¡Hola! ¿Qué tal todo? :)

Bueno, antes de nada... esto es un capi que tenía guardado en mi PC de hace mucho tiempo y me he animado a subirlo ahora. Es decir, ¡no he escrito nada últimamente! :(

Pero quiero continuar esta historia lo más pronto que pueda, ya que me han venido muchas ideas a la cabeza y me apetece seguirla cuanto antes.

Me queda aproximadamente un mes para las ansiadas VACACIONES DE VERANO, época en la que suelo escribir... así que espero veros pronto! De momento os anticipo esto como regalito por teneros tan abandonados.

¡Disfrutadlo!

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOooO

Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, pero esta trama salió de mi cabecita.

3. Acéptate

4 años atrás…

Harry se dirigía por los pasillos de Hogwarts acompañado por Theodore Nott, como era costumbre. El moreno iba a paso ligero, decidido a ser el primero en llegar a la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, pues tenía una misión que llevar a cabo.

-Joder Harry, ¿qué demonios te pasa esta mañana?-inquirió Theo visiblemente fastidiado, costándole llevar el ritmo de su amigo- Nunca te importa ser puntual, ¿por qué hoy sí?

-Tengo algo que hacer.

Harry no añadió nada más a pesar de la inquisitiva mirada de su compañero, estaba demasiado concentrado en el plan que debía llevar a cabo. No podía estar seguro de que surgiera efecto, pero debía intentarlo… Llevaba demasiado tiempo viendo esa tristeza en los preciosos ojos de Hermione y sentía que él era el único que podía cambiar la situación de la Gryffindor.

No sabía por qué la chica se había convertido en pocas semanas en una pieza tan esencial de su vida, pero así era. Tanto que deseaba verla feliz era su única preocupación, incluso más que las crecientes peleas con sus compañeros de casa, en especial con Draco Malfoy y su grupo. Después de aquel suceso en la clase de Pociones donde Harry había desafiado tanto a su profesor como al príncipe de las serpientes, la vida del niño que vivió había comenzado a tomar un rumbo diferente.

Cuando Harry llegó y vio el aula totalmente vacía sonrió satisfecho. Ahora sólo debía tomar asiento y esperar a que llegaran los Gryffindor, con quien compartían clase.

-Theo, hoy no-dijo Harry cuando el castaño procedía a tomar asiento junto a él- Me voy a sentar con otra persona, lo siento.

-¿Con quién?-preguntó su amigo totalmente extrañado. Que él conociera, Harry no se relacionaba prácticamente con ningún otro Slytherin, y mucho menos con los leones.

-Ya lo verás-contestó Harry escuetamente, sin querer entrar en detalles.

Al cabo de unos minutos comenzaron a escucharse voces de estudiantes a lo lejos, gritando ya de buena mañana. Harry esperó pacientemente en su asiento hasta que vislumbró el cabello ondulado de su amiga entre las alumnas que vestían de rojo y dorado y que entraban en ese momento al aula. Iba sola, ensimismada, caminando a paso ligero y con firmeza. A Harry le encantaba la manera de caminar que tenía su amiga, pisando fuerte, intentando transmitir una seguridad que él sabía no estaba ahí. Ella se dirigía a su lugar habitual, situada en la primera fila de la clase, donde usualmente nadie la acompañaba. Pero hoy no era consciente de que esta vez alguien de ojos verdes la esperaban en el asiento contiguo al suyo.

-¿Harry?-musitó Hermione frunciendo el ceño, totalmente desconcertada- ¿Qué haces aquí?

-Hola-respondió el Slytherin guiñándole un ojo y levantándose inmediatamente. A continuación se levantó de su asiento y la abrazó con fuerza delante de decenas de ojos que los observaban totalmente atónitos- Sígueme la corriente…

Ella se dejó hacer, sorprendida pero realmente cómoda entre los brazos protectores de su amigo. El abrazo duró más de lo normal, y Hermione se preguntó por un momento qué diablos tramaba Harry con todo aquello.

-¿Qué pretendes?-logró preguntar una castaña algo sonrojada por el contacto, cuando Harry la soltó y retiraba la silla caballerosamente para que ella se sentara.

El moreno sonrió misteriosamente al tiempo que se sentaba junto a ella.

-Simplemente demostrar a tus queridas compañeras que sí puedes tener amigos.

Hermione iba a continuar con la conversación, pero fue entonces cuando el rubio platino de Slytherin entró en acción, situándose a unos pocos metros de dónde se encontraban ellos. Como siempre, iba custodiado por sus guardaespaldas, los gorilas Crabbe y Goyle.

-Vaya, vaya, vaya… Qué tierno. Potter y su novia la sangresucia, la nueva pareja de moda.

-Ella no es una sangresucia, es Hermione Granger, y es una chica encantadora además de inteligente.-repuso el moreno cerrando los puños con fuerza, asegurándose de que todo lo que decía era perfectamente escuchado por todos los alumnos presentes. No podía dejar que Malfoy le hiciera perder los estribos, no ahora cuando estaba en juego su plan de ayudar a Hermione.

El rubio soltó una carcajada a la que se unieron todos sus seguidores, porque amigos no era la palabra adecuada para describirlos.

-Yo no me reiría de alguien que saca mejores notas que tú, y que según tu ideología es inferior a ti. Deberías sentirte humillado, ¿no?-continuó el moreno con rapidez, antes de que Draco reaccionara.

-Mira, Potter… No pasa nada, entiendo que te juntes con gente de ese nivel porque nadie te acepta ni en tu propia casa.-dijo el rubio sin perder la sonrisa ladeada que Harry había comenzado a odiar desde hace tiempo- El famoso niño-que-vivió, el cual ha resultado ser un inútil que se hace amigos de Gryffindor para no pasar más tiempo desapercibido…

-Y a ti te aceptan por puro miedo e interés. Todos callan por cobardía, porque prefieren vivir a la sombra de alguien y ser aceptados. Por eso no se atreven dicen lo que realmente piensan de ti.-intervino entonces la castaña, con desafío centelleando en sus ojos almendrados- Al menos Harry tiene amigos de verdad.

-Para tener amigos como tú prefiero pudrirme en el infierno.-contestó Malfoy con desprecio.

-Más quisieras tener a tu lado a alguien como ella, Malfoy.-Harry ya estaba levantado y sacaba su varita, dispuesto a callarle la boca con una maldición si hacía falta a aquel prepotente con cara de aristócrata.

-Vete a rezar por tus pobres padres muertos, cara rajada.

Cuando Harry estaba a punto de atacar con su varita apareció Sirius Black, el profesor de Defensa Contra las Artes Ocuras. Se interpuso entre sus dos alumnos, protegiendo sobre todo a Harry con su cuerpo, al fin y al cabo tenía debilidad por su ahijado. Su pelo ondulado lo llevaba peinado hacia atrás y por primera vez en mucho tiempo lucía con barba corta, lo que le hacía parecer mucho más joven.

-¡Ya basta! Eso estuvo muy feo, señor Malfoy, 10 puntos menos para Slytherin por insultar a dos maravillosas personas que por desgracia ya no están con nosotros. Y ahora, todos a sus asientos, por favor… Hoy tenemos mucho que hacer.-dijo Sirius con fuerza, guiñándole un ojo después a Harry y pasando muy cerca de él- Luego hablaremos tú y yo…

A Sirius le costó controlar los murmullos de sus alumnos ese día. No entendía qué era lo qué les pasaba, pero estaban mucho más alterados de lo normal. "Las hormonas…", pensó sin poder evitar sentirse nostálgico por aquella época que tanto extrañaba.

Hermione no prestaba mucha atención a la exhibición que protagonizaba Sirius junto a Theodore Nott, que simulaban juntos un duelo de magos. Ni siquiera tomaba apuntes por primera vez en mucho tiempo, y es que estaba absorta en sus pensamientos, dándole vueltas a lo que había pasado antes del comienzo de la clase. Sin duda, Harry se había sentado con ella para que los Gryffindor, en especial Parvati y Lavender se sorprendieran de que Hermione se relacionara con alguien, y en especial con un chico, y de Slytherin. Sin duda algo así podría hacer que cambiaran de parecer respecto a ella, pero Hermione no estaba segura de que Harry hubiera hecho lo correcto.

Desde aquel día en el que el moreno la defendió en clase del profesor Snape, ambos habían comenzado a mantener una especie de relación amistosa, que había ido creciendo poco a poco. Pero nadie sabía de ello, su amistad era casi como un secreto. Se aseguraban de verse en sitios poco concurridos, evitando especialmente a los miembros de sus respectivas casas. Y no era para menos, pues la amistad entre un Grryffindor y un Slytherin era una especie de tabú en aquel castillo, incluso parecía estar prohibido. Tanto ella como Harry sabían que si se descubría su amistad, podrían tener problemas, en especial Harry. Pues Slytherin era la casa más cerrada del colegio, y su ideología era más que respetada por todo aquel que perteneciera a ella. No toleraban cambios, ellos eran así. Los Slytherin eran gente a la que había que respetar y temer, la amistad para ellos fuera de su casa no existía. Y estando dentro, la amistad verdadera era difícil de conseguir. Según le había contado Harry a ella, la gente allí se movía por interés, buscando escalar socialmente y siempre actuando a favor de sí mismos. Es decir, eran egoístas, clasistas y básicamente buscaban obtener poder a cualquier coste.

Por ello Hermione no dejaba de morderse el labio inferior, algo que hacía cuando estaba preocupada y que no pasó desapercibido para los ojos verdes que la escrudiñaban a unos pocos centímetros.

-¿Qué te pasa?-le susurró Harry- ¿Crees que no ha sido buena idea?

-Vas a tener problemas…-contestó ella en su mismo tono.

-Lo sé, y no me importa. Estoy harto de tener que guardar las apariencias.-se explicó el moreno, encogiendo los hombros- Solo quería ayudarte de alguna forma, y si para ello tengo que enfrentarme a todas las serpientes…lo haré.

Harry estrechó con fuerza la mano derecha de su amiga, intentando no solo animarla a ella, sino también a él mismo. Iba a necesitar fuerzas para todo lo que se le avecinaba…

Y así fue.

Justo después de terminarse las clases, Harry se había quedado un poco rezagado de sus compañeros Slytherin, consiguiendo esquivarlos. Había notado un cambio en el comportamiento de éstos, y no le agradaba en lo absoluto. Antes no le apreciaban mucho, pero al menos lo dejaban en paz. En cambio ahora le dedicaban miradas furtivas, lo señalaban y murmuraban con reprobación y sin parar cosas como "traidor a la sangre". Además, el moreno se sintió decepcionado cuando en clase de Pociones intentó sentarse con Theo y éste le ignoró murmurando una excusa sin sentido y se fue a la primera mesa en la que encontró a alguien.

El día no mejoró mucho para Harry. Además de aguantar ser el centro de atención de las miradas del colegio entero (pues el rumor de lo sucedido en clase había crecido como la espuma), el moreno tuvo que soportar una y otra vez las burlas e insultos de la pandilla de Draco Malfoy, la cual había encontrado algo con lo que fastidiar el moreno a todas horas. Así pues, desesperado como estaba por esquivar a sus compañeros, decidió hacer una visita al despacho de su padrino. Tal vez él pudiera darle unas palabras de apoyo en un momento tan crucial en la vida escolar del niño-que-vivió.

Tras dar unas suaves golpes en la puerta, la grave voz de Sirius se escuchó dando permiso para entrar en la sala. El profesor y padrino de Harry Potter cambió su expresión exasperada por una cariñosa sonrisa cuando se dio cuenta de quien lo visitaba.

-Menos mal, creía que eras Snape que volvía para seguir con la discusión… Me tiene saturado con sus quejas sobre los turnos de vigilancia-comentó mientras le ofrecía asiento a Harry en uno de los confortables sillones que se encontraban en la parte interior del despacho, donde había un pequeño salón- En fin, tú y yo tenemos una charla pendiente… ¿Qué ha pasado esta mañana en clase? ¿Por qué parecías a punto de lanzar un Avada al pequeño Malfoy?

Harry sonrió levemente ante la despreocupación en el tono de su padrino. No era la primera vez que hablaban, o más bien despotricaban sobre el rubio. A Harry le encantaba como Sirius criticaba de manera sarcástica a toda esa familia, no podía evitar tener un cierto resquemor a su odiada familia política. Así que el moreno procedió a contarlo todo lo sucedido con Malfoy, explicándole por encima la situación de Hermione y él.

Sirius, que se había sentado frente a su ahijado y le ofrecía un té, se quedó unos segundos pensativo, como si estuviera recordando algo de su pasado.

-Así que eres amigo de una chica Gryffindor…curioso-dijo con una mirada suspicaz que Harry no entendió.

-Sé que es raro, yo soy un Slytherin, ella es una Gryffindor y deberíamos odiarnos mutuamente. Pero yo no puedo odiar a las demás casas, al contrario… Me gustaría no estar en este nido lleno de serpientes intolerantes.

Sirius asintió, comprendiendo lo que pasaba por la cabeza de Harry. La primera vez que había visto al chico después de casi diez años, Sirius había visto el coraje Gryffindor brillar en los ojos verdes del muchacho y por ello había quedado totalmente sorprendido al saber que el Sombrero Seleccionador lo había colocado en Slytherin y no en la casa de los valientes leones. Cuando comenzó a conocer mejor a Harry y le había propuesto dejar atrás a los Dursley de una vez por todas, entendió mejor el caso de su pequeño ahijado. A pesar de sus cualidades como Gryffindor, era obvio que el joven estaba destinado a hacer grandes cosas, pues poseía un talento innato para la magia. Y Slytherin era la casa que mejor podría potenciar esas habilidades, ayudándolo a hacer realidad sus mayores ambiciones, aunque aún no sabía cuáles eran éstas. Por lo que había observado y según lo que había hablado con Harry, el chico no parecía interesado en destacar de ninguna manera entre sus compañeros. Sólo quería estar tranquilo, encajar en algún sitio e intentar superar los obstáculos que se le presentaban día a día. Suponía que todo ello se debía al maltrato recibido en su vida anterior, y Sirius no podía dejar de culparse a sí mismo por ello. Si tan solo Dumbledore le hubiera escuchado y hubiera aceptado que se hiciera cargo de su ahijado en cuanto sus padres murieron… Pero el director quería mantener la prudencia hasta que se confirmara la total desaparición de Lord Voldemort, y hasta entonces Harry estaba mucho más seguro en casa de sus tíos. Y por mucho que Sirius intentó protestar, finalmente hubo de acatar la decisión del viejo director a regañadientes, esperando hasta el día en que Harry pudiera ser libre y vivir con él.

-Harry, no es fácil vivir en un lugar donde no te sientes cómodo-dijo finalmente Sirius comprensivamente- Pero no por ello has de dejar de ser tú mismo. Si tú quieres ser amigo de esa chica Gryffindor no tienes por qué ocultárselo a nadie, así que en mi opinión, has actuado correctamente. ¿Sabes? Yo me sentía así en mi familia. Todos ellos fueron Slytherins, defensores a ultranza de la pureza de la sangre. Pero yo acabé en la casa de los enemigos, y de hecho muy feliz allí. Hice muchos amigos, entre ellos tu padre y tu madre, una nacida de muggles. Ellos no lo aprobaron, me veían la oveja negra de la familia. Y aunque me sintiera solo e incomprendido nunca dejé de defender mis principios, sin importar las consecuencias.

-Debió ser muy duro, ¿cómo pudiste soportarlo todo el tiempo?-preguntó Harry, que había estado escuchando completamente absorto las palabras de su padrino- Yo no sé si hubiera podido aguantar, Sirius…

-Sé que sí, ¿y sabes por qué? Porque posees el espíritu de tus padres, llevas la marca del sacrificio de tu madre- dijo Sirius señalando la cicatriz en forma de rayo que estaba parcialmente cubierta por la desordenada mata de pelo negro de Harry- Y eso te dará el coraje para continuar con lo que hoy has empezado. Harry, tú solo derrotaste al mago más tenebroso de todos los tiempos. Estoy seguro de que estás destinado a grandes cosas, así que no dejes que puedan contigo, ¿me oyes? Es hora de demostrar de lo que estás hecho, se terminó el acobardarse y el ver, oír y callar. Es tu momento, Harry, y no puedes rendirte.

El joven de ojos verdes contempló a su padrino durante unos segundos, completamente inmóvil, todavía tratando de procesar las palabras que había dicho. Sirius tenía razón, ya era hora de comportarse tal y como le dictaba su corazón, sin esconderse. Tal vez era una completa locura, su rebeldía podría traerle miles de problemas y no podía negar que tenía miedo, pero la decisión ya estaba tomada. El era Harry Potter, y si debía de ser leyenda, él contribuiría a ello.

XXX

Actualidad…

-¿Y bien? ¿Qué es eso tan urgente que tenías que contarme?-inquirió Harry aburrido de que su amigo se anduviera por las ramas una y otra vez. Ya iban por la tercera ronda de cervezas de mantequilla, y Harry ya se notaba algo achispado del alcohol. Madame Rosmerta les lanzaba miradas reprobatorias desde la barra, no le gustaba que los adolescentes fueran a su bar a emborracharse, solo le traían problemas- Normalmente sueles ser más directo cuando quieres contarme algo…

Theo vaciló, aparentemente nervioso. Pocas veces Harry había notado a Theo alterado por algo, normalmente se mostraba imperturbable, incluso en los partidos de Quidditch. Algo grave debía de pasar para que su amigo se comportara de aquella forma tan extraña.

-Suéltalo de una vez, me estás empezando a asustar.

-Está bien.-aceptó el castaño, depositando su jarra de cerveza de mantequilla sobre la mesa con demasiada fuerza, provocando un sonoro ruido que atrajo de nuevo una mirada fulminante de la camarera- Tiene que ver con los incidentes…

-¿Sabes algo?-interrumpió Harry, interesándose inmediatamente por lo que tenía que contar Theo.

El muchacho asintió gravemente, clavando su mirada en la jarra que tenía delante.

-Fui a ver a mi padre… ya sabes, todos los meses le hago una visita-contó Theo sin dirigir la mirada al moreno. Harry era consciente de lo que le costaba a su amigo hablar de su padre, apenas en todos los años que lo conocía lo había nombrado. Harry sabía lo justo y necesario, que Nott padre se encontraba preso en Azkaban por haber sido un mortífago, y con eso le bastaba. Él confiaba en Theo, a pesar de la oscuridad que pudiera procesar toda su familia, pues el mejor ejemplo lo tenía en su padrino, rodeado siempre de seguidores de Lord Voldemort- Y me advirtió de algo. Me dijo que… que se estaban preparando de nuevo. Los mortífagos. Al parecer tienen un nuevo líder y se están movilizando.

-¿Me estás diciendo que todas las desapariciones han sido obra de neo-mortífagos?-exclamó Harry horrorizado, comprendiendo que ahora todo cobraba un verdadero sentido. Theo le mandó callar alarmado, mirando en todas direcciones asegurándose de que nadie lo había escuchado.

- Sí, al parecer es su manera de advertirnos que están actuando de nuevo.-musitó el castaño, clavando sus asustados ojos azules en Harry- Pero no es sólo eso, Harry. Mi padre… bueno, él ya sabes que era uno de ellos, ¿verdad? Pues ahora que no está, ellos pretenderán que sea yo el representante de mi familia. Me reclutarán.

Theo tragó saliva y bajó la mirada. Se notaba que estaba desolado, Harry pudo percibir el miedo que derrochaba aquella mirada.

-No, no lo harán. Puedes negarte, diles que no te interesa… que eres muy joven aún.

El castaño rió amargamente.

-Tú no lo entiendes, Harry. Ellos no aceptan un no como respuesta, o estás con ellos o estás contra ellos.-explicó Theo bebiendo de un trago lo que le quedaba de cerveza- Me matarán si me niego.

-¡NO! ¡No lo permitiré! Algo podremos hacer…-Harry se detuvo un momento a pensar, poniendo a trabajar a todas sus neuronas, intentando buscar una solución- Ya lo tengo, te vendrás a vivir conmigo, se lo diré a Sirius. A él no le importara y estarás a salvo, ellos no pueden encontrar la casa.

-¿Qué?-preguntó el castaño visiblemente azorado. Harry sabía que a Theo le costaba aceptar ayuda de otros, no estaba acostumbrado a que lo trataran bien- No creo que sea buena idea, Harry. Os pondría en peligro a Sirius y a ti.

-Nada de eso, todo irá bien. Estaremos seguros, la casa está protegida por el encantamiento Fidelius.-afirmó el moreno dirigiendo a su amigo una sonrisa tranquilizadora- Hablaré con él esta misma tarde.

Nott asintió con la cabeza, aún algo cohibido por la propuesta de Harry, pero al mismo tiempo sumamente agradecido. Nunca imaginó encontrar un verdadero amigo en Slytherin, alguien leal que se preocupara por él. Y ahora no podía dejar de sorprenderse por la tan estrecha relación que mantenía con el moreno. Eran prácticamente como hermanos, y Theo en ese momento supo y comprendió que sería incluso capaz de dar la vida por Harry, y que sorprendentemente el sentimiento era recíproco.

Y Theodore Nott se sintió tan afortunado en ese momento, que el miedo y la inquietud por lo que su padre le había contado se esfumaron como si nunca hubieran estado ahí.