Fata Morgana


(En un desenlace, cuando siente más de lo que quiere sentir)

Es horrible, el sentimiento.

Erik no está acostumbrado a preocuparse por alguien, a que le importen otras personas. Su mecanismo de defensa por todos estos años ha sido vivir austeramente, sobreviviendo de modo pragmático, no creando lazos personales con nadie.

No dejando que otra persona se mete en su vida.

Hasta Charles Xavier.

Le horroriza lo que siente por el hombre, las emociones tan confusas que le trae pasar tiempo con él. Es una distracción, una terrible distracción para el que ha sido su cometido, el propósito de su vida desde que juró vengar el cuerpo de su madre.

Pero cuando Charles le dice, con esa sonrisa calma y postura amistosa, que jueguen ajedrez, Erik es incapaz de negarse. Todas las excusas que puede decir (dormiré temprano, aún nos queda tanto por planear) se le escapan, y ni siquiera piensa en refutar simplemente.

Y a pesar de sus muchas diferencias de opinión en tantos temas, Erik disfruta pasar sus días con la compañía de Charles. Escucharlo hablar con entusiasmo, plasmar con inteligencia todas esas ideas sobre coexistencia y paz. Desde su confesión de amor, que Erik no puede negar cuanto le agrada estar junto a él.

Es horrible, el momento en el que la realización lo golpea. La epifanía de darse cuenta de que no solo está usándolo como medio para llegar a Shaw, si no que le simpatiza, que le alegra la triste vida que ha llevado hasta el momento.

No sabe cómo fue que perdió tanto el control de todo esto. Por supuesto que tenía cierta certeza que alguien como Charles podría interesarle, lo supuso desde el momento en el que escuchó su voz mental en aquel océano. Pero nunca pensó que podría dejar que atravesara las barreras que construyó durante años de dolor y furia.

Se da cuenta cuándo es él quien busca las partidas de ajedrez cada tarde. Cuando se distrae unos momentos viéndolo entrenar a los chicos. Cuando su tiempo es más balanceado hacia estar con Charles que planear la muerte de Shaw.

Odia pensar que se ha vuelto débil, que de una u otra forma, la compañía de Charles lo ha cegado a lo que de verdad importa. Teme haberse vuelto tan patético, que un simple gesto humano puede hacerlo caer de este modo.

Pero tan solo tiene que pensar en Charles, en la forma que sus ojos brillan con alguna sabiduría más vieja que sus años, para saber que está jodido. Que la única forma de arrancar, es seguir su curso solitario cuando logre su cometido y Shaw no sea más que un cuerpo en el suelo.

Charles no podrá mirar lejos de eso, no podrá ignorar más lo que hace a Erik el hombre que es. No podrá mirarlo a los ojos luego de verlo matar a alguien, aún a un ser tan despreciable como Shaw. Charles podrá creer que sabe todo sobre él, que hay alguna forma en la que puede redimirse y quedarse junto a él, pero cuando lo vea con los ojos abiertos, matando con sus propias manos al hombre que le robó su vida, Charles tendrá que asumir la verdad.

Y no lo perdonará. No lo volverá a ver de la misma forma en que lo ve ahora. Se dará cuenta que en su vida no hay lugar para un hombre como Erik.

Y Erik seguirá su camino como siempre lo ha conocido. Solo.


Es después de ver a Kennedy en televisión, solo en su habitación que se permite pensar en los eventos de la tarde. En cuando por fin el satélite se movió a su manejo, cuando lo que nunca había podido hacer antes le resultó al encontrar aquel punto entre la rabia y la serenidad, como lo mencionó Charles.

Charles.

Charles en su mente. Charles en sus recuerdos, rescatando la memoria de su madre hundida bajo años de sufrimiento. Charles llorando junto a él, mirándolo con aquellos ojos llenos de fe y esperanza.

¿Qué esperas de mí? Quiere gritarle ¿es que no ves que soy el monstruo de Frankenstein? Quiere sacudirlo hasta que entre en razón. Que abra los ojos y despierte a la realidad frente a él, al verdadero Erik y no aquel que cree conocer. Está enceguecido, piensa con amargura, enceguecido por su maldita arrogancia y no logra ver lo que soy en realidad.

Pero lo recuerda, sonriéndole al verlo mover el satélite. Y se recuerda a sí mismo, sintiendo una paz como nunca en su vida. Una serenidad inaudita, y una alegría tan grande. Riendo y llorando, con una libertad desconocida, con la risa de Charles como música de fondo.

No, no, no, no ¿En qué momento perdió de vista su cometido?

El potencial que Charles ha desatado dentro de él es increíble, pero todas las emociones que eso ha conllevado, todos los sentimientos es demasiado.

Sabía desde un principio, cuando aceptó dormir con Charles, que aquello terminaría arruinándolo todo. Y ahora, ahora que no puede cerrar los ojos sin imaginárselo, ahora que incluso una parte de sí lo traiciona soñando con aquel futuro de paz, sabe mejor que nunca que debe separarse en cuento pueda de él.

Charles es un peligro y si no se aleja, terminará por arruinándolos a ambos. Y no sabe quién será más culpable, si Charles o él mismo.


En unas pocas horas comenzará la misión, se encontrarán con Shaw y sus súbditos y trataran de evitar que se dé inicio a la Tercera Guerra Mundial.

Raven dejó su habitación hace unos minutos.

Erik sabe que cuando llegue el momento de la separación, ella no se quedará con su hermano. Charles no ha sabido tratar con ella, comprenderla a ella y a sus miedos. Charles no la entiende, la toma por concedido, no dándose si quiera cuenta de la condescendencia de sus respuestas.

Y Erik sí la entiende. Y Raven cree más en su ideal que en el de su hermano, en que los humanos no reaccionaran con la simpatía que cree Charles. En que ellos no tienen por qué ocultarse y vivir en las sombras.

Erik siente algo parecido a la culpabilidad asaltarlo, al pensar en que provocará la separación entre Charles y su amada hermana.

Pero pronto habrá una guerra y Raven será Mystique, no la hermana de Charles Xavier.

Los leves golpes en la puerta lo sacan de sus pensamientos, levantándose de la cama y dirigiéndose hacia la puerta para abrirla.

Charles se encuentra del otro lado, aún vestido y con una botella y dos copas en sus manos–. Pensé que podríamos tomarnos unos tragos –le dice a modo de respuesta.

–Por si es la última vez que podemos, quieres decir.

–No seas tan pesimista, Erik –contesta Charles, entrando y dejando las cosas en el escritorio, acercándose hasta él, posando una de sus manos en su cuello y la otra en su hombro, no dejándole más alternativa que atraerlo hacia sí.

En poco tiempo sus bocas se encuentran, sus manos acercándose con experiencia y conocimiento. Los bajos gemidos de Charles hacen que Erik sienta algo despertar en él, haciendo que quiera escucharlo toda su vida.

Es pronto que se encuentran yaciendo en la cama, la dicha post orgásmica sobre ambos. Charles tiene una de esas sonrisas satisfechas de las que tanto se queja Raven y Erik no puede evitar sonreír devuelta, delineando con uno de sus delgados dedos el contorno de las costillas de Charles.

La tranquilidad parece sumergirlo, bañarlo en esa terrible paz que ha conocido junto con Charles, que por tantos años le ha parecido lejana e imposible. ¿Podría ser tan simple? Piensa con duda, ¿podría ser tan simple dejarme sentirla?

Charles parece adivinar su humor melancólico, porque gira su rostro para posar su vista sobre él– ¿Ocurre algo? –le pregunta, preocupación evidente en sus facciones.

–Nada –responde, dándole una pequeña sonrisa, parándose de la cama para ir a buscar las copas y la Champagne, trayéndolas a la cama.

Es ya pasados unos minutos, ambos copas en mano, cuando Charles vuelve hablar.

–Sé lo que pretendes hacer mañana –dice, girándose para mirarlo.

–Matar a Shaw. Creí que ya lo sabías luego de la conversación que tuvimos hace poco –responde mirando al techo.

–Bueno sí, pero no solo eso –Charles se sienta, hasta dejar ambas de sus copas en el tocador a su izquierda–, hablo de que quieres irte.

–Creí que no leías mi mente.

–No necesito leerla para saberlo. Cuando estás junto a mí –le dice, tomando sus manos–, es como si te estuvieras despidiendo.

Erik quita su mano, cerrando sus ojos–. Entonces no hagas esto más difícil de lo necesario.

–Erik –dice Charles, su voz suave, sin mirarlo–, si te he puesto incómodo –deja la mano de Erik, para poner las suyas en su regazo–, quiero decir, ¿es por lo que te dije?

–No es eso –le contesta con frialdad. No sabe que decir, Charles siempre tiene una facilidad para confundirlo, para distraerlo–. Somos muy diferentes, nuestra visión del futuro no se parece, Charles.

–Lo sé, pero podríamos intentarlo. Juntos, si estamos dispuestos, podríamos llegar a un punto en común. No necesitas marcharte.

– ¿Y luego qué? –responde con cinismo, poniendo uno de sus brazos sobre la cabeza. Charles lo mira por sobre el flequillo de su cabello–, podrían pasar años y tal vez nunca encontremos ese punto en común. Terminaremos resintiéndonos.

Charles da un suspiro, sus manos se mueven nerviosas–, creo que en realidad quieres arrancar.

– ¿Qué?

–Creo que quieres arrancar –la voz de Charles agarra firmeza con cada palabra–, creo que tienes miedo de que tal vez puedes ser feliz.

–No sabes de lo que hablas –se levanta de la cama viendo a Charles acercarse, moviéndose el pelo con las manos–, ¿y qué te hace creer que puedo ser feliz aquí?

Charles parece oír el silencioso y contigo porque retrocede con ojos heridos. Erik se maldice por un momento, pero aquel motor que lo ha movido por años y que le dice aléjate es tan fuerte que Erik no puede evitar oírlo.

–Queremos la misma cosa –contesta Charles–, y sé que lo sabes. Si me dejas, yo podría –comienza a decir, pero calla, alejando su mirada.

La atmósfera de la habitación se ha puesto incómoda. Erik mira por un corto momento a las copas en el tocador, preguntándose cómo fue que hace tan solo unos instantes estaban riendo.

–Olvídalo –habla, tratando de recuperar algo que no sabe bien qué es.

–Mañana todo cambiará, mi amigo –le responde Charles –para bien o para mal todo cambiará –cierra los ojos, abriéndolos y clavándolos en él–. ¿Confías en mí?

Erik tensa su cuerpo, mirando con intensidad a Charles. Por un segundo siente que de la respuesta que dé dependerá todo, que de la respuesta que dé se está jugando su amistad con Charles.

Charles sigue mirándolo, sus ojos azules brillando con seriedad.

Erik no contesta.

Charles le da un leve cabeceo, una sonrisa agridulce en su rostro–. Tienes razón –le dice–, olvidémoslo.

Y Erik no sabe porque siente como si le ha fallado.


Están preparando el jet que Hank diseñó, Moira revisando las conexiones y los chicos subiendo las cosas.

Erik mira a Charles darle instrucciones a Raven, decirle que se suba más el cierre del traje y viéndolo poner los ojos en blanco cuando la muchacha lo baja aún más para frustrarlo.

Se acerca hasta ellos, preguntándoles si está todo viendo, sonriéndole a Raven cuando está lo mira con aprobación. Charles le da un leve golpee en el brazo a modo de saludo, para luego ir a donde Moira y ayudarla.

–Todo cambiará –murmura Raven con seriedad, mirando hacia donde su hermano.

–Sí –es lo único que dice.

–Es lo necesario –agrega Raven, dándole una mirada intensa y marchándose hasta donde Hank y los otros.

Desde el otro lado, Charles le sonríe.

–Es necesario –le responde al silencio.

Siempre ha sabido cuál es su destino. Y ya es demasiado tarde como para arrepentirse.

Es lo necesario, se repite a sí mismo, sintiendo algo dentro de él romperse.


Notas: Ay, estos muchachos no saben como comunicarse ;_;