Se sentó de golpe en la mesa del fondo de aquella cafetería, cansado de estar corriendo de sus nuevos matones.
¿Porque desde que se habían mudado sus padres a Italia, le perseguía la mala suerte a donde quiera que fuera?
Aquello no le había sucedido desde que terminó la preparatoria en su ciudad natal, Namimori. Sin embargo, pensó que al vivir en otro país sus desgracias terminarían, pero tardó más en poner un pie dentro de la universidad a que los problemas lo encontraran.
No fue su culpa haber empujado a aquel muchacho ¡Ni siquiera lo había visto!
Y entonces la horda de fans del sujeto se le fueron encima con la clara intención de matarlo por haberle tocado ¡¿El sujeto era popular como el demonio?! Lo que le faltaba. Tuvo que correr por más de cuarenta y cinco minutos, logrando encontrar la cafetería en donde estaba refugiado.
—¿Porque me pasan estas cosas a mí? —Se preguntó mortificado, mientras se hacía pequeño y escondía el rostro entre sus manos. Tenía unas horrorosas ganas de llorar de la frustración que sentía.
Estaba sumergido en sus propios lamentos, que el sonido de una taza de café siendo depositada enfrente suyo lo devolvió a la realidad.
—¿Un terrón? ¿O dos? —Preguntó el mesero, sin embargo el castaño miraba confundido hacía el pedido.
—Disculpe, no he ordenado esto. —explicó, levantando la mirada para dirigirse mejor a la persona que lo estaba atendiendo.
En el segundo que logro distinguir aquel par de patillas rizadas, acompañado a la expresión divertida de su mesero, los colores se le bajaron del rostro.
—Lo sé, la casa invita —hablo juguetonamente el azabache, mirando con deleite las reacciones del castaño. Y es que a él fue quien el muchacho que lo miraba con terror había empujado.
¿Quién diría que lo encontraría en donde solía trabajar?
ALV, AU Universitario~
