Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen. Son propiedad de CLAMP. El que me pertenece es el especial Francés que responde al nombre de Luke ;).
*Te aconsejo buscar la canción "Amsterdam" para leer este capítulo, en especial para la primera escena y la sexta escena ;)*
Syaoran's POV
El viento resopla en mis oídos, queriendo decirme algo. Sin embargo, no logro interpretar su mensaje.
Nunca estuve tan seguro de algo en mi vida.
Tomar el atajo había sido coincidencia, o tal vez, la vida me estaba jugando una muy mala pasada. De todos los caminos posibles para llegar a la estación… ¿tenía que doblar a la derecha? ¿Por qué? Yo ya no tenía nada que hacer en esta avenida, ni caminar sobre este cemento color tierra, mucho menos... encontrarme frente a frente con la antigua academia de Teatro a la cual asistía cuando vivía en París.
Sabía que el lugar estaba clausurado desde hace algún tiempo, pero me sorprendió el hecho de reconocer la propaganda de nuestra última obra. El gran afiche estaba en pésimo estado, como aquellos carteles que la gente pega por toda la ciudad y luego olvida con el tiempo. Quise recordarlo en su día de gloria, intentando identificar los rostros de todos. Uno por uno, hasta que, por desgracia, di con el mío.
Mi rostro maquillado de un pálido color blanco y un sombrero de copa sobre mi cabeza. A un lado de mi cara, se posaba un viejo bastón que había encontrado en el armario del salón. A pesar de lo deteriorada que estaba la fotografía, podía notar aquella mirada perdida en mis ojos. Por unos momentos pensé lo fácil que había sido para mí posar para la cámara.
La expresión en mi rostro era al cien por ciento natural.
Luke se encontraba a mi derecha, chocando hombro con hombro conmigo. Una de sus manos descansaba libremente sobre su nariz, mientras que la otra se preocupaba de sujetar un elegante pañuelo rojo que envolvía su cuello. Sin embargo, ésta no se veía en el afiche. Su atención se centraba en un punto desconocido frente a él, el cual lo hacía sonreír de una manera sospechosa.
Con tal sólo observar la fotografía, bastó para que una máquina del tiempo me aprisionara, arrastrándome involuntariamente cuatro años atrás.
Esa obra de mierda había sido la culpable de que mi estrella comenzara a desvanecerse.
Me detuve y giré. Mi mente comenzó a repletarse de memorias que yo no quería recordar. Sucedía tan rápido, que no me daba tiempo para reaccionar y evitarlo. ¡Oh, mierda! Sólo tenía que seguir caminando y de seguro desaparecerían. No era tan difícil: Un paso, luego otro, y otro…- rayos, me he quedado atascado en el piso.
Es una trampa.
Dejé que mi guitarra tocara de golpe el cemento, sin importarme que pudiera llegar a dañarla. ¿Qué más podría resultar hecho un desastre? Partiendo por mí. Intenté negar con la cabeza, de sacudir y echar a volar todas esas cosas que pasaban frente a mis ojos. Si pudiera cerrar ese maldito libro, tengan por seguro que lo haría. Existen experiencias que simplemente deben quedar atrás.
Y no tenía ningún cigarrillo de chocolate para fumar.
Les contaré una pequeña historia sobre un viejo amigo al cual conozco muy bien. Seis años atrás, un chiquillo de dieciséis años decidió salir de casa. Estaba harto de toda la rutina y lujos que su familia poseía. Ese tipo de cosas no calzaban con él, pues era una persona bastante simple y callada. No es para sorprenderse si les digo que tenía el deseo de vivir algo diferente. Pasar su día a día en un ambiente nuevo, libre de su espesa burbuja. Fuera de órdenes sin sentido y protocolos… en conclusión: escapar de la vida de mierda que llevaba.
Este chiquillo tenía un pequeño secreto, el cual muy pocos conocían. Está bien, sólo una cosa lo sabía: el espejo de su habitación. El único testigo de su talento oculto, y de cuánto personaje creó con sólo detenerse a mirar algo. Aunque claro, yo también lo supe algún tiempo después.
Cuando conocí esta historia, comprendí al instante los sentimientos del chico. A tal edad, tu vida comienza a buscar una dirección, y la desesperación te consume poco a poco si no te das prisa. La de aquel chiquillo, estaba bajo una presión tremenda. Y es que si él no hacía algo pronto, el telón negro caería cubriéndolo por completo.
Quizás necesitaba actuar de una buena vez, porque las páginas del guión empezaban a estropearse con cada hojeada que recibía.
Tomar una gran decisión puede ser un paso importante. Un día, me enteré de que por fin había escogido echar a volar sus alas. Las cuales no eran blancas, pero tampoco negras. Aunque se sentían tan pesadas en su espalda, imposibilitándole las ganas de atravesar las nubes y esquivar la tempestad de problemas que lo envolvía.
—Oye, ¿te encuentras bien?
Una brisa rodeó mi rostro, y puedo sentirla tan fría. ¿Es acaso una voz en silencio, disminuyendo y perdiéndose con el paso de los segundos? Quisiera creer que se trata de un susurro, el cual apenas pude oír con claridad.
Alguien me habla.
De pronto, alguien está preocupado por mí. ¿Estoy soñando? Pues a mi parecer, me he quedado en el pasado. No quiero despertar de este sueño, no quiero bajar de mi escenario. Al chico le tomó mucho trabajo llegar hasta él, y no puedo decepcionarlo. Él confía en mí.
¿Cómo me encuentro? Confundido. Inmovilizado sin poder defenderme del frío. Vulnerable. No puedo quitar mi atención de esa mirada perdida en la nieve. Esto no es magia, pero tampoco es real. Se trata de un misterio.
Una sombra oscura deseosa de un poco de luz. No me he dado cuenta, pero me ha tomado desprevenido. Ella sabe que no puedo con estas cosas. El chico se enfadará conmigo.
Creo que he perdido el control.
~Capitulpo tres: Amsterdam~
Syaoran's POV
Sentía que perdía la noción del tiempo cada dos segundos. Mi mirada se desvanecía con cualquier distracción y eso llevaba molestándome por un buen rato. Se nublaba y casi poco podía percibir del entorno en el que estaba. En tiempos así, puedes agradecer a los dioses que hay alguien contigo. En este caso, tengo que darle las gracias a Sakura. Si no fuera por sus preguntas y curiosidad sobre mi estado, probablemente seguiría de pie a las afueras del Teatro como un imbécil.
No es que odie el lugar, pero a veces pasa que cuando cambias la página...
Extrañaba en cierto modo esos delirios. Los cuales sólo lograban molestarme cuando estaba dentro del Teatro, sobre todo cuando debíamos ensayar para una obra. Pero si tengo que decir la verdadera causa de ellos, pues pregúntenle a Luke, no a mí. Había olvidado la última vez que me había quedado en negro, y más en un lugar público. Es una escena que realmente no quisiera imaginar. Mucho menos volver a vivir. En serio, es un asco. Algo así como uno de esos odiosos parálisis del sueño. Cuando estás a punto de ir a dormir, ¡bam! Tu cuerpo queda totalmente inmóvil, y tú, asustado y desesperado como un idiota. Aunque pensándolo mejor, no sé cuál de los dos es peor.
Dios, no quiero saber la respuesta. Tampoco le dedicaré tiempo, créanme que yo…-
—¡Mierda!
—Oh dios mío, ¿estás bien?
¡Qué pregunta! Acabo de golpearme con un farol en la cara. ¿Te parece que estoy bien? Llevo más de media hora con la cabeza en las nubes, delirando, pensando, no prestándole atención a nada. Obviamente no estoy…
—Estoy perfecto.
Me burlaría una y mil veces si no estuviera ocurriéndome a mí. ¿Sabías que eres un maldito mentiroso? Al menos sabes actuar. Claro, ella nunca sospechará ni sabrá qué basuras tienes en la cabeza ahora. Ni que hay una voz que te habla, por supuesto que no.
—¿Estás seguro? Porque llevas tropezando y golpeándote con cualquier cosa desde que pasamos por la avenida del Teatro.
¡No me lo recuerdes, joder!
Acaricié mi frente y un poco mis ojos. Si tenía algo de suerte, no me quedaría ninguna marca. Me tomó un poco de tiempo enfocar mi visión cuando decidí volver a echar un vistazo al farol. No pasó mucho tiempo, pero al lograrlo me sobresalté y di un paso hacia atrás. ¿Por qué Sakura estaba tan cerca de mí? ¡Mi espacio, mi farol!
—Whoa… oye ¿qué diablos haces?
—Quiero asegurarme de que no te lastimaste. —Dijo acercando una de sus manos a mi cara— ¡Hey, no fruñas el ceño! No puedo ver así.
No quiero que veas nada.
Pero, ¿por qué no haces algo? ¡Vamos, Syaoran! ¡Aléjala! Nadie le ha dado el derecho de tocarte, ni mucho menos de que se preocupara por ti… Por otra parte, ¿se supone que eso es bueno? No esperen una respuesta, pues soy yo el primero de la lista en esta estúpida parodia.
La expresión que puso en ese instante me preocupó. De pronto se sorprendía, luego inclinaba su cabeza hacia un lado, luego hacia el otro, después aparecía una mueca en su boca y negaba. Si no detenía su show de expresiones, yo jamás me recuperaría de la mierda que me estaba atormentando, y tampoco entendería qué diablos pasaba. La oí suspirar, al mismo tiempo que cruzaba sus brazos sobre su pecho.
—¿Tan mal se ve? —Pregunté, ocultando la marca, que suponía, ya estaba en mi cara.
Ella sonrió y asintió levemente, intentando a toda costa de que yo no sospechara lo que ocurría.
—Esperemos que no pase a mayores. Por ahora, procura prestar más atención, ¿sí?
La miré, sintiendo algo extraño. Mi mamá nunca me había dicho una cosa así, ni siquiera Wei. Aparté la mirada, queriendo prometerme a mí mismo que todo este circo infantil tendría que terminar tarde o temprano. Mejor temprano que tarde, si no es mucho pedir. Era yo el que tenía que estar atento, YO, no ella. Aquí el rol de guía recaía sobre mí, y no necesitaba del puto mapa para saber en dónde estaba, aunque el golpe con el farol me había dejado algo desorientado.
Alcé la cabeza hasta llegar al tope. Quería respirar ese frío aire que revoloteaba por la ciudad, pues aspiraba un poco de tranquilidad. Cuando las cosas me toman por sorpresa, me hacen caer inmediatamente a un agujero negro. No tengo alas, no puedo escalar, por lo tanto tardo horas en volver a subir. Pedía un poco de luz y un ambiente tibio, pero sabía perfectamente lo que encontraría cuando volviera a la realidad. Un mar de nubes grises y miserables. Detestaba los días así, porque terminaban deprimiéndome jodidamente. Lo peor de todo, es que todo el mundo disfrutaba de ellos, pero ojo, yo no soy todo el mundo.
El tiempo no está de mi lado.
Sí que lo está.
El repentino escalofrío que me agarró al escuchar esa voz, provocó que despertara un poco del trance. Sakura se había adelantado un poco, pero no lo suficiente como para perderla de vista. Reconozco, en parte, su consideración de caminar lento. Estaba comenzando a hartarme y no me iba a dar la paciencia para buscarla si se perdía. Que conste, no soy el príncipe que va tras la damisela en peligro.
Pero si ella se perdía, no me quedaría otra opción.
~Till I find you~
Irnos directo al aeropuerto nos pareció una pérdida de tiempo total. Con tanto que ver en la ciudad —y después de una breve discusión sobre algún panorama—, llegamos a la conclusión de recorrer un poco el lugar.
Nuestro autobús saldría unos minutos antes del atardecer, y sólo eran las cinco de la tarde. Si bien la magia de París recae en la noche, encontraríamos qué hacer mientras tanto.
En cuanto a mi estado de ánimo… seguía de la misma manera. Sentía, de cierta forma, un sabor agridulce en la boca. Podría además recalcar lo distraído que me encontraba y con muy pocas ganas de hacer algo.
Y me molesta.
Me molesta, me irrita, me calienta la sangre, y me invaden impulsos torpes de querer lanzar la guitarra y maletín a la mierda, desear darme la vuelta y correr. Y de tener un poco de suerte, llegar al Río Sena para saltar y dejar que la corriente haga lo que dicte su voluntad con mi cuerpo.
Entonces comienzo a desconocerme poco a poco. ¿Desde cuándo me afectaba tanto un recuerdo? ¿Por qué pienso en acciones que no haría ahora, pero sí cuando tenía dieciocho años? Syaoran, me parece que alguien está jugando contigo.
Anhelaba el momento en el cual estaría por fin en el maldito avión. Poder estar en las nubes y… volver a ser el Syaoran de siempre. Sin embargo, intuía que esta tortura no me dejaría en paz. Al menos, estará encadenada a mí por el tiempo que permanezca en esta ciudad.
Vamos, si he hecho algo malo, lo siento. O tal vez no me arrepienta, ¿pero quién sabe?
El sonido de las aves cantando procuraba relajarme. Pretender estar hipnotizado por algo se había vuelto una actividad muy fascinante. Agrego el hecho de caminar por el césped húmedo e imaginar el crujido de una hoja al ser pisoteada. Uno siente muchas cosas cuando recorre sin rumbo a través de un parque.
A pesar de todo, una cosa me llamó la atención. Supongo que a Sakura también, pues cuando nos encontramos con un chiquillo tallando cursilerías en el tronco de un árbol, ambos nos detuvimos.
Lo primero que pensé fue en Meiling escribiendo mi nombre junto al suyo en el árbol de mi casa. Su loca idea de que algún día nos casaríamos seguía causándome gracia, y hasta me sacó una sonrisa. Entonces recordé que había dejado algo dentro de mi maletín unos días antes del viaje. De curioso, comencé a buscar dentro de éste hasta que di con un pequeño paquete rectangular. Sospeché cualquier cosa: una agenda, un montón de cartas para fastidiarme, incluso un cuadro con una foto suya proclamando nuestro supuesto compromiso. Todo, excepto la maravillosa bromita que me tenía.
Carcajeé cuando me encontré con la edición de Pride and Prejudice. No sé en dónde habré estado cuando Meiling guardó el libro entre mis cosas. Y que comience a apreciar un poco más su vida, pues sabe cuánto odio que meta sus manos en donde no debe. No me hubiera hecho responsable de niñas lloronas de haber estado en Hong Kong.
Volteé la portada de la novela para leer un obvio y esperado mensaje suyo en la primera página.
"Te dije que mi plan funcionaría. Disfruta la lectura en tierra Londinense. Y no, por más que tú lo quieras, jamás llegarás a ser Darcy… o él jamás llegará a ser tú… ¿realmente tengo que escoger a uno? Mucho encanto para mí. ¡Buena suerte en las tablas! No te olvides de mí, ¿está bien? Aquí sólo hay una Elizabeth Bennet para ti, y soy yo.
Avísame cuando termines de leer esta nota, muero por saber tu reacción.
Cariños,
Meiling Li."
Busqué mi teléfono dentro del bolsillo de mi pantalón. Si Meiling quería saber mi reacción, pues entonces que se quede esperando, porque yo no pretendía escribirle un mensaje. Menos ahora. No me apetecía tener que lidiar con una ola de llamadas preguntando el por qué de las posibles incoherencias que teclearía en el aparatito. Y conociendo a mi exagerada prima, sería capaz de tomar el siguiente vuelo a París o Londres para dar con la respuesta.
Pero Meiling desconocía lo que pasaba por mi cabeza. Yo no quería que eso cambiara, por ningún motivo.
De todas maneras, presioné la "M" en el teclado para dar con su nombre en la agenda. Lo único que recibiría de mi parte sería un notable: Ha-ha. Es obvio que jamás esperaría una respuesta así, pero soy impredecible y pues que se joda. Yo puedo llegar a superar a Bingley- digo Darcy. ¡Quién sea!
—Él debe estar muy enamorado como para tallar su nombre en un árbol.
¡Qué bien por él! Al menos alguien está pasándola mejor que yo.
Aquí deberías hacer algún comentario al respecto, ¿no lo crees? Digo, un poco de vida social podría ayudarte ahora. Te sugiero comentar sobre tu prima, sobre los árboles en tu inmenso jardín, o hablar acerca de ese cerezo cerca del lago artificial que tanto te gusta.
—¿Ah, sí, ah?
Vale, ¿no entiendes que no tengo intenciones de hablar?
Sakura se inclinó un poco, apoyándose en un viejo árbol que se encontraba a un costado de nosotros. No dijo nada con respecto a mi comentario, y sabía que tampoco iba a comentar algo. ¿Qué me iba a decir? Después de semejante estupidez.
Me esforcé en dejar de lado toda esta mierda, al menos por unos cinco segundos para poder hacer referencia al tema.
—Uno hace cosas estúpidas cuando está enamorado, pero nunca se da cuenta a tiempo. Éste vuela tan rápido, que cuando quieres cambiar algo ya es tarde.
La vi mirar hacia el cielo, como si existiera alguna conexión con lo que acababa de decir. Sujetó su peculiar sombrero, evitando que éste cayera de su cabeza, y permaneció así por un minuto o menos que eso.
—Nunca he hecho algo de lo pueda llegar a arrepentirme más adelante. —Agregó, mientras jugaba con la cuerda de un paquete que cargaba. Se quedó muda por un momento, y yo continué atento a sus movimientos. —¿Qué tal tú?
Le quité la mirada de encima, riendo.
—No tienes idea.
La tormenta caería pronto, no lo dudaba. Cuando el tifón de chocolate lograra alcanzarme, las malas memorias vendrían y me empujarían a ese lugar que temía.
—Prepárate, aquí las cosas no se escapan tan fácilmente, ¿entiendes?
Yo asentí, curioso de saber qué vendría.
—Aquel escenario será tu salvación, al mismo tiempo que puede llegar a ser tu perdición. Esto es serio. En este lugar no interpretarás a un sol bailando junto a los planetas…No. Si tienes que besar a un chico, lo harás. Si tienes que romper la escenografía con la furia que te consume, lo harás. Si tienes que desnudarte frente a miles de desconocidos, lo harás. Si tienes que sacrificar parte de tu vida…-
—No me interesa, simplemente lo haré.
Mi estado anímico sería el tifón que se aproximaba.
No es razón para preocuparse.
~Till I find you~
Cuando llegamos al aeropuerto, la lluvia ya había comenzado a caer sobre París. Tal como lo sospechaba, y ya ven que no me equivoqué. Aunque claro, yo no me refería a éste tipo de clima.
Hacía mucho frío como de costumbre. El interior del lugar estaba tan calientito que no te daban ganas de salir, ni siquiera por unos segundos a respirar aire fresco. Además, quedabas empapado de los pies a la cabeza, y viajar así no es una opción muy tentadora.
Tenía decidido permanecer dentro, pero la llamada de Luke me obligó a cambiar de planes una vez más. Quedé de esperarlo en la gran puerta de cristal del aeropuerto. Mientras tanto, habíamos acordado con Sakura en encontrarnos en la sala de embarque en cuanto terminara mi charla con mi amigo.
Era consciente de algo: Terminaría más agobiado, no podría disimularlo y Luke se daría cuenta al instante.
Para matar un poco el tiempo, saqué del maletín el ejemplar de Pride and Prejudice. Aproveché de que curiosamente no había nadie cerca de mí. Creo que porque aquí la gente sólo se preocupa de hacer lo suyo, no de detenerse a indagar lo que sucede en el entorno. Te da un poco de tranquilidad. Comencé con la primera página, sin la intención de prestar atención a la trama del libro.
—¿Interrumpo? Porque si lo hago, puedo irme y dejar que sigas con esa mariconada tranquilo.
No hizo falta que le quitara la mirada a las páginas del libro, o que mostrara mi rostro oculto tras él para saber de quién se trataba.
—Tomaré el crédito de esto, y no te quejes —Tomó el libro y lo jaló hacia abajo, dejándome sin refugio—, me debes el dinero del café. Ahora, dime qué mierda pasa contigo. Si es lo que pienso, mentalízate desde ahora que me burlaré de ti y no me importará.
Respiré hondo. Ahora sí estaba atrapado. Pero sabía que hablar con Luke me ayudaría a salir de esto. Estoy a un paso, pero no sé qué decir. No sé cómo comenzar.
—Hoy pasé por el…
—Diablos, ¿qué mierda te pasó en la cara? —Me quedé callado cuando Luke me interrumpió. No me sorprendió, y de hecho lo esperaba. No le contesté. Tal como él lo había hecho conmigo, revisé los bolsillos de su chaqueta. No tardé en encontrar los cigarrillos que llevaba deseando desde temprano. Busqué un poco de fuego en el zippo con máscaras estampadas de Luke, y lo encendí.
Fumar un cigarrillo mientras la lluvia te acompaña puede ser muy placentero.
—Como decía…—Aclaré mi garganta— hoy pasé por la calle del Teatro. —Comenté, dándole una calada al cigarrillo. Luke sonrió e inclinó la cabeza. Por alguna razón permaneció en silencio unos momentos, buscó un cigarrillo y lo encendió, acompañándome.
—No me sorprende —Dijo—, aunque te he visto peor.
El humo de chocolate nos rodeó a ambos. Un poco de alivio comenzaba a volver a mi vida.
—¿Sí? —Pregunté sarcástico— ¿Y no te preguntas gracias a quién me viste así?
—Hey, no me culpes de todo el drama, Syaoran. —Se quejó Luke, golpeándome en el brazo como de costumbre— Tú tienes voz, si no la utilizaste para evitarlo, entonces no es mi problema. Además, ¿desde cuándo te caes tan fácil? Sonabas horrible por el teléfono. Desconozco tu actitud, amigo.
Claro, ahora me desconoces.
—Que no se te olvide lo primero que me dijiste cuando llegué a París.
—Y tú no olvides lo que me respondiste.
Si tuviera que elegir entre quedarme en la vida real o en las tablas de un teatro… elegiría el segundo sin pensarlo. Porque es el único lugar en este mundo en donde puedo reflejar la mierda que me pasa, sin que nadie se dé cuenta. Y entonces así, podría seguir mi vida como si nada hubiera pasado.
Estás en el lugar correcto, compañero.
El viento resoplaba cada vez con más fuerza, atrayendo con él las gotas de lluvia. Cayendo más y más cerca de nosotros, alcanzándonos.
Luke alzó una ceja, victorioso al ver mi mueca. Aquí la culpa no era más que compartida. El problema es que tardó un poco en afectarme. Sé —pero desconozco cómo—, que Luke pasó por lo mismo.
Lo miras a los ojos, queriendo estar seguro de tu teoría. Te das cuenta que sigue igual. ¿Seré yo el primero?
—Caíste porque tú lo quisiste. Yo no te obligué a hacerlo.
Sentí los latidos de mi corazón aumentar cuando bajé la mirada hasta su cuello. No me había percatado que llevaba el mismo pañuelo rojo de la obra.
¿Qué tal si esto no es más que un Deja vu?
—No me refiero a eso. —Añadí.
Luke le dio una calada larga al cigarrillo, mantuvo el humo cautivo en su boca, liberándolo frente a mi rostro.
—¿Entonces?
—Entonces… ¿qué? —Pregunté, haciéndome el desatendido.
—¿Qué demonios te sucede?
—No sé, ni me interesa.
—¿No? Eso quiere decir que estás perfecto.
—No. Bueno, más o menos.
—Sí o no.
—Digamos que no.
Tan relajado, y a veces tan hijo de puta.
Luke se movió simulando un patético paso de baile. Se alejó de mi lado, caminando a un lugar en el cual el agua te alcanzaba libremente. Bastó una media vuelta para quedar bajo la lluvia. Lo vi abrir los brazos, alzar la cabeza y dejar que el resto del cigarrillo de chocolate se apagara entre los dedos de su mano.
—Eres peor, pero nadie lo sabe: ése es tu secreto, Syaoran. —Lo oí hablando, mientras el aguacero caía sobre él— Es una cuestión de no saber amoldarse, de ser distinto, nada más. ¿Quién sabe? —Se giró, con el cabello empapado y el maquillaje de sus parpados corrido por el agua. Mirándome directo a los ojos— Pero da lo mismo: igual duele, igual incomoda, igual te aleja de todos, igual alejas a todos.
Reconocí sus palabras de inmediato.
—Hay algo que te asusta, no puedes negarlo. Menos a mí —Aseguró, volviendo a mi lado—. Tienes miedo de caer en lo mismo. Sabes que estarás una vez más solo, fuera de casa.
—Ya no tengo dieciséis años, Luke.
—Lo sé. Tampoco yo, Syaoran, y mírame. ¿Notas algún cambio? —Dijo, mientras se golpeaba el pecho con sus manos.
La verdad es que no. Luke conservaba la misma imagen de siempre.
—Las personas no-cambian, amigo. —Me dijo, apuntándome con su dedo índice.
Con que las personas no cambian. ¿Me estás hablando en serio?
—¡¿Y qué mierda pasó conmigo en esa obra? —Grité, con la respiración agitada, sintiendo una fuerza tan grande por dentro que me quemaba. Luke dio un paso hacia atrás, y me miró sorprendido.
El silencio entre ambos se hizo presente. Sólo se oía el sonido de la tormenta golpeando los cristales. Aquel ataque de desesperación me había dejado sobresaltado. Luke hizo unos cuantos gestos con su boca. Finalmente, terminó soltando su infaltable carcajada.
—Estabas descubriendo al verdadero tú. —Declaró, dejándome peor que antes.
Basta.
No, ése no podía ser yo.
Comencé a temblar, mis labios tiritaban sin parar, mientras que mi respiración volvía a agitarse. Sonreía, todo gracias a los nervios. No me lo creía. No quería creerlo. Es una estupidez.
—Te conozco —Lo oí hablar, pero difícilmente escuchando su voz con claridad—. No pienses que eres una imbécil, porque no lo eres. Tampoco pienses que eres el único que ha pasado por esto.
La sombra azul de sus mejillas se desvanecía con el agua. Luke estaba serio. Era la primera vez en la vida que lo veía así.
—Puedes sentirte con suerte de que estoy contigo ahora. No estás solo como un perro pasando por esta huevada —Presentí lo siguiente que vendría—. Yo no tenía a nadie. No creo que sea necesario repetir el por qué de mi soledad, ¿o sí?
La llamada, mi familia desesperada, la despedida silenciosa del Teatro… Irme sin decirle a Luke la razón…
¿Quieres un cigarrillo? Créeme, te ayudará a encontrar la conexión con tu personaje.
Fue espontáneo. La manera en que el personaje me fue consumiendo, a través de cada ensayo, cada vez que parpadeaba sobre el escenario y me convertía en él.
En el escenario.
Sobre las tablas descubrirás quién eres realmente. Lo sabrás una vez que te pares aquí, en el centro, mires al público y comiences con tu magia.
Nadie dijo que fuera sencillo.
Era una persona muy manipulable.
Tan idiota.
—No permitas que una cosa tan tonta como esta te derrumbe. —Sentí su mano en mi hombro, y con un poco de valentía me atreví a mirarlo.
—Aún no logro descubrir quién soy, Luke. —Confesé, relevando algo a la única persona de confianza que conocía. No quería volver a lo mismo de cuatro años atrás.
—La vida está llena de sorpresas, Syaoran. Llena de obstáculos, altos y bajos. Puedes pensar que soy una mierda de persona, y lo soy. Lo reconozco orgullosamente. Pero, ¿sabes una cosa? Estuve todo este tiempo preguntándome cómo te encontraría —Sacó otro cigarrillo de la cajetilla. No tardó en encenderlo—. Di vueltas, saqué mis propias teorías. Junté todos esos recuerdos: los buenos, los malos, incluso los que no-deberían-volver —Dijo esto último entre pausas— ¿Te suena familiar?
Mi mano se aflojó, dejando caer Pride and Prejudice a una posa de agua que ya se había formado junto a nosotros.
—La actuación de tu vida la presentaste drogado.
Definitivamente tengo que salir de este agujero.
Piensa un poco, ten calma y entonces actúa.
—No me arrepiento —Declaré seguro de mis palabras—. Estaba drogado, no tenía la menor idea de qué estaba pasando conmigo. Jamás llegué a descubrir lo que quería. Me desvié de mi propia forma de ser. Me dejé llevar como a cualquier actor le ocurre.
—¿No te arrepientes? —Preguntó Luke.
—En absoluto —Afirmé.
Tomé aire, aspirando el aroma a chocolate. Más allá de todos los problemas, di las gracias a algo.
—No me arrepiento, porque estabas conmigo.
Estabas conmigo cuando fumé mi primer cigarrillo. Estabas conmigo cuando estaba cayendo poco a poco. Estabas conmigo cuando llegué a París y no tenía un lugar para refugiarme. Estabas conmigo en mi primera vez sobre un escenario. Estabas conmigo cuando tomé las maletas y despegué…
Estás conmigo ahora.
—Estoy contigo —Lo oí decir—. No hay rencor, después de todo, yo también terminé escapando.
Mi amistad con Luke era extraña. Él es de esas personas que te hacen dar un giro de trescientos sesenta grados a tu vida, y sin embargo, acabas entendiendo que valió la pena el cambio. Tan manipulador, tan misterioso, impredecible, hijo de puta… pero mantengo mi palabra.
Yendo tan libremente por la vida…
—¿Dónde está la mademoiselle?
—En algún lugar del aeropuerto. —Contesté.
Luke apagó el cigarrillo y lo lanzó sin preocuparse por él. Revolvió algunos mechones de su cabello mojado y se alejó para ingresar al aeropuerto. Yo le seguí, pues no pretendía quedarme afuera con el temporal que caía.
Nos acercamos al ventanal que nos separaba de la sala de embarque. Había tanta gente dando vueltas que no logramos dar con Sakura. De seguro andaría por ahí, en alguna de las tiendas.
—¿A qué hora me dijiste que salía tu vuelo? —Preguntó, despegando sus manos del cristal y apoyando su espalda contra él.
—Seis y cuarto de la mañana.
—Ajá… espérame aquí, regreso en seguida. —Me dijo, haciéndome gestos con las manos para que no me moviera. Lo vi alejarse para luego perderse entre la multitud. Quizás con qué aparecería cuando regresara. Pienso en cualquier cosa, lo digo en serio.
Miré la hora en mi teléfono: Casi las diez y treinta de la noche. El tiempo había pasado rapidísimo, que no me había dado cuenta lo tarde que era. Le di un vistazo a la puerta del aeropuerto, encontrándome con muchas personas corriendo, escapando de la tormenta. Me causaba gracia, tanto así, que llegué al punto de reírme.
Y no saben lo bien que se sentía.
Reír: la cura perfecta para un día gris.
Con cada desliz de la puerta, se escurría una brisa de viento. No tardaba en alcanzarme y golpearme el rostro a gusto. Pero esta vez, me dije a mi mismo que no me molestaría. De hecho, la sensación se sentía tan agradable, que en cualquier impulso de conseguir un poco más, terminaría atravesando el cristal.
Una idea que deslumbraba seductivamente en mi mente.
El clima de París había tardado en dar con mi aprobación. Mejor tarde que nunca, dicen por ahí. Y por algo que no llegaba a comprender, me hubiera gustado poder congelar la imagen. Ver a todas estas personas quietas, en silencio. Sólo yo, el viento envolviéndome en sus brazos y la lluvia celosa lagrimeando sus penas afuera. ¿Era demasiado pedir algo así? No digan nada. Hay preguntas que es mejor dejar sin responder, ¿no?
Y el tiempo está de tu lado, está de tu lado ahora.
No te empuja, una y otra vez.
No es razón para preocuparse.
Cerré mis ojos, casi alucinando con ese ambiente que acababa de crear. Si no había razón por la cual preocuparme, entonces todo este embrollo estaba quedándose atrás, y yo, estaba por fin escalando para huir de la oscuridad. Pero me faltaba aclarar un asunto más. No obstante, ese asuntito tardaría en ser resuelto, y era bastante consciente de ello. Tanto como que tenía que embarcarme en una aventura para encontrar a cierta pequeña, que se había convertido en mi compañera de viaje. Pero si no la encontraba en lo que durara la noche, sabía que volvería a verla al abordar el avión…
La curiosidad llamó a mi puerta cuando divisé a Luke esquivando algunos pasajeros. Traía consigo una pequeña bolsa color caramelo y algo oculto en el bolsillo de su pantalón. Uno de los dos me llamaba terriblemente la atención.
—Está cayendo agua como si se tratara del fin del mundo —Comentó Luke cuando llegó hasta mi lado—. Te deseo suerte si tu vuelo sale mañana.
—No me molesta la lluvia. —Admití, encontrándome con la mirada asombrada de mi amigo y su boca casi abierta.
—Esto debe ser un sueño, ¿en serio te perturbó tanto la mierda del teatro? Es para no creerlo. Pero… —Revisó en su bolsillo derecho— yo tengo algo que te servirá. Estoy cien por ciento seguro de que no fallará.
Entre su mano se encontraba una cajetilla de cigarrillos de chocolate. Mis ojos se clavaron en ella el tiempo suficiente como para entender cómo me serviría para superar esto.
—El miedo lo tienes, tenlo por seguro —Alcanzó mi mano y depositó la cajetilla sobre ella. Yo me quedé mudo—. No hay mejor cura que vencerlo con lo que te atormenta. Sé que no son estos cigarrillos. No te digo que te drogues con cualquier basura que encuentres, no hay que volver a equivocarse… si es que fue un error. De la experiencia se aprende, ya lo viviste, ya caíste. No te amargues como el café… —Alcé una ceja al instante— Y tampoco amargues a la dueña de este presente.
Me entregó la bolsa sin mucho cuidado. Quise espiar el interior pero un golpe en mi brazo me lo impidió.
—No seas fisgón —Dijo regañándome—, este regalo es para la pequeña… ¿cómo es que se llama?
Mi mente encontró a la única persona a la cual Luke llamaría con ese seudónimo.
—Sakura. —Respondí sin hacer mención de su apellido. No lo creí necesario.
—Sakura… cual pétalo de cerezo —Luke miró hacia el techo, con una expresión que te dejaba con la intriga y el no saber si estaba pensando u observando algo sin sentido—. Sí, le gustará. Y para que quede claro, el café que te cobro es el tuyo —Se rió al verme sonreír—, el de ella lo tomaré como un gesto amable de bienvenida. Pero el tuyo no, Syaoran.
—Entiendo, entiendo. —Contesté, buscando algunos billetes que había cambiado en la mañana y se los entregué, golpeándolo en el pecho con mi puño.
Cuando uno está con Luke, debe saber con certeza de que en cualquier segundo comenzará a actuar raro. Y es que de repente estaba moviendo una de sus manos frente a su rostro, como si estuviera retirando una máscara invisible o algo por el estilo. Al retirarla, la apretó con fuerza y terminó arrojándomela con un soplido. Entonces yo me cuestioné de dónde diablos había sacado eso.
—A fin de cuentas, terminé salvándote, señorito me-sé-defender-solo. —Se burló.
Fruncí el ceño y me reí al mismo tiempo.
—Me refería a otra cosa cuando te dije…
—Sí, sí, sí —Me interrumpió—. Pero terminé salvando tu pellejo de todas maneras, y seguiré haciéndolo aunque no esté contigo.
Sí, claro, como tú digas.
No me equivoco al decir que nunca cambiarás. Y tal vez yo tampoco cambie. Por fin comprendía el problema, y vaya que tardé en averiguarlo. Ahora la cosa iba en si podría conseguir superarlo.
—¿Qué fue esa estupidez de la mano? —Pregunté, recordando el objeto misterioso e invisible que me había echado encima.
Lo vi suspirar notoriamente y poner mala cara. Pero, ¿qué? ¿Cómo pretendía que entendiera lo que hacía? No leo mentes, y entender a este tipo resultaba todo un reto la mayoría de las veces. Sin importar que llevara unos seis años conociéndolo.
—Me quito la máscara de la amargura para dejar en frente a la máscara de la armonía. La rompo en mil pedazos y la soplo al viento, desprendiéndome de todo lo que me angustie. Tómalo como mi despedida teatral y como un consejo muy sabio.
La comisura de mi labio se curvó. Definitivamente practicaría lo de la máscara más adelante.
Luke hizo una reverencia frente a mí cuan noble caballero lo haría en presencia de su rey. Comenzó a caminar. Esta vez, era yo el que vería a alguien marcharse. Lo vi acomodar su abrigo, anudar su pañuelo rojo y sacar un par de guantes de los bolsillos.
—Francia fue sólo el comienzo, y no pretendo amargarte la vida… bueno, en realidad sí lo pretendo: ¡Se te viene peor! —Gritó al otro lado de la puerta de cristal— Guíate por la luz, encuentra a la mademoiselle y haz lo que quieras, sé lo que digo.
Mierda, ¿qué estaba hablando ahora?
—¿Lo sabes?
—¡No! No tengo la menor idea.
Me respondió, sonriendo antes de subir al autobús. Y cuando las puertas de éste se cerraron, también lo hizo el tifón de chocolate, culminando una gran parte de la charla pendiente entre ambos.
~Till I find you~
Algún día te contaré la verdad. Pero no hoy, no mañana, ni la próxima vez que nos veamos. ¿Sería muy pronto, no lo crees? Considerando que aún sigo intentando calmar los ánimos.
Ha sido un día muy sombrío.
El rostro de la aeromoza parecía como el de una muñeca Barbie, al igual que el tono de su voz. En ningún instante había cambiado aquella expresión. Me parecía lo suficientemente dulce y estúpida al mismo tiempo. Enseñé mi pasaporte antes de esperar a que los demás pasajeros atravesarán el detector de metal.
¿Qué tal si confieso de que podía ver a un caballero vestido de armadura caminando entremedio de ese portal traicionero? Bastante bizarro sería.
Está bien. No más delirios por el resto de mi vida.
Una vez dentro, creo haber estado de pie en medio de la sala de embarque lo suficiente como para darme cuenta de que tenía a una pequeña perdida, y esa pequeña tenía mis cosas. Había tanta gente, que con sólo sentir la presencia de todas ellas me hacía incomodarme a tal punto de querer gritar.
Pero guardé un poco la compostura, porque no estaba en mis planes cagarme más el día.
Pronto todos estarán dormidos, las tiendas cerradas y la calma será el principal protagonista de esta historia. Oh, sí. Un mundo utópico que deseaba con tantas ganas, pero lo veía tan lejano.
Tomaré este día como un juego. La ficha de color rojo seré yo y el tablero será Francia. Después de todo, si pierdes, puedes volver a iniciar e intentar hacerlo mejor. Al acercarme al área de juegos para niños, me percaté un poco para dónde iba toda la cosa. Todo tenía sentido si lo interpretaba de esta manera. Cuatro años atrás, yo pude haber sido la ficha color verde, ésa que nunca escogen o que rara vez viene incluida en el juego. Los dados fueron lanzados, a la vez que mi suerte y mi vida iban avanzando. Cada casilla significaba un ensayo, un día en París, una fumada…
Llevé inconscientemente mi mano al bolsillo de mi chaqueta y sentí lo que supuestamente sería mi rehabilitación. No entendía aún de qué forma podría algo así ayudarme. Primero tendría que intentarlo, claro está. Aunque antes me preocuparía de arribar a mi real destino.
Divisé uno de los televisores del aeropuerto. De acuerdo al noticiero, el cielo de Londres seguía nublado y permanecería así hasta la mañana. Con algo de suerte, las nubes se alejarían antes del vuelo. De ser lo contrario, bueno, no está demás la opción de ir en tren, ¿no lo creen?
Cae el número cuatro sobre el tablero.
Pero yo no quiero más de este juego.
Oí detrás el sonido de una guitarra, y me congelé cuando me di cuenta de que me pertenecía. Sin embargo, yo no era el responsable. La cercanía que me separaba me permitió dar con la fuente: Sakura, sentada en uno de los asientos a unos pasos de mí, con la guitarra entre sus brazos tocando una canción.
Me estremecí, pues era la misma que llevaba tarareando desde la mañana.
La reacción fue todavía más chocante cuando la escuché cantar.
Come on, oh my star is fading
And I swerve out of control.
If I, if I'd only waited
I'd not be stuck here in this hole.
Leía a la perfección la letra en mi memoria. ¿Cómo olvidarla? Es imposible.
Quise acerqué cautelosamente a ella, con el objetivo de que no notará que estaba allí. La visión que tenía no tenía palabras para describirla. No obstante, me quedé allí, casi sintiendo la vibración del cristal provocado por el despegue de un avión. Pero el sonido, todo lo que mis oídos y sentidos percibían, era Amsterdam.
Ni siquiera llegó al coro cuando se detuvo, probablemente dándose cuenta de que yo la estaba observando. Alejó la guitarra lo más rápido que pudo y se puso de pie. Ningún centímetro de mi cuerpo se movió.
—¿Qué tal estás?
Su pregunta no resolvería el problema.
—¿Qué tal está el clima? —Respondí con una pregunta, queriendo darle a entender que no mencionaría nada al respecto.
—Sigue nublado —Dijo inmediatamente, pero supe que no había captado la idea sino hasta un poco después, cuando no quité el contacto visual—… Oh.
Estaba incómoda. Sí, y posiblemente por mí. No, esto no daría la vuelta.
—Te imaginaba diferente.
Su comentario logró que diera unos pasos más, encarándola con una ceja alzaba. ¿En qué momento había creado una imagen de mí? Yo no me había dado el tiempo siquiera de intentarlo con ella. Además, no sabría ni una pizca de mí por ahora. Me desagrada el tener que compartir hechos de mi vida con extraños. Y ella lo era.
—No te imagines nada —Afirme—. Hazme un favor y no te metas en lo que no te importa.
No le amargues la vida a la mademoiselle.
Oh… cállate, Luke.
Sus ojos no se despegaron un segundo de los míos. Casi podía verla temblar, o es que era yo el que perdía el equilibrio. Otra vez estaba imaginándome cosas, qué bien.
—Créeme que no era ni es mi intención. —Se defendió.
—Créeme, yo no soy como lo imaginas.
~Till I find you~
El silencio no tardó en reinar en el gran salón. En este caso, la sala de embarque. Llevaba recostado sobre tres asientos desde que había terminado la gran charla con Sakura, y me irritaba el sólo hecho de ser tan imbécil a veces. A este paso, tendría que escribir un libro sobre "Cómo lidiar con Syaoran Li" Oh, sí, puede ser una gran idea. Pero no soy escritor y no me interesa programarlo en mis futuros planes.
Lo que ahora necesitaba era una deliciosa taza de chocolate caliente. Para mi mala suerte, el stand de bebidas de la sala se encontraba cerrado. Sí, maldita gente perezosa que no trabaja por las noches. No se apiadan de los pobres pasajeros hambrientos y deseosos de una dosis de azúcar. Ellos se lo pierden, ¿no? Yo también, pero no es importante.
Mis brazos habían sido muy útiles simulando una almohada, y es que estos asientos no podían ser más incómodos. Contando aparte el hecho de que el permanente ruido de los aviones al despegar, no te dejaba pegar un ojo para lograr dormir. No sé con exactitud cuánto es lo que llevaba intentándolo, aunque claro, no me estaba yendo muy bien con el asunto.
Aburrido de ver el techo, me levanté de golpe sin siquiera preocuparme del mareo que posiblemente me afectaría. Tampoco me quedé sentado, simplemente me puse de pie. La vista que tenía era asombrosa: un montón de gente dormida, no habían niños pequeños jugando, y pude notar desde la distancia que la lluvia había cesado.
Observé mi mano, mis dedos moverse al ritmo de una melodía que no existía. Y a veces sucede que no te das cuenta en lo que hay más allá. El ventanal que daba a la pista de aterrizaje, por ejemplo. Detuve el movimiento de mis dedos y analicé un poco antes de actuar.
El primer contacto fue tan frío, pero tan necesario al mismo tiempo. Sentí la humedad del vidrio bajo mi mano y comencé a maldecirme a mí mismo por no traer un par de guantes. ¿Qué se le puede hacer? En casa todo marchaba bien.
La pista estaba repleta de luces, las cuales formaban un dibujo que nunca logré descifrar. Luces tan brillantes como el reflector del escenario. Cegadoras y malditas que llegaban a arruinar tu maquillaje si te descuidabas con las emociones. Inclusive si tu rostro era pálido como una hoja en blanco, pero destrozado por los garabatos hechos con bolígrafo. Tu sombrero de copa no te protegía como debía, y estabas allí, solo, sobre las tablas. Todos pendientes de ti, así como yo lo estoy con el avión que se aproxima. Bajando y bajando, disminuyendo la velocidad, esperando el gran impacto con la realidad.
Quería tomar mi guitarra, sentarme en un rincón y cantar a todo pulmón lo que se me ocurriese. Pero la nostalgia me tenía encadenado. Mi única opción era ver mi reflejo y no me gustaba.
Desvié un poco la mirada, encontrándome con una pequeña niña. Un peluche de león entre sus brazos y un regalo abierto justo debajo de su improvisada cama. Así que de eso se trataba. Recordé que aún debía entregar el misterioso encargo de Luke, pero lo haría cuando ella se rindiera y aceptara que no estaba dormida.
Sé que no se animará a decirme algo. Porque está insegura y puedo notarlo. Sus ojos entreabiertos la delatan. Yo tampoco me moveré de mi puesto, sólo la miraré.
Sus parpados tiritan nerviosos, y eso fue suficiente para mí.
—Sé que no estás dormida, Sakura. —Le dije sin más. Te descubrí, de todos modos buen intento.
—¿Cómo… cómo lo supiste? —Preguntó con su voz casi apagada, procurando no hacer mucho ruido.
—Soy un actor, conozco el truco —Contesté intentando sonar orgulloso—. Por cierto, lo estabas haciendo mal.
Dejé de mirar el reflejo y me volteé. La vi poner mala cara y eso me causó un poco de gracia. Vamos, no era tan difícil. Respirar hondo, relajar la vista y listo.
El remordimiento que tenía me obligó a no presumir. Si ponía atención, crearía una imagen de ella. Sonriendo, aplaudiendo a extraños, dormida abrazada a un león con alas en la espalda. No a le persona que tenía en frente. Me calmé.
De seguro, ella también la estaba pasando mal.
Regresé hasta los asientos y busqué algo que tenía pendiente. Bajo mi chaqueta estaba el misterio. Uno liviano que no me pertenecía, por desgracia.
—Ten —Dije entregándole el regalo en las manos—. Es de Luke.
La intriga que se apoderó de ella al ver lo que sostenía en sus manos fue notable. Hice mi mejor esfuerzo para disimular la curiosidad que tenía desde que Luke había aparecido con él. Del interior, Sakura sacó una pequeña caja de color azul. La sacudió, como si eso le diría lo que contenía. Sin embargo, la expresión de su rostro fue totalmente distinta cuando abrió la caja.
¿De qué se trata? ¿Es que acaso a ti también te regalaron cigarrillos de chocolate?
Su mano fue en busca del objeto, y se alzó sosteniendo un collar de plata. Ambos fijamos nuestra atención en el dije de éste.
—Es un piano.
Claro que lo es, puedo verlo. Pero, ¿qué mierda?
—¿Cómo se enteró de que soy pianista? —Preguntó más para ella misma, pese a todo, oí la pregunta. Me cuestioné exactamente lo mismo.
Luke, ¿quién te entiende? ¿Lees mentes? O tal vez posees un don secreto, porque pasó algo similar cuando te conocí.
Estoy harto de los secretos.
Por otra parte, el incidente con la guitarra me importó poco al saber que estaba en compañía de un músico. Porque no se la confiaría a cualquier persona, aunque lo hice sin saberlo. Qué más da. Es músico, toca el piano y además la guitarra… pues que haga lo que quiera.
Y tal vez los niños dormidos estaban siendo reemplazados. Cuando un avión se aproximaba, Sakura no tardó en correr hacia el ventanal y apoyarse en él para mirar el aterrizaje.
Me abracé a mí mismo, siguiéndola con la mirada. Mi imagen mental no parecía tan errónea.
Las luces de pronto se convertían en luciérnagas, de acuerdo a Sakura. La escuché mencionar algo sobre querer conocerlas, las cálidas noches de verano y Kensington Garden…
Lo que yo quería, era escucharla cantar.
Verla sentada frente al piano, tocando la canción que no terminó por culpa mía.
Tomé la guitarra y comencé con los acordes, dejándome llevar por la música. Olvidando todo. Cantando libremente lo que llevaba aguantándome durante todo el día y parte de la madrugada.
Ella es luz, diría Luke si la viese en este preciso instante. Una silueta envuelta por luciérnagas.
Pero conmigo no la encontrarás.
Quizás en el centro del teatro de París. Tendría que volver algún día y enfrentarlo. Es la única forma. Reencontrarme con el mago de piel blanca. Aprovechar el buen tono de mi voz. Perder el miedo… volviendo a encarnar a mi personaje oscuro.
—Hey, todo pronto terminará. —Dijo Sakura tan calmada. Pero su mirada no mentía—. Una noche en París no tiene que ser tan oscura.
Sabía lo que sentía, de otra perspectiva, pero lo comprendía. No me lo negaría nadie.
—¿Esto recién comienza, verdad? —Sonreí, sin dejar de tocar.
Tú llegaste y me liberaste.
Notas Capitulposas: ¡Hola, querido mundo! Un gusto el saludarlas en esta bonita tarde de viernes. Espero que hayan disfrutado el capitulpo número tres, y que valga la pena! Porque me costó un montón escribirlo (¬¬), entre las infinitas cosas de la universidad y lograr encontrar un espacio para terminarlo. Ustedes me dirán luego qué tal estuvo ;)
Ahora, pasemos a lo nuestro: Syaoran.
No estoy muy segura si se revelaron muchas cosas, pero créanme que se sabrán muchas más a medida que transcurra la historia. Además de aclarar una que otra duda que "posiblemente" les quede dando vuelta xD. Por cierto, tengo una noticia que tal vez no les guste (yo soy la principal afectada). Me refiero al Francés, sí, a Luke. Muchas de ustedes mencionaron a este personaje en los comentarios, y me pareció que lo mejor que tenía que hacer, era darle un final digno de su personalidad. Aja, leyeron bien... La participación de Luke no irá más allá. Aunque viendo la situación de Syaoran, no me sorprendería ver algún cameo suyo en el futuro :D
No sé qué escribir xD y la radio no me inspira mucho con esta nota. PERO! Tengo una especie de regalito. Tenía pensado desde hace un tiempo agregar "Curiosidades" ¿Por qué? Porque son geniales y a Pau le encantan!
Anshicuriosidad: ¿Sabías que Sakura y Syaoran se conocían en el aeropuerto y no en el centro de París? Además de que en el documento original, Syaoran pedía el Frappé por ella ;)
Piensa, Pau, Piensa. Ah! Sí.. claro, cómo no comentar sobre esto. ¡Hoy vuelvo a Teatro! Síiiiii! Estoy increíblemente feliz por eso, y al igual que Syaoran tengo miedo xD Pero no por las mismas razones. Deséenme éxito (La radio toca a Morrissey y me alegra la tarde).
Hablando de música, no he mencionado el nombre del capitulpo. Amsterdam me pareció ideal para escribir. Espero que hayas seguido las indicaciones del principio, en caso de que no lo hicieras, bueno... no puedo ir a tu casa y golpearte xD :Violencia mode on:
Mejor termino de delirar porque llevo una hora de retraso xD
¡Muchísimas, muchíiiiisimas gracias por leer! Y ya sabes lo que tienes que hacer, ¿verdad? Un review con tu opinión, duda, queja, reclamo, etc, será muy bien recibido!
Para despedirme, subiré en unos minutos más un dibujo correspondiente a la primera escena. ¡No querrás perdértelo! Atento a mi cuenta de Deviantart (sobloondie). Y por favor, me encantaría mucho leer su opinión sobre él. En especial saber cómo se imaginaban a cierto personaje nuevo que encontrarán en el dibujo. ¡Estaré esperando ansiosa!
PD: Tengo una cuenta de facebook exclusiva para delirar con fans de CCS, el enlace se encuentra en mi perfil :D.
¡Un abrazo de oso mutantoso!
Oh! Antes que lo olvide. No sé muy bien si podré actualizar el 13 de mayo. Me tienen un poquito BASTANTE llena de documentos para leer en la universidad. (ejemanglosajonaylactmejem) Haré lo mejor posible!
Ahora sí que me voy.
Besotes, Pau.
