Capítulo 3: No somos amigas.

Santana vuelve dentro de la casa, parece un fantasma, su cara es pálida, todo su rimel se había corrido, tenía la cara negra. Rachel estaba realmente preocupada por ella, pero tenía miedo a decirle algo, más bien, no quería ser rechazada por Santana una vez más, ella solo quería ayudarla, y la latina no quería su ayuda, así que decidió no hablarle hasta que ella no hablara.

Santana caminaba por la casa, sin dejar de moverse, sin dejar de pensar en lo que fuera que estaba pensando. "Es Brittany, Britt la está atormentando" pensaba Berry, que yacía en el sofá del salón. En su cabeza todo era mucho más sencillo que en la de Santana, que no sabía que hacer para sacarse a la rubia de ojos azules de su cabeza. "Malditas seas Pierce. ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí? Yo era más o menos feliz sin que Rachel enana Berry me devolviera mis recuerdos a la cabeza… Aunque la verdad es que debería agradecerle también que me haya sacado de esa vida de mala muerte. Ahora no tengo nada, pero yo no quería esa vida, tampoco este pensamiento que no me deja estar tranquila" Santana estaba echa un lío, no sabía si que Rachel la hubiera acogido en su casa era mejor o peor. "Que extraño, Berry no ha dicho ni una palabra desde que he vuelto". Santana, que todavía tenía la cara marcada por el rimel miraba fijamente a Rachel, que parecía estar en otro planeta. "¿Es que nunca me va a dirigir la palabra? No pienso vencerme, no la voy a hablar. Vaya… Me esta mirando… ¿Querrá decirme algo?... bueno… es igual… no pienso mirar" Rachel intentaba parecer algo enfadada. "Al menos he "activado" sus sentimientos, lo habré echo para mal, pero parece que no es un robot". Rachel esperó unos segundos, esperando la voz de Santana, aunque fuera de una manera despectiva, solo necesitaba que le digiera algo. 1…2…3 nada, la voz de Santana no se accionaba, era un "no-robot" con sentimientos, pero sin voz. Rachel abrió la boca, parecía que fuera ha decir algo, pero recordó que esta vez no sería ella la que diera su brazo a torcer. "Algún día me va a hablar, tarde o temprano, si, estoy segura". Si Santana fuera capaz de leer la mente de Rachel ya le habría dedicado unas palabras de todo menos bonitas. "Por un lado tengo todo este cacao mental con Brittany y por otro tengo a la pesada de Rachel Berry, esperando a que le dirija la palabra, esta chica se piensa que no me doy cuenta de lo que pretende".

Rachel cogió su abrigo de colores, su bolso marrón y se marchó. "Siempre tan combinada, Berry" pensó Santana en el momento en el que salía Rachel por la puerta. La latina se sorprendió de que Rachel tuviera el valor de no hablar en todo ese rato, y aún más, irse sin decir adiós, o dedicarle unas palabras. "Me tienes aquí para lo que quieras, si necesitas ayuda, aquí estoy", las palabras de Rachel volvieron a la mente de Santana. "No aguantarás sin hablarme". La mente de Santana era una bola de pensamientos, ninguno iba a ninguna parte.

Subió al lavabo y se lavó bien la cara. La tenía horrible. Parecía una muerta, la novia cadáver.

Se preparó una bolsa de palomitas que Rachel le había dejado en la mesa de la cocina. "Siempre tiene que ser tan irritablemente amable" Pensó por enésima vez Santana. Se sentó en el sofá más cómodo y encendió la tele, hizo zapping unos minutos y después se puso una de las películas que tenía Rachel en la estantería, "The Help" será buena, pensó la latina.

Pasó la hora de comer, y Rachel no aparecía por ningún sitio. "Debe estar en alguna actuación, pero no se hubiera ido sin decirlo… o quizás sí".

Cayó la tarde y Berry no aparecía, la latina comenzó a preocuparse, "Vaya, yo, preocupándome por Rachel Berry" pensaba una parte del subconsciente de Santana, mientras el otro se moría de preocupación. Ya eran las 6 y Rachel no aparecía. La preocupación de la latina aumentaba por momentos. "Estará bien" decía la mitad del cerebro de Santana, "Y si le ha pasado algo y yo estoy aquí en su casa, ella me ha acogido y yo la dejo tirada, ¿Cómo puedo tener tan poco corazón?" le respondía la otra mitad de su cerebro.

Buscó un móvil por la casa pero parecía que el único que había era el que Rachel se había llevado, no tenía posibilidad de comunicarse con ella mediante el móvil, aunque pensándolo bien, ¿Qué le iba a decir si le cogía?

Sin pensarlo dos veces Santana marchó de la casa. No tenía las llaves de su coche así que no podía cogerlo. Corriendo lo máximo que sus piernas se lo permitían buscó a Rachel por la calle, ni rastro. Se acercó al teatro en el que la había encontrado el día anterior, ni rastro. "Diablos Berry, eres tan enana que te pierdes en dos manzanas". Siguió avanzando y consiguió divisar el abrigo de colores del que Rachel no se soltaba, corrió lo más rápido posible, Rachel estaba de espaldas, así que no sabría que estaba corriendo por ella. Gracias a los nervios y el miedo que había sentido por el hecho de que Rachel no aparecía, consiguió hablarle por fin.

- Oh Berry, ¿Dónde te habías metido?

- Santana… - Rachel nunca había visto así a la latina, ni siquiera en el instituto, tenía muchos nervios acumulados, no solo le había hablado bien por primera vez, si no que la había estado buscando, estaba preocupada por ella. Rachel prefirió no hurgar en la herida, e hizo como si no hubiera entendido el mensaje de Santana, el de verdad, el de preocupación. – Estaba en un teatro en esta manzana, he tardado algo porque teníamos que preparar muchas cosas, mañana tendremos un día duro, muchas cosas que hacer y poco tiempo para prepararlas, necesitamos muchos trajes y no encontramos las tallas necesarias en la tienda. – "oh dios mío, acabo de recordar porque nunca la he hablado, no se calla nunca, lo peor es que ahora pensará que quiero ser su amiga… y… no" pensaba Santana mientras Rachel le explicaba el motivo de su retraso.

- Rachel, ya esta, tranquila. – ya le extrañaba a Rachel que Santana estuviera tan amable, y sin querer se le escapa una risa. "Nunca cambiará" pensó Rachel.

- ¿Por qué sonríes? – Santana empleó su tono más borde.

- Es simplemente… - volvió a sonreír la morena. – nada.

"Siempre tan irritable Berry". Incluso su sonrisa le molestaba.

- No hablaré más. Volvamos a casa. – Santana no contesto, simplemente siguió los pasos de Rachel.


Rachel preparó la cena, una tortilla de patatas que estaba de muerte. A Santana le encantó, pero por supuesto, no fue capaz de decirle o simplemente agradecerle, lo buena que estaba. Rachel no se extrañó, ya se estaba acostumbrando a ella. Recogieron los platos y los metieron en el lavavajillas, Rachel le dedicó una sonrisa a Santana, la latina no se la devolvió. Y lo cierto es que eso le dolió a la morena.

La latina fue directa al sofá, se sentó y Rachel la siguió.

- ¿Quieres ver una película?

- Vale. – nuevamente sin ningún tipo de afecto.

- ¿Cuál de estas quieres? – Rachel le enseñó sus DVDs.

- No sé, me da igual. – Santana nuevamente era un robot. "No eres mi amiga Berry".

Rachel, cabreada, cogió la primera película que había y la puso. "Te estoy dejando que vivas en mi casa, ¿y no eres capaz de hablarme mínimamente simpática?" Berry pensaba eso, pero en realidad sabía que no podía hacerle nada. No la iba a echar, y Santana no iba a cambiar.

Durante la película Santana no hizo ningún tipo de expresión, se limitó a mirar a la pantalla, con el cuerpo derecho. Incluso cuando en la película soltaban algún chiste típico pero gracioso. Nada. Santana había pasado de ser un robot, a ser una estatua. Y Rachel no pudo dejar de mirar de reojo a la estatua durante toda la película.

"Debe haberlo pasado muy mala para acabar siendo así, supongo que de tantos golpes que le ha dado la vida, se ha vuelto inmune al dolor, y al amor… y a los sentimientos". Rachel no entendía como una persona podía ser así, puedes controlar tus sentimientos o tus movimientos un par de horas, incluso un día, pero estaba claro que esto no era un papel, Santana era así, de verdad, no había guión.

La película se acabó y Santana subió a su dormitorio, sin abrir la boca.

Rachel esperaba un "buenas noches" o un "me voy a dormir", cualquier cosa, pero nada, Santana se había ido a dormir y punto. No había más vueltas que darle al tema. Apagó las luces de la sala de estar, y subió sigilosamente al dormitorio. Encendió la lámpara de la mesa de la habitación y se puso el pijama, se tapó con las mantas en la cama y apagó las luces, después, sus ojos.