Disclaimer: Uta no Prince-sama y sus personajes no me pertenece, sino a Broccoli sólo los uso con fines de diversión.
Pareja: FemOtoya x FemRanmaru
Advertencia: Yuri, quizá clasificado como T+ (no pasa nada pero mejor avisar?)
Summary: Lo que parecía ser un pésimo viaje, terminó con una linda sorpresa.
AGUAS TERMALES
Ese día se suponía que fuera genial y divertido. Cuando su senpai le dijo con su típica alegría que tendría un trabajo promocionando un hotel tradicional a las afueras de la cuidad, ella estaba muy emocionada.
Y la verdad ni el lugar ni el trabajo habían sido malos, el problema era que no lo había hecho sola. En cuanto llegó al lugar entendió porque Rei le había dicho que había una sorpresa para ella en ese trabajo mirándola de forma pícara.
Debía hacer el trabajo y también pasar la noche en el lugar con Ran.
Decir que luego del largo día Otomi se sentía agotada era poco. Ella era bastante animada y alegre pero el estar con una senpai tan fría y también un tanto aterradora había sido demasiado. Si bien se sentía afortunada de trabajar con la albina, también se sentía intimidada por su indiferencia.
Lo peor había sido cuando decidió que necesitaba relajarse y entró a ducharse. Sorpresa la suya cuando, mientras se limpiaba antes de entrar a las aguas, la de ojos heterocromos entró también y se le quedó viendo por unos segundos.
—¿Quieres que te lave la espalda? —ofreció la albina y arqueó una ceja al ver la reacción de pánico en la pelirroja.
—S-¡si!—casi gritó por la impresión y el no saber qué hacer en esa situación.
Se paralizó cuando la sintió detrás de ella, pasando suavemente la esponja por su espalda desnuda. Pero sintió que su alma abandonaba su cuerpo cuando fue su turno de ayudarla, ver la pálida y tersa piel de la mayor, las perfectas curvas que poseía y los cabellos que se escapaban del moño en que había recogido su largo cabello la habían dejado muda e hicieron muy torpes sus movimientos.
Los minutos en el agua fueron otra tortura pues no sabía qué decir, y Ran no parecía dispuesta entablar una conversación, incluso pensó que se había quedado dormida. Se levantó para moverla pero al verla abrir los ojos decidió que lo mejor sería salir de allí.
En la noche no podía dormir, se sentía mal por no haber aprovechado la valiosa oportunidad de acercarse a la senpai que la había atraído desde que la vio, Otomi no era tímida y torpe para hablar con alguien pero en su presencia no podía controlarse, hasta ese punto le gustaba y asustaba Ran.
Salió a dar un paseo para despejar un poco su mente y fue a dar a uno de los jardines del lugar. Allí escuchó un ruido que llamó su atención, un maullido y una delicada risa.
Con curiosidad se acercó y se quedó congelada ante lo que vio.
Su atemorizante senpai estaba de cuclillas, cargando un pequeño gato que se estaba frotando en la sonrojada mejilla de la albina quien portaba una mirada dulce y alegre.
Ran estaba encantada con el minino y Otomi no podía apartar su mirada de ella. Era la primera vez que miraba ese lado de ella.
—Senpai...
El susurro que salió de sus labios fue escuchado por la albina quien se levantó a gran velocidad y la miró con pánico. El silencio se hizo y Otomi estaba segura que estaría aterrada de la mirada que le dirigía la mayor de no ser por su encantador sonrojo y el gatito que seguía en sus brazos.
—N-no le digas a nadie —exigió la albina pero desviado su mirada, tratando de ocultar su colorado rostro.
Esa tierna expresión drenó todo el miedo que Otomi pudo albergar hacia Ran. Se dio cuenta entonces que ella no era un ser insensible e inalcanzable, aunque a sus ojos sólo se volvió aun más hermosa.
—Eres muy linda —lentamente dejó de lado sus miedos pudiendo ser como realmente era.
—¡No soy linda! —reclamó pero al ver que el gatito se asustó, se puso nerviosa al tratar de calmarlo.
La risa de Otomi rompió el silencio de la noche, su característica sonrisa volvió a su rostro, ahora que había visto ese lado de la senpai, en definitiva no podría volver a temerle ni alejarse de ella.
