III Indiscrecciones.
Por la noche, la pelea a tres bandas aún no había encontrado solución. James no se hablaba con Sirius y éste evitaba a Remus. Peter no había aparecido todavía por allí. En la sala común de Gryffindor no había nadie que no se hubiera dado cuenta de que algo les pasaba, salvo quizá Bagman, que era un auténtico despistado. Todos procuraban mantenerse al margen. Remus estaba harto, era la segunda noche que acababan la jornada disgustados entre si. Además al día siguiente era sábado. La perspectiva de un largo fin de semana en esas condiciones le resultaba deprimente. Sentado en una desvencijada butaca intentaba concentrarse en la redacción de siete palmos que Slughorn les había encomendado sobre los usos del pelo de unicornio, pero era inútil, no podía concentrarse. Sirius estaba mirando a James y éste miraba a Lily, que sentada en el reborde de la ventana escribía mientras a su espalda caía la nieve. Sirius, que hasta hacía un segundo hacía un solitario con las cartas de snap explosivo, se levantó bruscamente de la mesa
-Eh, ¡EH! Fawcett, suelta esa rata inmediatamente.- Fawcett tenía a una rata atrapada en el puño ¡era Peter!
- Me la he encontrado en las escaleras ¿no querrás que te muerda una oreja esta noche, eh Black?
Lupin intervino
- Esa rata es de Sirius , dámela.
- Ni hablar ¿cómo es que nunca se la he visto?
- Soy prefecto y la rata no es tuya, dámela, yo me encargo.
De mala gana Fawcett le entregó la rata. Lupin recogió su pergamino mientras sentía latir el pequeño corazón de Colagusano a toda velocidad entre sus dedos, después hizo intención de subir hacia las habitaciones de los chicos.
- Sirius, creo que me voy a la cama, te guardo tu rata en su caja.
- Espérame Remus que subo contigo- dijo James simulando un bostezo.- estoy cansadísimo. ¿Te quedas Sirius?
- No, creo que subiré con vosotros.
¿ Como habrá acabado Peter en manos de Fawcett? Se preguntaba Remus mientras subían los escalones de dos en dos. Una vez en la habitación redonda, con la puerta cerrada, Remus depósito a Peter sobre su cama. Al menos la pelea había pasado a segundo plano.
- ¿Otra vez te ha fallado la reversión de la transformación Peter?
Peter-rata estaba visiblemente alterado, no paraba de moverse sobre la colcha emitiendo chirridos asustados.
-Venga Lunático, no le des sermones, ahora lo que necesita es recuperar su aspecto humano. Dijo Sirius dirigiendo la palabra a Remus por primera vez desde su encuentro con Snape. Peter aún no había dominado sus nuevas facultades de animago y no era la primera vez que tenían que ayudarle en su transformación. Hasta ahora nunca se había atrevido a transfigurarse si no estaba con alguno de ellos. Cuando Peter volvió a ser humano seguía muy alterado y tenía la cara desencajada.
- ¡La Señora Norris! ha estado a punto de comerme cuando venía hacía aquí.- Les contó con voz temblorosa.- No he sido capaz de transformarme y he estado una eternidad en la puerta de la sala común esperando a que alguien entrara. Cuando ha llegado Fawcett y le ha dicho la contraseña a la señora gorda me he colado detrás de él, pero en la escalera me ha atrapado...
- Calmate Colagusano, ya estas a salvo- Dijo Remus- Pero ¿por qué demonios te has transformado sin nosotros?
Peter les contó como volviendo a la torre de Gryffindor había oído a Régulus Black y a Gustav Wilkes hablando en el pasillo del tercer piso.
- Hablaban de lo que pasó en Gales el otro día, de su relación con la propuesta Lynch o algo así, no les entendía muy bien porque no podía acercarme más, pero oí la palabra Lestrange así que no lo pensé y me transformé.
Peter continuó explicando como Régulus había alardeado de tener relación familiar con Rodolphus Lestrange a través de su prima Bellatrix y como Wilkes se había reído enigmáticamente señalándole que en este caso era Rabastan el hermano más interesante. Gustav Wilkes pertenecía a una de las familias de sangre limpia más influyentes, su padre Amadeus Wilkes tenía relaciones entre los miembros de la facción del Wizengamont que se oponía a Dumbledore.
- ¿Me estás diciendo que Rabastan Lestrange participó en la masacre?- Preguntó Sirius horrorizado.
- Yo no estoy diciendo nada, solo te cuento lo que escuché.
- Sigue Peter- le animó James con gesto serio.
Había seguido a los dos Slytherin hasta su sala común en las mazmorras, allí Régulus y Gustav se habían unido a Charles Avery junto a la gran chimenea adornada con serpientes de piedra.
- ¿Y Snape?- .Inquirió James
- No le vi, no estaba en la sala común.
Avery les había preguntado si ya habían concertado la cita y Régulus le informó de que su prima estaría esperándolos en Cabeza de Puerco en la próxima salida a Hogsmeade. Estaba claro que se refería a Bellatrix.
- Eso es dentro de dos semanas. Dijo James
- Ya lo se, la pregunta es para que han quedado esos tres con mi prima- Dijo Sirius- Desde luego para nada bueno, Bellatrix siempre ha sido una psicópata. Si estoy seguro de que alguien ha disfrutado con la noticia del ataque a esos muggles ha sido ella. Imaginad como debe ser el hombre con el que se ha casado...
- ¿Lo conoces? Preguntó Peter.
- De vista nada más, es la mano derecha de Lord Voldemort. Si vierais que orgullosa estaba mi madre el día que vinieron a visitarnos el verano después de su boda... Bellatrix siempre ha sido su favorita, la hija que no pudo tener. No se que traman pero no pienso quedarme sentado sin hacer nada, creo que ha llegado la hora de agarrar a Régulus y...
- Ni hablar- Dijo James. Remus se sintió aliviado al oírle, sin duda a él si lo escucharía- Es mucho mejor que no sepan que estamos vigilándoles. Simplemente nos aseguraremos de que Peter esté en Cabeza de Puerco dentro de dos sábados. ¿Verdad Peter?
Pero para eso quedaban aún dos semanas y de momento lo más inmediato era el castigo que McGonagall les había impuesto para el día siguiente. A las ocho y media la pandilla de somnolientos Gryffindor, sintiéndose muy desgraciados por tener que abandonar la cama tan pronto en un día tan frío mientras Peter se quedaba roncando, se dirigieron hacia la sala de profesores donde la subdirectora los esperaba con expresión adusta y el moño más apretado que nunca. Filch la acompañaba. El día había amanecido helado pero muy claro. James había ido gruñendo por el camino lamentándose de haber tenido que dejar la dirección del entrenamiento a Ludo Bagman, sabía que Ludo deseaba ardientemente su puesto de capitán del equipo.
- A este paso McGonagall acabará por darle el cargo si me siguen castigando un día si y otro también.- se lamentó.
Artemisa y Nora ya estaban allí cuando ellos llegaron. La profesora los miró de arriba abajo y les indicó que se acercaran. Filch parecía muy satisfecho de tener tanta mano de obra: cinco de un golpe.
- Llegan tarde señor Lupin. Le recuerdo que es usted prefecto.
Lupin sintió una punzada de culpa al recordar el tiempo que habían perdido empastando la cara de Peter con crema dentífrica extra-refrescante antes de salir de la habitación. Se iba a poner bueno cuando se despertase. Pero claro, no se podía pensar en irse de rositas siendo el único merodeador que no había sido castigado.
- ¿Por qué se sonríe Lupin? Esta bien, espero que el castigo de hoy sirva para escarmentarles. Nada menos que cinco Gryffindor de un curso superior saboteando la disciplina en mi clase.
- Ejem... Carraspeó James. Él había sido castigado por el asunto de McNair pero McGonagall ignoró completamente su amago de queja.
- Pasarán la mañana sacando brillo a los trofeos...
Un gruñido de protesta salió de algunas gargantas. ¡Otra vez los trofeos! James y Sirius habían perdido la cuenta de las veces que habían pulido esos malditos cacharros.
- El señor Potter y el señor Black son expertos en esta materia y ya conocen el armario de la limpieza donde encontrarán sus trapos favoritos. Por supuesto nada de magia.
- Vamos, desfilando.- Dijo Filch señalando la puerta con el dedo.
En la sala de trofeos trabajaron en silencio durante horas bajo la satisfecha mirada de Filch. Remus estaba convencido de que Filch reservaba el Fluido Pinkerton Multiusos para sus castigos. Filch se paseaba por allí con el frasco en la mano pulverizando cualquier intento de ignorar el asqueroso líquido. Prewett y Jones habían tenido muy mala suerte de ser castigadas en su compañía. Aquel mejunje olía fatal, hacía estornudar y no ayudaba ni por asomo a limpiar nada, todo el mundo sabe que lo que hace milagros en el bronce es un buen escupitajo. Filch reparó en que Remus se estaba ensimismando demasiado y éste, dándose cuenta se puso a frotar con más energía la placa del premio anual de un tal Ananias Jugdeflow . Placas, trofeos, viejas copas del torneo de ajedrez mágico de la escuela... los cinco frotaron y frotaron hasta sacar brillo a toda aquella quincalla, pero siempre había más, la vitrina era interminable. ¿No pretendería Flich que acabaran con todo en una mañana? Filch agitó el bote de Pinkerton y pulverizó sobre la placa conmemorativa del equipo de quiditch Slytherin de 1942 a saber: Avery, Duke, Jugson, Mulciber, Black, Lenoir y Perkins, pero ni una gota salió de él.
- ¡Lupin! Vaya al armario escobero del piso de abajo a por otra botella y rapidito.
Remus dejó la placa sobre la mesa y aliviado salió de la sala de trofeos. Al menos podría respirar un poco de aire durante un rato... Le dolían las manos de tanto frotar. Doblo la esquina y miró con nostalgia el cielo que se veía por los ventanales góticos deseando poder salir a dar un paseo en lugar de sacar brillo a las revenidas glorias de Howgarts. Empezaba a bajar las escaleras cuando escuchó voces conocidas. Una chica...Lily y ¿quién era el otro? Hablaba muy bajo ¡Snape!
- No tienes derecho Severus- decía ella enfadada.
Remus pensó angustiado que aquélla conversación no era de su incumbencia, solo los cotillas escuchan conversaciones privadas y Lily era su amiga. Dio la vuelta y comenzó a subir de nuevo.
- Ciertamente eres libre de hacer lo que quieras...
No pudo contenerse, odiándose por su degradación volvió a bajar los escalones que había subido... y otros tres más. Ahora oía mucho mejor.
- Pensaba que me respetabas, Evans
- ¿Y que tiene eso que ver?
- He contravenido algunas convenciones de mi casa por ti. Comprendo que no debí haberlo hecho.
.El tono de Lily se oscureció - Severus, no me gusta nada lo que estás diciendo.
- Al contrario que tu, siempre te he dicho la verdad, no lo que querías oir.
- Mira, solo es una cita y James Potter no es realmente tan...
- Permíteme que conserve mi propio criterio sobre Potter y sus camaradas.- Hablaba con una gran frialdad y Remus temió por Lily.
- No vas a entrar en razón entonces...-Dijo Lily, y suspiró, pero Snape no pareció conmoverse por ello.
- Mira Evans, hasta ahora he ignorado en lo humanamente posible a esos niños de papa de Potter y Black , Lupin y Pettigrew no son más que su patética comparsa. He ignorado muchas provocaciones solo por no disgustarte, Lily- dijo pronunciando su nombre por primera vez y luego siseó de forma horrible.- Pero eso se acabó ¿me oyes?
- ¿Qué quieres decir?- Parecía un poco asustada.
- Lo sabes perfectamente. No te hagas la tonta.- Snape levantó un poco la voz- No mediré mis palabras ni mis actos ni una sola vez mas por ti.
- Pero nosotros...
Snape rió amargamente.- Creo que esa decisión ya la has tomado tu.
- Severus...
- No me entiendas mal, solo quiero que seas consciente de tus elecciones. En los tiempos que se avecinan yo podría ayudarte... Relacionarte con Potter solo te traerá problemas.
- No voy a seguir escuchando amenazas. Pensaba que eras diferente. ¿Cómo te atreves a insinuar siquiera...?
- ¡Lily, escúchame!- interrumpió él- No pasará mucho tiempo antes de que sobrevenga un cambio de régimen. Estamos aquí en Hogwarts, aislados, protegidos... pero eso no va a durar. Y si me humillas públicamente saliendo con Potter no podré hacer nada por ti ¿me entiendes? Nada.
Lily, que hacía un momento sonaba más bien triste ahora rugió de ira.
- ¡No necesito tu maldita protección! Hablas como Avery y sus amigos. Estoy orgullosa de mi origen, no renunciaría a él aunque pudiera...
Remus escuchó a Lily ahogar un sollozo y alejarse casi corriendo.
- ¡MIERDA! Juró Snape en cuanto ya no se escucharon sus pasos. ¡POM! por el ruido parecía que le había dado un patada a algo.
Remus no se quedó a comprobar si la ira de Snape provocaba más destrozos en el mobiliario del colegio. Estaba aterrado de pensar que pudiera sorprenderlo escuchando y casi salió a escape olvidando el recado de Filch. El bote vacío de Pinkerton nunca llegó a reemplazarse, para cuando volvió a la sala de trofeos McGonagall estaba allí dando por finalizada la sesión de castigo y Remus se disculpó diciendo que no había sido capaz de encontrar el escobero.
Remus no comentó nada a sus amigos, era una conversación que no debía haber escuchado y difundirla sería una traición hacia Lily. Además, quien sabía que efectos podría causar esta información en James y Sirius, Remus no quería ni imaginarlo. Por supuesto James se dio cuenta en seguida de que algo lo preocupaba, pero sus responsabilidades como capitán de quiditch consiguieron que Remus se librara pronto de él. Además, el lunes por la noche llegaría el momento de su escapada mensual a la Casa de los Gritos, había cosas que preparar, planes que concretar. Apartó momentáneamente de su mente aquel asunto y decidió que quizá, solo quizá, hablaría con Lily después de la luna llena.
Las primeras ocasiones en que sufrió la transformación licántropa en Hogwarts durante su primer año, el mismo Dumbledore lo había acompañado a través del pasaje bajo el sauce boxeador y había permanecido con él. Como es lógico, no conservaba recuerdos de aquellas noches con el director. En todo el significado de la expresión Remus no es él mismo durante las noches de luna llena. No conserva el más leve recuerdo de sus transformaciones, solo el sufrimiento desgarrador e inhumano y después... la nada, hasta despertar dolorido y exhausto cuando el sol despunta en el horizonte. Cada una de aquellas noches había temido despertar y encontrar el cadáver desgarrado de su benefactor. Ahora que lo conocía mejor pensaba que su miedo había sido infundado. Al cabo de unos meses Dumbledore pareció sentirse seguro del confinamiento de su alumno más especial y dejó de acompañarlo, sin embargo no había dejado de convocarlo a su despacho cada vez que la luna se aproximaba a la plenitud para, palabras textuales, "charlar" con él. Estas conversaciones engendraban en él sentimientos encontrados, le agradaba que el director se interesara por él pero al mismo tiempo temía el momento de su encuentro, no debía saber nada sobre Canuto, Colagusano y Cornamenta pero Remus sentía que sería muy difícil ocultarle nada.
Tras pronunciar la contraseña: "ladrillos de regaliz" la escalera espiral le condujo al despacho del director. Una vez allí, con un chocolate caliente que sabía que no podría tragar, Remus huía de la mirada azul del anciano esperando que la culpabilidad no asomara a su cara de forma demasiado evidente.
- ¿Cómo te va Remus?
- Muy bien, señor.
- ¿Que tal las Navidades? Este año tuvimos menos emociones con vosotros tres fuera de la escuela durante las vacaciones.- En los ojos del director bailaba una chispa de regocijo.
Durante las vacaciones del año anterior Sirius había sido conminado por su familia a quedarse en Hogwarts. La señora Black sufrió una rara enfermedad contagiosa, Régulus y Sirius pasaron la Navidad en el colegio y James y Remus consiguieron convencer a sus padres de que lo más inteligente para sus carreras académicas era quedarse en Hogwarts estudiando para los TIMOS. Sin embargo lo único que estudiaron fue la manera de traer de cabeza a Filch y la señora Norris. Todavía recordaba los aullidos del conserje pidiendo justicia y reclamando a Dumbledore permiso para sacar el potro del trastero y dar a los culpables su merecido. Su gata había aparecido una mañana completamente magnetizada bufando enloquecida cuando las cucharas del desayuno habían salido volando de los dedos de los comensales para estamparse en su cuerpo, al que ya aparecían pegados una aceitera, un candado y una larga cadena que se agitaba en todas direcciones con los espasmos aterrorizados del felino. Una poción de la señora Pomfrey, que Filch había tenido que administrarle por la fuerza, solucionó el desaguisado en cuestión de minutos. Aquella fue una de las gloriosas ocasiones en que habían sacado el mejor brillo de los trofeos de Hogwarts, pensó Remus con nostalgia.
- Lamento decirte que las esperanzas que habíamos puesto en la investigación de Augustus Hubble con el precipitado de plata lunar han resultado un fiasco. Todo parece indicar que solo producen una extrema sensibilización a las cosquillas sobre los hombres- lobo adultos.
- ¿Y sobre los niños?
- Remus, Remus...- Rió el anciano- Estoy por jurar que ya no eres un niño, solo faltan unos meses para tu mayoría de edad. Pero respondiendo a tu pregunta, en niños la solución del precipitado es igualmente inefectiva. La línea de investigación ha resultado totalmente errónea
Remus intentó disimular su decepción. Aunque realmente nunca había confiado en que llegara a encontrarse una solución a su problema, la esperanza es lo último que se pierde.
- Estoy convencido de que algún día se logrará. Mientras tanto tendrás que seguir tomando las precauciones precisas. ¿estás preparado para esta noche?
- Claro, señor, no hay problema.
- Excelente. En ese caso no te entretengo más, cuando se tienen dieciséis años el tiempo no abarca todo lo que se quiere hacer...
- Adiós, señor.
Antes de que pudiera salir por la puerta, Dumbledore volvió a hablar si levantar la vista del pergamino sobre su escritorio.
- Y si hay algo que quieras contarme, Remus, no dudes en venir a verme.
