3-Dulce hogar:

Si la habitación que tenía en mi residencia me parecía ostentosa, no podía ni hablar con la que tenía en esos momentos. Grande, ancha y bien decorada. Para mi alegría los colores eran suaves y apastelados, la cama tenía un dosel que cubría totalmente el interior, el mobiliario constaba do un enorme armario empotrado a la pared, una estantería con todo lo que una joven universitaria necesitaría- ordenador, escáner, impresora, fotocopiadora, teléfono…- a cada lado de la cama había unas pequeñas mesitas de un color lila muy clarito con un despertador en forma de conejo, dos lamparitas pequeñas, y en la pared había un gran ventanal cubierto de unas cortinas azules muy claras, la habitación olía a lavanda y el baño propio a pino. Era igual que el que tenía en mi casa, lo que pasa que el tripe de grande.

Me sentía como una princesa cautiva, en un enorme castillo rodeada de caballeros locos por mí. Al parecer a mi prometido le causaba tal desagrado tener una prometida como a mi, y al igual no podía negarse. ¿Quién se negaría a Abarai-sama? ¡El gran Uchiha!

Desde que supe con quien me iba a casar estuve al margen de cualquier visita y con ello falté a la universidad. Si no quería ver a alguien, ese era Itachi. Aún tenía clavada en la retina del ojo su cara de sorpresa mientras nuestros padres hablaban con voz ceremoniosa sobre la gran boda que se celebraría. La verdad solo fui consiente cuando me obligaron a darle un beso en la mejilla al chico que sería mi prometido. En mi vida me había costado tanto dar un simple beso, y además en la mejilla… ¿Qué era lo que me ocurría?

- ¿Puedo entrar?- la voz de Itachi me trajo al mundo real, luego de decir eso dio pequeños golpecitos en la puerta con los nudillos.

Abrió la puerta antes de que yo le dijera algo. Su traje oscuro desentono con los colores alegres y suaves de la habitación donde me encontraba y la que sería la mía hasta que los lazos del matrimonio quedaran totalmente sellados. Para aquello faltaba más de cuatro meses, pero nuestros respectivos padres pensaron que para fortalecer nuestros lazos teníamos que convivir juntos…

Pegar el golpe de nudillos después de hablar no sirve de nada…- le hablé sin levantarme de la cama.

Es más educado…- se disculpo este mientras se sentaba al lado mío y observaba mi rostro ojeroso- No deberías tener tan mala cara… ¿Qué dirá tu prometido?

Aunque sus palabras destilaran broma sus ojos nunca podrían engallarme. ¿A quién de los dos le hacía más daño? ¿A él o a mí? Intente sonreír y erguirme en la cama para luego caer sobre su pecho y sollozar en silencio. Este entrelazo sus brazos en mi pequeña espalda para luego depositar un sonoro beso en la coronilla de mi cabeza.

Unos golpes de nudillos nos alertaron de que alguien iba a entrar en la habitación. Itachi se despegó de mi un poco abatido y se escapo por el baño- que tenía una puerta dentro que daba al exterior- minutos después de entrar dije adelante con voz ronca y la figura de el hermano pequeño de mi no novio entró. Se apoyó al marco de la puerta y observo totalmente mi habitación y las cajas que me había negado a desempaquetar.

- No me odies a mi…- hablo este con una voz más seca y amarga que la mía- no es mi culpa, nuestros padres lo eligieron y no hemos podido decir que no…- baje la cabeza para no verle- Hyuga- sama no tengo nada contra ti, pero quiero que sepas que…- se rasco la cabeza y miró al techo- tengo novia…

- ¿Enserio?- pregunte sorprendida, eso era una luz dentro de mi oscuridad, si el tenía novia eso quería decir que yo también puedo. ¡Nos pondríamos los cuernos mutuamente!

- ¿Te alegra?- este pregunto sorprendido y gracioso- eras la chica más extraña que conozco después de Sakura…- sus mejillas se pusieron coloradas- bueno, lo que te quería decir, que si tienes novio no cortes por mi… ¿vale?

Dicho esto abandonó mi habitación dejándome sorprendida y con una pizca de ilusión. Por lo menos aquella habitación ya no me parecía tan horrorosa.

Al final me digne a hacer acto de presencia en el salón principal de la residencia de los Uchihas. Por supuesto tuve que acudir a una criada para que me mostrara el camino correcto después de haber pasado cinco veces por el mismo lugar. Cuando entre al gran salón estaba la familia al completo, junto a alguien que desentonaba en gran medida con los pelos negros de familia.

- ¡OH Hinata-chan!- llamó la voz de Nadesico un tanto abochornada al verme por ahí.

- No hace falta que te levantes…Nadesico-san…-le dedique una tierna sonrisa. Con pasos solemnes me acerque hasta los grandes sofáses hasta encontrar un agujero al lado de Itachi- ¿interrumpo algo?-pregunte cuando ya estuve sentada y cómoda.

Los dos chicos de mi edad se miraron un tanto tristes, la chica bajo la cabeza y una pequeña lágrima le salio de los ojos. Supuse que esa era Sakura, la novia de Sasuke y en otro momento de mi vida, posiblemente mi rival, claro esta si yo estuviera enamorada de mi prometido.

Intente no mostrar pena por la chica, además no tenía que sentir pena en absoluto, ella era la que debía sentir pena por mí y odio. Eso era lo más correcto, debía haberse puesto a montar un Chow y quejarse el por qué de tal decisión. Por lo menos eso es lo que había hecho yo en su momento.

- No, en absoluto- habló Abarai-sama mientras se llevaba un pastelito a la boca- creo que mi hijo no te ha presentado…- movió la cabeza para dar a la chica.

Iba a contestar cualquier cosa para evitar aquel mal rato para la pareja pero la chica se adelanto a mis palabras.

- Soy Sakura Haruno…- me dedico una reverencia que me avergonzó en lo más hondo. En mi vida había recibido tal respeto. Les había obligado a tratarme como una persona normal en mi casa, así que nadie se les ocurría ni se les pasaba por la cabeza hacerme tal reverencia.

- ¡O-OH!- me levante azorada y le correspondí la reverencia con sorpresa- Soy Hinata Hyuga un placer…

Momentos después la parejita se alejó rápidamente antes que el señor volviera a hacer cualquier comentario molesto o avergonzado. Intente mostrarme tranquila durante el resto del día ya que me sentía observada, además de que me perdía. Por la noche acudí llorando a Nanao-chan para que viniera a socorrerme y a guiarme. Desde bien pequeña ella había estado al lado mío, como una madre para mí, y cuando ella no estaba me volvía más torpe de lo común. Y eso ya era algo bastante grave.

Los Uchihas aceptaron a mi yaya con una cálida bienvenida y le ofrecieron una habitación al lado de la mía, era más pequeña pero igual de ostentosa que toda la casa. Dañaba a la vista. Supuse que me acostumbraría, pero después de pasar dos semanas… aún seguía impresionándome la magestucidad de las paredes, techo, suelo y habitaciones, me perdía con la misma frecuencia y aún desconocía la casa totalmente.

Ya acostumbrada a todo y un mapa en mano me puse en marcha para abandonar la casa e ir a mis deberes como estudiante. El único problema era el trasporte, no quería causar molestias y tampoco quería ir en el mismo coche que Sasuke, temía. Sus ojos negros profundos me atravesaban totalmente el cuerpo con cada mirada, su voz fuerte y ronca me causaba nervios y no paraba de decir indescifrables. Así que sobre las seis de la mañana, estaba rondando por la casa con el mapa en mano intentando encontrar la salida. Pero dudaba que estuviera elevado del suelo, en la segunda planta de la casa y mucho menos en una parte bastante escondida y alejada. Tenía miedo de volver a cruzar el pasillo y que todo crujiera así que abrí la primera puerta que vi. para entrar a un mundo totalmente distinto. Las paredes tenían todo tipo de color, los armarios desencajaban con la casa, hasta el aire que se respiraba era distinto. Embriagada por la nueva sensación dejé que los pasos me guiaran. Al final de la habitación daba a una puerta grande, de color negro y unos pomos rojos con un extraño símbolo. Sin tocar ni nada abrí la puerta para entrar a una habitación, una cama con dosel de color negro, zapatos por en medio, gayumbos por todos sitios y un olor a pata que me provoco nauseas. Quería salir corriendo de aquella habitación pero un ronquido que no provenía de la cama me llamo la atención. Seguí los ronquidos hasta llegar a una pequeña terrazita totalmente blanca y encontrar a Itachi con una pila de exámenes, bolis multicolor, tippex y cuatro tazas de café. Las gafas las tenía puestas mal, el pelo regado por sus hombros, la camisa fuera del pantalón y aquellas piernas totalmente descubiertas, solo verlo pasé frío.

Intente decirle hola pero sabía que el tono de mi voz le pasaría desapercibido, así que le moví un poco hasta que un gran ronquido suyo le despertó. Levanto la cabeza un poco sorprendido y se seco las babas que tenía en la boca. Que imagen tan adorable.

- Buenos días…- le dije mientras le dedique una sonrisa.

- ¿Hinata?- acerco la cabeza a mi y entrecerró los ojos para verme mejor. Me reí y le quite las gafas- Ahora veo mejor…- comento el sonriendo- ¿Qué haces aquí?

- ¿Qué crees?

Se levanto de la silla y me dio un sonoro beso en la comisura de los labios, con pasos pesados y medio encorvado se fue para adentro, reí mientras este se ponía bien los gayumbos que se les había metido en el culo. La imagen fue un regalo caído del cielo.

En poco tiempo estaba desayunando en la cocina junto a Itachi y en pocos minutos se unió Nadesico que nos observo un tanto sorprendida. Entre bocado y bocado le comenté que me perdí que llegué a la habitación de su hijo por pura casualidad. Pensé que dudó un rato pero como sabía que tenía un pésimo sentido de la orientación no discutió ni dudo.

Ya desayunada me dispuse a coger el coche e ir a la universidad, pero por fuerza mayor me veía obligada a estar sentada en la parte de atrás de un coche lujoso y ostentosos. Itachi en su súper moto roja me miraba con gracia.

Parecía mentira que estuviera comprometida, me sentía como si aún viviera en mi casa, sin los constantes aullidos y reproches de mi padre y sin los saludos normales de las criadas al verme pasar. Itachi y yo manteníamos casi la misma relación que antes de saber de nuestro compromiso, me besaba en la mejilla cuando estábamos solos, salíamos a tomar algo por las tardes y nadie sospechaba nada, además la mayoría de veces de aquellas salidas era que terminaba perdida y el como mi salvador venía a mi auxilio, y las otras veces eran perdidas planeadas, así nadie sospecharía nada y podríamos seguir nuestra NO relación. Por lo menos eso era lo que yo creía…

Parecía mentira que el tiempo pasara tan rápido, por los pasillos de la casa se escuchaban planes de bodas y yo aún ni había tenido la oportunidad de hablar de tú a tú con mi prometido. Tampoco es que me hubiera puesto a la labor, pero tampoco era que me importara lo más mínimo. El seguía con su relación con Sakura-san y yo con mi NO relación con Itachi, todo normal y corriente…pero ¿por qué tan pronto los preparativos? Solo habían pasado tres meses y aún no mostrábamos ninguno de los dos síntomas de enamorados, por lo menos yo y el…no es que tuviera pinta de estarlo…

Me encontraba estudiando la materia más difícil de la carrera, no entendía ni una sola línea y eso que mi ingles era avanzado, pero aquellos verbos conjugados, aquellas extrañas palabras y ejercicios caóticos… ¡Solo los entendía Itachi! Y el muy tonto había abandonado la casa por motivos de trabajo y sabía que por profesor no eran. Algo referente con la empresa de su padre. Así que yo luchando con el inglés, metida en mi cuarto y poco dispuesta a salir y perderme, cuando sonó la puerta. No era muy tarde y tampoco es que yo recibiera visitas aparte de las de Nanao-chan y Itachi. Con voz cansada dije adelante y mi prometido entro un tanto extraño, tenía el pelo desordenado, ojeroso y mal vestido. Asustada y sorprendida por aquella visita tan inesperada me levante de la silla y salí corriendo para acudir a su auxilio, algo me decía que me necesitaba.

En poco tiempo estaba en la habitación suya, al contrario de su hermano todo lo suyo era sobrio, colores grises y negros, nada de color, ni alegría, lo único que destacaba era la foto de Sakura-san que sonreía de oreja a oreja. Algo me dio que íbamos a tener una charla sobre su novia…

Tal como había dicho, estuve más de dos horas sentada en un puff escuchando la voz monótona de Sasuke, comentarme que Sakura estaba en estado de shock porque su madre se casaba dentro de nada con un hombre de familia alta, que apenas conocía y que tenía una hija de su edad. Y al final dijo algo que no me esperaba…

- Hiashi Hyuga ….

- Osea que mi padre se va a casar con la madre de tu novia…- lo dije sin ser muy conciente de lo que decía- ¡¿QUÉ?!-grite y todo su sobrio cuarto retumbo.

Desde ese momento tuve una relación un tanto extraña con mi prometido. Habíamos logrado hablar, pero siempre de su novia, de su madre, de su relación. Por lo menos los suegros estaban contentos y los rumores de boda habían cesado. Una tarde Itachi me comentó que habían provocado los rumores aposta para así crear algo de relación entre nosotros. Lo habían logrado, pero por mi parte amor no había salido. Conocía más a Sasuke, era un chico que aparentaba ser fuerte, machote, pero por dentro era un osito, al igual que su hermano. Estudiaba la carrera de matemáticas y su novia igual, le gustaba mucho el color azul y odia el color rosa. Me sorprendió bastante ya que su novia tenía ese color de pelo. Un poco avergonzado agrego que cada vez que salía con ella evitaba ver su pelo. Con eso estuve media hora riéndome de lo lindo, y cada vez que miraba a Sakura-san no podía contener una sonrisa burlona y irme a escondidas a reír.

Al final la boda de mi padre y la señora Hikari Haruno se celebró, fue maravillosa, sencilla, humilde pero realmente hermosa. Ella lucía un vestido blanco, largo y de mangas cortas, un velo pequeño y un peinado muy poco tradicional. Mi padre en cambio lucía su austero kimono ceremonial y con solemnidad dio su discurso y proclamo a todo viento mi compromiso con el joven Uchiha, luego no tuve más remedio que estar todo el día hablando de mi prometido, aquello disgusto a mi NO novio.

- ¡Si te disgusta tanto dime ya de una vez que me quieres!- le grite por la noche mientras este estaba sentado en su terracita leyendo un libro, aunque prestaba más atención a mis palabras que a otra cosa- ¡Dime que sea tu novia y ya esta!- estaba echando chispas, normalmente no levantaba la voz, pero tenía rabia acumulada, sus continuas escapadas, sus celos por el compromiso y la rutinidad de mis charlas con su hermano- ¡Besame, o haz cualquier cosa que quiera decir que soy tuya!

Este no dijo nada. Cansada de su silencio, cogí su libro y se lo lancé al jardín. Pizando fuerte salí de la habitación y me fui a la mía sin ser conciente de nada. Supe que me tropecé con alguien, pero no sabía quien era. Llegué a mi habitación sin perderme y minutos después estaba hecha un mar de lágrimas en el regazo de Nanao-chan. Esta me consoló hasta que me quedé dormida.

Cuando me levante de la cama al día siguiente recordé en imágenes borrosas la noche que había pasado, la pelea con Itachi y el choqué con aquella persona misteriosa. Cuanto más quería recordar el rostro del extraño más mareada me sentía, así que dejé ese tema aparcado durante un tiempo largo.

Bajaba por las escaleras cuando me encontré a los dos hermanos hablando en un tono de discusión. Intente ralentizar el paso para llegar cuando ambos chicos hubieran parado de discutir, pero por más lento que fuera los gritos no disminuían, sino que aumentaban. Escuché un par de golpes y luego un ruido sonoro que caía en el suelo. Con eso no pude detener mis pasos. Fui saltando de escalón en escalón hasta llegar abajo. Itachi tenía la mano en la mejilla y Sasuke estaba tirado en el suelo con el labio partido. Gemí y no supe a cual de los dos ir primero. Lo lógico sería que me preocupara más por la persona que amaba, o sea Itachi, pero al ver a mi futuro esposo tirado en el suelo sangrado de forma horrorosa no pude pensar con el corazón sino con la conciencia. Así pues corrí hasta él y le ayudé a levantarse del suelo. Su hermano le miraba con ojos desdeñosos mientras me lo llevaba dirección de las habitaciones. Ya en la planta de arriba pude escuchar las voces de mis suegros preguntando por lo ocurrido, pero para mi eso se quedaba en segundo plano, lo primero era curar a Sasuke y luego preguntar a Itachi.

- ¿Qué ocurrió?- le pregunte mientras le quitaba la sangre del labio.

- Me pegué…-resumió todo lo ocurrido con eso. Fruncí el ceño hasta hacerlo hablar- Te había hecho llorar…

Cuando dijo eso yo dejé caer la gasa y le contemplé con los ojos totalmente abiertos. Este me acaricio la mejilla con ojos cariñosos y luego me arrastro hasta que mi cabeza cayera en su pecho. Aún no entendía lo que quería decir hasta que soltó todo lo que sabía. Desde el principio sabía la relación que llevaba con Itachi, sabía que aún no había dicho nada al respecto y aún así yo seguía queriéndolo. Podía haber seguido abriendo mi pecho y sacando las cosas que tenía escondidas, pero no le dejé. Cerré los ojos y contuve las lágrimas luego aparte mi cabeza de su pecho y volví a mi trabajo para curarle la herida del labio. Este se quedó sorprendido por la frialdad que había mostrado con el tema. Cerró su mano en mi muñeca y con un movimiento ágil y rápido me acostó sobre la cama y el se puso enfrente mío.

continuara...