DIGIMON TAMERS
JENRUKI
Jen
Después de que se fue no volví a saber de ella dentro del día, ni del siguiente y no estaba dispuesto a esperar más, así que fui a su casa. Vi su viejo auto y sonreí, probablemente estaría dentro porque Ruki no solía ir a pie a ningún lugar. Toqué el timbre, sin embargo nadie respondió. Entré con las llaves que ella me entregó alguna vez, y nada más al entrar me extrañó que el perro no estuviera y me ladrara, o como a veces lo hacía, se me abalanzara, aunque en realidad nunca hacía nada más que causarme un gran sobresalto. Quizás había ido a pasear con él... Pero cuando pasó una hora, que por lo demás la sentí como si hubiesen sido cuatro, comencé a preocuparme; sus paseos no solían ser tan largos. El presentimiento que tuve la última vez que la vi se acentuó y no quería confirmar su materialización, no obstante no conseguiría nada con postergarlo y tuve la osadía de entrar a su habitación. Todo se veía como siempre, pero había algo distinto en el aire y no me sentí tranquilo con ese efímero vistazo. Me senté sobre la cama, miré a mí alrededor y mis ojos se detuvieron en su mesita de noche, porque noté unos papeles desordenados que sobresalían del interior de una carpeta que estaba a medio meter en el cajón, como hubiesen intentado guardarla muy a prisa. No era un fisgón, y en otra circunstancia nunca habría hecho tal cosa, pero la curiosidad estaba implícita en mi carácter de investigador por lo que indagar en aquello que me parecía sospechoso era algo intrínseco… y esos papeles ciertamente + parecían misteriosos. Saqué la carpeta y la abrí un poco nervioso de estar invadiendo su privacidad, y con solo leer superficialmente los documentos descubrí que Ruki había sido despedida de su trabajo hacía más de una semana, que además había adquirido un auto pocas horas después de que se fue de mi departamento... Entonces comprendí súbitamente que ella no estaba ahí, se había ido en ese nuevo auto… y como esa no era la primera desaparición, conocía el hecho de que no había una fecha certera para su regreso. No pude evitar sentir que ella había huido de mí, llevándose sólo a su perro, porque nada más la ataba a ese lugar. Nada… mucho menos yo… y saberlo, ahora que me había atrevido a aceptar mis sentimientos por ella, me causaba daño y un dolor que no se asemejaba a ningún otro que hubiese sentido antes. Comprendí entonces el rechazo en aquel mensaje subliminal que significaba esa acción; ella no quería lastimarme directamente porque a ella no le gustaba realmente dañar los sentimientos de las personas, así que supuse que esa era la causa de su repentino escape. Tiré lejos la carpeta y los papeles se mezclaron y esparcieron en el suelo. Estaba enojado con la situación, pero por sobretodo conmigo mismo, por haber sido ingenuo, por haberme atrevido a soñar con ella, por haberme permitido ser feliz con una ilusión. Intuía que ella haría algo como eso, sin embargo no la detuve… pero ¿cómo hubiese podido detenerla? No había forma de que ella sintiera lo mismo que yo… y de eso justamente era lo que me había estado protegiendo inconscientemente… es interesante como opera el subconsciente… pero ahora que ya que había echado abajo las barreras que me habían mantenido a salvo por mi propia voluntad, me sentía devastado. Estaba tan arrepentido de haberme dejado llevar por los instintos... Si tan solo hubiese sido más fuerte, si me hubiese negado de plano quizás yo seguiría desconociendo la verdad, ella estaría donde yo pudiese localizarla y las cosas tal cual las conocía.
Era la hora de almuerzo, y aunque no tenía apetito, me obligué a comer y mientras lo hacía de manera desganada, escuché unos pasos que se detuvieron en la puerta. Seguro debía ser Shuichon, había quedado de ir a dejar su laptop porque no le funcionaba bien. Abrí la puerta de mala gana y ni siquiera me fijé quien era, porque si fuese alguien desconocido el conserje no habría dejado pasar a nadie sin antes consultármelo.
—Ahora ¿qué es lo que le hiciste a ese pobre aparato? Ya te había dicho que debes ser más cuidadosa con tus cosas… ¡siempre tengo que estar arreglándolo!… Está bien, déjalo ahí. ¿Shuichon ya almorzaste? ¿Por qué no respondes?
Por más que seguí con mi charla no obtenía respuesta, me volteé, quizás había sido un poco brusco con mi perorata sin embargo apenas contuve la impresión al encontrarme no con mi hermana, sino con Ruki, quien no me miraba directo a los ojos en ese momento. Pensé en que era todo un record el tenerla frente a mi; aquella huida había sido la más corta de todas.
—Jen… - musitó ella apenas audible
—¡Ruki! Qué sorpresa… ¿qué te trae por acá? – pregunté cínicamente.
Ella me miró extrañada y no era la única, yo también me sorprendí ante mi reacción, y por sobre todo por el semblante que ella tenía. Ruki no respondía.
—¿Fue provechoso tu viaje? – consulté sin muchos deseos de saberlo.
—Lo fue – contestó ella determinada
Con esa escueta respuesta finalmente ella me miró a los ojos. No supe si estaba molesto o solo resentido con ella por no corresponder a mis sentimientos y actuar como una cobarde huyendo.
—No tenías que irte para dejarme claro lo que piensas sobre lo que pasó entre nosotros – escupí con más rabia de la que fui capaz de contener.
—¿De qué estás hablando? – interrogó ella. Parecía descolocada.
—De que te escapaste antes de enfrentarme y ser clara conmigo. Eso no es lo que hace un amigo, Ruki - sentencié
—No lo tomes como algo personal – dijo ella de una forma que hizo que se me crisparan los nervios.
—¿Qué no lo tome como algo personal? ¿Te has oído decir eso? ¡Esto es muy personal! ¡Tener sexo con tu amigo es algo muy íntimo y personal! – le respondí, subiendo casi inconteniblemente el volumen de mi voz.
Su expresión cambió; ella estaba increíblemente incomoda con la situación.
—Tú no entiendes nada – dijo ella enrabiada.
—Al contrario, lo entiendo todo. Te agradezco que tuvieras la sutileza de evitarnos la incomodidad… tú… en fin… Sea lo que sea que pasó esa noche sólo… olvidémoslo… ¿crees que puedas? Yo estoy trabajando en ello – le comenté sutilmente, aunque fuera una mentira.
—Ruki estaba mirándome de un modo intenso, la observé inhalar profundamente, ella estaba preparándose para decirme algo, traté de predisponerme para lo que fuera que ella quisiera decirme.
—Yo no… yo… - empezó a contestar titubeante.
El timbre sonó, interrumpiendo el recién iniciado discurso de Ruki. No sabía si debía odiar aquella interrupción, o agradecerla, porque su expresión era indescifrable. Fui a abrir la puerta y esa vez si era Shuichon, quien al ver a Ruki corrió a abrazarla y aquello sólo trajo consigo más lamentaciones, esperaba que pasara lo que pasara entre nosotros no afectara la relación de ellas.
Estaba en mi casa, pero era como si no fuera mi territorio, estaba siendo totalmente ignorado. No me importó, la verdad. Shuichon se fue después de un rato y se llevó a Ruki con ella, quien antes de marcharse me miró de un modo que no supe interpretar si era una mirada implorante o de desconcierto. Ya no podía deducir nada de ella.
Estaba tratando de dormir pero no podía parar de dar vueltas. Era una noche calurosa y la cama se sentía inmensamente grande... Me hubiese gustado haber hecho caso a mi propio consejo, olvidar todo como se lo había sugerido a ella, pero no podía… ¿cómo podría serenar esos sentimientos que despertaron?
Me levanté, estaba tan intranquilo que sabía que no importaba la hora, mi cuerpo parecía no notar que ya era tiempo de descanso. Me puse algo ligero y salí a caminar. El aire fresco le hizo bien a mis pulmones, lo sentí de inmediato. No guié mis pasos, sólo caminé y sin querer, o quizás sí, no lo sé, llegué al frente de la casa que conocía tan bien como la mía. De pronto me sentí impetuoso y deseé entrar y exigirle y preguntarle por qué no podía ser yo, por qué no me veía como yo a ella, pero sabía que nada bueno podría salir de ello. De pronto me cuestioné lo incuestionable… ¿podía seguir siendo su amigo? Dolía darme cuenta de que la balanza se inclinaba más para el lado negativo. Volví a mi departamento e intenté dormir nuevamente, supongo que de algo sirvió la caminata, porque finalmente me quedé dormido.
Desperté más tarde de lo que debía y me vestí muy rápido, ni hablar siquiera de tomar algo para desayunar. Abrí la puerta ya que debía irme a mi trabajo, iba un poco atrasado, y fue cuando noté que Ruki estaba apoyada en la pared, con los ojos cerrados, escuchando música. No había notado que yo la había descubierto ahí afuera. La quedé mirando un momento y acepté que había sido un obtuso todos esos años al no darme cuenta como esa sensación en el estomago aparecía cada vez que la tenía en frente. Estaba concentrado pensando en eso, cuando de pronto vi su furibunda y penetrante mirada buscando la mía. Ya había descubierto mi presencia.
—¿Qué haces acá? – pregunté apenas conteniendo mi sorpresa - No quiero ser descortés pero estoy atrasado – me disculpé.
—Yo no quiero olvidarlo – soltó como si hubiese estado esperando una eternidad para decirlo.
—¿Qué? Lo siento Ruki, conversemos después. No tengo tiempo para hablar justo ahora – le pedí, además estaba asustado de saber más.
—Dije que no quiero olvidarlo. No voy a hacer como que nada pasó entre nosotros. No puedo hacer como tú y sólo ignorarlo – dijo sin dudar ni equivocarse en su discurso.
Ella parecía tan segura que me sentí intimidado y desvié mi mirada a sus manos y percibí que estaba temblando. No importaban las resoluciones que alguna vez tomé, el tenerla en frente era siempre un factor que hacia querer variar el resultado. Ella me hacía dudar de las decisiones ya tomadas y que daba por zanjadas.
—¿Y qué harás entonces? – pregunté curioso.
—Decídelo tú. Haré lo que tú escojas – dijo, descolocándome.
No supe cómo interpretar eso. No comprendía a dónde quería llegar, tampoco tenía una pista de cuál era la respuesta que ella deseaba obtener. De pronto sentí como si tuviera la espada de Damocles en mis manos.
—¿Por qué no quieres olvidarlo? – interrogué confundido.
—¿Y tú por qué quieres hacerlo? – contraatacó ella desafiante.
Después de una sesión que pareció eterna de miradas intentaban sonsacar información donde parecía no haberla, desvié mis ojos, incapaz de sostener más tiempo el contacto. Miré la hora en el reloj, y finalmente hablé.
—Es en serio que voy tarde, Ruki – dije sintiéndome un cobarde.
Ella sonrió ladinamente y asintió, me dio la espalda y se marchó dejándome con la profunda sensación de que acababa de comer un gravísimo error.
Llegué tarde al trabajo y a partir de entonces un montón de cosas empezaron a salir mal: se me dio vuelta el café en el teclado, tropecé con los cordones de los zapatos, me enterré un alfiler en el dedo al tratar de conseguir algo del cajón, se me quedó enganchada la camisa en una puerta y se me rajó, y el colmo fue que a la salida un ciclista me botara haciéndome caer a un charco que se había hecho porque habían estado regando el pasto. Definitivamente había sido un largo día, el perfecto candidato para el olvido.
Ruki comenzó a evitarme a partir de entonces. Sabía que no había vuelto a huir porque a veces nos juntábamos con nuestros amigos en común y coincidimos en más de alguna ocasión, pero además de una cordialidad muy impropia para nosotros, que sólo mostrábamos ante los demás, ya no había nada más. Nunca había pensado que el escenario luego de lo acontecido iba a ser tan malo. Aunque ya los arrepentimientos no servían de nada, pero fue en el cumpleaños de Hirokazu que perdí completamente los estribos. La situación me daba asco, me tenía desanimado y lo que no era menor… la echaba de menos. La vi un poco alejada de los demás y aproveché la oportunidad de que nadie estaba atento a nosotros para interceptarla y hablar con ella.
—Ruki, tenemos que hablar – pedí cansino
—¡No me toques! No tengo nada que hablar contigo – negó ella.
—¿Hasta dónde piensas llevar esta estupidez?, te pedí que lo olvidáramos… no puedo creer que tu orgullo valga más que una amistad como la nuestra – le dije sentidamente.
—Dejaste de ser mi amigo el día que tuvimos sexo –aclaró.
—Yo no te obligué – sentencié.
—No, pero me estás obligando a olvidarlo. Yo no vuelvo a ser amiga con quienes me acuesto – confesó.
De pronto divisé a Akiyama, quién acababa de llegar y nos vio, me saludó y él buscó a saludar a Ruki también, pero ella se fue del lugar, ignorándolo. Él me sonrió un poco desconcertado e incomodo y se fue a buscar a los demás luego de ese desaire. Entonces comprendí a que se refería ella con esa última declaración dada, y me hirvió la sangre con aquel descubrimiento. Los celos comenzaron a apoderarse de mi raciocinio. Apresuré mi paso y la detuve.
—Te acostaste con Ryo – sostuve.
—¿Y qué si lo hice? – preguntó haciéndose la desentendida.
—¿Es por eso que ya no le hablas? ¿por tu política de no ser amiga con quienes te has acostado? – pregunté aunque más bien sonó a aseveración
—Nunca me ha caído especialmente bien – dijo ella de manera poco creíble.
—¿Entonces lo hiciste con él? – consulté con recelo.
Ruki sonrió maliciosamente y se acercó a mi y estando frente a frente ella lo admitió.
—Si… con él tuve mi primera vez… y estuvimos juntos por muchos años, Jenrya – aseveró y me dio más información que hubiese preferido no conocer.
Nunca lo sospeché, ni por asomo. Todo el tiempo, aún cuando me parecía raro, compré sus actuaciones de no poder soportarse. Me sentí imbécil y engañado, pero yo no tenía derecho a tener esos pensamientos y esos sentimientos… pero el que añadiera "Jenrya" al final fue una provocación hecha para dañarme. ¿Lo había descubierta ella ya? Quizás por eso me evitaba, había oído que las mujeres hacían eso con quienes rechazaban, los ignoraban como un método pacifico e indirecto, pero decidor, así como mataban con veneno cuando lo hacían… Lento, sin violencia… pero seguro.
—Entonces hazlo de nuevo conmigo – propuse a raíz de nada. Ya había aceptado mi pérdida.
—¿Qué? ¿Estás loco? – soltó incrédula.
—A mí me gustó. ¿Y a ti? – dije en una voz baja sugerente y esperaba no haber sonado demasiado lujurioso.
Ella no respondió, sólo se sonrojó. Miró hacia otro lugar, sonreí porque el que no lo negara era mi respuesta.
—Si vamos a dejar de ser amigos, hagámoslo bien, Ruki. Sin que hayan más arrepentimientos, si vamos a abandonar nuestra amistad terminémosla con un buen recuerdo. Hagámoslo sabiendo que no hay que esperar nada del otro – sugerí sabiendo a qué me arriesgaba, para mi ya era todo o nada.
—¿Esto lo dices en serio? – preguntó dudosa
—Será lo que tú quieras que sea – respondí como ella lo había hecho conmigo alguna vez, si ella lograba o quería captar lo que le quería decir con eso, era su exclusiva responsabilidad.
Ruki estaba considerándolo. Nunca pensé que ella sopesaría una propuesta como esa.
—Acepto si con eso no tengo que lidiar más contigo. ¿Cuándo? – consultó queriendo parecer desinteresada.
—Ahora – le dije no dejándole tiempo para que desdijera luego o yo me retractara – Inventa una excusa y nos encontramos en mi departamento, o en tu casa, si lo prefieres – la dejé escoger
—En tu departamento – dijo en voz baja.
—Te estaré esperando – me despedí – En una hora allá, si no llegas dentro de ese lapso, olvídalo todo y no aparezcas luego – dije autoritario y con más seguridad de la que realmente sentía.
Me quedé un momento, y busqué a Hirokazu para despedirme. Llegué rápidamente a casa y me senté en el más profundo silencio a esperar a que pasara el tiempo. Quería que pasara rápido, para hacer menos eterna la espera, pero no quería que pasara pronto… porque si ella no llegaba iba a ser el final definitivo.
La hora tan temida pasó, mi reloj había marcado que desde que salí de ese lugar que habían pasado exactamente sesenta y un minutos, y ella no había llegado. Me volví a sentir engañado y traicionado. Apagué las luces y pesadamente me dirigí a mi habitación sintiéndome derrotado y cansando, anhelé el confort de mi cama, pero no alcancé a sentarme sobre ella, cuando escuché unos golpes en la puerta. Mi corazón palpitó más rápido y corrí ilusionado a abrir y del otro lado, vi a quien tanto deseaba ver y que lucía acalorada y sudada, como si hubiese estado corriendo. Estaba retrasada por siete minutos.
—¿Tenía que ser hoy que arreglaran tu ascensor, Jen? – preguntó frustrada.
Recordé la nota que tenía pegada en el refrigerador sobre el aviso de que el ascensor esa noche tendría una revisión programada. Sonreí.
—¿Tenías que escoger un piso diecisiete para vivir? – cuestionó.
La callé con un beso, la levante y a oscuras llegamos a mi habitación. En cosa de segundos yo ya me había excitado, con apenas haberla besado. Sin mediar una sola palabra, ambos nos desnudados por completo y nos acostamos sobre la cama, más tímidos que en un comienzo comenzamos a buscar la cercanía del otro. Su cuerpo se sentía febril por el ejercicio previo y yo me aseguraría de aumentarle incluso más la temperatura, porque si esa iba a ser de verdad la última vez, haría que me recordara para siempre. La besé en cada oportunidad que tuve, toqué todo lo que tenía a la vista e incluso lo que no. La probé por completo y ella hizo lo mismo conmigo, parecía que ella había decido lo mismo que yo, porque era como si estuviéramos sintonizados, pero a diferencia de mi, ella no tendría que esforzarse demasiado… yo la recordaría de todas formas sin importar cuánto se esmerara.
Mi corazón latía a todo lo que daba cuando me sentí una vez más dentro de ella, y casi lloré al recordar la realidad y la verdad detrás de lo que estaba pasando, pero pude eludir aquel pensamiento porque me convencí de que ya tendría tiempo para lamentar eso, ahora sólo quería enfocarme en ella y en lo que me estaba haciendo sentir. La noche fue muy larga, y cada vez que pensaba que tal vez sería la última vez que sería testigo íntimo de su humedad, ella con energía renovada, no estaba seguro de dónde, me sorprendía exigiéndome más, era insaciable, y en cuanto recordaba su pasado con Ryo, el imaginarlos en la misma situación en la que estábamos nosotros, sentía como empezaba a arder en mis propios celos y más me esforzaba en hacerla gemir, en retardar nuestros orgasmos todo lo que fuera posible, y por sobre todo prolongar la agonía de la incertidumbre sobre qué sería lo que pasaría luego, aunque ya cerca del amanecer ninguno de los dos pudo más, y nos quedamos dormidos. Ella cayó primero, sin embargo yo no quería, porque tenía temor de que si me dormía ella se iría sin que yo pudiera decirle algo, tal como habíamos acordado que sería. No obstante estaba agotado, y aunque mi intención no era rendirme ante el sopor del sueño, en algún momento lo hice y no desperté sino hasta que comencé a sentir movimientos a mi lado, y mi estomago se sintió raro, sentí nauseas. Supe que tenía que prepararme, porque ese era el momento que temía.
—¿Te irás sin despedirte? – dije de pronto sin atreverme a mirarla y pude adivinar que se estremeció y que no esperaba que estuviera despierto.
Ella no contestó y yo volví a preguntarle lo mismo, e inauditamente oí su voz un poco quebrada al responder.
—No puedo despedirme. No me hagas hacer eso ¡Tu dijiste que sería lo que yo quisiera que fuera! – dijo fuera de sí.
—Ruki…- musité.
—Siento haberte involucrado en esto… No quería que las cosas entre nosotros se confundieran, pero no pude evitarlo… - se disculpó.
—Lo qué estás hablando… ¿Me lo explicas, por favor? – imploré.
—Déjame creer que mañana nos volveremos a ver, no quiero despedirme de ti. Lo olvidaré todo, como lo pediste… sólo… dame tiempo – me pidió anhelante.
Pensé en lo que me estaba pidiendo, pero después de lo que habíamos vuelto a vivir yo ya no me conformaría con menos. Quería decirle que aquello no era lo que habíamos acordado, pero ella se me adelantó y no pude decirle lo que pasaba de verdad por mi mente.
—Nos volveremos a ver Jen. No te desharás así de fácil de mi - Sonrió, me cerró un ojo y tas decir esas palabras que me sonaron a promesa, atravesó la puerta que separaba mi habitación de las demás para marcharse.
Ella lo decía en serio, no quería terminar con nuestra amistad, a diferencia de mi, que de verdad había decidido acabar con nuestros lazos, en lo que a mi respectaba ya había renunciado a ella, pero con contaba con que Ruki no cumpliría con su parte del trato, me pregunté si había algo más de trasfondo, pero no quise ilusionarme de nuevo y me di cuenta de que si no quería quedarme con la duda tenía que evitar que se fuera. No me importó estar completamente desnudo y que bueno que fue así porque apenas y casi no logro alcanzarla. Ella me miró cuando me oyó decir su nombre para detenerla y se sonrojó al verme sin ropa a plena luz del día.
—Mírame – le exigí.
Inesperadamente me hizo caso y me recorrió con su vista por completo, y en ese momento pude por fin interpretar algo en sus ojos; a ella le gustaba lo que veía. Me sentí más seguro.
—Vuelve a decir lo que dijiste, pero esta vez mirándome a la cara.
—Ya lo oíste – aseguró.
—Creo que no oí del todo bien – insistí.
Esto que está pasando es solo una consecuencia de un lío que yo creé – dijo de manera solemne.
—¿Me oíste en algún momento decir que yo no lo quería? ¿Crees que me obligaste de alguna forma? – interrogué.
—Me pediste que lo olvidara – respondió.
—No es eso lo que buscaba con esa petición – le contesté.
—¿Qué otro significado debería haber detrás de esa demanda?
—El evidente, mírame de nuevo y dime qué ves.
Ella volvió a mirarme y se concentró en ese lugar, que en otra circunstancia, en otro momento no habría dejado tan expuesto; ella pudo apreciar que yo me había vuelto a excitar.
—Me gusta provocarte eso, pero no es todo lo que necesito. Eso lo puedo conseguir de cualquier hombre – declaró.
—¿Cualquiera? ¿Eso incluye a Ryo? – pregunté celoso.
—Ese es un buen ejemplo – afirmó.
—Te lo prohíbo – sentencié firmemente.
—No puedes prohibirme nada – manifestó molesta.
—No te irás de aquí – determiné.
—Déjame ir Jen, esto no es parte del acuerdo - aclaró
—Tu no cumples tus promesas ¿por qué voy a cumplir yo las mías? – le pregunté creyendo fervientemente en lo que le decía.
—¿Qué te prometí y no cumplí? – preguntó como si realmente no lo supiera.
—Un hijo - dije pesadamente.
Ella se sonrojó y trató de bajarle el perfil, pero yo no estaba para juegos. Me aferraría a eso.
—Tienes que estar bromeando – dijo ella incrédula.
—¿Qué me garantiza que no llevas a mi hijo en tu vientre ahora mismo? – consulté dudoso, cabía la posibilidad.
—¿Podrías vestirte? ¡Si estás así me distraes! – dijo sin responder a mi pregunta.
—¿Te gusta lo que ves? ¿Por eso te pones nerviosa? - intenté bromear, pero salió más serio de lo que imaginé.
—Sí, maldición ¡Sí! – admitió dejándome completamente desarmado.
La atraje hacia mí y la abracé fuertemente. Me hubiese gustado poder fusionarme con ella de alguna manera, que ella entendiera lo que me hacía sentir sin tener que explicárselo con palabras, pero aquello no era posible. Me senté en el sofá y ella quedó frente a mí, sentada sobre mis piernas a horcajadas, yo desnudo y ella vestida, sentía el roce, yo me encontraba estimulado desde hacía rato. Comencé a besarla pausadamente, no me quería dejar llevar por lo que mi aparato reproductor buscaba. Conscientemente exploré cada recoveco de su boca y ella no me lo hacía fácil, me respondía con la misma intensidad. Empecé a desvestirla, un poco temeroso de que me rechazara, pero ella no hizo tal cosa, dejó que le quitara la ropa y no pude evitar lamer su pezón cuando este se asomó una vez que lo dejé libre. Se sentía duro y rugoso, y a ella le gusto el contacto con mi lengua porque empezó con sus dedos a acariciarme el pelo mientras lo hacía. Ruki buscó el contacto de nuestros labios nuevamente, nuestras lenguas se encontraron y se acompasaron al instante. Fue un beso húmedo y tan excitante como si estuviéramos teniendo sexo, ya sabía como a ella le gustaba ser besada y lo peor era que coincidía también como me gustaba a mí besar y ser besado. Era tanta la compenetración que existía entre nuestros cuerpos que no estaba seguro de si volvería a sentirme así de satisfecho y pleno nuevamente.
—Esta si será la última vez, Ruki. Si eres mi amiga te alejarás de mi y te olvidarás de todo. – le rogué
—No quiero. – dijo porfiadamente
—Eso ya no depende ti, ¿por qué no quieres entender? – le supliqué
—Eres tu el que no comprende que no es que no quiera… es que no puedo… - confesó calmadamente.
—¿Por qué? – pregunte anhelante.
—Porque no puedo entender por qué no puedes ser como todos los hombres y seguir haciendo esto sin cuestionarlo – dijo ella cansinamente.
—¿Quieres que sea como los demás? Entonces seré como todos los demás – la desafié con ira. Los demás hombres jamás la querrían como yo lo hacía.
Me posicioné sobre ella y con mi erección busqué aquel sitio que se había convertido en mi más anhelado refugio, no busqué su placer, sino el mío, quería ser como los demás, como ella me lo había pedido, transformarme en un ser egoísta y autocomplaciente, sin que me importara que ella fuera la persona con la que yo más quería estar, pero no me salió bien, porque apenas comencé a escuchar que le estaba faltando el aire, porque estaba respondiendo positivamente ante mis violentas embestidas, concluí que definitivamente no podía ser como los demás, me encendía más escuchar cuánto le estaba gustando a ella lo que le estaba haciendo que mi propio placer, me detuve ante su mirada atónita y fue el no moverme más mi medio de protesta, pero no contaba con que ella terminaría de hacer el trabajo, invirtiendo los roles y ella tomando la posición dominante, y fue entonces cuando oí algo que me hizo la experiencia de acabar mucho más intensa.
—Te amo, Jen – manifestó abiertamente.
Lo dijo segura y firmemente, mirándome a los ojos, mientras aún sufríamos los espasmos de nuestro recién alcanzado orgasmo. No sabía como reaccionar, pero le creí, quise creerle. Quería responderle que yo sentía lo mismo por ella pero noté que yo me había preparado sólo para su rechazo y no para recibir su amor y no supe cómo actuar…
Originalmente serían sólo tres pero quedó demasiado largo
Saludos ;)
