Alguien dijo actualización? XD paso rápido a dejar el capitulo :3 porque mañana continúan mis exámenes :'(
Gracias por leer y comentar! :')
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Los cubiertos sonaban como repiqueteos cada vez que tocaban la cerámica de los platos. De nuevo ese mutismo autoimpuesto por ambos hermanos reinaba el comedor donde ambos tomaban la cena; Osomatsu e Ichimatsu ya se encontraban en sus habitaciones por lo cual no había motivo para seguir con aquello. Karamatsu dejo el tenedor sobre su plato para mirar a su hermano menor, no sabia como comenzar y tenia miedo de causarle un disgusto a la única persona por la cual daría todo y mas. Abrió la boca pero volvió a cerrarla al instante bajando de nuevo la mirada, Choromatsu ni se había percatado de todo lo que estaba pasando por la cabeza del mayor, su vista fija en el plato de comida que apenas y había probado.
–Hoy te vi en el jardín.– Karamatsu levanto la mirada para tratar de hacer de nuevo contacto visual con el menor, sin embargo Choromatsu seguía con la vista fija en su plato de comida.– Me alegra que te estés divirtiendo.
–¡No me estoy divirtiendo!– golpeo de improvisto la dura madera con la palma de sus manos sorprendiendo al de azul, la mueca molesta en el rostro de Choromatsu le advertía que debía irse con cuidado.
–No lo decía con mala intención.– Tanteo el terreno pero el menor seguía en una posición defensiva mirándolo como si hubiera dicho que su santa madre había sido una ramera cualquiera.
–No deberías tener ninguna intención.– volvió a recargar su espalda en el respaldo de la silla. Sabia que Karamatsu nunca lo diría con esa intención, era demasiado amable como para tener malas intenciones.– Ellos son el enemigo, están invadiendo nuestra nación y ahora invadieron nuestra casa, no quiero que ni se te ocurra pensar que encuentro divertida esta horripilante situación.
–Desolé.– Su hermano mayor volvió a bajar la vista dando por terminada la conversación y dejando el comedor de nuevo en aquel mutismo muerto.
Choromatsu apuro el contenido de su plato lo mas rápido que pudo, no podía seguir en esa habitación sabiendo que era el culpable de esa mueca desolada en el siempre amable rostro de su hermano. Subió las escaleras de dos en dos tratando de llegar cuanto antes a su habitación pero a mitad de camino del pasillo se topo justamente con quien no quería volver a toparse en lo que le restaba de día. Osomatsu lo salido con esa animada sonrisa de siempre mientras alzaba una mano, Choromatsu paso de largo a su lado sin voltear si quiera a mirarlo ¿Cómo podría? Había tenido una conversación de lo mas hipócrita con la única persona en el mundo a la que juro jamás decirle una mentira.
–Al parecer no son unas buenas noches.– Rio por su comentario pero Choromatsu siguió avanzando.– Espera, Choromatsu.
–No debería hablar contigo, es mas, no debería dirigirte la palabra siquiera.– Se quedo parado enfrente de la puerta de su habitación tomando con fuerza el picaporte pero sin moverlo.
–Solo quería devolverte esto.– Le extendió unas cuantas hojas. Choromatsu simplemente las tomo y entro a la habitación, demasiadas emociones para un solo día.
Una vez dentro dejo caer pesadamente su cuerpo sobre el colchón. La cabeza le daba vueltas y vueltas ¿Por qué le estaba pasando todo esto a él? ¿Qué había hecho en otra vida para que ahora sintiera esos molestos sentimientos? ¿Qué tan mal estaba su cabeza como para haberse enamorado del enemigo? Si Iyami estuviera aquí y viera su comportamiento seguramente lo echaría a patadas a la calle. Dejo caer sus manos al lado de su cuerpo y si querer toco las hojas que Osomatsu le había dado, ahora que lo pensaba mejor no recordaba haber olvidado hojas en el jardín. Con cuidado las tomo entre sus manos y de entre ellas un pequeño papelito salió cayendo en su pecho.
Choromatsu lo miro intrigado solo para descubrir que se trataba de una pequeña pieza de una composición de piano, reconocería esos acordes en donde fuera, pero eso solo podía significar una cosa. El de verde tardo en conciliar el sueño aquella noche. Por la mañana Karamatsu ya lo estaba esperando para el desayuno. Ambos hermanos comieron en silencio viendo como Osomatsu e Ichimatsu abandonaban la casa, pero antes de irse el de rojo hizo contacto visual con Choromatsu sonriéndole mientras le mostraba la pequeña llavecita de su piano, la dejo en uno de los bolsillos del saco de su uniforme apropósito para después colocar el pesado saco en el perchero de la entrada. Cuando ambos hermanos terminaron de desayunar y Choromatsu se aseguro que Karamatsu se hubiera ido al mercado aquel día corrió hacia el perchero de la casa a sacar la llave de su preciado instrumento.
Corrió subiendo las escaleras de dos en dos y casi contiene el aliento al llegar a su habitación y abrir las teclas del piano. Tomo el pequeño papelito entre sus manos memorizando cada una de las notas, con cuidado comenzó a acariciar las teclas con sus largos dedos simplemente sintiendo de nuevo la suave textura de estas. Una a una fue tocando las notas de aquella pequeña y peculiar melodía, sonaba tan bien en sus dedos, podía sentir como todas las emociones que esa pequeña pieza transmitía le recorrían todos los poros del cuerpo y, por primera vez desde que todo aquel calvario comenzó, se permitió sonreír abiertamente por un momento. Afuera, mas concretamente debajo de la ventana que daba al cuarto de Choromatsu, Osomatsu se encontraba recargado en la pared fumando uno de sus cigarros, su obra maestra siendo tocada por otra obra de arte igual de exquisita, porque eso era el joven de ojos esmeraldas, una bella obra de arte que el joven soldado se moría por admirar por el resto de su vida.
La tarde volvió a caer con rapidez, Choromatsu se había pasado casi todo el día sentado en el piano repitiendo una y otra vez aquella bella melodía para poder tenerla guardada en lo mas profundo de su mente. Unos pequeños golpes en la puerta le avisaron que ya era momento de salir de su burbuja de ensueño; Karamatsu tenia una expresión de los mas pálida y algo asustada, Choromatsu sabia que si algo lograba poner de ese modo al mayor era porque uno de sus amigos o familiares se encontraba en peligro. Ambos bajaron las escaleras rápidamente encontrándose al señor Matsuno sentado en la mesa del comedor, el hombre tenia un semblante tenso y los miraba a ambos con ansiedad, como si estuviera reteniendo algo en el pecho que no lo dejaba respirar.
–¿Ocurrió algo?– Choromatsu fue el primero en hablar simplemente para romper un poco la tensión que se había formado en el ambiente. Karamatsu se mantenía callado pero el de verde sabia que el mayor ya conocía el porque de aquella visita inesperada.
–Vengo a pedirte un favor, Choromatsu.– El hombre mayor lo miraba seriamente pero con algo de miedo brillándole en los ojos.– Quiero que el soldado que esta en mi casa se vaya.
–¿Cómo…?– Karamatsu quiso intentar meterse en la conversación pero fue interrumpido abruptamente por el mayor.
–He escuchado los rumores.– Carraspeo un poco.– Sobre ambos, miren no estoy aquí para juzgarlos, simplemente quiero que ese bastardo se aleje de mi hija.
–¿Qué rumores? ¿De que esta hablando?– Choromatsu parecía el mas sorprendido de los tres ¿Sera posible…?– Nosotros no… de todas formas nosotros no podemos ayudarlo con eso…
–¿Por qué no le piden ayuda a sus "amigos"– Lanzo las comillas al aire, Choromatsu torció la mueca dispuesto a replicar, ellos no eran sus amigos, ni nada parecido, pero Karamatsu le tenia aprecio a esa familia al igual que él por lo que no le quedo de otra al de verde que llamar a Osomatsu y a Ichimatsu.
–Buenas noches, señor.– Saludo el de rojo con ese tono serio y respetuoso que usaba con los demás en cuanto apareció, junto al de morado, en el comedor.– Eh oído que al parecer tiene una queja de uno de nuestros soldados. Si ese es el caso le doy mis mas sinceras disculpas
–¿Entonces hará algo?– el comedor quedo en silencio, dos pares de ojos, rojos y morados, miraban fijamente al pobre hombre mayor.
–Lo siento, no tengo ninguna influencia sobre Atsushi.– Osomatsu era el único que hablaba, al parecer al de morado tratar con ese tipo de situaciones le aburría de sobremanera.– Ambos tenemos el mismo rango
–¡Claro! Olvide que para ustedes nosotros somos inferiores.– Ambos hermanos se tensaron al ver la reacción del señor Matsuno, no querían ni imaginar lo que era capaz de hacer frente a los soldados. Si tenían suerte Osomatsu e Ichimatsu no reportarían aquello con sus superiores.
–Yo nunca dije eso.– Osomatsu parecía calmado, no daba señal alguna de estar molesto o algo por los comentarios del hombre mayor y de cierta forma eso aliviaba a Choromatsu.
–Perdimos la guerra, es verdad.– Matsuno bajo la mirada pero después volvió a subirla encarando a ambos soldados.– Pero no por ello debemos perder a nuestras esposas e hijas.
–Debieron pensar en eso primero.– Fue la escueta respuesta de Ichimatsu.
–Por favor…– Fue el pequeño susurro que escapo de los labios de Karamatsu, sus ojos se encontraban cerrados y los puños apretados contra las palmas. Ichimatsu lo miro largamente, al parecer el de azul tenia cierto aprecio por aquel hombre… sabia que se iba a arrepentir de aquello.
–Lo intentare.– Osomatsu miro al de morado sorprendido de aquella respuesta, algo se traía entre manos, o tal vez… Osomatsu sonrió al descubrir la causa de tan dócil comportamiento. Ichimatsu prosiguió.– Pero le advierto que podría empeorarlo.
–Solo quiero que deje a mi hija en paz. No pienso repetirlo.– El señor Matsuno abandono la habitación mientras Karamatsu lo acompañaba a la puerta. Ichimatsu suspiro pesadamente yéndose a su habitación nuevamente dejando a Osomatsu y a Choromatsu solos en el comedor. El menor se mordía con algo de fuerza el labio inferior, se volteo rápidamente hacia la puerta y estaba a nada de irse también cuando una mano, mas grande que la suya, lo detuvo firmemente por la muñeca. Osomatsu le sonreía con calma, como si lo que acababa de pasar ahora no fuera una cosa seria, no tenia idea de lo que el señor Matsuno había hecho pero lo conocía lo suficiente como para saber que, seguramente, ya hubiera pensado en dispararle al soldado alemán que vivía en su casa.
–Mi regimiento podría irse pronto.– Lo soltó solo cuando estuvo seguro que el menor no iba a escaparse. Choromatsu esquivo su rojiza mirada fingiendo levantar los platos que habían quedado en la mesa del comedor, no lo miro, no le hablo, simplemente escuchaba lo que el mayor le decía.– No podría irme con el latente pensamiento de que me detestas.
–Eres un enemigo.– Choromatsu susurro apenas, su corazón latiéndole a mil en el pecho y en su cabeza reproduciéndose una y otra vez la melodía que Osomatsu le había obsequiado.–… Pero no te detesto.
–¿Por qué no me invitas un té?– Ofreció el mayor, Choromatsu negó con la cabeza.
–No hay.– termino de guardar las cosas en las repisas correspondientes.– Sus hombres se llevaron todo.
–¿Qué tal entonces un poco de vino?– Choromatsu no contesto y simplemente volvió a ir al enorme comedor.– Hablare con mis superiores sobre esto… lo único que te pido es que dejemos de tratarnos como si en cualquier momento nos fuéramos a atacar el uno al otro… ¿A que le tienes miedo?
–La simple pregunta es ridícula.– Los ojos verdes lo atravesaron intensamente.– Eres un invasor, tu regimiento se apodero de nuestro pueblo, impusieron sus reglas y además… además recién me vengo enterando que los vecinos ya comienzan a susurrar, si esto llega a oídos de nuestro padrastro nos echaría a la calle sin reparo alguno.
–Pero su padrastro no esta aquí en estos momentos y sabes que todo lo que los demás dicen son chismes infundados.– Choromatsu negaba fervientemente pero Osomatsu no iba a rendirse así de fácil, no cuando ya había avanzado tanto.– Solo será una copa, te lo prometo.
Choromatsu comenzó a sacar las copas y el vino que Iyami siempre guardaba en uno de los compartimientos especiales en la cocina, Osomatsu se sentó a su lado en el gran comedor mientras el menor servía el liquido rojizo en las copas de cristal, ambos en un silencio algo incomodo. Osomatsu no perdía de vista uno solo de sus movimientos, era encantador verlo ahí todo nervioso por su simple presencia, si tan solo Choromatsu supiera lo que sus palabras causaban en el soldado…
–¿Cómo te convertiste en soldado?– Choromatsu no sabia realmente que decir, simplemente soltó lo primero que se le vino a la cabeza, lo que fuera con tal de no seguir en aquel silencio.
–Mi familia a estado en el ejercito por generaciones.– Se encogió de hombros mientras daba el primero sorbo a su copa.– Supongo que es lo que todos esperaban de mi.
–Al menos tu pudiste hacer algo por tu nación.– Choromatsu susurro mas para si.– Supongo que cualquier cosa es mejor que estar encerrado en una jaula de oro sintiéndote un completo inútil.
–Yo no lo veo así.– Osomatsu saco de su saco su encendedor y una cajetilla de cigarro para prender uno.– Mi padre murió en Polonia, uno de mis hermanos, el menor, murió en Normandía. Dos de mis primos fueron enviados a África y nunca volví a saber de ellos… las guerras solo son rituales de sacrificios que no deberían ni de existir… nadie debiera ser asesinado así.
–Yo…– Pero no pudo decir nada mas al ver la sombra de tristeza que paso fugazmente por los ojos escarlatas del soldado. – Lo siento…
–No te disculpes por algo que no has hecho.– Sonrió de nuevo, Choromatsu se sorprendía de lo rápido que la sonrisa le regresaba al rostro pero debía admitir que así se veía mejor… le gustaba esa sonrisa despreocupada.
Osomatsu apuro el contenido de su copa y se levanto de la mesa repentinamente hacia el pequeño tocadiscos que Iyami tenia como decoración, por suerte ya tenia un disco puesto y listo para ser reproducido. La suave música de vals, de Alemania o Austria tal vez, inundo el comedor haciendo que Choromatsu cerrara los ojos por un momento, una hermosa pieza que hace mucho tiempo que no escuchaba. Osomatsu se acerco a él mientras le tendía la mano mirándolo con aquellos ojos que hacían al menor contener el aliento.
–Esta noche vamos a olvidarnos de todo eso. Olvídate de que soy el enemigo, de que nuestras naciones están en guerra, olvídate del que dirán y de lo que puedan decir… simplemente olvídate de todo y concédeme esta pieza.– Y como si fuera atraído hacia un enorme imán ambas manos se encontraron mientras el mayor guiaba a Choromatsu hacia el salón principal sujetándolo fuertemente de la cintura y haciendo que el menor colocara ambos brazos en sus hombros.
Choromatsu ya ni siquiera escuchaba la música, su cuerpo se sentía como una pluma y solamente se dejaba guiar como un muñeco por el mayor. Su corazón latía tan fuerte que sentía que en cualquier momento se le saldría del pecho, su rostro estaba tan cerca del de Osomatsu que un simple movimiento podría hacer que ambos labios se rozaran. Osomatsu no perdía de vista ninguna de las nerviosas reacciones del menor, tenia tantas ganas de juntar sus labios con los de Choromatsu pero también temía de la reacción del de verde, todo lo que había avanzado hasta ahora podría perderse por un simple movimiento en falso. Ambos cuerpos danzaban suavemente por el salón dejándose llevar por la música hasta que escucharon como la puerta se abrió. Osomatsu apago la música rápidamente y jalo al menor saliendo por la pequeña puerta de la cocina hacia el jardín.
–Al parecer solo era tu hermano.– Menciono el de rojo al echar rápidamente un vistazo por la ventana que conectaba con el comedor.– Para la próxima traeré a Ichimatsu también aunque lo lamentaría mucho por los pies de tu hermano, Ichimatsu es un asco bailando.
Choromatsu no pudo reprimir mas la pequeña carcajada que abandono sus labios, la adrenalina recorriéndole las venas mientras Osomatsu seguía haciendo bromas sobre lo malo que era su amigo con los pies.
–Gracias, Choromatsu.– Los ojos verdes del menor lo miraron sin comprender a que venia aquello.– Es la primera vez que entablo una platica así con alguien, a parte del amargado de Ichimatsu. Me agrada estar contigo… de verdad que me gusta estar contigo… Bueno, creo que es mejor ir a descansar.
El mayor entro de nuevo por la puerta de la cocina dejando a un sorprendido y sonrojado Choromatsu, era la primera vez que alguien le agradecía por el solo hecho de estar en su compañía, muchas personas, sobre todo Iyami, decían tenia un carácter insufrible y un ego demasiado grande, pero incluso la manera en la que se comportaba con Osomatsu era diferente y no quería admitir el porque. Aquella noche antes de dormir espió por la puerta entreabierta de su antigua habitación como el soldado tocaba el piano, las teclas bailaban entre los dedos del mayor y la suave música inundaba el ambiente, todo ante la atenta mirada de Choromatsu. Aquella noche tampoco pudo conciliar el sueño si no hasta muy entrada la madrugada.
