3. El bufete del Señor Ollivander
En
la Mansión se respiraba tranquilidad después del alboroto de la
noche anterior. Ron bajaba las escaleras desperezándose. Se había
levantado muy temprano, aquel día iba a ser su primer día de
trabajo en el bufete del Señor Ollivander. Ni Julie, ni Matthew
estaban de acuerdo con que el pelirrojo trabajase allí. Decían que
no tenía necesidad de ello y se sentían defraudados con la decisión
su decision de no hacerse cargo de los asuntos de la empresa
familiar. Ron tenía sus razones y se las había explicado hasta la
saciedad, pero Julie seguía negándose tozudamente a admitirlas y
aunque Matthew parecía haber dado su brazo a torcer, Ron sabía que
seguía sin estar de acuerdo.
Así pues, bajó esa mañana mas
ilusionado que nunca y nada de lo que le dijese su familia lo haría
cambiar de opinión.
- Buenos días – Saludó a su madrina que desayunaba tranquilamente.
- Buenos días – Le respondió la mujer con una sonrisa.
Ron se sentó rogando para que Julie no sacase el tema de Ollivander, Minerva entró en el comedor y le sirvió café recién hecho. El joven la miró agradecido y la anciana se retiró. Cogió su taza y comenzó a beber mientras ojeaba la prensa del día.
- Sigo sin entenderlo.
Ron escupió el sorbo de café y rodó los ojos. Julie volvía a la carga.
- Ya te lo he explicado, quiero valerme por mi mismo – Dijo el joven intentando acumular paciencia – Sabes que solo será durante un año. Necesito saber que puedo lograr cosas sin que tú estés siempre de todo lo que me ocurra. Ya no soy un niño, Julie.
La mujer resopló y tomó un sorbo de jugo de naranja.
- Está bien, no volveré a hablar del tema. Pero me parece absurdo que tengas que demostrarnos nada, nosotros sabemos que tú eres capaz de hacer lo que te propongas. Prometo no volver a agobiarte más con eso… Pero solo durante un año.
Ron rió ante la insistencia de su madrina y de pasó logro hacerla reír a ella también. Minerva volvió a entrar y esta vez, lo hizo acompañada de Harry.
- Buenos días a todos – Saludó.
Ron y Julie le devolvieron el saludo, aunque el pelirrojo le puso tanto entusiasmo, que se atragantó con la tostada.
- ¿Estás listo? – Le preguntó Harry.
El muchacho asintió, intentado recobrar un poco de oxígeno. Se levantó de la mesa, besó a Julie en la mejilla y salió junto a su amigo de la Mansión. Su madrina lo observó marchar y lanzó un suspiro de resignación.
Ollivander era un viejo y astuto abogado que contaba con uno de los bufetes mas distinguidos de Londres. Los personajes mas ilustres de la ciudad e incluso del país, habían sido clientes suyos en alguna ocasión. El Señor Ollivander se crió en una granja en el sur de Irlanda, de origen humilde nunca se conformó con la vida que había llevado hasta entonces y no quiso seguir los pasos de su padre. Decidió salir de Irlanda a la edad de dieciséis años y se mudó a Londres. Comenzó a trabajar cuidando las caballerizas de un Lord inglés, el aristócrata se dio cuenta de las posibilidades del muchacho y se ofreció a pagarle los gastos de una buena universidad. Así fue como Ollivander se matriculó en Oxford y allí conoció a su gran amigo Severus Snape. Cuando acabó sus estudios, decidió iniciarse en el mundo de la abogacía, pero su humilde apellido no le facilitaba las cosas a la hora de abrir puertas. Después de mucho luchar y no desistir en el intento, Ollivander llegó a ser el abogado más prestigioso de la ciudad. Por esa razón, durante años se había dedicado a seleccionar entre todas las universidades del país a los estudiantes mejores capacitados y les ofrecía la oportunidad de conseguir su primer trabajo y de paso, aprender junto a él, todo lo que la experiencia de un viejo zorro le podría aportar. Cada año escogía a diez alumnos y les hacia trabajar en diferentes casos. Ron, Harry y Lavender habían sido tres de los elegidos ese año y todos estaban emocionados con la oportunidad que se les brindaban. Ron se sentía orgulloso de trabajar con el Señor Ollivander, porque el joven veía numerosas similitudes entre él y el viejo abogado, y esa era la razón por la cual había decidido esperar un año para incorporarse a la empresa de los Dashwood y aunque Julie era conciente de ello, seguía resistiéndose a conformarse.
Lavender sacudía las manos nerviosa en la puerta de la oficina, y corrió hacia los muchachos cuando los vio aperase del auto. Saltó sobre el cuello de Harry y luego hizo lo mismo sobre Ron, mientras exclamaba eufórica.
- ¡Oh Dios mío! Estoy muy nerviosa.
Los dos jóvenes se miraron, ellos también lo estaban pero la rubia lo demostraba más. Harry le agarró una mano a Lavender y Ron hizo lo mismo y caminaron los tres juntos hacia el interior del edificio.
Para Hermione poner un pie en la empresa de su difunto padre era un trago muy amargo y aun mas, ocupar la que durante años fue su oficina. La muchacha contempló la estancia con ambas manos sujetando el pomo de la puerta y la espalda apoyada sobre ésta. Era un despacho austero, propio de un hombre recto y serio como el Señor Granger. La joven se acercó al escritorio y se sentó en el sillón giratorio de piel marrón. En una esquina de la mesa había un retrato de su familia al completo, ahora ya solo quedaba ella. Cuando niña Hermione había acudido muy pocas veces al despacho de su padre, así que sus recuerdos de aquel lugar eran casi nulos. Pero aun persistía su presencia dentro de la habitación. Suspiró llena de pesar y levantándose del sillón, descorrió las cortinas dejando pasar la cegadora luz del sol, que al instante, llenó de vida la oficina.
- Hola Hermione, buenos días – Saludó Luna asomando su rubia cabeza por la puerta.
- Buenos días – Le respondió ella con voz apagada.
- ¿Estás bien? No tienes porque incorporarte tan pronto si no quieres… Eres la jefa.
Hermione sonrió y recorrió con los ojos nuevamente la habitación para luego añadir.
- Voy a hacer algunos cambios, esto es tan triste… Me recuerda demasiado a mi padre y me aflijo aun más.
- Me parece una gran idea, un toque femenino no le vendrá nada mal – Secundó Luna – Toma, esto es para que te pongas al día.
Luna le dejó sobre la mesa una enorme carpeta y un disco para la computadora y se acercó a su amiga dándole un beso en la mejilla.
- ¿Y tú como estás? – Preguntó Hermione, mientras le echaba un vistazo a los documentos que había dentro de la carpeta.
Luna hizo una mueca dándole a entender que no sabia a que había venido aquella pregunta, su amiga percibió el gesto de la rubia y aclaró.
- Me refiero a lo que nos contaste ayer, a lo de Neville.
- ¡Ah!, bueno durante todos estos días me he sentido mal, pero después de contároslo anoche me he descargado un poco del peso que llevaba dentro. Puede decirse que estoy algo mejor – Añadió con una sonrisa.
- Sé lo duro que es para ti. Neville y tú siempre os llevasteis bien, erais como hermanos.
- Sí claro… Como hermanos – Atajó con sequedad Luna.
Hermione se sorprendió por el tono que la rubia había usado para la última frase. Había sonado como si la palabra 'Hermano' le molestase. Un presentimiento surgió en su cabeza, pero decidió desecharlo por el momento. Quizás Luna estaba demasiado enfadada con Neville y no quería recordar cosas del pasado.
- Tengo una idea – Exclamó de pronto para darle ánimos a su amiga – Como hoy Ron saldrá tardísimo de su nuevo trabajo, he pensado que tal vez tú y yo podríamos escaparnos de compras y mirar algunas cosas para comenzar a decorar este despacho… ¿Qué dices?
Luna pareció entusiasmada con la proposición y asintiendo enérgicamente, salió del despacho de Hermione para dejar que ésta se acomodara y se habituara a él.
El edificio donde Ollivander tenía ubicado su bufete era íntegramente propiedad suya. Contaba con decenas de despachos, cada uno con una secretaria tecleando sin parar y abogados entrajetados moviéndose con sus maletines en la mano de un lado a otro del lugar. Ron y sus dos amigos, intentaron pasar los tres juntos a través de la puerta, pero no cabían, así que Harry se adelantó y Ron y Lavender entraron cogidos de la mano. La rubia lo contemplaba todo entusiasmada girando bruscamente la cabeza de un lugar a otro, sonriendo ampliamente y lanzando unos sonoros '¡Oh!' y '¡Ah!' a cada cosa que parecía impresionarle. Apretaba emocionada la mano de Ron tan fuerte, que éste comenzó a sentir un agudo dolor. De repente una muchacha de cabello oscuro chocó de golpe con el hombro de Ron haciéndolo girar y logrando que soltara al fin la mano de su amiga, que ni siquiera se percató de la colisión.
- ¡Oh disculpa! – Exclamó la joven.
- No pasa nada – Dijo el pelirrojo aliviado, notando como la sangre volvía a circular por su dolorida mano.
La muchacha lo miraba extasiada clavando descaradamente en él sus grandes ojos azules. Ron comenzó a sentirse un poco incomodo con el atrevimiento de aquella chica y girando con rapidez sobre sus talones apresuró el paso para llegar junto a Harry. Lavender, que ya había vuelto a la tierra, pasó junto a la chica morena y la ojeó de arriba abajo con desconfianza. Apretó los labios, alzó la nariz e intentó pasar de largo, pero la joven la sujetó por el brazo y Lavender se frenó en seco.
- ¿Es tu novio? – Preguntó sin apartar los ojos del pelirrojo.
- ¿Quién?... ¿Ron? No, no lo es – Contestó Lavender un tanto desconcertada y sorprendida.
Con un rápido movimiento liberó su brazo de la mano de la chica y se reunió con sus amigos. La morena siguió observando a Ron hasta que éste desapareció por la puerta de la estancia donde se celebraría la reunión con el Señor Ollivander. La joven suspiró…
- Ron – Pensó en voz alta – Me gusta…
Y caminó con paso lento en la misma dirección que los tres amigos.
El Señor Ollivander pronunció un largo, monótono y soporífero discurso. Si no fuese por que todos los allí presentes estaban emocionados con su nueva etapa profesional, mas de uno se habría levantado y abandonado la sala a los pocos minutos de haber empezado la reunión. La única que parecía realmente interesada en todo lo que el abogado decía, era Lavender, que todo aquello la tenía sobreexcitada y asentía enérgicamente a cada frase de su jefe. Harry hacía esfuerzos por no distraerse con cualquier cosa que pasase a su alrededor y Ron ahogaba los bostezos uno tras otro con desesperación. Por fin, el ilustre letrado terminó su aburrido monólogo y repitiendo por doceava vez lo orgulloso que estaba de contar con toda aquella juventud en su bufete para desarrollar ese duro año de trabajo, añadió un dato más. Los chicos trabajarían de dos en dos, y cada pareja llevaría un caso judicial. El hombre, que siempre alardeaba de ser justo, y para no hacer distinciones entre sus pupilos, cogió dos cajas de cartón de pequeño tamaño. En una de ellas, introdujo cinco papeles con un nombre escrito en cada uno e hizo lo mismo con el resto metiéndolos en la segunda caja. Así pues fue sacando indistintamente un papel de cada caja, emparejando a los dueños de los nombres que allí estaban escritos. Ron rezaba en voz baja para que su nombre coincidiera con el de alguno de sus dos amigos, los conocía bien y eso le facilitaría mucho el trabajo. Pero todas sus esperanzas se vieron frustradas cuando oyó como el Señor Ollivander, nombró a Harry y seguidamente y tras extraer un nuevo papel, leyó el nombre de Lavender. La rubia estaba feliz, felicísima con la idea de trabajar con Harry y el pelirrojo resopló fastidiado, ahora sí que ya no había duda, él formaría equipo con un desconocido. Poco tiempo después su nombre se dejó oír en la sala y el corazón del muchacho aumentó los latidos golpeándole el pecho, consumido por la intriga de saber quien sería su compañero…
- El Señor Weasley – Dijo Ollivander en voz alta y metió la mano en la otra caja extrayendo un nuevo trozo de papel y por consiguiente un nuevo nombre – Y la Señorita Parkinson.
Ron que se había puesto en pie instintivamente al oír su nombre, volteó la cabeza hacia todos lados buscando a la joven y entonces sus ojos se posaron sobre una chica morena con la mirada azul, que al igual que él se había puesto en pie y le sonreía. Era la misma muchacha con la que se había tropezado en la entrada hacía solo un momento, Ron sin saber como reaccionar, le sonrío tímidamente y se sentó de nuevo. Lavender torció el gesto, habia algo en esa joven que no le gustaba absolutamente nada y estaba segura que no era por la primera impresión.
Cuando la reunión se dio oficialmente por terminada, Ollivander ordenó a todos los jóvenes que se reunieran con sus respectivas parejas, les asignó a cada una un escritorio para trabajar y un dossier con el caso que debían estudiar para luego defender. Luego el abogado les recomendó encarecidamente, que cualquier duda o propuesta surgida se le consultara antes de llevarla a cabo. Y diciendo esto último, se despidió amablemente de ellos y se encerró en su despacho. Ron resopló, se separó de sus amigos que ya se dirigían a su mesa y caminó hacia su nueva y atractiva compañera.
- Hola – Dijo al llegar junto a ella – Me llamo…
- Ron ¿Verdad? – lo interrumpió la muchacha sonriéndole.
El pelirrojo asintió sorprendido.
- ¿Sabes mi nombre?
- Por supuesto, tu amiga me lo dijo antes – Añadió señalando a Lavender.
- Lo siento pero yo no recuerdo tu nombre – Admitió Ron bastante azorado.
- Es normal que no lo sepas, Ollivander nos nombró por los apellidos. Mi nombre es Pansy, Pansy Parkinson y voy a estar encantadísima de trabajar mano a mano contigo.
Ron le sonrió levemente aunque a juzgar por la forma en que ella lo miraba, no sabía si debía haberlo hecho o no… De todas formas juraría que había escuchado aquel nombre antes, pero ahora era incapaz de recordar cuando, ni donde.
La mañana pasó veloz para Hermione, ponerse al día con todo lo referente a los asuntos de la empresa de su padre, la habían mantenido tan ocupada y distraída que se sobresaltó cuando Luna entró de pronto en su despacho diciendo.
- Se acabó por hoy, ¿Lista para ir de compras?
El centro comercial estaba prácticamente vacío, era lunes y la mayoría de los londinenses estarían aun en sus respectivos puestos de trabajo. Hermione agradeció la falta de gente en las galerías. En primer lugar fueron a almorzar, un rato antes había llamado a Ron para ver que tal le iba todo en su nuevo trabajo y éste, le contó sobre la reunión con Ollivander y lo fastidiado que estaba por tener una nueva compañera, sabiendo que sus amigos habían sido emparejados juntos. Pero luego se relajó un poco cuando Hermione le habló de su llegada a la oficina de la empresa de su padre y de lo contenta que estaba con su nueva faceta, sobre todo por lo mucho que Luna la ayudaba y la estaba apoyando. Finalmente quedaron en verse en la Mansión cuando Ron terminase de trabajar.
Las muchachas
almorzaron rápido, el restaurante estaba medio vacío y la comida no
tardó en ser servida. Así pues, y con el estómago bien lleno, se
enfrentaron a la ardua tarea de buscar cosas para redecorar el ahora,
despacho de Hermione. Recorrieron todas las galerías sin saltarse ni
una sola, y en varias tiendas, apartaron diferentes objetos o muebles
con intención de mejorar un poco aquella lúgubre oficina y darle un
toque mas desenfadado. Luna se detuvo frente al escaparate de un
establecimiento de ropa de diseño, Hermione, que estaba a esas horas
bastante agotada, decidió esperar a su amiga fuera mientras Luna
visitaba la tienda.
La joven se dejó caer en un banco de madera
que quedaba muy cerca del lugar donde su amiga había entrado. Hacía
mucho tiempo que no caminaba tanto y le ardían las puntas de los
dedos de los pies. Miró a su alrededor, visitar el centro comercial
un Lunes era sin duda una gran idea, parecía otro lugar… Suspiró,
daba gusto hacer compras así. De pronto detuvo sus almendrados ojos
en alguien que le resultó familiar. Era un chico alto, estaba de
espaldas a ella. Tenía el cabello oscuro y parecía… Creía pensar
que era… ¡Neville!... Pudo confirmarlo porque el muchacho se había
girado.
- ¡Cielos! – Exclamó Hermione en voz baja – Realmente está muy cambiado.
Neville se había cortado un poco el cabello, su espalda ya no estaba encorvada, su cuerpo había ganado algo de musculatura y no se veía en absoluto flacucho, como Hermione lo recordaba. Además sonreía y sus dientes estaban cada uno en su sitio… La chica debía admitir que Neville Longbottom estaba realmente guapo. El joven reparó de pronto en ella y sonrió mas ampliamente, Hermione se levantó del banco y corrió a su encuentro.
- ¡Oh Neville! Casi ni te reconozco – Admitió después de saludarlo con un abrazo.
- Sí, supongo que dos años es mucho tiempo – dijo él con timidez.
Hubo un silencio, deseaban preguntarse tantas cosas el uno al otro, pero no se atrevían a hacerlo y aquel silencio comenzó a ser realmente incómodo.
- Siento no haber podido asistir al funeral de tu padre – Neville fue mas valiente y rompió el hielo antes – Sabes que sentí mucho su perdida, pero ciertos asuntos en Cambridge me impidieron poder estar a tu lado.
- Lo sé, tu carta fue maravillosa y agradezco tus palabras de consuelo.
De nuevo otro silencio, Hermione sentía la necesidad de pedirle explicaciones sobre aquel asunto con Cho, pero en el fondo sabía que no tenia derecho a hacerlo y tampoco quería que su amigo se sintiera mal. Neville sin embargo, esperaba pacientemente algún tipo de reproche por parte de Hermione.
- Te echamos mucho de menos anoche – Ahora fue ella la que habló rompiendo aquel frío silencio entre ambos.
- Supongo que Luna os ha informado de todo – Hermione asintió, Neville lanzó un suspiro – No podía ir sin ella y no tengo derecho a imponeros su presencia.
- ¡Oh Neville!...
- Sí, todo es demasiado complicado y nunca lo entenderéis.
- Por supuesto que lo entendemos, estás enamorado y no es fácil amar a alguien, lo sé por experiencia propia – Añadió Hermione con una sonrisa intentado trasmitirle confianza.
- Pero a vosotros todos os apoyaron, lo mío es distinto – Neville bajó la vista al suelo y guardó un poco de silencio para luego preguntar - ¿Draco y Lavender…?
- No, ellos aun no lo saben. Luna no les dijo nada – Se apresuró a decir Hermione al ver la angustia reflejada en el rostro de su amigo.
Neville lanzó un suspiro de alivio y Hermione lo contempló con tristeza.
- No volveré al grupo mientras ella no sea aceptada como lo que es, mi novia – Atajó con rotundidad Neville.
- Aun no hemos hablado sobre eso, pero sabes que Draco y Lavender pondrán muchas objeciones y es absolutamente lógico.
Luna salía de la tienda, revisaba la bolsa en la llevaba su compra recién hecha, levantó la vista y cuando se dio cuenta, se había topado con los oscuros ojos de Neville. Hermione reparó en ella y agarrándola de la mano, la acercó.
- Hola – Saludó la joven tímidamente mirando al suelo.
- Hola – Contestó él con frialdad.
Hermione miraba a uno y a otro intermitentemente y comenzó a sentirse muy tensa y molesta con la reacción absurda de ese par de cabezotas.
- ¡Oh! Esto no puede continuar así – Exclamó.
- Pues díselo a ella porque yo no empecé – Acusó Neville alzando la voz.
- ¿Ah no? ¿Acaso soy yo quien sale con Cho Chang? – Los azules ojos de Luna chispeaban de rabia.
- ¡Neville!
Una conocida voz hizo que las tres cabezas se giraran hacia la persona que lo había llamado. Cho estaba clavada en el suelo, a pocos metros detrás de su novio con las manos cargadas de bolsas. Neville se giró y le sonrió, Luna bufó por el gesto del muchacho y Hermione se quedó asombrada con la actitud infantil de su amiga.
- Me he alegrado mucho de verte Hermione, saluda a Ron de mi parte. Tengo que irme – Dijo el joven besándola en la mejilla e ignorando a la rubia por completo.
- Eso, corre, no vaya a ser que te regañe – Ironizó Luna.
Neville la fulminó con su oscura mirada y negando con la cabeza, se giró y se marchó junto a su novia mientras la agarraba por la cintura. Luna lo siguió con la mirada, y según se alejaba, su rostro contraído por la rabia fue dejando paso a un semblante triste. Hermione no dejaba de observarla y entonces, lo comprendió todo.
- ¿Cuánto llevas enamorada de él?
Luna se giró sorprendida y ruborizada hacia su amiga.
- ¿Yo?... ¿Enamorada?... ¿De quién?
- De Neville… ¿Cuánto haces que lo amas?
Luna aguantó la respiración y sus mejillas parecían que iban a arder en cualquier momento, bajó la vista al suelo y dijo casi en un susurro.
- Yo no estoy enamorada de Neville.
- No puedes negarme lo evidente. Tu forma de mirarlo Luna, eso solo puede ser amor – Decía Hermione sin poder creer aun como no se había dado cuenta antes.
- De todas formas ya da igual lo yo que sienta, él ama a Cho - Los ojos de Luna dejaron fría a su amiga, la joven sufría y sufría mucho – Será mejor que nos vayamos a casa, me siento mal.
- Pero…
- ¡Hermione! No quiero hablar de ello.
Y diciendo esto, comenzó a caminar con rapidez. Hermione se quedó clavada en el suelo y se pasaba la mano con preocupación por el rostro.
- ¡Luna! – La llamó.
Pero la rubia no contestó. Hermione corrió para alcanzarla y cuando lo hizo, la tomó de la mano para mostrarle su apoyo. Luna apretó con fuerza la mano de su amiga, pero ninguna de las dos volvió a hablar durante su vuelta.
Antes de llegar a su casa, y después de despedir a su amiga. Hermione pasó por la Mansión Dashwood como prometió y para contar a Ron lo que acababa de descubrir. Cuando llegó, el pelirrojo aun no había regresado del bufete y mientras lo esperaba, se sentó junto a Emma en el salón. La niña intentaba componer un puzzle y Hermione la ayudaba a colocar las piezas correctamente. Snape salió del despacho junto a Matthew.
- Buenas noches – Saludó el marido de Julie – Emma no molestes a Hermione.
- No lo hace Matt, me encanta estar con ella – Admitió sinceramente la castaña.
- Que bien que estás aquí – Exclamó Snape – Tengo en el escritorio algo para ti.
El abogado entró nuevamente en el despacho y salió unos segundos después con un sobre en la mano que le entregó a la joven. Hermione lo abrió y leyó su contenido con atención.
- Vaya, esto me dio muchos quebraderos de cabeza en el pasado – Dijo cuando terminó de leer.
Matthew y Snape se miraron y sonrieron a la muchacha.
- Bueno Señora Condesa, el título noble ya es suyo. También eso formaba parte de la herencia de tu padre – Contestó Severus con una reverencia.
Hermione
dejó escapar una sonrisa con el gesto del hombre.
Ron irrumpió
de pronto en el salón, su cara reflejaba un cansancio extremo. Se
acercó a la muchacha y la besó con ternura mientras Emma se colgaba
de su pierna. Ron tomó a la niña en brazos y la besó en la
mejilla.
- Vamos Emma, tu hermano viene cansado y ya es hora de tu cena – Dijo su padre arrebatándosela con suavidad al pelirrojo mientras le guiñaba a éste un ojo, y juntos salieron del salón.
- ¿Qué tal tu experiencia con mi gran amigo? – Preguntó Snape con una enorme sonrisa.
- Tan interesante como agotadora – Exclamó el Ron derrumbándose en el sofá.
- Hiciste bien en aceptar la oferta de Ollivander, diga Julie lo que diga – Lo animó el abogado – Creo que ya es hora de ir a casa, Buenas noches chicos, nos vemos mañana.
Los jóvenes se despidieron de Snape y Hermione corrió a sentarse junto a su novio. El pelirrojo dejó caer su cabeza sobre el regazo de ella y ésta comenzó a acariciarle el cabello. Ron notó como su cuerpo comenzaba a alcanzar el nirvana.
- Ha sido un día duro…- Dijo ella con suavidad.
- Sí bastante. Sobre todo cuando me adjudicaron una compañera. No sé Hermione, esa chica me pone nervioso – Añadió él sin abrir los ojos, extasiado por las caricias de su novia.
- ¿En que sentido? – Hermione sintió la punzada de los celos en su estómago.
- Es extraña, y lo cierto es que por más que intento recordar no consigo saber donde demonios escuché su nombre antes…
- Quizá yo la conozca ¿Cómo se llama? – Dijo ella un poco mas relajada, por el tono de voz de Ron intuía que aquella chica no le supondría ningún peligro.
- ¡Cielos! Lo he olvidado… Penny… No, no, así no, Patty… No tampoco… Hasta su nombre es extraño – Manifestó resoplando, Hermione rió - ¡Ah ya! Lo recordé. Pansy, ¡Pansy Parkinson!
Hermione abrió mucho los ojos y su respiración se detuvo por un segundo. No, no podía ser… Pansy estaba en Yorkshire.
- Ron… ¿Oíste bien su nombre?... ¿Estás seguro que te dijo Pansy Parkinson?
El pelirrojo asintió con contundencia, absolutamente convencido.
- ¿De veras no recuerdas quien es?
- No.
- Es la prima de Draco, mi compañera de habitación en el internado. La que nos delató.
Ron se incorporó de golpe… ¡Por supuesto!, él no la había visto nunca pero la oyó nombrar en varias ocasiones. Definitivamente, el mundo es un pañuelo.
- Tienes que hablar con Ollivander y exigirle que te adjudique otra pareja – Le reclamó Hermione visiblemente molesta con aquella horrible coincidencia.
- ¿Cómo? – Preguntó el pelirrojo creyendo no haber oído bien.
- Ron, no puedes trabajar junto a ella – Hermione parecía perder la paciencia por momentos.
- No puedo hacer eso, entiéndelo. Es mi primer día, no puedo exigirle que me cambie de compañera ¿Qué excusas le doy al Señor Ollivander? – Ron también parecía perderla.
- Dile la verdad.
- ¿La verdad?... La verdad es tan poco creíble Hermione… ¿Qué le digo? ¿Qué cuando éramos casi unos niños, tu padre te encerró en un maldito internado para evitar que nos viésemos, y que yo fui a rescatarte con un grupo de amigos…? ¿Quieres que le diga que esa chica a la que acaba de contratar por sus propios meritos, es una delatora? – El pelirrojo que se había levantado del sofá, agitaba las manos como si estuviese espantando moscas.
- ¡Sí Ron, eso! ¡Quiero que le digas que por su culpa casi pierdo la vida!
Ron se detuvo en seco y miró a su novia.
- No me creerá… Pensará que estoy loco y prescindirá de mí – Sentencio él.
- ¡Ron!... – Gritó Hermione presa de la rabia, luego hizo una pausa para seguidamente añadir con frialdad - ¡Llévame a casa!
- ¡Oh vamos Hermione! – Protestó el pelirrojo.
- ¡Llévame a casa!
Ron apretó los labios como hacía cada vez que se enfadaba, agarró con violencia las llaves del coche y salió disparado de la Mansión seguido por su novia. El viaje se hizo eterno. Hermione observaba por la ventanilla como las luces de los edificios dibujaban ráfagas de colores intensos y evitaba mirar a su novio. Ron también intentaba no voltear los ojos hacia ella. Estaba enfadado, muy enfadado y resoplaba constantemente. No comprendía la terquedad de Hermione, no se ponía en su lugar. Ninguno de los dos habló durante el trayecto y cuando Ron detuvo el vehículo frente a la puerta, Hermione se apeó de él y caminó hacia su casa sin despedirse. Unos segundos después, oyó como el coche se alejaba veloz del lugar. Aun así, no volteó la vista para verlo marchar y comenzó a buscar convulsivamente las llaves en su bolso. No tuvo éxito, ni rastro de ellas.
- ¡Maldita sea! Seguro que las dejé olvidadas en la oficina – Exclamó en voz alta.
- ¿Puedo ayudarla señorita?
Una voz de hombre sonó a su espalda, Hermione se giró y pudo ver entonces a un muchacho un poco mayor que ella, con el cabello oscuro y muy corto, y bastante fornido que la miraba con una arrebatadora sonrisa.
- Soy tu nuevo vecino, no he podido evitar ver que estabas en un apuro – Se apresuró a aclarar él antes de que la joven se asustase con su presencia.
- ¡Oh! Sí, lo estoy. He perdido las llaves y no puedo entrar en mi casa – Dijo ella nerviosa.
- Puedo ayudarte, espera.
El muchacho sacó de su cartera una tarjeta de crédito y un trocito de alambre, introdujo el alambre en el agujero de la cerradura y la tarjeta entre ésta y el marco de la verja. Hizo unos leves movimientos, y la puerta se abrió.
- ¡Bingo!- Exclamó – Es magia.
Hermione estaba asombrada y rió.
- ¡Cielo santo! Espero que no haya mucha gente que conozca este truco.
- Bueno, soy tremendamente despistado y perder las llaves de mi casa es uno de mis deportes favoritos. Tuve que aprender este truco o me iba a dejar toda la pasta en cerrajeros – Admitió el muchacho.
Hermione volvió a reír.
- Pues podrías hacerme el favor completo y abrir también la puerta de la casa – Añadió ella sin dejar de sonreír.
El joven pasó delante y Hermione lo siguió. Con tranquilidad volvió a meter la tarjeta y el alambre de la misma forma, pero esta vez tuvo un poco mas de trabajo, Hermione pensó que no lo conseguiría, finalmente la puerta se abrió.
- ¡Gracias! – Exclamó muy contenta – Me libraste de una buena.
- No hay de que – Dijo él haciendo una reverencia.
- Mi nombre es Hermione Granger, es un placer – Agradeció tendiéndole la mano.
- El placer es mío – Respondió sujetando la mano de ella y besándosela – Y ya sabes, vivo ahí al lado… Cualquier cosa que necesites no dudes en llamarme. Buenas noches.
Y se giró con intención de marcharse hacia su casa, cuando Hermione lo detuvo.
- Espera.
El muchacho se volteó de nuevo sonriéndole.
- No me has dicho tu nombre.
- ¡Oh vaya! – Exclamo él sonrojándose mientras se golpeaba la frente con la mano - Te dije que soy muy despistado… Mi nombre es Viktor Krum.
