El Potterverso pertenece a J.K. Rowling, hago esto sin fines de lucro.
Rompecorazones
III
El silencio entre los tres era la innegable señal de que estaban haciendo un pésimo trabajo ocultándole algo a Lily. Rose se mordía el labio, Eva se rascaba el codo mirando con fingido interés las puntas de sus zapatos y Lysander…Bueno Lysander no decía nada porque seguramente encontraba divertido hacer enojar a todas ignorando el trabajo mayúsculo que hacían Rose y Eva en evadir la mirada penetrante de Lily. Si alguna vez quisieran escuchar su opinión, diría que las cosas estaban tomando un curso interesante y que él sólo esperaba ver como se desarrollaban los hechos.
Parloteando risueñamente, Lysander destruyó con inocente elegancia los nervios de los presentes, mientras veía a la anciana Madam Pomfrey darle instrucciones sobre cómo tratar un brazo lastimado a su asistente, o nuevo aprendiz. Un pobre, pero enorme y peludo, muchacho que no daba muestras de entender palabra alguna de la mujer, estando ambos en sintonías diferentes con las varitas alzadas. Además de hablar idiomas diferente. Pyotr Záitsev apenas y podía rumiar un puñado de palabras del inglés. Lo demás, lo expresaba entre señas, un brusco y retumbante ruso de provincia y un aún más rudo y basto ucraniano. Aunque agradecía profundamente los intentos de Lysander con su charla en construir, fallidamente, un puente entre los esfuerzos de la enfermera y de él por entenderse.
Pero a Lily, eso le interesaba muy poco.
A tres camillas de distancia, Gary Pyle reposaba inconsciente, franqueado por sus dos amigos que la miraban nerviosos de su escrutinio. No le agradaba. Y aún así, por mucho que ella empezara a sentir un profundo desprecio por Pyle, dudaba, muy seriamente, que el prefecto de Hufflepuff se prestara para hacer una escena en pleno pasillo junto a la biblioteca. Sin mencionar que le costaba creer que Scorpius haya sido parte de tremendo espectáculo. Vale, ¿a quién engañaba? Ver al pasivo chico con cara de jamás haber atentando contra la existencia de una mosca, de modales impolutos y una gentileza que daba calambres, irse a las manos de una manera tan salvaje y tan…espontánea y peligrosa, le producía cosquillas en el estómago. Sin embargo, seguía siendo una conducta para nada propia de Scorpius Malfoy.
De seguro fue Pyle. Dijo cosas muy feas de él, no me extrañaría que Scorpius sólo se hubiera defendido.
¡Pues ahí había Kneazle encerrado! Ofensivo o no, por mucho que la bocaza de Pyle alcanzara los límites de lo soportable, Lily siempre supuso que Scorpius era como su hermano Albus: repelente de lo que el mundo opinara y dijera sobre él.
Aléjate de él, Lily. No te quiero ver cerca de él, otra vez.
Bueno, aparentemente también se había equivocado con su hermano.
James era el hermano sobreprotector, fastidioso y meloso. El que reía escandalosamente y la abrazaba en navidad como si quisiera romperle las costillas, quien se ufanaba de recibir sus besos en la mejilla como si acabara se recibir el beso de una reina, el hermano que le enseñó a volar escoba y le enseñó en el camino trucos que harían lloriquear de los nervioso a sus padres…ese era James. No Albus. Albus era…otra clase de hermano aún sin clasificar. Lo adoraba, claro. ¿Cómo no hacerlo? Díganle loca, pero a sus ojos, su extraño hermano mayor era un chico dulce, pero atrozmente tímido. Y complejo. Como un rompecabezas con piezas que están invisibles, y hay que conseguir hacerlas visibles. Así de complejo…pero jamás sobreprotector. Al menos no lo suficiente como para hacer esa clase de advertencias. Ni James las hacía. Él sólo se molestaba por deshacerse de los estorbos masculinos que acosaban a su inocente hermanita con un gruñido de búfalo, un entre cerramiento de mirada y el tronar de sus nudillos. Las palabras sobraban.
Pero Albus había llevado el rol del hermano mayor a otro nivel. Y Lily se vio repentinamente temerosa de saber qué nivel era ese.
La nariz rota de Pyle le hablaba sobre un nivel aún no catalogado, porque era la primera vez, para Lily, que veía a Albus salir de su personalidad hermética y centrada…para dar rienda suelta al fuego violento que lo impulsó a estrellar su puño en el rostro de Gary Pyle.
Tampoco se explicaba como Scorpius también se dejó llevar por esa furia ciega. ¿Dónde quedó el chico tímido y torpe? ¡No la malinterpreten! Esa nueva faceta en él le agregaba positivos asteriscos a la percepción de Lily. Pero tenía sus dudas, precisamente esa timidez le hacía muchísimo más difícil imaginarse una razón coherente para que el muchacho hubiera caído como un león furioso sobre el bocón de Gary Pyle.
Y Rose y Eva tenían las respuestas a esas preguntas. Sus caras culpables lo gritaban.
―Muy bien, Rose. Habla.
Rose no habló. Eva tampoco. Ambas prefirieron soltar una escueta y pobre excusa que las libró de seguir soportando la dura mirada de Lily, y huyeron. Algo muy poco Gryffindor, pensó Lily con cierto resquemor. Lysander, con su brazo embarrado con una pasta púrpura, soltó una risa alegre cuando vio a ambas chicas salir disparadas lejos de la enfermería. Madame Pomfrey, rendida de hacerse entender por su pupilo, volvió a su oficina luego de despachar a los amigos de Pyle, quienes no dudaron en salir como cohetes mal direccionados por donde Rose y Eva habían desaparecido antes. Pyotr suspiró aliviado de deshacerse de la vieja enfermera, y revisó de nuevo con ojos crítico su trabajo sobre el amoratado brazo de Lysander.
―Brazo estar bien ahorra, perro usar tener cabestrillo, descansar mucho tres días ―dijo el enfermero, a la vez que empezaba a vendar el brazo de un divertido Lysander.
―Son unas cobardes… ―espetó Lily, pero la risa de Lysander de nuevo le impidió decir algo más―. ¿Tú sabes algo, Lysan? ―El muchacho se encogió de hombros sin quitar su risueña sonrisa, logrando que Lily se sintiera un poquito más decepcionada.
―No sé mucho, la verdad, Lil. Yo iba camino a la sala común, esperando encontrar a Al, y vi a Scorpius. Le dije que lo estabas buscando, pero luego me distraje un momento para atar la cinta de mi zapato. Para cuando me puse de pie, Scorpius ya tenía a Pyle sobre en el piso pegándole con sus puños.
Se lo tendría que haber imaginado. Pobre Lysander, su déficit de atención le estaba resultando realmente engorroso. Cualquiera se habría percatado de que una salvaje pelea entre adolescentes hormonales daría inicio, pero sólo Lysander Scamander se distraía atando las trenzas de sus zapatos. Suspiró, no lo podía culpar, así era él. No era su deber pedirle peras al olmo, para eso estaba Rose quien siempre buscaba el tranquillo al pensamiento rimbombante de Lysander, aunque fuera inútil.
―¿Crees que el Profesor Schultz los castigue? ―Lo dudaba. Primero: Albus Potter era su alumno consentido. Segundo: las normas de la docencia, y el no ingerir bebidas prohibidas en horarios no apropiados y frente a los alumnos, era un idioma desconocido para el profesor. Pero la profesora Hudson y el profesor Flitwick, jefes de las casas Hufflepuff y Ravenclaw, eran harina de otro costal. Incluso peor si tomaba en cuenta el notable, e inexplicable, desdén que la profesora de transformaciones le tenía a Scorpius. Lily odiaba la materia de Adivinación, pero no le era para nada difícil contemplar para Scorpius, y hasta para su hermano, un negro y hostil futuro cuando Pyle era el consentido de la profesora Hudson, y ellos acababan de romperle su perfecta nariz―. Es que no lo entiendo. Pyle es un idiota, pero jamás atentaría contra su apreciado puesto de prefecto desatando una infantil pelea.
―Pyle molesta a Scorpius en clases ―dijo Lysander encogiéndose de hombros―, supongo que esta vez Pyle dijo algo indebido.
―Gary Pyle siempre dice algo indebido ―Quiso referirse a Albus como "la novia de Scorpius". Eso era algo muy indebido en todos los aspectos. Pero seguía siendo una pobre excusa. Pregúntenle a ella, últimamente había tenido el no grato placer de escucharle decir una infinidad de idioteces juntas en sus infructuosos intentos por llamar su atención. Así que castigar al chico por tener el don innato de decir bobadas no era razón suficiente para desatar la ira.
No de esa manera tan salvaje.
Se peleaban por ti y tú hermano sólo quiso defender tu honor.
¡Ja! Lo pensó realmente. Fue una de sus primeras teorías. Pero no… Lily Potter era realista, por eso últimamente se había tomado el arduo trabajo de demostrarle, al distraído de Scorpius Malfoy, que ella era más que la hermanita menor de su mejor amigo. Porque para él, eso era ella. Una niña de quince años, nada brillante en pociones, con la cual conversaba a veces. Y Albus defendiendo su honor también se le antojaba inverosímil, aunque probable…más probable que Scorpius pulverizándole la nariz a Pyle por ella.
―¡Hermano…!
Las gruesas manos peludas de Pyotr se detuvieron de seguir vendando el brazo de Lysander. Lily no conocía a ese chico de Hufflepuff que entró a la enfermería, Lysander sí.
―¡Hola!
―Hola Scamander ―murmuró el chico, viendo de reojo al cuerpo inerte de Gary Pyle con mucho disgusto ―. ¿Qué le pasó a tu brazo?
―Me caí ―Su sonrisa ensanchada silenció de golpe a Lily, quien tuvo el impulso de desmentir sus palabras―. Supongo que eso es todo, ¿no? ―preguntó al enfermero con su habitual sonrisa alegre. Pyotr respondió asintiendo complacido y permitió que el muchacho se bajara de la camilla.
La serie de eventos siguientes mantuvieron la boca de Lily cerrada. Más por la sorpresa, que por la falta de palabras que decir, porque miles de preguntas no tardaron en formularse en su mente cuando Lysander la empujó con suavidad hasta la salida de la enfermería, permitiéndole apenas a Lily escuchar como entre el chico de Hufflepuff y el enfermero Pyotr iniciaba una colorida conversación en ruso. O ucraniano,…o mandarín, o una lengua de la cual Lily no tenía ni idea. Para luego ver como ambos salían disparados de la enfermería, dejándolos atrás sin siquiera voltear a verlos.
―Oh, al parecer es grave.
―¿Qué es grave? ―Preguntó Lily, empezando a comprender porque Lysander era el único en sacar de sus casillas a Rose.
―No lo sé, pero debe ser importante. Mijaíl no tendría porque venir a buscar a su hermano sino fuera importante.
―Espera, ¿qué?
―Debo irme a la biblioteca a estudiar, adiós Lily.
―Lysa…
Se fue.
Era el partido decisivo. Y aunque Lily quería sentir el mismo entusiasmo de Hugo y Lorcan por el equipo de Gryffindor, además de corear canciones de ánimo junto con sus primas pequeñas Lucy y Roxanne, o siquiera acompañar a la excitada Rose en soltar vistosas palabrotas al equipo de Slytherin…ver a Albus sentado en la tribuna de Ravenclaw, con la mirada puesta en un punto ajeno al partido y una expresión de aburrimiento, distraía a Lily de ser una buena Gryffindor y de vitorear a su equipo. ¡Por los calzones de Merlín! Ese partido decidiría si Rose le tocaba ser la siguiente Weasley en levantar la Copa de Quidditch, debería estar igual de emocionada que todos en su familia y casa. James al graduarse, fue muy específico con Rose: Te cedo mí puesto de capitán, pero a cambio, quiero que ganes la puta Copa, así como la gané yo como capitán, ¿me expresé claro, Rosie? El deber de Lily debería ser el de apoyar a su prima en su búsqueda por cumplir esa promesa. Más aún cuando era su último año, y desde que James se fue, Rose no había logrado cumplir su misión de hacer sentir orgulloso a su primo.
Y Lily estaba haciendo un malísimo trabajo en su desempeño como apoyo familiar incondicional. No era la única, al menos. Albus acababa de bostezar, ignorando al eufórico Lysander que aplaudía a su lado.
―¿Me escuchaste, Lily? ―Al parecer Sarah también había notado lo mismo que Lily, porque miraba en la misma dirección―. ¿Le pasa algo a tu hermano? No se ve muy bien.
En lo absoluto. Los bostezos seguían uno tras de otro sin descanso.
―¡Thomas ha atrapado la Snitch! ¡Gryffindor gana!
Los gritos y aplausos hicieron un excelente trabajo ocultando de los oídos censuradores de los maestros, la retahíla de malas palabras que Rose soltó, en medio de un éxtasis, mientras abrazaba sobre su escoba a la buscadora de su equipo. El profesor Wood, con la Copa en sus manos, también hizo público su alegría, pero con cierto decoro, los de Slytherin no estaban precisamente exultantes y contentos, muy mal de su parte si su obvio favoritismo saliera a la luz ante las caras largas del equipo perdedor. Rose no fue tan delicada, ni mucho menos tan sutil con su victoria. La mano que el capitán de Slytherin le extendía, más por protocolo que por querer hacerlo, fue ignorada para dar paso al bailecito ridículo que Rose había heredado de James cuando se mofaba de los otros capitanes. Una alivio que Lysander se apareciera a su lado y detuviera a su prima de ser apaleada por un nada feliz Tadeous Nott.
―¡Rosie! ¡Felicidades! ―Por suerte, el efecto de tener el brazo de Lysander rodeándole los hombros era de poner a Rose en un estado catatónico, lo cual era perfecto para detener a Tadeous Nott de ser desagradable con ella. Más desagradable de lo que ya era.
―Gra-gra-cias Lysan…
Para cuando Lily atravesó la multitud, Rose era levantada en vilo por su equipo y Lysander tuvo que hacerse a un lado con una mirada resignada.
―Supongo que tendré que felicitarle luego ―dijo mirando como Hugo y Lorcan se unían al montón de personas que llevaban a Rose con la Copa. A su lado, Lysander se encogió de hombros, usando aún su cabestrillo, con su acostumbrada sonrisa risueña, pero sin despegar la mirada de Rose―. ¿Cuándo te quitan el vendaje? ―preguntó, notando como el chico se rascaba distraído por encima de las vendas.
―Madam Pomfrey dijo que en unos días y… ―se detuvo, como si acabara de recordar algo. Miró a los lados, pero sólo estaba Lily y algunos otros estudiantes rezagados―. ¿Dónde…? Oh, allí está ―Si, allí estaba. De manos en los bolsillo y mirando el suelo, Albus empezaba a abandonar el campo de Quidditch. Lily escuchó algo parecido a un bufido exasperado, pero lo tomó como un producto de su imaginación. Lysander era demasiado…Lysander como para hacer esa clase de "ruidos"―. Lo siento, Lily. Nos vemos después.
Y se fue. Sólo que esta vez Lily no dudo en seguirlo. Lo había dejado pasar aquella vez en la enfermería, ahora era diferente.
―¡Lysander, espera! ―Que el chico no la escuchara sorprendió mucho a Lily―. ¡¿Puedes esperarme?! ¡Lysander! ―Esa persecución sin sentido la llevó, difícil de creer realmente, hasta las puertas de la Biblioteca. Pocos alumnos, en su mayoría Slytherin con caras muy largas, ocupaban algunas mesas entre las estanterías, y uno de ellos era Albus. Otro era Scorpius. Pero ninguno de los dos juntos. Todo lo contrario, su hermano acababa de tomar asiento en el extremo opuesto donde su amigo se ocupaba en leer un grueso tomo de piel con absoluta concentración.
―Son unos idiotas… ―murmuró Lysander.
Lily no hallaba como explicarse lo que veían sus ojos. Vale, estaba más claro que el agua, pero no por ello, lo entendía. Scorpius, leyendo imperturbable y con el labio partido como única señal de la pelea con Pyle, y Albus abriendo su propio libro sin mirar siquiera a los lados. O a Scorpius. Ahí había algo muy, pero muy mal. Esperando una explicación a tamaño fenómeno, miró a Lysander. Pero fue rudamente ignorada cuando el muchacho, en tres zancadas, llegó hasta la mesa de Albus.
―¿Qué estás haciendo?
―Leo, ¿no? ―Lily supo intuir que Lysander no estaba preguntándole eso a su hermano, pero se distrajo cuando vio a Scorpius ponerse de pie y caminar hasta ellos―. Lily, ¿qué haces aquí? Rose ganó el partido, ve a celebrar con tus amigas ―Catorce palabras, más de las que posiblemente su hermano Albus había pronunciado en ese día con su natural tono monocorde. No, no fue su acostumbrado tono desabrido lo que escuchó Lily de Albus. Fue diferente… Fue igual al tono que usó cuando le exigió alejarse de Pyle. Un tono que dejó, nuevamente, conmocionada a Lily luego de ver como Scorpius siguió su camino sin siquiera detenerse a hablarles―. ¿Lily, a dónde…?
No esperó seguir escuchando a Albus, sólo lo dejó con la palabra en la boca y corrió con la esperanza de alcanzar a Scorpius en el pasillo. Afortunadamente, ahí estaba. De cerca notaba que el labio roto no era el único vestigio de la pelea, su mejilla derecha tenía un leve moretón que empezaba a mutar a un desagradable color amarillo y sobre su ceja izquierda había una pequeña cicatriz. No obstante, Lily estaba más interesada en otra cosa que en sus heridas. Y era lo terriblemente distante que se veían sus ojos ahora que la miraban.
―El profesor Flitwick me espera, ¿necesitas algo?
―¿Estás bien?
―Claro ―¡Ja! ¿Y ella qué era, idiota? ―Lo siento, voy retrasado.
Se fue. Pero por mucho que ella lo hubiera querido, no lo pudo seguir como hizo con Lysander. La mano de Albus la detenía de hacerlo. ¿Cuándo demonios llegó…? Pasmada vio que Lysander también estaba ahí, con una mueca en su rostro que Lily jamás creyó estar viva para presenciarla. Una mueca de profundo disgusto, para nada acorde al risueño muchacho, que se complementaba con una terrible mirada de enfado dirigida sólo a Albus.
―¿Albus? ¿Qué…?
―Dije que te quería ver lejos de él, Lily.
―Pero, ¿de qué estás…?
―Aléjate de Malfoy, Lily. No quiero volver a repetírtelo.
¿A que ninguna se lo esperaba? muajamuaja
Este capítulo no es el orginal que escribí en un principio. Por "cierta cosas" lo remodelé y ¡TA CHAN! Aquí está. En fin, la cosa es que por eso actualizaré el próximo viernes, es decir el 5 de Julio, porque así me da chance de remodelar el siguiente capítulo.
pd. ¡¿Qué clase mosco radiactivo le picó a Albus?! O.ó ¿Ustedes que piensan?
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