EL camino hasta la salida del cementerio pareció durar una eternidad. Parecía que mis piernas ya no querían avanzar más. Lo malo era que con llegar hasta allí no conseguía nada. Sólo estábamos yo y esa extraña sensación de que alguien me observaba a lo lejos.

Si mi yo inconsciente hubiera sido más lista, al menos antes de salir habría tomado mi celular de la mesita junto a mi cama.

Pensar en eso me hacía recordar que mis pensamientos y recuerdos estaban de cabeza. Algo estaba mal conmigo.

¿Qué clase de hechizo había realizado allí abajo en la tumba? Si al menos pudiera recordar algo, algunas de las palabras, tendría una idea general de por dónde iba la cosa. Pero mis recuerdos estaban borrosos y fríos como la nieve que se hacía a un lado a cada uno de mis pasos.

Un poco de tiempo mas y no sé de qué manera logré llegar a la carretera. Pero de qué me serviría eso si era de madrugada y nadie iría a hacer una visita al cementerio a esas horas de la noche. De hecho, no podía estar segura de qué hora era, pero el sol estaba lejos de comenzar su ascenso por el cielo.

Me detuve una vez llegué a la vieja calle, miré hacia ambos lados y entonces me dejé caer sobre el cemento.

Todo esto estaba mal. Debía encontrar una solución.

Miré mis manos ensangrentadas y sucias por la tierra que se había mezclado con la sangre. Si bien mis manos ya no sangraban debía limpiar las heridas si no quería que se infectaran y todo terminara peor de lo que ya estaba.

Eran muchas cosas que hacer, sin embargo yo ya no tenía energías para hacerlas.

Antes de siquiera pensarlo mi cuerpo ya se encontraba recostado sobre el frío cemento y mis ojos miraban hacia el cielo cubierto por las espesas nubes.

Pronto comenzaría a nevar de nuevo, y entonces la nieve cubriría mi cuerpo hasta matarme. Quizá luego de unos cuantos días los rescatistas lograrían dar con mi cuerpo. Eso si tenían suerte y ningún animal salvaje me reclamaba antes como su comida.

No, debía pensarlo más. Las cosas no podían terminar así. Mi cuerpo no debía terminar siendo la comida de ningún animal salvaje. O al menos no de ninguno que no tuviera consciencia alguna realmente de lo que hacía.

Ya que sí había de esos otros. Uno de esos animales salvajes era lo que yo deseaba tener a mi lado en esos momentos. Un animal salvaje y oscuro, de negro cabello y de negros ojos.
'Concéntrate', me dije mientras trataba de reunir las pocas fuerzas, la poca magia que quedaba en cada rincón de mi cuerpo. Debía visualizarlo todo: la magia y también a él.

Recién cuando tuve la sensación de control sobre esos pocos poderes que debían ser suficientes, fue cuando llené mi mente de su imagen y su imagen de pensamientos y llamados.

-¡Damon! -grité con todas mis fuerzas, tanto mental como físicamente.

Eso fue lo último que hice de forma consciente antes de que mis energías se acabaran por completo y que mis ojos se cerraran para dejarme en la más absoluta oscuridad.