Hola pequeños lectores! :3
Lo sabemos, no tenemos perdón por haber tardado taaaaaanto en subir este capítulo D: Pero creanos que no vamos a abandonar la historia.
Hay algo que queremos agregar, si bien la historia es una comedia y los personajes principales son el BTT, o sea, graciosos. . cada uno de ellos va a tener un pasado triste u.u y hoy se revela uno :O ¿Cuál será? no se los diremos todavía :P Pero no se preocupen que siempre va a tener cuotas de humor para aquellos amantes de las risas :) Muchas gracias por sus reviews! sus comentarios siempre nos alientan a seguir :) Y hablando de comentarios, a contestarlos! :D
Azmine Junet: Hola de nuevo! :D Nos alegra mucho que te haya gustado y esperemos que este capítulo sea también de tu agrado! :) En este capítulo también sale un personaje nuevo :O jaja disfruta de tu lectura ^^
excentricaluli: Hola! muchas gracias por leer nuestra historia, que te guste, y hacernoslo saber ^^ bueno, aqui esta el siguiente capítulo :3 Espero que te guste!
Rozensword: El primer review! xD ya te quedó ese apodo para nosotras xD jajaja muchas gracias por tus comentarios! de verdad que nos dan muchas fuerzas para seguir escribiendo. Si estamos sensibles, pero es porque estuvimos mucho tiempo con Francis :'D espero que te guste este capítulo como los anteriores :)
incestyaoilady: España is the best! xD jajaja estas tan loca como nosotras por estos muchachos xD la verdad que arrazan con toda hetalia ellos solos, se llevan todo el show! :P Aquí subimos otro capítulo, espero que te guste ^^
Y ahora, sin más que decir, les deseamos:
¡Dulce lectura! ^^
Capítulo 2
"Rojo Tomate"
(Parte 1)
-¡Eres una vergüenza para la familia! - Resonó en algún lugar de un edificio lúgubre una grave voz con acento italiano. - ¿Cuándo? ¿Cuándo vas ha hacerle honor al apellido Vargas?
Se trataba de Augustus, el capo de la mafia en ese lado de la ciudad. ¿A quién iban dirigidos todos esos regaños? Pues a su nieto. Su amargado, malhablado y holgazán nieto Lovino Vargas.
No era poco común escuchar este tipo de discusiones entre ellos. De hecho, era bastante habitual. Que por qué no haces esto, por qué no haces lo otro y ¿Piensas decepcionarme al igual que tu hermano?
Decir que Lovino estaba cansado era una redundancia. Lo cierto es que estaba completa y absolutamente hasta la coronilla de tanta mier-err-basura. ¿Era su culpa acaso que su hermano se haya enamorado de un maldito poli-come-patatas? NO. Por supuesto que no. El no tenía por qué cargar con todas las responsabilidades de la mafia. Y no era que aquello no le gustase, todo lo contrario, le encantaba. Es sólo que... Su abuelo a veces podía ser un poco... Exigente.
-No es mi culpa que no hayan pagado- Respondió de mala gana- Los bastardos siempre se atrasan.
-Exactamente- Comenzó su abuelo con una voz que uno utilizaría para hablarle a un niño pequeño (o a un retrasado)- ¿Crees que dándoles más tiempo dejarán de hacerlo? Piensa un poco, Lovino. A veces no puedo creer que seas mi nieto.
El mayor apoyo los codos sobre la mesa, suspirando. Su nieto se quedó donde estaba, inmóvil. No era alguien a quien se pudiese herir fácilmente, pero aunque lo negase, aunque hiciese todo lo posible por evitarlo, el hecho de no obtener la aprobación de su abuelo, le dolía. Le dolía porque sabía que él jamás había sido el favorito. Porque sabía que aunque tratase nunca sería como su hermano y ¿Por qué cazzo el bastardo se había marchado con ese macho-alemán? Lo había abandonado. Y ahora a su abuelo no le quedaba de otra que lidiar con él.
Saber esas cosas dolía. Dolía mucho. Y estaba harto, estaba tan cansado de que doliera.
Murmuró una despedida (o tal vez un insulto, quién sabe) y salió de la habitación.
Caminó durante largo rato pensando en lo sucedido tiempo atrás. Maldecía cada vez que se le ocurría alguna buena respuesta que hubiese podido utilizar durante la conversación "¿Por qué le venían a la mente recién a esta hora?" Maldita imaginación tardía.
Definitivamente no aguantaba más la situación. Tenía que encontrar la forma de librarse de este infierno familiar. Pero su bastarda a conciencia sólo se le ocurría responder a esa afirmación con un fuerte y claro ¿Cómo? Y el le respondía "¡¿Y yo qué mierda sé?!"
Ni siquiera prestaba atención al camino y a las vueltas que daba por la calle. Debe de haber parecido un loco pisando tan fuerte y batiendo los brazos sin razón aparente.
Entonces se encontró a sí mismo en un mercado. Y los tomates que lo saludaban en la entrada casi lo obligaron a entrar. No podía resistirse a ese rojo tan delicioso. "Tal vez ellos me den la solución", se excusó para "tener" que comprar una docena de hermosos y carmines tomates.
De no ser por un elefant-errr-una señora con sobrepeso, incluso su humor hubiese mejorado.
¡Pero no! La mujer tenía ir y empujarlo para colarse en la fila. ¿Cuál era su problema? "Gorda..."
Estaba a punto de exhortarla a meterse las compras por donde no le daba el sol, cuando alguien gritó su nombre de manera poco masculina...
- ¡Loviiiiiiiiiiii!~
"Oh nooo, per favore! Que no sea el bastardo" Pensó, sin esperanza, antes de voltearse. Y, efectivamente, se trataba del bastardo que venía corriendo hacia él. ¿Quién era este dichoso bastardo se preguntarán? Pues nada menos que nuestro tont-err-especial Antonio.
- ¡Lovi, qué sorpresa encontrarte por aquí!- Le dijo con una sonrisa – Siempre compró en esta tienda ¡Tienen los mejores tomates! Pero nunca te había visto.
- Tal vez no quería que me vieras- Musitó el italiano que ya estaba siendo atendido en la caja. Aquello no era cierto. En realidad era la primera vez que venía, y Antonio tenía razón. ¡Los tomates eran geniales! Claro que nunca lo admitiría...
El español pareció debatir internamente las palabras del menor. Al final, terminó riendo a carcajadas.
- ¡Qué gracioso! - Dijo corriéndose con el dedo una pequeña lagrimita - Pero hoy no pudiste escapar. Escucha...
- Mira. - Lo interrumpió el otro- En primera, no fue un chiste. Y en segunda, no tuve un buen día así que déjame tranquilo. - Concluyó dirigiéndose a la salida.
- ¡No, espera!- Lo llamó el mayor- Necesito que le digas a tu abuelo que podemos con el trabajo.
Lovino se paró en seco y se volvió para mirar directo al verde de los ojos del otro. ¿Un trabajo? Resonó en su conciencia. Sí, sabía que ese trío de idiotas trabajaba para su abuelo, de ahí conocía al bastardo, pero... Augustus no solía darles misiones demasiado difíciles. ¿Y por qué él no estaba enterado?
El español pareció leerle la mente (o la mirada de confusión total, Lovino no era muy recatado respecto a gestos...) y enseguida preguntó con extrañeza:
- ¿No te ha contado de nuestro nuevo trabajo?
- No - respondió de forma cortante como era costumbre en él. No le gustaba no enterarse de las cosas. Aquello le hacía sentir excluído, marginado y sólo. "Ma mi prendi in giro?Así estás realmente". Lo corrigió sumaldita conciencia.
Antonio podía ser distraído e inocente algunas veces. Pero cuando se trataba de "su" Lovino, era un experto. "Mi Lovi está triste" Pensó haciendo un puchero adorable para cualquiera. Si su Lovi no se sentía bien, entonces él tampoco. Fue así que a su cerebro se le ocurrió la "brillante" idea que cambiaría su vida y la de sus amigos.
- Lovino – lo llamó con cautela al ver que tenía la mente en otra parte. Cuando tuvo su atención siguió diciendo - ¿Quieres venir a casa? Hoy me toca cocinar a mí, y voy a hacer paella – Agregó una sonrisa para mejor efecto al final.
Lo primero que se le ocurrió responder al italiano fue un rotundo NO. No estaba para gilipolleces españolas. Pero... estaba demasiado deprimido, cansado y hambriento del largo día que había pasado como para negarse. Además, la alternativa consistía en llegar a su departamento, mirar televisión y comer tomates hasta dormirse. Viéndolo así, aceptar la comida gratis echa por el bastardo no parecía tan mala decisión.
Suspiró resignado luego de tener a Antonio esperando por un par de minutos y asintió levemente con la cabeza.
- Si~ - Festejó feliz el castaño – Así de paso, puedo contarte nuestro trabajo. - Acotó antes de empezar a buscar los alimentos que necesitaría para la dichosa cena entre ellos.
"Quizás no sea tan bastardo como creí", pensó Lovino mirando como iba y venía de aquí para allá por toda la tienda, tarareando una canción bastante alegre y pegadiza de tomates. "Además, comida gratis, es comida gratis" Se recalcó, sonriendo por primera vez en el día.
..Al mismo tiempo, en otro lugar..
Se había bañado, retocado las uñas y puesto su mejor ropa para la ocasión. Su peinado, "divino", se respondió mientras lanzaba un beso a su reflejo en el pequeño espejo de su, desagradable y no digno, baño. Es que no importaba cuánto limpiara, cuánto desorante de ambiente comprara, ese lugar siempre sería una pocilga. Más bien, toda la casa sería por siempre una pocilga. "Aún más si vives con un par de simios que no valoran tus toques hogareños" Pensó suspirando dramáticamente.
- Francis – Escuchó a su derecha.
"Hablando de simios..."
- ¿Dónde ir, tú?- preguntó aún medio dormido, su amigo prusiano desde la puerta del baño. En calzones. Con estampas de salchichas. Y Rascándose el trasero.
"He aquí, en Animal Planet en vivo, el raro espécimen Gilbertus Albinus en su hábitat natural..."
Sacudió la cabeza para volver de su "Encuentro con la naturaleza" causado por su amigo y poder responder la pregunta.
- Voy a ir al bar, mon ami~ – Pasó por al lado de Gilbert para finalmente salir (dejando a su paso un aroma a colonia dulzona y tan, tan francés) – Tengo que ver al – hizo una pausa mientras daba la vuelta hacia su amigo con una sonrisa - petit lapin~.
- Kesesese~ - Rió característicamente el prusiano – ¿Acaso míster Cejas te conquistó, Franny? - Olió un poco al ambiente y agregó luego de un silbido y una mueca de asco: - Vaya, incluso te pusiste tu perfume de nena. Bueno, más de lo que te pones normalmente. Casi neutraliza mi asombroso olor natural.
Ahora fue el turno de Francis de hacer una mueca.
- Nada nunca podría neutralizar eso. Es asombrosamente hediondo – Hizo especial énfasis en la palabra "asombrosamente" agregándole comillas con los dedos.
El maloliente acusado no pareció inmutarse y en cambio, bostezó tranquilamente antes de seguir hablando.
- Ja, ja, lo que digas. Por cierto, ¿Dónde está Antonio?- Aún seguía somnoliento. No había podido descansar debidamente los últimos días.
- Hoy le toca hacer las compras para la cena, Gil – contestó el rubio dirigiéndose a la salida. Cuando abrió la puerta se giró y agregó – Ya me voy, pórtate bien y más vale que te bañes – Lo regaño apuntándolo con su dedo, medio en broma, medio en serio, antes de desaparecer tras la puerta. Desde adentro le llegó, cual grito de guerra, la respuesta de su amigo:
- ¡NUNCA ME ATRAPARÁN CON VIDAA!
"Típico" pensó negando con la cabeza ligeramente, mientras caminaba hacia su cejudo destino.
Fuera de eso, se sentía de maravilla. Tenía el presentimiento de que lo iba a pasar MUY bien con Arthur. Su instinto á la France se lo decía.
...Que equivocado estaba.
Apenas se fue su amigo, atacó el refrigerador. Estaba vacío. "Scheiße " A Antonio más le valía no tardar demasiado o su pobre tortuga terminaría hecha sopa.
Miró a su alrededor mientras pensaba que asombrosidad hacer durante la espera. Si a él se le negaba la comida, por lo menos no a las mascotas. Terminó decidiéndose por alimentarlas y entretenerse un rato con ellas.
Gilbert amaba a su pollito. Gilbird, como le llamaba, siempre estaría con él. Ya se lo había demostrado en el pasado. Pero ¿qué hacía pensando en eso? No era asombroso. Y además no había sido su culpa el no haber estado a la altura de las expectativas de su abuelo.
"Nien, no pienses en eso Gilbert" se regañó mentalmente. Para distraerse, buscó entre el pilón de su ropa (Un desorden total, digno de él) unos pantalones y una camisa cualquiera. No era muy detallista en ese sentido.
Una vez cambiado y "arreglado" (según él) se dirigió al pequeño sofá para poder ver un poco de tele. "Lo que daría por una Wurst"
Fue un pensamiento casual, sin real significado. Pero lo llevó a hacerse una pregunta: ¿Hace cuánto no probaba una?
Lo intentó, creanle por su asombrosidad que sí, pero no pudo evitar recordarlo.
Flash back
- Siempre me desobedeces, jovencito- Lo retaba un hombre alto, de cabellera larga y dorada. Tenía los ojos fríos y entrecerrados, azules como el hielo. Ya de por sí se trataba de una persona imponente, pero el uniforme policial completaba el efecto.
Todos los días era lo mismo entre ellos. Gilbert no hagas esto, Gilbert no hagas aquello. Mein Gott.
Hoy, sin embargo, las cosas tenían un tinte algo más grave. Claro que no había sido nada que no se esperase de un adolescente de 16 años. El chico albino básicamente era un compuesto de rebeldía y hormonas.
- ¡Debería darte vergüenza comportarte de esa manera! - Siguió gritándole el mayor.
¿Quién no se había escapado alguna vez de clases a esa edad? Tan solo deseaba ser un chico normal y divertirse. Sentir la adrenalina de portarse mal, al menos una vez. Equivocarse. No ser tan perfecto como querían que fuese.
- ¡Fue sólo esta vez, abuelo! ¡Me hablas como si fuera un delincuente!- Se defendió el joven, también alzando la voz – Si te quitaras el pelo que tienes incrustado en el trasero tal vez notarías la diferencia entre tu nieto y las personas que encierras.
En toda la habitación resonó una fuerte cachetada. Instintivamente y ante la sensación de ardor que le había quedado, Gilbert se cubrió la mejilla con una de sus manos. Ni siquiera quería mirar a su abuelo.
- Eres un irresponsable y un irrespetuoso, igual que tu padre- Lo acusó el mayor antes de salir del lugar.
Apenas la puerta se cerró, sintió cómo las lágrimas le brotaban de los ojos. Él no era alguien que llorara fácilmente, pero simplemente dolía. Y ese dolor tan inmenso le obligó a doblarse sobre sí mismo y acurrucarse en el suelo. Nunca había llorado, ni lloraría nunca más, tanto como aquel día.
Y lo peor era que dolía más la comparación que el golpe. Él no era como su padre. Nunca le pegaría a su esposa. Nunca sería un maldito alcohólico, ni conduciría con toda su familia estando ebrio.
Sus sollozos deben haber sido tan fuertes, que no se percató del sonido que emitían dos pequeños pies al acercársele por detrás. Al menos no hasta que escuchó:
- ¿Bruder?
Intentó recuperarse rápido secándose las lágrimas con su camiseta. No quería que su hermano de 12 años lo viera llorar. Cuando abrió la boca, su voz estaba tan ronca que casi no la reconoció:
- Estoy bien. Ahora ¿por qué..
- No es cierto- lo cortó el menor con el ceño fruncido.
El albino suspiró con resignación. Su hermanito ya no era tan pequeño como antes. Sólo esperaba que no hubiese escuchado la pelea de hacía unos minutos.
- Bruder- llamó nuevamente el menor, Ludwig.- Toma- le dijo extendiéndole algo.
- ¿Una wurst?- Le preguntó Gilbert algo extrañado y divertido por las ocurrencias de su familiar.
- Ja, yo también tengo una.- dijo mostrando su salchicha alemana con una gran sonrisa- Comamos juntos, ¿Si?
Gilbert acarició su cabeza rubia mientras reía con cariño.
- Ja, Bruder- aceptó con una sonrisa en su rostro. Las lágrimas ya empezaban a secarse.
- Y no estés triste por lo que dijo el abuelo- agregó fingiendo desinterés el pequeño- Eres el mejor hermano. ¡Eres asombroso!
Fin de Flash Back
"Malditos recuerdos deprimentes" Pensó mientras se masajeaba la cien. Su hermano. De vez en cuando hablaban. Él era uno de los mejores policías de la ciudad, tal como había querido su abuelo. Él mismo hubiese terminado trabajando en la comisaría de no ser porque luego de esa pelea, lo habían enviado a un maldito internado en donde todos le hacían a un lado por su palidez. A veces los chicos pueden ser muy crueles.
Escapó en cuanto tuvo la oportunidad. Tal vez su vida sería mejor de haber hecho caso a su abuelo, pero no habría estado en paz consigo mismo. Llámenlo destino, suerte, o simplemente casualidad, pero en las calles fue donde había conocido al par de idiotas con los que compartía departamento. ¿Quién diría que terminaría haciendo trabajos para la mafia, cuando toda su vida se le impuso el camino de la ley? "La ironía es tanta que ni siquiera es graciosa."
Tanto recordar, le hizo doler la cabeza. Y éso sumado a un estómago vacío no era una buena combinación. Por suerte, justo antes de que metiera en el horno al pajarito de Francis, apareció Antonio repleto de bolsas con comida.
- Hasta que apareciste – Le gritó emergiendo de la cocina- ¡Mírame! Ya estoy en los huesos. - Le dijo exageradamente señalándose las costillas.
- Hola Gil~ – Saludó el castaño con una de sus sonrisas. Ya estaba acostumbrado a esta clase de comportamiento por parte de Gilbert – Perdón por tardarme, tuve que comprar más cosas,- Hizo una pausa y el prusiano podría jurar que vio un halo de felicidad emanar de Antonio- Es que hoy tenemos visitas.
- ¿Visitas?- repitió. Y entonces se percató de la persona que se hallaba detrás del español. Pero no podía reconocer quién era.- ¿Es una chica? - preguntó notándose el entusiasmo en su voz.
- Sé que estas necesitado, pero para tu desgracia o mi alegría, tengo pene, bastardo- Afirmó de manera defensiva Lovino entrando a la casa. Gilbert dejó caer sus hombros desanimado. Quería una chica, no a un italiano con problemas de carácter. Jamás entendería a Antonio... ¡O a su propio hermano! Hasta donde sabía, Ludwig vivía desde hacía un tiempo con el gemelo del mini-mafioso. Sólo esperaba que no fuera, bueno... así.
"Definitivamente, la tarde iba a estar.. entretenida"
Sólo dos palabras podían describir el estado de ánimo de Francis en ese instante.
Indignación Total.
Alguien tan bello no debería haber pasado por todo lo que el inglés le hizo aquel día. Arruinó su hermosa y fina ropa tirandole una bebida ordinaria como el Ron, criticó su perfume e incluso se atrevió a llamarlo pervertido, entre otras cosas. No era pervertido. Sólo era un enamorado del amor. Él nunca obligaba a sus parejas a hacer algo que no querían.
"Oh, cher Arthur~, c'est la guerre" Pensó mientras volvía a su casa por esas desoladas calles que tanto conocía. No iba a quedarse con los brazos cruzados, no. Él no era de los que se rendían tan fácilmente "No". Lucharía por conseguir la aprobación del cejudo-gruñon-barman, cueste lo que le cueste.
Una ventisca le hizo notar lo mojada que aún estaba su ropa. Apresuró el paso. No quería enfermarse. Y menos estando tan sólo a 3 semanas del dichoso trabajo.
Pudo notar desde el otro lado de la puerta al llegar, la voz de alguien más junto a sus amigos. Parecía que estaban discutiendo. "simios, nunca cambian"
- Bonsoir amig... - Lo que vio al entrar le hizo pararse en seco.
Pudo reconocer y ver al italiano al instante. Cómo no verlo si estaba sobre la pobre y única mesa que tenían lanzando lo que parecía comida hacia su amigo Gilbert.
El albino se escondía de los proyectiles sabrosos detrás del sofá (ya todo sucio de comida). De vez en cuando gritaba: "Para ya, maldita sea" o "Auch, ¡Mi ojo, maldición! ¡Me dio en el ojo!".
Mientras tanto Antonio sonreía nervioso desde un rincón observando la escena.
"Mon dieu"
- ¡¿Alguien puede explicarme qué está pasando aquí?! - Explotó el rubio llamando la atención de todos los presentes en el departamento y en el edificio.
Por un momento todos se congelaron en su lugar. Si no estuviese enojado, Francis se reiría de lo ridículos que eran. Pero el departamento era un desastre, y no era secreto que el único hombre que limpiaría sería él. Antes de que volviera a gritarles, el español recordó que poseía una boca y una voz.
- Hola Franny~ Qué alegría verte..
- Nada de saludos, explíquenme cómo es que tiran la comida como si fuese un juego ensuciando todo más de lo que ya estaba,- Se detuvo para mirar al invitado - ¡¿y qué diablos hace Lovino sobre la mesa?!
- No te esponjes, Francis. Sólo estábamos discutiendo civilizadamente – Se defendió el prusiano al fin saliendo de su "asombroso" escondite.
- Me di cuenta – Ironizó cruzándose de brazos- ¿Y bien? Sigo esperando una respuesta - Recalcó Francis con el ceño fruncido mientras daba golpecitos en el piso con su pie derecho. (Una imagen aterradora para cualquiera, Francis en ese estado y después de un mal día ¡Era como una esposa enfadada!)
- ¡Fue su culpa! - Saltó nuevamente Gilbert señalando al italiano - No tiene derecho a meterse con las deliciosas patatas.
- Es el tubérculo mas horrible que existe - se defendió el acusado - Si por mi fuera, las exterminaría del planeta.
Gilbert puso cara de horror, ooooh Lovino no acababa de decir ESO.
– ¡Tus estúpidos tomates son los que deberían ser exterminados!
Y volvieron a meterse en su extraña pelea, salvo que esta vez sólo se trataba de insultos verbales.
"Quuooooi?"
Fue todo lo que podía pensar el francés. Ahora sí no entendía nada. Todo este desastre por ¿Una patata? ¿Habían hecho trizas el sofá (y el comedor en general) por un patata de merde!?
- Uh. . Franny – Llamó su atención la tímida voz de Antonio a su derecha. - Es mi culpa, lo siento.
El rubio levantó la ceja – Pour quoi?
El español se encogió en su lugar. Parecía un niño pequeño que había sido descubierto haciendo alguna travesura - Yo le serví patata a Lovi, sabiendo que no le gusta. Y me regañó a mí y a la patata. Fue cuando Gil comenzó a defenderla y, bueno, ya sabes el final.
Estaba cansado de ese día, al parecer nada había salido bien. Primero Arthur, su ropa, y ahora este desastre. Suspiró dejando su enojo atrás. Así eran sus amigos.
Volvió la mirada a los otros dos en la sala que ya estaban más calmados, obviando alguna que otra miradita de rencor o gesto grosero.
Era mejor dejar de lado la estúpida patata y sacar otro tema – A todo esto ¿Qué haces aquí petit Lovino?
- El bastardo me invitó - respondió de mala gana el italiano. Al parecer seguía enojado con el mundo.
- Si, el bastado lo invitó - recalcó el albino ganándose una mirada de sorpresa de todos los presentes. Antonio porque no estaba acostumbrado a que otra persona aparte de Lovi lo llamase así. Francis porque no esperaba una respuesta como esa de Gilbert. Y Lovino, pues, más que asombrado parecía un poco dolido - ¡No me miren así! Nunca deberías haberlo invitado Españolete, ¡Mira lo que hizo! - exclamó señalando todo a su alrededor.
Hubo un silencio bastante incómodo luego de eso. Sólo se escuchaban sus respiraciones.
De repente el italiano dejo escapar una risilla dolida, sobresaltando a los demás.
- Tiene razón, no debería haber venido. - Y con eso se dirigió hacia la puerta y desapareció dando un fuerte portazo.
- Lovino - susurró el ojiverde. Todo había sido su culpa. Si no hubiera traído a Lovi, nada de esto habría ocurrido. Tenía que arreglar las cosas. No le gustaba cuando su otra mitad estaba triste, y menos cuando él estaba involucrado.
"Aunque. ."
Dirigió su mirada desde la puerta hacia los ojos rojos de su amigo.
Gilbert se quedo estático. Nunca Antonio le había dedicado una mirada tan cruda.
Cierto es, que apenas pronunciada su acusación, se había arrepentido. Estaba tan enojado con el pequeño italiano por haber despreciado a su tubérculo favorito que, bueno, no pensó bien el peso de sus palabras. Y ese matiz en los ojos de su amigo ahora, no era nada asombroso. Sabía que les debía una disculpa a esos dos.
"Esta vez haz metido la pata hasta el fondo, señor asombroso". Ni su propia conciencia se apiadaba de él. "Scheiße"
Fueron sólo unos segundos de tensión absoluta durante los cuales Francis observaba el piso como si fuese la cosa más extraordinaria que sus ojos habían visto nunca, porque enseguida el castaño se hecho a correr para alcanzar al italiano.
Francis suspiró nuevamente. Ese día lo había hecho mucho, pensó.
- Necesitas muchas lecciones de tacto mon ami - dijo para romper el silencio. Pensaba regañarlo por lo ocurrido pero con esa mirada de Antonio consideraba que Gilbert había tenido más que suficiente. Tenía una cara de perrito abandonado, las manos en los bolsillos de su pantalón roto, y la mirada fija en el piso.
"Tú y tu corazón blando, Francis."
- ¿Me ayudas a limpiar este desastre? Seguramente Antonio tarde un poco en regresar – Fue lo único que se le vino a la mente para sacar de ese estado vegetativo a su amigo. El prusiano tardó en responder pero justo cuando el rubio pensaba que no lo había escuchado, asintió de manera casi imperceptible comenzando a levantar cosas del piso. Parecía que no iba a decir nada en todo lo que quedaba la noche, hasta que los ojos rojos se cruzaron con los azules por primera vez desde que Francis había vuelto de su cita con el Inglés.
Una sonrisa maliciosa se dibujó en el rostro pálido al ver las fachas de su amigo francés. Justo él, que siempre alardeaba sobre ser elegante y bien vestido, ahora, bueno...
- Pareces un pollo mojado.
Francis ya había olvidado el estado en el que se encontraba. Cortesía de su amour anglais. Dejó salir el aire en señal de resignación y calma interna. Su vida se resumía en suspiros.
"Paciencia, nunca me faltes"
… Continuará
¿Gilbert arreglará las cosas? Quizás :O
¿Antonio alcanzará a su Cuchurrumín italiano? Probablemente u.u
¿Francis podrá sacar las manchas del sofá? Dios quiera que sí.
¿Los lectores nos perdonarán por haber tardado tanto en subir el capítulo? Esperemos que si D:
¿Actualizaremos antes de año nuevo? Nadie lo sabe, aunque trataremos que sí.
Desde ya les desamos feliz navidad a todos los que nos siguen en nuestra historia. Los amamos por eso :'D
¡Te leo! ¡Nos leemos!... reviews? :3
