Disclaimer: Los personajes no me pertenecen son de la gran señora Stephanie Meyer. La historia si es mía.
–Hola, hija. ¿Cómo estás? –Renée me había llamado por teléfono a las seis de la mañana. ¡Por qué rayos no me dejan dormir hasta más tarde! Su tono de voz era agotador, cansado, debe ser por estar cuidando a Oriana.
–Muy bien, mamá. Te noto algo diferente en la voz. ¿Qué pasa? ¿Estás bien?
–Oriana me tuvo despierta toda la noche, a mí y a Phil, ella está muy llorona.
–Oh, lo siento –traté de ser sincera, que en verdad me preocupaba, pero sonó como un "oh, lo siento, no me interesa".
–No es tu culpa. Aún me acuerdo cuando tú eras así de igualita que Oriana, Charlie y yo íbamos de arriba para abajo atendiéndote para que te quedaras tranquila –ella echó una risotada. Yo gruñí. Nunca me habían dicho que yo lloraba mucho, con razón a esta edad lloro a mares –. Bueno te llamaba porque quiero que vengas con nosotros a cenar, te tengo una sorpresa.
–Renée, no me gustan las sorpresas –mascullé entre dientes con tono ácido.
–Lo siento, Isabella, vas a tener que venir por obligación. Y si no vienes te voy a arrastrar desde tu casa hasta la mía.
¿Qué, ahora ella me amenaza? Si, ok.
–Agh –volví a gruñir–. Está bien. ¿La cena va hacer en tu casa o en un restaurante?
–En mi casa, a las ocho. Ah, y ponte bien guapa, ponte el vestido que te regalé en tu cumpleaños y los zapatos.
–Ok. Adiós –corté la llamada.
Genial, ahora tengo que ir a casa de Renée y soportar a Ryan, aunque pensándolo bien podría hacer sufrir a Ryan. Solté una risa maligna. Media hora para verme hermosa, deslumbrante, eso me va a costar mucho. Odio a mi mamá, ella sabe que odio las sorpresas.
Extrañaba mucho a Ángela y a Jessica, pareciera que fue ayer cuando nos conocimos. Jessica fue mi primera amiga cuando entre en la secundaria de Forks, a ella nunca la podré olvidar, es una de las mejores. Jessica habla mucho, a veces no aguantaba su habladera, pero es mi amiga y la quiero mucho.
Y Ángela, bueno, Ángela era Ángela. Ella es tímida como yo, es sencilla y buena gente. Nadie se compara con ella, y es una de las mejores personas que he tenido.
Espero que las dos estén bien, y que estén estudiando en una buena universidad. Un día de estos las llamaría.
Charlie. Èl era el que me preocupaba, nunca lo había abandonado de esta forma, pero tenía que rehacer mi vida de una forma u otra. Forks me parecía demasiado aburrido desde que me gradué, Ángela y Jessica iban a estudiar hacia el exterior, y la única forma de deshacerme de ese aburrimiento era venir a Phoenix.
Fui hasta el baño y abrí la ventana. Corría una brisa agradable, casi helada pero aun así agradable.
Hoy, en todo el día, no había escuchado mi nombre ni visto en hombres en vestiduras negras. Era un milagro. Tengo un dilema: tal vez sea alucinaciones, mi subconsciente las creaba por algún miedo en particular, o tal vez sean cosas sobrenaturales. Algo anda mal con esta casa, no lo sé.
Tomé mi cepillo de dientes y me cepillé los dientes de forma meticulosa y con una rapidez excesiva. ¿Qué me tendría esperando en la casa de Renée? Tomé una toalla del closet del baño y la puse en la baranda de la puerta de la ducha. Me desnudé y me metí en la ducha. El agua estaba tibia, era deliciosa. Luego me lavé el cabello con mi champú favorito: fresas y luego el cuerpo con el jabón. Salí de la ducha cuando terminé, tomé la toalla y me envolví con ella debajo de los brazos y fui hasta a mi habitación.
Saqué el estúpido vestido que me regaló Renée del closet, este era marca Channel y era color verde oscuro, mi mamá exageraba cuando me regalaba algo. Me sequé el cuerpo y el cabello con la toalla y me puse el vestido. Me cepillé el cabello y me puse los malditos tacones negros. Los malditos tacones eran como de seis centímetros cada uno. Me maquillé, agarré mi cartera y puse mi celular y el maquillaje dentro de ésta.
Salí de la casa y me encaminé hasta la casa de Renée, su casa quedaba al otro lado de la calle así que no era necesario que llevara el auto.
Toqué el timbre cuando llegué.
–Hija, llegas temprano, pasa –me recibió Renée con un abrazo. Entré.
–Tú me dijiste que llegara a las ocho en punto, si me hubiera retrasado sólo un minuto me ibas a matar.
Ella se ruborizó.
–Vamos a la sala, ahí están todos –puso su mano en mi cintura.
–¿Todos? –me sorprendí mucho cuando Renée habló en plural. Nos sabía que otras personas iban a venir.
–Invité a la cena a unos amigos míos, no los veía desde que tú naciste. Son muy buena gente, te vas a quedar encantada.
–Renée, tú siempre me dices eso y al final me caen mal casi todos tus amigos –volteé los ojos.
–Estos seguro te van a agradar, y más porque alguien recompondrá tu vida.
–Si es otro psicólogo te avisó de una que no me va a recomponer –afirmé con voz clara y decisiva.
–Él será mucho mejor.
¿Él? ¿Qué pretende Renée?
Ella me empujó hasta la sala. Phil tenía a Oriana en su regazo, Hilary estaba sentada al lado de Ryan, todos estaban ahí, sentados. Pero había cuatro personas más, que no conocía, en la habitación.
Había una chica con pelo corto y negro intenso, tenía facciones como las de un duendecillo, sus ojos eran de un color marrón oscuro y su piel era pálida pero no tanto. La siguiente tenía su cara de forma de corazón y tenía ondas en su cabello color caramelo, su piel era pálida como la de todos presente en la sala y sus ojos eran del mismo color que la anterior.
El tercero era como un ángel de piel translucida, su cabello era lustroso y rubio, sus ojos eran de color azul cielo. Y el último era el más bello. Tenía unos ojos color verde esmeralda, su cabello en un hermosísimo color cobrizo y desordenado, y su mandíbula era cuadrada. Todos eran muy hermosos, su belleza debería ser ilegal.
La chica de las facciones de duendecillo clavó su mirada en mí y curvó sus labios hacia arriba, me había dedicado una sonrisa. Ella se paró del sofá con gracia y caminó hasta a mí. Me sorprendí cuando puso sus brazos alrededor de mí.
–Hola, Bella. Me llamo Alice Cullen. Es un placer en conocerte –su voz era como el canto de mil ángeles. Muy hermosa.
–Igualmente… –me estaba poniendo nerviosa –. Eh, ¿cómo sabes mi nombre?
–Tu madre habla mucho de ti.
–Oh.
Con que mi madre hablaba a mis espaldas. Genial.
–Déjame presentarte a los demás –continuó Alice, ella tenía una sonrisa bellísima.
De pronto me invadió una oleada de nerviosismo y vergüenza. ¿Qué pensarían los Cullen sobre mí? No me conocen, pero tal vez Renée ya les ha contado todo sobre mi pasado. Qué vergüenza.
Alice me jaló por mi antebrazo y me llevó hasta la mitad de la sala.
–Él es mi padre Carlisle –me señaló al ángel rubio–, ella es mi madre Esme –fue señalando a cada uno con su mano derecha – y él es mi hermano Edward –él más hermoso de todos, pensé. ¡NO! ¿Yo pensé eso?
–Buenas noches –dije con cierta timidez en la voz.
Alice soltó una risita por lo bajinis.
–Es muy agradable –intervino, lo que yo supuse, Esme. Yo me ruboricé, como siempre, estos sonrojos me delatan mucho.
–Es un placer, Bella. Renée me ha hablado mucho de ti –continuó el ángel rubio con una sonrisa.
–Nos ha hablado a todos –le corrigió Esme–. Cariño, ven, siéntate.
El único espacio disponible era al lado de Edward, uf, qué más. Me senté, aún con la oleada de nerviosismo y vergüenza y un poco de timidez, y le sonreí a Edward lo mejor que pude. Supuse que mi sonrisa no fue la mejor ya que Edward se rió, para mí, esto era mala señal.
Alice y Renée se fueron juntas dejándome a mí con la vergüenza en la cara. Al menos el resto de la familia está aquí, y pareciera que yo era invisible o no existía porque no me prestaban atención.
–¿Cómo estás, Bella? –prosiguió, con su sonrisa, Esme.
–Muy bien, ¿y ustedes? –mi maldita voz de nerviosismo me mataba. Mi voz era un cuchicheo inaudible.
–Muy bien, cielo, gracias por preguntar.
Esto es incómodo. ¿Por qué nadie dice nada, ni siquiera Phil?
Trágame, tierra.
Mi madre y Alice llegaron a la sala, justo a tiempo.
–Está lista la cena –intervino Renée.
¡Gracias a Dios! Me paré de un salto y jalé a Renée por el brazo y la arrastre, a regañadientes, hasta la cocina.
–Mamá, tienes que explicarme unas cuantas cositas –le dije en tono ácido y luego gruñí.
–¿Qué pasó, Bells?
–¡¿Qué pasó? ¡Estoy avergonzada en frente de esa familia y más con…! –no me molesté en completar la amenaza. No me iba a ruborizar en frente de mi madre por… Edward. ¡Ya! ¡Lo dije!
–¿Y más con quién, Bella?
Negué con la cabeza.
–Con nadie –mentí con la voz ronca.
Para aclarar: no me gusta Edward, él es hermoso, pero nunca sentiré esa atracción que siento por Jacob hacia él. Eso nunca sucederá, lo juro. Me avergonzaba con Edward y su familia porque me sonrojaba y ese tipo de cosas, pero no estoy enamorada de Edward.
Nunca jures algo que no vas a poder cumplir, susurró mi vocecita en mi cabeza.
¡Cállate!, se lo devolví.
–Bella, ¿te gusta Edward, verdad? –puso la sonrisa que más odiaba en este mundo: su maldita sonrisa picarona.
–¡NO! –me apresuré a decir, aunque la exclamación sonó muy duro, no me gustaba gritarle a mi mamá en la cara.
–Ok, Bellis, no voy a discutir contigo. Pero ni siquiera has conocido al resto de la familia.
–¿El resto? –la miré con incredulidad. ¿O sea que venían más vergüenzas?
–Emmett, Rosalie y Jasper. Ellos, a esta hora, trabajan y no tuvieron tiempo de venir.
La fulminé con la mirada. Renée siempre me hacía pasar vergüenzas.
–Oye, te pusiste el vestido y los zapatos que te dije –su sonrisa se ensanchó.
–No tenía elección –me encogí de hombros–. Da igual. ¿Cuál es la sorpresa que tienes para mí?
Renée echó una risotada.
–Me sorprende que no descubrieras la sorpresa.
–¿Me vas a decir? –levanté las cejas hasta el punto que casi se rozaron.
–Tu sorpresa es Edward.
Fruncí el ceño.
–No entiendo. Explícame.
–Querida, ya es hora de olvidar a Jacob, estás muy deprimida y eso me preocupa y…
Quería gritarle, no, quería insultarla. ¿Cómo puede?
–No voy a traicionar a Jacob por alguien que no conozco.
–No lo estás traicionando, estás comenzando a reconstruir tu increíble vida –ahora su sonrisa no llegó a los ojos.
–Ni tan perfecta, Renée –le repliqué con un humor de perros. Volteé la mirada. No era el momento de pelearme con mi mamá, no cuando hay invitados en la sala donde pueden escuchar todo.
–¿Me ayudas a poner los platos en la mesa?
Incómodo.
–Ok.
Renée fue hasta una de las alacenas de la cocina y agarró varios platos con sus manos y los puso en la mesa. Agarré cinco platos y los puse en los manteles de plásticos, Renée hizo el mismo procedimiento que yo con los siete platos restantes.
Luego yo saqué los cubiertos del mueble de la cocina y los puse a cada lado de los platos. Renée sacó doce vasos de la alacena, me dio cinco a mí y los puse en la mesa.
–Ya vengo, Bella –dijo ella cuando puso el último vaso en la mesa.
–¿Adónde vas?
–A la sala. Voy a decirle a Edward que pase –masculló con aire despreocupado.
–¿Qué? –susurré tan bajito que apenas pudo ella oírme–. ¿Para qué quieres que Edward venga acá?
–Para que te ayude a servir la comida. Tengo que ir a cambiarme.
–¿Y por qué no se lo pides a Alice? –me quejé.
–Simplemente porque… no quiero –se retiró de la cocina.
Excelente. Me esperan unos largos minutos de incomodidad con Edward.
Oí cómo Renée hablaba en la sala con Edward y oí cómo éste se levantaba de su asiento y caminaba hasta la cocina.
Abrí la puerta de la nevera y me oculté ahí durante un minuto. Respiré profundo. El frío de la nevera me inundó la nariz y un escalofrío recorrió por mi cuerpo e hizo que me estremeciera. No me iba a quedar plantada en la nevera. Tomé el bol con mis dos manos donde estaba la ensalada y me devolví a la mesa. Puse la ensalada en la mesa y la fui repartiendo en cada plato.
–¿En qué te puedo ayudar?
Di un saltito por el susto al escuchar una voz aterciopelada. Me devolví.
–Pues… Eh –balbuceé. ¿Qué rayos me pasa?–. Puedes servir el jugo. Está en la nevera –me devolví hacia la mesa y seguí sirviendo la ensalada.
Y llegó el momento incómodo, justo a tiempo.
Diez minutos más tarde Renée apareció vestida con una cascada roja. Ella había llamado a los demás –que aún estaban en la sala– que fueran a la cocina. Los Cullen se sentaron en un lado de la mesa y mi familia y yo nos sentamos al otro lado de la mesa.
¡Agh! Tuve diez minutos de incomodidad con Edward. Odio a Renée por hacerme pasar esto.
Mi madre había preparado ensalada mixta, pollo asado y arroz, y mi jugo favorito: manzana. Adoro esa fruta pero no tanto como la fresa. Es mi favorita.
–Bella, eres realmente hermosa, ¿cómo consigues tanta belleza? –intervino Alice con entusiasmo.
–No es para tanto, Alice –hablé entre dientes, sonrojada.
–Si es para tanto, Bella. Creo que hasta superas la belleza de Rosalie –afirmó con su gran sonrisa mostrando sus dientes brillantes.
Ensarté un pedazo de pollo en el tenedor y me lo llevé a la boca, mastiqué lentamente y luego tragué ruidosamente.
Dos horas más tarde todos los Cullen se habían ido a su casa, excepto uno. Edward. Lo supusieron, ¿no? Renée me había suplicado que estuviera con él para conocerlo, yo me había negado pero Renée es Renée.
Me había quedado sola con él en la desierta sala; Renée y Phil se habían ido a atender a Oriana y Hilary y Ryan se habían ido a quién sabe dónde.
Incomodidad, eres bienvenido a esta sala.
–Edward, ¿tú crees en lo sobrenatural, en espíritus y ese tipo de cosas? –tomé un tema al azar. Y también porque necesitaba saber sobre lo sobrenatural.
–No, no mucho, ¿por qué?
–No, por nada –mentí perfectamente.
–No parece –masculló entre dientes.
–¿Tú qué harías si tú estuvieras solo en tu propia casa y escuchas y ves cosas extrañas?
–Oh, pues, no lo sé. Nunca había estado en esa posición, ¿por qué, eso te sucede a ti?
Negué con la cabeza.
–Sólo… sólo quería saber.
Unos minutos en silencio.
¿Y ahora qué se suponía con las voces que escuchaba? Sólo es tu imaginación, Bella, dijo mi vocecita en mi cabeza. ¿Pero qué pasa con el sueño que tuve sobre Jacob? Esta vez mi vocecita no respondió, no tenía respuesta para ello…
–Oriana es toda una dulzura –Edward me sacó de mis cavilaciones.
–Ah, sí. Ella es la princesa de la casa –me tuve que aclarar la garganta porque estaba hablando muy ronca–. Es todo un amor. Renée antes la iba a llamar Emma pero luego Phil la convenció en que la llamar Oriana.
–Amo ese nombre –él me mostró sus brillantes y blancas perlas.
–Sí, bueno. Renée pasa mucho tiempo con Oriana y no tiene tiempo para mí, para Hilary o para Ryan –suspiré–. Yo sé que Oriana aún es un bebé, no ha empezado a vivir la vida, pero es duro que tu madre no te preste la más mínima atención.
Edward soltó un jadeo. Yo solté una lágrima por mi lagrimal izquierdo.
–Hablando de Hilary y Ryan, ¿qué onda con ellos? –soltó, de repente, Edward–. Hoy esos dos estaban muy encariñados, más de lo debido.
–Ah, sí, creo que se gustan. Hilary vino ayer a mi casa y me confesó que los dos están enamorados el uno al otro –lo expulsé como si no fuera la gran cosa.
–¿Siendo hermanos y se gustan? Nunca había visto ese hecho.
Los dos suspiramos a la misma vez.
O.O Qué les pareció? Está más largo, no?
Hoy mi papá llegó del trabajo y me dijo que ahora comenzábamos clases en octubre! Más wi! Jeje, yo y que: OMG!
Mañana mi cumple! 13 añitos! Soy mayor que mi BFF Dayana, mañana creo que voy a ir a comprar ropa en una tienda y el sábado a salir para el cine y a almorzar en la calle, yo quería invitar a mi BFF pero mi papá no tiene tanta plata para pagar lo de ella y lo de su mamá :S Bueno, qué más.
Vieron el 2do tráiler de Amanecer? O.O Yo me morí y reviví, jajaja. Y no lo dejo de mirar, no sé por qué, yo quería gritar en mi casa pero no pude porque mi papá se enoja, así que lo hice por SMS con mi BFF :D YA QUIERO QUE SEA NOVIEMBRE! Va estar bueno!
En este capítulo no me inspiré en ninguna canción, sólo salió de mi imaginación y BUM! Lo plasmé en mi cuaderno ;)
Reviews, si? :D
Bye!
