Voy detrás de ti —afirmó riendo.

Un videojuego de peleas es lo primero que deciden jugar, se enfrentan hasta en veinte peleas y Max termina vencedor por sólo dos. Ambos se ríen al darse cuenta de que han sudado. Ambos son buenos jugadores y es la primera vez que se han enfrentado a alguien tan habilidoso como ellos mismos. Sin darse cuenta han pasado ya dos horas, pero la cosa aún no termina, una victoria por dos no es muy satisfactoria. Esta vez se enfrentan en veinte carreras en un juego de motos y autos, con Peter siendo el vencedor por la misma ventaja. Dos horas más se fueron volando.

Deciden terminar el combate con un juego de ajedrez virtual, pero son interrumpidos en medio de la partida. Un edificio se encuentra en llamas a unas calles de distancia, la curiosidad les obliga a ir a tal lugar. Una vez ahí, se disponen a observar todo de lejos, por seguridad.
—Tengo que ir al baño —dijo Peter.
—Está bien, yo me quedaré aquí y grabaré a Spider-Man cuando venga. Me gustaría ayudar, pero eso no es un perrito, es demasiado peligroso —lamentó.

Peter se pone su traje y se dirige al edificio. Ante la mirada asombrada de todos, salva a las personas una tras otra a una sorprendente velocidad. Los bomberos y guardias sonríen ante la situación, pero rápidamente muestran rostros determinados, no dejaran que él se lleve la gloria, y de esta forma, se llenan del mayor valor de sus vidas. Gracias a esto, nadie fue lastimado y el fuego se puso bajo control. Max lo grabó todo con una enorme sonrisa, y cuando Peter lo alcanzó, no dudó en contarle lo sucedido.
Al día siguiente, vuelven a verse en el parque, está vez si terminan su juego de ajedrez, enfrentándose diez veces, y Peter ganó aplastantemente. Max no lo puede creer, nunca tuvo oportunidad, se siente extraño, tal vez incluso molesto, pero se contiene, y como forma de aceptar la victoria de su nuevo amigo, decide comprarle una bebida y algo de comer.
—Dime, Peter. ¿Cómo son las cosas en tu casa? ¿Te llevas bien con tus padres?
—De hecho, mis padres murieron hace tiempo.
—Oh, viejo. Lo lamento.
—No hay problema —dijo amigable, sonriendo—. Vivo con mi tía, y me llevo bien con ella. La quiero mucho y ella a mí, es como una madre.
—Eso es bueno, es bueno tener a alguien que te apoye y te quiera. La familia es algo importante.
— ¿Qué tal son tus padres?
—Ellos son buenos, pero mi relación con ellos, no lo es. Digamos que yo era, un niño, y luego un adolescente enojado. Los culpé por lo que me pasaba en la escuela, creía que me pasaba lo que me pasaba porque ellos me hicieron de esa forma. Fui grosero, frio y… fui horrible, Peter. Ahora no puedo verlos sin sentir una enorme vergüenza que no puedo controlar, así que siempre rechazo sus peticiones para vernos. Peter, quiero que entiendas que no puedes cometer un error como el mío. He hecho muchas estupideces en mi vida, intentaré que ustedes no pasen por lo mismo. Cuando necesites algún consejo que temas o te avergüence preguntar a tu tía, no dudes en venir a mí.
—Entiendo.
—Aunque te recomendaría primeramente que te comas ese miedo o vergüenza y si se lo preguntes, no hay duda de que ella será más sabia que yo. Y sé que no se siente muy bien oír eso después de lo que acabo de decir de mi actual rechazo a mis padres —dijo entre risillas—, pero que yo haga una estupidez, no quiere decir que tú también debas.
—Te lo agradezco. Me alegra haberte conocido.
—Yo también, chico. Ahora tengo que hacer algunas cosas, nos vemos mañana en Oscorp. ¡Domina la vida, chico! —le gritó mientras se alejaba corriendo.

Y el lunes llega, es hora de regresar al laboratorio.
— ¿Escucharon de ese sujeto, Spider-Man? —dijo Max—. La gente está loca por él, y no voy a negar que soy uno de ellos, después de todo lo vi en acción. Hay muchos videos en youtube, uno de esos es mío, aunque se ve borroso —empieza a decir con voz lastimera—. Lamentablemente me fue difícil grabar bien tal situación. Pero en fin, es asombroso como salva a tanta gente y la forma tan cool en que lo hace. Un superhéroe de la vida real, eso es asombroso. Desearía ser salvado por él algún día.
—Lo sé, es lo mejor —añadió Miles.
—No puedo evitar emocionarme —habla Gwen—. Los héroes son lo mejor que podría haber, siempre los he adorado. Por cierto, yo fui salvada por él. En su primer día.
— ¡Cierra la puerta delantera! —gritó Max—. ¿En serio?
—Si. —respondió sonrojada.
— ¡Asombroso! Eso es tan genial —dice Peter. No quiere causar sospechas.

Entre todos se la pasaron hablando de Spider-Man y viendo videos de él, discutiendo sobre si es asombroso o magnifico, y contando sueños en donde son rescatados o están cerca de él. Hicieron eso en vez de estudiar para los exámenes de ambos doctores insignias de Oscorp, dejando de lado al propio Norman, claro. Al llegar, el doctor Connors les llamó la atención por perder el tiempo, y el día laboral comenzó.

A mitad del día, cuando tocaba entrar al laboratorio de Otto Octavius, Peter comunica que debe salir temprano, que prometió a su tía acompañarla a las compras y a pasear. Se lamentó porque perderá puntos por eso, mas a Gwen le pareció dulce su razón y le prometió que podría completar el trabajo en la noche. Peter se despide, baja por el ascensor y sale por la puerta delantera. Apenas da unos pasos fuera de la propiedad, se golpea con un hombre con lentes de sol. Pide perdón y continúa su camino. El hombre se acerca a la entrada de las instalaciones, y es detenido por la seguridad.
—Su identificación, señor —pidió un guardia. .
—No la tengo ahora, solo déjenme pasar. Debo ver al doctor Octavius, es urgente. Es un caso de suma importancia, de vida o muerte.
—Sin identificación no podemos dejarle pasar —reiteró. El hombre se aleja unos pasos atrás, baja el maletín que lleva en su mano derecha, lo coloca en el suelo y procede a abrirlo.
— ¿Qué está haciendo? —inquirió uno de los guardias, con su mano en su cinturón donde se encuentra su pistola.
—Busco mi identificación. Se me hacía tarde y no pude encontrarla a tiempo en mi desordenado maletín. Soy un hombre ocupado. ¿Puedo?
—Está bien. Proceda.

El hombre mete ambas manos dentro del maletín, y al sacarlas, estas están dentro de una especie de guantelete, con aros alrededor de su longitud. El viento recorre los aros y una poderosa corriente de aire sale disparada y derriba al guardia. El hombre es habilidoso y logra derribar al resto antes de que sacaran sus armas. En un abrir y cerrar de ojos los ocho miembros de la seguridad han quedado noqueados. Usando la identificación de uno de ellos, logra abrir la puerta. Camina directo al ascensor ante las miradas extrañadas de las personas. Es confrontado por un guardia, pero él le dispara y la corriente lo avienta al otro lado de la habitación. Sube unos quince pisos, las puertas se abren y ya se encuentra muy cerca del laboratorio.

Peter oye una explosión a lo lejos, se vuelve y observa humo saliendo de una de las ventanas, siente el peligro y se apresura al lugar. El hombre ha acorralado a los pasantes y a los doctores en la puerta del laboratorio. No hay rastros de Otto Octavius, aún no ha llegado.
— ¿Herman? —preguntó Max.
—Aún no ha venido ese idiota de Octavius. Bueno, me las veré con él luego.
—Viejo, baja el arma.
—Silencio, Dillan. Hoy es el final —afirmó lleno de odio, y disparó con ambos brazos a toda potencia. Un enorme agujero se ha hecho en la resistente pared del laboratorio. Nadie ha salido lastimado, pero estuvieron muy cerca. Max se ha salvado de milagro, entra en pánico y se adentra por el agujero. Herman dispara una vez, el ataque hace explotar un estanque de agua azulada con anguilas eléctricas, un proyecto en el que Max y el doctor Octavius han trabajado por semanas. La extraña agua baña a Max por completo y ocurre una explosión.
— ¡Detente! —gritó Spider-Man desde el pasillo. Herman dirige su atención al visitante, y comienza a dispararle. Spidy se mueve por todo el lugar evitando los ataques—. ¡Basta! Hablemos, no tienes por qué hacer esto —rogó.
— ¡Silencio, no sabes nada! ¡Lárgate o también te matare!
— ¡Baja el arma, no lo hagas peor para ti!

Una de las corrientes golpea a Spider-Man en el pecho y lo expulsa afuera rompiendo el vidrio antibalas de la ventana consigo. El arácnido cae en medio de la pista, un camión se detiene justo a tiempo y tan sólo le golpea débilmente la frente cuando Spidy trataba de levantarse. Herman le observa, y al ver que no tiene fuerzas, dirige su atención al resto, y apenas se vuelve ve al doctor Connors intentando golpearlo con un palo de escoba, pero Herman bloquea el ataque con el guantelete derecho y con el izquierdo busca golpearlo. Un golpe que sería fulminante. Por suerte, Spider-Man logra desviar el ataque tras jalarle del brazo con su telaraña. Herman está furioso, pero ante de poder atacar, se oye el ruido de la electricidad. Ante la mirada extrañada de todos, una especie de nube de electricidad se crea ante ellos, amorfa.
— ¡¿Qué me pasó?! —gritó al verse lo que parecían ser sus manos. Pero nadie le oyó, tan sólo escucharon ruidos extraños de electricidad—. Yo… yo, ya no… ¡No puede ser! ¡Soy un monstro, una abominación! Yo… —Dirige lo que parecen ser sus ojos a la humanidad de Herman—. ¡Tú! Es tu culpa —gritó y un rayo de electricidad salió disparado de su cuerpo, pero falló, pues no sabe controlarse.
— ¡Tranquilo! —gritó Spider-Man, asustado y confundido.
— ¿Spider-Man? ¿Por qué está protegiéndolo? —preguntó extrañado, pero nadie puede entenderle—. Él intento matarme… me ha matado. ¿Y lo proteges? —preguntó enojado—. Se supone que Spider-Man protege a las personas inoce… Personas. Eso es. Yo ya no soy una persona. No soy un humano. Soy un monstro. Yo soy la amenaza —pronunció apesadumbrado, profundamente entristecido.

Al llegar a dicha conclusión, Max Dillon, o lo que queda de él, abandona el edificio. Spider-Man atrapa al distraído Herman y lo entrega a la policía cuando llegan. Se lo llevan en un auto blindado a la gran prisión de la ciudad. Peter Parker, tras confirmar con Gwen que se encuentra lejos y a salvo, ha llegado al mercado, donde se encuentra con su tía y tienen el día prometido. En la noche, después la película del día, las noticias informan.
—El auto donde el preso Herman Schultz de veinticuatro años era transportado, ha sido atacado por soldados del Kingpin, y la dirección tanto de él como de su extraña arma, son desconocidas. Continúe viendo para más información.

Peter apaga la televisión, esa noche le cuesta dormir, demasiadas cosas pasaron en un solo día, y tiene miedo de lo que Max pueda hacer en el estado en que se encuentra. Mientras él intenta conciliar el sueño, Herman Schultz puede ver nuevamente, se le ha removido la bolsa negra que cubría su cabeza. Se encuentra amarrado a una silla y frente a él hay una siniestra pared. Es un cuarto oscuro, caluroso y mal oliente. De pronto siente una mano en su hombro derecho, una mano grande y fuerte.
—Herman Schultz, ¿no es así? —dijo una gruesa voz—. ¿Tú construiste estas armas?
— ¿Quién eres? —preguntó asustado.
—Yo hago las preguntas —replicó apretándole el hombro.
—Sí, yo las hice —respondió más calmado.
— ¿Con qué propósito?
—Tenía que vengarme de ellos. Yo soy más listo que Max, Otto debió elegirme a mí y no a él. Estaba furioso por tal crimen contra mi persona. ¡Soy un genio, maldición!
— ¿Tienes un trabajo actualmente?
—No. Y usé todo mi dinero restante para hacer estar armas. Ya no me queda nada.
— ¿Te parece trabajar para mí, el Kingpin? ¿Te gustaría tu propio laboratorio?
—Sería un sueño.
—Pues únete a mí.
—Sí, acepto.
—Excelente. ¡Bienvenido a mi imperio criminal, y al país de los sueños!

Y tras oír esas palabras, su cabeza es envuelta nuevamente en la bolsa negra.

FIN DEL ACTO.