No había llegado la hora del medio día, cuando ya estaba echando de menos a Merlín. Mordred la animaba y cuando estaba él no sentía dolor en su corazon ni nudos en la garganta, pero cuando terminaron de comer su tutor le mandó a que fuera de caza con los demás druidas y Morgana se quedó en su nueva vivienda, tumbada en la cama e intentando descansar. Luego miró a su escritorio y vió la mochila aún sin deshacer. Se levantó y rebuscó entre ella la carta de Arthur. Tras media hora buscando y de que su mano se volviese roja a causa de los rasguñones de las monedas a su paso por su piel, la encontró. Era un sobre de color lacre y con un dibujo en forma de dragón representando el emblema de Camelot y el símbolo de su familia. Se sentó en la cama y abrió el sobre ansiosa deseando saber que le había escrito su hermano.

Querida Morgana:

Espero que este sobre haya llegado sano y salvo a tus manos, sin que se rompiera, mojase o quemase por algún motivo que seguro que Merlín intentará escusar cuando vuelva. Ya sabes lo patoso que puede llegar a ser. Quiero que sepas que aunque hayas intentado matarme y atacar a Camelot en varias ocasiones, yo no te lo he tenido en cuenta y te he extrañado mucho. Desde hace un tiempo intento traerte un sobrinito al mundo pero tras preguntarle confidencialmente a Gaius, creemos que Gwen no puede engendrar (o quizas sea yo) pero si tenemos alguna noticia creeme te la haremos saber. No sé si seguirás viviendo en la ciudadela, pero si sigues ahí quiero que sepas que espero que lo dejes pronto, no soporto que ese inútil grandullón de dos metros te pege. Ojalá se muera. No merecen que vivas con ellos. Además Merlín y yo pensamos que deberías volver a vivir en el castillo como noble y aunque yo no sea nadie para aconsejarte nada, te pido que lo recapacites y te lo plantees bien, estes donde estes.

Dentro de la bolsa te he mandado más dinero que el suficiente para que vivas tu propia vida sin depender de ese... "hombre". Tambien te he echo llegar tres vestidos, siento que no sean tan espléndidos como los que lucías aquí en palacio pero que si vas a trabajar son estupendos. Tambien te he mandado tres capas y un par de zapatos para que si en algún momento de necesidad quieres hacercarte al castillo a hablar conmigo o con cualquiera de nosotros sin que nadie advierta de que estas ahí. Tambien te he mandado dinero para que pages la moneda esa extraña con la que quieres pagar la resurreción de mi tío, Agravaine, pero si quieres mi opinion, no lo hagas.

Otra cosa que quería decirte es que no te acercases mucho a Gawaine. Sé que es un buen hombre pero no se yo si ese es el tipo de hombres que a tí te harían ser feliz. Sé como te mira y sé que te aprecia pero no lo suficiente, (y sí, eso lo sé con tan solo mirarlo).

Con esta carta quería hacerte saber que las puertas del castillo estarán abiertas para tí, hermana y que si deseas verme yo te estaré esperando, aquí, sentado en el trono mientras envejezco lentamente. Tengo la compañía que necesito. Una mujer que me ama, unos grandes amigos y grandes caballeros leales y fieles (espero que Gawaine no llege a ser mi cuñado), un hombre que sé que me curará hasta la herida más profunda y bueno.., tambien tengo a Merlín, que aunque es la mejor persona que conozco prefiero no hacerselo saber, no quiero que se le suba a la cabeza.

Te deseo lo mejor en tu futuro, que seas muy feliz
y que me traigas algunos sobrinos que puedan
ocupar mi trono algún día. Tu hermano que te quiere.

Arthur Pendragón.

Cuando terminó de leer la carta se sintió realmente triste y comenzó a llorar. Aunque Arthur la perdonase y la dejara volver, los demás no pensarían lo mismo y la despreciarían de por vida. Nunca volvería a ser igual que antes. Tras rato llorando, buscó en su escritorio algún trozo de papel en el que se pudiese escribir. Encontró solo dos trozos, no tan grandes como el pergamino que le había enviado su hermano pero que podrían utilizarse. Buscó tambien una pluma y cuando la encontró junto con un tintero lleno, comenzó a escribir. Escribía la verdad aunque doliera y algunas lágrimas salían y corrían por su rostro.

Querido Arthur:

Tranquilo hermano, el sobre llegó sano y salvo a mis manos y gracias a Merlín pude escapar de ese horrible lugar, pero no había otro lugar para escondernos que el bosque. Jhonny nos perseguía enfadado y lleno de cabezas de pescado (una historia muy larga y divertida) y despues de escondernos hasta que se fuera llegamos a la conclusion de que nos estaría esperando a las entradas del bosque hasta que saliesemos por lo que pasemos la noche allí y luego Merlín me dejó a cargo de los druidas. No te enfades con él, Arthur, yo le pedí que lo hiciera, aunque él me intentaba convencer de que viviese en palacio como antes. Contigo, con Gwen, Gaius y todos los demás. Para decirte la verdad, no acepté esa petición por que en realidad soy una cobarde, sé que aunque tú y Merlín aparentemente me perdoneis, todas personas restantes que configuran Camelot me miraran con mala cara y con miedo y prefiero quedarme aquí, con personas que son iguales que yo.

Aunque me siento triste por dentro, Mordred siempre intenta alegrarme el día y en muchas ocasiones lo consigue. Me recuerda bastante a tí cuando pequeño, con esos ojos azules y esa valentía y cabezonería innatas. Algunas veces me rio de mí misma al pensarlo y al pensar que en verdad, posiblemente nunca te vuelva a ver.

Cuando tú y Gwen os casasteis yo me planteé ir a veros, pero era una fiesta privada y no dejaban entrar a cualquiera y menos una cualquiera pobre. Te habras preguntado durante años que es lo que me hizo cambiar de bando. Te lo diré. No fué Uther, no fué mi magia, fué Morgause. Se que está mal echarle las culpas a otros y menos cuando ya no estan, pero es que la única que me comprendía en aquella situación era ella. Imagínate; la pupila del rey asesinada por tener magia. Tenía miedo y me refugié en ella. Mi hermana me convenció de que si no mataba a Uther, él me mataría a mí y a millones como yo cada día que dajaba pasar. Puede que tuviera razón, pero aún así él no se lo merecía. Se que actué de forma egoísta y maquiabélica y espero que en algún momento lleges a perdonarme, pero a perdonarme de verdad.

Y refiriendome a Agravaine, tu tío. Creo que es mejor dejar las cosas como estan. Me fuera gustado amarle de la misma forma que él a mí, reciprocamente, pero no pudo ser. Otra cosa.., no creo que Gawaine sea tu futuro cuñado y menos aún el padre de tus sobrinos. Será otro, pero no él. Y además no creo que llege a ocupar tu trono, con fe y esfuerzo quizas consigas tener ese varón que tanto deseas, pero solo te pido una cosa. No recurras a lo mismo que recurió nuestro padre. Eligió el mal camino y yo aprecio demasiado a Gwen.

Espero una próxima respuesta tuya. Envía a Merlín,
pues parece que a él no lo pillan y no destaca mucho.
Con amor y lealtad, tu hermana.

Morgana Pendragón.

Cerró el pergamino y se sentó en la cama, intentando hacer llegar un mensaje telepático a Merlín, aunque no le estaba resultando fácil. "Merlín" "Merlín" "ya termine la carta, Merlín" No podía hacer otra cosa que repetir su nombre y ya así le parecía dificil. De pronto le entró sueño y sus párpados se estaban cerrando. Al final, aunque luchó contra el sueño, este le venció e hizo que se quedara dormida.

Merlín entró en la cabaña y descubrió a Morgana dormida en una gran cama como la de Arthur, pero con una sola manta y una pequeña almohada. El brujo se acercó a ella, tras buscar con la mirada el sobre, para tenderse junto a ella en la cama. Aprovechó que estaba dormida para darle pequeños besos en el cuello, pero Morgana acabó despertandos y le sonrió en cuanto abrió los ojos.

- Te dije que volvería, ¿no?-. Dijo el y le dió un suave beso en los labios.

Ella le sonrió y le devolvió el beso. Durante un año la idea era aquella. Él le entregaba una carta de Arthur o de Gwen, que tambien le escribía en secreto contandole sus problemas y ella siempre les respondía como una buena amiga, mientras Merlín se pasaba toda la noche con ella. Al principio no se atrevieron a dar el paso pero al final acabaron dandolo y durante un año estuvieron con el mismo régimen. Pero aquella mañana Morgana se sentía mal y comenzó a vomitar, estaba mareona y cansada. Hacía tres meses que Arthur no había escrito, quizas por la guerra o por que se ponía nervioso y de mal humor cada vez que Gaius le decía que Gwen no estaba embarazada. Mordred se acercó a ella rápidamente antes de que se desmayara y le ofrecío un tónico, para refrescarla. Un druida le ofreció tambien una bebida, pero Mordred le alzó la mano para que no se la diese, el druida refunfuñando se fué. Mordred miró a Morgana. En aquel año había cambiado bastante, pero siempre sabía lo que pensaba excepto ahora. Una mujer se aproximó a Morgana al ver la cara del muchacho.

- ¿Desde cuando no te viene?- Preguntó ella de forma de que Mordred no supiera de lo que hablaban y se quedase confundido.

- La tengo irregular, pero desde hace dos o tres meses.- Dijo Morgana y la chica se alarmó. Observó a Morgana y le ordenó a Mordred que escuchara la barriga de la bruja. Morgana había visto hacer eso antes a los druidas más jóvenes a las mujeres embarazadas para saber si su feto vivía aún. Se asustó bastante, pero esperó a la respuesta de Mordred.

- ¿Cuantos pulsos escuchas?- Él levantó la mano para callarla y luego contó con los dedos algo que ella no llegaba a comprender.

- Dos.- Respondió al final Mordred, dejando a Morgana pálida. Estaba embarazada. ¿Y ahora como se lo decía a Merlín? O peor, a Arthur. Se llevó las manos a la cara y se la tapó asustada.