Capítulo 3:
BPOV
Era un maldito, de lo peor.
Nos había traido a los 50 chicos y a mí junto al pantano, lleno de sapos, culebras y alimañas.
Eramos exactamente 51 "hombres", quienes cada uno tuvo que levantar su propia tienda. Yo tomé lugar junto a un árbol, era lo más seguro y alejado del pantano. El resto tendió sus campamentos en semi círculos, y recién caí en cuenta de que, la gran mayoría debía conocerse.
Eran eso de las… Carajo, quizá las 11 de la mañana, no sé, olvidé traer reloj.
Dejé mis cosas dentro de la tienda y me acerqué al Oficial que estaba sentado sobre una piedra, ya sin su correa para sostener su fusil. Estaba con las piernas abiertas, apoyando sus codos en ellas. Reía con sorna y un carajo que se veía tan…. Cabrón.
-¿Todos listos, cabrones? –los restantes se acercaron rápidamente. Yo ya estaba a un costado del frente que se había formado junto al Pantano. –Ahora, los quiero a todos en ese maldito pantano, ¡ahora!, ¡vayan a cazar algo que comer!
Me quedé estática. ¿No era que nos habían pedido conservas? ¿ibamos a comer alimañas? No sé cual fue mi rostro, pero de pronto, vi al Oficial acercarse a mi, y sonreírme con malicia.
-¿Has oído, Swan? Dije ¡Al pantano! –sentí mis pies volar y de pronto, todo mi cuerpo lo hacía.
Aterricé de lleno en el asqueroso pantano y en sus turbias aguas. Cuando abrí mis ojos bajo el agua, vi una asquerosa rana mirándome, Dios, tomé impulso y salí de inmediato.
Todos me miraban horrorizados, menos el cabrón, por supuesto, quien se reía animosamente.
-¿No te ha gustado desafiarme, Swan? Vamos, se un hombre y tráeme alguna alimaña que te puedas comer.
Lo miré estupefacta. ¿Esto era en serio? Maldito imbécil… ¿Quería que fuera un hombre? Sería incluso más hombre que él mismo.
-Como diga, Oficial. –respondí, llené mis pulmones de aire y me sumergí.
Abrí mis ojos y me di cuenta que no era tan profundo como pensaba. Nadé hasta el fondo, y ese fue el momento en que todos los planetas y las estrellas del universo se alinearon, y apareció un bendito pez, el cual atrapé milagrosamente de la cola con mucha fuerza.
Volví a impulsarme hacía arriba, y busqué el borde del asqueroso pantano.
Salí e inmediatamente llené mis pulmones con oxígeno. El Oficial Cabrón se agacho justo donde yo estaba y sonrió con sorna.
-¿Y, Swan?
-Aquí está la comida, Oficial –y por poco el pez le dio en el rostro. Él me miró sorprendido y con furia en los ojos.
Se levantó molesto y comenzó a arrojar a varios muchachos al pantano. Solo esperaba que tuvieran la misma suerte que yo.
Salí del agua y esperé a que el pez dejara de moverse mientras me sentaba junto a él. Sí, era cruel, pero era mejor que quemarlo vivo.
Sentí esas fuertes pisadas a mi espalda y volteé a penas la cabeza para divisarlo, ahí estaba ese maldito …
-¿Así que te crees mejor, eh? –
-No, Oficial, he tenido suerte –respondi sinceramente, siempre manteniendo mi voz ronca.
-Excelente entonces, porque por ser el primero en encontrar la comida, irás por leños para la fogata de la noche.-yo lo miré horrorizada.- Tienes 1 hora, Swan.
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Hace más o menos tres cuartos de hora que estaba recogiendo ramas gruesas de arboles ya que no tenía ningún artefacto que me ayudara a cortar leña.
La fui amontonando de árbol en árbol hasta conseguir llegar mas o menos cerca del campamento, donde todos estaban comiendo sus alimañanas: serpientes empaladas, grillos, ratas, ¿arañas? Oh, que asco.
Me acerqué con los brazos llenos de ramas y él me miró. Cerré mis ojos y esperé una de sus malditas pruebas.
-Biers y Newton, ayúdenle. –suspiré aliviada.
Los castaños casi corrieron a ayudarme. Con la mano le indiqué donde estaban el resto de los leños y fueron por ellos.
Dejé las ramas a un costado de la gran campaña del cabrón y mis compañeros hicieron lo mismo.
Mis brazos dolían e intenté sobarlos, pero el sonido de un fuerte silbido nos interrumpió.
-Todos alrededor de la hoguera.
Eramos muchos, asi que inconcientemente optamos por hacer un circulo pequeño pero de doble fila alrededor de la pequeña hoguera que el Oficial había hecho.
-Cada uno atrapó algún bicho, por lo cual, ahora deberán empalarlo, cocerlo y comerlo. Incluyendo las arañas, grillos y ratas.
Todos se miraron asqueados y agradecí a Dios y a su infinita gloria por ayudarme a cazar un pez… El cual por cierto, ¿Dónde estaba?
-Swan, tu pez está donde lo dejaste, junto al pantano. –me susurró un chico. Connor, como decía su placa cosida a su traje.
-Gracias –susurré bajito.
Todos comenzaron a empalar sus alimañas. Noté como un chico lloraba cuando empalaba la tarántula peluda que había cazado.
Yo simplemente tomé el pez y lo atravesé con el palo. Simple y fácil. Ahora agradecía haber tenido que prácticamente criar a Seth, pues me había vuelto fuerte, sin escrúpulos ni miedos.
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-¿No quieres comer, Green? –amenazó a mi compañero que reconocí como el que lloraba cuando empaló la araña.
-S-señor yo…
-Oficial, estúpido engendro. Eso soy, un maldito Oficial que te ordena que te comas esa maldita tarántula.
-N-No pue- do… -susurró y de pronto el cabrón le arrebató el paló.
-¡Mírame! –el chico obedeció de inmediato.- ¿No puedes hacer esto? –de pronto abrió su boca y arrancó una de las peludas patas de la asquerosa araña. Masticó con furia y finalmente se la tragó.
Green vomitó casi en sus zapatos. Así como escuché muchas arcadas por lo demás. Sentí mi estomago contraerse, pero respiré y me tranquilicé. Maldito animal…
-¿Eso, no puedes hacer, Green? –le arrojó el palo y el chico casi no la agarra- Tienes jodidos 19 años y¿ no superas la fobias, maldito maricón? ¡Te comerás esa estúpida araña aunque yo muera! –Green estaba a punto de llorar, y cuando el cabrón se dio cuenta de esto, volteó y nos miró a todos.- ¿Quién es suficientemente hombre para comerse esto? –gritó furioso.
Apreté los dientes, furiosa. Odiaba a este hombre, de verdad que lo odiaba. Tomé una gran bocanada de aire y di un paso al frente.
EPOV
Este maldito marica había hecho que casi saliera de mis casillas. Les grité a todos, preguntando quien se atrevía a hacerlo. Vamos, era una simple tarántula. He comido cosas peores.
Cuando supe que ningún imbécil lo haría, sonreí. Iba a gritarles un sermón que nadie jamás olvidaría, cuando una pequeña voz me descolocó.
-Yo, Oficial.
Estaba un paso al frente, ese… afeminado de Swan. Estaba mirándome con esos grandes ojos chocolates super expresivos. ¿Qué carajo, Edward? ¿Desde cuando encuentras los ojos de un afeminado, expresivos? Era cosa de mirarlo… Sus pelo bien cuidado, sus piel casi perfecta, sus grandes ojos, su nariz pequeña, su voz que incluso creo que es forzada... carajo… Cómo odiaba a los malditos homosexuales.
-¿Tú, Swan? –me reí a carcajadas.
-Sí, Oficial, yo. –respondió y me callé de inmediato. Me estaba desafiando de nuevo.
Le tendí la vara con la araña asada y el la miró con asco.
-Vamos, ¿no eres lo suficientemente hombre? –soneí de nuevo, esta vez de forma burlona. Él me miró furioso, arrebató de mis manos el bichejo y al igual que yo, arrancó otra de sus patas, masticándola con una sonrisa casi cínica.
Un calor invadió mi estómago y sentí ganas de golpearle y quebrarle esa pequeña nariz que tenía.
No me contuve. Antes de que él se diera cuenta, lo había arrojado al suelo de un solo golpe directo en su mejilla.
Sentí que salía volando. Era delgadísimo. Podría jurar que la araña que ahora caía al piso, era más pesada que él mismo. Y de un momento a otro, sentí la culpa recorrerme de arriba abajo. Lo había golpeado, a un chico que era tan delicado como una chica.
Sin decir nada, ví como desde el suelo, dirigió una de sus manos a su labio que sangraba. Miró la sangre y luego me miró con odio, con rabia. Sin decir nada, me vi la vuelta y me metí a mi tienda.
BPOV
¡Me golpeó! ¡El muy hijo de puta me golpeó! ¡A mí!
Mi labio sangraba y ese imbécil se había ido a su maldita tienda de campaña a esconderse como la maldita escoria que era…
Por un momento sus ojos demostraron culpa, pero… ¿Qué culpa sentiría ese imbécil hecho para matar? Era un insensible, un idiota, una bestia, un … Ogh.
Dos de mis compañeros me levantaron y se los agradecí asintiéndoles.
Me marché de ahí y me fui tras un árbol para escupir la maldita pata de araña. ¿Qué? Creyeron que me la comería? No, jamás.
Tomé una piedra fría y me la puse sobre el labio. Ahora agradecía que Renée me enviara a Scout, pues conocía varíos trucos aquí en el bosque.
-Hey, Swan.
Un chico, Green, venía solo y avergonzado.
-¿qué tal? –respondí y me quejé al sentir un fuerte pinchazo en mi boca.
-Pues… Venía a agradecerte lo de recién. Si no lo hubieses hecho… Probablemente el oficial me hubiese obligado a comerla. –sonreí asqueada.
-Sí, no te preocupes, de nada.
-Eres un buen tipo, y nunca te había visto por aquí, ¿eres nuevo en Forks verdad? Por cierto, soy Tom. –lo miré un poco confundida, vaya que hablaba.
-Soy…. Seth. Sí, Seth. Y sí, llegué hace 3 días a Forks.
-¿Huías de los azules?
-Sí, con mi madre y mi herman… hermana.
-¿Tienes una hermana? –preguntó curioso y quise patearme.
-Sí, su nombre es Isabella. –respondí más para mí que para él. Él asintió.
-Yo también tengo una hermana. Ella tiene 8 años, y cuando supo que vendría a la guerra, ella dijo que era su héroe, y que venciera a los malos… pero no entiendo nada, ¿somos nosotros los malos, o ellos? –se sentó a mi lado y apoyó sus codos en sus rodillas.
-Ellos quieren matarnos, ¿lo olvidas? Ellos son los malos, no nosotros.
Se produjo un silencio entre nosotros. Mientras yo ponía una que otra piedra fría sobre mi labio para deshincharlo.
-¿Seamos amigos, vale? Te debo una, y estás muy solo. Aquí debemos apoyarnos entre todos para poder sobrevivir. –fue ahí cuando pude apreciar sus ojos grises y sus bien formados labios. El chico no era feo, pero tampoco era la octava maravilla del mundo así como el cabr…. Hey, Bella, cállate. Sacudí la cabeza y el me miró extrañado.
-De acuerdo, Tom, seremos amigos, ahora por favor, quiero estar solo, ¿sí?
Asintió con la cabeza mientras se marchaba en silencio.
Ahora necesitaba poner en orden mis pensamientos. Primero, odio a Masen. Sí, ese era mi primer pensamiento coherente.
Segundo, debía dejar de desafiarlo. Ese cabrón leía a través de mis ojos y sabía lo que estaba haciendo, lo cual me encabronaba aún más.
Y tercero, por ningún motivo del mundo, debían descubrirme.
EPOV
Eran las jodidas 2 de la tarde y aún no salía de la maldita tienda.
¿Qué te pasa, Edward? ¿Desde cuando te sientes mal por golpear a un maricón?
No sé, algo ocurría con ese chico que me desconcertaba. ¿No te estarás volviendo gay, querido amigo? No, puaj, que asco.
Respiré profundo, y decidí que ya era hora de salir. Los mocosos ya debieron haber comido, y estarían a estas horas durmiendo o que se yo.
No era tiempo de ponerse sentimentalistas, estábamos en guerra, y mi misión era entrenar a estos mocosos, y eso es exactamente lo que haría. Respecto a lo de Swan, lo evitaría a toda cosa, como diera lugar.
Aún dentro de la tienda, puse dos dedos dentro de mi boca y silvé lo más fuerte que podía.
Rápidamente me quité la chaqueta y quedé sólo con mi sudadera puesta. Revisé que estuviera todo en su lugar y finalmente salí de la tienda para encontrar a todos los mocosos en una fila frente a mi tienda. Excelente, pensé.
-Son las 2 de la tarde, pendejos, es hora de comenzar con el entrenamiento. Los quiero a todos corriendo tras de mí. ¿Escucharon? –al ser primera vez que estaban a bosque abierto, debían seguirme para no perderse. Todos gritaton a coro un "sí, oficial", y comencé a trotar hacia el sur, con una fila de imbéciles siguiéndome.
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Trotamos aproximadamente 1 hora y recorrimos unos 50 kilómetros. Sí, era excesivo, pero necesitaban aclimatarse a lo que se nos venía por delante.
Al llegar al campamento, todos corrieron a sus tiendas a tomar sus cantimploras, refrescándose.
Yo simplemente los miré, esperando a que volvieran a ponerse en fila delante de mí.
Cuando al fin lo hicieron al cabo de unos 10 minutos, les obligé a hacer una serie de ejercicios de 50 sentadillas, 50 flexiones de brazos y 50 abdominales. Para calentar, todo aquello estaría bien.
Escuchaba sus gemidos de dolor, y cómo no, eran unos malditos flojos en sus vidas cotidianas, necesitaban de acción, y eso se los daría yo.
-Bien, cabrones, hoy no comenzaremos con las lecciones de pelea, pero sí serán mañana por la mañana. Son las… -miré hacia el cielo y pude ver el sol a eso de la de la tarde- 1630, por lo tanto, ahora pueden descansar, eso es todo por hoy.
Bien guapas, aquí un enfrentamiento entre nuestros personajes… Próximo capítulo veremos cómo transcurre las lecciones de pelea y como se enfrenta Swan al cabrón que odia tanto… Aviso importante... No descubrirán a Bella sino hasta bien adelante, para que sepan más o menos a que se enfrentan :) Aunque Edward ya le tiene tachado como afeminado, no sabe ni sospecha nada.
Gracias por leer, muchos besos :)
