El pequeño Frisk caminaba por la orilla de aquel río, como todas las noches desde que lo habían abandonado.

¿Cuánto tiempo había pasado ya? No lo sabía, y nunca lo hará.

Se sentó sobre un tronco, a observar los pequeños puntos del cielo. ¿Cómo se llamarán? Tampoco lo sabía.

Lamió su largo pelaje, y el tronco se movió un poco. Entonces, en su cabeza surgió una idea; Visitaría el Clan Montañoso. Y lo lograría, ya que estaba lleno de determinación.

Tenía transporte, sólo debía ponerlo en su lugar.

Una gran gota de agua entró en uno de sus ojos, haciéndole caer en el interior de su transporte del susto. El gran pedazo de madera se tambaleó y Frisk, gracias a una tácita orden, le dio una patada. Se tambaleó aún más.

-Por favor, cae al río.- suplicó el cachorro.

Y la tormenta, obedeciendo, lanzó una fuerte ráfaga de viento que hizo que el tronco cayera al agua, el pasajero también cayó.

Los rayos de sol quemaron un poco su piel, despertándole.

Sacó su cabeza por uno de los agujeros del pedazo de madera, el paisaje que tenía a su alrededor estaba lleno de rocas, hierba seca y algo de arena.

Miró las calmadas aguas, y su estómago se quejó; No comía nada desde hace varios soles en el cielo*.

Un pez saltó frente a su nariz, otro saltó detrás de su tronco, y muchos más saltaron a su alrededor, río abajo.

Frisk quiso probar suerte desenvainando sus pequeñas garras. Esperó a que otro pez saltara. Pero nada, su idea llegó tarde.

Suspiró. Nunca había logrado cazar nada para sus dos patas -los cuales cazaban muy, pero muy mal.-, ¿Qué le hacía creer que lograría cazar algo ahora?

La respuesta era:

Los gatos salvajes. Ellos no dependían de ningún dos patas para alimentarse, ¡Ellos cazaban su comida!
Eran independientes, y valientes.

Frisk los admiraba por eso, quería ser un gato salvaje gracias a eso.

Tan sumido en sus pensamientos estaba, que no notó una gran cascada hasta que el tronco lo abandonó en la caída.

-¡Me caigo!-gritó. Pero nadie lo escuchó.

Escupió agua, y su cuerpo sintió la áspera textura de arena sobre rocas. Estaba algo aturdido, sentía una extraña presión sobre sus orejas.

Un gato blanco de largo cuello se le acercó, sonriendo de oreja a oreja. A su nevado pelaje lo pintaban algunas rayas doradas, y un collar rayado- que tenía una flor incrustada.- decoraban su cuello.

-Hola, Frisk. Soy Flowey, Flowey la flor.-los hipnóticos ojos de enredadera de Flowey tenían un brillo de ira.-Volviste a resetear. Es la vez número setenta, Frisk. Ya fue demasiado. Ahora, todos somos gatos. ¿Sabes lo difícil fue acostumbrarme a estas cosas?-gruñó mientras mostraba una de sus patas.-No, porque no recuerdas nada de cuando eras un Dos Patas...¡Demonios, ya estoy hablando como uno de esos salvajes!-bufó.- A ver si puedes encontrar la forma de salvar a Pequeña Pelusa...Asriel, ahora. En las montañas no podrás ser completamente pacifista, es decir, ¡No podrás salvarme! ¿O salvarnos?- el gato blanco comenzó a reír siniestramente, mientras se acercaba con las garras desenvainadas a el cachorro.-¡MUERE!-y se avalanzó contra el pequeño, clavando suavemente sus garras en él.*-¿Eh..? ¡¿Aquí también?!-Flowey fue empujado lejos del pequeño.

Una anciana gata blanca, de manchas grises, aterrizó elegantemente frente al pequeño. Lo agarró del pescuezo, y comenzó a correr a una increíble velocidad. Entraron en una caverna, llena de musgo y algo de moho. La desconocida dejó a Frisk en el suelo, y se sentó junto a él.

-No temas, pequeño. Soy Toriel, defensora de la Caverna del Río.-ella sonrió cálidamente.-¿Tienes hambre, pequeño?

Hubo un largo silencio, hasta que el estómago del minino rugió.

-Eso te delata.-la gata rió un poco, y se fue.

Unos minutos después, hubo un sonido de agua salpicándose. Y Toriel regresó con dos grandes peces en su boca.

Dejó uno uno de los peces delante del cachorro, y comió el suyo.

Aquella anciana gata inspiraba un aura de confianza, que a Frisk lo llenaba de determinación.

*Frisk llama a los días "soles en el cielo". A los meses los llama "lunas completadas".

*Flowey clavó sus garras suavemente en Frisk porque Toriel lo había agarrado del pescuezo.