III
Lazos
–Interesante lo que cuentas… –señaló la mujer sin demasiado interés por su parte–. Bueno, ¿y tú, chica, se te ha comido la lengua el gato? ¡Vamos, háblanos de ti un poco!
Tímidamente, la chica se acercó a Ren e hizo un amago de saludo, pero no pasó de ahí. Se encogió y desvió su mirada hacia la nada. Finalmente dijo unas cuantas palabras.
–E-eh… Me llamo Momoka Shinkin, e-eee… ¡encantada de conocerte, R-Ren!
Le costó un mundo pronunciar aquellas palabras. Ren lo agradeció en lo más profundo de su corazón, aunque sintió que debería trabajar mucho con ella para lograr conseguir su amistad y, al menos, logra hacer algo en consonancia con la prueba de graduación… Así que, ¿cómo sería trabajar en equipo con ella?
–S-sabes usar la espada, ¿verdad, Ren? Te puedo ayudar en eso, s-soy buena como ninja de apoyo. En casa y en la academia s-siempre me he interesado por la medicina… Y, e-estoooo eeeh, bueno, ¡s-si tienes algún problema en mitad de una misión, podré curarte!
A Ren le sorprendió la súbita actitud de ayuda de la que iba a ser su compañera de equipo, y gratamente además. Sentía cómo sus pensamientos adquirían un significado completamente renovado, diferente. ¿Sería que por fin había hallado una amiga en Kirigakure?
«En el fondo es buena chica esta Momoka», pensó Ren. «No me llevará demasiado tiempo sociabilizar con ella.»
Ren Miuhai sonrió sin esperar que ninguna de las dos chicas, la sensei y Momoka, la comprendieran. Momoka siguió hablando. Ren se percató de las ligerísimas pausas que realizaba entre discurso y discurso. Le resultó raro, pero no prestó mayor atención.
Momoka hizo algo inusual.
Lo que sí le sorprendió es ver a mi futurible compañera de equipo echarse hacia detrás la caperuza que llevaba… ¡Pensó que se iba a desnudar! Tenía un pelo precioso, ñe maravilló; e incluso su rostro, que le había parecido un poco taciturno a la sombra de la caperuza, se iluminó, como si se hubiera quitado un gran peso de encima. Un gran número de líquenes, musgo, hongos y setas poblaba su espalda y hombros. La curiosidad creció, y se acercó sin discreción alguna, a examinarlos más de cerca.
–Estos son mis compañeros –dijo Momoka–, las setas que mi clan ha cultivado desde antiguo. Los llamamos "Kamishinkin", pues a nuestros ojos son dioses.
«Así que de eso se trataba. Parece que establece algún tipo de comunicación con esos organismos.» A Ren no le pareció raro en extremo, en la naturaleza hay un millón y medio de cosas aún más extravagantes que criar hongos como mascota.
Momoka habló un poco de su vida en el bosque. Al igual que Ren, tuvo una difícil decisión que tomar. Su clan había sufrido una plaga y ella era la última esperanza para ayudarlos. Se sintió misericordiosa, no pudo evitar agarrar su mano con fuerza y confesarle:
––¡Yo te ayudaré, cuenta con mi espada!
La cara de Momoko transmutó como un volcán en calma. Sus poros parecían erupcionar de vergüenza.
––E-h, ¡de acuerdo! ––fue lo único que comentó––. No te preocupes, Ren Miuhai, yo también te ayudaré en todo lo que pueda. Seguro que encontramos a tu madre Kamatsuka, ¿si?
Las palabras de Momoka emocionaron a Ren. Lazos, al fin lo comprendió. Liberando sus sentimientos, habían logrado forjar la primera cadena de su amistad.
La instructora se acercó y dio un abrazo de oso a las dos chicas, que se sorprendieron. Comprendieron que su interés era sincero, no iba más allá de lo meramente amistoso… ¡Vaya! Al final la rubia no era tan frívola después de todo, tenía hondos sentimientos...
––Yo, Shiro Akuma, intentaré protegeros con mi sangre, jeje.
Tras el emotivo abrazo, un búho de la medianoche trajo un mensaje con la "misión" que Ren y Momoka tendrían que llevar a cabo. Se trataba de la recolección de unos ingredientes de una pócima secreta para Kami-sama sabe qué. Quizá tuviera que ver con el Mizukage, después de todo se rumoreaba, según lo que había escuchado, Ren que estaba enfermo, o algo peor.
–Vamos a ver –dijo Shiro, la instructora–. Tenéis que encontrar tres materiales en el bosque que tenéis enfrente –un bosque denso y húmedo se extendía tras la puerta norte, esperando ser explorado–. Allí dentro hay muchos peligros, pero para verdaderos genin de Kirigakure no tendría que haber ningún problema. Veamos: el primero es una pasta de seda que las arañas gigantes del bosque tejen en sus telarañas. Segundo, una rara seta llamada Chikounki. Seguro que tú, Momoka, serás de gran ayuda para este. Tercero, agua destilada que, según los entendidos, hace milagros, la cual fluye en un arroyo en lo profundo del bosque. Tendréis que almacenarlo todo en esta vasija…
Shiro Akuma hizo unos sellos e invocó una vasija con un fūinjutsu muy potente en el frente, con el siguiente kanji: 血 (Chi: Sangre)
–Es un fūinjutsu especial de mi cosecha, llamado Fūinsanchi no jutsu. Cuando veáis tres círculos negros bajo el sello yo lo sabré; significa que habréis completado la prueba y que seréis dignos de llevar la bandana de la villa. Os veré en cuanto completéis la prueba. ¿Estáis preparadas?
-¿Tú que crees, Momoka-san? –dijo Ren–. Quizá debiéramos ponernos en marcha ya y buscar los ingredientes inmediatamente. Creo que deberíamos empezar en orden inverso, por el tercer ingrediente de la lista... Al fin y al cabo, es el más sencillo aparentemente, así que: ¿comenzamos?
Momoka asintió, Shiro ejecutó el Sunshin no jutsu, abandonándolas con tan solo una terrible lista y una vasija para guardar todo aquello que fueran encontrándose. No iba a ser nada fácil, y aunque la chica de cabello dorado no les había comentado nada sobre un tercer compañero o el tiempo que iban a estar fuera, Ren y Momoka rebosaban una mínima esperanza de superar la prueba.
«Un millar, un millón», recordó Ren, mientras arrastraba consigo a Momoka hacia el follaje, en busca de lo desconocido.
