¡¿Es un ave, es un avión?! ¡noooo! ¡es el tercer capítulo! XD
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mirai yami, dlydragon, Fantasy Branca Snow, Diana67, Sally016 (muchas gracias por comentar)
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Los personajes de HTTYD siguen sin pertenecerme…
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MY BELOVED DEVIL
(Capítulo 3: pasado, parte 2
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Ella cambió, empezó a alejarse de todos.
No iba a la escuela.
Se negaba a comer o salir de su habitación, no dejaba que un doctor la examinara.
No quería ver a nadie, hablar con nadie, ni siquiera conmigo o sus padres.
Yo sentía que la estaba perdiendo y me dolía que ni siquiera sabía porque.
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Berck, 10 años atrás…
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¿Qué había pasado para que estuviera así?
El joven de diecisiete años no alcanzaba a comprender el repentino cambio de actitud de su novia.
Simplemente no era normal.
Astrid, su Astrid, estaba pasando por un mal momento y no quería compartir lo que sentía ni con sus padres ni con él.
Lo que era frustrante al verla cada vez peor.
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Todo empezó una mañana, era fin de semana y había quedado con Astrid el día anterior, para ir a la playa con algunos amigos.
El fue a recogerla a su casa temprano, el padre de ella le abrió la puerta, un hombre alto rubio y de intimidantes ojos grises, al menos así le parecía a él, pues el hombre no tenía muy buena cara cuando lo miraba, tenía la ligera sospecha de que no le agradaba.
Le dio los buenos días y este lo dejo pasar.
Era un día bonito, el aire fresco de la mañana resultaba agradable y había un ligero olor a café caliente, un día muy lindo que compensaba la extraña pesadilla que tuvo por la noche.
La madre de Astrid, una mujer muy guapa de ojos azules y cabello castaño, lo saludo y lo invitó a desayunar, pero él se negó amablemente.
Ella lo invitó a tomar asiento en la sala y así lo hizo.
No pasó mucho tiempo para ver a Astrid bajando las escaleras.
Él soltó una pequeña risa al notar que literalmente se le habían pegado las sábanas.
Venía envuelta en una cobija a paso apresurado, saludo a sus padres y a él rápidamente.
Entonces comenzó lo raro.
Ella comenzó a dar varias excusas sin sentido de porque no podía acompañarlo, y mientras hablaba de manera nerviosa y rápida (casi como el cuándo oculta algo.)
Y como llegó se fue a su habitación.
Definitivamente raro.
El y su madre fueron tras ella para recibir una explicación de su extraño comportamiento pero ella se negó a abrir la puerta argumentando que tuvo una mala noche y quería seguir durmiendo.
Bueno, Él era un poco raro y Astrid más por salir con él.
Al final Hiccup decidió no ir a ningún lado y regresó a su casa.
Y ese fue el comienzo de una situación cada vez más grave y desconcertante.
Ella se volvió más y más distante al grado de aislarse.
Faltaba a la escuela, dejó de sonreír, lloraba mucho, no comía bien y al final empezó a rehusarse a salir de su habitación.
Su padre trató de derribar la puerta en una ocasión y ella amenazó con saltar por la ventana si lo hacía.
"Astrid, princesa, abre la puerta por favor, si algo está mal déjanos ayudarte, por favor hija" le suplicaba su madre en una ocasión.
"¡nada está mal, solo quiero estar sola, no necesito ayuda, solo déjenme tranquila!" gritó, y después la escucharon llorar.
Hiccup quería romper esa maldita puerta y abrazarla, pero sabía que sería rechazado.
Todo estaba tan mal.
Astrid pasó a ser solo una sombra de ella misma y después ya ni siquiera eso.
Era alguien diferente.
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Trastorno depresivo, fue lo que dijo el psicólogo que fue a verla días después. Sus padres estaban realmente preocupados y ya que ella no quería decir que estaba mal, tal vez un especialista podía obtener mejores resultados.
Hiccup no había podido verla en casi tres días, vivía frente a su casa, así que podía ir todos los días a visitarla pero ella se negaba a recibirlo, ni a sus padres.
Debía ser duro para ellos tenerla bajo el mismo techo y sentir que estaban tan lejos.
El terapeuta fue a verla, el hombre empezó a entablar una conversación con Astrid al otro lado de la puerta, de alguna forma la convenció de salir.
Tanto el muchacho como los adultos se sorprendieron al verla.
Su piel estaba tan pálida, ella siempre tuvo la piel clara, pero en ese momento se veía blanca como el papel, con ojeras, los labios agrietados, el cabello hecho un desastre, baja de peso y la mirada perdida.
Su cuerpo temblaba y parecía ansiosa.
Hiccup no dejaba de preguntarse qué le había pasado a la rubia de ojos bonitos y radiante sonrisa.
¿Dónde estaba su Astrid?
"Bien Astrid, todos estamos aquí para ayudarte, tu familia está preocupada por ti, necesitamos que tú nos digas qué es lo que está mal para ayudarte a resolverlo, ¿bien?" el terapeuta habló.
Astrid asintió lentamente, lágrimas hacían un recorrido desde sus ojos a sus mejillas y una se perdió en sus labios, Hiccup contó cinco.
Daba la impresión en que saldría corriendo en cualquier momento.
Tenía ganas de ir y abrazada.
Pero su madre se le adelantó, la reacción negativa de la chica ante tal acción alertó a los presentes.
"¡no me toques!"
Después de decir eso volvió a encerrarse y ya no hubo forma de hacerla salir otra vez.
Un caso de trastorno depresivo podría ser la causa de su comportamiento dijo el médico, pero tampoco quedaba descartado el estrés postraumático, claro que para confirmarlo necesitaba seguir tratando con ella.
Ahora solo quedaba la duda en el aire ¿que lo había provocado?
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El joven se encontraba recostado en su cama, mirando el techo.
Divagaba entre sus recuerdos buscando algo que alertara el cambio de Astrid, pero no encontraba nada.
Entonces recordó la pesadilla que tuvo justo el día anterior a que ella empezara a actuar diferente.
Hiccup no creía en supersticiones, pero empezó a preguntarse si aquel sueño tan vívido, había sido una advertencia de que algo iba a pasar.
Negó con la cabeza.
"Tonto, fue solo un sueño, no es real, lo que le pasa a Astrid lo es" se dijo mentalmente.
Su madre llamó a la puerta.
"Adelante"
La mujer entró y se sentó en la cama.
"¿cómo esta ella?" le preguntó.
Hiccup negó con la cabeza.
"Estará bien hijo, solo... hazle saber que estarás a su lado"
Lo intentaba, de verdad lo intentaba, pero ella parecía estar cada vez más lejos de él.
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Hiccup fue a verla al día siguiente como siempre, antes de entrar miro la ventana de su cuarto y sonrió al recordar como Astrid lo lanzó a los arbustos para que su padre no los descubriera.
Recordó la primera vez que habían hecho el amor tres meses antes.
Sus dedos rozando su espalda desnuda, enterrar las manos en el cabello rubio, el calor de su cuerpo junto al suyo… Y la textura de sus labios…
Extrañaba besarla, tocarla, sentir su olor, su piel…
Extrañaba todo de ella.
La ventana siempre estaba abierta para él, pero no ahora, tenía las cortinas cerradas.
El toco el timbre y la madre de Astrid le abrió, la mujer tenía una sonrisa radiante que Hiccup correspondió, algo bueno había pasado.
Lo invito a pasar y lo llevó a la cocina, el padre de Astrid bebía café mientras leía el periódico, también sonreía.
Y Astrid, ella estaba sentada comiendo lentamente un plato de sopa, ella levantó la vista y le sonrió.
Cuanta falta le hacía aquella sonrisa.
La vio casi embobado, para él una palabra que pudiera describirla siempre fue hermosa, tanto por dentro como por fuera ella era maravillosa.
Pero hermosa empezaba a ser insuficiente.
La visión ante él era casi etérea. ella, usando un vestido de un azul que combinaba con sus ojos, que nunca se habían visto tan intensos bajo sus largas pestañas, los labios casi rojos se curvaban en una sonrisa, su piel brillante y clara y su cabello dorado suelto bajando por sus hombros desnudos.
¿Cómo podía verse tan magnífica en una situación tan común como el desayuno?
Poco le importó que su suegro estuviera presente, corrió hacia ella la abrazó y la beso.
"Me alegró tanto de que estés bien" le dijo Mientras aspiraba el aroma de su pelo.
"Te quiero" le dijo ella.
Saboreo esas dos palabras, tan simples, y con el poder de devolverle el alma.
Una tos fingida hizo que se separaran.
El padre de Astrid ya había visto demasiada miel entre su hija y el muchacho.
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Hiccup le daba de comer a Astrid en la boca, haciendo imitaciones tontas de avión y tren que solo hacían reír a la chica.
Ella se negó a dar otro bocado pero aún le faltaba mucho para terminar.
"Vamos, solo uno más"
Astrid negó.
"no estarás bien si no comes, debes alimentarte" Hiccup le dijo.
Ante esas palabras la chica se tensó, lo miro, miro a sus padres, la sonrisa había desaparecido.
Lanzó lejos el plato de sopa haciendo que se rompiera.
Se levantó ante la mirada atónita de los presentes y corrió de vuelta a su habitación de donde no volvió a salir.
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Hiccup volvió a su casa confundido, su madre y su padre hablaban en la cocina, al parecer la policía encontró otro cuerpo esa mañana.
Un hombre fue atacado por un animal, una situación poco común, pero no imposible en un lugar como Berck que está rodeado por bosques y reservas naturales.
Hiccup subió a su habitación y se dejó caer en la cama con un pesado suspiro, tal vez no era depresión ni estrés postraumático lo que Astrid tenía, tal vez ella era bipolar.
Tenga lo que tenga, él no la abandonaría.
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No tenía forma de saber que ella a él sí.
Al día siguiente fue a verla para encontrar a su madre llorando.
¿La razón?
Astrid desapareció y solo dejó una nota, diciendo que los amaba pero que nunca volvería.
Parecía una broma cruel, pero no.
Ella no volvió.
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Resulta sorprendente cómo una pequeña acción, un error, puede cambiar tu vida en un instante.
Pero la vida es así, tan impredecible y cada día nos sorprende con cosas buenas, y otras no tanto.
A veces estos cambios rayan en lo impensable, y también a veces, nos sorprende con lo que creíamos imposible.
Así es el caso de Astrid.
Su vida no era perfecta, pero le gustaba y no la cambiaría por nada.
Tenía una familia que amaba más que nada en el mundo, amigos, un novio al que quería con toda su alma, diecisiete años y la vida por delante.
¿qué podía salir mal?
Bueno, Astrid como todas las personas, guardaba secretos. Algunos insignificantes, otros vergonzosos, pero ninguno grave como para quitarle el sueño.
Bueno entre esos pequeños y vergonzosos secretos estaba el hecho de que a veces hablaba dormida, le preguntabas algo y decía la verdad sin reparos.
No le gustaban las tormentas, le daban miedo.
Jamás confesaría que su primer beso no fue con Hiccup, un niño la tomó desprevenida cuando tenía nueve años, ella le dio un puntapié y salió corriendo.
Cuando tenía trece no asistió al baile de la escuela porque le salió una espinilla en la punta de la nariz, pero les dijo a sus amigos que fue porque le parecía bobo y superficial.
Siempre le daban ganas de caminar tomada de la mano de Hiccup, pero no quería que él se diera cuenta que a veces le sudaban las manos.
Era sonámbula, no era muy común que caminara dormida pero cuando era niña se salió de su casa una noche, una vecina que sacaba a su perro la vio y afortunadamente evitó que fuera más lejos, desde entonces dormía con la puerta de su cuarto con llave para evitar accidentes como caerse por las escaleras.
¡Bingo!
Ustedes no lo saben, pero ha sido mencionada la razón que cambió la vida de esta joven.
A ella le resulta patético por lo que no le gusta hablar sobre ello.
Astrid, de diecisiete años era sonámbula y una noche no vio necesario, o simplemente olvidó poner llave a la puerta.
¿Cómo iba a saber ella que esa misma noche se levantaría dormida, saldría de su casa, y caminaría sola por las calles de Berck en la oscuridad?
¿Cómo iba a saber que unos ojos curiosos la observaban desde las sombras?
¿Como?
No, no había forma de saberlo.
Ahora ¿pueden imaginar por un segundo… el despertar y darte cuenta que no estás en casa, en tu cama, sino en una carretera, sola, en la noche fría y los pies descalzos entumidos?
La confusión le abre paso al temor.
Astrid trató de mantener la calma, dio media vuelta y salió corriendo.
Sólo escuchaba su respiración irregular y el sonido del viento meciendo los árboles, hacía tanto frío y ella en pijama, con una blusa de tirantes que no le brindaba ningún calor.
El viento le erizaba la piel.
No llegó muy lejos, algo la derribó, y se posiciono sobre de ella, lo que fuera, ella no podía verlo, estaba oscuro y le daba la espalda.
Una mano cubrió su boca impidiendo que gritara y unos dientes perforaron su piel.
No podía moverse, y sentía que ya no tenía fuerzas.
Estaba asustada y confundida, sabía que iba morir.
Vio una luz, la de un auto que se aproximaba.
Lo que la atacó salto lejos de ella y se internó en el bosque.
El auto se detuvo y un hombre salió.
Astrid no sintió cuando la cargaron y la subieron en el asiento trasero, no escuchaba la voz del hombre diciéndole que estaría bien y que la llevaría a un hospital.
Ella ya no percibía nada.
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Despertó y se sentó, aún seguía en el auto, ya no tenía frío pero sentía mucha sed.
"¿en qué me metí? ¡Mierda! ¿Cómo explico una chica muerta en mi auto?" escucho la voz del conductor.
El hombre miró el espejo retrovisor y la vio sentada.
Grito, perdió el control y se estrelló contra un árbol.
Astrid estaba intacta, no le dolía nada, ni siquiera la mordida que había recibido anteriormente.
Pero el conductor tenía un fuerte golpe en la cabeza y un hilito de sangre bajaba por su frente.
Los dos bajaron del auto, Astrid se sentía extraña, ansiosa y sedienta.
"Pensé que habías muerto niña"
"¿qué hacías sola?"
"¿quién te atacó?"
"Iremos al hospital y llamaremos a tus padres"
"Vaya susto que me diste, tuvimos suerte"
El hombre hablaba y hablaba, pero ella apenas escuchaba, su atención estaba en esa pequeña cascada de color carmesí que iba bajando lentamente por la cara de aquel extraño.
Y de repente, ya no era ella.
Un animal hambriento se apoderó de su cuerpo y derribo al sujeto, como lo hicieron con ella.
Clavo sus dientes afilados en su piel, como a ella.
Y bebió tanto como pudo de él, hasta que dejó de moverse.
El animal, el monstruo que tomó su lugar quedó satisfecho y volvió a su jaula, dejando a una Astrid consciente de sus acciones,
Mirando unos ojos sin vida.
Ella huyó.
Había matado a una persona que solo quería ayudarla, no era real, no podía ser real.
Estaba llegando a su casa más rápido de lo que pensó, pero un olor familiar captó su atención.
La ventana del cuarto de Hiccup está abierta, y casi podía jurar que lo escuchaba respirar y removerse en su cama.
No pensó, de alguna forma logró escalar la pared e ingresar a su cuarto, él dormía tranquilamente y ella se acercaba más y más.
El cuarto estaba oscura pero ella podía distinguir todo perfectamente.
Los latidos de su corazón se escuchaban claramente.
Él despertó y la vio de rodillas frente a él.
Ella recuperó la cordura al escucharlo decir su nombre, entonces sintió que algo se quebró dentro de ella.
Ella casi nunca lloraba, pero no pudo contener las lágrimas, él la abrazó y ella le dijo lo que sentía y lo que había hecho omitiendo los detalles.
El solo la abrazaba y le decía que todo estaría bien.
Se acostaron juntos, ella sobre su pecho y acariciando su cabello. Astrid no quería hablar así que fingió dormir y después sintió como la respiración de él se hacía más lenta y sus latidos se volvieron más calmados.
Hiccup estaba dormido, y ella se torturaba con su olor.
Se acercó más a él como si lo fuese a besar, pero su boca se desvió a su cuello, él dijo su nombre entre sueños y eso la devolvió a la realidad.
Tenía que irse de ahí, con suerte él pensaría que fue un sueño.
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Volvió a su casa, pero no consiguió dormir, tenía que hacerlo para al despertar darse cuenta de que todo era un sueño.
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El día llegó, y los rayos del sol se filtraban por la ventana.
Astrid cerró las cortinas, la luz lastimaba sus ojos.
Le dolía la cabeza, había tanto ruido, pájaros, niños jugando en la calle, la cafetera de su madre, perros ladrando, la voz de Hiccup y la de sus padres…
Era tan abrumador.
Recordó que Hiccup iba llevarla a la playa, pero no tenía ganas.
"¡estúpida pesadilla! Dijo la chica, busco ropa en su armario y prosiguió a quitarse la pijama.
Unas manchas rojas captaron su atención.
"¿y si no fue una pesadilla?" pensó.
No, no iría a ningún lado hasta saber qué había pasado con ella.
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¡Era un desastre!
Astrid se aisló de todos para evitar lastimar a alguien, o peor.
Era un monstruo, no sentía frío ni calor, sus sentidos eran inhumanos, sentía dolor cuando se lastimaba pero las marcas desaparecen.
No le daba hambre ni sueño, pero si sentía sed, y no quería agua.
Sabía que estaba preocupando a todos, pero prefería eso a causar daño.
Un día vino un psicólogo a verla, ese día Astrid tuvo la esperanza de que lo que le pasaba no era real, que todo estaba en su mente.
Pero estaba tan sedienta y la jaula del monstruo que se encontraba dentro de ella se quería abrir, y más cuando su madre la abrazo.
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Esa noche se miró al espejo, no era ella, un cadáver viviente fue lo que vio reflejado.
Tenía tanta sed al punto que ya no podía contenerse, y el olor de sus padres no ayudaba.
Entonces tuvo una idea.
No tenía que lastimar una persona, tal vez un animal bastaría.
No, no fue así, el zorro que atrapó no calmó ni un poco su sed, hasta sintió asco al beber de él.
Pero el hombre que había salido a correr a las cinco de la mañana por la zona boscosa de Berck si ayudo, ayudo mucho.
Astrid volvió a su casa antes de que el sol saliera, estaba perturbada por lo que había hecho.
Pero había entrado en un estado de negación como la vez anterior, se repetía que aquello no era real, aceptaría ver otra vez al psicólogo y la curaría de lo que sea que tuviera o que la encerraran en hospital psiquiátrico si era necesario.
Se miró al espejo y noto que el cadáver viviente había desaparecido, otra vez era ella.
Incluso se veía mejor que nunca, ella no era una diva pero tampoco era tonta, sabía que era bonita.
Y le encantaba cuando Hiccup se lo decía.
No iba a seguir encerrada, se sentía mejor y quería estar con su familia y con Hiccup, volver al colegio, y contestar las llamadas de sus amigas que decían preguntarse qué había pasado con ella.
Se puso un vestido azul, sabía que Hiccup iría a verla y quería verse bien, se soltó el cabello.
Tenía que borrar de su mente el recuerdo de la chica demacrada del día anterior.
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Todo iba tan bien…
Pero solo se engañaba,
"no estarás bien si no comes, debes alimentarte"
Eso salió de la boca de Hiccup, y resonó en su cabeza.
Como cuando tienes un buen sueño y te despiertan en la mejor parte.
Que siguió después no hace falta decirlo.
En su habitación con las cortinas cerradas escucho al otro lado de la calle a dos mujeres conversar sobre el hombre que encontraron muerto esa mañana, el pobre solo fue a hacer su rutina diaria y un animal lo atacó.
Astrid lloro, no podía seguir engañándose, no estaba loca ni se imaginaba nada
Ella era un peligro para todos, tenía que irse.
Antes de que la próxima persona a la que lastimara fuera uno de sus seres queridos.
Aceptó su condición, ya no era humana, era un monstruo, un vampiro.
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cha-chaaaaaaannn
Ya en el próximo capítulo regresaremos a la época actual y veremos qué pasa entre esos dos.
Por cierto, ¿sabían que es un mito eso de que despertar a un sonámbulo es peligroso?
Si ven a alguien caminando dormido no dude en despertarlo, pero con tacto que lo puede espantar. XD
Yo soy sonámbula y una vez me salí de mi casa, vaya susto, pero a mí nadie me convirtió en vampiro (lástima).
¿review?
