Hace mucho que no me pasaba por aquí (escribiendo, porque no puedo dejar de leer xD), bueno… Al fin tengo el tiempo suficiente para escribir el final de esta historia.
Voy a agradecer a quienes agregaron la historia a favoritos y a sus alertas, en especial a Cindy 04 por leer mi mente y poner en palabras la idea para el final del fic ;D
Espero no decepcionar a nadie con el final.
Ahora a leer….
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-¡No lo digas!–. Bramó Inuyasha al ver la intención de Sango de abrir su boca para decir, nuevamente, que si deseaba acabar con todo rápidamente bien podría hablar con ella.
Estaba furioso. No, más que furioso. Llevaba esperando por dos horas en la sala de juntas del piso más alto del edificio central de empresas Shikon. Estaba molesto, estaba como un perro rabioso a punto de morder a quien se cruzara en su camino. No podía creer que ella fuera tan cobarde. Lo único que tenía que hacer era aparecer frente a él para hacer negocios, no había ninguna razón para que no apareciera a menos que… ¡Claro! Como no lo pensó antes, ella sabía desde el comienzo con quien iba a encontrarse, por eso no aparecía, ella sabía que la persona con la que se encontraría era él, Inuyasha Taisho, el mismo hombre con quien pasó una caliente y apasionada noche días atrás. Esa era la única razón para no presentarse a la reunión y dejarlo esperando por dos horas. ¡Dos horas!
Sango ya no sabía que más hacer o decir para excusar a su jefa. Kagome era su mejor amiga, antes que su jefa; pero estaba harta de la situación. No estaba de acuerdo con ella respecto a ocultarse de la sociedad, pero la comprendía; ella quería una vida tranquila, quería un amor de verdad y una familia, no un enamorado falso que solo buscara una forma de acceder a su fortuna. Pero esto era más que suficiente.
Se disculpó, salió de la sala de juntas y casi corrió por el largo pasillo hasta estar frente a la oficina de la presidenta, Kagome Higurashi. Sin darse cuenta de que sus pasos eran seguidos desde lejos por unos ojos dorados.
-¡¿Qué demonios te pasa?!-. Kagome dio un pequeño salto en su sitio.- ¿Se puede saber por qué te niegas tanto a verte con el señor Taisho? Es un hombre muy rico, su empresa es una de las mejores y tenerlo como socio, o solo como inversionista, sería un gran aporte para la empresa.- hizo una breve pausa para mirar a Kagome-. Ya sé, ya sé. "La empresa no lo necesita, estamos bien sin él"- dijo imitando la voz de su jefa.
-En primer lugar, aunque seamos amigas, sigo siendo tu jefa y no puedes irrumpir de esa forma en mi oficina, y mucho menos para gritarme-. Estaba muy calmada, su expresión era indescifrable, pero por dentro se moría de ganas de salir corriendo a esconderse en su departamento.
-Lo sé y lo siento, pero no te entiendo, Kagome-.
Kagome palideció de repente y Sango la miró preocupada hasta que una voz la sorprendió.
-Así que así de llama la dueña de empresas Shikon, Kagome.- Dijo calmadamente Inuyasha, quien no pudo evitar seguir a Sango y escuchar toda la conversación. -¿Podría dejarnos a solas por favor, señorita?- Sango se excusó y salió de allí pidiendo disculpas a Kagome con su mirada. No se dio cuenta y dejó la puerta a medio cerrar para gritarle a su jefa y pasó lo que no debía pasar.
La había descubierto, y lo peor es que no sabía bien como mirarlo a los ojos. Ese hombre la atraía sobremanera, pero solo era una atracción física. ¿Cierto?
Se acercó lentamente a la puerta sin mirar en ningún momento a Kagome, cuando la puerta se cerró frente a él puso el seguro y se giró hacia su mujer misteriosa.
Kagome tenía la cabeza baja, no quería mirarlo a los ojos. Esos intensos ojos dorados, mismos que le habían quitado el sueño los últimos días. Sentía que si lo miraba su fuerza de voluntad, que de por sí era muy poca, se iría por el ducto de ventilación y no regresaría.
La miraba intensamente, pensando en las miles de preguntas que tenía para ella, mientras se acercaba a su escritorio y lo rodeaba. Al estar frente a ella esperó a que lo mirara. Kagome se levantó lentamente y lo miró directo a los ojos.
Al demonio con todo, esos ojos lo miraban de "esa" forma y el ya no sabía ni quien era. Olvidó todas sus preguntas y la besó. Fue un beso profundo, cargado de pasión y deseo. Un beso demandante, húmedo y caliente. Inuyasha era exigente, y Kagome no le dio tregua; respondió a su beso con la misma pasión y desenfreno. Sus labios se rozaban ruda y, a la vez, cariñosamente, mientras sus lenguas batallaban por dominar a la otra. Kagome rodeaba el cuello de su acompañante con una mano, misma que se aferró al cabello de su nuca, acercándolo, no dejando que se alejase de ella. Mientras su otra mano de aferraba fieramente a la solapa de su traje. Las manos de Inuyasha viajaron por su espalda, se aferraron a su cintura y la atrajeron hacia él haciendo chocar sus caderas. El contacto de sus cuerpos era caliente y cargado de pasión.
El beso fue bajando de intensidad y de a poco separaron sus labios. Se miraron a los ojos por interminables segundos hasta que Inuyasha la sorprendió con un beso fugaz y se separó de ella.
-Tu nombre no es Azusa, sino Kagome-. Dijo mientras tomaba asiento en el sofá, no era una pregunta, solo afirmaba lo que acababa de descubrir. –Eres la dueña de las empresas Shikon. Eres joven, hermosa, y me dejaste solo luego de una memorable noche de pasión. Aún no termino- interrumpió a Kagome, quien iba a intervenir-, bien, como decía, me dejaste solo en el hotel solo con una nota, y además dejaste un nombre falso en recepción. Y para terminar, no has querido salir de mi mente y tu recuerdo me ha atormentado todas estas noches al saber que no estás en mi cama, amándome. ¿Tienes algo que decir en tu defensa?
Kagome estaba sorprendida por todo lo que le había dicho, abría y cerraba la boca intentando decir algo, pero las palabras parecían no querer salir de sus labios. Respiró profundamente y ordenó sus ideas para explicarse ante Inuyasha.
-Mi nombre es Kagome Higurashi, tengo 25 años y soy la dueña de las empresas Shikon. Pero eso ya lo sabes. El día que nos encontramos no fue la primera vez que te veía. Una semana antes había estado en el bar cerrando un trato con un inversionista, y la única condición para que firmara los papeles fue aceptar su invitación a salir. Era un buen trato así que no pude negarme. Fue ahí que te vi. Cuando iba a acercarme una mujer se me adelantó y decidí no interrumpir, así que me fui. Y regresé una semana después a buscarte; siendo sincera, algo de ti me atrajo la primera vez y como pensé que no volvería a verte me acerqué a ti. Y ahora estás aquí, insistiendo en conocerme sin razón. Fin de la historia.- Kagome lo miró esperando que dijera algo. Inuyasha la miró seriamente por un momento.
-Kagome. Lindo nombre, combina contigo. Me gusta. Pero, siendo sincero, tú me gustas mucho más. Esa es la razón de que esté aquí. Te he buscado desde el momento en que desperté solo en esa cama de hotel, desde que sentí el espacio frío junto a mi cuerpo en esa gran cama que fue testigo de nuestra noche de pasión, de desenfreno. Misma noche que no he podido olvidar y que me tiene aquí, a punto de hacer algo que pensé jamás haría.- Kagome lo miraba expectante, conteniendo el aliento mientras rogaba en su interior escucharle eso que tanto anhelaba.- Si me lo permites, Kagome, quisiera conocerte más. Nunca me había pasado algo así. Te deseo, pero a la vez siento que no es solo deseo. ¿Has sentido algo así? Pues voy a seguir a mi instinto, y voy a averiguar hasta donde llega esto.- Mientras hablaba se acercó a Kagome y tras decir todo lo que quería volvió a besarla de manera demandante.
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Una semana había pasado desde entonces. Luego de aquel beso estuvieron a punto de hacer el amor en la oficina, pero Inuyasha decidió que si quería que aquello funcionara debía ir paso a paso y así lo hizo. Nada de sexo. Eso sí que era nuevo para él, pero le parecía lo más acertado en esta ocasión.
En esa semana habían salido un par de veces, no a lugares muy concurridos ya que podrían reconocer a Inuyasha y querían mantener las cosas en secreto en caso de que no funcionara. Habían cenado un par de veces en el departamento de Kagome y habían terminado sentados en la alfombra de la sala conversando hasta el amanecer. Se conocían desde hace poco, pero se sentían como si fuera de toda una vida. Hablaban de todos los temas posibles, a veces veían películas juntos y escuchaban música mientras cenaban para, finalmente, bailar un rato y acabar en la alfombra conociéndose más con cada momento que pasaban juntos.
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-Creo que la amo, Miroku.- Estas palabras hicieron que se atragantara con su comida y comenzara a toser.
-No puedo creer lo que acabo de escuchar.- Inuyasha lo miró con fuego en los ojos, ardía de rabia ante su comentario.- Es decir, ¿estás seguro, qué sientes exactamente? Quiero decir, la conoces desde hace solo un par de meses, puede que solo sea la fascinación por la nueva y misteriosa chica…
Inuyasha lo miró y comenzó a pensar en lo que sentía cuando estaba con ella.
-No Miroku, lo que siento por ella es más que eso. Sé que la conozco desde hace poco tiempo, pero siento como si la conociera de toda la vida. Nunca me había pasado algo así y si te soy sincero, estoy aterrado. No dejo de pensar en ella, cierro los ojos y la veo sonreír. Su sonrisa alegra mis mañanas, me hace querer hacer todo lo posible por mantenerla en su rostro. Quiero que sea por mí y para mí quien mantenga esa sonrisa. Espero con ansias el momento de verla, quiero escuchar su voz todo el tiempo. Quiero hacerla feliz. Miroku, son tantas cosas que no me alcanzaría el tiempo para decirlo todo. Ni siquiera he intentado volver a acostarme con ella, jamás había mantenido una relación así con alguien.- Miroku lo miraba divertido, efectivamente, su amigo se había enamorado de la chica- he tomado una decisión, voy a pedirle que se case conmigo. No voy a permitir que nadie se me adelante y me la quite, ella es mía.
-Vaya amigo, el amor te ha pegado fuerte. Pero antes de que cometas una locura como esa, deberías averiguar si ella siente lo mismo por ti. No quiero que te lastime. No sería para nada elegante ver a un hombre de 28 años como tú llorando en el hombro de su mejor amigo, o sea yo, por una mujer.
-Tienes razón, le diré a Kagome que la amo, y si ella me corresponde le propondré matrimonio. Estoy seguro de que ella siente lo mismo que yo.- dijo seguro de sí mismo.
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"Necesitamos hablar, ven cuando puedas" Ese mensaje lo dejó preocupado, ¿acaso quería terminar con él? No, no lo permitiría.
Llegó al departamento de Kagome y ella lo invitó a pasar. Hablaron un rato hasta que la paciencia de Inuyasha se acabó y preguntó a que se debía el mensaje de antes.
Kagome estaba muy nerviosa. Le costaba elegir las palabras correctas, no podía ordenar sus ideas.
-Yo… necesito decirte algo muy importante.- se veía triste y un poco resignada, algo no muy alentador y en su desesperación habló sin pensar.
-No me dejes, por favor dime que no es eso lo que quieres.- Inuyasha estaba alterado y Kagome no sabía a qué se refería con eso.
-¿Qué? ¿Dejarte, de que estas hablando? Yo… quería decirte que antes de que esto siga avanzando, quiero saber si sientes algo por mí. Yo, creo que te amo y no quiero crearme falsas espe…- no pudo seguir, porque Inuyasha la silenció con un beso.
El beso fue suave, lento y cargado de amor. Al fin había escuchado lo que con ansias esperaba; no dejaría pasar la oportunidad de demostrarle que también la amaba. Kagome no sabía que pensar, pero se dejó llevar por ese beso.
Inuyasha la atrajo más hacia él, pasando posesivamente un brazo por su cintura, mientras mantenía su mano derecha en la cara de su mujer misteriosa. Los besos fueron lentos, profundos y cargados de erotismo, pero no había prisa. Quería perderse en ella y que se perdiera en él. Sus labios lo embriagaban y quería que Kagome sintiera lo mismo que él.
Poco a poco fueron avanzando por el pasillo hasta llegar a la habitación de Kagome. Inuyasha la hizo voltear entre sus brazos y en esa posición siguió besándola. Con una de sus manos la sostuvo de la cintura y con la otra comenzó a desabotonar su blusa.
De pronto sintió su blusa caer. Miró por primera vez a su alrededor y se dio cuenta de que estaba en su habitación. Inuyasha la miraba embelesado, con los ojos brillantes. Podía ver el deseo en ellos, pero veía algo más. ¿Amor, tal vez? Su corazón comenzó a latir más rápido ante esa posibilidad. De pronto se abalanzó hacia él y rodeó su cuello con sus brazos para besarlo. Comenzó a quitar su camisa mientras Inuyasha se deshacía de su sujetador. Ambos gimieron de gusto al sentir sus torsos desnudos después de tanto tiempo. Se deseaban. Se amaban. Inuyasha no lo había dicho, pero ella podía sentirlo.
La cargó en sus brazos y la dejó suavemente sobre la cama. Allí termino de desvestirla y la observo por un instante antes de despojarse de lo que quedaba de su traje. La mirada de Kagome sobre su cuerpo parecía una deliciosa caricia, caricia que no quería dejar de sentir jamás. Se acercó lentamente hasta estar completamente sobre su cuerpo y comenzó a besarla. Besó cada rincón de su cuerpo, quería grabar en su mente cada parte de ella. Quería hacerla sentir amada. Amada solo por él.
Gemidos salían suavemente de su garganta con cada beso, con cada caricia. No quiso quedarse atrás y comenzó un perezoso recorrido por su espalda con sus finos dedos, pasó por sus hombros hasta su pecho y acarició sus pectorales, bajó hasta su abdomen y cuando quiso ir más abajo Inuyasha la besó profundamente y llevó sus manos de vuelta a su cuello.
El beso se deshizo y un camino de besos avanzó por su cuello, bajó por entre sus pechos, su abdomen y llegó a su centro. No se había percatado de lo caliente y húmedo que estaba ese lugar. Inuyasha la sedujo tan suave y lentamente que no se dio cuenta de lo deseoso que estaba su cuerpo por el de su amado.
Inuyasha comenzó a lamer la longitud de su sexo lentamente, saboreándose a su paso. Un gemido gustoso llegó a sus oídos, se deleitó con él y siguió. Esta vez hundió más su lengua, tocando cada pliegue a su paso y un gemido más profundo llegó. Avanzó hasta el botón de placer de su amante y lamió profundamente sobre él. Sintió a Kagome levantar un poco su cuerpo y seguidamente sus manos presionando sobre su cabeza. Comenzó a jugar; lamía profunda y suavemente sobre su sensible botón rosado, hasta que decidió succionarlo profundamente, presionaba y soltaba cada vez más profundo, mordía y lamía alternando todos sus movimientos hasta que Kagome le pidió que se detuviera. Sabía que no podía más, él tampoco estaba mejor que ella. Quería estar dentro de ella. Pasó una vez más su lengua a lo largo de su sexo y la vio estremecerse ligeramente. Subió por su cuerpo besando cada parte a la vista hasta llegar a sus labios. La beso profundamente y luego la volteó sobre la cama y se puso sobre ella. Abrió sus piernas y con su mano derecha levantó la pierna de Kagome para que lo rodeara hacia atrás. Y sin esperar más, la penetró. Su cuerpo lo recibió gustoso, su interior estaba caliente y húmedo, listo para recibirlo. Comenzó a embestirla suavemente, sus penetraciones eran profundas gracias a la posición en la que se encontraban.
Kagome lo sentía profundo en su cuerpo. Sentía como tocaba cada parte de su interior. Jadeaba y gemía con cada suave embestida, pero ella quería más. Y comenzó a levantar un poco sus caderas en un pedido silencioso para que Inuyasha lo hiciera con más velocidad. Inuyasha captó el mensaje y salió de su cuerpo y la levantó por las caderas y rápidamente la penetró más profundo que antes. Kagome gimió, fue un gemido largo y cargado de deseo que nació desde el fondo de su garganta.
Inuyasha comenzó a moverse rápidamente, no podía más, quería liberar su orgasmo, pero se contuvo. Quería terminar con ella. Una vez más cambió de posición. Salió de su interior y la puso de espaldas a la cama, y así, frente a frente entró una vez más en ella y la besó mientras se movía fuera y dentro de su cuerpo. Sintió como su miembro era apretado por las paredes del interior de Kagome, se movió aún más rápido y más profundo en ella hasta que ella deshizo el beso y gimió profundamente. Solo allí se dejó ir y liberó su simiente en ella. Kagome se estremecía debajo de su cuerpo y arqueaba la espalda mientras él seguía moviéndose lentamente dentro de ella.
Se recostó de espaldas en la cama y se llevó a Kagome con él, aún sin salir de su interior.
-Te amo, Kagome.- no le dio tiempo a responder nada y la besó.
Kagome estaba feliz, su amor era correspondido. Al fin había conocido a alguien para ella, sabía que la amaba, pues lo había visto en sus ojos. Esta vez no tenía nada de que preocuparse, se amaban y nada más importaba.
Fue sacada de sus pensamientos por Inuyasha, que levantó su mentón con una mano. La besó tiernamente y al separarse le dijo lo que menos esperaba escuchar.
-Kagome, cásate conmigo.- no era una pregunta, era una orden que no dejaba lugar a dudas. Con una sonrisa en el rostro y los ojos brillantes por la emoción, asintió con la cabeza y lo besó. Luego de eso recostó su cabeza sobre el pecho de su prometido y ambos se quedaron profundamente dormidos.
No había nada que les impidiera vivir su amor. No tenían nada de que preocuparse, lo único que importaba para ambos era que se amaban. Todo saldría bien de ahora en adelante, su amor podría con todo y contra todos. Nunca más se ocultaría detrás de su amiga para no darse a conocer, e Inuyasha no volvería a buscar en el cuerpo de otras mujeres ese algo que lo llenara, pues el amor de Kagome era lo que por tanto tiempo buscó sin siquiera saber que buscaba algo.
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Bueno, debo decir que iba a subir este capítulo entes de navidad, pero me faltaba la mitad aún y hoy me he dedicado a terminarlo para darles un regalo de fin de año.
Este ya es el final de la historia. Podría subir un epílogo, pero no lo veo tan necesario. Personalmente, me gusta como quedó, pero podría considerarlo si me lo piden más de tres personas…
Bien, voy a agradecer nuevamente a quienes dejaron review, y agregaron la historia a favoritos; y también a quienes leyeron la historia como lectores fantasma, lo entiendo porque a veces lo he hecho (les sorprendería saber cuántos fics he leído desde que conocí la página xD).
Un beso para todas y una vez más, gracias por leer :D
PD: He pensado en hacer una adaptación de un libro que leí hace unos meses. Mientras lo leía no pude dejar de imaginarme a Inuyasha como protagonista, ustedes que opinan ¿es muy pronto para hacer una adaptación?
