Era lunes, un glorioso lunes, el día estaba despejado, pero el piso y las aceras estaban completamente llenas de nieve, ese día era perfecto para ir a jugar en la nieve, estar en casa o salir a tomar un café, aunque hoy era el primer día de labores y la temperatura marcaba -20 grados, así que las cosas sugeridas eran de olvidarse y empezar con la rutina diaria, despertarse, desayunar, ir al trabajo, almorzar, trabajar e ir por lo niños a la escuela, pero una persona que lo tenia todo (casi todo), que no estaba casada, ni mucho menos con hijos, ni grandes responsabilidades, podría dedicarse hacer lo que le apeteciera y tener una vida social/trivial activa ese era el caso de Ginebra, su día siempre empezaba a las 10 con su habitual desayuno francés en la terraza de su PH conformado con crossaints, fromages, jugo de naranja y café, después de eso hacia su ritual de baños con sales, venían su maquillista, pedicurista y sus peinadores personales, tenían la gran vida, ya que su padre era un gran empresario en Domino City y su madre es una aristócrata inglesa, ambos con mucho dinero, pero sin ningún interés de pareja, solo ambición, y así habían criado a sus hijos ambiciosos, arrogantes y despilfarradores.

Señorita Ginebra le hablan de la empresa de su padre- interrumpió una joven doncella uniformada impecablemente, entrando la estancia donde una mujer de cabellos negros, piel clara, que llevaba una sofisticada bata estilo oriental. Estaba sentada tomando una mimosa.

Amanda -mientras volteaba mirando aquella joven que conocía el temperamento de su señora perfectamente- sabes que suelo odiar que me interrumpan cuando estoy en mi desayuno- dijo esta fríamente deslizándose sutilmente hasta llegar donde la doncella y tomando aquel teléfono portátil- Bueno, sí, ¿que desea? Si soy Ginebra Kerrigan, Ah, padre que grata sorpresa ¿a que debo su llamada… sí? ahh ya veo...

Era difícil explicar la educación de aquella joven de apenas 22 años, era muy madura y amargada para su edad, pero también era culta, sabía siete idiomas, entre ellos estaba el francés, japonés, inglés, italiano, latín, español y alemán, aunque eso compensaba lo nefasta que era para las matemáticas, aunque tenia conocimientos de ellas, la escuela de jovencitas a la que había ido en las afueras de Inglaterra, era una escuela para "esposas", aunque era pésima para todas esas monerías extras, que le enseñaban ahí, no sabía cocinar, ni lavar, pero ella jamás mostró empeño en aquellas tareas, porque que según decía: …'' si las mujeres aprenden eso, también a los hombres se les debería obligar'', era en ese sentido muy liberalista, pero tampoco feminista, a ella le apasionaba la lectura, pero detestaba enormemente la poesía, ella tenia otra gran pasión y esa era la música, adoraba tocar el violonchelo acompañada por su hermano en el violín, también tocaba el piano y uno de sus placeres irremediables era estar encerrada sola en la biblioteca escuchando horas enteras a los grandes como Tchaikovsky, Mozart, Beethoven, Chopin, Johan Strauss y Vivaldi, entre otros mientras hacia bocetos o pintaba o solo se sentaba en un futón a pensar, se podía decir que era una compañera de charla exquisita, atraía a los hombres por sus conversaciones maduras, tenia una sensualidad y una personalidad que siempre la hacían sobresalir, los hombres la alababan y la llamaban "el diamante rojo" por ser única y ser las idealizaciones de todos los hombres.

Seto, no deberías ir al trabajo hoy, tienes que descansar- Decía Mokuba por teléfono con un tono afligido-… Puede darte un resfriado y empeorar- Mokuba, la empresa no puede manejarse sola sin mi, además hoy tengo una junta muy importante, creo que hoy cerrare un trato de miles de millones de dólares y es indispensable que este ahí.

Seto no tenia las condiciones optimas para ir al trabajo, se veía desgastado y ojeroso, pero el trabajo era su vida, era lo que le hacia olvidar, mientras se anudaba su corbata de seda, se fijó en un retrato que había en una de las mesitas de la gran recamara, era de un joven como de unos diecisiete años, muy parecido a Mokuba, pero de tez clara y cabello corto, ese muchacho era su único hijo y se llamaba Zero, no tenia un parecido particular con algunos de sus padres, pero si era muy buen mozo y atlético y tenia esa mirada humilde de su madre- Seto tomó otra foto a lado de esa donde estaban los tres, Ishizu, Zero y él, se veían muy felices y Zero debía tener cinco años cuando mucho; Seto se sonrió y beso el retrato y lo puso en su lugar nuevamente- Me pregunto como estará mi hijo, después de la muerte de su madre nuestra relación no es igual- Zero estaba en un internado de Alemania, hace años que estaba allá, era muy buen deportista, no tan hábil para los negocios, pero si para la historia, el, a comparación de su padre, no era un fanático de duelo de monstruos, apenas sus habilidades eran escasas; y hablando de duelo de monstruos hace años que no se organizaba torneos y Kaiba Corp. ya no vivía de eso si no de otro tipo de tecnología, ahora, oír hablar de duelo de monstruos era como si fuera un mito, algo anormal, y Yugi Moto como un Dios de la mitología griega. Eso lo decepcionaba enormemente.

Seto Kaiba se preguntaba donde había quedado esa cultura y porque permitió que su hijo apenas supiera que era el modo de defensa y ataque...