THE DARK SECRET SAGA I
Legion of the Damned
3
Mucho más que una intención
El día lo sorprende durmiendo sobre el abdomen de una tigresa.
No sabe dónde está, tampoco sabe la hora, ni siquiera dónde está su ropa, y si no es sido por la insistencia de su anónima compañera, no se levantaría.
Se viste como puede, recogiendo su billetera. No se molesta en revisarla, está seguro de que está vacía. Se despide riendo de la tigresa, y sale dando algunos tumbos.
"El aroma del pelaje de una hembra embriaga más que el vino".
El viento cálido del mediodía en Plaza Sahara sólo contribuye a adormilarlo aún más. bosteza a todo lo que pueden abrirse sus mandíbulas. Una ventana le devuelve el reflejo de un gato negro, cuyo pelaje está totalmente desordenado, cuya ropa está arrugada, mal abrochada y manchada con sustancias que no quiere reconocer.
Casi parece un zombi.
El gato negro bosteza otra vez y deja salir una risa cansada.
"Lovebat me va a matar. ¿Dónde demonios estoy?"
Intenta caminar pero avanza en zigzag. Intenta recordar pero cualquier cosa anterior a esa mañana parece un extraño rompecabezas.
"Y para lo que sirve saber".
Vomita en el suelo y se deja caer, mirando hacia arriba en medio de la acera. Comienza a reír mientras siente el tibio suelo calentando su lomo.
"¡Zootopia Rock City!"
Oye un auto frenar, los escasos tres espectadores se dispersan. Una sombra lo cubre, y cuando los ojos de Edgar Catlan Poe se acostumbran al resplandor, puede ver a un zorro, con uniforme de policía, quitándose sus gafas y mirándolo, con cierto asombro en su mirada.
—Hey, Zanahorias, ven a ver eso —dice el zorro. El gato vuelve a reír.
—Espero que aprendas la lección —dice un lince rojo, vestido con un traje gris sin chaleco, bastante menos formal que Lovebat, acercándose en estilo a Edgar—. Cuando salgamos de fiesta, nada de ir a otras casas, el lugar de sexo es en el baño.
—Acabé con una tigresa, lince de mierda —dice riendo el felino negro—. Una puta tigresa me llevó a su casa.
—Tal vez te confundió con una pantera.
El lince responde al nombre de Arthur Lynxbaud, otro inquilino que fue convocado a la mansión Lovebat. Está en el asiento delantero, Robert una vez más al volante, y Edgar en el asiento de atrás. Habían ido a buscarlo a la comisaría, y la billetera del alce pudo pagar la fianza.
—Esta noche debemos volver al Marinette —dice Edgar—. O ir a un burdel, uno de verdad. Es muy fácil seducir hembras en los bares o en los clubes nocturnos.
—Eso veremos, hoy es la reunión del grupo —responde el lince.
—¡Cierto! La reunión de la Legión de los Condenados.
—No hemos ratificado ese nombre —dice el alce.
—Pondrán el nombre que yo elija —dice confiado el gato, y sus dientes brillan cuando sonríe.
—Oficialmente, esta es la primera reunión del Club Literario y Musical de la Legión de los Condenados.
Lovebat necesita usar un megáfono para poder hacerse oír bien, aunque sus auditores no alcanzan a ser una docena.
Los conoció por Internet. Siempre fue un murciélago tímido, temía hablar con otros roedores, no se diga intentar conversar con criaturas más grandes. La tecnología fue una gran aliada para él, y no tardó en encontrar personajes afines a él.
Bueno, relativamente afines. Sujetos como Lynxbaud, como Blaireau y el propio Poe eran mujeriegos, callejeros y entregados a todo tipo de vicios. Hedgehogson y Robert eran tranquilos como él. Pero todos compartían la misma pasión común: la literatura y la música rock.
"Aunque a mí me gusta más el metal sinfónico".
Por eso los había reunido. La mayoría editaba sus maquetas y publicaba sus libros y relatos de manera clandestina, en tirajes pequeños y locales. Muy underground, como dirían otros. Poe ya comenzaba a acumular cierto renombre entre los aficionados a la música y letras de tercera división.
Y quiso reunirlos porque pensó que la retroalimentación sería perfecta para todos. Pero principalmente, porque quería conocerlos en persona. Y se sintió muy avergonzado, lo llenó de temor el citarlos simplemente para eso.
¿Y si decían que no y se burlaban de él?
Era mejor tentar a sus egos e incitarlos a llegar con la promesa de alojamiento y comida gratuitos.
—¿Podemos eliminar lo de "Club Literario y Musical"? —dice un tejón—. Me suena ridículo.
—¡Espera tu turno, tejón de mierda! —dice Edgar acallándolo.
—Procederemos a pasar la lista —dice el murciélago—. Charles Blaireau.
—Presente —contesta el tejón, alzando la mano. Usa un traje color beige y debajo un chaleco marrón, sin corbata.
—Dog Byron.
—Presente —dice un perro alzando la mano, vistiendo un llamativo blazer rojo oscuro y un fez turco.
—William Hope Hedgehogson.
—Aquí —dice el erizo alzando sus patas.
—Robert Elk Howard.
—Presente —contesta su imponente mejor amigo, llevando su sombrero blanco entre sus pezuñas.
—Arthur Lynxbaud.
—Acá —dice el lince rojo alzando su pata, dejando ver un llamativo reloj dorado.
—Edgar Catlan Poe.
—Ausente —dice riendo el gato negro, con un traje nuevo. En realidad, dicho traje es un regalo que Lovebat le hizo al ver que sólo llevó para el viaje la ropa que traía puesta.
—Y Oscar Wilde.
—Presente —contesta un zorro rojo, alzando su pata. Está muy bien vestido, con el traje completo, un bastón y hasta zapatos de charol, como si quisiera mostrar su riqueza. Una riqueza inexistente.
—Estando todos presentes, se inicia la primera sesión.
Jamás había bebido en su vida.
Y sus amigos no lo convencerían de lo contrario, aunque Hedgehogson y Robert sí que pueden sostener el alcohol que los demás ofrecen en la improvisada fiesta.
—¿Cómo puedes aguantar tanto con tan poco tamaño? —le pregunta sorprendido Lynxbaud al erizo.
—En la Marina Mercante no tenía nada más que hacer que beber y fingir que trabajaba en algo —dice con cierta presunción el pequeño animal. Sostiene un maní como para subrayar sus palabras.
—Te lo aseguro, soy un veterano de guerra —dice Dog Byron a Blaireau, cerca de la entrada a la cocina.
—Sí, y yo soy tu padre —contesta el tejón, escéptico.
—¡Lo juro! Pregunta en el ejército griego si no me crees.
—Para qué perder tanto tiempo en una consulta inútil.
En otro extremo, Wilde estaba viendo la televisión mientras fumaba de una pequeña pipa. Qué cosas pasaban por su mente, nadie podría precisarlo. Los zorros para Lovebat son criaturas extrañas, malditas por la evolución, naturalmente propensas al robo, a la estafa y a toda clase de vicios inimaginables. Por lo tanto, aunque le resulta extraño, no le sorprende que lo que fume en su pipa sea droga; que lágrimas broten de sus ojos mientras ve la televisión; y que lo que esté viendo sean las noticias, donde el oficial Nick Wilde —ese maldito zorro—, explicaba los pormenores de un caso.
—Y eso es un adelanto de mi siguiente disco, Las flores del mal —dice el tejón Charles Blaireau, quitando el CD de la vieja radio.
—No está mal —dice el lince Lynxbaud, sirviéndose algo de vino en un pequeño vaso. No es el primero que bebe en la tarde y tampoco planea que sea el último.
—Sí, es bastante bueno —dice Lovebat, quien en toda la tarde no probó ni bebió nada por temor a consumir alguna sustancia ilegal sin saberlo.
—¿De qué hablan? —dice riendo el gato de apellido Poe—. Es lo más aburrido que he oído.
—Supongo que tú puedes hacer obras musicalmente superiores —le dice molesto el tejón.
—Basta ya de esta mierda —el gato negro se levanta, se limpia un poco la chaqueta y camina para poder mirar a su audiencia—. Es hora de hablar de lo único que es importante.
De un salto felino, se acerca a la pared, y con un lápiz negro comienza a escribir sobre ella, provocando el grito aterrado de Lovebat.
—¡No rayes mi pared! —chilla el pequeño murciélago.
—¿A quién le interesa la pared? —gruñe el gato, y se hace un lado—. Muchachos, lo único que interesa ahora es asesinar a Bellwether.
—Debes estar jodiendo, Edgar —respondió Lynxbaud—. ¿Matar a Bellwether? ¿Te volviste el doble de loco de lo que ya estabas?
"Es una empresa imposible, debo frenar esto".
—Muchachos —comienza a decir Lovebat—. Yo...
—A ver —lo interrumpió el gato negro—. Sólo digo lo que todos piensan y ya. ¿Acaso tú disfrutaste su gobierno, Blaireau? ¿O tú, Dog Byron?
"Yo sí la disfruté".
Piensa Lovebat, incómodo en su asiento. A su lado, el erizo Hedgehogson reflexiona lo dicho por Edgar como si realmente considerara aceptar su oferta. Y para horror del murciélago, casi todos están considerando aquella opción.
—Joder, ¿Y hay opciones reales para matar a esa puta cabra? —dice Dog Byron.
—Es una oveja —dice Lynxbaud—. Bueno, yo consigo armas, podría conseguir algunas muy potentes. Pero necesito efectivo, o coca, lo que consigamos primero.
—Yo diseñé un plan para para asaltar el banco Lemming Brothers —dijo Hedgehogson alzando una pata—. Lo diseñé con unos amigos cuando embargaron sin piedad mi negocio.
—Pues el plan está clarísimo —dice riendo Edgar—. Primero robamos el banco, luego compramos armas y luego atacamos a Bellwether, pez comido.
"Están locos, ¡Nos van a asesinar a todos!"
—¡Chicos! —grita Lovebat, y esta vez todos se giran a oírlo— ¿No se dan cuenta de que planean una idiotez? ¡Nunca van a poder robar el banco! ¿Acaso quieren ir a la cárcel?
"¡Están locos!"
Sus palabras parecen tener efecto en sus amigos, y Lovebat se tranquiliza cuando Edgar tapa el lápiz y mira la pared mal dibujada.
—Sí, Lovebat tiene mucha razón, somos unos novatos en esto de robar —dijo el gato negro, y el murciélago se siente, al fin, tranquilo—. Pero sé quienes sí saben sobre robar, y no solo eso, sino que también han escapado de la cárcel. Iré a verlos ahora mismo.
"¡¿Qué?!"
—¡No! ¡Esperen! —intenta decir el murciélago, pero su voz se silencia ante los gritos de sus amigos.
—¡A robar! ¡A robar! ¡A robar!
