CAPÍTULO III
"Cuando un Santo llora"
Campiña francesa, cerca del refugio de la difunta Saori Kido.
Joven, vigoroso, poderoso… pero con el espíritu destrozado. Seiya estaba sentado al pie de un enorme árbol. Entre sus brazos, sostenía el cadáver de Saori, encarnación de Atenea. Sus tibias lágrimas recorrían sus mejillas y caían dolorosamente sobre el rostro de Saori. Cuando eso sucedía, él se las limpiaba con la mano dulcemente. Ella acababa de ser asesinada frente a sus ojos sin que él pudiera evitarlo, pero en realidad sentía que ella no era el cadáver, sino él mismo. Su diosa, su guía, su amiga… su amor yacía en su regazo, tan pálida, tan hermosa y tan frágil como una flor arrancada de la tierra.
Saori… Atenea, por favor, abre los ojos…- sollozaba, acariciándole el cabello. No podía odiar a Zeus o a Hermes. No podía seguir preguntándose por qué había luchado contra dos guerreros que se autoproclamaban santos del pegaso y del cisne. Nada de eso importaba. Sólo podía ser consumido por las llamas del dolor.
Alguien llegó corriendo a toda velocidad. Seiya ya se había dado cuenta de que esa persona venía, pero le daba igual si era o no un enemigo, en el fondo, deseaba haber muerto en esa batalla contra Kyros y Talos. El viajero finalmente se detuvo, sin poder disimular su sorpresa por lo que veía.
No puede ser…- dijo Shaina de Ofiuco al verlos.
¿Shaina?- preguntó Seiya, con ojos vacíos.
¿Ella… está…?
Sí. Ha muerto. Llevo una hora tratando de hacerla despertar… una maldita hora y ella simplemente… no se mueve ni respira. No lo entiendo, ¿sabes? Ella… es Atenea, es una diosa ¿Cómo puede estar muerta?
Pero… ¿cómo pasó? ¿Quién hizo esto?.
Estos puños…- continuó Seiya sin responder a la pregunta – se supone que con estos puños puedo rasgar los cielos y abrir la tierra… ¡¿Por qué diablos no puedo revivirla?!
Shaina se quitó la máscara, no podía ocultar su rostro ante el hombre que siempre amó, no en este momento de dolor. Ella también derramaría lágrimas por Atenea, no lo dejaría solo. Se sentó junto a Seiya y poniendo su mano en el hombro de su camarada, le preguntó nuevamente que quién había asesinado a Atenea. La respuesta la paralizó por completo…
Fue Zeus. Fue su padre, el rey del Olimpo…
¿Qué…?
Así es – dijo una voz cerca de ellos. Shaina, movida por la sorpresa, se incorporó y miró en la dirección de la que provenía la voz, Seiya ni se inmutó. Un hombre de cabello largo, negro y rizado, vistiendo una majestuosa armadura, coronada por un cuerno de color marfil en el casco, se acercaba caminando.
¿Quién eres?- le preguntó Shaina, en actitud desafiante, porque el guerrero le daba mala espina.
Si tanto deseas saberlo… Aristocles de Unicornio.
¡¿Qué?! ¿Unicornio? Eso no es cierto, Jabú es el santo de unicornio ¿Cómo te atreves a robar el título de otro santo, impostor?
¿Jabú? ¿Te refieres al pobre diablo que llevaba esta coraza?- le respondió, mostrándole el casco de Jabú quebrado. Shaina se estremeció al verlo, porque eso sólo podía significar una cosa…
¿Qué le has hecho?
Si te hace sentir mejor, el muy cabeza dura peleó valerosamente, incluso cuando su cuerpo ya estaba destrozado, siguió levantándose. Si yo hubiera sido un humano como él, tal vez me habría dado serios problemas, pero debo decir que fue una lucha aburrida, lo maté fácilmente…
Shaina se tapó la boca, horrorizada. Ahora podía ver que el casco de Jabú estaba ensangrentado. Seiya alzó la vista, pero no parecía verse afectado por lo que Aristocles les decía. Shaina, lentamente, volvió a colocarse la máscara. Sabía que ese hombre no había venido sólo para conversar.
Vienes a matarnos, ¿no es así?
Aristocles sonrió y asintiendo con la cabeza, le respondió: - Desde luego, mujer. He venido a terminar el trabajo. Ahora que Atenea está muerta, no tiene sentido que uds. sigan existiendo, ¿o sí?
De acuerdo, seré tu oponente. Pero antes quiero que me digas una cosa.
Lo que desees, lo consideraré tu última voluntad.
Quiero que me digas realmente quién eres y quiero saber por qué han asesinado a Atenea.
Hmm… responderé a tu primera pregunta ahora. La segunda sólo la responderé si me derrotas, aunque eso es imposible… Como te dije, soy Aristocles de Unicornio. Alguna vez fui un santo de Atenea y soy un semidios…
¿Un semidios? ¿Acaso eres hijo de un dios y un humano?
Así es, como sabrás, con frecuencia los dioses se enamoraban de algún mortal y llegaban a intimar con ellos. Nosotros, los semidioses somos el producto de esa unión. Cuando Atenea, luego de pedirle a Zeus que la designe protectora de la tierra se encarnó, eligió a los mejores guerreros de la antigüedad, que por supuesto éramos nosotros, los semidioses. Dotados de una gran fuerza y poder y sin ninguna debilidad, a diferencia de uds., los frágiles humanos.
"Si es un semidios… seguramente es muy poderoso. Esta no será una batalla fácil", pensaba Shaina mientras lo escuchaba.
He respondido tu pregunta, mujer, ahora, quiero ver si puedes sacarme la otra respuesta…
Shaina se preparó para luchar. No le importaba si sufría el mismo destino que Jabú, no permitiría que este asesino le pusiera un dedo encima a Seiya. Sin dudarlo, se lanzó al ataque con su Garra del trueno. Aristocles simplemente esperó a que ella llegara y le asestara el golpe, rodeándolo de potentes relámpagos. Pero aunque el golpe dio de lleno, el cuerno de la armadura divina del Unicornio parecía absorber la energía de Shaina. Ella se percató de eso y detuvo su ataque, echándose hacia atrás en postura defensiva.
¿Y qué se suponía que debía suceder, mujer? ¿Todos tus años de entrenamiento dieron… este fruto? En verdad uds. los humanos son patéticos- se mofaba Arsitocles, mientras alzaba las manos y exclamaba: ¡JUICIO CELESTIAL!
Un relámpago salió del cuerno de la armadura y envolvió a Shaina en una dolorosa sacudida de voltaje que la hizo caer adolorida. Seiya no quitaba la vista de encima del rostro de Saori. Parecía como si los dos estuvieran muertos. Shaina veía ese cuadro y sentía que sus heridas nada significaban al lado del dolor de Seiya. Se puso en pie y se lanzó a la carga nuevamente, pero usando sus habilidades de guerrera en lugar de su cosmos. Cientos de patadas y puñetazos aterrizaban en distintas partes del cuerpo de Aristocles, quien no se movía ni un centímetro, como si los violentos golpes de Shaina no significaran nada. Llevó su puño derecho hacia atrás y moviéndolo apenas golpeó a Shaina en el rostro, haciendo añicos la máscara.
Un moretón se dibujó en el pómulo derecho de la guerrera de plata, mientras un fino hilo de sangre brotaba de la comisura de sus labios. Pero ella no parecía rendirse. Aristocles estaba maravillado de la fiereza de esta mujer.
En verdad, tu espíritu de batalla está al nivel del de un hombre, mujer. Debo admitir que me causa admiración cómo soportas el castigo por este hombre. Pero no puedo perder más tiempo, el siguiente será el golpe definitivo.
Shaina no sabía qué más hacer. Su mejor técnica no funcionó contra este santo de unicornio y el cuerpo ya no le respondía. Así que solo se irguió y extendió los brazos, como dispuesta a recibir el golpe de gracia para proteger a Seiya. Aristocles extendió su mano derecha. Le apuntó y con voz gentil le dijo: - En verdad eres una guerrera formidable… ahora, ¡muere!
Un veloz rayo dorado salió de la palma de su mano, pero cuando este iba a golpear a Shaina, un hermoso coral se formó entre ellos dos, desviando el ataque, el cual causó una gigantesca explosión a lo lejos. El mismo coral rodeó a Aristocles, quien no podía ocultar su sorpresa.
Qué… ¿un coral? ¿Qué significa esto? – se preguntó Unicornio, mirando hacia donde se encontraba Shaina. El coral que había servido de escudo se disipó, revelando la bella imagen de una sirena. Pronto, el espejismo también se esfumó, mientras sonaba un hermoso canto. Finalmente, la misteriosa salvadora reveló su forma y su identidad:
Tetis, marina de Poseidón ¿Te molesta si interrumpo?- le dijo, sonriendo con su rostro angelical…
