¡Lo se! ¡Lo se! Es el fanfic que actualizo menos seguido, pero es el que más disfruto cuando lo hago (no quiere decir que los demás no disfrute, más bien lo decía porque en este escribo a muerte por varios días y noches xD) en fin, espero mucho que les guste y... Que haya valido la espera, lo siento D:

Agradecimientos especiales a:

Rene18: primero que nada, gracías por ser tan buen beta... En otras cosas~ a todos les llega su tiempo de volverse bolita llorando en la esquina aterrados y sobre los preparativos seguro son pesadilla .3. más cuando las mujeres estan indescisas con todo xD Y shh! Yo no puse nada malo, todo es sanito x3

Darkkness666: ¡Muchas gracias! Me alegra mucho que te gustara y pues 3 años después pero aqui esta la actualización, espero que las disfrutes :3

AldoJDC97: Algo lentas las actualizaciones de este fanfic pero... No lo dejare a menos que avise primero x3 ¡Gracias por pasarte a leer!

Flame n' Shadows: Y aqui la otra actualización :B disfrutala~

Koraru-san: ¡Muchas gracias! Se que aun vas en el cap 1 y que ya te agradeci por pasarte por el fanfic pero me alegra mucho que te gustara y ese fue el propocito del primer cap hacer dramita para que al final fue todo bonito x3

¡Ahora si!

¡Bienvenidos al capitulo 3! ¡Espero que sea de su agrado!


Si bien aquella "pequeña" parada que habían tenido en medio de la carrera no había resultado como al zorro le hubiera gustado, había logrado mantenerse lo suficientemente cuerdo para continuar conduciendo hasta el lugar de origen de su amada y aunque sabía al cien por ciento que para desgracia de él, no podría acabar lo que empezó, guardaba aunque fuera un poco de esperanza, esperanza en que los días que se quedarán con sus queridos suegros pasarán sin problemas y pudieran volver a Zootopia, a su hogar, donde tenían completa privacidad y no donde hubiera miles de conejitos con súper oído y con súper poderes para aparecer en los momentos menos oportunos.

Nick recordaba con vergüenza aquella vez en que habían tomado un descanso en Bunny Burrows después de una serie de casos difíciles en los que por poco en más de una ocasión habían corrido el riesgo de no salir vivos, traficantes de drogas, secuestros de hembras, peleas entre bandas criminales demasiado fuertes, el descubrimiento de una secta caníbal, su participación en un caso importante para la ZIA, las protestas ante matrimonios interespecie, una alcaldesa loca que deseaba domesticar a los depredadores, el descubrimiento de un gen extraño… La lista era interminable ahora que el zorro lo meditaba de forma más detenida, pero aquello no era de lo que no deseaba recordar, la situación que había tenido lugar en el baño de la familia Hopps era lo que a como fuera lugar deseaba que borraran de su cabeza.

Era una mañana, bastante tranquila, los niños, así como los más grande habían salido de la casa para atender a sus labores diarios, ya fuera estudios o trabajo. La casa había quedado en total paz.

Él zorro había despertado encontrándose con que su amada se encontraba bañando en uno de los baños de la enorme casa, todo muy normal o al menos así fue hasta que algo dentro de él insistió en entrar al baño para sorprenderla, deducía que la puerta no tendría seguro, ella era siempre así de olvidadiza, no espero más y una vez se la encontró comenzaría su maniobra para seducirla. Colocó el seguro a la puerta y se acercó lo suficiente a ella para sentir todo su cuerpo estremecerse, la beso un par de veces en un intento de que no fuera a regañarlo por sus acciones.

La puerta sonó, alguien intentaba abrirla, pero al momento de percatarse de que este se encontraba ocupado optaron por tocar.

"Judy, cariño ¿Eres tú?" Se escuchó, una voz femenina bastante tranquila y conocida, no hacía falta decir que ambos mamíferos se tensaron, siendo incapaces de reaccionar de forma normal.

"Si mamá, estoy tomando un baño" La coneja había respondido intentando sonar lo más tranquila del mundo, cosa que no había conseguido del todo, pues después de tener tantos hijos su madre era bastante experta, por así decirlo, para descubrir cuando algo andaba raro.

"Necesito acomodar unas toallas limpias. ¿Puedes abrir la puerta por favor?" Preguntó con tranquilidad, pues sabía bien que su hija nunca tendría problemas en prohibirle la entrada mientras estuviera del otro lado de la regadera.

"E-estoy... De-desnuda, luego puedes acomodarlas cuando salga" Mala respuesta, fue notorio al instante que ocultaba algo y lo iba a descubrir.

"Está bien hija, vuelvo cuando termines" Unos pasos alejándose se escucharon, ocasionando que un suspiró de alivió saliera del hocico de ambos, lo más rápido que pudo empujo al zorro hacía atrás y lo regaño, obligándolo a salir del baño. Acción que después de lo que había pasado optó que era la más sensata.

Apenas abrió la puerta no pudo creer lo que sus ojos veían… La madre de su novia se encontraba cruzada de brazos mirando hacia al frente, hacia donde se encontraban ellos dos, Nick aún tenía su ropa, pero Judy no…

— ¿Nick? —alguien lo agito un poco sacándolo de sus pensamientos mientras conducía— ¿Estás bien? —por unos pocos segundos volteo hacia la conejita curiosa que se abalanzaba un poco sobre su brazo.

— Si, solo estaba recordando aquella vez en que tú mamá nos descubrió en el baño —Él rio, aunque le apenaba demasiado recordarlo.

— ¡Noo! ¿Por qué tenías que recordármelo? —reprochó nerviosa e incluso subió las patas en el asiento— ¡Aun no supero a mi madre hablándonos de sexo en el comedor! —gritó nerviosa hundiendo su cara en la palma de sus patas. En su vida aquel había sido el momento más incómodo que deseo jamás haber tenido.

— ¡Ni me lo menciones! ¡Tuve pesadillas un mes entero! —agrego él zorro riendo incomodó e incluso se podría decir que todo su cuerpo estaba completamente tenso.

— Tuvimos suerte de que no le dijera a mi papá… Porque ten por seguro que te hubiera matado y usado de alfombra… —ladeo un poco su cabeza dejando ver un lateral de su rostro e igual para ella permitirse ver la reacción de su amado mientras que la otra parte seguía escondida.

— Al menos sería una alfombra muy apuesta. —ambos sonrieron— recuerda, yo soy el guapo y tú la lista de la relación —una sonrisa coqueta de lado fue el gesto que realizó mientras giñaba un ojo.

— ¿Eso significa que no soy bonita? —en forma de broma la coneja se sentó correctamente, se cruzó de brazos y volteo hacía el lado opuesto de donde se encontraba su prometido haciendo un pequeño puchero.

— Creí que a los conejos no les gustaba ser catalogados como bonitos o tiernos… —Nick por su parte solo se encogió de hombros y sonrió con tranquilidad mientras continuaba con la mirada puesta sobre el caminó, pronto llegaría a la bifurcación para entrar a Bunny Burrows y no quería perderse del letrero que lo indicaba, principalmente era porque no tenía idea de cómo llegar, era la primera vez que se iban en auto, pero debían ahorrar.

— Mmmh… ¡No! ¡No, nos gusta! —el zorro rio por debajo moviendo de un lado a otro su cabeza— ¡Pero! —ella titubeó al ver la reacción de su prometido.

— ¡Vamos Pelusa! —soltó una pata del volante, pata que se dirigió a la cabeza de su compañera— Sabes bien que eres bellísima —el pelaje de las orejas de la coneja fue agitado con suavidad, mientras que el zorro sonreía mirando hacia el caminó. Ella se avergonzó, siendo incapaz de decir palabra alguna, sonrió con levedad y bajo la mirada.

Hubo silencio por una buena cantidad de minutos, pero no era molesto o incomodo, solo era algo de tranquilidad. Ya casi llegaban, a lo lejos se podía ver como el bosque llegaba a su fin y como enormes parcelas comenzaban.

El auto se detuvo frente a la madriguera 56, la cual en su exterior tenía a muchos conejitos saltando de felicidad, otros más corriendo por el campo y seguramente algunos otros paseando por el pueblo o en la casa.

— ¡Tío Nick! —apenas bajo el zorro pudo notar como algunos conejitos lo esperaban amontonados de su lado. No era raro que a los pequeños les cayera bien Nick, siempre que iban de visita era muy cotizado para jugar a las escondidas y ser él quien los atrapara.

— ¡Hola! Tom, Betty, Jesse, Mike, Albert, Alex… —comenzó saludando a cada uno de los niños que habían ido con él, agradecía tener buena memoria y recordar los nombres de casi todos, aunque a veces los parecidos eran escalofriantes. Tenía suerte que como Judy no había dos, a lo mejor era la adoptada de la familia…

— ¡Tío Nick, tío Nick! ¿Podemos jugar? —el zorro sonrió a la vez como la más pequeña de todos intentaba hacerse notar pegando saltitos. Nicole, se llamaba la pequeña, tenía un bonito pelaje gris claro, algo más claro que el de Judy, sus ojos era de color ámbar bastante grandes, o es que era muy pequeña y daba aquel efecto óptico, sus orejas tenían patrones diferentes una con una mancha negra más grande casi cubriendo toda su oreja y la otra apenas llegando a la punta.

— Cuando terminemos de acomodar las cosas jugamos. ¿Si? —todos los pequeños pegaron muchos saltitos de felicidad mientras se marchaban a seguir jugando entre ellos.

— Aman a su tío Nick —sonrió con ternura la coneja acercándose al lado de su prometido cruzada de brazos mirando como la última en irse había sido cierta pequeña conejita con un vestido verde pistache— Me alegra mucho que te lleves bien con mi familia —con delicadeza la joven tomo la pata de su amado zorro y comenzaron a andar juntos hasta la puerta de la casa.

Apenas se acercaron lo suficiente para tocar alguien ya se encontraba girando la perilla.

— ¡Judy, Nick! ¡Al fin llegaron! —con toda la alegría del mundo Bonnie, quien era la madre de Judy abrazo a ambos llena de felicidad— ¡Stu, ven! ¡Ya llegaron! —grito hacía el interior alegre— Por un momento pensamos que algo les había ocurrido, tú padre los llamo en varias ocasiones, pero no respondían —se dirigió a su hija quien la miraba un poco apenada por haberlos preocupado, pero la señal en la carretera era mala, por no decir que pésima y que la Van se hubiera descompuesto no ayudaba absolutamente nada. Apenas Judy iba a abrir la boca para decir algo cuando su madre la interrumpió invitándolos a entrar— Es maravilloso que les hayan dado un par de días libres ya tenía tiempo que no venían de visita —sonrió la coneja mientras conducía a sus invitados hasta la sala, aunque ellos conocían perfectamente el camino, era una costumbre inevitable para ella.

— Lo siento mamá, el coche fallo y no había señal en la carretera… —lo que a Judy le incomodaba no era el hecho de que hubiera preocupado a sus padres, sabía bien que ellos se preocupaban por absolutamente todo, sino que mientras estaba con Nick en la van a solas por un momento sintió que su celular vibraba, pero por los nervios del momento no había hecho absolutamente nada e incluso había llegado a pensar que era una ilusión.

Apenas llegaron los tres a la sala tomaron haciendo en los mullidos sofás de la misma, Nick se sentía tan cansado de haber estado conduciendo por un par de horas que incluso sentía que podría quedarse dormido en la comodidad del sofá. Mientras que Judy estaba nerviosa por la noticia que les daría a sus padres, aunque querían mucho a Nick tenía algo de miedo de que el hecho de casarse con él cambiara por completo la relación con ellos.

Momentos después de que tomaran asiento el padre de Judy llego secándose las manos con un pedazo de tela.

— Lamento la tardanza, el tractor estaba fallando y ya saben, el deber llama —se acercó lo suficiente a ambos, abrazo a su hija y estrecho la pata con su cuñado, a quien odiaba admitir era de los mejores pretendientes que había tenido su pequeña Judy, pero el hecho de ser un depredador no acababa de encantarle. Pero era mejor eso a que su hija se quedara siendo una solterona toda la vida…

— No te preocupes papá, casi acabamos de llegar —sonrió la conejita escondiendo con su otra pata el anillo que se encontraba entre sus dedos, cosa que noto perfectamente Nick— ¿Cómo han estado todos? —preguntó con normalidad, aunque por dentro tenía una batalla ancestral consigo misma.

— Bien, muy bien —respondió la madre siendo seguida por un movimiento de cabeza afirmativo por parte de Stu— ¡Ahora que lo recuerdo! —asustando a todos en la sala la coneja se había puesto de pie de un salto y volteo a ver sonriente a sus inquilinos— ¡Tú hermana Claire se va a casar! —Zanahorias se sorprendió, ahora dudaba más en decir que se casaría, sería como quitarle la atención a su hermana, aunque en términos de edad ella fuera la mayor.

— ¡¿En serio?! ¿Cuándo? —estaba alegre, de verdad lo estaba e incluso su felicidad se duplico cuando supo la fecha en que se llevaría a cabo la boda "Abril" había dicho su madre, cuando la de ellos había sido planeada para agosto, acumularían la mayor cantidad de vacaciones para que después de la boda pudieran tener tiempo libre para descansar como se debía, incluso Bogo había aceptado no recurrir a su llamado en ese tiempo.

Después de un tiempo de plática tranquila algo hizo que la coneja intentara decirles a sus padres la noticia e incluso cuando su boca se dispuso a decir algo sintió como su prometido la tomaba de la pata y se acercaba un poco más a ella en el sofá.

— Mamá, papá… —titubeo un poco volteando a ver por un par de segundos a sus padres y luego dirigir su mirada hacía Nick— Nick y yo tenemos algo que decirles… —trago saliva con pesadez, se encontraba demasiado nerviosa y eso no le gustaba para nada, sonrió nerviosa y su nariz comenzó a moverse, sus orejas estaban tensas, quería huir, pero Nick no la dejo.

— Lo que Judy quiere decirles es que… —se detuvo un par de segundos el zorro, analizando la situación, sus suegros estaban serios, pero no se notaban asustados o algo por el estilo, más que nada, estaban curiosos, expectantes de saber que pasaría— Vamos a casarnos —soltó él de repente, no quitando la vista de las expresiones que aparecían en la cara de sus suegros. Mientras que Judy mostraba nerviosa el anillo que momentos atrás había estado ocultando, siempre había sido una coneja muy segura de sí, pero cosas referentes al amor siempre la desubicaban de su zona de confort.

Stu y Bonnie sonrieron, no era la reacción que esperaban o al menos no de parte del padre de Judy, pero aquellas sonrisas habían calmado mucho a cierta conejita que casi se encontraba derritiéndose de los nervios.

Antes de que una tanda de abrazos los atacara un ruido proveniente de la habitación contigua llamo la atención de los cuatro, no fue sorpresa que al asomarse vieran a un montón de conejitos espiándolos, no era la primera vez que hacían aquello. Ahora si las felicitaciones comenzaron, las de Judy habían sido tranquilas solo siendo acompañadas de afectuosos abrazos mientras que Nick… Bueno, él estaba en el suelo con cientos de conejitos sobre él y algunos otros saltando a su lado felices porque oficialmente Nick sería familia y podrían jugar más con él.

Bonnie aplaudió un par de veces llamando la atención de todos— ¡Ya niños! Seguro Nick está muy cansado después de haber conducido tanto hacía acá, déjenlo descansar un poco —sonrió mirando como los pequeños bajaban sus orejas con tristeza y se iban retirando de montón de encima del "Tío Nick". Él simplemente se levantó riendo y agradeciendo por ser desenterrado de su mullidita tumba, sin mucha espera se sacudió un poco la tierra que había llegado a su playera hawaiana de parte de sus adorables admiradores.

— Gracias Bonnie —agradeció el zorro sonriente mientras se acercaba para abrazar a su adorable conejita y recargarse sobre su cabeza, por un par de segundos cerro sus ojos somnolientos.

— ¿Qué les parece subir a la habitación de Judy dejar sus cosas y descansar un rato? —Bonnie señalo las escaleras sonriendo amablemente, cosa que por nada del mundo negaron los dos. Volvieron hasta la van a tomar sus maletas y subieron hasta la habitación de la conejita hablando cosas al azar.

— ¡Que sueño! —protesto el zorro tumbándose en la algo pequeña cama de su novia, apenas se tumbó a su nariz llego un aroma bastante fresco, las sabanas estaba recién lavadas.

— Yo debería decir eso, anoche tú te dormiste temprano —comentó fingiendo molestia mientras que tomaba asiento en la cama— Había olvidado lo cómoda que era esta cama —susurro con enorme gusto mientras se recostaba a un lado de su amado y se acurrucaba en él.

— Tal vez sea porque estas cansada, me sorprendió mucho verte anoche dormida en el sofá —el zorro aproximo el cuerpo de su conejita hasta estar lo más cerca de ella y la rodeo con sus brazos.

— ¿Tú me llevaste a la cama? —asomo su cabeza por encima del abrazo y miro a su prometido con una sonrisa bastante tierna.

— ¡Claro! ¿Acaso creíste que habías aparecido mágicamente en la cama? —la abrazo con mayor fuerza acurrucándose el mismo en la cabeza de su prometida, el calor que su cuerpo emanaba fue poco a poco arrullándolo hasta que acabo cayendo completamente en los brazos de Morfeo o, mejor dicho, de Judy. Lo mismo pasó con la coneja quien lentamente fue sintiendo más pesados sus parpados hasta que al fin acabo durmiendo plácidamente abrazada de su novio.

No hasta un par de horas después que sintió algo picando su espalda y por la sorpresa despertó, moviéndose con cuidado de no despertar a su pareja hasta visualizar a lo que la había estado molestando segundos atrás.

— ¿Nicole? —susurró tallándose los ojos aun medio adormilada mientras veía a una pequeña conejita a un lado de la cama— ¿Qué pasa? —preguntó aun con tono de voz baja, observando como la pequeña se encogía de hombros nerviosa de que fuera a ser regañada.

— Es que… —titubeo un poco entre si era correcto decirlo o no— Es que tío Nick me prometió jugar conmigo… —susurro con un fino hilo de voz mientras que agachaba su cabeza y veía al piso decepcionada.

— Perdónalo… —respondió Judy sentándose en la cama y sonriendo con ternura a la pequeña— Nick ha estado trabajando mucho y necesitaba dormir un poco más, te prometo que en cuanto despierte le digo que quieres jugar con él. ¿De acuerdo? —la pequeña asintió con la cabeza feliz, dio un pequeño salto para alcanzar la perilla y en cuanto abrió la puerta volteo a ver a Nick, se subió sobre la cama y beso la mejilla del zorro. Judy simplemente sonrió llena de ternura al verla, si no recordaba mal Nicole no era hermana suya, sus padres la habían encontrado cuando solo tenía unos meses de nacida a un lado de la carretera y aunque la habían llamado para reportar su encuentro no hubo ningún registro de robo o pérdida de infante, desde ese tiempo habían pasado ya dos años y desde la primera vez que había visto a Nick no había querido separarse de él, era algo así como su primer amor.

— Oye Nicole —Judy la llamo antes de que saliera por la puerta a lo que ella volteó— ¿No quieres tomar la siesta con Nick? Si no mal recuerdo ahora todos los pequeños deberían estar durmiendo… —los ojos color ámbar de la pequeña brillaron y respondiendo un claro "Si" volvió hasta la cama donde se acurruco a un lado del zorro y cerro sus ojos.

Judy simplemente sonrió y salió de la habitación en silencio.

Miro un reloj de pared que se encontraba cerca de su habitación, indicaba que eran cerca de las 3 de la tarde, seguro su madre en este momento estaría ocupada cocinando.

Se dirigió hasta la cocina, donde en efecto pudo ver a su madre de un lado a otro cocinando, por lo general los hermanos más grandes ayudaban, pero en épocas de cosecha todos ayudaban a su padre, mientras que a los pequeños se les obligaba a tomar una siesta en lo que estaba la comida o sino todo sería un caos y conejitos diciendo cada segundo que están hambrientos.

— Hola mamá —saludo la coneja entrando a la cocina y tomando un delantal que se encontraba colgado— ¿Necesitas que te ayude con algo? —su madre estaba tan cargada de cosas que no podía pararse más de un rato y se encontraba tan concentrada que no había respondido a Judy hasta después de un rato.

— Hola hija —saludo apurada y con la respiración entre cortada— ¿Me podrías ayudar cortando las verduras que están por allá? —respondió sacando un montón de patatas fritas de la freidora y colocándolas en un plato extendido, mientras que repetía la acción de forma contraria pues había metido otro montón.

La coneja obedeció a lo que su madre le había indicado y aunque aún no era muy ágil con el cuchillo acabo lo más rápido posible.

Después de un rato de locura en la cocina se sentaron en la mesa a descansar.

— No sé cómo puedes con esto mamá… —la coneja rio ante lo que había dicho su hija.

— Ahorita no es nada, era peor cuando tus hermanos más grandes eran pequeños, después de que impuse la regla de la siesta mientras cocinaba fue un dolor de cabeza menos —Judy sonrió, su madre era genial a su manera y ella jamás podría verse en el papel que desempeñaba. Aunque ahora solo le quedaba ver crecer a los más pequeños, pues habían dejado de tener más crías hacia algunos años atrás.

— Mamá… —pregunto llamando la atención de su madre— ¿Crees qué… —dudo— En el futuro… Nick y yo… Amm… —la pregunta que quería hacer era incapaz de salir de sus labios.

— ¿Tener hijos? —la pequeña coneja se sonrojó y se puso tan nerviosa que había tapado su cara con sus orejas— Es posible… Tal vez con algo de tratamiento y mayores cuidados —la tranquilidad con la que su madre hablaba la relajó— ¿Pero porque la pregunta? Siempre me habías dicho que no querías hijos —Bonnie rio con suavidad mirando a su hija curiosa.

— Es que… Hace un momento Nicole entro a mi habitación y… La forma en que se acercó a Nick, lo beso en la mejilla y como se acurruco con él… Me hizo tener la idea de que sería tierno —la coneja nunca se percataría de que un brillo había aparecido en sus ojos.

— Y lo es Judy, pero primero deben hablarlo muy bien los dos, más aún con el trabajo que tienen —se acercó a su pequeña y la abrazo— Ahora hay que poner las cosas en la mesa, tú padre y hermanos pronto volverán hambrientos —no hizo falta decir más pues dicho y hecho apenas habían terminado de colocar todo en la mesa el padre de Judy había llegado junto a varios de sus hermanos que sin duda se veían bastante cansados. Judy siempre había estado tan metida con ser policía que nunca había acompañado a su padre y hermanos a ayudar con las cosechas, ahora se sentía un poco mal por siempre haberles dejado todo el trabajo a ellos mientras que ella leía o entrenaba.

— ¿Judy puedes ir a despertar a los niños? —sin renegar se dirigió a la segunda planta y entro a la habitación de los más jóvenes la cual era compartida por todos.

— ¡Niños a comer! —grito una vez parada en el marco de la puerta, cosa que no tuvo que hacer dos veces pues apenas escucharon la palabra "comer" saltaron de la cama y caminaron lo más rápido hasta el comedor, más de uno avanzaba con los ojos aun entre cerrados.

Rio un poco al verlos a todos y sin esperar a que el último saliera camino hasta su habitación, tendría que despertar a aquellos dos dormilones también.

— Nick, Nicole… —su voz paro una vez que vio al zorro y a la coneja sentados en el piso jugando con dos peluches que eran suyos— Lamento interrumpir el juego, pero es hora de comer —sonrió la coneja después de algunos minutos de seriedad mirándolos. Como si fuera la mejor noticia del mundo la pequeña conejita dejo el peluche en la cama y corrió dando pequeños saltitos de alegría— Me alegra que te diviertas —agrego burlona una vez que se quedaron a solas.

— Yo… Le prometí jugar con ella, a los niños no se les miente —excusó nervioso él zorro levantándose del piso y colocando el peluche en la cama— además, cuando la vi dormida a mi lado pensé que te habías encogido —agrego burlón haciendo reír también a la coneja.

— Es tu admiradora número uno, debes estar feliz. ¿No? —rio por debajo, desde que ella había llegado a Nick le molestaba menos jugar con los conejos, más cuando ella según su madre era la que menos se integraba con los demás para jugar, siempre manteniéndose observando en silencio, pero con Nick era distinta.

— Como no estar feliz si tengo a tú familia conquistada por mis encantos —giño el ojo a su prometida para después besarla rápidamente en los labios quien lo miraba frunciendo el ceño sonriente— Él último en llegar hace el papeleo del próximo mes —comento juguetón antes de que saliera corriendo en dirección al comedor dejando atrás a su linda conejita.

— ¡Oye eso es trampa! —protesto molesta segundos después de haberse perdido en sus pensamientos, no podría estar más feliz de que su familia lo aceptara. Siguiendo el juego del zorro comenzó correr detrás de él y de forma extraña llegando mucho antes que él, porque se había perdido en el camino al comedor, pequeña mentira que había dicho el zorro para aliviarle la carga con el papeleo… Odiaba hacerlo, pero prefería eso, a ver a su prometida cansada por tantas cosas.

La comida había sido de lo más deliciosa y divertida, como siempre lo eran, al menos desde que Nick los conocía. Aun recordaba la primera vez que Judy lo había invitado a sus vacaciones con su familia, aunque al inicio algunos se asustaron, otros se interesaron por el zorro y aunque las opiniones defirieran a la hora de comer todo se volvía mucho más tranquilo y alegre.

El tiempo había pasado y ahora toda la familia Hopps, o al menos los que aún vivían en la madriguera, salieron de paseo al pueblo, más que nada para relajarse y para que los jóvenes se divirtieran en el parque del pueblo.

— Ha cambiado mucho Bunny Burrows desde la última vez que vinimos de visita —comento Judy curiosa mientras que dando un paseo acompañada de Nick y sus padres veía los cambios a mejora que se habían llevado acabó. Ya no era el pueblucho granjero, como diría Nick, que fue cuando ella era una niña, todo se veía más turístico, pero sin perder ese encanto de pueblo del lugar.

— Él alcalde se está esforzando mucho para que en el próximo festival de la zanahoria progrese el turismo —Él optimismo que desbordan las palabras de Stu era evidente, agregando que si el turismo progresaba también lo haría la economía y por supuesto la exportación de sus productos sería de mayor beneficio.

— Tú padre tiene mucha fe en el proyecto, —se adelantado a decir Bonnie mientras abrazaba a su marido en lo que continuaban caminando— aunque a mí me preocupa que perpetúen la tranquilidad del campo —agrego con preocupación haciendo una pequeña mueca de lado. Si bien Stu era algo conservador, Bonnie en estos casos se preocupaba más por cómo podría interferir en su vida familiar, así como pensar en el hecho que en algún porcentaje pudiera ser peligroso.

— No te preocupes mujer, ya verás, cuando la economía mejore podré juntar el dinero para irnos de crucero, solo tú y yo —sonrió alegre y bastante emocionado mientras le plantaba un beso en la mejilla a su esposa, ni Judy o Nick tenían conocimiento de que ambos quisieran irse de vacaciones por el océano, pero mirándolo desde cierto punto era tierno que el padre de la coneja quisiera compartir aquello con su esposa, más cuando ya habían tenido muchos años criando conejos y trabajando en la tierra. Judy simplemente sonrió alegre de ver que después de tantos años, diferencias y discusiones sus padres se seguían amando tanto o más que la primera vez y esperaba que ese mismo destinó tuviera ella con su torpe zorro. La pareja depredador/presa se tomó de la pata y continuó caminando con tranquilidad mientras sentían el fresco clima del campo. No pararon, al menos hasta que a Judy se le antojo una malteada que vendían en una cafetería.

— ¡Por favor Nick! —suplico convincente provocando que él zorro cayera con sus encantos femeninos y como resistirse a su ternura, malamente porque quien resultaba afectada era su economía.

— Solo por esta vez Zanahorias… —susurro rendido sacando tu billetera y siendo arrastrado por su prometida hacía el interior del establecimiento, en si el lugar estaba vacío, exceptuando por un montón de conejos sentados en una de las mesas del fondo, al parecer el local era una combinación rara de bar/cafetería, así que aquellos chicos se divertían de lo lindo bebiendo.

— ¡Buenas tardes! —saludo la pequeña coneja poniéndose un poco en puntas para llamar la atención, cosa que no tardo demasiado— ¿Me podría dar… —volteo a ver a su prometido analizando sus gestos a ver si demostraba querer también una malteada, pero él simplemente se quedó observando de forma neutra esperando a que ella terminara de hacer su pedido— Una malteada de fresa —finalizo sonriendo dulcemente, el pago fue hecho obviamente por el zorro y no tardó mucho en que la bebida estuviera terminada.

Nick que estaba menos concentrado en lo que sucedía con la malteada pudo escuchar como a lo lejos alguien susurraba pequeñas palabras de odio, cosa que ignoro.

— ¿Listo? —volteo a ver a su conejita quien con inmensa felicidad bebía su refrescante bebida, a la vez que asentía con la cabeza.

Caminaron, bastante tranquilos, hasta la salida del lugar siendo esperados a las afueras por Bonnie y Stu. El sonido de un cristal siendo arrojado al piso llamo la atención de todos, más aún a los mejores oficiales del ZPD.

— ¡Ustedes son un asco para la naturaleza! —agregó un conejo que casualmente se les hacía conocido, no se habían percatado el momento en que se había acercado lo suficiente a ellos para tenerlos frente a frente.

— ¡Oye! ¡Tú vas a pagar por eso! —grito una trabajadora del lugar desde su puesto.

— ¡Cállate zorra! —aquel tipo había usado la palabra "zorra" no porque la trabajadora fuera una, sino por el lado "insulto" haciendo referencia a que las hembras de esa especie las veían como mujeres de compañía— Ahora volviendo con ustedes… ¿Saben acaso el asco que es verlos? ¡Dan ganas de vomitar! —gritó furioso mientras veía con enorme desprecio a Judy y Nick, mientras que el ultimo era retenido por su novia para que no golpeara al conejo, quien después de un rato de haberlo visto había resultado ser el mismo de la carretera— ¡A los animales como ustedes deberían matarlos! —los demás conejos que se encontraban dentro del lugar se acercaron— ¡Pero seguro que a esta coneja asquerosa le gusta que se la meta alguien más grande que ella. ¿Cuánto cobras por la noche coneja? ¡Seguro les mientes a todos diciendo que eres virgen y dejas que te la meta el primero que te ve el trasero! ¡Maldita gol…! —algo impacto contra la cara del conejo interrumpiendo sus insultos y lanzándolo al piso.

— ¡Papá! —gritó la coneja mirando como su padre había golpeado al conejo que se encontraba diciendo una sarta de tonterías en su contra— ¿Qué hiciste? —preguntó sin soltar a Nick del brazo porque sabía que en el momento en que lo dejara libre este iría a golpear al tipo hasta dejarlo inconsciente.

— ¡Nadie insulta a mi niña! —respondió, su adrenalina estaba al mil por ciento. El conejo se levantó del piso y quienes lo acompañaban comenzaron a acercarse a Stu acorralándolo, el miedo se apodero de él.

— Apártense… Yo me encargare —fue la respuesta que dio, acercándose hasta el conejo, su nariz estaba rota así que había comenzado a sangrar y esparcir su sangre por el piso y ropa. Con un movimiento fugaz ataco al padre de Judy, golpeándolo en el estómago, en un segundo este término sin aire y cayendo de rodillas al piso.