Disclaimer: Glee no me pertenece y tampoco me pertenece esta historia.
¡Disfrútenlo y comenten!
Capítulo 2
Lunes, 27 de Agosto del 2012, 7:15 AM
Me debatí sobre la conveniencia o no de correr esta mañana, pero en su lugar acabé durmiendo. Corro cada día excepto los domingos, pero parece incorrecto tener que levantarse extra temprano hoy. Ser el primer día de escuela es suficiente tortura por sí mismo, así que decidí posponer mi carrera hasta después de la escuela.
Afortunadamente, he tenido mi propio auto por alrededor de un año, así que no tengo que depender de nadie más que de mí misma para llegar a la escuela a tiempo. No sólo he llegado aquí a tiempo, he llegado cuarenta y cinco minutos antes. Soy el tercer auto en el estacionamiento, así que por lo menos consigo un buen lugar.
Uso el tiempo extra para revisar las instalaciones deportivas junto al aparcamiento. Si voy a hacer la prueba para el equipo de atletismo, debería saber al menos a dónde ir. Además, no puedo sólo sentarme en mi carro durante la siguiente media hora y contar los minutos.
Cuando llego a la pista, hay un chico al otro lado del campo dando vueltas, así que cruzo hacia la derecha y subo por las gradas. Tomo asiento en la parte superior y disfruto de mi nuevo entorno. Desde aquí arriba puedo ver todo el colegio extendido ante mí. No se ve tan grande ni intimidante como había estado imaginado. Brittany me hizo un mapa dibujado a mano e incluso escribió unas cuantas indicaciones debajo, así que saco el papel de mi mochila y lo miro por primera vez. Creo que está tratando de compensarme en exceso porque se siente mal por abandonarme.
Miro los terrenos de la escuela y luego de nuevo el mapa. Parece bastante fácil. Aulas en el edificio de la derecha. Comedor en el lado izquierdo. Pista y campo detrás del gimnasio. Hay una larga nota de sus anotaciones, así que empiezo a leerlas.
—Nunca usar el baño de al lado del laboratorio de ciencias. Nunca. Nunca jamás.
—Llevar la mochila sólo sobre un hombro. Nunca doble brazo, es poco convincente.
—Siempre revisar la fecha de caducidad de la leche.
—Hazte amiga de Steward, el tipo de mantenimiento. Es bueno tenerlo de tu lado.
—La cafetería. Evítala a toda costa, pero si hace mal tiempo, sólo finge como si supieras que sabes lo que estás haciendo cuando entres. Pueden oler el miedo.
—Si tienes al Sr. Declare en matemáticas, siéntate en la parte de atrás y no hagas contacto visual. Ama a las chicas de instituto, si sabes lo que quiero decir. O mejor aún, siéntate en la parte delantera. Será una A fácil.
La lista continúa, pero no puedo leer nada más ahora mismo. Estoy todavía atascada en eso de "ellos pueden oler el miedo". Es en momentos como estos que desearía tener un teléfono, porque llamaría a Brittany ahora mismo y le exigiría una explicación. Doblo el papel y lo guardo de nuevo en mi mochila, entonces centro mi atención en el corredor solitario. Está sentado en la pista de espaldas a mí, estirando. No sé si es un estudiante o un entrenador, pero si Brody viera a este tipo sin camiseta, probablemente llegaría a ser mucho más modesto a la hora de ser tan rápido para presumir de sus abdominales.
El tipo se pone de pie y camina hacia las gradas, nunca mira hacia mí. Sale por la puerta y camina hasta uno de los vehículos del aparcamiento. Abre su puerta y coge una camiseta del asiento delantero, luego la tira por sobre su cabeza. Salta dentro del auto y se aleja, justo mientras el aparcamiento empieza a llenarse.
Oh, Dios.
Cojo mi mochila y a propósito paso los dos brazos por ella, luego desciendo las escaleras que me llevan directamente al infierno.
¿Dije infierno? Porque eso fue decir poco. La escuela pública es todo lo que yo temía que sería y peor. Las clases no son tan malas, pero tuve que (por pura necesidad y la falta de familiaridad) usar el baño de al lado del laboratorio de ciencias, y aunque sobreviví, quedaré marcada de por vida. Una simple nota de Britt informándome de que se usa más como un burdel que un baño real habría sido suficiente.
Es el cuarto periodo ahora y he oído la palabra "zorra" y "puta" susurrada no tan sutilmente por cada una de las chicas que he pasado por los pasillos. Y hablando de no-tan-sutil, el montón de billetes de 1 dólar que acaba de caer de mi casillero, junto con una nota, era un buen indicativo de que puede que no sea muy bienvenida. La nota estaba firmada por el director, pero lo encuentro difícil de creer basado en el hecho de que "tu" estaba escrito "eres" y la nota decía, "Lo siento, eres casillero no venía con un tubo de stripper, puta".
Me quedo mirando la nota en mis manos con una sonrisa de labios apretados, vergonzosamente aceptando mi autoinfligido destino durante los próximos dos semestres. En serio, pensé que la gente sólo actuaba de esta forma en los libros, pero estoy descubriendo de primera mano que los idiotas existen en realidad. También estoy esperando la mayoría de las bromas siendo desarrolladas a mi costa, igual que la broma de stripper-dinero en efectivo que estoy experimentando ahora mismo. ¿Qué clase de idiota regala dinero como un insulto? Supongo que uno rico. O los ricos.
Estoy segura de que la pandilla de chicas riéndose detrás de mí escasamente vestidas, pero con ropa cara, están esperando que mi reacción sea dejar caer las cosas y salir corriendo al baño más cercano llorando. Sólo hay tres problemas con sus expectativas.
1) Yo no lloro. Nunca.
2) He estado en ese baño y nunca volveré.
3) Me gusta el dinero. ¿Por qué no lo tomaría?
Pongo mi mochila en el suelo, por debajo de mi casillero, y recojo el dinero. Hay por lo menos veintiún billetes de 1 dólar en el suelo, y más de diez aún en mi taquilla. Saco los de arriba y los meto todos en mi mochila. Cambio los libros y la cierro, luego deslizo mi mochila por ambos hombros y sonrío.
—Díganle a sus papás que dije gracias. —Camino pasando a la pandilla de chicas (que ya no se ríen) e ignoro sus miradas.
Es la hora de la comida y viendo la cantidad de lluvia acumulada en el patio es obvio que el karma ha tomado represalias con un clima de mierda. Contra quién está tomando represalias aun no lo sé.
Puedo hacer esto.
Coloco mis manos sobre las puertas de la cafetería y las abro, medio esperando ser saludada por fuego y azufre.
Doy paso a través de la puerta y no es fuego y azufre lo que me encuentro. Es un ruido de tantos decibelios diferente a cualquier cosa de lo que mis oídos hayan sido objeto alguna vez. Es casi como si cada persona en esta cafetería está tratando de hablar más alto que la cafetería entera. Me he matriculado en un colegio de malcriados.
Hago lo que puedo para fingir confianza, no queriendo atraer la atención no deseada de nadie. Chicos, pandillas, marginados o Brody. Recorro medio camino de la fila de la comida indemne, cuando alguien desliza su brazo con el mío y me tira por detrás de él.
—He estado esperando por ti —dice. Ni siquiera le he dado una buena mirada a su rostro antes de que me esté guiando a través de la cafetería, esquivando las mesas. Pondría alguna objeción a esta súbita interrupción, pero es la cosa más emocionante que me ha pasado en todo el día. Desliza su brazo del mío y agarra mi mano, tirando de mí más rápido por detrás de él. Dejo de resistirme y voy con la corriente.
Desde el aspecto de su parte de atrás, tiene estilo, por extraño que ese estilo pueda ser. Lleva puesta una camisa de tela que está adornada con el tono exacto de rosa cálido que sus zapatos. Sus pantalones son negros y muy ajustados y hacen una figura halagadora… si fuera una chica. En cambio, los pantalones acentúan la fragilidad de su cuerpo. Su cabello castaño está recortado en los lados y es un poco más largo en la parte de arriba. Sus ojos están… mirándome. Me doy cuenta de que nos hemos parado y ya no está sosteniendo mi mano.
—Así que eres la puta —me sonríe. A pesar de las palabras que acaban de salir de su boca, su expresión es entrañable en contraste. Se sienta a la mesa y hace gestos con la mano como si quisiera que yo hiciera lo mismo. Hay dos bandejas enfrente de él, pero sólo una es de él. Empuja una de las bandejas de comida hacia el lugar vacío frente a mí—. Siéntate. Tenemos una alianza que discutir.
No me siento. No hago nada durante varios segundos al contemplar la situación ante mí. No tengo ni idea de quién es este chico, pero actúa como si me estuviera esperando. Mejor no pasar por alto el hecho de que acaba de llamarme puta. Y por lo que parece, me compró… ¿comida? Le miro de reojo, tratando de descifrarle, cuando la mochila en el asiento de al lado me llama la atención.
— ¿Te gusta leer? —pregunto, señalando el libro por encima de su mochila. No es un libro de texto. Es un verdadero libro. Algo que pensé que se había perdido en esta generación de fanáticos de internet. Me acerco y saco el libro de su mochila y me siento enfrente de él—. ¿De qué género es? Y por favor no digas ciencia ficción.
Se inclina hacia atrás en su asiento y sonríe como si acabara de ganar algo. Demonios, tal vez lo hizo. Estoy sentada aquí, ¿no?
— ¿Debería importar de qué género es si el libro es bueno? —dice.
Doy un repaso a través de las páginas, incapaz de decir si es o no un romance. Soy una tonta para los romances, y basándome en la apariencia del chico enfrente de mí, debe de serlo también.
— ¿Lo es? —Pregunto obviando su pregunta—. ¿Bueno?
—Sí. Quédatelo. Acabo de terminarlo en el laboratorio de informática.
Levanto la vista hacia él y aún disfruta con su brillo de victoria. Pongo el libro dentro de mi mochila, entonces me inclino hacia adelante y reviso mi bandeja. La primera cosa que hago es revisar la fecha de caducidad de la leche. Está bien.
— ¿Qué pasa si soy vegetariana? —pregunto, mirando la pechuga de pollo en la ensalada.
—Entonces come alrededor de ella —replica.
Agarro mi tenedor y apuñalo un trozo de pollo, luego lo llevo a mi boca. —Eres afortunado, porque no lo soy.
Sonríe, entonces coge su propio tenedor y empieza a comer.
— ¿En contra de quién estamos formando una alianza? —Estoy curiosa de por qué he sido elegida.
Mira a su alrededor y levanta la mano en el aire, girándola en todas direcciones.
—Idiotas. Atletas abusivos. Intolerantes. Zorras. —Baja su mano y me doy cuenta de que lleva las uñas pintadas de negro. Me ve observando sus uñas y baja la vista hacia ellas y pone mala cara—. Elegí el negro porque es el que mejor representa mi estado de ánimo hoy. Tal vez después de que te comprometas a unirte a mí en mi búsqueda, voy a estar un poco más alegre. Quizás amarillo.
Sacudo la cabeza. —Odio el amarillo. Sigue con el negro, hace juego con tu corazón.
Se ríe. Es una risa genuina, pura, que me hace sonreír. Me gusta… este chico cuyo nombre ni siquiera sé.
— ¿Cuál es tu nombre? —pregunto.
—Kurt. Y tú eres Rachel. Al menos espero que lo seas. Supongo que podría haber confirmado tu identidad antes de derramar sobre ti los detalles de mi malvado y sádico plan para sorprender a la escuela con nuestra alianza de dos personas.
—Soy Rachel. Y realmente no tienes nada de qué preocuparte, ya que todavía no has compartido ningún detalle de tu malvado plan, tengo curiosidad, sin embargo, de cómo sabes quién soy. Conozco a cuatro o cinco chicos de esta escuela y he distinguido a cada uno de ellos. Tú no eres uno de ellos, así que, ¿qué pasa?
Por una fracción de segundo veo un destello de lo que parece compasión en sus ojos. Tiene suerte de que fue sólo un instante, sin embargo.
Kurt se encoge de hombros. —Soy nuevo aquí. Y si no lo has deducido por mi impecable sentido de la moda, creo que es seguro decir que soy… —Se inclina hacia adelante y ahueca su mano en su boca en secreto—. Mormón —susurra.
Me río. —Y yo aquí pensando que ibas a decir gay.
—Eso también —dice con un movimiento de su muñeca. Dobla las manos bajo su barbilla y se inclina un par de pulgadas hacia adelante—. Con toda seriedad, Rachel. Te vi en clase hoy y es obvio que eres nueva aquí también. Y después vi el derroche de dinero caer de tu taquilla antes del cuarto periodo, luego presenciar tu pasividad ante ello, sabía que estábamos destinados a ser. Además, me imaginé que si nos unimos, podemos prevenir al menos dos suicidios adolescentes innecesarios este año. Así que, ¿qué dices? ¿Quieres ser mi más mejor amiga de todo el mundo?
Me reí. ¿Cómo podría no reírme de eso? —Por supuesto. Pero si el libro apesta, estamos reevaluando nuestra amistad.
Lunes, 27 de Agosto del 2012, 3:55 PM
Resulta que, Kurt fue hoy mi salvación… y realmente es mormón. Tenemos mucho en común, y cada vez más en común, lo que lo hace a él mucho más atractivo. Fue adoptado también, pero tiene una estrecha relación con su familia biológica. Tiene dos hermanos que no son adoptados, y que no son gay, así que sus padres asumieron que su homosexualidad (su palabra, no la mía) tenía que ver con el hecho de que no tiene la misma línea de sangre que ellos. Dice que están esperando que se desvanezca con más oraciones y la graduación de la escuela, pero él insiste que va a florecer.
Su sueño es que algún día pueda ser una famosa estrella de Broadway, pero dice que no tiene la habilidad de cantar o actuar (de esto no estoy segura), así que está dejando sus sueños y aplicando a una escuela de negocios. Le dije que quiero especializarme en escritura creativa y sentarme con pantalones de yoga y no hacer nada que no sea escribir libros y comer helado todos los días. Me pregunta que género quiero escribir y le respondo—: No importa, siempre y cuando sea bueno, ¿no? —Creo que el comentario selló nuestro destino.
Ahora estoy de camino a casa, decido si decirle a Britt los acontecimientos agridulces del día, o ir de compras a fin de obtener mi dosis de cafeína antes de mi carrera diaria.
La cafeína gana, a pesar de que mi afecto por Brittany es un poco mayor.
Mi porción mínima en la contribución familiar es la compra semanal. Todo en la casa es sin azúcar, sin carbohidratos y sin sabor, gracias a la vida no convencional vegana de Claire, por lo que prefiero hacer la compra de comestibles. Agarro un paquete de seis bebidas y la bolsa más grande de Snickers que puedo encontrar y los tiro al carrito. Tengo un escondite para ellos en mi dormitorio. La mayoría de los adolescentes están escondiendo cigarrillos y hierba, yo acumulo azúcar.
Cuando llego a la caja, reconozco a la chica, está en mi clase de inglés en el segundo período. Estoy bastante segura de que su nombre es Shayna, pero su tarjeta de identificación dice Shayla. Shayna/Shayla es todo lo que me gustaría ser. Alta, voluptuosa, y rubia bañada por el sol. Quizás a mi pelo castaño liso le vendría bien un ajuste, quizás unos reflejos. Aunque sería una mierda mantenerlos, considerando la cantidad de cabello que tengo. Cae cerca de 10 centímetros pasando mis hombros, pero lo mantengo arriba la mayor parte del tiempo por la humedad del sur.
— ¿Estás en mi clase de ciencias? —pregunta Shayna/Shayla.
—Inglés —la corrijo.
Me lanza una mirada condescendiente. — No hablo inglés —dice a la defensiva—. Dije, ¿estás en mi clase de ciencias?
Oh, santo infierno. Quizás no quiero ser esa rubia.
—No —digo—. Quise decir inglés como "No estoy en tu clase de ciencias, estoy en tu clase de inglés".
Me mira fijamente por un segundo, luego se ríe. —Oh. —La comprensión se ilumina en su cara. Mira la pantalla en frente de ella y lee mi total. Deslizo la mano en mi bolsillo trasero y saco la tarjeta de crédito, con la esperanza de apurarme y evitar lo que temo que está a punto de convertirse en una conversación menos que estelar.
—Oh, querido Dios —dice en voz baja—. Mira quién ha vuelto.
La miro y veo que está mirando a alguien detrás de mí en la fila para pagar.
No, déjame corregir eso. Está babeando por alguien detrás de mí en la fila para pagar.
—Hola, Quinn —dice seductoramente hacia ella, mostrando su sonrisa de labios gruesos.
¿Acaba de batir sus pestañas? Sip. Estoy bastante segura de que bateó sus pestañas. Honestamente pensé que esto sólo pasaba en los dibujos animados.
Miro para atrás para ver quién era la tal Quinn que de alguna manera, logró eliminar cualquier apariencia de dignidad que Shayna/Shayla podría haber tenido. La chica la mira y asiente en reconocimiento, aparentemente desinteresada.
—Hola… —Entorna sus ojos a la tarjeta de identificación—. Shayla. —Vuelve la atención hacia su cajero.
¿La está ignorando? ¿Una de las chicas más populares de la escuela prácticamente le da una invitación abierta y actúa como si fuera un inconveniente? ¿Es siquiera una humana?
Ella resopla. —Es Shayna —dice, molesta de que no sabía su nombre. Me vuelvo hacia Shayna y deslizo mi tarjeta de crédito a través de la máquina.
—Lo siento —le dice a ella—. Pero, ¿te diste cuenta que tu tarjeta de identificación dice Shayla, cierto?
Ella baja la mirada a su pecho y mueve de un tirón su tarjeta de identificación así puede leerla. —Huh —dice, entornando sus cejas como si estuviera en un profundo pensamiento. Sin embargo, dudo que sean profundos.
— ¿Cuándo volviste? —le pregunta la chica, ignorándome completamente. Deslicé mi tarjeta y estoy casi segura de que ella debería estar haciendo algo, pero está tan ocupada sonriéndole a esa chica, que no recuerda que tiene un cliente.
—La semana pasada. —Su respuesta es cortante.
— ¿Así que te dejarán volver a la escuela? —pregunta.
Puedo oír que suspira desde donde estoy parada.
—No importa —dice rotundamente—. No volveré.
Esta última afirmación deja de inmediato a Shayna/Shayla con pies fríos. Rueda sus ojos y vuelve su atención a mí. —Es una lástima cuando un cuerpo como ese venga sin cerebro —susurra.
La ironía en su declaración no se me escapa.
Cuando por fin comienza a golpear números en la caja registradora para completar la transacción, uso su distracción para echar un vistazo detrás de mí otra vez. Estoy curiosa de tener otra mirada de la chica irritada por la rubia de piernas largas. Está mirando su billetera, riéndose de algo que el cajero dijo. Tan pronto como mis ojos se ponen en ella, inmediatamente noto tres cosas:
1) Sus increíblemente perfectos dientes blancos detrás de esa torcida sonrisa seductora.
2) Los hoyuelos que forman las grietas entre las comisuras de los labios y las mejillas cuando sonríe.
3) Estoy bastante segura de que estoy teniendo un sofocón.
O tengo mariposas.
O quizás me estoy sintiendo mal por un virus estomacal.
La sensación es tan extraña, que no estoy segura de lo que es. No puedo decir que es tan diferente acerca de ella que provocaría mi primera respuesta biológica hacia otra persona, ni siquiera soy gay. Sin embargo, no estoy segura de haber visto a alguien tan increíble como ella antes. Es hermosa. No hermosa en el sentido de niña bonita. O incluso en el sentido de una tipa badass. Es una perfecta mezcla en medio. No es tan grande, pero tampoco tan pequeña. No es demasiado badass, no es demasiado girly. Está usando jeans y una camiseta blanca, nada especial. Su cabello no se ve como si ni siquiera se hubiera peinado hoy. Ha estado mucho rato mirando al frente que cuando tiene que moverse, levanta la vista y me ve mirándola.
Mierda.
Normalmente retiraría la mirada tan pronto como el contacto visual directo se hace, pero hay algo extraño en la forma que reacciona cuando me mira que mantiene mi atención pegada a la suya. Su sonrisa se desvanece de inmediato e inclina la cabeza. Una mirada inquisitiva entra en sus ojos y lentamente mueve la cabeza, puede ser incredulidad o… ¿disgusto? No pondría mi dedo en ello, pero ciertamente no es una reacción placentera. Miro alrededor, esperando que no sea la destinataria de su desagrado. Cuando vuelvo a mirarla, sigue mirando.
A mí.
Estoy molesta, por decir lo menos, así que rápidamente me doy vuelta y me enfrento a Shayla otra vez. O Shayna. Cualquier mierda que sea su nombre. Tengo que recuperar mi compostura. De alguna manera, en el transcurso de sesenta segundos, esa chica ha logrado embelesarme y aterrorizarme como la mierda. La reacción mixta no es buena para mi cuerpo privado de cafeína. Prefiero que me mire con la misma indiferencia que mantuvo hacia Shayna/Shayla, que me mire así otra vez. Agarro mi factura de cómo-se-llame y lo deslizo en mi bolsillo.
—Oye. —Su voz es profunda y exigente e inmediatamente hace que mi respiración se detenga. No sé si se está refiriendo a como-se-llame o a mí, así que deslizo mis manos a través de las bolsas de la comida, con esperanza de llegar a mi auto antes de que ella termine de mirarme.
—Creo que está hablando contigo —dice. Agarro la última de mis bolsas y la ignoro, caminando tan rápido como puedo hacia la salida.
Una vez que llego a mi auto, suelto un enorme suspiro cuando abro la puerta de atrás para poner los alimentos en el interior. ¿Qué demonios está mal conmigo? ¿Una chica guapa trata de llamar mi atención y corro? Bueno tampoco es que me sienta atraída a las chicas, ni estoy cómoda alrededor de los chicos. Así que la única vez en mi vida que realmente pude sentir atracción, yo corro.
Aff Britt me va a matar.
Pero esa mirada. Había algo tan inquietante sobre la forma en que me miró. Era incómodo, vergonzoso, y favorecedor, todo a la vez. No suelo tener estos tipos de reacciones en absoluto, mucho menos más de una a la vez.
—Oye.
Me congelo. Su voz sin duda está dirigida a mí ahora.
Todavía no puedo distinguir entre mariposas o virus estomacal, pero de cualquier manera no me gusta la forma en que su voz entra hasta la boca de mi estómago. Me pongo rígida y poco a poco me doy la vuelta, de repente estoy consciente de que estoy tan lejos de estar segura como mi pasado me lleva a creer.
Está sosteniendo dos bolsas con una mano mientras se frota la parte posterior de su cuello con la otra. Realmente deseo que el tiempo siguiera como la mierda y lluvioso, así ella no estaría parada aquí ahora mismo. Descansa su mirada en la mía y la mirada de desprecio en la tienda ha sido remplazada por una sonrisa torcida que parece un poco forzada en nuestra situación actual. Ahora que la veo de cerca, es evidente que el virus estomacal no es la raíz de los problemas en mi estómago en absoluto.
Es simplemente ella.
Todo en ella, su rubio cabello despeinado, sus ojos verdes avellanados, ese… hoyuelo, sus bien ejercitados brazos que sólo quiero alcanzar y tocar.
¿Tocar? ¿En serio, Rachel? ¡Contrólate! ¿Qué carajos me pasa?
Todo en ella hace que mis pulmones fallen y mi corazón vaya a toda marcha. Tengo la sensación de que si me sonríe como Brody me intenta sonreír, mis pantalones estarían en el suelo en tiempo récord.
Tan pronto como mis ojos salen de su cuerpo es el tiempo suficiente para que hagamos contacto visual otra vez, libera el control que tiene sobre su cuello y cambia las bolsas a su mano izquierda.
—Soy Quinn —dice, extendiendo su mano.
Miro su mano, y luego doy un paso atrás sin agitarla. Toda esta situación es demasiado incómoda para confiar en ella con esta introducción inocente. Quizás si no me hubiera atravesado con esa mirada tan intensa en la tienda, sería más susceptible a su perfección física.
— ¿Qué quieres? —Soy cuidadosa de mirarla con recelo en vez de temor.
Su hoyuelo reaparece con una sonrisa apresurada y sacude la cabeza, luego mira lejos otra vez.
—Um —dice con un tartamudeo nervioso que no coincide con su carácter de confianza en lo más mínimo. Sus ojos se mueven alrededor del estacionamiento como si estuviera buscando un escape, y suspira antes de mirarme otra vez. Su multitud de reacciones me confunde como el infierno. Usualmente soy bastante buena leyendo a las personas, pero si tuviera que hacer una suposición sobre Quinn basada en los últimos dos minutos a solas, tendría que decir que sufre un trastorno de doble personalidad. Sus cambios repentinos entre frívola e intensa son desconcertantes.
—Esto puede sonar poco convincente —dice—. Pero te ves muy familiar. ¿Te importa si pregunto como te llamas?
La decepción se establece tan pronto como esa línea escapa de sus labios. Es uno de esas chicas. Ya sabes. ¿Las chicas increíblemente hermosas que pueden tener a cualquiera, en cualquier momento, en cualquier lugar, y ellas lo saben? ¿Las chicas que, lo único que tienen que hacer es poner una sonrisa torcida o un hoyuelo o preguntarle el nombre a alguien y de una se derriten a sus pies?
Estoy muy decepcionada. Ruedo los ojos y me alejo, tirando de la manilla de la puerta de mi auto. —Tengo un novio —miento. Giro alrededor y abro la puerta, luego subo. Cuando quiero cerrar la puerta, me encuentro con una resistencia que se niega a ceder. Levanto la vista para ver su mano agarrando la parte superior de la puerta del auto. Hay una desesperación grande en sus ojos que envía escalofríos por mis brazos.
¿Me mira y tengo escalofríos? ¿Quién demonios soy?
—Tu nombre. Es todo lo que quiero.
Me debato entre decirle o no mi nombre. Con mis manos todavía en la puerta, le doy una advertencia con mi mirada. — ¿Te importaría? —digo bruscamente, con mis ojos mirando a su mano que está impidiendo el cierre de mi puerta. Mis ojos se arrastran de su mano al tatuaje escrito en letra pequeña a través de su antebrazo.
Hopeless.
No puedo evitar reírme internamente. Obviamente olvidé el objetivo de las represalias del Karma. Finalmente conozco a la persona que me llama la atención, que además sea dicho resulta ser una chica. Y ella es una desertora de la secundaria con la palabra "sin esperanzas" tatuado en sí misma.
Ahora estoy irritada. Empujo la puerta otra vez, pero no se mueve.
—Tu nombre. Por favor.
La mirada desesperada en sus ojos cuando dice por favor me da una reacción sorprendentemente comprensiva, salida de la nada.
—Rachel —digo abruptamente, de repente sintiendo compasión por el dolor que queda muy bien enmascarado detrás de esos ojos verdes. La facilidad con que cedo a su solicitud basada en una mirada, me deja decepcionada de mí misma.
—Rachel —se repite a sí misma. Reflexiona eso por un segundo, luego sacude la cabeza como si yo tuviera la respuesta equivocada a su pregunta —. ¿Estás segura? —Inclina su cabeza hacía mí.
¿Estoy segura? ¿Acaso cree que soy Shayna/Shayla que ni siquiera sé mi nombre? Ruedo los ojos y me muevo en mi asiento, sacando el ID de mi bolsillo. Lo sostengo en su cara.
—Estoy bastante segura de que sé mi propio nombre. —Empiezo a guardar el ID cuando agarra mi puerta y toma el ID de mi mano para una inspección más cercana. Lo mira por un segundo, luego lo da vuelta en sus manos y me lo devuelve.
—Lo siento. —Da un paso lejos de mi auto—. Mi error.
Su expresión está endurecida ahora y me mira mientras pongo el ID en mi bolsillo. La miro por un segundo, esperando algo más, pero está moviendo su mandíbula adelante y atrás mientras me pongo el cinturón de seguridad.
Pongo mis dedos en la puerta, esperando que mantenga la puerta abierta para que diga alguna otra línea poco convincente. Cuando eso no sucede y da un paso atrás mientras cierro mi puerta, el misterio me consume. Si realmente no me siguió hasta aquí para entablar una conversación, ¿qué demonios fue todo esto?
Se pasa una mano por el pelo y murmura para sí misma, pero no puedo escuchar lo que dice a través de la ventana cerrada. Pongo la marcha atrás y mantengo mis ojos en ella mientras me retiro del estacionamiento. Se queda inmóvil, mirándome todo el tiempo mientras me alejo. Cuando estoy yendo en la dirección opuesta, ajusto el espejo retrovisor para obtener un último vistazo de ella antes de salir del estacionamiento. Puedo ver como se aleja, aplastando su puño en el capó de su auto.
Buena elección Rachel, definitivamente ella tiene su temperamento
Veo que la historia está teniendo muy buena aceptación, por lo tanto subo un cap mucho más largo que el anterior.
Gracias y feliz domingo!
