Halloween
«¡Yo quiero vestirme de Transformer!» exclamó Henry
Regina torció la boca
«Sé que dije de cualquier cosa, pero podrías elegir algo más elegante, como un príncipe. Mi principito» dijo la madre, besándole la frente mientras él hacía una mueca.
«¡Pero los príncipes no dan miedo, mamá!» protestó Henry
«Ok, ok. Te pediré on line el disfraz de Performer»
«Transformer» la corrigió el muchacho
«Sí, lo que he dicho» balbuceó, como hacía siempre cuando alguien la corregía, y de costumbre se trataba siempre de Henry o de Emma que le corregían sobre cosas referidas a este mundo.
«¡Regiiina!» el grito de Emma resonó en las paredes de la casa Mills
La Alcaldesa, resoplando y riendo al mismo tiempo, se dirigió hacia su propia habitación. Al llegar, abrió los ojos de par en par.
«Creo que se han equivocado al mandarme el traje, porque esto no era lo que tenía en mente» dijo Emma en un tono, mezcla de alarma y diversión.
Emma había pedido un vestido de bruja. Y, en efecto, aquello se parecía vagamente a un vestido de bruja, pero las medias de red y los tacones de aguja, por no hablar del top que apenas le cubría lo necesario, hacían pensar más en…en Ruby, eso es. Sin embargo, en el modesto pensamiento de Regina, Emma era mucho más sexy que Ruby.
«Oh..es…» murmuró Regina, callándose antes de decir algo de lo que se habría arrepentido.
No lograba desviar la mirada de aquella atrayente figura.
«Creo que lo devolveré» continuó la rubia.
«¡No!» exclamó de repente Regina, para después darse cuenta de que lo había dicho en voz alta «Es decir, no pidas otro, yo puedo buscarte uno. Tengo un amigo, del Bosque Encantado que es sastre y puede coserte cualquier cosa que desees»
«Es decir, un sastre mágico» dijo Emma
«Algo parecido…» respondió Regina
«¡Guay!» exclamó la rubia comenzando a quitarse el vestido.
La mujer, incómoda y con las mejillas en llamas, se dio la vuelta antes de ver algo que la llevara a los límites del aguante.
«¿Qué te parece algo personalizado? Tú eres la Salvadora. Quizás deberías llevar una armadura o algo parecido»
«Buena idea…Ya puedes girarte»
Regina, entonces, encontrándose a Emma en su ropa habitual, suspiró aliviada.
Aunque era igual de bella, al menos no llevaba puesto aquel estrecho vestido que podía estimular aún más sus fantasías que desde hacía semanas se habían hecho un hueco en su mente.
«Ok, entonces…voy a llamarlo» dijo Regina, para escapar de la habitación.
Halloween: la fiesta donde los muertos viven y los vivos mueren, por así decir.
Granny's había sido decorado para la ocasión, ante cada casa había al menos una calabaza y todos se habían vestido para la fiesta…excepto Ruby, porque, en su opinión, a ella le bastaba con transformarse para tener su propio disfraz de Halloween. Todos los demás habían comprado sus disfraces en Fred, el sastre mágico, que los había confeccionado realmente bellísimos y ricos en detalles que los hacían parecer verdaderos.
Cuando Regina salió del baño, tanto Emma como Henry se quedaron pasmados. La morena llevaba un vestido que recordaba mucho el estilo de la Reina Malvada, lleno de volantes y con un escote que dejaba bien poco a la imaginación, así como la abertura que ofrecía una visión de las piernas de la mujer a la vista de cualquiera.
«Voy a morir» murmuró Emma, sin dejarse oír por Regina.
«¡Wow, mamá! ¡Estás bellísima!» exclamó Henry, satisfecho al ver el efecto que había provocado en su otra madre.
«Gracias, Henry, aunque con todo eso encima apenas logró verte» se lamentó Regina «¿No podías haber cogido un disfraz en el sastre mágico como han hecho todos?»
«No, mamá, la magia siempre conlleva un precio» recitó sabiamente el muchacho.
Mientras tanto Emma se había quedado contemplando cómo la sexy Alcaldesa se había transformado en la sexy Reina Malvada.
«¿Ha visto algo que le gusta, Salvadora?» la provocó Regina
Oh Dios, pensó Emma. ¿La…Reina le estaba tirando los trastos?
«Diría que no, Reina Malvada» respondió la rubia, con el pecho henchido de orgullo.
Al principio, Henry estaba convencido de que estaban bromeando, pero después Emma desenvainó la espada, apuntándola a la yugular de la mujer.
«Mamá, ¿pero qué haces?»
«No sé quién eres, muchacho, pero debes irte. Dentro de poco la Reina Malvada solo será un recuerdo» dijo la sheriff, en tono grave.
Pero, apenas Emma hubo alzado la espada para golpearla, Regina desapareció en una nube violeta.
«¡Mamá!» gritó Henry, sacándose el casco y agarrando el brazo de Emma.
Tocaron a la puerta, y el muchacho, arrastrando a la rubia consigo por precaución, fue a abrir, encontrando a Ruby que parecía, como poco, desesperada.
«¡Se está produciendo un desastre! Todos piensan que son los personajes que representan sus disfraces…y en efecto lo son ¡Es como si se hubieran transformado!» contó Ruby, temblorosa
«Ruby…» intentó decir Henry, interrumpido de repente
«¡No entiendes Henry! Es un problema de verdad grande, y no sé qué podemos hacer porque, por lo que parece, soy la única inmune a esa…cosa»
«Ruby…espe…» dijo de nuevo él, intentando hablar
«Creo que son los disfraces. Quizás el sastre mágico no era la mejor opción» dijo la muchacha lobo.
«¡RUBY!»
«¿Qué pasa?» soltó
«Esta muchacha no me parece muy fiable» observó la Salvadora, mirándola de forma desafiante.
«Mi madre Regina se ha vuelto la Reina Malvada» dijo Henry, ignorando lo que la rubia había dicho «Y mi madre Emma se ha transformado en la Salvadora, y no en un sentido bueno: quiere matar a Regina»
Ruby, atónita, abrió la boca.
«También esto es un problema considerable»
«Ok, estamos de acuerdo en que son los disfraces los que hacen que se comporten como locos maniacos, así que bastará con quitárselos y todo volverá a la normalidad» reflexionó Ruby «¿Pero cómo lo hacemos?»
«Podremos usar la magia. Es decir, Emma podría usarla» aconsejó Henry
«¿Magia? ¡Yo solo uso la fuerza de mi corazón para destruir el mal! Porque yo soy la Salvadora» exclamó ella, convencida
Los otros dos se miraron, asombrados, para después solo decir
«Ok…»
De repente la misma nube en la que Regina había desaparecido, reapareció, y de ella salió la Reina Malvada, así como había desaparecido.
«Salvadora de pacotilla, ¿no creerás que intentarías matarme e ibas a salir ilesa?» dijo la mujer, acercándose a la rubia, que de nuevo desenvainó la espada con expresión fiera.
«¡No, no podéis luchar! ¡Os amáis!» protestó Henry
«Muchachito» Henry se sobresaltó ante aquel mote por parte de su madre «La Reina Malvada y la Salvadora nunca podrán amarse»
El muchacho bajó la mirada, triste. Entonces Ruby, harta, se quitó la capa, diciendo «A grandes problemas, grandes remedios»
La muchacha se transformó, con un objetivo bien claro en mente. Agredió a Emma, sin hacerle daño, y le arrancó la armadura con los dientes. Emma miró a su alrededor, extrañada.
«¿Qué sucede, Salvadora? ¿El lobo te ha mordido la lengua?» rio la Reina
«¡Regina!» la llamó Emma, yendo hacia ella «¡Estás bellísima!»
La Reina Malvada enarcó una ceja, confusa
«Pero, ¿qué estás diciendo? Tú…tú debes luchar contra mí, no hacerme cumplidos»
Emma sacudió la cabeza negativamente.
«¿Por qué tendríamos que luchar?» preguntó
Fue Henry el que le respondió
«Emma, ella cree que sigue siendo la Reina Malvada» le explicó
Entonces a Emma le vino a la mente todo lo que había pasado durante ese arco de tiempo y comprendió todo, alarmándose al momento sin saber qué hacer para volver todo a la normalidad. ¡Buena Salvadora estaba hecha!
«Es el vestido» le dijo entonces el muchacho
Emma entonces supo qué hacer. Era arriesgado, especialmente para su salud mental, pero tenía que hacerlo. Por desgracia era su deber como Salvadora….o quizás, por suerte.
«Hey, Regina…¿Qué te parece si peleamos en un lugar más adecuado y sobre todo sin que nadie que nos moleste?» preguntó.
Regina, sin decir nada, asintió, tomándola de la muñeca y llevándola al primer lugar aislado que encontró: el despacho de la sheriff.
«¿Este sitio te parece bastante íntimo?» preguntó la morena
«Bastante» dijo Emma, aun con el brazo bajo el agarre de Regina.
«Bien, entonces…enséñame lo que sabes hacer» la desafió la Reina Malvada.
«Enseguida» respondió la rubia.
En un repentino movimiento, Emma intentó arrancarle el vestido de encima.
«Pero, ¿qué diablos estás haciendo?» gritó Regina.
«Soy la Salvadora, así que te salvó» dijo Ema, para después quitarle definitivamente el vestido.
El resultado fue que Regina se quedó en ropa interior, mirando alrededor, escandalizada. En particular miraba las manos de Emma sobre sus caderas desnudas, manos que quemaban sobre la piel fría. No hubo tiempo para explicaciones, porque Snow y Charming, o mejor dos vampiros, sedientos de sangre, entraron en la estancia.
«Creo que tenemos dos amantes clandestinas» dijo Mary Margaret riendo.
«¡Y muy buenas, diría!» añadió David
Regina y Emma se miraron, asustadas. Después los dos cayeron al suelo, desmayados. Las dos mujeres fruncieron a la vez el ceño, más confusas que antes, cuando Ruby entró y las vio, una pegada a la otra, con Regina medio desnuda. Obviamente la reina de la malicia-estamos hablando de Ruby-, malinterpretó
«¡Oh! Henry, ¡no entres!» exclamó «Lo siento, no pensaba que estaba interrumpiendo algo»
«¡No, Ruby!» gritó Emma, separándose de la morena.
Mientras Regina hizo aparecer su ropa de su armario y comenzó a vestirse deprisa
«No es como usted piensa, señorita Lucas» dijo intentando mantener la calma.
Red, riendo entre dientes, respondió simplemente
«Estad tranquilas, no es asunto mío»
«¿Qué les has hecho?» preguntó Emma, dejando de lado el tema, y esperando que Ruby lo olvidase antes o después- lo que no era para nada posible.
«Solo los he dormido. Pero se despertaran pronto. Debemos…ehm…desnudarlos y ponerles otra ropa, dado que esa está hechizada» explicó Caperucita Roja.
«Bien» dijo Regina
Después intervino Emma.
«Los dejaremos a todos en ropa interior…Metafóricamente, quería decir. Oh, venga, no me miréis así»
Dos días después, los habitantes de Storybrokke estaban aún ligeramente traumatizados y confusos con lo sucedido. En particular Emma y Regina, que había recordado todo, que no se hablaban desde el momento en que Regina se había quedado en ropa interior delante de ella, y Ruby, que intentaba aún sacarse de la cabeza aquella imagen. Afortunadamente, Snow y Charming no recordaban nada, o sería aún más embarazoso.
Aquel día, Blancanieves fue a saludar a Henry que, fuera del instituto al que iba, estaba melancólicamente leyendo un libro.
«¡Hey, Henry!» dijo alegre «¿Alguna novedad en la Operación Familia?» preguntó
«Creo que la Operación Familia se cierra aquí» dijo, triste «Mi madre dijo una cosa durante el hechizo de los vestidos: que ella y Regina eran la Salvadora y la Reina Malvada, y que por eso nunca podrían amarse. Quizás tenga razón»
«No, no, Henry. Tu madre es una testaruda esté bajo el hechizo que esté, y se equivocaba enormemente» dijo Mary Margaret, apoyando su mano en el hombro de su nieto.
«Pero quizás…»
«Henry. Lograste convencerme de que mi madrastra y mi hija están enamoradas. Debe ser forzosamente así» rio ella
Entonces Henry volvió a encontrar su buen humor y dijo
«Bien, entonces llama a Tinker. ¡Tenemos muchas cosas que hacer!»
