Historia: ¿Boston?
Pairing: Brooklyn/Kai
Derechos: La serie de Beyblade y todo lo que conlleva a ella, no es mio, por lo tanto, para decirlo de manera educada, los tomé prestado, si no, uno se queda sin historia.
Shonen-ai
Serie de drabbles inconexos y a la vez no, sobre la relación de estos chicos después de campeonato mundial.
Agradezco los reviews. Espero sigan sintonizando.
El café Vittoria siempre conseguía tener esa atmósfera relajante en cada recoveco de las paredes de adornos cálidos. El aroma del café borboteando en la cafetera sacudía emblemáticamente los impulsos de quien asomase su sentido del olor, y los postres optaban de elegantes "vestiduras" para la vista de clientes ansiosos por probarlos. Un edén en la ciudad de Boston.
3° Drabble.
Entré con decisión al recinto. No había tardado ni un ápice de mi tiempo en encontrar a Kai al final de la concurrencia. El pastel de chocolate untando en chantillí brillaba más que cualquiera por su dueño. El cínico lo degustaba con calma en la pequeña cucharilla de plata.
Dancé entre mesillas para alcanzar a mi objetivo de singular atracción a escurrirse por el simple hecho de no entablar contacto con los seres humanos. No comprendo, si soy honesto conmigo mismo, la gracia del postre el cual parecía ser de más importancia en la vida de Kai, así que evoqué en mis facciones un disgusto por el ignore. Llevaba tres minutos de mi corta vida esperando.
—En este momento, me gustaría ser yo el pastel— solté sin pensar las palabras. Kai se viró para darme una mirada despreciativa postergando al final el alza de una ceja, reacción post procesar lo escuchado. Eso me estremeció.
Mi interlocutor giró con gracia la cucharita entre los dedos con el irrefutable objetivo de clavarla en el suave panecito. Muy diestro, seguía observándome.
—No pienso en el canibalismo— contestó mi perorata con falsa tranquilidad. El brillo de sus ojos eran… Maldito pedacito del pan, se lo había engullido—. Sin embargo, puedo hacer una excepción si puedo deshacerme de ti.
—Sólo te pido la revancha— expresé ignorando lo último dicho. Nuevamente se enfrascó en una comunicación oral con el pastelito. Cualquier cosa mía perdía valor ante inminente situación. Me senté en la sillita enfrente de él con calma física, sonreí artificialmente, ese pastelillo, suave al tacto, delicado en cada roce de la cucharita comandada por el cretino, dominaba en la conversación.
Y la gente pululaba en el café, absortas en sus propias vidas. El movimiento de las plumas tatuando en las hojas los pedidos, el choque de las vajillas al ser recogidas de mesas en momentos de interrupción para su estar impecable en la siguiente ronda, todo sonó con fuerza en mi cabeza, los impulsos cerebrales no los aguanté.
Así que como en alguna parte escuché, en mi desenfreno por entender a las masas, "quien no quiere la cosa" tomé el alimento y lo tiré al suelo. Por fin la calma.
Ante lo sucedido Kai no se inmutó, en cuestión de segundos, luego de acomodar el platito y la cuchara a un lado suyo en la mesa, ubicó su mirada en mí, arrugando el ceño.
—Si no puedes templarte…— señaló con cierto arrastre en las palabras. Posó las manos en la mesa para empujar su cuerpo arrastrando la silla hacía atrás, el sonido sobresaltó mi ser. No predispuse esta situación, nuevamente conseguía atraparme en el revuelo de dudas sobre el siguiente movimiento que iba a realizar—. No veo razón para aguantarte.
—Igualmente.
—No me catalogues con las mismas particularidades de un psicópata— murió un "no soy" en cuanto percató en mi actitud cierta ofensa—. ¿Sí? Quiero verlo.
Se marchó ondeando la bufanda tan característica en él y a un Brooklyn. A mí, avergonzado con toques de enfado y desesperación. ¿Qué había hecho mal? Suspiré. Mi mente le costaba entender que, al combinarlas con una persona a la que sabía con verdadera reticencia en su análisis le exasperaba en abundancia, no podía controlar ciertas situaciones.
Nota: El postre en cuestión no quisimos que tuviese tal desgracia, empero, un sacrificio es un sacrifico.
Dask Visconti.
