Capítulo 2:

Después de que la maestra me mandara a dirección, el director me sermoneo. No sé ni de que me hablaba me perdí cuando él me dijo" Quinn Fabray ya tan pronto en dirección... " después de eso ni me pregunten qué me dijo porque no tengo ni la menor idea me fui completamente en mis pensamientos, recordando ese beso.
Ambos se acercaron a donde yo estaba sentado. Los miré y les hice un gesto para que se sentaran.
-La hiciste buena esta vez —me acusó Anderson, con una sonrisa mientras me daba una palmada en la espalda y se sentaba a un lado de mí en la mesa.
Estábamos en la cafetería de la Universidad.
-Nunca me enorgullezco de mis impulsos —le contesté encogiéndome de hombros.
-Volviste a caer en la dirección y todavía no son las 10 de la mañana —sentenció López.
- Así es —contesté.
-¿Y cómo te fue? —preguntó Blaine.
-Creo que el rector y la secretaria están tomándome afecto. Me invitaron un café, unos bocadillos y el rector se fumó un cigarrillo conmigo mientras me decía la importancia de causar una buena impresión en esta Universidad, debido a las altas personalidades que aquí se encuentran —rieron con ganas.
-Ya no hayan como llegarte… —dijo Santana en una carcajada.-Mira quien viene ahí .Parece estar enojada.
'Ay no Kitty', no por favor' pensé.
No estoy de humor para ser simpática, y mucho menos con ella. Me volteé con temor y sonreí al ver que era la nueva y echaba chispas por los ojos. Me puse de pie.
-Lo siento —me disculpé cuando estuvo cerca y paró en seco su brusco andar.
Estuvo bueno ese beso y no me arrepiento de habérselo dado, pero no estuvo bien besarla sin su permiso.
-¿Te arrepientes? —me preguntó haciendo un esfuerzo por controlarse.
-No —fui sincera y recibí un puñetazo en la cara de su parte. Esto era extraño, normalmente las chicas dan cachetadas. Me sobe — ¿Y eso por qué fue? —pregunté haciéndome la inocente.
-¡Por besarme sin antes preguntarme! —me dijo y giró sobre sí misma para volver a irse.
Yo la tome del brazo y la jalé hacia mí.
-¿Te puedo besar? —le pregunté.
-¡No! —me dijo y jaló su brazo para poder irse.
Entonces la tomé por la cintura y la sujeté con firmeza. La volví a besar mientras forcejeaba conmigo para soltarse. Y la besé de la misma manera que antes, pero esta vez fui más ruda. Todavía me ardía la quijada por su culpa. Hasta que se quedó quieta y dejó caer sus brazos a los costados. Sus ojos miraban fijamente los míos, mientras mi boca seguía sobre la de ella. Me aleje despacio y le tapé la boca con mi mano derecha antes de que me gritara.
—Dijiste que te enojaste por qué no te pregunté —me justifiqué con una sonrisa de autosuficiencia —Nunca dijiste que no podía besarte si te negabas.
Los chicos rieron detrás de mí y a ella por un momento se le hicieron agua los ojos. Luego los apretó y volvió a tener esa mirada de decisión que le pude ver hace unos momentos.
Vi a donde se dirigían sus ojos y me imaginé lo que estaba maquinando en su mente como contra ataque. La giré para que me diera la espalda, apoyando su espalda sobre mi pecho, para mantener la parte más sensible de mi cuerpo lejos de sus rodillas, pero bastante cerca de su trasero. Sonreí pervertidamente.
—Ahora discúlpame por mi atrevimiento —negó con la cabeza —Me temo que debo insistir. Por favor siéntate con nosotros —volvió a negar con la cabeza —Está bien, supongo que quieres conservar algo de tu orgullo e irte de aquí —ella asintió —Y si te dejo golpearme… ¿Te quedarías? —le pregunté casi rogando.
Ella no respondió de inmediato seguramente lo estaba considerando. Debía estar pensando en el placer de propinarme otro puñetazo, mientras a mí me consumían las ansias por conocer su nombre y platicar con ella. Ella asintió, lentamente, con la cabeza.
—Está bien, te soltaré poco a poco —dije y solté el agarre que ejercía mi mano izquierda en su cintura. Mientras quitaba mi mano derecha de sus labios, giro rápidamente y me dio otro puñetazo en el mismo lugar que antes —Auch.
Me sobé más de lo que realmente hubiera deseado para complacerla. Seguramente ella deseaba que su golpe me hubiera roto la quijada o haberme roto la nariz. Y seguramente a ella le duele la mano como mil demonios.
—Por fin una chica se atreve a darte tu merecido —dijo Blaine y la felicitó —Eres mi nueva mejor amiga —aseguró.
—Seguro —me limité a decir mientras sacaba una silla para que ella se sentara. Cuando así lo hizo me senté a su lado —Debo admitir que sí pegas duro —le dije y me sobé de nuevo.
—Bueno, te lo merecías —respondió ella.

—Dime ¿Cómo te llamas?
—Rachel—respondió.
—Completo —le dije. Revoleó los ojos.
—Rachel Barbra Berry—dijo en su suspiro — ¿Y tú?
—Quinn Fabray.-dije.
—Mi nombre es Santana López, es un gusto conocerte, enana—se presentó San.
—Igualmente—respondió ella con una sonrisa sarcástica.
—Yo me llamo Blaine Anderson —se presentó.
—Mucho gusto Blaine —dijo ella.
—Dime Rachel, ¿Qué fue lo que te hizo Kitty? —preguntó Santana.
Fue entonces que le presté más atención y volteé a ver a Kitty con mayor detenimiento. Estaba hecha un desastre. Tenía los ojos llorosos, los cabellos revueltos. Un rasguño, si no me equivoco, en la cara. Rachel se encogió de hombros.
—En realidad, creo que fui yo quien le hizo algo a ella —dijo mientras se iba apagando su voz.
Claramente estaba avergonzada de lo que hizo —Pero todo fue por su culpa —me apuntó a mí con resentimiento —Yo normalmente no hago uso de mis fuerzas de esa manera —dijo con orgullo de sí misma. Me hizo reír por dentro.
— ¿Por qué dices que todo fue por mi culpa? —pregunté.
Se volteó a verme con la mirada fría y venenosa.
—Porque me besaste —dijo con odio.
—No veo donde esta lo malo —me hice la desentendida.
— ¡Se supone que tú y ella son novios! —Dijo indignada —O por lo menos eso es lo que ella ha contado durante toda la semana a todas las mujeres de la escuela para que no se te acerquen más. ¡Y vienes y me besas! En verdad yo no quería problemas y vengo y me topo contigo. Sabía que me darías dolores de cabeza apenas te vi —dijo con resentimiento.
—Es su problema, yo en ningún momento le pedí que fuese mi novia —le contesté al instante.
— ¿Qué clase de lección le diste? —preguntó San demasiado interesada en la plática al igual que Blaine.
La tal Rachel se volvió a encoger de hombros.
—Nada digno de contarse —dijo poniéndose nerviosa —Ni de repetirse…
—Ella te mira con demasiado odio —dijo Blaine mientras veía a Kitty al otro lado de la
cafetería con sus amigas, las cuales no quitaban la vista de nosotros ni por un minuto.

Rachel se encogió más.
—Yo también odiaría a la chica que me hiciera lo que yo le hice a ella —su voz era apenas audible debido a la vergüenza que sentía de sus acciones.
— ¿Le pegaste? —pregunté sin poder creerlo y ahí supe porque Kitty estaba así.
—Podría decirse que… sí —dijo asintiendo levemente con la cabeza.
—Creo que estoy enamorado —dijo Blaine mientras tocaba su corazón y miraba a Rachel fijamente.
—La futura madre de mis hijos —aseguró San mientras hacia un ademán de grandiosidad hacia Rachel, como si estuviese mostrando un producto en televisión.
La chica terminó poniéndose completamente roja ante las afirmaciones de mis amigos, yo me limité a patearlos por debajo de la mesa. Ellos apenas hicieron un gesto y recobraron la compostura rápidamente.

—Rachel ¿Quieres casarte conmigo cuando terminemos la Universidad? —alcancé a oír cuando Santana le susurraba al oído.
Yo la tomé por la cintura y la acerqué más a mí. Pronto me arrepentí de esto, pues ella me dio un codazo que casi me saca el aire por completo.
— ¡Quieren dejar de acosar a Rachel por favor! —les pedí a mis amigos, respirando agitada por el golpe de ella. Me miraron con ojos venenosos, incluida ella. Tal vez no fue la correcta forma de expresarlo, cuando fui yo quien la besó dos veces sin su permiso.
—Hipócrita —me acusó ella.
—No lo podría haber expresado mejor —aseguró López y Anderson asintió a manera de
aprobación.
—Hora de volver —dijo San y se levantó.
Ella miró el reloj en su muñeca.
—Es cierto —dijo ella y se puso de pie —Fue un gusto conocerlos Santana, Blaine y…Fabray.
—dijo mi nombre con resentimiento.
Yo me reí en mi fuero interno por su clara indignación para conmigo. Una chica normal estaría volviéndose loca por que la besé y se lo estaría platicando con cada detalle a sus conocidas.
Pero ella estaba molesta. Eso me gustaba.
—Igualmente Rachel —le dijo Blaine.
—Cualquier cosa que necesites… estamos por aquí —le dijo Santana.
—Muchas gracias —les dijo ella y comenzó a caminar.
Los tres miramos como se alejaba.
—Te lo dije, ella no es más de lo mismo —dijo Blaine —Fabray, ya tienes a Kitty y a todas. Déjanos a nosotros a esta chica.
—Blaine tiene razón… no la mereces —me dijo Santana.
—Además de que simplemente te detesta…
—Ya no tienes oportunidad…
— ¿Vas a ser una buena amiga y nos la vas a dejar? —preguntó Santana.
Mi mirada aún estaba perdida en la dirección en la que ella se había ido. Había algo muy interesante en aquella hermosura.
Y no era solo su particular belleza. Era su carácter… una chica con ese carácter no es muy fácil de que encontrar.
— ¿Qué piensas? —me dijo Blaine.
—Que ni loca —le dije sin dejar de mirar en la dirección a donde ella se había ido —Ya se los dije, es mía.