Sueños rotos
Nota: Los personajes de Gundam Wing no me pertenecen, solo los uso para echar a volar mi imaginación, no lucro con esto
Parejas: HY x RP principalmente
Diálogos –
- - - - - - - - Cambio de escena
¥-¥-¥ Recuerdos ¥-¥-¥
Capítulo segundo. Acuérdate de mí
Viernes 8 de Febrero, año presente
3:47 a.m.
Acompañadas del triste volar del viento frío de la madrugada caían las lágrimas de una joven que paseaba desafortunadamente por aquellas calles, acababa de pelear con su chico justo en la fiesta más 'nice' de su compañera de escuela, no solía ser invitada a ese tipo de fiestas para chicas 'in' como se dice hoy en día, pero gracias a la popularidad de su ex novio (hasta entonces novio, antes de las 3:30 a.m.) estuvo ahí aquella noche. Lloraba con tristeza sin mirar alrededor, calles vacías, el frío viento que amenazaba con llover y la inoportuna depresión que se cargaba en aquellos momentos le impedían darse cuenta que se acercaba a una zona de peligro.
Qué extraña es la casualidad, esa misma noche él se despertó con una tremenda jaqueca de esas que te hacen pensar que en cualquier momento tu cabeza va a explotar en mil pedazos, por lo que salió aturdido de su casa, caminó dando una especie de tumbo cad pasos, a veces se agarraba la cabeza, otras tantas se apeaba a la pared y esperaba unos instantes hasta que ese instinto suicida de golpearse contra el muro desapareciera. Fue entonces que la vio, a lo lejos, bella, divina, caminando con aquellos torpes pero femeniles pasos; sonrió lascivamente, aquella madrugada pensaba dormir tranquilo como un bebé, pero el destino o quizás el diablo lo habían sacado de su cama para que pudiera caminar por aquellas calles a altas horas de la madrugada, cuando nadie podía verle a él, cuando nadie podía oírla a ella. Suspiró, solo de pensarla gritando y sacudirse bajo las cuerdas que le sujetaban el cuerpo le hizo sentirse excitado, casi pudo olerlo, aquel hermoso olor a sangre fresca filtrándose por sus manos, llegando hasta lo profundo de su nariz, una delicia
Creí que sería mi noche especial –se lamentó mientras secaba sus lágrimas, solo de recordar tremenda humillación delante de todas esas personas le hizo sentir mariposas en el estómago, pero no esa clase de mariposas que lo hacen a uno sentirse plenamente enamorado, sino todo lo contrario, aquellas mariposas era como si quisieran salirse de golpe a través de su piel y reventarle el estómago, sintió deseos de vomitar, solo de recordar lo que había visto. Apenas pudo creerlo cuando entró al cuarto de baño y lo encontró a él, a su amado novio, teniendo relaciones sexuales con la chica de la fiesta ¡tremendo regalo de cumpleaños! Su sorpresa fue tal que tardó en reaccionar, ambos la miraron con incredulidad, creían haberle puesto seguro a la puerta del baño, pero grave error, porque fueron atrapados en pleno acto por la sonsa chica del tercero B a quien el apuesto muchacho tenía por novia, aunque él la quería, un patán jamás deja de ser un patán, así que aquella noche cometió un infame engaño. Ella no hizo más que gritar horrorizada y salir del baño, a él solo le tomó subirse los pantalones y salir corriendo tras ella, al alcanzarla recibió golpes y gritos, lo esperado, luego discutieron de la forma boba que ella tenía para negarse a él cuando tenía ganas, era por eso que la engañó, según sus propias palabras, pero eso fue lo que detonó la bomba y terminaron su relación, ahora ella caminaba erráticamente hacia su muerte, solo que aún no lo sabía
Sonrió casi por error, o tal vez instinto, solo supo que sonrió, caminando hacia ella con paso lento, sin hacer el más mínimo ruido, las luces de las lámparas estaban a su favor, pues desde su ángulo la sombra se mostraba hacia atrás y no hacia adelante, de esa forma ella no supo que alguien caminaba tras ella, dispuesto al acecho. Estiró su mano cuando estuvo a pocos centímetros de ella, pero no la alcanzó, debía acercarse más, con mucho cuidado, aquella situación le excitó de nuevo, volvió a sentir la calidez y el olor de la sangre en su nariz, entonces no lo dudó, al tiempo de abrir ampliamente los ojos y mostrar su mirada de loco estiró su mano derecha, un agarrón fuerte y certero del mechón de cabellos, castaños y cortados a la altura de los hombros, mientras su mano izquierda experimentada y ágil le tapó con fuerza la boca, atrayéndola con ímpetu hacia él, la cabeza de ella chocó contra su pecho y pudo ver aquellos sádicos ojos, él mostró los dientes con gran facilidad y la comenzó arrastrar hacia un callejón, el que conducía a su grande y lujosa mansión, ella intentaba torpes y débiles forcejeos para librarse pero sin éxito, las lágrimas comenzaron a salir a borbotones, todo se le había olvidado, su infiel novio, la zorra con quien se estaba consolando en el baño y su débil desgracia por un noviazgo recién terminado, ahora nada tenía sentido frente al verdadero peligro de una prematura muerte
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Despertó en medio de la noche, un estruendoso trueno la despertó mientras dormía tranquilamente en su cama, todo estaba oscuro y salvo el golpeteo insistente del viento contra su ventana todo lo demás se encontraba en silencio, por alguna razón se sintió inquieta y salió de cama, se acercó a la cortina y corrió ésta un poco, miró el cielo que parecía caerse a pedazos y su corazón latió de prisa, no podía verse mucho hacia fuera debido a la intensidad de la lluvia, pero a lo lejos le pareció ver alguien de pie a su ventana, algo más parecido a una sombra, pero su cerebro se encargó de darle forma. Un hombre corpulento le miraba desde aquella distancia, con una pala agarrada con su mano por el mango, ésta clavada sobre la tierra, el hombre sonrió y ella no pudo hacer nada más que dar un paso atrás, observó cómo caminaba hacia la ventana y gritó, tapándose los oídos fuertemente, se agachó hasta colocar la cara sobre las rodillas. De pronto la puerta de su habitación se abrió de golpe y por ella entró Milliardo, tan pálido y asustado que cualquiera pudo haberlo confundido con un fantasma
—¡Relena! –gritó al entrar a la habitación, buscó enseguida el interruptor de la luz y la vio ahí, agachada en medio de la habitación, no muy lejos de la ventana, se cubría los oídos y mantenía los ojos cerrados con fuerza. Al escuchar la voz de su hermano levantó la vista, las lágrimas corrían por sus mejillas rápidamente y entonces se puso de pie, se acercó a él y señaló la ventana
—Afuera, hay alguien –dijo con voz débil, su hermano no tardó en apartarse de ella y dirigirse hacia la ventana, corrió la cortina y miró hacia fuera, pero no había nadie. Como todo buen detective siempre cargaba con su arma y un teléfono celular, incluso mientras dormía, sacó el celular del pijama y marcó al jefe de seguridad de la casa, no había puesto a todo un escuadrón a vigilar como para que algún intruso se hubiera metido
—Me importa un carajo la lluvia, busquen y si hay alguien dentro atrápenlo –ordenó molesto al jefe de sus guardaespaldas y luego se dirigió de nuevo a su hermana – Calma bonita, todo está bien –dijo con voz suave, tratando de tranquilizarla, ella lo miró a los ojos y le sonrió por amabilidad, porque realmente se moría de miedo
—Tengo miedo hermano, leí los periódicos, está en las noticias, ya van tres ¡tres chicas hermano! – dijo mientras temblaba, él la vio tan indefensa y la abrazó
—Te juro que no descansaré hasta atraparlo, es un maldito enfermo –contestó con rabia, justo el domingo 10 de febrero habían encontrado a una tercera jovencita, el mismo perfil que las anteriores, pero ésta vez su muerte fue más brutal, mejor elaborada y eso sabía muy bien Milliardo que no era nada bueno, el asesino estaba perfeccionando sus técnicas
—Temo por mis amigas y por todas las chicas que puedan ser víctimas –confesó aterrada, su hermano comprendía aquel horror, solo de imaginar que la perdería igual que perdió a su prometida años atrás le daba terror
—Lo sé Relena, trabajaremos duro, te lo prometo –sonrió para tranquilizarla y en ese momento sonó su teléfono, contestó enseguida solo para escuchar con molestia que no habían encontrado a nadie, en la casa solo estaban los habitantes y todos los guardias, nadie más, ni siquiera ninguno de los empleados que llegaban por las mañanas, solo Peigan y una ama de llaves – No había nadie –le informó el rubio tras colgar el teléfono
—Yo lo vi –se defendió asustada
—Tranquilízate, seguro lo alucinaste –sugirió para tranquilizarla, pero ella no estaba satisfecha con aquello, si no había sido un intruso quizás sí alguien de adentro, un guardia quizás, o tal vez si estaba alucinando, se sintió bastante impotente, pero no le quedaba de otra que aceptar la sugerencia de su hermano
—No sé, estoy muy nerviosa –suspiró profundamente – No quiero dormir sola –dijo con voz suave y asustada, Milliardo asintió y acarició sus cabellos
—Acuéstate, yo te cuidaré ¿sí? –dijo con voz dulce y luego besó su mejilla, ella asintió sintiéndose más tranquila y regresó a la cama. Cerca de ahí había un pequeño sillón donde Relena tomaba el té y Milliardo se sentó ahí, se cercioró que su arma y su celular estuvieran con él y desde ahí miró a su hermana, Relena no tardó en volverse a dormir, estaba cansada mentalmente y no podía estar despierta un segundo más – Yo te protegeré Relena, siempre estaré contigo, lo prometo –susurró mientras la observaba desde aquel sillón, no pudo dormir hasta media hora después, tuvo las mismas pesadillas de siempre, el asesino llevándose a su amada prometida, matándola y poniendo en peligro a su hermana, jamás iba a poder olvidar aquel horror
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Al día siguiente en la escuela todo mundo hablaba del asesino en serie, desde la muerte de la tercera joven se había hecho público el asunto, todos los periódicos y noticieros de radio y televisión hablaban de los sucesos, todos comentaban con el mismo susto como fascinación por el asunto, como si se sintieran parte de alguna película o la historia de un libro, sobre todo por el hecho de que años atrás hubo una situación parecida, en aquel entonces jamás se encontró a un culpable, ésta vez había más posibilidades de atraparlo pero mientras tanto cualquier chica entre 16 y 21 años estaba en peligro
—Esto es casi grotesco –dijo Meilan con hastío al ver a un grupo de chicos leyendo una nota periodística en voz alta, como si narraran una historia cualquiera, se veían tan emocionados que resultaba repulsivo – Hasta podría decir que se divierten –
—Son unos idiotas, no prestes atención –respondió Hilde con la misma expresión de fastidio que su amiga - ¿Verdad Relena? –preguntó a la tercera chica que les acompañaba en la caminata por los pasillos de la escuela, pero la rubia parecía demasiado ensimismada
—Amiga ¿estás bien? –preguntó Meilan preocupada, Relena solo parecía en trance cuando recordaba a Heero, pero ésta vez parecía distraída por otro asunto – Relena –la volvió a llamar, ésta vez canturreando, entonces ella volteó, como si acabara de salir de un extraño sueño y la miró
—¿Qué sucede? –cuestionó en tono suave, casi como si aún durmiera
—Estás muy seria ¿en qué piensas? –preguntó su amiga Hilde, ella y Meilan compartieron una mirada, su amiga parecía como en otro mundo
—Todo éste asunto… -respondió lentamente – Estoy preocupada –completó aunque no era toda la verdad, sus amigas la miraron como incrédulas, pero no insistieron. – Debo ir por algo, las alcanzo luego –sonrió a sus amigas y antes que pudieran protestar se alejó de ellas a paso rápido, Hilde y Meilan compartieron otra mirada, no entendían lo que estaba sucediendo con Relena – No sé qué me sucede – pensó asustada, desde que se hablaba de ese asesino algo le había pasado, como si una sensación que hasta antes estuvo dormida ahora hubiese despertado. Ella no recordaba nada de lo sucedido la noche que la novia de su hermano murió, pero el regreso del asesino había despertado en ella aquel sentimiento de miedo que sintió cuando vio morir a la pobre mujer, aunque no recordara nada
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La puerta de su despacho se abrió lentamente, por ella entró su siempre leal asistente, una mujer de su edad, habían sido compañeros de estudios en la Universidad y por lo tanto eran viejos amigos, aunque en aquel lugar él era el jefe y ella la subordinada, así que en presencia de otros siempre lo llamaba educadamente "Inspector Peacecraft". Cerró la puerta tras ella y se dirigió directamente al escritorio, él revisaba unos papeles y no reparó en su presencia hasta que un montón de papeles cayeron sobre su escritorio, entonces volteó hacia ella casi sin expresión y después miró de nuevo hacia los papeles que leía
—Eres tú –dijo secamente, casi como si la ignorara, ella estaba acostumbrada así que solo hizo aquella mueca casi inexpresiva de enchuecar la boca mientras lo miraba fijamente
—Podrías mostrar un poco más de emoción ¿no crees? –observó fingiendo molestia, pero la verdad es que ella jamás se molestaba con él, incluso cuando llegaba de mal humor y gritaba a todos por igual, incluso cuando le decía que el café que le preparaba por las mañanas era tan ordinario que en lugar de quitarle el suelo lo hacía dormir, incluso cuando la dejaba plantada a la hora de la comida porque siempre tenía cosas que hacer, Milliardo era su mejor amigo y ella le era siempre incondicional
—Perdóname Lucrezia, ahora no puedo charlar –contestó ensimismado en aquellos papeles que devoraba con la mirada
—No te preocupes, comprendo –sonrió tranquilamente y se apartó enseguida del escritorio, avanzó hacia la puerta y antes de abrirla lo miró fijamente, suspiró con gesto relajado, que guapo era Milliardo cuando estaba tan compenetrado con su trabajo, aunque ella fuera para él un cero a la izquierda, una amiga invisible que siempre estaba para él, a ella eso no le importaba, con poderlo ver cada día se sentía feliz. Salió al fin de la oficina cerrando la puerta tan sutilmente que él no se percató de su ausencia
—¿Qué harás hoy por la noche? –preguntó sin apartar la vista del escritorio pero no recibió respuesta – ¿Lucrezia? –levantó la vista al no escucharla y se percató de su ausencia, torció los ojos en un gesto cansado - ¿En qué momento se fue? –pensó confundido – Iba a invitarla a cenar a la casa –volvió a pensar tras encogerse de hombros. Su amiga y su hermana se llevaban realmente bien y de vez en cuando Milliardo la invitaba a cenar en su casa, después de todo últimamente su hermana estaba muy nerviosa y sabía que un poco de charla con su amiga le vendría bien
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A la hora del almuerzo, como era habitual, los alumnos salen de sus aulas rumbo a la enorme cafetería que había en el instituto, no era demasiado lujosa, parecía un poco a aquellas de las escuelas públicas pero con mejor comida. Relena y sus amigas como siempre se sientan con Quatre y Trowa, el rubio era quien más conversaba con ellas, mientras que Trowa se limitaba a ciertos comentarios, pero él siempre prestaba atención a Relena cuando hablaba, para Quatre era muy evidente que le gustaba y eso le agradaba, sabía la historia de su amigo con Middie y por eso le daba gusto volverlo a ver interesado en alguien con la esperanza de que algún día salieran juntos
—Mi mamá llamó ayer desde el pueblo, está muy preocupada por mí –comentó Hilde cuando el tema del asesino salió a la luz en la mesa, aunque Relena estaba muy inquieta respecto al tema guardó la compostura y escuchó atenta la conversación
—Todos estamos muy angustiados –respondió Quatre rápidamente, se notaba por su mirada que realmente lo estaba, y es que él tenía muchas hermanas que entraban en aquel perfil del asesino, en su familia también habían doblado la seguridad, cada una de sus hermanas tenía tres guardaespaldas custodiándolas
—Pues no todos parecen estarlo –comentó Hilde con desagrado al mirar hacia otra mesa, Duo y Sylvia estaban agarrados de la mano, uno frente al otro diciéndose seguramente cualquier estupidez, ambos sonreían como tontos
—No cambias amiga –respondió Meilan al ver a su amiga tan molesta, ella siempre la regañaba por suspirar por Duo, aunque ella misma pecaba al hacerlo por Wufei, ambos eran detestables y pesados
—Lo importante es que todas deben tener cuidado –dijo al fin Trowa quien no había hablado en casi todo el rato, miraba específicamente hacia Relena aunque ella estaba un poco absorta en sus pensamientos
—Es verdad, todas ustedes deben cuidarse –secundó Quatre nuevamente con su gesto de preocupación – Estoy seguro que la policía se está esforzando mucho ¿No es así señorita Relena? –preguntó hacia la aludida, pero ella parecía no haberlo escuchado - ¿Señorita Relena? –volvió a llamar y ninguna respuesta, entonces sus demás amigos la miraron, todos estaban preocupados
—Relena –fue el turno de Meilan de llamarla, estiró su mano sobre la mesa y la colocó sobre la suya, al tacto Relena volteó rápidamente, parecía como asustada - ¿Qué te pasa? –
—Perdónenme, con permiso –dijo amablemente sin responder a la pregunta de su amiga, se levantó y se apartó de sus amigos rápidamente ante la mirada de ellos y otros alumnos que estaban en la cafetería. Trowa intentó ponerse de pie para seguirla y cerciorarse de que estaba bien pero Quatre le hizo un gesto para indicarle que era mejor no ir tras ella.
—Si me disculpan, ahora vuelto –comentó Duo del otro lado, era el único de su mesa que había visto a Relena ponerse de pie abruptamente, se soltó del agarre de Sylvia con indiferencia y sin decir más salió de la cafetería
—¿Qué le pasa? –cuestionó enojada Sylvia, mirando hacia sus amigas, Dorothy soltó una risa burlona y Middie tan solo se encogió de hombros con indiferencia, mientras que Wufei tan solo sonrió levemente, no sabía exactamente tras quien había ido Duo pero lo conocía tan bien que estaba seguro que fue tras otra chica que obviamente no era su novia.
—Caminó tras Relena casi en silencio, la chica avanzaba a pasos rápidos y decididos aunque no parecía tener un lugar fijo al cual llegar, tan solo caminaba como si quisiera alejarse de la cafetería. Él sonrió al verla desde atrás, que elegantes eran sus pasos aunque parecía apresurada, Relena le gustaba mucho, aunque claro, para pasar el rato, Duo no era la clase de chicos de los que se enamoran y ella se había convertido simplemente en un objetivo más, no le importaba si era novio de Sylvia o de quien fuera, no sabía ser fiel y sabía que sus encantos rara vez eran rechazados por una mujer. Le dio alcance a su objetivo y estiró su mano, apoyándola sobre el hombro de ella, asustándola, el pasillo estaba casi desierto y ella estaba tan absorta en sus pensamientos que la tomó desprevenida; se detuvo en seco y volteó rápidamente, el trenzado pudo ver su gesto de miedo
—Soy yo, soy yo –se apresuró a aclarar antes que ella pudiera gritar o hacer alguna otra acción que le perjudicara, Relena lo miró con agitación y tras procesar lo sucedido se calmó
—Me asustaste Duo –comentó tranquilamente, luego se apartó un paso de él, sin bajar la mirada de sus ojos
—Lo lamento mucho señorita Relena, pero le vi tan preocupada que decidí acercarme, espero no haber sido imprudente –comentó en tono lambiscón, haciéndole después una reverencia, ella no reparó en el sarcasmo y se limitó a mirarlo - ¿Puedo ayudarla en algo? –
—No, gracias –contestó en tono amable pero cortante
—No me mire así por favor, solo quiero ayudarla –nuevamente el tono lambiscón, ésta vez con suavidad, dando un paso al frente, estiró su mano y agarró la de ella unos instantes antes que Relena la retirara, Duo sonrió al saber que la hizo sentir incómoda
—En verdad no necesito nada, muchas gracias Duo. Con tu permiso –sonrió por mera amabilidad y dio media vuelta, alejándose de él, el trenzado sonrió, aquella chica era muy interesante, no parecía ser la clase de mujer que caía fácilmente con sus encantos, solía ser certero a la hora de la conquistaba, bastaba una sonrisa o una mirada para que las mujeres cayeran redonditas a sus pies, el hecho que Relena no fuera así le causaba una enorme curiosidad, sin duda un objetivo interesante y difícil
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Se detuvo frente al Instituto San Gabriel, mirando fijamente aquel enorme edificio que se alzaba ante sus ojos, elegante, sin duda, su primo había insistido en que asistiera a la prestigiosa escuela a pesar de sus protestas, él era sencillo y de gustos simples, odiaba los lujos excesivos y para él el dinero era simplemente algo sin importancia, sin embargo sus motivos para haber aceptado matricularse en esa escuela eran otros, aún tenía alguien a quien proteger, había regresado para ello, hace años hizo una promesa, la cual había sido olvidada pero no por él, por eso muy a pesar de odiar aquella ciudad había vuelto
—¿Es usted Heero Yuy? –preguntó una elegante mujer que había salido a su encuentro, él asintió sin mirarla a los ojos y ella le sonrió – Sígame por favor, tengo instrucciones de llevarlo con el Director –indicó amablemente y él sin decir nada le siguió los pasos. Caminaron por los pasillos de ese lado de la escuela donde solo había oficinas y algunos auditorios, llegaron hasta un despacho grande y alejado del resto, la mujer llamó un par de veces y la puerta se abrió, hizo una seña a Heero con la mano y él entró en la oficina pero ella no, frente a él estaba un hombre de avanzada edad que daba la espalda a la puerta, miraba a través de una ventana grande tras su escritorio
—Bienvenido Heero –saludó familiarmente, como si se conocieran, el recién llegado reconoció aquella voz pero no quiso sacar conclusiones así que esperó a verle el rostro, entonces aquel hombre se giró sobre sus talones y le dio la cara, sonreía ampliamente
—Usted… –confirmó su sospecha mientras miraba suspicazmente a aquel hombre, lo conocía desde hace muchos años, prácticamente de toda la vida, su nombre era Dekim Barton, abuelo de su sobrina Mariemaia, había sido suegro de su primo Treize cuando éste aún seguía casado con Leia. Jamás le había agradado, el hombre de avanzada edad era pretensioso y lleno de ambición, no podía aún entender como alguien tan bueno como Leia había tenido a ese hombre por padre
—También me agrada verte de nuevo querido Heero –dijo de forma sarcástica mientras su sonrisa maliciosa asomaba por su rostro
—¿Es usted el Director? –preguntó casi en tono molesto y Dekim echó a reír, como si le hubieran contado algún buen chiste, en cambio Heero lo miraba con indiferente rencor, no podía aún entender como aquel hombre estaba al frente de tan prestigioso colegio
—Por supuesto –dijo de forma ostentosa – Treize se ha comunicado conmigo y me pidió de favor que te aceptase en medio del año –explicó con su desagradable sonrisa – Pero no solo eso querido Heero, me ha pedido un favor más especial aún –informó con orgullo, Heero no preguntó cuál era ese favor, se limitó a seguirlo observando con mirada fría, entonces Dekim sonrió de nuevo – A ésta altura seguro ya lo sabrás, la niña esa que te trajo tantos problemas estudia aquí, Relena Peacecraft, seguro la recuerdas –comentó de forma burlesca, a Heero no le agradó en absoluto la forma en que se dirigía a ella, así que lo miró duramente, en silencio. – Pues tu primo me ha pedido que te mantenga alejado de ella, su queridísimo amigo Milliardo no sabe que has vuelto y sería muy desagradable que se enterara de forma inapropiada ¿estás de acuerdo? Además él ahora es Inspector de la policía, sería cuestión de segundos para que él te mandara a la cárcel por el solo hecho de acercarte a la jovencita, eso sería terrible para la honorable familia Kushrenada ¿no te parece? –expuso con pomposidad, Heero siguió sin responder, mirándolo fijamente, estudiando las facciones desagradables de su rostro, pensando en las palabras que acababa de escuchar, entonces acercarse a Relena resultaría más difícil de lo que había pensado
—Ya veo –dijo al fin tratando de parecer indiferente, Dekim sonrió de nuevo
—Tendrás clases especiales en aulas de éste lado, tienes prohibido ir hacia la otra ala de la escuela ¿te queda claro? Y no se te ocurra tratar de abordarla fuera del Colegio, su hermano le ha puesto una seguridad prácticamente impenetrable –informó con orgullo, como si amara que Heero tuviera tantas prohibiciones, él nuevamente se limitó a observarlo por largos momentos que resultaron incómodos para Dekim
—¿Puedo retirarme? –cuestionó con tono educado pero con la misma expresión de frialdad
—Sí, ya vete, puedes comenzar mañana –respondió con autoritarismo, sonriendo de nuevo de aquella forma tan desagradable, Heero asintió mientras observaba aquellos ásperos ojos y luego se retiró en silencio. Cerró la puerta tras de sí
—Tendré que buscar la forma –pensó con tranquilidad, ya se le ocurriría algo, después de todo sabía ser discreto y silencioso, además el tema de las computadoras le era bien sabido, buscaría la forma de enterarse todo sobre Relena esos últimos años, él era prácticamente un hacker así que aquello le resultaría fácil
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Terminaron al fin las clases, era hora de volver a sus casas, Relena continuaba en aquel estado de sopor, como si pensara en algo pero realmente su mente estaba en algún otro lugar, sus amigos estaban muy preocupados pero ella trataba de tranquilizarlos, se despidió con la sonrisa amable de siempre y caminó junto a Meilan hacia su limusina, dentro de ella se sintió aliviada, su amiga notó la expresión cansada de su rostro y le tomó de la mano
—Relena, me preocupas –dijo con sinceridad, mirándola cariñosamente, Relena la miró y sonrió, tratando de tranquilizarla
—Perdóname, no sé qué me pasa –confesó avergonzada – Es como si quisiera recordar algo, la sensación me inquieta y siento que me pierdo, de verdad lo siento, no he querido preocuparlos –explicó suavemente, no había querido decir aquello frente a todos, pero Meilan era su mejor amiga, casi su hermana, le resultaba un poco más cómodo hablar de eso con ella a solas
—Quizás deberías descansar un poco Relena, no te sobre esfuerces ¿de acuerdo? –su mirada de preocupación no era en vano, ella sabía del problema de su amiga, sus recuerdos perdidos, todos lo sabían, pero nadie comentaba al respecto, incluso nadie le pedía recordar, cuando era una niña los detectives trataron de interrogarla, ella era la única persona con vida que había visto la cara del asesino, pero ni siquiera las sesiones de hipnotismo ayudaron a traer sus recuerdos de vuelta. Relena desconocía que había visto a la ex novia de su hermano siendo asesinada, nadie trataba de decírselo tampoco
—Lo sé, gracias –le dedicó una cariñosa sonrisa y el resto del camino se fueron en completo silencio, cuando llegaron a casa de Meilan se despidieron como siempre, la chica de cabello azabache vio a Relena partir en su auto
—Es mejor si no recuerdas nada –pensó mientras la veía alejarse. Segundos después se encontraban ya en casa de los Peacecraft, tan custodiada que parecía una cárcel, Relena se sintió abatida, ver tanta seguridad le hacía recordar que había un asesino suelto al acecho de jovencitas como ella y sus amigas. Peigan bajó primero del auto y se apresuró a abrirle la puerta, luego fueron escoltados hasta el interior de la gran mansión, estaba tan fría y solitaria como siempre, Milliardo no había regresado del trabajo
—¿Puedo retirarme señorita? –preguntó su chofer y ella le sonrió
—Claro que sí –contestó amablemente antes de subir a su habitación, dejó sus útiles escolares y se acostó en la cama, se sentía cansada, como si no hubiera dormido durante muchas horas, cerró los ojos pero no pudo quedarse dormida, instantes después llamaron a la puerta y los abrió - ¿Sí? –
—Señorita Relena, está lista la comida ¿va a bajar? O prefiere quizás que le suba algo –escuchó la voz de la ama de llaves del otro lado de la puerta
—No tengo hambre, bajaré después –respondió amablemente
—Está bien, de cualquier forma le avisaré cuando llegue el joven Milliardo –indicó antes de marcharse, Relena escuchó los pasos alejarse hasta que de nuevo le invadió el silencio
—Cuanto silencio… –susurró antes de volver a cerrar los ojos, aquel mutismo en el ambiente le hizo evocar algunos recuerdos, no de su niñez, si no de su recién comenzada adolescencia, cuando había conocido a Heero, o al menos cuando ella creía que lo había conocido, poco después de aquella tarde de lluvia
¥-¥-¥ Recuerdo ¥-¥-¥
Después de aquel día de estruendosa lluvia no volvieron a verse hasta después de un mes, fue en una gran cena que ofreció la familia Kushrenada en honor al próximo nacimiento del primero hijo de Treize, ni él ni su esposa habían querido saber el sexo del bebé, pero él estaba tan convencido de que sería un varón, había hasta pensado en decenas de nombres, había imaginado diversos futuros para su vástago y próximo heredero de la fortuna familiar
Milliardo y Relena llegaron juntos, tomados del brazo, ella sonreía emocionada, aquella enorme mansión era donde vivía aquella amigable mujer, a donde la había llevado ese chico misterioso que conoció bajo una torrencial lluvia. Su hermano se percató de su inesperada emoción por encontrarse ahí pero no hizo comentario alguno. Cuando él y Treize se vieron se saludaron con la amigable cortesía de siempre, Milliardo presentó a su hermana a quien Treize no había visto en mucho tiempo
—Mira cómo has crecido, eres hermosa –dijo con cortesía tras besar el lomo de su mano, ella le sonrió amablemente como solía hacer, poco después se acercó a ellos Leia, lucía tan contenta y radiante como nunca, Treize la abrazó por los hombros y luego besó su mejilla – Y aquí está la mujer que me hará el hombre más feliz del mundo –comentó con exuberante alegría, luego tocó con cariño el vientre de su mujer
—Realmente los felicito –dijo con extraña tristeza Milliardo, para la feliz pareja no era extraño que estuviese así, después de todo si su novia no hubiera muerto años atrás seguramente ellos también estarían esperando a su primer hijo
—Estimado amigo, ya encontrarás a la mujer que te haga también padre, ya verás –sonrió con sinceridad y el rubio asintió, eso esperaba también, aunque seguía enamorado del fantasma de la que fue su persona más amada, pero algún día esperaba superar todo eso. Relena observó a su hermano con intranquilidad, sabía que hace años había muerto la novia de su hermano pero nunca nadie le daba detalles de eso
—Relena ¿Por qué no buscas a los de tu edad? –preguntó amablemente Leia, guiñándole un ojo, en realidad trataba de decirle que buscara a Heero, ella entendió y asintió
—Con permiso –dijo de forma educada y se alejó de los otros tres, Milliardo la miró marcharse y perderse entre los invitados de la gran mansión. Ella caminó en busca de aquel chico, esperanzada de volverlo a ver, más su sorpresa no fue grata al verlo acompañado, una chica rubia de raras cejas estaba cerca de él, le hablaba entre risas e insinuaciones aunque él no parecía prestarle atención, ambos estaban en una de las esquinas del gran recibidor, sentados en un sillón, Heero se percató de la presencia de Relena y la miró fijamente, ella sonrió amablemente y a pesar de la otra chica se les acercó – Hola, buena noche –los saludó con cortesía, pronto la chica rubia la miró con desdén, la había interrumpido de su interesante charla con aquel chico
—¿Qué haces aquí niña? Piérdete –dijo de forma desdeñosa, pero Relena miraba a Heero sin caer en provocaciones, él se levantó en silenció del sillón, mirándola fijamente a los ojos
—Relena –dijo en tono suave su nombre, pero él permanecía serio, ella sonrió al ver que recordaba su nombre, pero a la otra chica eso no le había agradado
—¿Relena? ¿Serás acaso Relena Peacecraft? –cuestionó con gesto de desagrado, Relena se giró un poco hacia ella y asintió con una sonrisa
—Mucho gusto –estiró su mano hacia la rubia pero ella solo la miró con repugnancia, sin responder al saludo, dejándola con la mano extendida
—Pues yo soy Dorothy Catalonia, y sí, el gusto es todo tuyo niña –contestó con desdén, pero eso a Relena no le importó, bajó la mano volviendo a ignorarla
—Tenía muchas ganas de volverte a ver Heero –dijo con voz suave y una enorme sonrisa, pero él la miraba fríamente
—¿De dónde la conoces? –preguntó celosamente Dorothy, ella conocía a Heero gracias a sus familias, siempre había estado tras él pero Heero jamás se interesó en ella, desde su niñez él solo tenía ojos para alguien y no era Dorothy. Pero Heero no respondió
—Heero ¿podemos dar un paseo? –preguntó Relena con amabilidad, ignorando a Dorothy de nuevo y eso solo la enfureció, ambos chicos se miraban y parecía que ella ni siquiera existía
—Son unos idiotas –dijo enojada la rubia de cejas extrañas, pero ninguno pareció inmutarse por sus palabras, entonces Dorothy se alejó echando humo
—Por favor –volvió a hablar Relena, Heero la observó unos instantes y con esa sola mirada ella entendió que estaba bien, la seguiría, así que sonrió y comenzó a caminar, se dirigió al jardín de la gran mansión y él fue tras ella. Caminaron en silencio, Heero la observó caminar por entre los rosales, hermosa con su vestido blanco de lino, sencillo y elegante, Relena se movía con aquellos pasos sutiles que lo habían hipnotizado desde que la vio acercarse al sillón donde antes estaba – Es hermoso ¿no crees? –preguntó ella al detenerse en uno de los rosales, se agachó un poco y acarició los pétalos de una rosa blanca, Heero la observó fijamente, poniendo total atención en aquellas bellas facciones, un rostro casi esculpido por los ángeles. Se acercó a ella hasta estar justo a su lado, ella se levantó y lo miró de frente, se vieron a los ojos en silencio – Estoy muy feliz de volverte a ver –dijo con voz suave - ¿Por qué eres tan serio? –cuestionó de pronto, lanzando una pequeña sonrisa traviesa, él desvió la mirada unos instantes
—Acuérdate de mí –respondió sin la típica frialdad que lo rodeaba siempre, luego volvió a mirarla con sus ojos serios y distantes, Relena sintió helado el corazón, no entendía a que se refería él con esas palabras, pero sin duda habían causado un gran impacto, en ese momento sintió que se mareaba un poco y trastabilló, pero Heero se apresuró a acercarse más y sostenerla con sus brazos, se había puesto pálida y él se sintió culpable - ¿Estás bien? –preguntó preocupado, mirándola fijamente, pero ella no respondió, tenía la cabeza agachada aunque estaba consciente
—¡Hey tú! Suelta a mi hermana –se escuchó una voz a unos metros de ellos, pero Heero continuaba con ella entre sus brazos, al oír la voz de Milliardo ella se irguió y levantó también la cabeza, pero mirando hacia Heero
—¿Quién eres? –inquirió nerviosa, de pronto su mente estaba confusa, un recuerdo muy borroso del rostro de un niño se hizo presente, pero se desvaneció rápidamente
—Te digo que la sueltes –se escuchó de nuevo la voz de rubio, ésta vez cerca de ellos. Heero soltó a Relena cuando su hermano llegó hasta ellos acompañado de Treize, Relena ya podía ponerse en pie
—Tranquilo amigo –dijo Treize con voz suave
—Aléjate –dijo con desprecio Milliardo, empujando levemente a Heero, pero éste no hizo nada, solo miraba a Relena con preocupación - ¿Estás bien? –trató de sostenerla él pero ella lo apartó sutilmente - ¿Qué le hiciste? –preguntó enojado
—Nada hermano, yo me mareé –respondió enseguida y luego le sonrió – Heero tan solo me sostuvo –explicó
—¿Lo ves? Tranquilízate Milliardo –intervino Treize – Y tú, más vale que midas tu distancia –dijo refiriéndose a Heero, pero éste solo le dirigió una gélida mirada, luego se marchó sin decir nada, en completo silencio, Relena volteó hacia él y lo observó marcharse
—Eso no fue amable hermano –regañó con tono moderado – Solo me ayudaba –
—¿Por qué te mareaste? ¿Estás enferma? –preguntó preocupado, volviendo a fijar su atención en su hermana, ella negó enseguida
—Estoy bien, un simple mareo, necesito agua –respondió mientras daba unos pasos, pero su hermano la detuvo
—Te ayudo –quiso caminar a su lado pero ella se lo impidió
—Puedo sola –sonrió por cortesía y entró a la mansión de nuevo, sola, sin percatarse de las miradas de su hermano y el anfitrión que la siguieron en todo momento. Buscó a Heero con la mirada y no tuvo éxito, después lo buscó mientras caminaba por el recibidor, luego por la entrada, después en los jardines frontales, pero no hubo rastro de él, ninguno en absoluto – Heero Yuy ¿Quién eres? –se preguntó sin palabras, por su mente no dejaron de desfilar las palabras que él le había dicho "Acuérdate de mí" ¿Qué significaban? ¿Desde cuándo se conocían? Se sintió triste e impotente, pero algún día quizás lo averiguaría
¥-¥-¥ Fin del Recuerdo ¥-¥-¥
—Acuérdate de mí –susurró al abrir los ojos, acababa de volver del pasado, de sus recuerdos junto al chico que seguía amando. Sintió tristeza y se hizo un ovillo en la cama, lo extrañaba, hacía casi 4 años que no sabía de él, quería volverlo a ver, habían dejado inconclusas tantas cosas
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Al día siguiente Relena fue la de siempre, para alivio de sus amigos que se habían quedado muy preocupados por ella debido a su comportamiento del día anterior. Conversaban mientras consumían sus alimentos, sin prestar atención al bullicio del resto de compañeros que se habían reunido en la cafetería
—Éste fin de semana será el festival de la escuela –dijo emocionada Meilan - ¿Qué actividades harán? –les preguntó a los demás, Quatre la observó con una gran sonrisa antes de responder, también parecía emocionado
—Dirigiré la obra que vamos a presentar –contestó de forma entusiasta – Me encantaría que todos fueran a verla, será a las 4 de la tarde –
—Genial, ahí estaremos –comentó alegre Meilan - ¿Verdad? –miró hacia Hilde y Relena y ambas asintieron con una sonrisa
—Me alegra –contestó Quatre emocionado, era su primera vez dirigiendo una obra o haciendo algo para el festival. Miró hacia Meilan con una sonrisa especialmente entusiasta y Trowa lo observó fijamente, su amigo era tímido, nunca hablaba de mujeres con él ni con nadie, quizás debido a que tenía demasiadas hermanas o debido a su personalidad suave, pero en esos momentos él se dio cuenta de algo que nunca percibió, a Quatre le gustaba Meilan, la miraba diferente al resto, como quien mira algo que es incapaz de alcanzar, el rubio conocía de los sentimientos de ella por Wufei y sabía que en un futuro tal vez no tan lejano ellos serían marido y mujer. Sintió tristeza por su amigo, él aunque gustara de una chica que parecía no tener interés en él al menos tenía una posibilidad, Relena nunca hablaba de nadie que le gustara o a quien quisiera, Trowa creía que esa persona no existía y que él tenía una oportunidad con Relena, aunque fuera remota pero la tenía, en cambio Quatre no, porque lo de Meilan y Wufei no se podía romper aunque él fuera un patán que no la quería, terminarían casándose
—¿Y tú que harás? –preguntó Hilde a su amiga que había iniciado el tema
—¿Yo? –se señaló a sí misma – Estaré en la cafetería con Relena ¿verdad? –la aludida asintió mientras sonreía
—Seguramente se verán muy bonitas –intervino de pronto Trowa, miró a Meilan y luego a Relena, deteniendo su mirada en ella unos momentos
—Gracias –respondió Meilan de forma entusiasta, en cambio Relena se sonrojó, había notado aquella mirada de su amigo sobre ella - ¿Y ustedes? –preguntó a Trowa y luego a Hilde
—Daré cursos de origami –contestó avergonzada Hilde, no se sentía una chica con muchos talentos pero eso se le daba bien
—Eso suena muy lindo –dijo Quatre con amabilidad y ella asintió en agradecimiento
—Mi hermana y yo estaremos con el club de gimnasia, daremos un pequeño show –respondió Trowa con su habitual gesto de seriedad aunque se le notaba un poco avergonzado
—Eso se escucha divertido –dijo Relena de pronto, Trowa la miró a los ojos – Tu hermana es de otro grado ¿verdad? –él asintió
—Se gradúa éste año –respondió seriamente pero con cordialidad, de pronto se sintió entusiasmado que Relena supiera cosas de él, aunque eran amigos no eran muy allegados
—Parece ser que todos tendremos algo –comentó feliz Hilde, luego dirigió una mirada discreta hacia la otra mesa, ahí estaban los detestables de siempre, y entre ellos el chico que le gustaba, ahora no parecía un tonto con Sylvia, solo conversaban unos con otros, entonces se preguntó qué clase de actividad tendría Duo en el festival
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Por la tarde al terminar las clases Relena y Meilan se regresaron juntas a casa como siempre, mientras que Hilde se fue sola por su parte, ella no contaba con auto ni quien la recogiera, pero vivía cerca de la escuela así que se iba caminando todos los días. Trowa y Quatre solían irse en sus respectivos autos, ambos tenían chófer que los recogiera, pero siempre caminaban juntos hacia la puerta de entrada, mientras lo hacían de pronto fueron abordados por Dorothy y sus amigas, pero sin los otros dos
—Hola chicos –saludó jocosamente Dorothy, acercándose un poco más a ellos – Recuerdan que les hablé de mi fiesta –comentó con falsa amabilidad, Quatre asintió aunque Trowa solo se quedó quieto, mirándola – Les tengo las invitaciones –miró hacia Middie y le dio una para que se la diera a Trowa, mientras que ella le dio la suya a Quatre – Me harán llorar si no asisten –dijo de nuevo con falsedad, intentando acercarse a Quatre pero éste retrocedió un paso discretamente
—Toma Trowa –secundó Middie con una gran sonrisa, mirándolo a los ojos, pero Trowa parecía muy distante e indiferente con ella, sin reparar en su coquetería
—Haré lo posible –respondió Quatre amablemente, guardó su invitación en la mochila
—¿Y tú? –preguntó Dorothy a Trowa
—Quizás vaya –respondió fríamente y eso la molestó
—Me haría muy feliz que fueras –intervino Middie, mirándolo casi con ternura a los ojos, quería recuperarlo y estaba decidida a hacerlo. Trowa no respondió, solo guardó la invitación en el saco de su uniforme
—Nos vamos, tengan buena tarde –dijo Quatre con rectitud, luego él y Trowa se alejaron de ellas, como si jamás hubieran estado ahí, Dorothy comenzó a hacer rabietas
—Son unos groseros, eso les pasa por juntarse con ridículas insignificantes –comentó con enojo, Sylvia se acercó a ella y trató de calmarla
—Seguro es por la vulgar de Hilde, si siguen así se les pegarán las pulgas –comentó con labia la otra rubia y Dorothy comenzó a reír. Sylvia había notado hace tiempo que Hilde miraba mucho a Duo y por eso la odiaba más que a cualquiera de las otras
—Trowa no es así, él no es grosero ni vulgar –dijo de pronto Middie, no le había agradado para nada el comentario de Sylvia, ella seguía queriendo a Trowa aunque él pareciera que la había olvidado por completo
—Cuidado con tus palabras Middie, si no te convertirás en una de ellas, que asco –dijo Dorothy para defender las palabras de Sylvia y ambas se comenzaron a reír, Middie puso gesto de fastidio
—No digas incongruencias, mejor vamos a comprar ropa –cambió de tema Middie para no discutir con sus amigas
—Está bien, pero tendrás que comprarme algo bonito –respondió Dorothy con altanería y Middie asintió
—Sí, sí, lo que digas –contestó con fastidio y las tres avanzaron hacia la puerta, ahí las esperaban sus autos de lujo para llevarlas a casa. Al llegar a la puerta Dorothy alcanzó a divisar una figura que le resultó conocida, afinó la vista y confirmó sus sospechas, aquella persona a los lejos no podía ser otro que Heero Yuy, sonrió ampliamente, recordó todos aquellos momentos en que lo fastidió a él y a Relena, sabía un poco de su historia juntos
—Miren nomás, quien está ahí –comentó de forma burlesca mientras se detenía, sus amigas se detuvieron también y miraron hacia él
—¿Quién es? –preguntó Sylvia intrigada, su amiga Dorothy estaba demasiado entusiasmada al ver a ese chico que se acercaba a la puerta
—Heero Yuy, el recogido de los Kushrenada –respondió con desdén, Dorothy siempre se burló de la condición de Heero y el hecho de que su primo y su gran apellido lo hubieran adoptado, aunque le gustaba por guapo solo lo seguía por ser parte del apellido Kushrenada y nada más, quien verdaderamente le interesaba para marido debido al dinero y la posición social era Quatre, pero le gustaba divertirse con Heero, acosarlo y menospreciar a Relena, tal como lo había hecho años atrás
—¿El recogido de los Kushrenada? –repitió Middie, ella y Sylvia se miraron a los ojos, luego se encogieron de hombros, Dorothy avanzó hacia Heero y ellas la siguieron. Al verla Heero no dejó de caminar, incluso cuando las tres llegaron hasta él, comenzando a seguirlo
—Heero cariño, no harás ahora como si no me conoces ¿verdad? –preguntó burlonamente y él la ignoró como siempre – Vamos, somos viejos amiguitos –continuó con su tono de siempre, pero él volvía a pasar de ella, dirigiéndose a la puerta, se iría a casa en su modesto auto, no había permitido que su primo pusiera otro con chófer a su disposición
—Déjalo, es un pedante –comentó asqueada Sylvia, pero Dorothy la ignoró
—Heero, ven a mi fiesta –dijo de pronto, avanzó más rápido y se postró delante de él, haciéndolo detenerse, la miró detenidamente
—No me interesa asistir –respondió en tono gélido aunque hasta cierto punto amable, solo la miraba con indiferencia
—¿Seguro? –sonrió emocionada – Pero si Relena vendrá también –comentó con saña, sabía que diciéndole eso era posible que él asistiera. Heero la miró con un poco más de interés, aquella era una buena oportunidad para acercarse a Relena sin que su séquito de guardias estuviera ahí presente, incluso podía escapar del ojo vigilante del hermano, seguramente Milliardo no era de los que asistirían a esa fiesta – Mira, ésta es la invitación –estiró el sobre hacia él y Heero lo agarró – Medítalo, puedes verla ¿o es que acaso ya se vieron? ¿sabe ella que volviste? –no hubo respuesta de parte de él – Te estaré esperando querido –terminó su discurso y sonrió falsamente, Heero miró el sobre unos instantes y lo guardó en su pantalón, Dorothy sonrió al ver que no lo rompía o tiraba, luego él se alejó enseguida, sumergido en sus propias meditaciones. Middie y Sylvia no tardaron en acercarse a ella, estaban incrédulas
—¿Invitar a la insípida de Relena? ¿De verdad? –preguntó Middie con hastío
—No solo a ella, creo que invitaré a las otras tontas también –respondió Dorothy en tono divertido, las otras dos compartieron una mirada de extrañeza, quizás su amiga estaba volviéndose loca o algo así – Será muy divertido –sonrió con triunfo mientras sus amigas seguían mirándola como si estuviera loca
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Llegó a casa de su primo luego de haber asistido a su primer día de clases, subió hasta su habitación después de comer solo, se quitó el uniforme de la escuela y se acostó en su cama después de haber sacado el sobre de su pantalón, la invitación a la fiesta de Dorothy, la leyó, era dentro de 2 semanas, no podía creer que Relena hubiera aceptado ir a ese tipo de eventos, después de todo Dorothy la odiaba y nunca habían sido amigas, aunque por otro lado casi 4 años habían pasado, las cosas habían podido cambiar en ese tiempo, se sintió intrigado
—Quizás sea mi oportunidad –pensó seriamente, quizás no era mala idea asistir a una fiesta aburrida para chicos ricos, todo con tal de volverla a ver. Luego de haber visto a Dekim el día anterior, al llegar a casa se dio a la tarea de buscar desde su laptop los archivos de la escuela, entró hackeando la cuenta, así pudo ver los archivos de Relena, pudo ver su apariencia ahora que tenía 18 años, sus rasgos se habían acentuado y ahora era mucho más bonita, pero verla en persona sin duda sería mucho mejor, así que se decidió en esos momentos, iría a la fiesta aburrida de Dorothy - ¿Ésta vez te acordarás de mí? –dijo en voz baja, se levantó después de la cama y fue al ropero, de ahí sacó un sobre, lo abrió y dentro tenía fotografías y una carta, sacó las fotografías, la mayoría eran de Relena, o de él con Relena, tenía otras de sus padres, pero antiguas y muy pocas. Agarró una de las fotos en especial, eran él y Relena, tenían nueve y ocho años, la edad en que se conocieron, aunque ella había olvidado todo desde que tenía ocho hasta los diez, cuando presenció un terrible asesinato, luego él tuvo que irse, Treize lo mandó lejos y jamás supo por qué. Cuando regresó tenía quince años, cuando Relena creyó que lo conoció, entonces vivieron momentos juntos que nunca iba a poder olvidar, hasta que llegó el día que tuvo que partir sin decirle una sola palabra ¿Relena lo odiaría ahora? No volvió a saber de ella y ahora no estaba dispuesto a que los separaran, lucharía por Relena, la protegería, porque su amor por ella seguía estando intacto y él tenía una promesa que cumplir
Continuará…
Notas de la autora: Perdónenme por la demora, espero el capítulo compense mi ausencia, espero no volverme a tardar, muchas gracias por sus comentarios, son todos muy lindos, espero me sigan dejando reviews. Por cierto, las edades están algo desubicadas, perdonen por eso, pero bueno, es un AU y me estoy tomando algunas libertades, discúlpenme jeje, nos leemos después
