Una aclaración, mi anterior cuenta fue cancelada por razones desconocidas, la página simplemente dejó de funcionar y me borró TODOS mis fanfics, pido mil disculpas a todos los que estaban leyendo mis fics. Trataré de ser lo mas rápida posible y me pondré al corriente con los capítulos y actualizaciones. De antemano les pido una disculpa a todos.
Resumen: Dicen que de la amistad al amor hay un solo paso. Sin embargo, en muchas ocasiones, un paso no es suficiente. Sobre todo si sabes que tú mejor amigo nunca podría fijarse en ti. No cuando es el chico más popular en toda la universidad y... Es gay.
Advertencias: AU (Alternative Universe) & posible OOC (Out Of Character).
Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, éstos son del mangaka Masashi Kishimoto, yo simplemente los tomé prestados para darle vida a ésta historia.
Todo esto es sin fines de lucro, solamente es un fic de Fans para Fans. Enjoy it!
Ya saben, el fic no es mío, es de: Mrs. Valensi. .net/u/984129/MrsValensi
Agradecimientos abajo:
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Casi Platónico
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Capítulo III:¡Aplasta a la mosca!
(Hinata's POV)
Oí risas familiares llenando el ambiente. Con dificultad, intenté incorporarme, pero un peso sobre mí me lo impidió. Abrí los ojos y me di cuenta de que estaba acomodada sobre el pecho de Sasuke. Sin poder evitarlo, me sonrojé suavemente, mientras desviaba la mirada. Al hacerlo, me encontré con las figuras de Ino y TenTen, entrando alegremente a la sala. Sus esmerados atuendos lucían algo desaliñados y sus rostros mostraban un gesto feliz, pero cansado. La rubia del grupo se acercó hacia donde estábamos Sasuke y yo.
—Es una verdadera lástima —comentó Ino alzando los ojos, mientras señalaba a mi acompañante, quien dormía plácidamente, con la cabeza recostada sobre el respaldo—. Hacen tan linda pareja. Hermosa, simplemente hermosa.
Suspiré ante su constante insistencia, aunque sin decir nada. Después de todo, yo amaba pensar que aquello era cierto.
Ino y TenTen, al igual que Sai, sabían que Sasuke no estaba interesado en las mujeres; así como también eran conscientes de mi furtivo interés por aquel joven al que llamaba mejor amigo. Por ese motivo, no sólo vivían haciendo alusiones a la bonita pareja que hacíamos ambos, sino que también insistían en cuestionar mi unión con Gaara. Las evasivas por mi parte, en ambas cuestiones, eran la mejor respuesta.
Ino quería decir algo más, pero TenTen le tapó la boca con una de sus manos, de forma sutil. Traía las mejillas de un leve tono carmín y su rostro lucía casado. Le hizo una mueca a Ino para que dejara de moverse y, después, sus ojos castaños viajaron hacia mí.
—Iremos a dormir —comentó—. Que descansen tranquilos.
Luego de una conciliadora sonrisa, TenTen se dirigió a la habitación de Ino, la arrastró dentro y al poco tiempo cerró la puerta. Después me saludó de forma perezosa con la mano, mientras entraba en su propio cuarto. Me reí suavemente después de la escena y, cuando miré otra vez el sofá, me encontré con los ojos ónices de Sasuke, mirándome de forma adormilada.
Lucía demasiado adorable.
—Buenos días —murmuró, con una sonrisa cansada.
—B-Buenos días —respondí de igual manera, incorporándome al sentir que la presión de su brazo en mi cintura había cedido—. ¿Q-quieres algo para desayunar o p-prefieres seguir durmiendo?
Sonrió de lado, suavemente.
—Creo que tu capuchino especial no me vendría nada mal —comentó, enderezándose también y arrancándome una sonrisa.
Después de un largo tiempo trabajando en una cafetería, había aprendido algunas cosas básicas. Todos los muchachos que trabajaban conmigo eran gente muy agradable y nos llevábamos bastante bien; después de todo, la gran mayoría teníamos entre dieciocho y veinticinco años. En las horas de poco trabajo, generalmente, nos juntábamos en un rincón a conversar y, en algunas de esas tantas charlas, había aprendido nuevas recetas, entre ellas las del llamado capuchino especial.
Sasuke y yo nos dirigimos, a duras penas, a la cocina. Mi amigo se acomodó en la larga barra de madera, ubicada en el centro de la habitación, subiéndose a uno de los taburetes de nogal. Con cuidado, bajé de la alacena las cosas que necesitaba y puse un poco de agua a calentar. Vi como Sasuke se estiraba y rebuscaba algo dentro de un gran tarro azul, ubicado a un lado e la barra. Acercándolo un poco a él, sacó un par de galletas y las dejó en un plato. Se puso de pie y me ofreció una, que acepté gustosa, mientras el agua seguía sobre el fuego. Vi como él también se llevaba una galleta a la boca.
—TenTen realmente tiene mano para la cocina —comentó, después de haber tragado.
Me reí mientras bajaba dos tazas grandes.
Nos quedamos en silencio por un rato y, cuando estaba preparando el capuchino, un sonido estridente nos alteró a ambos. Me sobresalté y miré confundida a Sasuke.
— ¿Timbre? —inquirí, frunciendo el ceño.
Sasuke se encogió de hombros en su lugar.
Corrí, antes de que mis amigas se despertaran, y me desvié en el salón para dirigirme a la puerta. Cuando abrí, mi rostro debió desfigurarse bastante por la sorpresa: allí se encontraba Gaara, con un aspecto sumamente deplorable. Tenía el cabello pelirrojo arremolinado hacia un lado, sus ojos aguamarina se encontraban desenfocados y su ropa completamente desaliñada.
— ¡¿Dónde está él! —gritó, con vehemencia. Su voz seguía teniendo aquel tono impersonal.
Me espanté por su grito, pero aún así le respondí.
— ¿D-de qué ha-hablas? —pregunté, mirándolo con confusión.
— ¡De él! —gritó.
— ¿Q-quién es él? –pregunté tratando de que bajara la voz el pelirrojo frente a mí.
— ¡Él! —balbuceó Gaara, tambaleándose y apuntando hacia delante, con su brazo extendido.
Me volví para ver a Sasuke, quien tenía una mueca de incredulidad en su rostro.
— ¡Uchiha, te voy a mat…! —Gaara intentó acercarse a Sasuke, mas tropezó con el borde de la puerta y acabó cayendo de frente al suelo del salón.
Vi que Sasuke-kun rodaba los ojos y mascullaba algo que me sonó a idiota.
Ambos nos quedamos mirando a mi novio tirado en el suelo. Pasados unos segundos, al ver que no se movía, aparté mi mirada de él y la alcé, para encontrarme con los ojos negros de Sasuke. En su rostro podía observarse una mezcla de cansancio y diversión.
— ¿C-crees q-que ha m-muerto? —pregunté con una mezcla de confusión, preocupación ¡y por qué no?: Diversión.
—No, no creo que tengamos tanta suerte —replicó Sasuke, mientras ponía los ojos en blanco.
Le pegué suavemente en el brazo, a modo de reprimenda. Él me sonrió, de forma suave, antes de agacharse al lado de Gaara. Con cuidado, asegurándose primero de que realmente estaba inconsciente, lo alzó y lo cargó sobre su hombro. Comenzó a moverse por la sala, con innata gracia, hasta llegar al sillón, donde dejó caer a Gaara sin ningún cuidado.
—Supongo que ahora podremos tomar el capuchino en paz, ¿no? —dijo suavemente—. Cuando duerme, hasta parece una persona normal.
Le sonreí y asentí, mientras ambos nos dirigíamos a la cocina. Gaara solía ser una persona sumamente pacífica y amable, pero cuando se trataba de Sasuke se volvía otra persona. No entendía por qué. Creo que no le cae bien.
Nos quedamos ahí durante un tiempo indefinido, tomando la bebida que había preparado, comiendo galletas y hablando de temas de poca relevancia. Hablar con Sasuke me resultaba casi tan fácil y natural como respirar y me hacía sentir sumamente feliz. Cuando vi que el reloj de la cocina marcaba las doce y diez del mediodía, encendí el televisor pequeño, que pendía de una de las paredes de la cocina, para sintonizar las noticias.
Comencé a preparar alguna cosa para comer, con ayuda de Sasuke, ya que el capuchino y las galletas no habían bastado para saciar nuestro apetito, después de la agitada noche que habíamos tenido. Estábamos poniendo unos platos sobre la barra de madera, cuando Ino ingresó en la cocina, con aspecto adormilado.
— ¿Qué hace Gaara en el sofá? –preguntó sorprendida.
—E−estaba ebrio y quería pegarle a Sasuke —comenté, restándole importancia, mientras ponía a calentar una taza de café para Ino.
Mi rubia amiga abrió los ojos con sorpresa, y una sonrisa divertida se dibujó en su rostro mientras robaba algunas galletas que habían quedado en el plato. La receta de TenTen era completamente irresistible.
— ¿Quería pegarte? —Le preguntó, incrédula, a Sasuke—. ¿Y eso por qué?
—Por haber dormidocon Hinata —respondió, dándole a la frase la entonación necesaria para que supiera que, en realidad, Gaara había malinterpretado las cosas.
Ino llenó la cocina con su melodiosa carcajada.
—Hina-chan, discúlpame por mis palabras; pero… es tan idiota —comentó mi mejor amiga, gesticulando.
Asentí.
—No porque pensara que ustedes habían dormido juntos porque, bueno, eso es algo posible —comentó Ino, quien nunca desperdiciaba ninguna ocasión para emparejarnos a Sasuke y a mí de algún modo. Rodé los ojos, con un leve sonrojo en mis mejillas, mientras nuestro mejor amigo sólo reía de forma suave—; pero… ¡mira que querer pegarle a Sasuke! —exclamó—. ¡Es obvio que no tiene posibilidades!
—Ino, hablas c-como si fuera Maito Gai* —comenté, con una fingida mueca de superioridad, señalando a Sasuke con mi dedo pulgar.
El aludido me miró feo y en un acto puramente infantil me sacó la lengua, antes de tomarme por la cintura y cargarme sobre su hombro.
— ¡No soy Maito Gai! ¡Yo soy mejor que cualquier Gai! —aseguró Sasuke, divertido, haciéndose el forzudo. Tal vez no era Maito Gai, pero las horas en el Gym, definitivamente, habían dado sus frutos, haciéndolo poseedor de un cuerpo de infarto.
Pasamos gran parte de la tarde entre comida, chistes y conversaciones banales. TenTen se unió a nosotros pasadas las dos de la tarde y, cuando ya eran alrededor de las cuatro, Gaara apareció por la puerta con aspecto cansado y desvaído. Todos nos quedamos mirándolo, mientras entraba en la cocina con paso lento.
— ¿Hay algo con cafeína? —preguntó, con voz ronca.
Asentí, intentando con todas mis fuerzas no reír, y me acerqué a la encimera para prepararle una cargada taza de café.
Cuando Gaara estuvo apto para mantenerse en pie y armar frases coherentes sin desvariar, TenTen se ofreció a llevarlo a su casa, ya que iría a pasar la tarde con Neji y ambos vivían cerca. Sasuke se fue poco tiempo después, asegurándome que me llamaría a la noche, como generalmente lo hacía. Con una sonrisa, me despedí de él en la puerta del apartamento. Apenas cerré, dejé escapar un suspiro y, arrastrando los pies, me dirigí al sofá y me dejé caer pesadamente sobre él. Ino, pocos minutos después, se sentó a mi lado con dos tazas de té en sus manos. Se lo agradecí, con una cansada sonrisa, y hundí mi cabeza entre los almohadones. Escuché como encendía la televisión.
Después de unas horas el teléfono comenzó a sonar con insistencia. Ino se estaba dando una ducha, por lo que me levanté de mi lugar y caminé hasta el teléfono.
— ¿Hola?
—Hinata, soy yo—me contestó del otro lado Gaara.
— Ho−hola Gaara, ¿Cómo sigues?
—Bien… Hinata perdón por lo de hoy, no sé qué me pasó…—balbuceó muy apenado mi novio —Me siento muy mal y me gustaría recompensarte de algún modo—pidió con tono lastimero—. ¿Qué te parece si salimos los dos juntos y vamos al cine?
—N-No es necesario Gaara, está bien —le dije tratando de hacerlo sentir menos apenado. Sé que no lo hizo a propósito.
—Por favor —me pidió.
—E-está bien —accedí finalmente.
— ¡OK! Nos vemos más tarde.
Habíamos quedado en encontrarnos en la puerta de los enormes cines del centro de la ciudad para las nueve de la noche. A sabiendas de que tenía sólo una hora y media para prepararme, después de cortar la comunicación me dirigí al baño y me di una rápida ducha. Con despreocupación, me envolví en una toalla y comencé a rebuscar en mi guardarropa alguna cosa para ponerme. Escuché que alguien llamaba a la puerta y, después de permitirle el paso, Ino entró en mi habitación.
— ¿Vas a salir? —me preguntó Ino.
—S-Sí, iré al cine con Gaara —le contesté mientras terminaba de ponerme la ropa interior y comenzaba a ponerme unos jeans oscuros. — ¿Y tú? —le pregunté al darme cuenta de lo linda que estaba.
Mi rubia amiga portaba un lindo vestido morado oscuro, strapless, pegado en el área del busto y suelto en la parte de abajo. Junto con unos zapatos de tacón de 10 centímetros negros. Se veía simplemente hermosa.
—Saldré con Sai-kun —me contestó Ino, cuando hubo acabado de aplicarse el gloss en los labios— Si no estás aquí para las dos de las mañana vas a ver Hinata Hyuuga.
Cuando mi amiga acabó con sus comentarios agresivos y, en cierto punto, divertidos, tomó su bolso y me dijo que nos veríamos cuando volviéramos. Yo me maquillé, apenas lo necesario para cubrir aquellas ojeras que habían quedado en mi rostro como recordatorio de la noche anterior, y salí del apartamento. Como mi carro se encontraba aún en reparación, busqué algún taxi que pudiera llevarme al centro de la ciudad. Después de algunos minutos de viaje, llegué a mi destino. Cuando llegué al centro, le pagué al taxista y me acomodé detrás de la enorme puerta de cristal del cine para esperar a Gaara.
No sé cuánto tiempo estuve allí, pero la monotonía de cada minuto estaba comenzando a volverme loca. Al principio, pensé que sólo era un problema con el tráfico; pero, cuando estuve segura de que, por lo menos, había pasado una hora allí, me resigné. Refunfuñando cosas incomprensibles para cualquiera que me oyera, comencé a buscar el teléfono móvil en mi pequeño bolso. Cuando lo hallé, pasé por los contactos rápidamente, hasta dar con el nombre que buscaba. Llamé una vez y nadie respondió. Volví a intentarlo, pero nada. Dejé el teléfono llamando incluso por más de un minuto, pero nada sucedió.
¿Le habría pasado algo a Gaara? Él era una persona sumamente puntual y comprometida. Nunca antes me había hecho esto.
Suspiré, con cansancio, caminando de un lado al otro de forma impaciente.
Claro que, como siempre, mi suerte no se dignaba a colaborar. Mientras caminaba, mi zapato se torció y, si bien tuve suerte de no caerme, el tacón quedó prácticamente desprendido de la suela. Mirando mi pie con horror, me agaché y, a duras penas, pude quitar la parte del tacón que casi había perdido. Con aquel pedazo de zapato en mi mano, comencé a caminar hasta recostarme contra una pared.
¿Acaso nada podía salirme bien?
Volví a tomar mi teléfono móvil y, en un acto desesperado, comencé a pasar los contactos con la pequeña tecla del aparato. Entonces, mis ojos se toparon con su nombre y, casi de forma inconsciente, marqué el botón para iniciar la llamada.
— ¿Hinata?
— S-Sasuke, ¿estás mu-muy ocupado? —pregunté, de forma lastimera.
— No, ¿por qué?—preguntó suavemente, con confusión en su voz.
— ¿Crees q-que podrás v-venirme a buscar a-al centro? —pedí, casi en un triste gemido.
— Sí, pero… ¿por qué? ¿Pasó algo? Te llamé a tu casa, pero…—preguntó, con preocupación.
Lo interrumpí y le dije que luego se lo contaría. Él aceptó, sin queja alguna. Rápidamente le di mi ubicación y me dijo que en pocos minutos estaría conmigo. No quería asustarlo, por lo que le repetí que no sucedía nada grave.
Gracias a Dios, Sasuke Uchiha siempre estaba para salvarme.
Afortunadamente, mi incondicional compañero cumplió con su promesa y, a los pocos minutos después de haberlo llamado, apareció con su reluciente Camaroen la puerta del cine. Caminando, a duras penas, con el zapato en aquellas condiciones, me subí del lado del copiloto, ante la divertida mirada de Sasuke-kun.
— ¡N-no preguntes! —gruñí, de mala gana, cuando vi que sus ojos se dirigían a mi zapato.
—No iba a hacerlo —aseguró, con su mejor cara de niño bueno, mientras arrancaba el automóvil.
Todo el camino lo hicimos en silencio, aunque podía sentir las miradas furtivas que él Uchiha me dirigía. Igualmente, a pesar de estar resistiéndome, sabía que al final terminaría contándole todo lo que había sucedido.
Siempre era así con Sasuke.
Llegamos a un gran edificio, bastante más lujoso que el que compartíamos TenTen, Ino y yo. Sasuke aparcó su coche y me abrió la puerta. Con cuidado, siendo total conocedor de mi innata torpeza, me obligó a apoyarme en su brazo para poder caminar un poco mejor. Conmigo casi a cuestas, abrió la impecable puerta de cristal de la entrada y nos deslizamos por el mármol del recibidor hacia el ascensor. Llegamos al tercer piso y Sasuke se dirigió al apartamento con la letra A resplandeciendo en el frente. Con cuidado, entramos en la sala, donde una cálida alfombra crema hacía juego con los muebles de roble. Apenas llegamos al lujoso y ordenado apartamento, me quité los zapatos y comencé a andar por la mullida alfombra, hasta llegar al sofá y acomodarme en él.
Me deleité con el orden que había en cada rincón y que pocos hombres, viviendo solos, podrían lograr. Incluso yo, siendo mujer, sentía que nunca en mi vida podría mantener un ambiente con todas las cosas en tan perfecto equilibrio.
Sasuke se sentó a mi lado, mientras yo cruzaba mis pies descalzos sobre el sofá.
— ¿Mejor? —inquirió, con una sonrisa de lado.
Asentí.
—Mucho mejor.
—Entonces… ¿me contarás que fue lo que pasó? —me preguntó, con su suave voz de terciopelo.
Me recosté un poco sobre el sofá y procedí a contarle la breve historia de cómo Gaara me había dejado plantada en la puerta del cine. Durante mi relato, lo vi rodar los ojos varias veces.
—Es un idiota —sentenció Sasuke—. Y sabes que lo digo con todo respeto, considerando que es tu novio.
Suspiré con cansancio.
—L−lo sé —admití, mientras me apoyaba contra su hombro—. ¿N−no le habrá pasado algo?
Puso una mueca dudosa en su rostro.
— Si, puede ser —aceptó, con el semblante preocupado—. Quizás Ino intentó anudarlo a un ancla para tirarlo al río.
Reí y le pegué suavemente en el hombro ante su broma.
No es que Ino odiara a Gaara, era sólo que ella consideraba que él era un obstáculo entre la relación de Sasuke y mía. Aunque… ¿De qué relación hablaba? Si no había ninguna, ni nunca la habría.
Pase un rato más con Sasuke, hablando de cosas con poca importancia, hasta que decidió que ya era hora de llevarme a mi casa. Después de todo, siendo la una de la mañana, temía que Ino se preocupara y saliera a cumplir su promesa de asesinarme o en todo caso a Gaara.
Llegamos a mi edificio y Sasuke-kun me acompañó hasta la puerta, con mi zapato provisionalmente pegado con alguna cosa que habíamos encontrado en su casa. Cuando me vio renguear, rió suavemente, mientras depositaba un suave y cálido beso en mi frente.
—Ve a dormir, pequeña —pidió, cuando ya tenía las llaves en mi mano—. Hoy no ha sido tu día.
Reí suavemente, asintiendo.
—G-gracias por hacerme sentir un p-poco menos miserable, querido Sasuke-kun —respondí, pegándole en el pecho de forma suave.
Sonrió y, después de volverme a besar en la frente, de forma cuidadosa, comenzó a caminar hacia su auto. Sin embargo, antes de llegar a meterse dentro de él, gritó:
— ¡Para tu próximo cumpleaños, prometo regalarte un matamoscas! —hizo énfasis al sobre nombre que Ino-chan le había puesto a Gaara.
Reí de forma audible.
Quizás, después de todo, no era una mala idea.
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Quiero agradecer a KettyRubi (Muchas gracias por tu review, a mi también me causan gracia las reacciones de Gaara. Espero verte pronto por aquí. Kissus), , Dark Amy-chan (Así que a alguien más le paso además de a mí… interesante. Y dime, ¿A qué te huele esta situación? Me diste curiosidad. Gracias a Dios tenía todos mis fics guardados en mi pc y memorias USB, así que no fue un 'gran problema', aunque aún así sí me dio dolores de cabeza. De nada, como dije "Soy tu fan" y siempre leo cada cosa que subes a Fanfiction. Sigo esperando el epílogo de Destiny… digo, yo solo aquí diciendo. Jajaja. Sin duda Hina pondrá todo de sí para volver a nuestro —o su— Sasuke−kun hétero. Un beso y un abrazo. Espero te guste este tercer capítulo. Y de nuevo, gracias por comentar.) y Annii GabiiZ (chica muchas gracias por comentar y por seguir conmigo a lo largo de este problema. Besos.)
Maito Gai*—Me causó algo de gracia eso de compara a Gai con Bruce Lee, o alguien por el estilo. Fue algo así como una bromita. Jajaja.
Un beso y un abrazo… Se despide
Rika De Hiwatari
~La êspösa oficiâl dë Kai Hiwatari~
Eη εstε grαη y αηcho мuηdo ηo tεηgαs мιεdo dε αcεptαя cosαs ηuεvαs, pιηtαηdo sobrε ηuεstяos dolorosos pαsαdos… Sι εstαмos juηtos, no hαy ηαdα quε tεмεя… Sι εstαмos juηtos, no hαy ηαdα quε tεмεя
[[I Love Thε Mûsiic]]
