Importante: Éste mi tercer intento de reconciliación con el Draco de los último dos libros, me he olvidado de los adjetivos que lo describen (arrogante, racista, malcriado, egocéntrico) y siguiendo la analogía de JKR entre los mortífagos y nazis, he intentado hipotetizar cómo habrá influido en el desarrollo personal de un adolescente nazi (por ejemplo Martin Adolf Bormann) la pérdida de la guerra y el fracaso de su forma de vida, la destrucción de todas las bases sobre las que había cimentado su perspectiva del mundo. He sacrificado la caracterización canon de Draco hasta cierto grado para poder tratar con libertad otros temas un poco más complicados pero más llamativos, creo yo.

III

Desde los días de nuestros padres hasta hoy hemos sido culpables;

por nuestros crímenes fuimos entregados, nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes, en manos de los reyes extranjeros;

fuimos destinados a la espada, a la cautividad, al saqueo;

anduvimos avergonzados.

Esdras 9:7

Si tuviera la oportunidad de cambiar los eventos pasados, de modificarlos, de cambiarse a sí mismo, cambiaría su maldita inhabilidad para matar, tenía muchos arrepentimientos pero era su fracaso en la torre de astronomía lo que realmente le daba vergüenza, no le importaba que hubiera salvado su "alma" o lo que sea, su alma nunca había sido pura de todas formas, todo ese sexto año de Hogwarts había susurrado las palabras con insistencia, tratando de convencerse, Avada Kedavra; había imaginado todos los posibles escenarios pero no había tomado en cuenta el factor Gryffindor, esa insana terquedad de querer salvar a los que no lo merecen, a los que no quieren ser salvados, a los que no deben ser salvados.

Si tuviera un potente giratiempos regresaría a ese momento en la torre, a esa bifurcación del camino, y escogería diferente, no le permitiría al anciano decir ni una sola palabra, gritaría la maldición con seguridad, con la varita apuntando, su mano tensa y violenta, no temblorosa, lo haría rápido y sin pensar, automático… después se quedaría con la varita de Dumbledore y los mataría a todos, a Fenrir, a Bellatrix, a Dolohov, a Lestrange, a Voldemort… a Lucius. Si tan sólo pudiera regresar a ese momento de bifurcación y escoger el otro sendero, el más caótico.

- ¡Señor Malfoy! ¿Me está escuchando?

- ¡Sí!-. Sí, maldita sea, sí.

- No adopte ese tono conmigo, jovencito- regañó Minerva McGonagall, estaba tratando de ser paciente pero si Draco Malfoy no ponía de su parte no llegarían a ningún lado.

Draco apretó sus puños y su ensombrecida mirada relampagueó de ira pero no dijo nada.

- Está fallando en todas sus materias- acusó la directora.

Él maldijo mentalmente a la mujer pero no dio señal de haberla escuchado.

- Sus asesorías con el profesor Slughorn están fallando y los demás maestros me aseguran que se ha rehusado a hacer trabajos extras para compensar su baja productividad en clase- continuó la bruja.

Obvio que las estúpidas asesorías con Slughorn eran un total fracaso, el hombre era un parásito que no tenía uso para el apellido Malfoy.

- He hablado con sus profesores y todos sugieren que la mejor opción es pedirle a los mejores estudiantes de cada clase que lo ayuden a estudiar…

- ¡No!- interrumpió Draco antes de que la mujer pudiera terminar. "Mejores estudiantes" significaba sólo un nombre y los dos sabían cuál era.

- Permítame terminar- ordenó Minerva tratando de alargar el último hilo de paciencia que le quedaba. – La mejor estudiante en todas sus materias, a excepción de Adivinación, es Hermione Granger, pero no es la única que podría ayudarlo, también está Anthony Goldstein, Padma Patil y Ernie Macmillan, le sugiero que olvide su orgullo y busque ayuda de ellos antes de que sea demasiado tarde, no creo que quiera reprobar los EXTASIS por segunda vez- concluyó la mujer.

Draco puso su expresión de arrogancia y de desidia a la vez - ¿me puedo ir?

La directora de Hogwarts arrugó la boca y vio a Draco como si fuera un niño impertinente pero finalmente le dio un breve asentimiento.

Draco salió de la oficina y en cuanto cerró la puerta se recargó sobre ella y cerró sus ojos, trató de respirar profundamente y con lentitud, se concentró totalmente en su respiración, no quería pensar en sus clases, no quería pensar en por qué iba mal en la escuela y no quería pensar lo qué pasaría si volvía repetir sus EXTASIS y no los pasaba, ¿qué diría Lucius?

El último pensamiento sobre su padre le provocó ira, odiaba a ese hombre, por su culpa él y su madre habían pasado por el infierno, pero lo que más odiaba era el nuevo hombre que su padre era, uno débil y acabado, era decepcionante. Durante toda su niñez Draco siempre se había esforzado por arrancarle a su padre, a su ídolo, al menos una mirada de aprobación, de orgullo, nunca lo había logrado, Lucius Malfoy siempre lo tenía en ascuas, dándole sólo lo suficiente para hacerlo desear más.

"Son buenas calificaciones Draco… pero no son las mejores"

"Eres un buen buscador Draco… pero Potter te gana"

"Eres un buen Slytherin Draco… pero el hijo de Nott es un verdadero Slytherin"

"Puedes seguirme llamando Papá si quieres, pero hoy cumples ocho años y ya eres un hombrecito, creí que preferirías dirigirte a mi de una forma más adecuada a tu estación en la vida… -Sí, Padre (pero en realidad no quería)"

"Tienes razón Narcisa, pensé, erróneamente al parecer, que nuestro hijo era Malfoy suficiente como para acompañarme pero veo que… -No, no. Sí quiero ir, Padre, sí puedo, mi Madre está equivocada, no estoy demasiado joven para ir contigo (viendo el rostro angustiado de su madre con rencor, ¿acaso ella no sabía lo importante que era para Padre ir a esta clase de reuniones?)"

"Entiendo que ni Crabbe ni Goyle te agraden, Draco, pero no están para divertirte sino para servirte, ¿entiendes, hijo? –Sí Padre (con una enorme sonrisa al escuchar la palabra, hijo)"

"¿De verdad quieres esa mascota, Draco? Mírala, es débil y fea, no es la clase de mascota adecuada para un Malfoy, pero sí la quieres… -No, no Padre, tienes razón, es una gata fea y ponzoñosa, mejor la cobra (pero a la víbora no quería ni tocarla)"

"¿Para qué querrías tomar Estudios Muggles? Avergonzarías nuestro apellido, ¿realmente quieres decepcionarme de ese modo?... –No Padre, perdona, no sé en qué estaba pensando, tienes razón"

"Draco, los hombres no hablamos de estas cosas con los niños, y veo que a pesar de mis mejores esfuerzos tú sigues siendo uno, en mi biblioteca personal puedes encontrar los libros adecuados sobre el tema… -Pero es que Pansy quiere esperar hasta que nos comprometamos formalmente para… -La señorita Parkinson no es la única mujer que existe, Draco, de hecho, preferiría que acudieras a alguien con experiencia, creí que ya lo habrías hecho pero al parecer no tienes iniciativa…"

Y así cientos de recuerdos más sobre todas las veces en que Draco hablaba con Lucius y siempre salía de esas conversaciones con la impresión de que Lucius desearía poder cambiar a Draco por otro, por alguien más Malfoy y perfecto, por alguien que no llegara siempre en segundo lugar, por alguien que no quedara siempre detrás de Granger, de Potter, de Nott… y luego la guerra, ahora Lucius era otro, era un padre orgulloso y casi afectuoso, y Draco sentía cada sonrisa y mirada como una bofetada en la cara (gracias a Granger sabía cómo se sentía eso), sentía que era una burla, ahora que había fracasado monumentalmente, ahora que había sido reducido a un niño llorón e indefenso, ahora Lucius lo veía con afecto y orgullo, Draco lo odiada, prefería un padre fuerte e inquebrantable que lo mirara con desprecio al hombre castrado y humillado que lo miraba con compasión y culpa, ese no era hombre que pudiera respetar.

Castrado, sí porque eso es lo que era Lucius, lo que eran ambos, hombres castrados, el acto de haber perdido sus varitas a manos de otros hombres más fuertes era un símbolo del poder que habían perdido, Lucius había sido castrado por Voldemort que no sólo le quitó su varita sino que le quitó su lugar como jefe de la Mansión Malfoy, Narcisa le quitó su obligación y derecho a tomar decisiones para proteger a la familia, la enorme simbología de esos actos pesaba sobre los hombros de Lucius de manera obvia, ¿cómo podría un hombre recobrarse de esa clase de pérdidas?

Draco, después de perder su varita a manos de Potter, había tenido que ir a la guerra con la varita de su madre, humillación, sí, había sido no sólo castrado sino humillado, y no sabía cómo hacer para sentirse hombre nuevamente, había intentado acudir a Pansy pero la chica ya no quería nada con él, lo veía como lo que era, un hombre incompleto, mutilado, mancillado, había intentado acudir a los damas de compañía que Lucius le había presentado, pero el temor de fallar, el miedo de no poder cumplir con su parte, la presión de satisfacerlas, la ansiedad, los recuerdos… le había sido imposible mantener una erección, no había buscado la compañía de una mujer desde entonces.

El sonido de la gárgola que se movía para admitir a un nuevo visitante sacó a Draco de su ensimismamiento y abrió los ojos para encontrarse con alguien que preferiría no ver.

-Malfoy, ¿qué hacer aquí?- preguntó Hermione Granger con su tono mandón, como si tuviera el derecho de cuestionarlo, tal vez la muy pedante pensaba que el haber ganado la guerra la elevaba por encima de los sangre pura… pues pensaba bien porque últimamente el insulto parecía ser "sangre pura".

-No es asunto tuyo- dijo Draco recobrando su compostura, arrogancia y pedantería.

-Te ves pálido, bueno más de lo normal, y estás sudando- acusó la sabelotodo señalando las gotas de transpiración que se habían formado en la frente del rubio.

Draco apretó sus manos en puños y las escondió bajo su capa, no quería que la chica se diera cuenta de que también estaba temblando.

-Tú te ves despeinada y estás flaca y desnutrida pero no me vez señalándolo con obviedad- insultó Draco con su tono de siempre.

La castaña rodó los ojos y se cruzó de brazos.

-Qué infantil- susurró condescendiente. –Deberías ir a la enfermería- sugirió mandona.

-No me digas lo que debería o no hacer, Granger. Y ¿qué haces aquí?- peguntó el rubio para cambiar de tema.

-Vine a ver a McGonagall para hablar sobre el nuevo número de esa estúpida revista, ¿ya lo leíste?- preguntó la castaña molesta.

Draco sonrió burlonamente. –Sí, me gustó especialmente ese en el que Ronathan Chudley, en pleno desafío de las reglas de la naturaleza, se embaraza del conde Darcy Lotter- dijo mordaz.

-Es preocupante que hayas llegado hasta la parte del embarazo masculino, Malfoy, la mayoría dejamos de leer desde el primer capítulo- reveló Granger con una mirada de burla y una breve media sonrisa en los labios.

-No imagines Granger, así es como selecciono mis lecturas, si el tercer o cuarto capítulo logran captar mi interés compró el libro, lo mismo hago con esas estúpidas historias- no sabía por qué sentía la enorme necesidad de justificarse ante la castaña.

-¿Y si todavía no hay tercer capítulo?- preguntó la chica con honesta curiosidad.

-Espero hasta que lo haya, o me voy al quinto párrafo- respondió el slytherin con pedantería.

-¿Por qué no empiezas por el principio?- preguntó Granger, era obvio que la peculiaridad de ese sistema de lectura le intrigaba.

Draco abrió su boca para responder pero al mirar a la castaña y no ver el aburrimiento ni el disgusto que normalmente estaban presentes ahí cada vez que hablaban, decidió que la conversación se estaba tornando demasiado extraña, quería que al menos un aspecto de su vida continuara igual, que Granger siguiera tratándolo igual que antes de la guerra.

-Porque así lo hago, ahora quítate que voy a pasar- anunció el rubio de mal humor, hubiera querido agregar un "sangre sucia" a sus palabras pero era un término vetado por el Ministerio, decirlo le ganaría una multa y un auror que siguiera de cerca sus pasos porque entonces en el Ministerio sospecharían que el hijo de Lucius Malfoy no había renunciado a sus antiguas creencias.

-Tú eres el que estorba- acusó la castaña regresando a su usual tono mandón.

La molestia apareció en sus ojos cafés y Draco se relajó, eso estaba mejor, se hizo a un lado y le dejó el acceso libre a la puerta.

-Adelante, Granger, ve a quejarte- dijo Draco. -¿Has sabido algo de los editores?- preguntó curioso y muy a su pesar.

-Les escribí y el tal Nomen Nescio me prometió que ya no permitirían este tipo de historias- enseñándole a Draco el ejemplar de la revista que estaba abierta en la página de la historia sobre Ron y Harry. – Pero evidentemente me engañó, no sabe con quién se está metiendo- amenazó la castaña con voz bajo que Draco logró escuchar.

-¿Planeas venganza?- preguntó el rubio con divertida curiosidad.

-No, no venganza- negó la castaña, era más bien un ajuste de cuentas.

Draco la vio con obvia incredulidad, a ella no le importó, ni que el rubio fuera una especie de compás moral.

-¿Tú has descubierto quienes son?- preguntó la castaña tratando de sonar desinteresada.

Draco sonrió de lado con arrogancia y por un momento se sintió como en sus mejores años de Hogwarts.

-Tal vez- respondió críptico.

-Eso es un no- aseguró la castaña dándole la espalda, era obvio que para ella la conversación había terminado.

-No Granger, un tal vez es un sí y un no al mismo tiempo- corrigió Draco también de espaladas a ella, comenzó a bajar la escalera y no se dio cuenta de que la castaña volteó a verlo nuevamente.

Al salir completamente de las escaleras de la gárgola Draco sacó sus manos y extendió sus dedos, sus palmas estaban completamente blancas por la fuerza con que apretó sus puños, sacó su varita para quitarse el sudor con un encantamiento pero su temblorosa mano le impidió lograrlo, cansado y molesto, volvió a guardar su varita y sacó un pañuelo.

Su respiración nuevamente volvió a precipitarse y fue entonces cuando se dio cuenta de que hablar con Granger lo había distraído lo suficiente para evitar un nuevo ataque, los síntomas se estaban presentando de nuevo pero logró controlarse pensando en que seguramente Granger jamás adivinaría quién estaba detrás de "Metaficciones", debía estar quejandose con McGonagall…

McGonagall. Draco recordó las amenazas de la mujer, sabía que tendría que buscarse un estúpido tutor para que la vieja se tranquilizara y lo dejara en paz pero no tenía pensado pedírselo a Granger ni a ningún otro de esos idiotas empollones.

Contrario a lo que McGonagall pudiera creer, también había Slytherins inteligentes, simplemente que ellos no iban por el mundo restregando su inteligencia en la cara de los demás y no presumían sus calificaciones…

- No- respondió el Slytherin inteligente que era su única opción.

- Nott…

- No, Malfoy- negó el solitario Slytherin sin despegar sus ojos del libro que estaba leyendo.

- ¿Por qué no?- preguntó Draco, ni que le estuviera pidiendo un favor, era obvio que iba a compensar el servicio, ya fuera en términos monetarios o de otra clase.

- Porque no es un tutor lo que necesitas sino un psicólogo, tu problema no es escolar- reveló Theodore Nott interrumpiendo un momento su lectura. –Ahora, si me disculpas… prefiero dialogar con Schnitzler que contigo- dijo regresando su mirada al párrafo que acababa de terminar.

- Jódete Nott- insultó Draco con odio.

Theodore asintió sin quitar la vista de su libro.

Draco se alejó enfurruñado, cómo se atrevía el estúpido de Nott a sugerirle que viera a uno de esos absurdos loqueros muggles, todavía tenía estragos de dignidad, muchas gracias. Bajó a los dormitorios y se acostó en su cama, cerró las cortinas y se propuso no pensar, o penar en nada, no sabía que era preferible, de todas formas nunca funcionaba, su ociosa mente estaba peleada con su voluntad, los tortuosos pensamientos simplemente no paraban de rebotar de un lado a otro, tentándolo a que escogiera uno de ellos, a que cayese en la trampa.

Pasaron pocos minutos que se sintieron como horas y finalmente Draco no resistió más, abrió las cortinas y bajó de la cama, se agachó sobre su baúl y revoloteó entre sus cosas, no le llevó tiempo encontrar lo que buscaba.

Una pequeña botella que contenía un elixir caro e ilegal, un cuaderno, pluma y tinta. Regresó a la cama y se sentó recargado sobre el respaldo, abrió el elixir y le dio un pequeño sorbo, sólo un sorbo era suficiente, después lo pensó y tomó otro pequeño sorbo, estaba a punto de caer la noche.

Abrió el cuaderno, ya casi se le acababan las hojas y tendría que comprar otro pero el que tenía le duraría el resto de la noche y eso tendría que ser suficiente por el momento. Mojó la pluma en el tintero y la puso sobre la hoja blanca para continuar pero sólo logró hacerle un punto negro porque la puerta se abrió.

Goyle.

No habían hablado desde el funeral de Crabbe. No había nada que decir, nada que hacer, sería erróneo que Goyle siguiera caminando a sus espaldas cuando no había nadie que supliera el otro espacio.

Sus miradas se cruzaron, la de Draco estaba perdida e indolente, la de Crabbe comprensiva pero recriminatoria. ¿Qué seguía? ¿Qué se supone que debían hacer? Draco no tenía las respuestas.

Gregory Goyle continuó su camino hacia su propia cama y se sentó, permaneció en silencio, sin hacer nada, sin decir nada.

Draco quería gritarle. Y lo hizo.

-¡Lárgate!

Goyle volteó hacia el rubio confundido, sin decir nada se puso de pie y salió de la habitación.

Draco arrojó su frasco de tinta y se dio de topes contra el respaldo de la cama, ¿Por qué Goyle no peleaba? ¿Por qué no gritaba? ¿Cómo podía ser tan pasivo? ¿Por qué no se había rehusado a ser su sirviente desde ese primer año? ¿Por qué no se había rebelado? ¿Por qué no había entendido? ¿Por qué aceptó servir cuando pudo haberse alejado como Nott lo hizo? ¿Por qué no era más inteligente? ¿Por qué no era más hombre? ¿Por qué no era más fuerte? ¿Por qué no era más Slytherin? ¿Por qué había sido así y no de otra forma? ¿Por qué no era más Malfoy?

Se llevó sus manos a su cabello y se rascó con desesperación, sus mano bajaron por su cuello y sus uñas se enterraron en la piel. Sentía agitación e incertidumbre, sentía que el mundo era muy pequeño y asfixiante. Demasiado asfixiante, no podía respirar, no había aire, no había oxigeno, no había nada.

No había nada.

Nada.

Estaba otra vez ahí, la misma escena, una y otra, y otra, y otra vez.

-Fallaste, Draco.

Era la voz, la maldita voz, la voz del miedo, del odio, del destino, de la muerte, la voz de la nada y del silencio.

Un siseo que no se escuchaba con el oído sino con el estómago, el sonido de esa voz, de ese siseo, llegaba directamente al estómago y se extendía hasta abarcar el pecho, después hacía una bifurcación, el siseo se partía en dos, una parte daba la vuelta por la cintura para subir por la espalda, la otra bajaba por las piernas, paralizándolas y haciéndolas temblar al mismo tiempo, para cuando finalmente el sonido llegaba al oído, después de su escalofriante recorrido, el cuerpo ya se encontraba temblorosamente inmóvil. Era la angustia de no poder moverse, de saber que todo es inútil, de saber que eso es el miedo.

Prefería el dolor al miedo. El monstruo sonrió…

Draco despertó bañado en sudor y frío, angustiado y sólo un poco aliviado.

Una pesadilla.

Otra vez, ya eran usuales, normalmente dos sorbos de su elixir eran suficiente para evitarlas, las pesadillas, el sueño y las emociones. Hoy no.

Se levantó del suelo sin asombrarse de haber llegado ahí, eso también era usual, se acostaba en la cama y terminaba en el suelo. Recogió el cuaderno que había caído con él y lo cerró, se acomodó su ropa y se quitó su capa…

-¿No detestas la forma en que te miran?

Volteó sorprendido a buscar al dueño de la voz.

Zabini.

-Si me importara, tal vez- respondió tratando darle a su tono el usual matiz arrogante.

-Pansy maldijo a un Gryffindor que la insultó, lo escuchó por equivocación en la cena- relató Zabini con dejadez.

Draco no dio muestras de haber escuchado, no quería hablar sobre la imposibilidad que tenía un Slytherin de salir a los pasillos de Hogwarts sin que lo insultaran o lo vieran feo, en gran parte eso era su culpa pero no le importaba.

-Pansy y los demás quieren hacer algo al repecto- reveló Zabini inspeccionando con cuidado la reacción del rubio.

Eso lo congeló, la sangre se le subió a la cabeza y su corazón se precipitó. No más, por favor, no más.

¿No podían simplemente dejarlo atrás? Estaba tan cansado.

-Ya veo, ¿y qué tienen en mente?- preguntó Draco sobreponiéndose a la sorpresa.

-Eso es lo que ellos te preguntan- dijo Zabini con una mirada significativa.

Draco resistió las ganas de ceder a un nuevo episodio de ira y frustración, ésta era una buena oportunidad para vengarse, ¿de qué? No sabía exactamente pero de algo había que desquitarse, tal vez entonces todo regresaría a la normalidad. Tal vez sería la forma de recobrar su lugar de honor en la casa, de hacer que Pansy viniera a rogarle, a pedirle perdón, a entregarse, ¿quería eso?

No, ya no, ese fue ayer, hoy era otro, y con un poco de suerte, mañana sería uno distinto

- Lo voy a pensar- mintió Draco, estaba tan reducido a la nada que ni siquiera le había entrado en la mente la idea de una venganza hasta que Zabini lo mencionó.

¿Qué querían de él?

¿Acaso no había quedado suficientemente claro que él era una pobre excusa de líder, un patético mago, un hombre castrado?

Zabini asintió y salió de la habitación, sin duda para seguir complotando con Pansy y su círculo de resentidos, ¿es que no entendían qué es lo que estaban a punto de comenzar? ¿De continuar? ¿No estaban cansados ya?

Draco volvió a abrir su cuaderno y buscó su pluma, la había vuelto a perder, siempre perdía sus plumas, siempre estaba perdiendo algo. Tenía más en su baúl, tenía dos paquetes enteros de plumas (siempre las perdía, siempre perdía algo) pero no quería buscar nuevamente, no quería recorrer los tres pasos de su cama hacía el baúl, no quería.

O más bien, quería quedarse sentado, con su cuaderno entre sus manos, no es que no quisiera levantarse a buscar una pluma sino que la pluma perdida no le importaba lo suficiente como para querer reemplazarla, era mejor quedarse sentado, leyendo en vez de escribir.

Regresó las hojas hasta el principio, no sabía por qué había comenzado por ahí pero supuso que cuando todo lo demás falla, regresar al principio puede ser una buena forma de arreglar esas fallas.

Esto no es un diario, no es un recuento detallado de lo que ha pasado, no es una ñoña introspección en lo más profundo de mi desatinada mente. ¡Merlín! ¿Podría sonar más afeminado?

Es absurdo llevar diarios, guardar evidencias detalladas de la vida es absurdo. Darle una forma física, dejar huella de los errores es algo más gryffindor que slytherin, esos detalles nos exponen.

Exponen y traicionan, y cuando muchos años después regresamos a leerlos suenan estúpidos.

¿Éste era yo? Me preguntaré en diez años cuando vuelva a leer esto.

Pero esto no es un diario, afortunadamente.

Esto es otra cosa.