Advertencia : Universo Alterno, ambientación moderna. Leve OoC.
DISCLAIMER: Naruto ni su universo me pertenecen, en su lugar son propiedad de Masashi Kishimoto. Hago el siguiente escrito con la pura finalidad de entretener y sin ningún ánimo de lucro.
Tercera Noche
Era una persona algo despistada, pero nunca desorganizada. Comprometía su agenda conforme a sus necesidades personales y académicas, y por imposible que sonara, a sus jóvenes dieciséis años ese método le había funcionado de maravilla.
Muy a su pesar, había convertido de su organización en una cómoda rutina. Una rutina dónde debía dividir sus estudios contra su vida personal, dejándole muy pequeños intervalos en los que podía hacer algo que le gustase y de paso, la relajara.
Por eso, cuando descubrió que cada martes por la tarde el equipo de basketball practicaba hasta larga noche, no dudó ni un segundo en sacrificar unas cuantas horas de sueño por algo de tiempo de calidad junto a sus amistades.
Junto a él.
Sakura hundió su cabeza en ambas manos, sus mejillas ardiendo ante sus recuerdos. Golpeó severas veces su frente, ¡No sólo lo hacía por Sasuke! No, claro que no; Naruto era su amigo de igual forma, y si bien el rubio tendía a sacarla de sus casillas Sakura sabía que daría su vida por la del cabeza hueca Uzumaki. También estaba Lee, el cuál a pesar de su bizarra apariencia siempre lograba sacarle una sonrisa, de igual forma-
¡Agh!
¿A quién engañaba? Claro que era por él…
Sakura Haruno abrazó sus rodillas, demasiado cansada para fingir desinterés por el joven Uchiha. Cerrando los ojos con templanza evitó así cualquier mirada de curiosidad, retomando el lugar que siempre solía ocupar dentro de la cancha techada en la segunda fila de las gradas principales.
¿Por qué demoraba tanto? No era usual, y si bien Naruto solía tomarse su tiempo en aparecer, Sasuke podía estar horas antes de dar por empezado el entrenamiento esperándola, siempre puntual en su presencia. Sakura no pudo evitar sonreír al recordar las cortas pero concisas charlas que habían tenido en esos intervalos de tiempo.
Recordaba claramente la sonrisa en el rostro del Uchiha al verla cada día. Sútil y vaga, pero estaba ahí. Pequeños detalles como esos evidenciaban su cercanía.
Pero hoy, bueno, hoy por alguna razón él siempre puntual jóven siquiera se había presentado a aquellos cortos encuentros.
Revisó su celular por lo que parecía ser la sexta u octava vez en quince minutos, actualizando constantemente sus redes sociales y esperando que el brillo de la pantalla se llevase consigo el lento pasar del tiempo. Nada.
Mordió su labio inconforme. ¿Desde cuándo era víctima de tanta indiferencia? ¡Y es que siquiera Naruto se había dignado a aparecer! Sintió lo incómodo que resultaba ser la única chica en la concurrida práctica, pero sin ellos simplemente no era lo mismo.
Tecleó rápidamente hacia el atolondrado rubio, teniendo en claro por experiencias previas que el Uchiha siquiera usaba su teléfono como pisapapeles.
Nada nuevamente.
Resopló a los rosados cabellos de su frente, ¿Acaso la estaban ignorando? Se ocupó en registrar los antiguos chats por inercia, sin siquiera darse cuenta que una larga sombra se acercaba peligrosamente a su lugar.
— No deberías usar tu celular durante clases, ¿Eh, Sakura? — Una grave voz la sacó de sus pensamientos. Observó hacia arriba con grandes ojos sorprendidos, topándose en su lugar con un hombre enmascarado cuyos cansados ojos eran atravesados por el tiempo y una larga cicatriz. — Oh, hola.
— ¡Kakashi-sensei! — Dijo sorprendida, guardando rápidamente el aparato entre sus pertenencias y fingiendo inocencia, — ¡No se aparezca así como así! —Rió una vez más relajada. Kakashi Hatake era el entrenador del equipo, probablemente el docente más relajado de toda la escuela, y si bien su presencia inspiraba de todo menos temor, Sakura insistía en no faltarle el respeto, —¡Además siquiera estoy en su clase!
— Oh, ¿No lo estás? Vaya, — El hombre rió, tomando asiento con cuidado junto a ella, — Creía que sí, siempre te veo en las prácticas.
La chica enrojeció por completo, evitando la divertida mirada del hombre de blancos cabellos. Intentó excusarse avergonzada, más de su boca sólo salieron oraciones sin completar.
— Tranquila, no soy quién para juzgar.
El profesor pareció sonreír bajo la máscara, revelando con aquél gesto la cómoda cercanía que compartía con el resto de los alumnos, una actitud que lo había hecho cercano al pequeño grupo de amistades de Sakura; La pelirosa concluyó que si bien Kakashi Hatake parecía ser el docente más agradable de la secundaria, esto era porque el pobre hombre era el menos capacitado para enseñar.
Y es que la mayoría del tiempo sólo prestaba atención al pequeño libro que siempre llevaba consigo, ignorando por completo que más de una docena de adolescentes dependían de sus enseñanzas para aprobar el año.
Aunque bueno, no es como si deportes fuese la clase más compleja del mundo.
Sakura hizo un puchero ante aquel pensamiento, desviando la mirada hacia su celular con tal de cambiar el tema. Por su parte Kakashi había concentrado toda su atención en el pequeño libro que arrastró de su bolsillo, tal y como la joven lo había predicho.
— Pareciera que no llegarán. — Dijo una vez el silencio fue demasiado para su gusto, repasando una y otra vez la foto de perfil que compartía con el rubio Uzumaki y el estoico Uchiha.
— Ah. — Le respondió sin siquiera dignarse a mirarla, acto que ya le era una costumbre de tantos años hablando con Sasuke.
Recordó entonces el día que tomaron aquella foto, un sábado cada vez más lejano en el que compartieron lo que Sakura llamaría la tarde más feliz de su vida. Le era imposible olvidar las conversaciones y bromas compartidas, una de las pocas ocasiones en que había visto a Sasuke actuar como un joven de su edad.
El pensamiento no podía llenarla de más nostalgia. ¿Por qué no podían ser siempre así de felices?
— Va a ser difícil.
Sakura abrió ambos ojos verde cuál jade ante la sorpresiva intromisión de Kakashi.
— ¿Qué cosa? ¿Habla de la temporada? — Parpadeó repetidas veces, intentando asimilar lentamente la abrupta detención de su silencio, — ¡Ay ese Naruto! ¿Cuántas veces tendré que decirle que no falte a los- — Alzó la vista hacia Kakashi, cuyos ojos cansados parecieron resplandecer de lástima, fue entonces cuando supo que él sabía algo que ella no.
Tragó saliva lentamente
—Esto no es sobre la temporada, ¿Cierto?
Kakashi ahogó un sonoro suspiro dejando por fin de lado su lectura, giró todo su cuerpo en dirección a la joven y antes de que ésta pudiese chistar, el hombre ya había llevado una pesada mano a su hombro, aferrándose con mediana fuerza y claramente algo asustado por su pronta reacción.
Kakashi no era un hombre de pensar mucho sus palabras, en muy pocas ocasiones su habla reflejaba lo que realmente pensaba, por lo que el tacto nunca fue uno de sus fuertes. Sin embargo frente a Sakura por primera vez eligió sus palabras con la mayor delicadeza posible.
— Escucha, Sakura. Nunca he sido bueno con éstas situaciones, — Aclaró su garganta repetidas veces mientras su mirada se centraba una vez más en la concurrida cancha, — Pero debes tener en claro que, pase lo que pase, nada habrá sido tu culpa.
De repente sintió el corazón en la garganta, oscuras imágenes de las más terribles situaciones apoderándose de su mente, Sakura pudo jurar que de un momento a otro su cabeza comenzó a sentirse más liviana, débil.
— ¿M-mi culpa? Kakashi-sensei — Balbuceó incrédula, sin querer hacer un escándalo sólo se limitó a ladear la cabeza, lista para recibir aquella noticia reveladora, — ¿Qué es lo que ha pasado?
Antes de que el enmascarado pudiese decir algo, el vibrante tono de la música de ringtone aplacó todos sus pensamientos, el celular resbalando de sus manos culpa del sudor; Sakura no podía entender por qué de todas las personas Hinata la llamaría en éstos momentos. Compartió una mirada con el profesor, cuyos ojos señalaban la pantalla del celular de la forma más cómplice posible.
Y entonces antes de contestar, pudo jurar haberle escuchado decir...
— Es difícil, ¿Sabes? amar a alguien que está roto
Nada la había preparado para lo que escucharía, para lo que estaba por venir.
No supo cómo llegó en tan poco tiempo, pero lo hizo.
Se encontraba totalmente perdida y desconcertada, los crecientes latidos de su corazón delataban la enorme ansiedad que sentía en lo más profundo de su estómago. Sentía que lo más mínimo la haría llorar, que lo más pequeño sería capaz de cambiarlo todo.
Y así sería.
Si así se sentía ella, que sentirá él.
Itachi había muerto esa misma mañana, en un mundo frío y distante que parecía haberlo olvidado desde niño. Solo y a la vez rodeado de personas que creía conocer, su corazón había dejado de latir; El déficit cardiaco que nunca quiso tratar, agravado por la neumonía y el mal hábito de fumar que había adquirido en los últimos años acabaron con su vida, (Sakura no podía evitar pensar que fue la tristeza aquello que acabó con sus ganas de seguir vivo.).
A principios de años la tensa situación se había esclarecido, y gracias a una nueva investigación al caso de los Uchiha y su inminente genocidio, se concluyó que el primogénito del clan no había sido quién acabó con la vida de sus pares, muy por el contrario, fue él que al tratar de hacer algo terminó siendo inculpado.
Sakura negó lentamente mientras apresuraba el paso en dirección a la nueva residencia Uchiha, no podía evitar pensar, ¿Si eso era cierto, por qué Itachi nunca se manifestó en contra de su encierro? ¿Por qué nunca dijo algo?
Habría sido difícil de presenciar, sin duda, cuando el verdadero responsable era Obito Uchiha, un familiar lejano capaz de ensuciar sus manos con tal de dar con la fortuna de la rama principal. Obito lo había amenazado con acabar con Sasuke si la verdad salía a la luz, e Itachi con tal de proteger a su hermano era capaz de todo.
Itachi había escapado de su condena en el centro juvenil, y a su corta edad fue capaz de hacerse miembro de Akatsuki, una banda criminal conocida en el estado, que si bien usualmente no apuntaba a ser más allá de traficantes y malandros, tenían suficiente poder para proteger al joven Uchiha y a su hermano desde las sombras.
Sakura no podía dejar de imaginar lo difícil que era, proteger a tu familia de la misma. Se sintió asqueada por Obito y su plan, asqueada por el dinero y las corporaciones; Más su alivio fue grande cuando supo que había sido encerrado, e Itachi liberado en cuanto el juicio hubo concluido a principios del mismo mes.
Limpió sus lágrimas, maldiciendo la tardanza del sistema judicial. Itachi no había estado ni un mes fuera de condena cuando las noticias de su deceso llegaron esta mañana.
Muy a su manera, Itachi había sido un héroe. No podía juzgarlo
Tuvo que guardar el aliento, habían preguntas que nunca podría responderse; Por ahora su deber era ayudar, no juzgarlo y permanecer a su lado, ¿Siquiera Sasuke la quería cerca? No podía detenerse a pensarlo, no cuando su corazón le decía una y otra vez que él necesitaba de ella.
Que ella podía sanarlo.
Había estado en anterioridad cerca del solitario departamento que Sasuke hacía llamar su hogar, pero nunca demasiado cerca. Era una morada sencilla de no más de una habitación, decorada de forma errática y colores fríos. A Sakura siempre le sorprendió que Sasuke viviese sólo en ese lugar desde los doce años, sin embargo el Uchiha siempre demostraba arreglárselas bien por su cuenta.
O eso había pensado.
La imagen era desgarradora a decir menos. Lo que una vez fue el pulcro y organizado piso hoy no era más que un montón de escombros desparramados, libros esparcidos y muebles rotos. Incluso la única foto que Sasuke conservaba de su familia yacía rota en un rincón, olvidada junto al resto promesas y sueños que nunca se cumplirían.
Encontró a Naruto sentado en el sofá, su cabeza reposando en el respaldo acolchado impedía que la sangre siguiera brotando de su nariz. El rubio la reconoció con ojos hinchados y una sonrisa triste, demasiado diferente al hiperkinético joven que solía ser cuando las cosas marchaban bien. A su lado Hinata, eterna enamorada del Uzumaki, limpiaba las heridas abiertas sin resultado aparente, murmurando una y otra vez que todo iba a estar bien.
De Sasuke no había ni rastro.
— Sakura-chan ...— La rasposa voz de Naruto retumbó cual tambor en sus tímpanos, pero Sakura estaba demasiado ocupada buscando con la mirada al pelinegro como para inmutarse. — Él está bien, bueno, está mejor que yo, de veras.
La sonrisa zorruna del Uzumaki se vio interrumpida por una relampagueante ola de dolor en su rostro, había olvidado por completo la condición en la que se encontraba y en menos de unos segundos la sangre volvió a brotar de sus fosas nasales. Hinata abrió ambos ojos con preocupación y acercándose lentamente limpió los restos del líquido carmesí del rostro del rubio.
Si no fuera por la terrible situación, Sakura habría admitido lo tiernos que se veían juntos.
— Naruto-kun, puede estar rota, tenemos que llevarte al hospital — La chica de ojos perlados habló en un susurro, palpando lentamente el labio de Naruto con una toalla húmeda.
— No es nada. — Respondió en un débil murmuro
— Tiene razón, Naruto. — Irrumpió Sakura de un fuerte impulso, su mirada llena de angustia posada sobre el herido Uzumaki, — Tontos, ¿Qué es lo que hicieron? ¿Era necesario pelearse?
Los ojos del rubio la miraron lastimosos y cristalinos, supo entonces que el escenario le afectaba tanto como a ella. Obviamente no era necesario pelearse, pero dada la situación, ¿Habría tenido otra opción? Odiaba como esos dos sólo eran capaces de entenderse con fuerza bruta.
Naruto suspiró con fuerza, y aún algo atolondrado por la brutal golpiza que había recibido, dirigió su mirada hacia la Hyuga.
— Ah, Hinata, ¿Segura que puedes llevarme? — La muchacha de grandes ojos níveos asintió decidida, sin dar más señales que un fuerte apretón a la mano del Uzumaki, el cual cansado y perdido, le correspondió con suavidad.
Sakura vio como ambos se reincorporaron con fría calma, caminando lentamente hacia la entrada del departamento como si de eso dependiera sus vidas. Hinata se excusó a sabiendas que el rubio y la pelirosa tenían asuntos pendientes, con tierno sosiego le dijo que lo esperaría afuera y Sakura no pudo estar más agradecida con la actitud con la que la Hyuga manejaba las cosas.
Ojalá ella tuviese ese temple.
— ¿Dónde está? — Preguntó una vez supo que nadie más los escucharía.
— Sakura-chan, deberías esperar, algo me dice que quiere estar solo. — El rubio llevó una mano a su hombro con autoridad.
Sorpresa fue la suya cuando la chica evitó su toque en un rápido movimiento. Aquellos ojos jade desafiantes lo miraron con total reproche, haciendo que un nudo volviera a formarse en su garganta y la ansiedad resolviese su estómago.
— ¿Esperar qué Naruto? Nos necesita. Tu sabes muy bien que en estos momentos no es bueno sentirse solo. — Le respondió bruscamente, alzando la voz lo más que la situación le permitía.
Ambos temían lo mismo, estaba claro. Durante todos sus años de amistad el Uchiha no había resultado ser el hombre más estable emocionalmente hablando(Muy para la sorpresa del resto,) y desde aquél incidente con el arma hace unos años atrás, los dos sabían que Sasuke estaba dispuesto a hacer lo que fuera con tal de callar a sus demonios internos.
Incluso si eso significaba hacerse daño a sí mismo.
— Lo sé. Es sólo que… no parecía él. — Naruto resopló adolorido, observando tras su hombro hacia donde la pelea había tomado lugar, — Pensé que lo podía ayudar, ¿Sabes? Pero no me quería cerca. — Se acercó a ella, cuidando de bajar el volumen de su voz,— Siquiera pudo ver a Itachi más de una vez, siquiera pudo preguntarle algo.
El chico prosiguió a explicarle lo sucedido con parsimonia, sin escatimar ningún tipo de información por más dolorosa que supusiera. Señaló la única puerta hacia la habitación principal, en la cual el Uchiha se había encerrado una vez Hinata había aparecido para detener la pelea.
Sakura cerró los ojos detenidamente, pensando en cómo diablos iba a sacar a Sasuke de su premeditado escondite.
— Ve con ella, yo me encargaré. — Habló una vez el silencio fue demasiado, recordando que la enamorada de su amigo aún se encontraba a las afueras, esperándolo.
Qué daría ella por tal complicidad en su vida.
Naruto se alejó a paso lento, más antes de salir se giró en su dirección, sus expresivos ojos azules repletos del más puro miedo, terror a perder a quiénes consideraba muy por dentro, su familia.
—Sakura. Cuida de él
La pelirosa sonrió.
Siempre lo haría.
Debía admitir que dudó mucho en entrar a la habitación.
Claro que quería ayudarle, estar a su lado y consolarlo; más la idea de encontrarlo perdido y a la defensiva no hacía más que asustarla, ¿Cómo podría ayudar a quién no quería siquiera tenerla cerca? Siquiera quería pensar en las evidentes heridas que podría portar el Uchiha, no sabía si podría aguantar presenciar tal nivel de autodestrucción.
La idea de dejarlo por su cuenta hasta que la situación mejorara se veía muy tentadora.
Sacudiendo la cabeza, Sakura aplacó aquella pequeña voz en su mente que le advertía del peligro de la situación, y de un fuerte empujón forzó la puerta que daba hacia la habitación principal de Sasuke. Para su sorpresa todo se encontraba muy prolijo como costumbre, y a diferencia de la sala principal, Sakura podía apenas divisar rastros de la anterior pelea con el Uzumaki.
Frunció el ceño asustada al no encontrar ningún rastro del Uchiha en los alrededores, y llevando su cuerpo en dirección al balcón, le encontró sentado en el suelo, perdido y tenso.
— Ay, Sasuke, — No pudo evitar suspirar, desviando la mirada cuando sintió sus lagrimales llenarse de lágrimas.
— Sakura, — Pasados considerables segundos, le respondió en un hilo de voz rasposa y afligida.
Sakura sabía que presenciar tal fragilidad de parte del Uchiha era una rara proeza; Sasuke había construído una reputación fría e inalcanzable incluso para ella. Por lo que verlo en tal estado catatónico y sentimental le daba a entender la gravedad del asunto.
Lo ojeó con rapidez, asegurándose que su piel se encontrara tan prolija como siempre, carente de cortes y moretones. Sus ojos frenaron de golpe al encontrarse con sus nudillos, los cuales lucían ensangrentados e hinchados. El chico de cabellos azabache corrió sus manos apenas sintió la mirada en el acto del crimen.
Y es que Sasuke tenía esa tendencia a esconderse cuando sentía demasiado.
— No tienes porqué esconderte, Sasuke.— Excusó la chica, agachándose a la altura del susodicho, incorporándose con lentitud a su lado mientras una mano iba a descansar a su hombro,— Estoy acá.
Juró que lloraría, que se derrumbaría ahí mismo, ¡Diablos! ¡Debía mantener la compostura!
¿Por qué era tan difícil? Se acercó y le tocó con suavidad, asegurándose que podía estar tranquilo mientras ella estuviera a su lado. Pero no era suficiente; Quería abrazarlo, arrullarlo y transmitirle cada ápice de empatía en su cuerpo.
Quería sanarlo.
— Ah.— Respondió el Uchiha con desgano, sin siquiera pelear contra el suave agarre de la chica. Ya había estado anteriormente en esta situación y el tiempo le había hecho acostumbrarse a las súbitas expresiones de afecto en sus amigos, — ¿Y Naruto?
Sakura lanzó un largo suspiro, había olvidado en aquel corto lapso de tiempo la existencia del mundo a su alrededor. Abrazó sus piernas mientras se acomodaba mejor al lado del pelinegro, quejándose momentáneamente por el paradero del Uzumaki.
Debía llamarlo cuanto antes.
— Hinata se lo ha llevado.
Sasuke se giró con lentitud ante aquella aclaración, analizando lentamente la oración de la Haruno. Ya sabía él que esos dos eran más que simples amigos.
— Entiendo.
Sakura miró de soslayo las frías e inmutables facciones del Uchiha por primera vez esa tarde. Lo que una vez fueron sus penetrantes ojos negros se encontraban hinchados y enrojecidos, claramente cansados de sollozar; sus expresiones duras se encontraban atontadas y en general daba la impresión de ser mucho mayor a los dieciséis años que apenas había cumplido.
Sintió un estrujón en su pecho, su instinto protector peleando cara a cara con la creciente ira que acumulaba en su estómago. Sasuke podía ser el hombre más bello que conocía, pero también era el más terco.
— ¿Por qué? — Preguntó mirándolo a los ojos con creciente rabia, —¿Era necesario? ¿Golpearse?
Sasuke apretó ambos labios con fuerza, volviendo a cubrirse en profundo silencio por lo que parecían ser prolongados minutos.
— Hacía muchas preguntas, y yo no sabía las respuestas.
La pelirosa tragó saliva ante tal acotación, tomando consciencia del aún frágil estado del asunto. Decidió guardar silencio de inmediato, sacudiendo levemente su cabeza ante las innumerables preguntas que asomaban en su mente. Masajeó sus temples con mesura, aún algo aturdida.
Recordó entonces lo continuos que éstos momentos se habían vuelto entre ambos, momentos de cómplice silencio y larga reflexión, en los cuáles Sasuke se sumiría en profundo silencio mientras ella lo acompañaba sin siquiera chistar. No era que le molestara, no realmente; sin embargo no paraba de desear que el Uchiha fuése un poco más comunicativo con ella.
¿Acaso no había quedado claro que haría todo por su bienestar? ¡Diablos! ¿En qué momento su enamoramiento infantil se había convertido en algo tan profundo?
Tan real.
Dejó caer su cabeza sobre el hombro del muchacho, el cual tras tensarse levemente ante el súbito contacto, terminó por derretirse ante el toque de la Haruno. Sakura pudo jurar que sintió su rostro corresponderle.
Así estuvieron por largos minutos, una espera que a Sakura se le hizo eterna y a Sasuke quizás demasiado corta.
El susodicho frunció el ceño, y enderezándose sin romper el contacto, habló sin motivo aparente.
— Itachi solía llevarme al parque, de niño, en días como estos.— Añadió en un creciente murmullo, lo suficientemente potente para hacer que Sakura girara en su dirección, de esta forma observando el perfil de su rostro mientras dialogaban,— Solíamos jugar basquetbol, eso creo. Siempre me ganaba, era mucho más alto.
Lo observó bajo la tenue luz que les otorgaba las afueras del balcón; se veía confundido y aletargado, sus grandes ojos oscuros fijos en ningún lado aparente, extraviados en la órbita de la habitación. Sasuke, a pesar de siempre verse muy seguro de sí mismo, se encontraba claramente perdido dentro de sus pensamientos. A Sakura le daba la impresión de que el mismo Uchiha había olvidado los momentos vividos con su hermano y que el sólo hecho de recordarlos ahora le traía un enorme pesar a su corazón.
¿Cuántos años había vivido sumido en oscura venganza?
— Nunca me enseñó a hacer clavadas, siempre tenía algo que hacer.— Confesó nuevamente, ésta vez dirigiendo su mirada a sus propias manos, empuñandolas con fuerza. — Cuando ya estaba cansado me compraba dango y veíamos la puesta de sol.
— Eso suena maravilloso.— Dijo Sakura en un tenue timbre vocal.
— Lo odiaba, nunca me gustó el dango,— Irrumpió el pelinegro, llevando su potente mirada en dirección a la chica,— Ni el basquetbol, realmente,— Ahogó un suspiro, sus facciones relajándose al segundo.— Pero me gustaba estar con él.
Sakura se acercó a su figura en un casi maternal instinto, y apartando los largos mechones de cabello negro de su rostro, le inspeccionó con cuidado. Sasuke la miró de soslayo, entrecerrando sus ojos mientras suspiraba ante el cálido gesto.
— Entonces me habría gustado conocerlo.— Sakura respondió sonriente mientras su mano se escapaba hacia la suya, acariciando lentamente sus nudillos.
Sasuke sonrió de lado y Sakura juró que se derretiría ahí mismo. Le encantaban esas sonrisas que sólo él guardaba para ella.
— Le habrías agradado.
Observando las delicadas facciones del Uchiha, Sakura recordó la frase que Kakashi-sensei había dicho en su último encuentro. Sin duda era difícil amar a alguien que estaba roto.
Pero no imposible.
Retomaron su posición, el pelinegro dejando caer su cabeza contra el hombro de Sakura, levemente relajado por las constantes caricias que la muchacha repartía por sus cabellos. Odiaba como estas situaciones siempre parecían repetirse entre ambos; buscaba refugio en ella desde los doce años, y a pesar de compartir silencios comprensivos y caricias erráticas, Sasuke no podía evitar sentirse culpable.
Y es que muy dentro de sí anhelaba estos momentos tan tortuosos, si es que le permitían recibir de su calor.
— Yo… No sé qué sentir. — Admitió, relamiendo sus labios tentativamente.
Ella lo alejó en un suave vaivén, muy para su confusión. Y posicionándose frente a frente de su consternado rostro, lo agarró fuertemente de ambos hombros, murmurando,— Lo que sea que sientas, lo que sea que hagas, estaremos ahí para ayudarte.
Sakura trazó sus falanges por la espalda del Uchiha, arrullandolo en un inesperado y rígido abrazo. Sasuke siquiera se inmutó en corresponderle, como le era esperado; Pero no le importó, no en lo más mínimo, ella quería envolverlo en su comprensivo amor y asegurarle que a su lado, todo estaría bien.
Luego escuchó a Sasuke quejarse levemente, sin mesurar su increíble fuerza, Sakura comprendió que probablemente lo estaba asfixiando. Se excusó repetidas veces sin separar sus cuerpos por mucho tiempo.
El Uchiha sonrió apenado, lo más que su debilitado estado le permitía hacer. Acercando su frente a la suya, murmuró delicadas palabras, sus ojos escapando tentativamente hacia los delgados labios de Sakura.
— Eso suena molesto, — Él la observó con complicidad, esa palabra ya se había vuelto códice en su vocabulario,— Gracias.
En un movimiento lentamente tortuoso, Sakura acercó su frente a la suya, quedando así pocos centímetros uno del otro. Inspeccionó una vez más sus hinchados ojos, bajo la poca luz aún eran visibles las marcas bajo ellos, secos trazos que una vez marcaron sus lágrimas, su más grande dolor.
Le era raro, y es que usualmente el Uchiha la había alejado sin chistar, demasiado avergonzado como para mirarla a los ojos por más de veinte segundos. Sin embargo tenerlo cerca ahora y tan entregado a su persona, le hacía repensar las cosas a otro nivel, uno que jamás había imaginado que pasaría de esta forma.
En un subidón de confianza inusual en ella, acercó sus labios hacia la mejilla del chico, rozando con sus labios el salado trazo de sus penas.
Lentamente, con total suavidad y aprecio, demostrándole con cada movimiento lo mucho que significaba para ella.
Sorpresa fue la suya cuando el Uchiha no escapó ni rechazó el contacto, en su lugar respiró con fuerza, dejando que la pelirosa siguiera con el pequeño rastro de besos alrededor de su rostro. Cerró los ojos, intentando aplacar cualquier sentimiento de odio restante en su alma, entregándose al conforte momentáneo que su amor podía brindarle.
Al no ver respuesta negativa, Sakura siguió besándolo hasta llegar a la comisura de sus labios, allí esperó por su consentimiento con clara ansiedad, el corazón en su pecho latía por mil y juraba que en cualquier momento despertaría de aquel onírico momento. Le quería, y besarlo había sido su fantasía más grande desde niña, pero si el Uchiha no estaba preparado ella no tenía problema en esperarlo.
Podía esperar toda una vida si era necesario.
Pero no sería necesario; Sasuke, en un rápido movimiento giró el rostro en su dirección, atrapando sus expectantes labios con los suyos, rozándose con deliciosa y húmeda fricción.
Siendo el primer beso de ambos, el movimiento no podía evitar ser errático y torpe; en más de algún momento Sasuke pudo jurar sentir los dientes de ambos chocar, y Sakura sentía que su respiración se acortaba con cada segundo que transcurría. Sin embargo para ellos fue perfecto, cálido y acogedor, capaz hacerles olvidar el caótico momento por el cual pasaban.
Y luego, el teléfono de Sakura comenzó a sonar.
Se alejó de su agarre consternada, intentando dramáticamente silenciar el aparato móvil que vibraba tras la fina tela de sus pantalones.— N-no es importante. — Se excusó, y al bloquear la pantalla no pudo evitar maldecir internamente a Ino por llamarla en estos momentos.
Él por su parte la observó detenidos segundos, confundido y ligeramente molesto. No era algo que normalmente admitiría, pero el tener a la pelirosa cerca brindaba un gran alivio a su alma; La mera idea de que esta lo dejaría por su cuenta no hacía más que causarle una gran molestia en el pecho.
Hoy no debía estar sólo. Claro, ahora se encontraba satisfecho y querido, pero en cuanto la chica cruzara el umbral de su puerta Sasuke sabía que él retomaría sus autodestructivas actividades.
— Debes irte, tienes cosas que hacer,— Habló con recelo y casi por inercia; refregando sus manos a pesar del gran ardor en estas. No podía verse dependiente, ni de ella ni de nadie.
— ¿Qué hay de ti?
Al recordar las noticias de Itachi no pudo evitar cabecear hastiado, la idea de ver el cuerpo inerte de su hermano en un último adiós no hacía más que darle náuseas. Odiaba los funerales, pero si él no hacía algo, ¿Entonces quién? Debía brindarle un entierro digno, era lo último que podía darle.
— También tengo cosas que hacer, — Respondió, preparándose mentalmente para las próximas horas. Probablemente debería recoger el cuerpo de las pertenencias de los Akatsuki, lidiar con los hombres que le alejaron a golpes de su hermano una y otra vez le hacía querer gritar. Se supone que iba a vivir con él, siquiera tuvo el tiempo de mudarse.
— ¿Ah? ¿Acaso no recuerdas lo que te dije? — Para su sorpresa ella respondió de inmediato, una cálida sonrisa reemplazando su mirada de preocupación, rejuveneciendo el ambiente en su totalidad,— Estoy acá para ayudarte Sasuke, y no pienso dejarte solo por muy "molesta" que sea. Así que lo que sea que tengas que hacer, tendrás que hacerlo conmigo, — Agarró su mano impulsivamente, acariciando su fría extremidad con la suave superficie de su pulgar.
El Uchiha alzó una ceja mientras inspeccionaba el agarre cómplice, y Sakura pudo jurar que bajo toda esa aura de firmeza y virilidad, Sasuke sonreía tal como el niño de diez años que una vez en su infancia había conocido; Sin ningún ápice de malicia, venganza o depresión, sólo con el amor que un Uchiha podía brindar al mundo.
Reclinó su rostro contra el suyo, y en cómodo silencio pasaron los siguientes minutos observando las afueras de la ciudad, sus crecientes luces artificiales nacer ante el indetenible final de un día. La hora no importaba, ya tendría que inventar excusas, amarle resultó ser un trabajo de tiempo completo.
— Sakura. — Articuló con estima, sin separarse de su unión en ningún momento.
— Sasuke. — Respondió por cortesía, observando su aproblemado rostro por el reflejo de la ventana.
— Quédate. — Dijo esta vez mirándola a los ojos, su ceño arrugado implicando la seriedad de aquella petición; Sin embargo sus facciones se distendieron al momento en que la vio reír, y un mismo brillo esperanzador se apoderó de sus ojos.
— Siempre, Sasuke-kun. Siempre
Esa noche volvió a dormir a su lado, compartiendo cama, largas miradas e inexpertos roces; Y a pesar de que en ningún momento se propasaron más allá de amables caricias y suaves confesiones de amor, Sakura pudo jurar que por vez primera hacían el amor.
N/A : Vale si que me he pasado de cursilerías hoy, lo lamento, no podía evitarlo, soy tan culpable como cualquier fan del Sasusaku, queriendo ver al ship cariñoso una que otra vez. Ésta vez intenté centrarme un poco más en Sakura, narrando desde su perspectiva; Siempre pensé que ella quería sanar a Sasuke, que esa era parte de su atracción por él, y es que la pelirosa no por nada es ninja médico, me gusta pensar que su profesión tiene algo que ver con una necesidad de querer curar a quienes más ama, esa devoción es parte de su naturaleza.
Mencioné con anterioridad que éste fic no se trata de un multi-chap cualquiera, en realidad son fragmento de la relación de Sasuke y Sakura a través de los años, y de cómo han estado juntos en momentos difíciles y de adversidad. O bien las cinco noches que marcaron su relación como pareja. Así que es normal que el tropo se repita, ya en el próximo capítulo empieza un conflicto más serio y que tomará más de un capitulo en resolverse.
Me sorprendió un poco no recibir reviews por el capitulo anterior, quizá hasta me deprimió un poco, pero me he decidido a terminar este proyecto independiente lo que se venga (En parte lo escribo para mí, es una buena formula). De una forma u otra, el leer sus comentarios me anima de sobremanera, ¡Y eso me hace escribir mucho más rápido! Así que porfis, si pueden aportar anímicamente a esta humilde escritora, estaré eternamente agradecida.
Había pensado en participar en el "Amigo secreto" del foro de La Aldea Oculta entre las Hojas, ¿Debería intentarlo? No suelo participar mucho por esos lares, pero me gustaría escribir algo para alguien, se ve alentador, ¡Díganme que piensan!
Y cualquier duda, ¡Pueden hablarme por MP!
Se despide, Andy.
