"Capricho"

Advertencia: Lemon

Los siguientes días en la residencia con Kanon no fueron muy diferentes, empezaba a crearse una cómoda y relajante rutina, por las mañanas Milo tenía tiempo de estar sola y lo aprovechaba para meditar, ejercitarse, salir a conocer el barrio, por las tardes convivía con Kanon, no conversaban demasiado, el geminiano no era muy comunicador y ella tampoco, pero contaba el ver la tele juntos y que le enseñara a jugar al Poker, solicitud que le hizo cuando supo que antes solía organizar partidas en su departamento, Milo esperaba participar en algún momento de alguna, aun que éste le asegurara que sus compañeros no admitirían mujeres.

Claro que la monotonía no podía durar demasiado, a Milo no le gustaba la rutina, no era amante de la tranquilidad, del estar quieta, posiblemente por eso acabó notando detalles que antes se le pasaban por alto, cosas que siempre estuvieron ahí, y cuando lo hizo ya no las pudo pasar por alto.

Y todas eran referente a Kanon.

Su cabello, con ese flequillo tan particular, su perfume, tan masculino, el timbre de su voz… grueso… cuando le hablaba y la tomaba desprevenida le erizaba la piel, sus ojos incisivos, escudriñadores, misteriosos, de ese hermoso tono jade.

Y el efecto que causaba en ella alcanzó niveles peligroso una mañana de Domingo, cuando Milo estaba teniendo su tercer round con la lavandería.

Se había levantado temprano con la idea lavar toda la ropa, Kanon había salido temprano a correr así que no debía preocuparse tanto por mantener el silencio, cargaría la máquina y luego se encargaría de la casa, después de todo el gemelo no tenía empleada doméstica, un asunto que le había sorprendido, así que mientras vivieran juntos y estuviera sin empleo le ayudaría en lo que pudiera, la hacía sentir menos inútil.

Estaba cargando el jabón, ya había aprendido a dosificarlo, cuando su compañero entró por la puerta.

"Espera, no la enciendas" Milo se sobresaltó, no lo había escuchado llegar, no se acostumbraba a la ausencia mutua de cosmos que detectar.

Pero ahí estaba Kanon, agitado por la carrera que acababa de terminar, con una músculosa y pantalones largos de algodón, todo su cuerpo perlado por el sudor.

"¿Qué pasa?"

"¿Es ropa blanca?" Le preguntó aún acelerado.

"Eh… sí"

Ante la mirada estupefacta de Milo se quitó la prenda de arriba, secó su rostro y la metió dentro de la lavadora.

La chica se quedó paralizada, sus ojos escanearon ese torso de arriba abajo como cinco veces en dos segundos… No era la primera vez que veía a un hombre sin camisa… venía del santuario, era más difícil verlos con ropa entrenando bajo el sofocante sol… pero nunca había visto un pecho así de… perfecto, ese vientre tan bien definido, cada músculo marcado, esos pectorales que sobresalían…

Cuando Kanon le puso atención compuso de inmediato su postura, aunque seguramente no pudo desaparecer el rubor que debía tener en su cara la que le estaba ardiendo.

"Espero no estés por meter también tus pantalones" Trató de ocultar sus pensamientos con un sarcasmo que hizo sonreír de manera extraña a Kanon, siempre le daba la impresión de que él se daba cuenta de más de lo que le decía, era un hombre extraño.

"No, no seas tonta, son negros, se mancharía la ropa" Le respondió como si ese fuera el verdadero impedimento.

Milo murmuró un insulto aunque estaba más apenada que enojada y se posicionó de nuevo frente a la lavadora, para programarla cómo le había enseñado el geminiano.

"Espera"

Otra vez le pedía que esperara, ¿Qué quería ahora?

Todo el aire de Milo se escapó de sus pulmones cuando sintió a Kanon detrás suyo, su pecho desnudo casi rosándole la nuca. Se hubiera volteado pero lo menos que quería era verlo a los ojos, toda su concentración estaba dedicada a lograr no temblar, y fracasó cuando él se movió, sacudiéndola un poco, se extendió para tomar un paquete que estaba delante de ella, dejándola atrapada entre sus brazos sin proponérselo.

"Ponle suavizante"

"Esta… bien"

Cuando la soltó y se alejó Milo esperó a que estuviera lo suficientemente lejos para soltar un largo suspiro.

Pero ese fue solo el principio de los momentos embarazosos, muchos similares se dieron las siguientes semanas, cuando lo cruzaba saliendo del baño con solo una toalla, o lavando la camioneta… de nuevo descubierto, los ojos de Milo parecían no querer dejar de mirar, y permitirse hacerlo se volvió cada vez más natural para ella, pues llegó un punto en que comenzó a preguntarse… ¿Y por qué no?

Era joven y no tenía ningún compromiso con nadie, ni ningún tipo de plan, debía estar pensando en sus planes a futuro en un ámbito laboral… pero su cerebro lo estaba postergando por planificar algo que encontraba más urgente y vital… su vida sexual.

Milo había encontrado la muerte sin conocerla, no porqué fuera célibe o un ser asexuado… era una amazona, se suponía que de llegar a ese punto con un hombre sería el único, el apropiado… y durante toda su juventud ese fue Camus… aunque el mismo Camus nunca se enteró.

Ahora que estaba viva de nuevo no consideraba sabio pasar por el purgatorio una vez más, si deseaba tener relaciones sexuales… ¿Por qué no hacerlo? Al menos sabía que Kanon la encontraba atractiva, lo sabía porque también lo había sorprendido mirándola más de la cuenta, aún que él no hacía nada para disimularlo, cuando lo descubría solo le regalaba una sonrisa pícara antes de regresar su atención a lo que fuera que estaba haciendo antes, su notebook o la misma televisión.

Sí, el interés era mutuo, el problema para Milo radicaba en concretarlo, su falta de experiencia lo complicaba todo, ¿Cómo le decía a un hombre que quería tener sexo con él? No se imaginaba yendo a planteárselo de manera directa, le parecía absurdo e incómodo, por lo que imaginó que debería empezar a dar algunas señales.

Por eso los siguientes días buscó estar más cerca de Kanon, algunos roces accidentales, recargarse en su hombro, pequeños detalles para que él pudiera entender que tenía su aprobación para dar el siguiente paso, pero sin embargo eso no pasó.

Una noche pensó que estaba siendo poco directa y quizás algo cobarde, la timidez no era lo suyo, por lo que fue un poco más allá de lo que se había planteado y lo besó. Llevaban dos horas muy pegados en el sillón, el brazo de Kanon la rodeaba por la cintura, la oscuridad y tranquilidad de la película la tenían un poco adormecida, por lo que cuando dio un bostezo él se inclinó a mirarla para preguntarle si quería ir a dormir, Milo tardó en responder y Kanon siguió observándola, quizás fuera el brillo particular de sus ojos, la mirada gentil que tenía esa noche, su aroma fresco tan cerca de su rostro… o las cervezas que había ingerido, pero en vez de contestarle Milo se movió un poco, lo suficiente para desaparecer los centímetros que los separaban, y le plantó un beso.

A continuación todo pareció salir como lo tenía planeado, Kanon le había respondido con entusiasmo y la apretaba con algo de fuerza contra su cuerpo, su lengua estaba dentro de su boca y el vientre de Milo estaba en llamas… las que se fueron apagando cuando tras besarse varios minutos… Kanon la soltó, le acarició el cabello y sugirió que fuera a descansar.

De no haber estado tan desconcertada Milo lo habría mandado al demonio.

Estuvo molesta con él dos días, aunque el geminiano no parecía darse por enterado, su mohín y ceño fruncido solo lo hacían sonreír más con ese toque de malicia que siempre tenían sus dichosas sonrisas, lo que exasperaba más a Milo, quien ya para el día tres decidió que era hora de dejar de estarse con vueltas e ir al grano.

Esa mañana se unió a Kanon cuando salió a correr, ella solía hacerlo más tarde, pero intencionalmente optó por hacerlo a la misma hora, trotaron hasta el parque y hasta compitieron en velocidad, allí lo dejó ayudarle a hacer algunos abdominales y flexiones, Milo llevaba una musculosa ajustada roja que no cubría su ombligo y una calza corta negra con franjas rojas a los costados, además de su cabello rubio recogido en una coleta alta, con solo dos mechones cayendo a los costados del rostro.

La mañana era calurosa, ambos regresaron al hogar acalorados y con urgencia de hidratarse. Mientras Milo recargaba su botellita de agua vio a Kanon tomar rumbo al cuarto de lavado, de nuevo era Domingo y habían dejado ahí una pila que los esperaba, ese detalle le dio una idea y armándose de valor fue detrás de él.

"¿Qué vas a hacer?" Le preguntó, aunque ya lo sabía, pues nuevamente se había quitado la playera.

"Voy a poner una carga que se vaya lavando mientras me baño"

"¿Ropa blanca?"

"Sí" Le respondió distraído mientras revisaba el cesto de la ropa sucia "¿Por qué? ¿Tienes más?"

"Sí, ahí te la paso"

Kanon se giró a tiempo para ver como la joven se empezaba a levantar el top.

"Ese… es de color"

Fue el turno de Milo de sonreír mientras lo arrojaba lejos y le rebelaba su corpiño blanco.

"Pero éste no" Llevó ambas manos a la espalda y ante la mirada incrédula del mayor se lo desabrochó liberando sus senos. Pese a su expresión pícara las mejillas de Milo denunciaban lo apenada que estaba, pero eso no evitó que caminara hasta él y se lo ofreciera, la sonrisa de Kanon había desaparecido y por unos segundos solo la observó acercarse paralizado y con la boca ligeramente abierta, y cuando Milo empezó a preguntarse internamente de haber cometido un error se encontró estrellándose contra ese fuerte pecho, siento apretujada con fuerza por su desnuda figura, besada con unas ansias que robaron todo su aliento y la hicieron llegar a forcejear por oxígeno. Había despertado a una bestia hambrienta y ella era el bocadillo esa mañana.

Sin dejar de besarla, las grandes manos de Kanon se pasearon por su espalda, dibujándole con la yema de los dedos su columna, desde la base hasta escalar por los pequeños hombros.

Cuando soltó sus labios la giró contra su cuerpo, pegándola a su pecho, le apartó el cabello a un costado para poder besarle la mejilla, cuello, mientras sus manos escalaban por la delgada cintura y se aventuraban directo a los atrevidos que habían provocado toda esa situación, ese precioso busto, amplio, bien formado, suave y cálido, cuando Kanon presionó sus senos Milo emitió un lastimero gemido que hizo que la sangre del mayor ardiera aún más y le acariciara con más ansiedad, además de que la joven se percatara de algo rígido que comenzaba a clavarse en su cadera haciéndola temblar, había sido más fácil imaginarlo que vivirlo, pero no pensaba dejarse amedrentar, por eso ladeó su rostro, interrumpiendo la exploración de Kanon para buscar su boca, comenzando un nuevo beso, uno más pausado, pero igual de intenso, y en otro arrebato de valentía llevó una de sus manos atrás, acariciando el vientre definido de su compañero y descendiendo con lentitud hasta colarse debajo de su pantalón.

Apenas había llegado a tocarlo, a sentir esa suave dureza, cuando la mano de él la detuvo violentamente y la apartó, obligándola a quedarse quieta, Milo se sintió consternada por esa actitud.

"Pero… quiero… tocarte yo también" Se justificó con un tono que ya rayaba en el berrinche, considerando injusta su actitud, en respuesta Kanon le bajó un poco la ropa inferior, antes de girarla una vez más y sentarla sobre el lavarropas, donde siguió desnudándola.

"No es buena idea…" Le aseguró antes de volver a besarla

Milo hubiera discutido un poco más, pero esos labios seguían robándole el buen juicio, tomar un rol activo pasó a segundo plano, cuando Kanon se acomodó entre sus piernas ella se abandonó en sus expertas manos, y dejó que hiciera lo que quisiera… fue lo mejor.

Entre más besos y caricias la fue llevando aun estado de total entrega, con el que le fue más fácil acceder a su delicada zona femenina, esos dedos la tocaban con una suavidad que contrataba con la pasión que seguía siendo besada, Milo gimió contra la boca de su amante cuando experimentó los primeros espasmos de un orgasmo, el cómo su vagina se tensaba de manera placentera y humedecía. Maravillada pensó que eso había sido excelente, inigualable, pero solo era la entrada de esa deliciosa cena.

Kanon la penetró primero con sus dedos, sorprendiéndose un poco por la sorpresiva estreches y lo difícil que era hacerla ceder. La ansiedad lo consumió, y no tardó en perder la paciencia y reemplazarlos por el glande.

Milo soltó un corto alarido y le mordió el hombro por reflejo mientras temblaba, esa experiencia alejó unos momentos el placer, había sido doloroso.

"Lo siento" Le susurró el mayor mientras le frotaba la espalda y acariciaba su nuca, enredando los dedos en sus ondulados cabellos rubios, pero no se detuvo, empujó un poco más dentro de ella mientras Milo soltaba otros quejidos y se apretaba más contra él, una parte suya quería gritarle que parara, pero su voz no le obedecía, todo su cuerpo seguía rendido a lo que él quisiera hacerle, después de todo… ella se había entregado, lo había tentado y arrastrado al punto en el que estaban esa mañana.

Un hombre estaba dentro de ella, esa idea siguió sacudiéndola mientras Kanon comenzaba a moverse suavemente, ilusionándola con que saldría, aliviando la tensión solo para regresar a imponerla. Milo se sorprendió cuando dejó de desear que la abandonara, y por el contrario anheló que fuera mucho mas profundo, cuando sus quejidos de dolor se volvieron gemidos de placer, cuando su parte femenina volvió a empezar a contraerse con frecuencia, a apretar, a ponerse tan rígida que todos sus músculos se tensaron junto con ella, llevándola al límite, dejándola sin aliento, sin fuerzas, se desmoronó en los brazos de Kanon esa tarde, tras descubrir que había algo mucho más fuerte que el cosmos, más intenso que despertar el octavo sentido, y gracias a él lo había descubierto.

Le tomó varios minutos asimilarlo, recostada aún sobre su hombro, aturdida de sentirle el corazón pero sin fuerzas para cambiar de posición.

Había sido magnífico, impresionante… pero no habría quien consiguiera obligarla a decir tales palabras.

"¿Estás bien?" Le preguntó Kanon cuando ella por fin lo soltó.

Milo incapaz de hablar aún… solo asintió, y movió un poco sus adoloridas piernas para recordarle que aún... no se había salido.

Él captó el mensaje y la abandonó, abriendo sus ojos con impresión al ver en su virilidad algo más que los esperados fluidos de ambos.

Milo vio su expresión horrorizada y por un segundo pensó que acababa de caer en la cuenta que no usó la caja de condones que tenía en su cuarto, lo cuál había sido estúpido pero no le parecía tan arriesgado por ser una vez.

"¿Por…qué?" Kanon empezó a hacer una pregunta que notoriamente no supo cómo formularla.

Cuando por fin vio la sangre, Milo entendió lo que él acababa de descubrir… le pareció muy desafortunado, justo ella venía a ser de las pocas mujeres que no les rompía el himen de manera natural, no, se había roto con la intromisión de Kanon poniéndola en evidencia.

"No tiene importancia" Aseguró de inmediato, no muy consciente de lo que él estaría pensando, después de todo era una amazona, los santos eran bastante activos, hasta donde sabía, desde la adolescencia, pero las amazonas eran mas reservadas… o al menos algunas.

La pena de Milo fue en aumento al observar el miembro de su compañero, después de todo le había sido imposible hacerlo antes, el solo pensar que algo de tal grosor estuvo dentro de ella le asutó y excitó a la vez, por lo que se bajó de un salto de la lavadora, de repente le urgía salir de ahí.

"Quiero… quiero asearme" Se justificó abrazando su cuerpo ante el escrutinio de Kanon, como si quisiera cubrir su desnudes, lo cual no valía la pena, no solo porque era tarde para ello, sino porque el ex marina la estaba viendo a los ojos, buscando algo en ellos.

Al no recibir más comentarios de su parte decidió seguir adelante con su plan y retirarse de inmediato.

Entró casi corriendo al baño, asegurando la puerta detrás suyo.

Por unos instantes, mientras recuperaba la respiración, trató de asimilar lo que había hecho y las posibles consecuencias de sus actos. ¿Cómo iba a mirar a Kanon a los ojos en adelante? La idea de quedarse a vivir en ese cuarto empezó a parecerle atractiva, pero poco viable.

Hasta aquí

Ok, lo reconozco, ésta parte parece un clip porno XD pero bueno, lo tenía planeado así. Quizás Milo parezca aventada… pero… vamos, alguien que vive para proteger, una vida que sabe que será corta… tiene que aprovechar el tiempo, Milo no lo hizo en su vida pasada, sería tonto que ande de monja por ahí, tiene 20 años y tiene curiosidad XD, el tema es que no previó las consecuencias, en fin, ya está la 4ta parte, la subo en breve.