Hola! n.n debo disculparme por el bandono del fic, resulta que el trabajo ha estado terrible estos ultimos meses y al trabjar en turismo, pues, la temprada alta no me deja mucho tiempo libre, no dejarq ue pase de nuevo y les doy mis mas sinceras disculpas! T_T!
Shev666 muchisimas gracias por tu comentario! n.n no abandonare, prometo ser mas constante! Y la persona con la que habla Snape... pues no quiero arruinartelo asique cuelgo este capitulo para no dejarte con el suspenso.
Ninguno de los personajes me pertenece, salvo la pequeña Helena Price y su padre, el resto son todos de la genial J K Rowling. Derechos a quien corresponda ;)
Capitulo 2- Never Had No One Ever
Helena estaba sentada en la recepcion de San Mungo. Junto a ella estaba su maleta y en el asiento de junto habia un mago al que le salian unas ramas chistosas de las orejas, hubiera sido divertido tomar unas flores de aquellas ramas, de no ser porque el mago tenia el aspecto mas horrible y antipatico que ella jamas hubiese visto.
Una enfermera regordeta de cabello color canela se le hacerco con aire alegre y le puso una mano en el hombro agachandose para quedar a su altura. "Pequeño, el señor Dumbledore vendra por ti en unos momentos, quieres que te traiga algo de beber?"
Helena la miro muy seria "Soy una niña..." recalco con los dientes apretados la ultima palabra y desvio la mirada ignorando a la enfermera con enojo. La regordeta mujer volvio a su puesto enfadada por el descaro de aquella chiquilla que se veia mas como un niño de 9 años sucio y desalineado.
La niña se aburria y se decidio a abrir su maleta. No habia mucho alli, un sueter bastante remendado, una remera descolorida y un pantalon de gimnasia en peores condiciones. Una pollera negra a tablas, un chaleco marron y una camisa blanca, la unica ropa buena que tenia, por asi decirlo. Tambien un peine, un espejo y la carta del profesor Dumbledore.
Dejo sus cosas alli, y se puso de pie, camino hasta un aparador con batas y se miro en el reflejo de la puerta de metal. Tenia el cabello enredado y echo un asco, ojeras pronunciadas, y estaba muy delgada. Ademas con aquella remera gris y esos shorts 4 talles mas grandes, no se veia nada bien. Sus unicas medias blancas las tenia en el bolsillo y llevaba las unicas zapatillas que no eran un pedazo de tela gris irreconocible.
Reparo en esto justo al tiempo que alguien la observaba sonriente desde detras suyo. Elena lo vio a travez del reflejo y se volvio a verlo fijamente. "Profesor!" dijo al tiempo que le tendia una mano a modo de saludo. El anciano la miro algo sorprendido por sus modos y devolvio el saludo con una sonrisa.
Helena habia salido acompañada del profesor Dumbledore, pero al voltear San Mungo, ya no estaba alli. En su lugar estaban unos grandes almacenes llamados 'Purge y Dowse, S.A.", abandonados, y de aspecto destartalado y deprimente con un cartel en la puerta que decia "CERRADO POR REFORMAS". Aunque se sorprendio un poco, ya habia comprendido ciertas cosas de los magos en su estancia en la planta baja del hospital, como los retratos de los sanadores que hablaban, o que Hogwarts estaba escondido para no ser encontrado por muggles, esto debia ser lo mismo.
La niña fue acompañada por el profesor Dumbledore hasta la estacion de trenes que se encontraba muy cerca de alli y le fue entregado un billete con el que debia transportarse a un lugar de la ciudad donde le estaria esperando el profesor Snape para llevarla con su tutor.
Al subir al tren saludo a Dumbledore con la mano y tomo asiento en su lugar, al parecer la ultima parada era la suya.
El tren se fue vaciando de a poco y Helena estaba somnolienta, pero algo le perturbaba, una mirada, alguien le observaba desde hacia un buen rato. Levanto la mirada, no habia nadie alli, salvo un hombre que dormitaba unos asientos mas alla, una abuelita con un pequeño un poco mas lejos, y unos asientos detras de ella, casi al final del vagon, dos muchachos, los dueños de aquella mirada penetrante.
Uno de ellos se puso en pie y avanzo hasta Helena, el olor a alcohol que despedia era penetrante, y aunque intentara ignorarlo el muchacho se le paro adelante. Ambos vestian bien, al parecer con el uniforme de una escuela privada, parecian cursantes de ultimo año, ambos bien parecidos y de mirada altanera y soberbia. "Hola..." saludo el primero con una voz burlona. Helena no le contesto y bajo la mirada, aquella voz le recordaba a su padre. "Hey! Parece ser que es sorda!" le grito al segundo muchacho que ya estaba a medio camino de la pequeña niña. Era el mas grande de los dos y con un morrudo brazo rodeo los hombros de la pequeña sentandose a su lado. "Que delgadita!" rio burlon "no creo que sea sorda, mas bien se hace..." el chico saco del bolsillo un chocolate en barra, se veia apetitoso y lo extendio a Helena.
Hey!, solo queremos ser tus amigos, nos preocupa que estes sola..." dijo el primero sin poder contener una risita "una niña tan pequeña..." continuo. "Vamos, toma el chocolate..." dijo el segundo. Helena nego suavemente "No, gracias, no tengo tanta hambre...".
El segundo chico solto una risa "eso es una mentira, mira que delgada estas..." dijo levantandole la remera hasta el menton. Helena solto un chillido de verguenza cuando el joven morrudo mantenia su remera levantada enseñandole al otro su fisionomia. El delgado chico rubio solto una risa feroz "te dije que era una niña!" dijo señalando el pecho de la pequeña "gane la apuesta!". Helena intentaba a duras penas lograr bajar su remera, pero el joven mas grande parecio impacientarse y le dio un bofeton "estate quieta, asi no podremos jugar!".
La anciana mujer que habia estado mirando aquello se puso en pie y enfrento a ambos jovenes. "Ustedes dos, dejen a ese niña en paz..." los chicos rieron estruendosamente "quien nos obligara? Usted, vieja estupida?" la niña no alcanzo a ver cual de los dos golpeo a la ancianita, la mujer se levanto a duras penas ante las risas crueles de aquellos dos y tomo al niño de la mano desapareciendo por la puerta abierta en la primer parada que hubo.
Helena miro al hombre semi dormido con desesperacion, pero este no parecia con intencion de intervenir o despertarse de modo alguno. La niña entonces intento huir de alli, pero le pusieron el pie y cayo de cara al suelo.
El mas grande de los dos le dio un sonoro golpe en el rostro y el ojo de la niña se incho enseguida poniendose morado, su nariz comenzo a sangrar profusamente y las lagrimas de dolor resbalaron por su rostro. El joven delgado tomo la maleta y comenzo a despezarla mientras hacia una pila con las cosas que estaban dentro. "Puaj! Que mugre, si que debes ser pobre!" rio mientras le pisaba la cabeza. El otro entonces, se bajo los pantalones y orino sobre las cosas de la niña "Ey, Michael! Esta ropa deberia estar en una letrina, no crees?" rio divertido. Entonces el mas grande tomo los shorts de la pequeña y los bajo hasta los tobillos "Ey! Damien, eso no!" dijo el mas delgado asustado, puede venir el guarda en cualquier momento.
Helena comenzo a chillar con desesperacion intentando safarse, pero un nuevo golpe en las costillas la dejo sin aire y retorciendose de dolor. "Ahora te vas a echar para atras, eh Michael?" grito el mas grande mientras le arrojaba los shorts de la niña echos jirones y acanzaba hacia el mas delgado con aire amenazador y un puño en alto. El tren se detuvo entonces y el hombre que simulaba hacerse el dormido bajo del tren ignorando la situacion.
Los chicos estaban tan enfrascados en su pelea, que no oyeron los altavoces de la estacion anunciar la ultima parada. Helena seguia revolcandose de dolor en su sitio, cuando el joven delgado salto por encima de ella corriendo hacia la puerta abierta, seguido por el mas grande "Michael, veni ya!, no te atrevas a delatarme, eh?". Entonces, ambos chocaron contra un hombre palido y delgado que estaba de pie en la puerta del vagon que ambos jovenes estaban abandonando.
Los jovencitos le miraron, casi de piedra, entonces el mas delgado de los dos solto un chillido y salio corriendo. "No le hicimos nada a ella!, ni la alcanze a tocar!" grito el mas grande de los dos siguiendo a su amigo que ya corria alejandose del lugar.
"Mmm..." la luz del atardecer le dio en los ojos, los cerro fuertemente y volvio a abrirlos. Alguien la estaba llevando en brazos, podia notarlo por el vaiven que hacian sus pies colgando. Queria escapar pero le dolia mucho el cuerpo, entonces una mano palida le corrio el cabello enredado del rostro, al parecer la persona que la llevaba intentaba cerciorarse de si habia despertado. Helena solto un sollozo "No, no mas..." y las lagrimas zurcaron su rostro antes de volver a quedarse dormida.
El joven se cabello castaño, que hasta hacia unos dias atras se habia encontrado en estado de abandono y habia sido visitado por un molesto Severus Snape, ahora estaba un poco mas alegre y pulcro que en su ultima visita. Tarareaba una cancion, mientras barria el vestibulo de la casa que ahora, aunque errumbosa, se veia un poco mas limpia.
En aquellos momentos no vestia jirones de ropa, sino una remendada tunica marron claro, sus cabellos castaños claros los llebava recogidos en una pequeña cola de caballo. Volteo a ver como unas prendas de niño se elevaban en el aire sobre la mesa de la cocina y magicamente las agujas que flotaban sobre ellas les practicaban unos cuantos remiendos. Habia unos plumeros practicando limpieza sobre algunos muebles. El hombre de cabello castaño sonrio, mientras terminaba de juntar la basura manualmente. Aun habia cosas que preferia hacerlas sin magia, aunque entre ellas no estaban los remiendos de ropa, esperaba que a su sobrina le entrasen aquellas prendas, si era como él a los 11, entonces de seguro le irian bien, no tenia mucho dinero como para comprarle ropa nueva, y al pensar en aquello su mirada se ensombrecio.
Escucho la voz de Severus Snape golpeando a su puerta y gruñendo con voz autoritaria. El joven suspiro cansinamente y se dirigio a la puerta que acababa de abrirse de par en par. "Severus, te he dicho claramente que la contraseña es 'Bilembambudin', no es tan dificil de recordar, no?" dijo con voz amable el castaño, cuando reparo en que el palido profesor de pociones traia a una niña pequeña en brazos.
"Helena!..." el muchacho castaño se quedo de pie viendola fijamente "es identica... igual a Artemisa..." dijo mas para si mismo que para Severus Snape. El hombre palido hizo una mueca de asco al escuchar esas palabras "Si, si como digas igual a tu hermana..." gruño.
Entonces, el joven reparo en que su sobrina estaba golpeada y desnuda de la cintura para abajo. "Que... Que paso!" pregunto alarmado viendo con recelo al palido hombre que la llevaba en brazos. Snape parecio indignado ante aquella mirada acusatoria. "No lo se!, cuando llegue a la estacion de trenes a recogerla, estaba asi!... al parecer fueron unos muggles... " la mirada del hombre parecio por un momento abandonar la altaneria por el odio "pero no la desonraron...". El muchacho de tunica remendada estiro los brazos recibiendo a la niña de manos del palido hombre que tenia frente a él.
Severus Snape volteo haciendo ademan de marcharse, entonces el joven castaño, le miro con alarma. "Severus!" exclamo haciendo ademan de seguirlo. El hombre de negro cabello grasiento volteo a verlo con una altanera sonrisa ladeada a la derecha.
"Vamos Lupin, es broma no me iria sin dejarte la pocion matalobos..." dijo estirandole un frasco con una humeante pocion dentro, pero antes de entregarselo aclaro "Solo porque son ordenes de Dumbledore, no te confundas, aun no olvideo lo que tu y tus amigos intentaron hacerme cuando eramos niños..."
Remus Lupin lo miro con tristeza "Severus, se que estuvo mal lo que Sirius y James int..." pero no termino de hablar, las palabras cortantes de Snape terminaron aquella charla "Olvidalo Lupin! Cierra tu asqueroso y licantropo pico, si no quieres que el ministerio sepa de tu... 'condicion' y te quiten a esa niña para regresarla con aquel monstruo que tenia como padre..." Lupin apreto los puños con fuerza, pero no se animo a contradecir las palabras de Snape.
Helena habia abierto los ojos adecuandose a la luz mortecina que se colaba por una sucia ventana, se incorporo en una mullida, aunque vieja cama, en la cual parecia haber dormido por largo tiempo justo cuando alguien entraba al cuarto, era un hombre castaño, no mucho mayor que el joven de cabellos negros que la habia recibido en el hospital. No recordaba mucho de lo que le habia pasado luego de que se habia desmayado en el tren y preferia no hablar de ello. Agacho la mirada mientras el hombre castaño se hacercaba a ella depositando en su regaso una bandeja con ua humante taza de té y galletas. Entonces la niña levanto la mirada sorprendida, jamas habia tenido un desayuno calentito que no fuese preparado por ella misma y menos aun en la cama. El hombre la miraba con una calida sonrisa. "Te pareces tanto a Artemisa..." dijo nostalgico "lamento no haber estado mas presente en sus vidas, pero es que... ya te explicare mas adelante..." extendio su brazo, y la niña cerro los ojos tan acostumbrada a recibir golpes que sus ojos se abrieron como platos de la sorpresa mientras aquel hombre acariciaba su mejilla de manera cariñosa.
"Helena, yo soy tu tío, soy Remus..." pero las palabras de Lupin fueron interrumpidas por un sollozo bajo, su pequeña sobrina lloraba con ambas manos cubirendole el rostro, Lupin quito la bandeja de encima de ella y la dejo sobre la mesa de luz. "Disculpa, yo he dicho algo malo?" se alarmo el adulto al tiempo que la niña negaba con la cabeza, solto un hipido bajo y siguio sollozando, entonces levanto la mirada roja de tanto llorar "es que hacia mucho que nadie... era bueno conmigo..."
Continuara...
