Tres: Amanecer

Nunca imaginó estar en una situación similar.

Recostado en la cama de otro hombre, tranquilamente, mientras observaba el sol refulgir en un nuevo amanecer, tiñendo el cielo de un apacible color anaranjado.

Parecía que el mundo estuviera girando al revés, en reversa. Y demasiado rápido.

Un día era un relojero normal en Queens, sin ninguna preocupación en su cabeza.

Y ahí estaba ahora, con habilidades sobrenaturales, vidas muertas sobre sus hombros, una nueva familia…un nuevo hermano. El cual, curiosamente, se remueve entre las sábanas a su lado, y su cabello oscuro se desparrama libremente sobre la almohada.

Respira ruidosamente, con la boca entreabierta, y las manos sorprendentemente ubicadas sobre el pecho de su acompañante.

Gabriel sonríe de lado, casi sin notarlo…maldita sea, ¡No puede evitarlo!

Ha estrechado a Maya entre sus brazos, ha besado a Elle con toda la pasión y el deseo que su pobre cuerpo podía concebir. Pero claro, el estúpido Peter, con sólo una sonrisa, un suspiro, un toque a su cabello rebelde, lo que sea, le hacía sentir un profundo vértigo en el estómago que nunca había experimentado con ninguna mujer.

Asesino, loco, psicópata, enfermo…y ahora gay. Grandioso.

Pero Peter abre los ojos, dirigiéndole una mirada incómoda, curiosa, expectante. Sin pestañear. Se sonroja al notar sus manos en el pecho del otro, sin embargo, no es excusa suficiente como para que las quite.

Y Gabriel se acerca, acortando las distancias entre sus respiraciones, sintiendo a Peter respirar sobre su cuello. Antes de atacar sus malditos labios…y pensar, resignadamente, que tal vez ser gay no sea tan malo.