Capítulo 3: Una y otra vez

—Bien… la cuestión es… qué haremos con Tokijin ahora.

Miroku rodeó la espada clavada en el suelo y al rodeó con lentitud sujetando un pergamino en la mano en caso de que la espada retomara aquella aura demoníaca que una vez había poseído. Sango negó con la cabeza e Inuyasha solo se dedicó a limpiarse la tierra del aori. Shippo se subió a la cabeza de este último y lo golpeó con sus pequeñas manitos.

—Eres un idiota, Inuyasha, ve y discúlpate con Kagome por lo que dijiste.

—¡Feh! —él sujetó a Shippo y para que dejara de pegarle y lo soltó en el aire—. No me disculparé con ella, es ella quien obró mal.

Sango le dirigió una mirada de hielo, a lo que Inuyasha palideció claramente sorprendido.

—¿P-por qué me miras así?

—Porque no sabes controlar tu bocota—lo reprendió ella.

—¿A qué te refieres?

La mujer rodó los ojos antes de responder.

—Realmente no lo entiendes ¿no? Eres el ser más desvergonzado que conozco, Inuyasha.

—La señorita Sango tiene razón, Inuyasha—opinó Miroku colocándole un sello a la espada, para su sorpresa no hubo ningún cambio en ella—. No tienes tacto para hablar con la señorita Kagome incluso sabiendo lo que tú mismo haces.

—¿Lo que yo hago? —preguntó Inuyasha sin comprender y se cruzó de brazos.

—Le dijiste que sería descabellado que te abandonara para encontrarse a escondidas con Sesshomaru…—comenzó Shippo.

—…pero eso es exactamente lo que haces tú cada vez que te enteras de que Kikyo anda a cien metros a la redonda—finalizó Sango.

El aludido entornó los ojos con cierto recelo y luego se ruborizó un poco.

—Bueno… yo no…

—Ahh… tú sí— Shippo lo señaló con un dedo amenazador.

—Cualquiera podría decir que no te interesa en lo más mínimo lo que pueda pensar Kagome al respecto—lanzó Sango con dureza.

—Más lo que le acabas de decir justifica mucho la manera de reaccionar de la señorita.

Inuyasha sacudió la cabeza con rapidez y gruñó sintiéndose molesto.

—Ya paren ¿quieren? Esto no es asunto suyo como para que se estén entrometiendo—replicó y desvió la mirada—ya no me molesten.

Sango suspiró y volvió a observar a Miroku que ahora estaba estampando pergaminos en toda la espada hasta volverla irreconocible.

—Parecería que Tokijin es completamente inofensiva después de haber aceptado a Sesshomaru como su amo.

—Yo no me atrevería a tocarla, monje—argumentó Sango con cierta preocupación.

—Yo si lo haré—Inuyasha dio un paso al frente y sonrió con amplitud para adueñarse la poderosa espada que hasta hacía muy poco le pertenecía a su hermano.

Si bien no había nada que pudiera superar a Colmillo, no estaría nada mal hacerse con la idea de poseer otra espada con la que contar al momento de pelear. Pero el hecho de que aquella espada podría pertenecerle significaría más que nada un premio de guerra, algo que le había arrebatado a su rival tras una victoria.

—Yo no lo recomendaría Inuyasha…—comenzó a advertirle Miroku.

Sin embargo, Inuyasha ya había rodeado la empuñadura con la mano y se dispuso a levantarla del suelo. De inmediato una descarga eléctrica brotó de los pergaminos y subió por el brazo del hanyou que se alejó con rapidez del arma sacudiendo el brazo y maldiciendo por lo que acababa de sucederle.

—¿¡Qué diablos…!?

—Los pergaminos que tiene son tanto para aplacar los poderes malignos de la espada y para que ningún demonio se tiente a tomarla.

—Lo hubieras dicho antes…—murmuró Inuyasha calándolo con la mirada.

—No me diste el tiempo suficiente—el monje le sonrió al responderle.

Luego fue el turno del hombre de levantar el arma, lo cual hizo sin ningún problema y se la cargó a la espalda. Por supuesto que los pergaminos no le harían nada al mismo monje que acababa de colocarlos.

—Vamos, tenemos que dejarla en algún lugar seguro en donde nadie se tiente e intente apoderársela.

—Ni siquiera Inuyasha—canturreó Shippo.


No muy lejos, en una cueva en lo profundo de un bosque, al Oeste, se encontraba una niña recostada sobre el campo de flores que crecían debajo de los árboles, a su lado, una gran bestia de dos cabezas la observaba mientras ella le decoraba la cabeza con pequeñas flores coloridas. En un momento, la bestia estornudó y la niña comenzó a reír. Otro demonio la vigilaba con cierto recelo y, cuando la risa de la humana penetró sus oídos, se los cubrió sintiéndose molesto.

—¡Ay, por favor ya cállate, humana! —la reprendió.

—¿Qué sucede, señor Jaken? —preguntó la niña y lo observó con preocupación en su mirar, luego observó a Ah-Un y, finalmente, a Jaken otra vez—¡Ya sé! ¡Usted también quiere que le haga una corona de flores!

—¿Qué? —exclamó el demonio y dio un paso atrás—¡Ni se te ocurra!

—¿Por qué? —volvió a preguntar, haciendo pucheros esta vez.

—Porque los demonios no nos rebajamos a tales cosas tan… emotivas y humanas.

—¿Qué hay del señor Sesshomaru?

—¡Muchísimo menos Lord Sesshomaru! —exclamó Jaken con rapidez, tajante—. De entre todas las criaturas, Lord Sesshomaru es sin duda el más honorable, por lo que tales cosas no serían propias de su carácter o su naturaleza.

—Ohh…—Lin suspiró tristemente y observó las pocas flores que sostenía con sus dedos—pero… tal vez podría preguntárselo personalmente.

—¡Claro que no! Ya sabes la respuesta, conociendo al amo, ni siquiera respondería esa banalidad, además…

Mientras Jaken seguía hablando, Ah-Un levantó la cabeza y observó el cielo despejado y brillante, Lin dejó de prestarle atención al pequeño demonio verde e imitó a la criatura. Había algo allá arriba que se acercaba cada vez más hacia donde ellos estaban, era una especie de ave blanca… no, no era un ave, ahora que estaba más cerca podía divisarlo bien.

—…así que no hay punto de discusión, humana, el am-

—¡ES EL SEÑOR SESSHOMARU!

El rostro de Rin se iluminó y comenzó a saltar alrededor del campo de flores con emoción y Jaken, luego de contemplar boquiabierto a su amo sobrevolando el prado sobre ellos, la imitó. Hacía ya un par de días que no veían al youkai, y el pequeño demonio incluso temía que algo le hubiera pasado puesto que Sesshomaru no solía retrasarse tanto cuando se marchaba solo. Sin embargo, Ah-Un comenzó a gruñir mientras lo observaba acercarse y, con rapidez, remontó vuelo hacia él. Lin comenzó a reir.

—¡Ah-Un está muy feliz de verlo también, señor Sesshomaru!

La figura que se acercaba a ellos dejó de volar y, como si se tratara de un pájaro herido, comenzó a caer en picada.

Jaken palideció y exhaló un grito ahogado, Lin no comprendía la situación y miró a Jaken confundida. Para su suerte, Ah-Un había volado hasta él y logró atraparlo sobre el lomo en el aire para que no se estrellara contra el suelo, varios metros por debajo, y aterrizó con suavidad. Lin y Jaken lo rodearon al instante sin saber que hacer.

—¡AMO BONITO! ¿¡QUÉ LE SUCEDIÓ!? —Jaken comenzó a derramar lágrimas desesperadas.

—Señor Sesshomaru…—Lin lo observó al borde de las lágrimas también.

—J-Jaken…—murmuró Sesshomaru alzando un poco la cabeza a su súbdito con dificultad—llévame… dentro de la cueva.

—¡S-SI SEÑOR!

De inmediato Jaken tomó las riendas de Ah-Un y lo guio hasta el interior de la cueva donde se habían refugiado mientras el youkai se ausentaba. Lin los siguió dando saltos para poder seguirle el ritmo a los largos pasos de la criatura.

—¿Qué le sucedió, señor Sesshomaru? —preguntó ella en voz baja, con tristeza.

—No hagas preguntas en este momento, Lin—la reprendió Jaken entre sollozos y se apresuró aún más para llegar al interior de la cueva. Una vez allí, le ordenó a Ah-Un que se acostara y ayudó a su amo a bajarse de él. Sesshomaru lo empujó a un lado y a duras penas se puso de pie, aunque el dolor que sentía en su interior lo obligó a dar solo un par de pasos antes de apoyarse en una de las paredes y exhalar aire con suma frustración.

—¿Fue Naraku el que lo dejó tan mal herido, amo bonito?

Él asintió y apretó la mano en puño con rabia al recordarlo, se deslizó lentamente hasta el suelo y ambos, el demonio y la humana, lo rodearon para atenderlo, aunque sin saber cómo.

—Necesito… algo, Jaken—él lo miró con severidad—necesito que lo hagas cuanto antes.

—Dígame, amo—dijo con firmeza en su voz, limpiándose las lágrimas.

—Necesito que… encuentres a Inuyasha y al grupo de humanos que están con él…

—¿A Inuyasha? —Jaken parpadeó absorto—¿Está bien, amo?

Sesshomaru le lanzó una mirada de hielo.

—Quiero que hables con esa sacerdotiza que lo acompaña todo el tiempo… dile que… necesito otra de esas pociones… cuanto antes.

El pequeño demonio asintió sin estar muy seguro sobre lo que se refería su amo, sin embargo no pensaba protestar ante uno de sus pedidos.

—Y… llévate a Lin contigo.

—¿Qué? ¿Por qué? Solo sería un estorbo—comenzó a protestar Jaken.

—Haz lo que te ordeno—la voz de Sesshomaru sonó amenazante al hablar, a lo que su súbdito dio un respingo y asintió.

—Vamos, humana.

Lin miró a Sesshomaru con amargura, pero no pensaba replicar ante su orden. Antes de marcharse, le entregó una de las flores que ella tenía en la mano, esperando que él la tomara. Sesshomaru la observó primero a los ojos, luego a la flor con algo de confusión.

—Por favor… mejórese señor Sesshomaru—rogó Lin con lágrimas en los ojos—no muera, por favor.

Él tomó la pequeña flor entre sus dedos y asintió.

—Lo prometo.

Ella le sonrió con tristeza y luego corrió detrás de Jaken que la llamaba ya desde el lomo de Ah-Un para que se le uniera, dejando al demonio perro completamente solo en aquella cueva húmeda y oscura. Una vez que ya se habían perdido en la distancia, todo se había sumido en un completo silencio en el que el demonio quiso aprovechar para descansar. Volvió a posar sus ojos ámbar sobre la pequeña flor que Lin le había dado. Nunca en su vida se había tomado la molestia de sujetar y observar una de la manera en la que lo estaba haciendo en aquel entonces. Sería tal vez porque sabía que aquello era efímero, que luego de unas horas se marchitaría y moriría. Lo mismo sucedía con los humanos, con cada uno de ellos. Lo mismo sucedería con Lin algún día. Sin embargo, no se sentía preparado en aquel momento como para pensar en tal cosa.

Aquella humana también moriría tarde o temprano. El paso del tiempo la corrompería al igual que a todos los demás y terminaría tan seca y marchita como la flor. Y él seguiría allí, igual que siempre, inmutable, como lo era en aquel entonces. A pesar de eso, se sintió un tanto conmocionado por descubrirse pensando en aquella mujer ¿Por qué de pronto invadía tanto sus pensamientos? Estaba al tanto que ella era quien le había salvado la vida, lo que significaba que ahora tendría un lazo con ella que duraría casi hasta el momento en el que pudiera saldarla, o cuando ella envejeciera y muriera. Tal vez se debía principalmente a eso. Y es que resultaba algo totalmente repugnante saber que ahora le debía la vida a una humana, sentía que estaba insultando cada gota de sangre demoníaca y pura que le corría por las venas. Estrujó la flor en el puño y exhaló otro suspiro, el pecho le seguía doliendo y podía jurar que sus fuerzas volvían a desvanecerse poco a poco, la poción que había bebido lo había aliviado solo por un tiempo muy breve, no era la solución terminal a lo que le sucedía como ella le había asegurado. Sin embargo, aquella solución momentánea era lo único con lo que contaba en aquel momento de debilidad, y a lo que se aferraría si era necesario.


—Sesshomaru vendrá por ella tarde o temprano—murmuró Kagome cuando vio a Miroku aproximarse con la espada.

—Si, y se las verá mal cuando lo intente…—gruñó Inuyasha.

Kagome no respondió absolutamente nada ante tal comentario. Habían juntado todas sus pertenencias en el campamento y ahora estaban de camino a la aldea de Kaede para dejar la espada en el santuario de la región ya que aquel era el lugar que ellos más frecuentaban como para poderla proteger de otras amenazas. Las cosas estaban bastante tensas entre hanyou de ojos ámbar y la joven sacerdotisa. Los demás podían sentir el tenso ambiente e intercambiaban miradas nerviosas sin saber qué acotar como para aplacar la atmósfera opresiva.

Pero no necesitaron pensar en algo que decir para apartar el tema y hablar de algo un poco menos escabroso, ya que en aquel instante se escuchó un rugido no muy lejos. Todos se detuvieron en seco y se prepararon para atacar a cualquier individuo o criatura que se les acercara para amenazarlos.

—¡Allá! ¿Es… un dragón? —preguntó Shippo sujetándose de las orejas de Inuyasha con nerviosismo y observando el cielo.

En efecto, se trataba de Ah-Un que los sobrevoló y aterrizó no muy lejos de ellos. En un segundo, Jaken y Lin saltaron de la bestia y se dirigieron hacia ellos apresuradamente. El grupo lo observó anonadado y la primera en reaccionar fue Kagome que bajó el arco con el que había estado apuntando a Ah-Un y dio un par de pasos hacia ambos.

—¿Qué… qué hacen aquí? —preguntó.

—¡Es el amo Sesshomaru, está gravemente herido! —exclamó Jaken todavía entre lágrimas.

—Pidió que te buscáramos, Kagome ¡Por favor ayúdalo! —rogó Lin también afectada.

Las súplicas de los acompañantes de Sesshomaru parecieron sorprender y conmover con profundidad a la joven puesto que asintió sin pensarlo dos veces. Por supuesto que se había imaginado que Sesshomaru no se había recuperado del todo y que sería un milagro que se recuperara así como si nada del mortífero veneno de Naraku. Incluso si se trataba de un poderoso youkai.

—Ni lo pienses, Kagome—la atajó Inuyasha dando también un paso hacia adelante.

—Cállate perro tonto—esta vez fue Shippo el que habló y le tironeó de las orejas—vas a ganarte otra reprimenda por parte de Kagome.

Pero ella ni siquiera se volvió a Inuyasha, sino que lo ignoró completamente y apoyó una rodilla en el suelo para estar a la altura de Jaken y Lin.

—Díganme en que puedo ayudar.

Ellos sonrieron inmediatamente con emoción.

—¡Necesita que vuelvas a prepararle otra poción! —dijeron al mismo tiempo.

Ella asintió y luego se volteó para observar a los demás.

—Necesitamos apresurarnos de regreso a la aldea de Kaede para preparar el antídoto que necesita Sesshomaru.

—No hay problema—respondió Sango y miró a Kírara que maulló y se transformó en un gigantesco gato.

Todos la montaron, a excepción de Kagome que se subió sobre Ah-Un con Jaken y Lin. Este acto molestó bastante a Inuyasha que la caló con la mirada a medida que viajaban detrás de ellos, sus ojos echaban chispas de desprecio que el resto de ellos notaron sin problema pero no hicieron comentario alguno.

—¿Qué le pasa? ¿Se olvida de quien es el enemigo? —masculló el semi demonio.

—Naraku es el enemigo—respondió Miroku—y Sesshomaru esta en su contra, así que podría decirse que está de nuestro lado ahora.

El hombre mitad bestia no respondió una palabra, sino que desvió la mirada con desdén. No le gustaba absolutamente nada tener que ayudar a un ser tan despreciable como su hermano mayor, no se lo merecía, en absoluto. Lamentablemente no podía oponer mucha resistencia puesto que Kagome no se encontraba en el mejor humor, especialmente con él.

—¿Cómo se encuentra Sesshomaru? —preguntó Kagome a Lin y Jaken.

—Muy mal…—murmuró Lin con preocupación—está muy débil incluso para caminar.

—Ese desgraciado de Naraku va a vérselas negras cuando lo encuentre… —masculló Jaken con odio—. Nunca vi al amo tan mal herido desde que Inuyasha le cortó el brazo izquierdo, e incluso podría decir que está aún peor en esta ocasión.

—Ya veo…—murmuró la chica—prepararé el antídoto lo más rápido posible—aseguró.

Y así fue, en cuanto llegaron a la aldea de Kaede, ella se puso en marcha y comenzó a recolectar las hierbas que necesitaba con ayuda de Jaken, Lin y Shippo mientras que Sango y Miroku hablaban con la anciana Kaede para resguardar la espada de Sesshomaru en un templo e Inuyasha observaba el panorama con desagrado. De alguna manera que le molestaba, todo ahora giraba en torno al idiota de su hermano.

—Ya están casi todas—corroboró Kagome echándole un vistazo a la canasta repleta de hierbas— solo queda prepararlas.

—Solo espero que el señor Sesshomaru se encuentre bien…—se lamentó Rin manchada de tierra y observando el horizonte con tristeza.

—El amo es muy poderoso, no hay duda de que se encuentra bien—respondió Jaken intentando convencerse más a sí mismo que a la niña.

Ella asintió y Kagome los observó con pena.

—Apuesto a que sí—agregó ella—Sesshomaru no los abandonará—murmuró para alentarlos, a lo que ellos la miraron con ojos vidriosos y le sonrieron apenas (Jaken no tanto, aunque sí se mostraba agradecido por la ayuda de la humana).

Antes del mediodía, Kagome ya tenía lista la preparación dentro del frasco que le había entregado al demonio perro la noche anterior. Jaken se la guardó con sumo cuidado y montó a Ah-Un listo para marcharse lo antes posible para socorrer a su amo.

—Muchísimas gracias, Kagome—le agradeció la niña con un abrazo que ella correspondió.

—En caso de que necesite más, tengo de reserva—les hizo saber Kagome antes de que se marcharan.

—Solo espero que esto sea suficiente—murmuró Jaken. No podía negar que se sentiría más a gusto si no tuviera que estar allí rodeado de humanos y del odioso de Inuyasha que ni siquiera se había molestado en bajar para despedirlos, pero todo eso era por pedido del amo y por lo tanto debía soportarlo.

Ambos se marcharon sobre Ah-Un y todos saludaron agitando la mano en el aire. Ya solo se escuchaban las voces de ellos a lo lejos antes de perderse de vista detrás de los árboles.

—Mire, señor Jaken, Shippo me dio uno de sus caramelos.

—¡Tira eso, Lin, no sabes de que está hecho! —la reprendió el demonio verde.

Kagome rio por lo bajo y los observó marcharse con cierta ternura en su mirar, rogando para sus adentros que Sesshomaru se encontrara bien y que aquella preparación pudiera volver a ayudarlo. Sentía un calor en su pecho sabiendo que estaba haciendo todo lo posible por darle una mano a alguien que la necesitaba y, sobre todo, podía ayudar a alguien que jamás hubiera pensado que la necesitaría en su vida.

—De acuerdo ¿Quién quiere comer algo? —preguntó Miroku comenzando a caminar hacia el centro de la aldea.


—¿Amo?

—¡Señor Sesshomaru!

Abrió los ojos un poco, no se había percatado del momento en el que había quedado sumido en un profundo letargo. Sus dos acompañantes se encontraban allí, observándolo con atención y sujetando el recipiente con aquel contenido en las manos con aires esperanzados.

—¿Lo… consiguieron? —murmuró.

Ellos asintieron y Jaken le entregó el antídoto.

Sesshomaru lo tomó entre sus largos dedos y, sin pensarlo, a diferencia de la vez anterior, lo bebió. Luego inhaló el fresco aire de las montañas a la espera de que aquello le volviera a hacer efecto y sabía bien que no tardaría mucho. Volvió a cerrar los ojos, sintiendo de a poco la sensación de calor que comenzaba a florecer dentro de su adolorido pecho y que se expandía al resto de su cuerpo.

Volvía a requerir de su ayuda, una y otra y otra vez. Y quien sabe cuántas veces más la requeriría.

Jaken y Lin intercambiaron miradas y se sonrieron esperanzados esta vez. Por el rostro apacible de Sesshomaru, todo indicaba que, por el momento, todo iba a estar bien. Y así fue, las horas transcurrieron con lentitud en las que esta vez era el turno de sus dos protegidos de cuidar del poderoso demonio mientras se recuperaba. De a poco, Sesshomaru comenzó a ganar color y fuerza hasta que pudo sentarse más erguido denotando que la sacerdotisa lo había ayudado a recuperarse con muchísima rapidez. Aceptó comer con ellos cuando Lin le ofreció lo que estaba cocinando, algo que Kagome le había regalado. El demonio primero observó la comida con cierto recelo, pero al ver que Jaken lo engullía con gusto, se limitó a probar un poco.

—Dijo que es algo que compró en su época—le explicó Lin con emoción al verlo comer y, lo que parecía, que le gustaba—no recuerdo el nombre, pero es muy delicioso.

—Si, lo es—murmuró Sesshomaru con interés ante lo que la niña le estaba contando.

—Dijo que, si me gustaba, me traería más cuando volviera de su época.

—Creo que nombró que volvería esta misma noche—agregó Jaken con la boca llena de comida.

Sesshomaru frunció un poco los labios sin decir nada esta vez, sino que observó el panorama más allá de la entrada de la cueva. Así que se iría esa misma noche, y ya casi estaba atardeciendo. Dentro de poco oscurecería y ella se marcharía. Estaba al tanto de que ella no pertenecía a aquella época y que se marchaba a través de un antiguo pozo en aquella aldea cerca del árbol donde Inuyasha solía estar dormido.

Él necesitaba recuperar a Tokijin, y sabía que la única forma de hacerlo sería a través de ella, puesto que Inuyasha querría volver a enfrentarlo y no sabía dónde se encontraría su preciada arma, pero ella sí. Por lo que iba a tener que requerir de su ayuda nuevamente, aunque la idea le desagradara más de lo que ya le desagradaba saber que en menos de dos días ya le debía muchísimo a esa humana. A pesar de todo, tenía que aprovechar a hacerlo en aquel entonces cuando sus fuerzas estaban regresando gracias a aquella poción. Si esperaba mucho más quien sabría lo que le sucedería a su salud.

Ni bien Jaken y Lin quedaron dormidos, se reincorporó con suma facilidad y observó a Ah-Un que le devolvió la mirada con atención.

—Cuida de ellos mientras no estoy—le encomendó.

No le tomó mucho tiempo viajar hasta la aldea, mucho menos con sus fuerzas ya casi recuperadas. Se ocultó detrás del follaje de los árboles que rodeaban la pequeña aldea y agudizó los sentidos para poder encontrarla. Su aroma fue lo primero que pudo percibir, todavía estaba allí. Sin embargo, ese aroma a ella estaba mezclado con aquel olor salado que había percibido aquella mañana. Con rapidez se dirigió al lugar de donde provenía el aroma, dentro del bosque mismo. Sin embargo, ni bien pudo percibir voces, se detuvo a escuchar.

—¿H-Hey… por qué estas llorando?

—¿¡Por qué creer que estoy llorando!? ¡Porque eres un idiota, por eso!

Hubo un largo silencio, entornó la mirada, estaba con Inuyasha.

—Espera… bien, me equivoqué, lo admito ¡Pero tú también!

—¿Qué? ¿Qué hice yo de malo?

—¡Ayudaste al enemigo, Kagome!

—¡Necesitaba ayuda, Naraku iba a matarlo si no le quitaba el fragmento de Shikón del pecho!

—¡Sesshomaru me sería de muchísima utilidad estando muerto, Kagome!

Se le erizó la piel. La discusión era por su causa. Ahora comprendía, Inuyasha la estaba mortificando por haberlo ayudado.

Tan solo se mantuvo oculto hasta que al final la humana se marchó de aquel lugar dando zancadas después de la acalorada discusión con Inuyasha, sollozando y gritando un estruendoso "me marcho". Escuchó también a su hermano exhalar un bufido y pronunciar un "haz lo que se te antoje" antes de marcharse en dirección contraria. Se sentía un poco más aliviado de saber que él se había marchado, eso significaba que tenía vía libre de hacer lo que quería, por lo que la siguió durante un tramo sobre la copa de los árboles sin perderla de vista, y sin dejar de oír sus tristes sollozos.

Por un lado, se sintió bastante molesto con su hermano por lo que había dicho (aunque el que lo quisiera muerto por beneficio propio era básicamente sentido común). Por el otro, despreciaba el cómo estaba tratando a la persona que le había salvado la vida puesto que no tenía el derecho de juzgarla. A pesar de todo, sabía que Inuyasha nunca comprendía la bondad natural de un humano por más que fuera un hombre mitad bestia.

Su corazón dio un vuelco por las cosas en las que estaba pensando ¿Acaso el sí lo comprendía? ¿Él, que no tenía ni una pizca de sangre humana? Mas bien, él fue víctima de la bondad humana y desinteresada de Lin. Y ahora, nuevamente, de la bondad de aquella mujer. Quería pensar que se trataba solo de bondad. Una bondad que, si seguía arrastrándolo a lugares y situaciones como en el que se encontraba en aquel entonces, terminaría por traerle consecuencias graves.

CONTINUARÁ


¡Buenas noches!

Tengo que confesar que me desvelé bastante para hacer este capítulo (no tuve mucho tiempo para escribir durante estos días). A pesar de todo quiero seguir agradeciendo sumamente todos sus reviews y story alerts, ¡me llena de alegría saber lo mucho que esto les está gustando!

Me marcho ya (igual ya no me quedan muchas horas de sueño por delante).

¡Nos vemos pronto!