CAPITULO 3

-Sin salida-

Los tres abrieron los ojos y se miraron al comprobar que la desaparición no había tenido éxito. Las preguntas comenzaron a brotar entre ellos a pesar de que no tenían las respuestas. Había una razón por la cual no se habían podido ir de allí. Se preguntaban si era porque no habían llegado al sendero. ¿Acaso por eso les habían dicho que desaparecieran específicamente en ese camino?, ¿el bosque les impedía irse sino lo encontraban? Todas esas cuestiones fueron surgiendo mientras se miraban fijamente y hacían muecas para darse a entender que ninguno lo sabía con certeza.

Anni inmediatamente dejó escapar unas lágrimas sin poder resistirlo. Hasta el momento había aguantado pensando que ellos habían sido los descuidados, pero todos los indicios apuntaban a que algo sucedía. Andrew y Chloe no se rendían y seguían tratando de desaparecer, aunque cada vez parecía más imposible.

- No lo entiendo. ¿Por qué no podemos desaparecer? ¿Acaso alguno está pensando en otro destino? -preguntó Chloe mirando a sus amigos.

- ¡Claro que no! Además eso no evitaría que desapareciéramos los tres, sólo haría que esa persona apareciera en otro lado -respondió el mago de ojos verdes mirando fijamente a su amiga, que le devolvía la mirada dándole a entender que tenía razón.

Se quedaron pensando, como esperando a que las respuestas llegaran por sí solas, pero cada explicación que se les ocurría resultaba más incoherente que la anterior. Al cabo de unos minutos, Andrew revolvió su mochila para sacar un pedazo de pergamino. Al parecer no había limpiado muy bien su bolso después de haber terminado la escuela. Miró a sus amigas para ver si entendían lo que iba a hacer.

- Le enviaré una carta a mi padre. Hemos establecido este tipo de comunicación muy eficaz. Es un hechizo simple -les explicó con una leve sonrisa- Aunque debo admitir que de vez en cuando uso a mi lechuza Timmy para que no pierda la costumbre -continuó hablando mientras sacaba su varita y apuntaba al pergamino. Al mismo tiempo que recitaba el encantamiento iban apareciendo unas palabras algo desprolijas pero que se entendían claramente.

"Estamos aún en el bosque y no podemos desaparecer. No sabemos por qué pero no encontramos el Camino. Necesito que vengas a buscarnos. Andy"

Concluyó la carta a sabiendas de que a la hora de encontrarlos podrían recibir un gran regaño por andar merodeando en el bosque. A pesar de haber intentado salir de allí de todas maneras sus padres iban a pensar que habían estado investigando el lugar. Cuando terminó, hizo un segundo movimiento con su varita, el pergamino se enrolló perfectamente y desapareció dejando el rastro de una voluta de humo rojiza.

Pero después de pensar aliviados que la ayuda llegaría pronto, un grito de exclamación resonó en el lugar al ver que el mismo pergamino que habían enviado como carta había reaparecido en el suelo. Con un estallido la hoja se prendió fuego y se convirtió en cenizas, al igual que las ramas que habían encontrado metros atrás.

Las maldiciones e insultos salieron de la boca de los chicos, al igual que algunas lágrimas más del rostro de Anni. Ahora sí estaban convencidos de que algo pasaba. Se limitaron a observar cómo las cenizas se iban desparramando por el césped gracias a la brisa que se había levantado cada vez más fría. El sol había llegado a un punto en el cual no lograba iluminar más, haciendo que el cielo se volviera de un azul oscuro y las primeras estrellas aparecieran para brillar por el resto de la noche. Una lechuza atravesó sus cabezas, ululando. Eso hizo que los chicos salieran de su ensimismamiento. Ninguno sabía qué decir.

- ¡No me digan que tenemos que pasar la noche aquí! -exclamó Anni con un grito observando el cielo, dándose cuenta en ese instante de que la tarde se había pasado muy rápido.

- No quiero apresurarlas chicas pero nos quedan dos opciones siendo que una tercera, irnos de aquí, se nos acaba de esfumar. O caminamos por todo el lugar para tratar de encontrar el sendero o nos quedamos aquí ideando un plan, aunque nos puede llevar toda la noche ya que no podemos emplear magia para desaparecer -dijo Andrew recordando lo del pergamino; incluso estaba seguro que si intentaban desaparecer hacia al sendero tampoco lo lograrían.

- ¿Aquí? ¿Solos en medio del bosque? -preguntó Anni.

- No queda otra alternativa. Es eso o deambular por el bosque. Creo que lo mejor es quedarnos aquí. Tal vez a la mañana podamos retomar el regreso con más luz y tiempo -propuso Chloe consciente de los regaños que iban a recibir al no llegar a su casa en ese preciso momento. Andrew la miró para hacerle saber que apoyaba lo que había dicho. Al fin se habían puesto de acuerdo para evitar perderse aún más. Lo más sensato era quedarse donde estaban para pasar la noche. Seguían sin comprender por qué no podían desaparecer ni encontrar el sendero pero era mejor no andar caminando de noche por un bosque.

Andrew guió a sus amigas cerca de dos grandes árboles que crecían casi juntos; allí podrían refugiarse de la brisa fría. El chico dejó su mochila sobre las raíces sobresalidas y apuntó con su varita hacia unas ramas como las que había encantado cerca del lago para jugar, pero esa vez era para que se agruparan entre sí, sobre el césped, cerca de donde estaban. Con una segunda floritura y un "Incendio" que murmuró logró crear una fogata que inmediatamente hizo que todo se iluminara e irradiara calor.

Eso parecía agradarle a Anni, la más sensible de los tres, ya que se acercó al fuego, puso su mochila al lado de la de su amigo y se sentó, rebuscando dentro de su bolso. Realizó algunas muecas al ver lo poco que había quedado del picnic.

- Sólo tenemos una botella de jugo y algunas de las galletas que traje -expresó mientras sacaba todo. Su amiga se quedó escuchándola pero se apoyó con la espalda en uno de los troncos de los árboles; por momentos miraba a su alrededor vigilando su entorno. Tenía una mano dentro del bolsillo de su túnica aferrada a la varita por si la necesitaba, aunque estaba consciente de que sólo se trataba de aquella sensación rara, como si alguien estuviera en la oscuridad observándolos.

Cuando el cielo quedó completamente negro y lleno de estrellas que centelleaban intermitentemente, la luna hizo presencia para dar el toque final al lugar. Las sombras que permanecían detrás de los árboles, de las rocas y de los mismos chicos parecían vigilantes del bosque, criaturas que merodeaban por el lugar. Todo estaba iluminado por un color blanco azulado, excepto el círculo amarillento que brillaba gracias a la fogata. Los tres amigos se fueron abrigando con las cosas que tenían en sus mochilas, aunque no eran suficientes ya que habían llevado sólo lo necesario para una brisa suave, semejante a la que había recorrido Tharbad aquella tarde.

- Si hubiéramos estado con más personas, con una carpa y sabiendo que teníamos que quedarnos de antemano, les aseguro que esto sería diferente -confesó Andrew mientras miraba a su amiga Chloe que había abandonado el tronco del árbol y se unía a ellos, alrededor del cálido fuego. Ésta se sentó y se frotó las manos para que se le calentaran un poco.

- No le agradará nada a mi madre. Se los aseguro. Creo que tendré que ir despidiéndome de la reunión que planeaba hacer en casa. ¿No creen? -preguntó Anni, cabizbaja, mirando al suelo.

- No digas tonterías, Ann. Tu padre supone que estás en mi casa. Sólo tenemos que asegurarnos de que mi madre siga sin decir nada, como las veces anteriores -contestó Chloe mirando a su amiga. Ya habían pasado muchas situaciones en las cuales su casa había brindado la excusa perfecta para poder realizarlas sin problemas, y ellas no habían sido las únicas protagonistas de tales planes. Andrew había tenido que unirse a ellas ya que la madre de Anni parecía confiar mucho en él a pesar de que lo había visto unas dos o tres veces en persona; el chico suponía que era por el simple hecho de que su amiga hablaba buenas cosas de él para hacerlo quedar bien. Aunque ellas no se dieran cuenta, ese tipo de acciones hacían que realmente se sintiera responsable de las brujas.

- Éste sería un buen momento para tener uno de los banquetes de Hogwarts, ¿no creen? -exclamó Andrew y las chicas asintieron con una sonrisa- ¿Se acuerdan la vez del banquete, en nuestro segundo año, cuando nos alarmaron de aquel trol en pleno Halloween? -recordó el chico mientras nuevamente ellas aprobaban con un gesto de su cabeza y comenzaban a reír entre sí. A pesar de que el Gran Salón había sido un caos la gracia había estado en que Anni, sabiendo dónde se encontraban las cocinas, había ido a refugiarse allí para luego poder terminar de comer. Como muchas veces, había llegado tarde al banquete y todo había sucedido cuando ésta recién empezaba a comer, justo en el preciso momento en que el Profesor Quirrell alarmaba a todos sobre la entrada de la bestia.

Su conversación había hecho que, gracias a las risas, se distrajeran un poco. El fuego crepitaba mientras Chloe tomaba unas ramas y las lanzaba dentro de las llamas. Por su parte Anni tomaba unos sorbos de jugo de calabaza a la vez que los ojos verdes del mago se posaban fijamente en la oscuridad del bosque, pero suponiendo que había divisado alguna sombra de algún árbol siguió hablando con sus amigas.