Capítulo 3:

Frío Ministerio

Era un completo caos todo el lugar y a él se le dificultaba caminar entre tantas personas y magos que corrían en distintas direcciones como si fueran perseguidos por su peor miedo. Incluso se veía decepcionado de que los aurores que se encontraban en el ministerio no se pudieran encargar de eso. Se suponía que debían ser capaces de eso y más, pero en esos momentos estaban demostrando lo contrario y avergonzando a los magos del país.

Quién diría que los hombres más valientes de todo el mundo, los que se habían enfrentado de alguna forma a la etapa de ascenso del antiguo mago oscuro, hoy se escondían tras los pilares, detrás de las fuentes, en los ascensores y distintas oficinas de todo el lugar. Era simplemente algo bizarro, esas personas no parecían ser las responsables de la seguridad de tantos cuando ni siquiera se podían defender ellos mismos de criaturas que no representaban un verdadero problema si se tenía la instrucción adecuada y la determinación necesaria.

Corría como no recordaba haberlo hecho desde aquél último día de problemas en Hogwarts. Su piernas automáticamente se ponían delante de la otra, con la máxima velocidad que tenían. Su corazón latía frenéticamente de solo pensar en esa posibilidad que le carcomía en el alma y la conciencia. Había pasado demasiadas cosas por largos 7 años, en los cuales no tuvo un respiro y ahora que se le daba la oportunidad de tomarlo, al parecer no podía confiar su propia seguridad y la de los allegados a él en otros. No lo merecían.

Escuchaba gritos que solo le atraían más malos recuerdos que buenos. No le ayudaban en nada a convocar su patronus. Le venían distintos capítulos de su vida pasada pero en especial los más recientes, de la nombrada "Batalla de Hogwarts". Se sentía de nuevo corriendo por un motivo importante, aunque esta vez no era su vida. Pero sí la de alguien que le importaba demasiado como para pasarlo por alto. Su preocupación se incrementaba al ver que nadie actuaba para detener a los grandes espectros que recorrían el ministerio como si este fuera su hogar. Entonces la ira se hizo presente en él.

Ya estaba más cerca del lugar donde supuestamente debía estar su tan querido ahijado. La oficina del señor Lovegood estaba a tan solo unos metros, deseaba tanto que su problema acabara al llegar. No había convocado a su patronus porque reservaba las fuerzas de ser necesario para usarlo en una situación más peligrosa. Pero andar en los mismos pasillos que los espectros le estaba quitando energías, además, había cometido un error al ir a la prisión de Azkaban.

Logró ver como un flachazo el nombre del Xenophilius en la placa que estaba en la puerta de su oficina, porque no se detuvo a simplemente tocar la puerta. Entró empujando y cerrando tras de si esta y se giró de inmediato al frente. Solo estaba el padre de Luna y escondido bajo la mesa. Maldijo mentalmente.

-¡Señor Lovegood!-urgió Harry desesperado -¿Dónde está Luna y mi ahijado?-no despegaba su vista del hombre para obtener una respuesta inmediata.

-Salió con Teddy-contestó el hombre asustado y aferrado a una de las patas de la mesa –creo que dijo que irían a la cámara de la muerte- la expresión de Harry se endureció pero después se volvió a transformar en preocupación, pero antes de poder decir algo más, el hombre lo interrumpió –Aunque creo que estaba bromeando-

Más confundido Harry no se podía sentir. Pero sabía la naturaleza de Luna y como ella podía pensar a veces en cosas sin sentido que al final de todo resultaban ser ciertas, pero este no era el momento oportuno de resolver un acertijo. Con el frío incrementándose tras Harry, Xenophilius pudo ver su respiración y eso lo asustó más. Miró a Harry quien sostenía su varita firmemente en su mano y su rostro demostraba concentración y decisión.

-¿Piensas salir?-le preguntó el mago algo aterrado y contrariado con esa idea –Si mal no calculo por el frío que estoy sintiendo de haber más de doscientos dementores ahí afuera-pero Harry le sonrió de manera divertida sin mirarlo y acostumbrando más sus dedos a la varita.


Imponente como siempre, el gran siervo plateado del joven de ojos verdes, arremetía contra todo dementor que osara posarse en su trayecto. Los cascos de las patas se escuchaban por el suelo del ministerio y hacían eco en las paredes congeladas. Era el único animal plateado defendiendo todo el lugar y eso molestaba a Harry en veces, pero cuando esa emoción de ira lo llenaba, cornamenta empezaba a desaparecer y se obligaba de nuevo a pensar en algo sumamente feliz.

Corría detrás del ciervo, nunca se daría por vencido en casos como este donde cada minuto que pasaba se sentía más agotado. Miraba por donde pasaba a la gente escondida donde pudieran, los aurores casi abrazados entre ellos para huir del inmenso frío que hacía y del terror que les embargaba la presencia de los guardias de la prisión.

Ya había recorrido la mayoría del ministerio y ahuyentado a un gran número de dementores, pero sus energías decaían y todavía no encontraba a Luna y Teddy. No recordaba haber sostenido tanto tiempo como ahora un patronus y según sus cuentas ya eran más de 15 minutos, pero aún así nunca se desvanecía en el la esperanza de encontrar a su ahijado y asegurarse de que estuviera bien. Ahora era cuando entendía los actos de Sirius aunque hubieran sido pocos.

El ministerio ya era una cueva helada, se había formado una neblina helada a los pies de todo y recorría como humo todo el lugar. Los dementores disminuían en número por fortuna pero aún así eran demasiado rudos para uno solo. Harry sonrió al distinguir una masa plateada sin forma alguna o por lo menos una que le pudiera encontrar en esos momentos. Pero de pronto esa pequeña sonrisa se desapareció por donde vino cuando aquel ser se disipó por la cercanía de 5 dementores. Estos avanzaron por la puerta que el pequeño patronus trataba de defender, entonces Harry reaccionó.

Lanzó a todo galope a cornamenta y alejó a los espectros rápidamente, caminó sigilosamente a la puerta que ahora se encontraba sola y descubierta. Asomó su cabeza y solo había oscuridad, pero se escuchaba la alterada respiración de dos personas. Encendió la punta de su varita para ver mejor.

-Lumus-

Luna estaba sentada en una esquina bajo una mesa, con los ojos mirando con cautela a su alrededor. Protegiendo con ambos brazos a un pequeño bulto rubio que se aferraba con ambas manitas al cabellos ondulado de la joven.

-Por Merlín, al fin los encuentro-suspiró cansadamente Harry mientras entraba al lugar rápidamente y se inclinaba frente a Luna y su ahijado.

La joven le pasó al niño para poder levantarse. Una vez que Harry lo tuvo en sus brazos la abrazó felizmente como nunca lo hubiera recordado. Se había sentido tan preocupado por lo que le llegase al pasar al pequeño que incluso olvidó su propia integridad. Teddy respondió con la misma emoción aferrándose aún más con ambos bracitos al cuello de su padrino y escondiendo su cara en la gabardina. El joven le pasó una mano por los cabellos para tranquilizarlo y estos cambiaron de color para volverse azabaches como los de Harry, haciéndolo sonreír.

-Gracias Luna-expresó Harry por la valentía de su amiga para proteger a su pequeño ahijado. Le dio una sonrisa cansada pero sincera.

-No hay de que-devolvió ella –Creo que has de sentir como si "estuvieras en casa" de nuevo-su puso un tanto pensativa por lo que ella misma decía y Harry asintió nostálgicamente.

-De alguna forma

-Ahora sí entiendo por qué Ron y Hermione decían que los problemas te perseguían-le puso una mano en el hombro en señal de apoyo.

No dijeron nada más pues el frío que sentían se incrementó notablemente. Podían ver sombras por debajo de la puerta mostrando que había algunos espectros del otro lado y ellos se encontraban atrapados. Luna agitó su varita para invocar su patronus pero solo salió una niebla plateada que se desvaneció en pocos segundos. Harry lo intentó y obtuvo el mismo resultado aterrándose.

-Hay que irnos o seremos paletas-dijo Harry envolviendo más en sus brazos a Teddy quien tenía ganas de llorar. Su padrino se lo atribuía a la presencia de los dementores.

Luna se giró sobre si misma con una sonrisa porque acaba de recordar algo. Empezó a mover unas sillas con extrema rapidez, con cada movimiento su cabello se mecía de lado a lado y eso atrapó por un momento la atención de Harry. Luego quedaba una mesa llena de gruesos libros que su amiga empezó a tirar, él se unió ayudando con un brazo y con el otro sosteniendo a Teddy.

Cuando dejaron la superficie de la mesa limpia, Luna la movió hacia un lado y entonces Harry pudo notar una puerta. Antes, con toda la adrenalina de llegar y encontrar todo en orden respecto a su ahijado y su amiga no la había notado. Pero ahora era tan obvia por lo menos a su vista. Suspiró algo aliviado pero Luna se detuvo antes de girar el viejo picaporte el cual se notaba a la distancia que no se había usado en años.

Harry la miró interrogante pero ella tomó aire y por fin abrió la puerta para dar a un largo y oscuro pasillo. Avanzaron con cautela aunque no se escuchaba ningún ruido en esa zona, estaba fría como todo el ministerio pero no se veía ningún dementor cerca y por un momento agradecieron eso.

Sus pasos los llevaban a alejarse de la oficina en la que antes habían estado por temor a que los dementores pudieran entrar y seguir el mismo camino que ellos saliendo por aquella puerta escondida. Luna llevaba su varita en alto aluzando lo más que podía mientras caminaban y Harry miraba hacia todos lados encontrando ciertas características que le resultaban lejanamente familiares.

-Lamento esto Harry-susurró Luna sin dejar de ver el camino que tenían en frente. Su expresión era raramente triste y se veía pálida y asustada. Antes de que el joven pudiera preguntar por qué, ella continuó –Se que no te apetecía volver aquí pero era nuestra única salida-

Pensó en las palabras de Luna por un momento y un escalofrío lo recorrió de los pies a la cabeza cuando a su mente llegó la respuesta, de por qué todo se le hacía familiar. Miraba las paredes, el suelo, las puertas, el mismo piso. Las restauradas fuentes destrozadas en su visita menos querida al ministerio. Recordarlo no era fácil, pero comprendía que para Luna tampoco debería serlo cuando él fue quien metió a sus compañeros en ese gran problema.

-No tienes de que disculparte-le animó Harry. Sus palabras no tenían ninguna emoción implícita pues por su mente empezaban a pasar aterradoras escenas de él y sus amigos sorteando mortífagos. Ella lo miró y sabía en lo que pensaba.

Pero entonces, la niebla que cubría el ministerio en su mayoría también se hizo presente en ese lugar hasta la altura de las rodillas. Harry despertó de sus recuerdos al sentir un frío recorrerle las rodillas, miró hacia abajo y supo que no estaban solos.

-¡Hay que correr!-le instruyó de inmediato a Luna y ambos no esperaron un segundo más. Harry había tomado la mano de su amiga para mantenerla cerca y juntos emprendieron el camino en el laberinto que era el ministerio. No sabían en que dirección iban y si estaban corriendo en círculo, lo importante era posicionarse lo más lejos posible del peligro que en esos momentos representaban los dementores ante dos magos indefensos y un niño.

Así como solo sus mentes ordenaban a sus pies moverse, no eran capaces de reconocer por donde iban. Vagas escenas de la batalla de ellos con los mortífagos se formaban en sus mentes pero se lo atribuían a recuerdos desenterrados. Pero nada de eso dejó de ser un recuerdo cuando Harry se dio cuenta a donde, inconscientemente, habían llegado.

La gran sala redonda del ministerio, que parecía ser más oscura de lo habitual. En su centro y sobre una gran roca se encontraba el temido arco antiguo que solo había visto de nuevo en sus pesadillas pasadas. Ahora que creía que lo había borrado de alguna manera volvía a aparecer más vivo que nunca. Con su fantasmagórico velo ondeando apenas visible, movido por un viento inexistente.

Luna apretó su agarre en la mano de Harry y el supuso que no era el único asustado. Miró a su espalda y por lo menos no eran seguidos por nadie o por algo. Suspiró por haberse desecho de ese pendiente pero ahora tenía otro.

Teddy se levantó del hombro de Harry, girando su cabecita para ver el lugar. Sus ojos se fijaron en el extraño velo que le parecía divertido porque arrancó una sonrisa de su cara, Luna y su padrino lo miraron algo confundidos.

-está bien-susurró una voz proveniente del velo pues Harry sintió que él y Luna giraban al mismo tiempo su cabeza. –están a salvo-continuó el mismo susurro. El joven no recordaba que fueran tan claras las palabras provenientes de ese lugar.

-Vamos-le dijo él a Luna y la tomó del antebrazo, se giraron para salir de ese lugar aunque ellos mismos creyeran que estaban a salvo. Pero Teddy se giró para ver por encima del hombro de su padrino, miraba hipnotizado aquel lugar, agitaba su manita y la abría y cerraba repetidamente en un intento de decir –Hola- o –Adiós-

Su cabello volvió a cambiar de color a un rosa y sus ojos se volvieron color miel. Harry no le prestaba atención a los actos de su ahijado hasta que este balbuceó dos palabras que lo dejaron perplejo.

-Mami, Papi-

Se detuvo de inmediato y tomó a Teddy con los dos brazos tratando de buscar su mirada, pero el pequeño lo ignoraba sin dejar de ver el arco. Luna también se extrañó de eso y buscó con la mirada, algo en el viejo velo que le pudiera llamar la atención a un niño tan pequeño, pero la triste y extraña realidad era que no había nada. Pero los ojos del niño brillaban especialmente, el color fue lo que terminó con las sospechas de su padrino. Tenía los ojos de Remus.

Muy a su pesar caminó de regreso al arco, para estar a tan solo unos metros. Luna abrió los ojos como platos al ver la acción de Harry, pero la mirada de su amigo reflejaba extrañeza, algo que quería descubrir y ella también aunque sus sentidos de peligro se elevaran.

El pequeño Ted parecía encantado de que su padrino lo acercara.

Se detuvieron a 5 metros, una distancia corta para los gustos de Harry, pero maravilla para su ahijado. Se sentó en el piso temiendo que fuera lo que pasara fuera largo. Sentó a Teddy a un lado, teniéndolo cerca pero dándole algo de libertad. Luna lo imitó y se sentó a un lado de Harry, teniendo a la vista al pequeño mago.


Y ahí pasaron, segundos, minutos, como máximo una hora. Donde Teddy nunca despegó su vista del arco y lo miraba con cierta familiaridad y encanto que a Harry no le importó que algunos de sus peores recuerdos le embargaran, siempre y cuando su ahijado parecía estar viendo algo que había perdido hacía dos años.

Lo vio sonreír, quedarse quieto como si escuchara a alguien, hacer gestos, mover las manos animadamente. Pero llegó un momento donde Ted empezó a hablar con alguien.

-moo…moony- balbuceó. Harry lo miró de inmediato sorprendido. Sus ojos demostraban más de lo que quisiera entender. Y Luna no comprendía nada de eso.

-¿Dijiste Moony Teddy?-preguntó Harry, pero el niño solo repitió otras palabras

-Pa…pafoot, Pron…gs-

El corazón de su padrino dio un vuelco tremendo y sintió que palidecía hasta quedar tan transparente como un fantasma. Agachó la cabeza y clavó su vista en el suelo con algo de remordimiento y felicidad extrañamente mezclados. Su pequeño ahijado se dio cuenta y miró de nuevo al arco como si estuviera escuchando a alguien.

-v…vas…bien…Haggy-soltó de nuevo Teddy, se le hacía difícil pronunciar la letra "R"

Entonces una voz que Harry pudo escuchar perfectamente le hizo levantar la cabeza como jalada por una cuerda. Dirigió su vista al arco y por unos segundos creyó que se estaba volviendo loco o que los dementores habían llegado de la nada y lo habían matado, pero de ser así no tendría a Teddy y a Luna a ambos lados.

-¿Nos has escuchado que los niños pequeños ven cosas que los adultos no?-la imagen de Sirius estaba en el arco, reflejada en la tela apenas visible del velo. Sonreía como Harry lo recordaba en vida y como en algunos sueños maravillosos –que eran pocos- lo volvía a ver. –Pensándolo bien, tu siempre has visto cosas raras y no eres un niño pequeño-se corrigió el fantasma que no dejaba a Harry reaccionar ante su repentina aparición.

El joven mago lo veía anonadado perdido en sus propias conclusiones como que ya se estaba volviendo completamente loco. Pero algo en su interior le decía que no gastara el tiempo pensando en algo que aunque fuera una burda fantasía, le estaba dando un buen rato.

-¿Sirius?-se atrevió a preguntar esperando no sonar torpe para su acompañante, se giró a Luna pero ella también platicaba con alguien y miraba hacia el velo. Eso le hizo darse cuenta de que era solo él, pero Sirius era visible solo para él.

-No ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos-argumentó el hombre -¿Me veo viejo?-era una pregunta retórica pero el fantasma no pudo evitar mirarse a si mismo y tocarse la cara en busca de arrugas. Haciendo a su ahijado sonreír.

-claro que estás viejo Padfoot-una voz distinta se escuchaba a un lado del fantasma de Sirius pero hasta el momento no había nadie a su lado. Poco a poco algo se empezó a divisar, y Harry sonrió al verlo como la última vez, aquel día que iba camino a su destino. Una de las personas que lo acompañaron hasta el final. –Hola Harry-saludó su padre con una gran sonrisa. –Eres un gran padrino, y no soy el único que piensa eso-no tenían todo el tiempo del mundo para hablar así que debía ir al punto certero.

-¿Quién mejor para decir eso que yo?-otra voz mucho más conocida para Harry se hizo presente a lado de los dos merodeadores que ya estaban platicando con él. Ese tono suave y sabio, que recordaba porque fue uno de los últimos que había escuchado. Se hizo presente aquel que antes le había encargado a su hijo.

-Remus-susurró Harry con los ojos abiertos, perplejo y agradecido de que estuviera ahí.

-¿Qué tal Harry? Veo que haces un buen trabajo-le dijo él también con la sonrisa sincera de siempre, la cual lo identificaba entre un millón. El joven no pudo más que agradecer esas palabras porque viniendo del mismo padre del niño que cuidada, se sentían tan verdaderas y obviamente reales. Tanto tiempo había dudado si hacía bien el haberse ido con Teddy por un tiempo, ahora sus preguntas eran correspondidas.

El fantasma de Remus giró su vista a la personita a un lado de Harry. Le sonrió tiernamente mientras le hablaba –Hola Teddy- levantando su mano a manera de saludo. El pequeño respondió con el mismo gesto mientras repetía:

-Papi-

En ese momento Harry se sintió casi por completo realizado. Su ahijado había conocido a su padre y seguramente a su madre aunque no la pudiera ver –por lo menos él-. Le dedicó una sonrisa a los tres merodeadores, porque aunque había aprendido a vivir sin ellos o la necesidad de tenerlos a su lado en los momentos difíciles, los extrañaba y hacía dos años que no los veía.

-Sigue así hijo, y recuerda que aunque las cosas se ven oscuras a veces, nunca debes darte por vencido-este último comentario por parte de James dejó a su hijo confundido, pero lamentablemente no le podía decir más.

Remus se despedía de Teddy también.

-Ah, por cierto Harry. Dice tu madre que quiere tener descendencia y que entre más rápido mejor-dijo Sirius

-Y si es con una pelirroja, sería maravilloso-añadió James, su hijo abrió los ojos como platos.

Un grito más allá de los dos hombres resonó en la cabeza de Harry e hizo encogerse con miedo a los dos merodeadores, obviamente siendo pillados en una de sus jugadas.

-¡JAMES, SIRIUS!- era sin duda la voz de su madre.

-Disculpa Lily-intentó Sirius mientras se daba la vuelta resignado a recibir el sermón que merecía, pero antes de que su ahijado lo perdiera de vista, levantó el dedo gordo de la mano derecha y cerró los otros cuatro. Como apoyando su idea anterior sobre la descendencia. James miró a Sirius y no pudo evitar sonreír y seguirlo después de despedirse de su hijo.

-Cuídalo como hasta ahora Harry-le dijo Remus para ser el último en desaparecer.

De golpe rápidamente fue regresado a la realidad. Miró a Teddy quien ya no veía más el arco pero buscaba los brazos de su padrino. Harry lo tomó. Luego giró su mirada a la derecha y Luna parecía despertar también de un gran sueño. Puesto que tenía una sonrisa en su rostro.

-¿Tu madre?-preguntó Harry, no se le ocurría alguien más

-Si, tan bella como siempre-añadió ella.

Al parecer algo bueno había salido de esa imprevista visita a la cámara de la muerte. Se quedaron pensando unos momentos en las palabras que habían recibido. Si había sido algo fantástico y de los mejores momentos que habían pasado hasta ahora. Pero la verdad en esos momentos era otra. Estaban atrapados en la cámara de la muerte con más de un centenar de dementores recorriendo el ministerio a sus gustos. Ahora que sabían que no había nadie lo suficientemente calificado para ahuyentarlos y regresarlos a Azkaban, quien si podía debía actuar.

Después de un momento como el que acababa de vivir, invocar a su ciervo ya se daba por hecho.


Galopando por todo el lugar, crecido al doble de su tamaño habitual, impedía que los espectros salieran del camino que él les trazaba.

Llegaron a un punto donde convergían tres pasillos, y de los tres pasillos llegaron dementores dirigidos a una sola puerta, esa con relieves extraños y con picaporte en forma de cráneo. Todos los espectros pasaron por ahí siendo empujados por tres ciervos idénticos e imponentes. Una vez que todos entraron, Harry cerró la puerta. Se giró a su patronus que de alguna manera extraña había logrado dividir en tres y al tocarle la cornamenta a uno de ellos, todos desaparecieron por igual.

Luna llegaba caminando detrás de él con Teddy en sus brazos quien aplaudía contento al ver a su padrino usar la varita. A Teddy le encantaba que Harry usara la varita para divertirlo. Consideraba divertido el hermoso animal que había aparecido.

La gente se empezaba a arremolinar a su alrededor saliendo de sus escondites después de una hora en la cual los dementores prácticamente habían tomado el ministerio de Londres. Viendo a su salvador, sorprendidos, agradecidos y muriéndose por esparcir esa nueva noticia.

Harry se encontraba en medio de un torbellino de emociones, como lo era la felicidad de ese extraño suceso que había vivido con Luna y su ahijado en la cámara de la muerte, además del enojo de que no se encontrara alguien capaz en todo el ministerio, agregando el cansancio y adormecimiento que sentía. Su amiga le pasó a Teddy, pero todos los ojos caían en ellos como flechas, fijos sin moverse y otros hiriendo por los absurdos comentarios que hacían respecto a Harry y a su ahijado. Pero a pesar de eso seguía siendo el centro de atención.

Eso era lo que le había impedido regresar antes a Londres. Al parecer la gente siempre debe tener algo de que hablar y ese día era él, no quería imaginar la cantidad de mentiras que se inventaron después de la caída de Voldemort. Escuchó algunas, claro, pero nunca se atrevió a salir completamente al público, el último día que había estado ahí era para el entierro de Andrómeda y nadie, o por lo menos los magos en general, supieron de él.

Sacudió la cabeza, la sentía punzante y revuelta como si algo lo hubiera golpeado fuerte. Aún parado y siendo centro de la atención de todos, se giró a Luna. La rubia se dio cuenta de que Harry estaba de más incómodo ahí y que tenía que sacarlo antes de que los reporteros inundaran el lugar, pero parecía una tarea imposible porque todos los rodeaban. Le puso una mano en el hombro para decirle algo, pero antes de que pudiera emitir sonido alguno, la gente se abrió por la pasada de alguien.

Kingsley apareció entre ellos con expresión agitada mirando el ministerio y a todos en general. Las personas estaban pálidas y temblando del frío que habían traído los dementores y su prolongada presencia. El ministro se giró al grupo de aurores que tenía detrás y le dio instrucciones a dos, las cuales no fueron audibles para todos, pero los dos hombres salieron rápidamente a cumplir su misión. Luego, se pudo acercar precisamente a Harry.

-¿Están bien?-preguntó por los tres notablemente preocupado, pasando de Teddy a Luna y por último Harry –Lamento esto…yo no sabía que…-tartamudeó apenada bajando la mirada.

-No te preocupes Kingsley-dijo Harry. Se veía cansado e igual de pálido que todos pero que el joven fuera el centro de la mirada de todos le dijo a la intuición del ministro que había algo más escondido.

-Tu fuiste quien hizo el patronus que regresó a todos los dementores a Azkaban ¿verdad?-de nuevo se giraba a la gente, estaban cuchicheando entre ellos y apuntando casualmente a Harry. No necesitó un asentimiento de cabeza o una respuesta, después de que habían dicho que el patronus era un ciervo lo había preguntado solo por comprobar.


Estaban en la oficina, de nuevo. Kingsley estaba sentado tras su escritorio y tenía a 5 aurores frente a él dándoles distintas indicaciones y recibiendo información de lo que había pasado. No había daños materiales.

Harry observaba de lejos sentado en un mullido sillón color café de textura suave. Estaba recargado al respaldo, pero Teddy pasaba su mano por los cojines pues le daba una sensación divertida de hormigueo en la palma de la mano. Se veía entretenido en eso y su padrino lo dejó mientras lo examinaba con la mirada. Le pasó la mano entre el cabello color "cojín del sillón" y suspiró. Luego se levantó dejando a Teddy sentado en el mueble, y el se hincó frente a él. Había algo que no le gustaba.

Examinó la carita de su ahijado, temía que los dementores también le hubiesen afectado. Le tocó la mejilla y la tenía todavía helada, pasó la mano al cuello y tenía una temperatura menor a lo normal.

-¿Teddy?-le llamó.

El niño lo miró, y en sus ojos verdes que cambiaron al ver los de su padrino, se notó cansancio. Harry se preocupó.

Desde que el joven había empezado a examinar a su ahijado, Kingsley no le apartó la mirada. Temía que algo hubiera pasado después del incidente. Pero la expresión preocupada al final de Harry terminó de contagiarlo a él también y olvidando sus deberes con los "aurores" que tenía frente a él preguntó:

-¿Todo bien?-Harry de inmediato se giró. Nunca había sido difícil ver las emociones del joven aunque las intentara esconder, y antes de venir la respuesta verbal, en sus ojos esmeraldas lo vio todo.

-No lo se-

El ex-auror moreno envió a uno de los aurores a algo que Harry no escuchó, pero en tan solo minutos que le parecieron una eternidad volvió a entrar el mismo hombre acompañado de otro que usaba una bata blanca y llevaba un maletín en la mano. Entonces lo reconoció como un sanador de San Mungo.

Se hizo a un lado para que el hombre hiciera su trabajo, pero no despegaba su vista de Teddy y de todo lo que hacía el mago. A su ahijado parecía gustarle la cantidad de cosas que hacía el otro, sacando cosas del maletín. Frascos, instrumentos raros, y al final una gran paleta redonda color rojo que Teddy aceptó con gusto y se la enseñó a su padrino quien asintió dándole permiso de comerla.

Al fin el hombre se levantó y se giró a Harry para informarlo:

-Está muy bien, nada fuera de lo común. Todas las personas que he atendido que estuvieron aquí en el ministerio cuando llegaron los dementores están igual, solo presentan sueño y depresión. Siempre he dicho que los dementores son de las criaturas más peligrosas en este mundo-se veía sincero y las noticias hicieron a Harry respirar tranquilo.

-Gracias-

-No hay de que, Ministro, me voy si no me necesita para nada más-dijo el sanador pero Kingsley respondió de inmediato.

-La verdad, necesito que ve a otro paciente-

Harry quien se había inclinado de nuevo con Teddy diciéndole unas cuantas cosas, estaba escuchando la conversación de Kingsley. Cuando todos se quedaron callados, -parecía que no respiraban- giró lentamente la cabeza. Por Merlín, lo estaban viendo a él.

-Yo no tengo nada-se apresuró a excusarse

-Harry, no intentes engañarme. Se lo mucho que te afectan los dementores, además, según lo que me han dicho…-miró a los aurores que se encontraban cerca del escritorio -…encontraste una extraña manera de dividir tu patronus en tres y con increíble poder debo añadir-todos lo miraban de nuevo entre sorprendidos y en espera de una respuesta.

-Pudo haber sido alguien más-defendió

-Me lo contó la señorita Lovegood-terminó Kingsley con una sonrisa de triunfo. Esta vez no se había salvado con excusas y mientras Harry maldecía entre dientes según su rostro lo describía el sanador se acercó de nuevo.

Unos minutos más tarde, -algo más largo que la revisión de Teddy- el hombre se levantó. A cada cosa que quería hacer el sanador, Harry interponía una gran excusa que no era válida para Kingsley, así que de todas maneras se proseguía. Todos esperaban expectantes sus palabras.

-Veo señor Potter, que debió de haber sido un hechizo complicado el que hizo-entonces el joven supo que no venía nada bueno –para haber gastado tanta energía en un simple patronus debió ser especial-ahora el hombre se giró al ministro y Harry protestó abriendo y cerrando la boca de inmediato –Le recomendaría un buen descanso-

Kingsley miró por encima del hombro del sanador. Harry giró su cabeza a otro lado disimulando que no escuchaba nada.

-Tengo entendido que piensa asistir a la reinauguración de la academia de aurores-continuó el sanador –hasta entonces recomiendo descanso-esa era la última palabra.

Se retiró, pero cuando el ministro volvió su vista a Harry este tomaba a Teddy en brazos listo para irse.

-¿A dónde vas?-preguntó de inmediato

-Pues…tengo que ir a Hogwarts, a la madriguera y con los Malfoy-respondió sencillamente el joven y el ministro le dirigió una mirada severa.

-Potter…-advirtió -¿No escuchaste cuales son las órdenes?-Harry negó felizmente

-La verdad no. Si me permite…- se abrió paso para posar su mano en el picaporte pero un fuerte brazo lo detuvo –Prometo que todo será tranquilo-dijo Harry en un intento de que lo dejaran ir. Y la mirada de Kingsley se ablandó un poco.

-Tienes suerte muchacho, suerte de que conozca que has estado en peores-

Los aurores detrás del ministro habían escuchado todo desde el principio y ahora cuchicheaban entre ellos algo molestos. Serían obligados a regresar a la academia de aurores para recibir un nuevo entrenamiento. Y culpaban de eso a una sola persona, pues al parecer ellos quedaban rebajados ante su presencia.

-Engreído-

-Es un tonto-

-Es una farsa-

-Nos veremos después-


Bueno., Esta capítulo apareció demasiado rápido y me pregunté: ¿por qué no subirlo? Estamos en vísperas de Navidad y pueden considerar este capítulo mi regalo.

El sonrisómetro va así: ))))))) muchas gracias! Aclarando que es por capítulo el número de veces que me hacen sonreír =)

Bueno, hay algo que debí aclarar al principio. Si bien este es un fic después de DH, antes del epílogo, no pienso hacerlo basándome en el epílogo. Es decir que por lo menos no pondré a todos a casarse y tener hijos. No cambiaré mucho pero creo que es bueno aclarar.

Y el fic no es Harry/Luna por si las dudas, no creo que se me de bien escribir del amor por ahora.

Make me Happy :D

P.D "FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO DESDE MÉXICO"

Espero verlos en el 2010...=D