Título: La fierecilla indomable

Resumen: Olga y Helga son dos hermanas, las dos van al mismo curso, pero son muy diferentes. Su padre no va a permitir que Olga salga a ninguna fiesta o reunión si Helga no va con ella. Arnold por su parte está enamorado de Olga y en una fiesta se lo quiere confesar, así es como le pide a Gerald que lo ayude. Basado en la obra de Shakespeare.

Notas: Basado o más bien una adaptación de la obra de Shakespeare, la fierecilla domada. Aunque es más bien basada en la película Diez razones para odiarte que a su vez está basada en la obra. Solo cambie la última palabra porque admitámoslo... Helga nunca será domada xD. Ni la idea principal de la historia ni los personajes me pertenecen, solo la narración de la historia. Espero que lo disfruten.

Advertencia: Quizas malas palabras y esto es un Gerald x Helga. Gelga o como se llame la pareja xD

La fierecilla indomable

Capítulo 3

Con la brillante idea de Olga así es como se encaminaban las dos muchachas, una rubia y otra morena, las dos amigas, en esa habitación de Helga que podía o no ser un laberinto.

La habitación rosa pastel le envió un escalofrió a la columna vertebral de la morena. Mientras que Olga revisaba estante por estante, hasta que encontró un relicario, se mordió el labio inferior, pensando si tomarlo y observarlo o dejarlo allí donde estaba. Un relicario de hecho es una cosa sumamente personal e íntima. Mucho más que su cuarto o su ropa interior. Entonces decidió no tocar ese relicario, más por respeto que por otra cosa, ni siquiera lo observó. Podía contener la foto de su madre, o su padre, incluso un chico, ¿un chico? Esa idea descabellada pronto salió de su mente. No podía gustarle un chico a su hermanita bebé, ella lo sabría.

Con cuidado tomo todo lo que se encontraba al rededor.

Horarios, un par de papeles, sus excelentes en clases de literatura... Olga creyó ver un poema suelto, con la nota máxima en el papel. Y lo leyó de corrido, era atrapante, apasionado, y a pesar de haberlo leído a las apuradas sabía exactamente de qué se trataba. Un amor no correspondido.

—¿Olga? ¿Porque Helga tiene estos zapatos de tacón alto debajo de la cama?

—¿Mm?—giro para mirar a quien le hablaba, se había concentrado completamente en el poema. Definitivamente su hermana era un enigma—Solo la vi una vez con tacos en toda mi vida, y fue en tu pijamada.

—Si, debe ser que le avergüenza su feminidad y por eso oculta esto debajo de su cama.

La explicación de Rhonda podía ser acertada pero esa explicación era demasiado simple, quizá ese tacón tenía algún otro significado para su hermana.

—Devuélvelo a donde estaba, y toma. Horarios, una lista de bandas de música y dos entradas para "El bar de la poesía" irá el miércoles a la noche.

—¡Increíble! ¿A Helga le gusta la poesía? Esto será un notición.

—No, por favor, Rhonda, no divulgues nada de esto, te lo pido como amiga.

—Esta bien. —dijo resignada y quedándose con las ganas, la morena -¡Pero podremos hacer que Gerald vaya a ese bar!

—Suena una fabulosa idea, quizá la sorprenda. Ahora vámonos, debe estar por llegar.

Rhonda le saco una foto a sus horarios, dejaron todo el cuarto como estaba y antes de irse la morena sonrió pícara.

—Antes de eso...

Ella fue hacia el cajón de la ropa íntima. Frente a sus ojos: Es justo lo que ella quería encontrar.

—Mira, ropa interior negra.

Ambas chicas quedaron impactadas, y se miraron significativamente. Entendiéndose con una simple mirada.

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—¿Que encontraron, chicas?

Al día siguiente, Arnold, Gerald, Rhonda y Olga se encontraron en los pasillos de la escuela pública 118 para poder conversar de lo ocurrido en la habitación de la chica más ruda de toda Hillwood.

—Acabo de pasarte por chat la foto de los horarios de Helga, Gerald.—dijo Rhonda muy orgullosa.

La rubia se encontraba pensativa.

—¿Estas bien, Olga? —pregunto Arnold preocupado

—¿Eh? ¡Oh, si, claro!

A ella eso que hacían le estaba empezando a parecer una mala idea, pero ella quería tener vida social y que su hermana tenga también una.

—Bueno, aparte encontramos unas entradas para "El bar de la poesía" y pensamos que deberías ir, Gerald. Irá el miércoles y si estás ahí seguro la impresionaras.

—¿Poesía? Rayos, ¡que aburrido!—se quejó el moreno, hasta que se dio cuenta de lo que habían dicho—Esperen...¿Me están diciendo que a Helga G. Pataki le gusta la poesía?—él no parecía creérselo, su rubio amigo tampoco.

—Aunque no lo crean Helga es muy apasionada. A veces habla sola y recita poesía.—habló Olga, sin saber si estaba hablando de más o no.

—Wow... no sabía que Helga era tan profunda... ¿y a ti te gusta la poesía? —pregunto interesado Arnold a la rubia.

—Mmm... yo... prefiero otras artes como la danza clásica o la música.

—Eso también es muy profundo.

Gerald giro los ojos, viendo a su amigo babosear por esa chica bonita.

—Bien. Iré el miércoles.

—¡Genial! Y por cierto, Helga tiene ropa interior negra. —dijo Rhonda, entusiasmada con su descubrimiento.

Arnold se sentía un depravado, aunque ni él ni Gerald habían preguntado algo como eso y fue Rhonda la que lo dijo. Sin embargo la curiosidad pudo más. El moreno estaba igual de curioso que su mejor amigo.

—¿Que tiene eso? -pregunto Gerald, porque aunque Arnold quería su boca se abría y cerraba.

Las dos chicas se miraron sorprendidas porque ninguno de los dos chicos sabían.

—Significa que espera tener sexo en algún momento de su vida.—aclaró Rhonda como si fuera obvio. —por si les interesa...—después se partió en risas.

Las mejillas y las orejas de ambos hombres estaban calientes, tan calientes y rojas que a Olga le dieron pena.

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El día miércoles a las siete de la noche, Gerald Johanssen fue a ese estúpido bar donde Helga se encontraría. Seguramente estaría durmiéndose en cuanto entrará y escuchara dos palabras de esas personas. Al menos que claro, sirvieran ese oloroso queso francés que tanto le gustaba.

Una vez que entró se sentía el chico más fuera de lugar del mundo. Es decir, ahí todo el mundo tenía boinas, aspecto frases o fumaba con gracia y elegancia. Una vez que se sentó solo pidió una gaseosa y se concentró en "disfrutar" del espectáculo, aunque por supuesto, debía buscar a Helga.

Empezó a buscarla, con su mirada. Por todos lados. Resulta que estaba un par de mesas a su derecha.

Charlaba con Pheobe, y otra chica más que se parecía bastante a... ¿Lila? En fin, la cosa es que no se veía molesta. Por el contrario, estaba relajada y eso ciertamente le sorprendía.

Incluso la vio sonreír. Y por dios, ¿se estaba riendo? No puede ser.

Iba a acercarse, entonces se paró, pero inmediatamente volvió a sentarse, porque las cortinas se abrieron y en el escenario apareció un hombre. Gerald se giró para ver a Helga, completamente atrapada y concentrada en ese hombre, incluso antes de que empezara a hablar, y cuando lo hizo, Gerald no pudo entender ni una sola de sus palabras, tampoco es que le prestara atención. A lo único que estaba atento era a como los ojos de la rubia brillaban con cada oración que el hombre compartía. A como sus manos arrugaban su remera, la que estrujaba justo en la zona de su pecho cada vez que el hombre decía cosas que parecían ser muy profundas o ciertas. Atento a como Helga fruncía con suavidad su ceño, pareciendo concentrada, o como se mordía el labio. Al final, ella fue una de las primeras en pararse y aplaudir. Sin dudas, esa poesía a ella le había fascinado.

Y Gerald pudo ver un lado de Helga que nunca había visto, y conocer un poco más el interior de la Pataki. Lo que decían todos era cierto "las mujeres son complicadas" o al menos esta mujer, porque no había forma de que Gerald la entendiera.

Solo pudo entender lo hermosa que se veía en esos instantes, cuando no estaba todo el tiempo a la defensiva, como si cualquiera que le hable en realidad quisiera atacarla.

Gerald nunca quería atacarla.

La siguiente que paso era una mujer, pero cuando giro a ver a Helga no noto lo mismo que había notado con la poesía del hombre. Su cara era de aburrimiento. Odio a esa chica, porque por su culpa no pudo ver a Helga G. Pataki ser ella sin barreras una vez más.

Decidió escuchar el poema de la chica, ella no lo estaba haciendo bien, había algo que faltaba en su mirada y su manera de hablar, y su poema en realidad no decía nada.

Entonces, al finalizar ella, hubo un descanso leve, Gerald pensó en ir con Helga, pero por supuesto, ella siempre estaba un paso adelante del resto.

—¿Qué haces aquí pelos de borrego? Porque si estás aquí para invitarme a algún lado yo...

—Ahórratelo, Pataki, por favor, deja de arruinarme la noche, quiero disfrutar.

Helga se quedó un tanto sorprendida. Gerald se sintió orgulloso de causar esa reacción en ella.

—¿Tu... disfrutas de la poesía?

—Si... bueno... sí, es decir, soy nuevo por estos lugares y eso, pero si, la disfruto bastante.

Aunque el moreno más bien disfrutaba ver a la rubia escuchando la función.

—Eso no me lo esperaba, pelos de espagueti.

—Hay muchísimas cosas que no sabes de mí, Helga, y muchas cosas que no sé de ti. Por eso deberíamos conocernos.

—Mmh, ah si, no lo creo.

Lo rechazó una vez más, se dio la vuelta y empezó a caminar hacía su mesa. Gerald sabía que no podía dejarla ir, y por eso se le tenía que ocurrir algo pronto.

—¡No sabía que te podías ver tan sexy cuando sonríes!

Grito, y entonces trago saliva, se había ganado un ojo morado seguramente, porque todas las chicas del lugar empezaron a reírse. Helga giro su rostro, estaba rojísima.

Muchos pensarían que era por el enojo, pero Gerald tuvo la sensación de que era la verguenza, y no pudo evitarlo, sonrió, Helga se veía muy bonita avergonzada. De hecho, también se veía bonita enojada. Y en ese momento se sentía de esas dos maneras.

—¡Cállate, Johanssen!

—¿Significa que vendrás a la fiesta de Rhonda conmigo? —grito Gerald para que escuchase, aunque estaban a una distancia prudente. Todas las chicas de ahí hacían bullicio y susurraban cosas como "Dile que si, es guapo, ¡acepta!" Ella se sintió algo atacada, pero respiro profundo y no se lo hizo saber.

Supuso que esta vez, andar a la defensiva como siempre, no le serviría de mucho. Solo le quedaba ser "misteriosa".

—¡Tal vez!

Fue a sentarse a la mesa en su lugar, nerviosa, casi arrancándose de la cabeza sus cabellos rubios.

—¿Helga...? ¿Estás bien?

—Si, Lila. No es nada.

Pero Phoebe y Lila se miraron, las dos conocían lo suficiente a su amiga como para darse cuenta de que algo no estaba bien.

Helga pensaba que allí había gato encerrado, es decir, Gerald nunca le había prestado atención en su vida.

Bueno, eso no era del todo cierto, nunca la había prestado atención de esa forma, como interés romántico. Siempre la había visto como una bruja, una loca, alguien a quien le debías de respetar o en su defecto temer.

Entonces, ¿porque ahora estaba con ella, ahí? ¿será para molestarla? Probablemente solo quiere que sea una chica más en su extensa lista de chicas (chicas con el cuerpo y sin las neuronas) y eso ella no lo iba a permitir. También había una tercera opción, ¿una apuesta? Eso tenía que ser, de esas apuestas estúpidas que se hacen ahora los chicos de su edad. Pero Gerald no saldría con ella ni por dinero... ¿verdad?

Finalmente el descanso se terminó y el anfitrión invito a uno de los espectadores a compartir, aunque no sea un poema muy extenso. Phoebe levanto la mano.

—¿Así que a ti te gustaría, jovencita?

—Disculpe señor, lo mío no es la poesía pero a mi amiga le gustaría...

La asiática señalo a Helga y ella negó espantada.

—¡Phoebe, no! ¿No ves que aquí esta el pelos de espagueti? —dijo como un susurro, histerica.

—Pero Helga, deberías compartir tu talento con todos. —añadió con dulzura y tranquilidad Lila. —No debes avergonzarte.

—No seas tímida, jovencita.

Suspiro, no le quedaba de otra, solo le quedaba rogar que el cabeza de cepillo se compadeciera de ella y no les digiera nada a sus otros compañeros. No podía sentirse más incómoda allí, sentada en el escenario.

Mientras que Gerald casi se cae de su asiento cuando ve a Helga allí mismo en el escenario. Helga recitando poesía, eso es algo que el moreno no se podía perder.

Helga miro directamente hacía esos ojos chocolates que la acosaban y no la dejaban en paz. Suspiró, sentía que iba a ser su fin. Pero ella tenía en cuenta que todo iba a estar bien siempre y cuando no mencionara "Arnold" en la poesía, tenía medirse, controlar sus palabras.

Pero es que ese mismo era el problema con su arte, su poesía, es pasión pura aquella que la guía, es inspiración que no puede controlar, y no piensa en nada, en que aquello que pronuncia puede traerle graves consecuencias. Solo piensa en una cosa: El que vendría a ser su inspiración en esos momentos: El bobo cabeza de balón.

Cerró sus ojos, simplemente eso, y dejo que la magia surja y las palabras fluyan como agua.

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Gerald no podía creer lo que estaba escuchando, siquiera observando. La mismísima Helga G. Pataki, hablando con sinceridad, y pasión y un montón de otras cosas que hacían que el no pudiera apartar la vista de ella.

Helga tenía un problema, ella siempre era sincera cuando decía algo de lo demás (excepto, quizá cuando alguien le caía bien y se negaba a aceptarlo) pero ella nunca era sincera con ella misma o con lo que sentía.

Al menos eso es lo que Phoebe le dijo acerca de Helga cuando ellos salieron juntos.

Ella se veía hermosa, libre, llena de pasión, sin ninguna barrera alzada. Lo único que Gerald pudo entender de todo lo que había pronunciado la rubia fue que se trataba de un amor no correspondido. Uno que ella daría lo que fuera para que él le correspondiese, o, de lo contrario, ella pudiera olvidarlo.

Gerald ni siquiera sabía si era de verdad lo que Helga estaba sintiendo, pero se prometió ayudarla con eso de "dejar de sentir algo por su amor no correspondido" sea quien fuera aquel chico misterioso.

Si es que antes él no sentía interés alguno por la poesía todo eso cambio en cuanto escucho a Helga.

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Terminó y todo el mundo se paró de sus asientos solo para aplaudirle, Helga abrió los ojos, dándose cuenta de que tenía audiencia. Algo a lo que claramente no estaba acostumbrada (dejando de lado a Brainy)

Bajo del escenario y la intercepto nadie más ni nadie menos que el chico afro que había estado tratando de evitar.

—Eso fue increíble.

Helga lo miraba con incredulidad, asombrada, en serio no se esperaba un comentario así, tan... sincero, de su parte.

—Soy una persona increíble, pelos necios.

No pudo evitar pensar en industrias futuro en ese instante. Tampoco pudo evitar comparar unos ojos singularmente verdes con los marrones que tenía en frente. Encontró una gran diferencia, una que no había notado antes.

Esos ojos café, a diferencia de aquel par de ojos esmeraldas, la miraban a ella. A ella, no a Olga, como siempre los ojos verdes se giraban buscando la dulce mirada de su hermana, y nunca su mirada hostil.

Olga, Olga, Olga y siempre Olga. En algún momento tenía que ser Helga... ¿no?

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N/A: Importante: Me voy de vacaciones, así que va a ser un largo rato el que no actualice. Pero una vez que vuelva prometo ponerme al día. Gracias por leer :3