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Ciento trece días de marcha
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Noveno informe de Shiro Inu:
Misión primaria completada con éxito. Nuevas órdenes recibidas. Volveremos a las tierras centrales. Ayudaremos con los ninjas enemigos que aún siguen al clan. Fin del mensaje.
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Era el auge de la primavera. Las aves inundaban el bosque con sus cantos de apareamiento. El olor a hierba fresca se percibía con la facilidad de la respiración. Cerezos rosas florecían aquí y haya en el bosque verde resaltando como islas paradisiacas en el mar turquesa.
Un pétalo de cerezo se posó en el té verde de Hinata. Pequeño y frágil como una lagrima. Desayunaba a la sombra de un cerezo. A su espalda, un claro en el bosque que era bañado por el sol de la mañana, un oasis de luz entre las sombras del bosque. Los sirvientes habían puesto su mesa y la comida un poco alejados del campamento. A Toneri le gustaba la privacidad y el silencio.
Fruta, pan con mantequilla y salmón frito con algas. Hacía meses que no comía algo tan variado. Lástima que no pudiera disfrutar tan delicioso desayuno como le gustaría, pues un silencio incómodo y pesado se cernía sobre el espacio que la rodeaba. Toneri con su fría expresión y su semblante silencioso estaba desayunando con ella.
—El clima está bastante agradable hoy… —dijo tímidamente con una sonrisa forzada que no podía ocultar en lo más mínimo la incomodidad que la oprimía.
Toneri levantó la vista del té que estaba bebiendo. La miró y volvió a su taza, como si un ave se hubiera posado en la mesa y él se hubiera detenido a observarla un momento para después volver a sus asuntos en cuanto el ave se hubiera marchado.
Hinata volvió la vista a la mesa casi arrepintiéndose de haber hablado.
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Habían reanudado la marcha al día siguiente que se había concretado el compromiso. Los exploradores habían partido la noche anterior, para asegurar la ruta que seguiría la caravana. Otro grupo de ninjas se quedaría en la retaguardia, vigilando y borrando cualquier rastro que dejara la caravana. Hombres, mujeres y niños cargaban sus pertenencias en la espalda, lo que no pudiera ser llevado era abandonado. Incluso las princesas Hyuga y los miembros del consejo cargaban sus cosas en la espalda. Sus tiendas, futones, ropas, objetos personales y vidas metidas y compactadas en una enorme mochila de campamento.
Unas cuantas yeguas cargaban unos cuantos baúles. Las carretas eran demasiado grandes y lentas para los senderos del bosque. Los baúles estaban llenos de pergaminos y documentos importantes, tesoros familiares, armas y dinero en forma de monedas de oro. Necesario para comprar provisiones en los poblados cercanos.
El plan era viajar a la tierra de los Otsutsuki. La cual estaba lejos, más allá del continente, cruzando los mares del norte. Una tierra que Hinata jamás había visto. En aquel lugar se casaría y los Hyuga pasarían a servir a los Otsutsuki, teniendo como nuevo Daimyo y señor a Toneri.
Después de seis días de marcha, finalmente se habían detenido y montado un nuevo campamento. Después de que ella y su hermana terminaron de montar su tienda, apareció la extranjera se ojos avellana que la había "arreglado" para su encuentro con Toneri. Se presentó. Kiniro, dijo que era su nombre. Le comunico que su señor quería comer con ella.
Así que Hinata se vio sometida, no sólo a comidas, sino también a cenas y desayunos, de incomodos silencios, durante los últimos tres días. Todo porque Toneri seguía insistiendo en compartir los alimentos con ella. A pesar de que a sus ojos a él también le incomodaban sus encuentros.
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Kiniro con sus ojos color avellana, grandes como los de una mantis, estaba con Toneri. Siempre estaba con él. Caminando un paso por detrás como si fuera su sombra. Parecía ser algo más que una guardaespaldas dedicada. Con sus rasgos severos y agudos se quedaba de rodillas un paso por detrás de Toneri; no sin antes probar los alimentos que este comería.
Su silenciosa presencia inquietaba todavía más a Hinata. Que se sentía rodeada por dos panteras negras que saltarían en cualquier momento sobre su cuello.
—Señorita Hyuga —dijo Toneri de pronto. Su tono impersonal y frio— ¿Qué puede contarme sobre usted? —preguntó una vez terminaron el desayuno.
Hinata se quedó en blanco. El té casi se le atoró en la garganta. ¿A que venía esa pregunta tan repentina? Abrió y cerró la boca como un pez que acaban de sacar de la pecera.
—¿Sobre mí?
—Sí ¿Acaso no me exprese correctamente?
Entró en pánico ¿Qué podía decirle? Era Hinata Hyuga, primogénita de Hiashi Hyuga. Ex heredera del clan. Prometida de Toneri Otsutsuki. Pero todo eso, él ya lo sabía ¿Qué debía contestar? ¿Qué es lo que Toneri quería escuchar? ¿Qué quería saber?
—¿Qué es lo que le gustaría saber? —terminó diciendo.
—¿Qué es lo que me gustaría saber? —Toneri guardó silencio mostrándose ofendido. Se miró las manos buscado la respuesta. Su pregunta parecía también causarle problemas—. Bueno, no quiero saber tu color o comida favorita o esa clase de tonterías. Quiero saber qué clase de persona eres ¿Qué es lo que te define? ¿Por qué vives? ¿Cuál es tu propósito? —volvió a guardar silencio y la miró recuperando la compostura— Ese sería un buen comienzo.
Hinata paso del pánico al nerviosismo aterrado. ¡¿Qué se supone que debía contestar?! ¿Su propósito? ¿Cuál era su propósito? ¿Qué es lo que la hace levantarse cada mañana a pesar de la desazón y tristeza que siente?
Con cierto dolor encontró la respuesta a su pregunta. No fue difícil encontrarla porque ya la sabia y desde hace tiempo, sólo que no había querido verla hasta que se la señalaron, como la espinilla en la frente que ocultas con el cabello.
Era la presión de su padre.
No era la de su hermana, ni la de su clan, ni siquiera la de su primo lo que la presionaba más. Era su padre. No quería hacerlo enojar. No quería decepcionarlo, más. Y no es porque quisiera su cariño, lo que quería era su perdón. No quería que su padre la odiara más, que le guardara rencor por siempre. Tal vez por eso se esforzaba tanto en complacerlo, quería compensarlo por lo que hizo.
—Lo siento… —Pero no podía decirle eso a Toneri. No podía decirle algo tan vergonzoso.
—¿Qué es lo que sientes?
—Yo… no lo sé.
—¿Qué es lo que no sabes? ¿No sabes porque vives? ¿Acaso no tienes un propósito? —comenzaba a perder la paciencia.
Negó en silencio, sin atreverse a decir nada más.
Toneri frunció el ceño. Abrió y cerró los puños.
Hinata sintió que los pétalos rosas, el canto de los pájaros, el azul del cielo y el bonito clima se cernían sobre ella, que podían aplastarla a pesar de su inocente apariencia. Toneri se puso de pie de un salto.
—Bien. En ese caso te reto a un duelo —dijo con severidad en los ojos, con dominancia en la voz.
Hinata lo vio alzarse como una torre que se abalanzaba sobre ella. Había visto esa clase de expresión y postura antes. En su padre, y por experiencia sabía que Toneri había tomado una decisión, una que tendría que acatar con prontitud y sin excusas, porque es lo que tenía que hacerse, porque es lo que era mejor para ella. No tenía opción de negarse.
Por un momento lo aceptó con resignación como había aprendido a hacer todos estos años. Hasta que su mente se dio cuenta de lo que le estaban pidiendo.
¡¿Su prometido la estaba retando a un duelo?!
Toneri estiró los brazos con las palmas hacia el suelo.
—Kiniro
—En seguida, mi señor —la mujer de ojos avellana caminó con prontitud hacia su amo. Sacó un par de bandas blancas de debajo de la manga de su Kimono mostaza y comenzó a vendar las manos de su señor con eficiencia. Vendo ambas manos hasta los codos. Cuando terminó Toneri se dirigió al claro, donde esperó bajo la cristalina luz de la mañana.
—Ponte de pie —dijo Kiniro severa, que se había puesto al lado de Hinata. Esta levantó la vista y miró a la mujer con ojos aterrados—. Ponte de pie y estira los brazos.
Hinata se puso de pie. Estaba en completo shock ¿De verdad iba a pelear contra Toneri? ¿Ahora? ¿Justo aquí? ¿Después del desayuno? El estómago se le revolvió. Las manos comenzaron a temblarle y sudarle.
—Entre mi gente, los duelos son importantes —dijo remangándole las mangas de la chaqueta y comenzando a vendarle la mano izquierda—. Si él que te reta es de un rango superior al tuyo, no puedes rechazarlo, ni huir, ni rendirte sin pelear o será considerado un insulto. Mi señor Toneri ha considerado que alguien como tú es lo suficientemente buena como para ser una digna oponente. Al retarte te ha considerado un igual. Es un honor. Sí lo rechazas lo pondrás en ridículo ¿Entiendes? —Hinata asintió en silencio con la mente aturdida. Kiniro terminó de vendarle la mano izquierda, apretó el vendaje con un nudo y paso a vendarle la derecha—. Dicho eso. Nuestros duelos no son vulgares carnicerías a muerte como los vuestros. Son espectáculos de habilidad. Los Hyuga descienden directamente de los Otsutsuki, no sólo su estirpe sino todo lo demás. Sus técnicas, la forma en que se organiza su clan, sus enseñanzas. Todo se originó de nosotros. Su Taijutsu lo llaman "puño suave" ¿No es así? Nosotros lo llamamos "Juho" El arte de conquistar sin matar. La medida de la verdadera fuerza. Sólo están permitidos los golpes con Chakra. Los órganos vitales están prohibidos. Ganas si logras inmovilizar a tu oponente —terminó de vendar, apretó con un nudo y tomó las palmas de Hinata con las suyas—. Pierdes si estos vendajes se rompen o se manchan con otra cosa que no sea sudor. No son vendas normales. Están hechas para mostrar tu verdadera habilidad. Sobre todo, si ya estas sudando tanto desde el inicio —dijo señalando con la mirada las perlitas de nervioso sudor que se apelmazaban en la frente de Hinata. Se limpió con premura con los vendajes del dorso del brazo. Kiniro sonrió —Ve —dijo empujándola suavemente—. Te darás cuenta pronto a que me refiero.
Caminó hacia el claro del bosque como si su alma la hubiera abandonado. Apenas y había escuchado todo lo que le habían dicho.
—Peleare en serio —dijo Toneri poniéndose en guardia como un águila que desciende en picada para abalanzarse sobre su presa—. Y si tú no lo haces, cancelare nuestro compromiso.
¿Qué estaba pasando? ¿Acaso podía hacer eso? ¿De verdad cancelaria su boda si Hinata no peleaba? ¿Cómo paso esto? ¡¿Acaso hizo algo mal?! Si alguien lo sabe que se lo diga porque no tiene idea de cómo es que todo termino así.
—¡En guardia!
El gritó amenazante de Toneri sacudió lo suficiente a Hinata como para que reaccionara.
¡¿De verdad iban a hacer esto?!
Se puso en guardia. Las venas alrededor de sus ojos se hincharon de sangre y el sistema de Chakra de Toneri se iluminó como un árbol de navidad. Un Chakra fluido y torrencial como los rápidos de un río.
Lo primero que le llamó la atención fue que las venas alrededor de los ojos de Toneri no se hinchaban. Kiniro le había dicho que los Otsutsuki utilizaban una variación del puño suave así que él también debería poder ver su sistema de Chakra, pero su…
Hinata ahogó un grito de terror. Toneri se movió como una ráfaga de viento, dio dos pasos rápidos hacia el frente y se inclinó ligeramente a la derecha. Apenas pudo esquivar el golpe. El Chakra salió de la palma de su mano como un rugido y le despeinó el cabello.
Eso contestaba la pregunta de Hinata. Si ese golpe hubiera alcanzado su hombro le habría inmovilizado el brazo. Toneri definitivamente podía ver su sistema de Chakra, aunque sus ojos no fueran como una gigantesca pupila blanca. Los de él eran azules, de una extraña intensidad y aun así tenían los poderes de un Byakugan ¿Qué clase de oj…
Hinata no tuvo tiempo de seguir pensando. Su prometido la volvió a atacar. La bombardeó con una serie de golpes rápidos y feroces. El Chakra agresor la envolvía como ráfagas de viento azul. Su cuerpo a duras penas conseguía seguir el ritmo. Hinata se dio cuenta enseguida. Aquello no iba a durar demasiado. Toneri era fuerte. El mínimo error y alguna de sus extremidades quedaría en coma por una semana. Él sólo tenía que continuar hasta que Hinata se cansara y su cuerpo no pudiera seguir el ritmo.
—¿Eso es todo lo que tienes o es que acaso no estas peleando enserio? —dijo Toneri con la voz cargada de reclamo.
La estaba desafiando, provocando. Cualquier otro se hubiera enfadado. Hubiera respondido ante la provocación, poniendo más fuerza, más audacia en sus ataques. Su padre y su hermana habían hecho lo mismo cientos de veces. Pero lejos de enfurecer a Hinata, aquellas provocaciones sólo la hacían sentir patética. Porque lo cierto era… que eso era todo lo que tenía. Conocía sus límites, hacía tiempo que se había dado cuenta de ellos y eran pequeños, como una jaula que encierra a un canario. Un sentimiento que recuerda cada vez que la provocan.
Fue una de las razones por las que dejo de entrenar con su hermana. Eran igual de buenas… en este momento, pero en un año, puede que incluso en unos meses, Hanabi la dejaría atrás, lo suficiente para que no pueda volver a alcanzarla. No tenía su talento, ni el de Neji. Sabía lo que tenía que hacer, pero su cuerpo rara vez la obedecía, la mayoría de las veces lo sentía lento y torpe, como si fuera un enorme amasijo de masa sin forma. Necesitaba diez veces más práctica que Hanabi para dominar un movimiento. Era una tortuga y Hanabi era una libre.
Sí, sabia la fábula de la liebre y la tortuga.
Si la tortuga trabaja duro alcanzara a la liebre que es muy confiada.
Pero su hermana no sufre de exceso de confianza. Hanabi sigue practicando a diario y después de que su primo murió y la nombraron sucesora del clan se ha esforzado más aún. Es una liebre con la voluntad de una tortuga. Al igual que lo era su primo.
Hinata no tiene su genio, ni su talento, ni su espíritu. Nunca podrá alcanzarlos. Nunca podrá ser como ellos.
—¿De verdad es todo lo que puedes hacer? —dijo Toneri con frustración, dándose cuenta de que vencería a Hinata en cualquier momento.
—¡Sí! —se encontró diciendo Hinata— Lo es, lo siento. —Los ojos amenazando con llenársele de lágrimas. Era todo lo que podía hacer. Toneri era mucho más fuerte y rápido que ella. Probablemente fuera igual o más hábil que su primo. No tenía oportunidad, nunca la tuvo. Este duelo era sólo un castigo cruel y sin sentido.
—¿Entonces sólo vas a rendirte? —dijo Toneri, apretó los dientes, la atacó con más furia— Tu oponente es más fuerte que tú. Estas en desventaja y tu cuerpo te fallara de un momento a otro ¿Y qué? Estoy seguro que no es la primera vez que te sucede. Así es el mundo; grande, poderoso e indiferente. Puede aplastarte por accidente y no se detendrá para ver que es lo que dejo atrás. Y si lo único que vas a hacer cada vez que te enfrentas a él es llorar y rendirte, hubiera sido mejor que no hubieras nacido.
Lagrimas afloraron a los ojos de Hinata. Sabía que tenía razón. Pero tampoco estaba siendo justo. Él podía decir eso porque era fuerte. Seguramente siempre lo hubiera sido. Nunca ha sentido el miedo y la impotencia que ella siente cada día. Sí, su mundo intentaba aplastarla en cada paso que daba...
¡¿Pero qué puede hacer ella?! ¿Qué puede hacer para alcanzar las expectativas de su padre? ¿Para seguirle el paso a su hermana? ¿Para ayudar a su clan? ¿Qué más puede hacer? Lo ha intentado. Lo intentó con toda su alma. Se esforzó todo lo que pudo. Aun se esfuerza todo lo que puede. Pero no parece ser suficiente. Nunca es suficiente.
Sabe lo que tiene que hacer, pero no puede seguir el ritmo. Su cuerpo siempre va un paso por detrás. Su mente ve como todo se desmorona a su alrededor, pero su cuerpo no alcanza a recoger los pedazos. Su mente ve, pero su cuerpo no la sigue. Su mente alcanza a ver…
Tuvo una idea.
Podía ver a donde iban los ataques de Toneri, eran especialmente fáciles de ver porque los órganos vitales estaban prohibidos, así que sólo estaba apuntando a sus brazos, hombros, piernas y cadera. Apenas podía esquivarlos, pero podía verlos. Así que en vez de esquivar un golpe que iba a su hombro izquierdo, lo recibió, pero interpuso su palma derecha entre la palma de Toneri y su hombro.
Para neutralizar un ataque del "puño suave" hay que expulsar la misma cantidad de chakra con la que tu oponente te esté atacando. Toneri la estaba atacando con una anormal cantidad de chakra, más del que era necesario para dar un golpe con el "puño suave". El estilo de Toneri era uno con el que no estaba familiarizada. Pero aun así lo intentó, igualó la cantidad de chakra que expulsaba con la de Toneri.
Para su sorpresa y la de Toneri, funcionó. Sus palmas chocaron, expulsando una ráfaga de Chakra a presión. Pétalos rosas bailaron en los remolinos de Chakra, nadando como bancos de peces en el océano.
Una chispa de sorpresa apareció en los ojos de Toneri y le dio a Hinata una apertura. Contraatacó, empujó la palma de su oponente y con su palma izquierda lanzó un golpe hacia la pierna izquierda de Toneri. Pero este pudo esquivar su ataque con facilidad.
No iba a ser tan fácil.
Pero ahora podía bloquear y contraatacar.
La anterior situación se repitió varias veces más y Hinata pudo crear un espacio, un momento para respirar. Estaba casi en su límite, el corazón latiéndole como si se le fuera a romper, la respiración agitada, el pecho doliéndole por la falta de aire, el sudor picándole los ojos. Se limpió la cara con las vendas de sus brazos.
Casi se arrepintió de no haber seguido entrenando con Hanabi, estaba oxidada y le faltaba práctica. Le dolían los músculos y su ropa le pesaba. Se quitó la chaqueta e intentó recuperar el aliento.
Pero Toneri no le dio tiempo. Volvió a lanzarle un ataque con ferocidad. Hinata lo bloqueó de la misma manera. Pero se retiró inmediatamente después. Algo estaba mal. Se miró la palma derecha, con la que había bloqueado el golpe. La abrió y la cerró rápidamente. Apenas podía sentirla. Tenía la mano completamente dormida.
El golpe de Toneri la había alcanzado.
¿Pero cómo? Estaba segura de que había expulsado la misma cantidad de chakra que Toneri, pero al parecer no había sido suficiente ¿Acaso Toneri la había atacado con más chakra esta vez? Pero no era eso. Hinata lo hubiera visto con su byakugan. La cantidad de chakra era la misma.
¡¿Entonces que había cambiado?!
Recordó las palabras de Kiniro… "Estas vendas revelaran tu verdadera habilidad" … No eran vendas normales. Estaban bloqueando su chakra de alguna forma ¿Pero porque precisamente ahora? ¿Qué es lo que había cambiado? Hinata no había hecho nada. No podía ser la cantidad de uso. Toneri los había estado usando más que ella y no parecía sufrir el mismo problema ¿O sí?
¿Pero qué otra cosa podía ser? Lo único diferente que había hecho Hinata era limpiarse el sudor con ellos…
"sobretodo… si ya estas sudando tanto desde el principio" …
…expulsó chakra de las palmas de sus manos y vio la cantidad que salía con su byakugan; luego se limpió el sudor del cuello y volvió a expulsar chakra de sus palmas. La cantidad de chakra que salió fue menor.
Así que era el sudor. Mientras más sudadas estuvieran más bloquearían su chakra.
"¡Pero que absurdo!"
Gritó Hinata para su interior. Pero no tuvo tiempo para quejarse, Toneri volvió al ataque con una serie de golpes. Los bloqueó de la misma manera, pero esta vez, ajustando la cantidad de chakra que liberaba.
Volvió a retirarse. La mano izquierda comenzó a hormiguearle. Había fallado en calcular la cantidad de chakra adecuada, por poco, pero había fallado.
Volvió a mirarse las palmas. Había pequeñas rasgaduras en las vendas.
"Así que las vendas tienen un límite" Se dio cuenta. Si liberaba más chakra de la cuenta, las vendas se romperían y perdería el duelo.
Así que de eso iba esta pelea. El que tuviera menos resistencia, menos fuerza, el que se cansara primero, el que sudara más… sería el primero en perder. Lo más probable era que esa fuera la razón por la que Toneri había usado tanto chakra desde el principio, para cansar más rápido a Hinata.
Volvió a atacarla. Se defendió como pudo. Estaba usando mucho chakra con cada golpe y su cansancio iba en aumento. Y mientras más se cansaba, más sudaba y mientras más sudaba más chakra tenía que usar, pero tampoco podía usar tanto o las vendas se romperían. Así que dejo que los ataques de Toneri la lastimaran, sólo un poco, pero lo suficiente. Los brazos y las piernas comenzaron a hormiguearle aquí y allá. Las palmas le dolían con cada golpe. Un dolor agudo y penetrante que subía desde la palma de su mano hasta su hombro como si tuviera una aguja dentro del brazo que le subía y le bajaba.
Sólo era cuestión de tiempo. Desde el inicio la única opción de Hinata era la derrota. Sólo había estado retrasando lo inevitable. Lo había sabido desde el principio.
Pero aun así dolía.
Cayó sobre su rodilla derecha. La pierna dormida y hormigueándole tanto que dolía. Toneri no esperó a que volviera a ponerse de pie y lanzó un último ataque.
Eso era todo, no podía hacer más. Hinata bajó los brazos cansada, cerró los ojos y se preparó para recibir el golpe final.
Pero justo en el último segundo. Lo esquivó.
Ladeó su cuerpo a la derecha, se apoyó en su palma y rodilla derecha, y le lanzó una patada con su pierna izquierda. Utilizando el dorso de su pie como si fuera la palma de su mano, expulso chakra, directo al hombro izquierdo de Toneri.
Pero lo bloqueó.
Su mano y su pie chocaron en una ráfaga de chakra que despeinó a Toneri. Las dos extremidades se repelieron como si fueran imanes de polos distintos. Hinata perdió el equilibrio y cayó de costado sobre el pasto húmedo. Toneri apenas se tambaleo. Se quedó perplejo, mirándola con los ojos llenos de sorpresa.
—¿Has dado una patada con el estilo del "puño suave"? —dijo. Hinata no respondió, se puso de rodillas, intentando levantarse de nuevo. El pecho le subía y le bajaba, el sudor le empapaba la playera— Pero que barbarie.
Podía entender su sorpresa e indignación. En el estilo del "Puño suave" y seguramente también en la variante Otsutsuki, sólo se utilizaban las manos. Siempre se había preguntado ¿Por qué? Siendo que los Hyuga podían expulsar chakra por casi todos los poros de su cuerpo ¿Por qué sólo utilizan las manos? Siempre se lo había preguntado, pero nunca lo había cuestionado. Si alguna vez hubiera hecho algo como lo que acababa de hacer en las practicas con su padre, este la hubiera azotado por cometer tal blasfemia contra sus tradiciones. Pero por alguna razón esta vez lo había hecho.
Por alguna razón se había negado a rendirse.
—Nunca había escuchado, o sabido, de alguien que utilizara el antiquísimo arte del "Juho" de esa forma. Es tan vulgar… e inesperado —dijo Toneri, torciendo la boca como si no pudiera decidir que es lo que debía sentir— Cómo sea. No importa. Has perdido — "¿Por utilizar una patada?" Se preguntó Hinata— Has manchado tus vendas.
Todavía de rodillas, miró la palma en la que se había apoyado para dar la patada. Se había manchado con pasto y lodo. Algo que no era sudor.
—Puedes olvidar la comida y la cena de hoy. Nos veremos mañana en el desayuno. Tengo cosas en las que pensar —y sin más se dio la media vuelta. Llamó a Kiniro y esta lo siguió diligente, no sin antes despedirse de ella con una reverencia respetuosa.
Hinata vio cómo se alejaban y se perdían entre los arboles del bosque para volver al campamento. Perdió la noción del tiempo viendo el lugar por donde se habían esfumado.
Sobre su cabeza, el cielo con su azul prístino y su bonito clima. El canto de los pájaros en sus oídos. El aire fresco con su olor a pasto húmedo. Los pétalos de cerezo aferrándose a su cabello.
Todo había terminado, se dio cuenta.
Se dejó caer de espaldas en el pasto, su respiración aun agitada. El sol de la mañana calentó sus mejillas. Lastimó sus ojos.
Todo había terminado. Tan repentino como había empezado.
Y todo a su alrededor seguía igual, como si nada hubiera pasado.
