Dulces Sueños
CAPÍTULO 3: Despertar
Su penetrante mirada lo estaba matando. Sabía que debía apartar su brazo, pero no lo hizo. Prefirió seguir sujeto a aquella mano implantada que comenzaba a señalar su muñeca.
De igual modo, Ed no hizo movimiento alguno. No por temor a cual fuese la reacción del coronel sino porque simplemente, estaba petrificado.
Ambos advirtieron al mismo tiempo que el otro había descifrado aquella frase que tan oculta hasta el momento, flotaba por sus cabezas. Cortaron sus respiraciones y Roy encontró particularmente delicioso el sonrojo en las mejillas del rubio, que no dudo en desviar su rostro hacia otro lugar.
- ¿Te averguenzas?
- No…
- ¿Entonces? -insistió Roy sin despegar su mirada del chico-.
- Me compadezco de mí mismo por el tiempo que he perdido.
- Un hombre nunca se lamenta por la oportunidad malgastada. Sino que intenta volver a hacerla posible.
- Pero eso… nunca sucederá -murmuró tímido aunque muy seguro-.
El gruñido del coronel fue lo siguiente en romper el silencio cuando esta vez, fúe él quién tomó de la muñeca a Ed y lo haló hasta rozar con su nariz la suya.
- No tienes por qué marcharte. Tus deudas al otro lado de la puerta están saldadas -dijo en su típico tono enojado-.
- Ya te lo he explicado. Si negará mi agradecimiento hacia esa persona, estaría desmoronando toda la verdad que sustenta mi propia existencia. Allí encontraré la forma de regresar a mi hermano, y a excepción de Winry, nada más me ata aquí.
Roy agarró sus largos cabellos y tiró de ellos fuertemente hasta conseguir que el rubio tuviera que bajar sus orbes para mirarle.
- ¡Me haces…!
- ¿Eso piensas?
Quería y no, contestar a aquella pregunta. En realidad, llevaba tanto tiempo evitando que su corazón le diera la respuesta, que ciertamente no lo sabía. Más la brava mirada que lo enfocaba no dio margen de error a su contenida furia.
-- Hice una pregunta… ¡Con-tés-ta-me!.
Pronunció detenidamente, pero al no tener más respuesta que una temerosa mirada, fue poco a poco desenredado sus dedos de los rubios cabellos de Ed, dejan su brazo desvanecerse y su rostro caer hacia el suelo, sus ojos cerrarse pesadamente…
- Estoy haciendo lo mejor. Lo que es más correcto según mis principios, porque… nadie vería con buenos ojos que…
- ¿Desde cuándo le importa a Edward Elric lo que piense la gente¿En qué momentó la falsas hipocresía tiene prioridad en tu vida?
- Yo… -frunció el ceño y trago saliva, molesto por no tener la oportunidad de contestar esas preguntas a las que, tal vez, no había respuesta sincera-.
- Intercambio equivalente, dar algo por recibir otra cosa del mismo valor… es el pez que siempre acaba mordiéndose la cola. Un círculo continuo que no tiene fin, pero ¿cuándo llegará el momento de vivir, Ed? -suspiró- Hay cosas de la vida que nunca pueden compensarse. No tienen precio y simplemente hay que tomarlas y darlas, sin esperar gratitud. Pasará el tiempo y nunca sabrás lo que es…
Ed ahogó esa voz de una buena vez. Odiaba cuando el coronel le reprendía. Pero en esta ocasión, encontró una forma más adecuada de hacerle callar.
Presionó con la mano el hombro sano del moreno y enterró la de acero tras su cuello, consiguiendo que un frío escalofrío tensara toda su espalda. Acercó su rostro y terminó tomando prestados los labios de Roy, besándolos tan suavemente como se acarician los pétalos de una rosa.
La falta de aire fue el único causante de que aque6l beso se rompiera.
- Definitvamente… eres un idiota, Ed.
- ¿Qué?
- Ahora si que no voy a dejar que te marches. No hasta que haya saciado hasta la última gota de sed que tengo de ti.
- Coronel… ¡coronel! …. ¡ROY!
Mustang se incorporó de su respaldo, sujetó al rubio por los brazos y lo postró de un solo movimiento en la cama, quedando él en la posición dominante y haciendo que sus cabellos negros acariciaran la frente del más pequeño.
- Tu hombro… estás herido -señaló notando la mueca de dolor que por un segundo se había dibujado en la faz de Roy-.
- Ese es un dolor que sí podré soportar.
Ed se mordió el labio inferior y encogió sus brillantes ojos intentando retener el mar de lágrimas que deseaba escapar de su interior. Se agarró fuertemente al pecho del moreno y susurró en su oído.
- Te quiero… Te quiero y te amo tanto que esta será la última vez que estas palabras salgan de mi boca.
- Entonces, haré que ese sacrificio merezca la pena.
La caliente lengua de Roy recorriendo el cuello de Ed, quemaba tanto como sus imbatibles llamas y las juguetonas manos de Edward, nunca demostraron tanta habilidad como palpando aquel maduro cuerpo.
A ambos les quedaban tantas cosas por descubrir en el otro que no hubo consuelo capaz de calmar esa sensación de ansiedad y angustia. Pero en esa noche de locuras cualquier cosa ajena a ellos dos carecía de sentido, pues ni el tiempo ni el futuro acabarían destruyendo ese intenso momento de pasión que tenían para sacr a la luz todos esos sentimientos reprimidos por tantos años y todas esas palabras que nunca fueron pronunciadas cuando debieron.
Sencillamente porque, en el amor y en la guerra, todo vale.
Cualquiera podría haber visto que las cosas no habían salido como esperaban para el pequeño de los Elric, y a pesar de presentarse tan adulto, no dejaba de poseer el alma de un niño que se partía de dolor al escuchar de la propia boca de su hermano que se marcharía. Una vez más…
Pero tan claro como eso, resultaba el rostro de la rubia más hermosa de Rizenbull, cuya expresión era una mezcla de furia, decepción y anhelo. Miró desde lo lejos al coronel y no pudo evitar sentir algo desconocido para su corazón: el odio.
Justo cuando conoció la noticia de que Edward había regresado, no dudó en acudir a él. Tuvo ante sus manos la oportunidad de liberar de una vez por todas ese amor que no acababa de presionar su pecho, y por fin, podría confesarle todo. Decir cuan grandioso era su amor por él y dejar atrás esas noches de soledad en las que lamentaba cada una de las ocasiones en las que pudo decir que le amaba y nunca hizo.
Pero toda esa paz se hizo añicos cuando sus azules ojos se toparon con los dorados, cuando su corazón palpitaba con fuerza y deseaba sentir el ritmo del de Ed. Puso sobre la bandeja sus sentimientos, pero antes de poder acabar de hacerlo, el mismo al que tanto adoraba impidió que finalizase. Lo que Winry sentía por Edward no era un secreto para él, y precisamente por eso necesitó rogarle perdón, disculparse por todos esos años en los que había alimentado sus esperanzas cuando verdaderamente su corazón ya tenía dueño. Y así se lo hizo saber. Pero aunque la brillante alma de Winry consiguiera darle ese gusto, jamás sería capaz de perdonar al coronel. Aquel que definitivamente, le había arrebatado todas las cosas importantes en su vida. Todo cuanto su corazón habíaa amado fervientemente.
- Estoy seguro de que antes de lo que esperas encontraré la forma de hacerte regresar a casa, hermano. Y esta vez será para siempre -dijo Al separándose sin querer del fuerte abrazo de su hermano-.
- No tendremos paz hasta que lo consigamos. Y con la ayuda de todos vamos a conseguirlo. No te mereces vivir en ningún infierno.
- Winry… -susurró el rubio al enfocar sus ojos-.
Edward se sintió profundamente conmovido al encontrar aquella determinación en su amiga y sinceramente, se sentía el hombre más afortunado del mundo por poseeruna amistad tan valiosa como la suya.
- Winry… no tengo palabras que puedan describir todo lo que has hecho por mi hermano y por mí, desde siempre -sonrió ampliamente- Gracias por todo. A pesar de… de nuestros malentendidos sigues siendo un fuerte apoyo para mí y te lo agradezco.
- Lo que siento por ti no ha cambiado, Ed. Y aunque no me resultará sencillo, se que podré conformarme con tu felicidad.
- Oh, vamos, no digas eso. Eres la mujer más hermosa que he visto en este mundo y en el otro. Pronto llegará alguien que no sea tan imbecil como yo para dejarte escapar.
Y Winry sonrió a la broma. Después de todo contra el amor no se podía luchar, y ella bien lo sabía.
El claxon del auto donde se encontraba Amstrong sonó repetidas vces, y el rubio con un gesto, avisó de que partiría hacía allí enseguida.
Y de ese modo ocurrió. Todos los congregados frente al cuartel general se despidieron con emoción del joven que tantas veces había puesto luz en sus vidas, pero ni uno de ellos, perdió la esperanza de que algún día no muy próximo regresaría.
El motor arrancó con los típicos y molestos gimoteos roncos, y Amstrong y Edward se alejaron en el auto entre los densos árboles que adornaban armoniosamente la ciudad.
Juró no mirar atrás, pero por el espejo del coche volvió a mirar por última vez aquellos ojos oscuros que nunca lograría brrar de su mente.
Mientras en el cuartel, la gente comenzaba a dispersarse. Muchos se marcharían con el pequeño Alphonse, pues sin duda alguna, aquella noche sería dura para él. Más el alboroto montado a las puertas, hizo que un par de botas saliesen del edificio y se colocasen al lado de la firme figura del coronel, que seguía con la mirada perdida entre el paisaje en el que ya no se divisaba el objeto de su anhelo.
- Coronel.
- Riza… -le sonrió amablemente a modo de saludo, para luego volver la mirada hacia el horizonte-.
- Se le vé bastante recuperado de su hombro. Cualquiera diría que ha dado con el secreto de la mejor medicina -dijo la rubia con un mensaje más entre líneas-.
- Es posible.
- En cualquier caso… ¿no cree que tiene asuntos pendientes? Y muy urgentes, por cierto.
- Enseguida estoy con el papeleo. Hoy empieza una nueva semana y…
Riza enarcó una ceja cuando escuchó esa sarta de palabras que Mustang utilizaba a modo de escudo. Aquel hombre podía ser aparentemente tan firme como el témpano y deslumbrar de estabilidad, pero ella lo conocía hasta el mínimo detalle y nunca conseguiría engañarle. No por nada habían compartido juntos largos años de su vida en los que la lealtad, la amistad y el amor, reinaron alguna vez en desigualdad de condiciones. Y pese a que no se encontraban en el mejor de sus momentos, se vió en la necesidad de hacerle vez la luz de nuevo.
- Con mis más sinceros respetos, coronel Mustang, pero mucho me temo que ese parche que lleva en el ojo le está impidiendo ver con claridad.
- ¿Perdón? -dijo sorprendido por el comentario de la que hasta hace unos minutos, se negaba a dirigirle la palabra-.
- Ya me ha oido -musitó cerrando y frunciendo los ojos- Desde que le conozco lleva esperando encontrar el sentido de su vida, y lo ha dejado escapar varias veces… ¿Piensa cometer el mismo error reiteradamente?
- Riza ¿qué estás…?
- No he acabado -y lo enmudeció como pocas personas tenían la autoridad de hacerlo- Tal vez le consuele pensar que llegarán tiempos mejores, que cuando la situación sea más favorable podrá realizar todos esos planes que tienen en su mente de una vez por todas. Pero es que… quizás, el momento y las circunstancias adecuadas no se presenten nunca… ¿Entiende lo que quiero decirle?
El moreno dudo durante un momento. Estaba desconcertado. De todas las personas en el mundo, no esperaba escuchar esas palabras de Riza, pero ella era así de imprevisible, por eso la estimaba tanto.
Sacudió su cabeza, le dio la espalda y medio sonrió misteriosamente.
- ¿Desde cuándo?
- Señor…
- ¿Desde cuándo hace que lo sabes?
- ¿Qué usted estaba enamorado de Edward Elric? -y aunque esperaba una respuesta tan directa como esa, el coronel no pudo evitar sentirse anonadado- Digamos, que posiblemente lo supe desde antes que usted mismo se diera cuenta.
- ¿Em?
- Es una persona muy orgullosa, coronel Mustang, tanto que se autoengañó para no admitir que ese amor fraternal que había sentido siempre por Ed había madurado y se había transformado en uno completamente diferente. Es una lástima que una vez más, el temor por su reputación haga que sus sueños se frustren. Que lo que opinen los demás superiores sobre su relación le haga parecer menos hombre.
- Ahí se equivoca… Independientemente de lo que digan esa pandilla de rastreros, me considero más hombre que todos ellos.
- ¿Entonces por qué no evite que Edward cruce la puerta¿Por qué diablos deja escapar a la persona que ama?
- No… no lo sé… pero…
- ¿Pero tengo razón? -medio sonrió- Por supuesto. Vaya a buscarle, coronel. Antes de que sea demasiado tarde.
Roy arqueó una fina línea en sus labios, se acercó a Riza y la estrechó entre sus brazos, para luego besar su mejilla y sujetar con firmeza su barbilla.
- Te he querido más de lo que te imaginas.
- Lo sé.
- Pero no conoces cuánto más te quiero ahora.
- Coronel, coronel… no pierda más tiempo.
- Sí. Gracias…
El moreno asintió un par de veces y corriendo hacia la primera camioneta militar que encontró, la arrancó y se desvaneció de la vista de Riza en segundos. De aquella mirada que sin saberlo había empezado a llorar, pues aunque sus palabras fuesen sinceras el dolor de su corazón seguía doliendo como el primer día. Su mundo junto al hombre que amaba se desmoronaba sin remedio, pero aceptar la realidad era una de sus especialidades y si así, conseguía ayudar a su siempre idolatrado Roy Mustang, no dudaría en hacerlo. Él se merecía lo mejor y ella una segunda oportunidad en la vida, una nueva puerta que le abriera el corazón hacia nuevas metas.
Y así es como seguiría siendo, realista y risueña, pues bien es cierto que para hacer los sueños realidad, primero es necesario despertarse. Algo que Riza comprendió aquel mismo día.
Nada fuera de lo normal les había estado acompañando durante todo el trayecto. Ed había dado las intrucciones precisas a Amstrong para llegar al lugar de donde había regresado él y Elysia y todo había transcurrido sin mayor dificultad. Sin embargo, y al encontrarse frente a aquel enorme círculo de transmutación que le llevaría al otro lado de la puerta, su mente parecía haberse desconectado. Amstrong no había dicho nada, simplemente esperó en silencio y aún con las manos agarradas en el volante, ni siquiera lo presionó con una mirada, pero repentinamente.
- Es que tú no me entiendes…
- Te entiendo mejor de lo que piensas, Edward. He permanecido contigo en casi todos los momentos más relevantes de tu vida, te he visto madurar precipitadamente y he conocido las raíces de tu familia, tu pasado, tu presente… y cuál te gustaría que fuese tu futuro.
El rubio pestañeo cansadamente y miró a su compañero por el rabillo del ojo.
- Y por eso mismo sé que no hay nada que pueda decirte para convencerte y que te quedes. Pero esa es una de las cosas que admiro de ti, que sepas sacrificarte para acabar con las situaciones que quedaron sin resolver, y no me preocupa la espera, porque se que amas tanto este mundo y a la gente de aquí que de alguna u otra manera encontrarás el camino de vuelta.
- ¿Amstrong?
El ojiazul miró la cara del más pequeño, para observar como una tremenda sonrisa se dibujaba en sus labios.
- No sé como lo haces, pero es cierto que siempre consigues estar en los momentos que más necesito oír tus palabras. Y… no dudes en que volveré. Solo hazle entender a los demás el por qué es necesario mi marcha en estos momentos.
- Lo haré… Suerte amigo.
- Nos veremos pronto. Solo te pido un último favor, Amstrong…
- Dígame…
Un minuto después, suspiró y llenó su cuerpo de valor antes de abrir la puerta del auto y acercarse paso a paso al círculo. Se colocó justamente en el centro, se mordió la lengua y frotó fuertemente sus manos mientras Amstrong lo observaba desde el carro. Finalmente se oyó una palmada, y al mismo tiempo, un grito que no dejaron desapercibidos a los dos rubios.
- ¡Edward!… ¡¡¡EDWAAARD!!!
Se escuchó la voz cuando un sin fin de luces cegadoras comenzó a emanar de cada palmo del círculo de transmutación, tan potentes y vigorosas que apenas dejaban ver con nitidez al joven que se encontraba dentro.
- Co… ¡Coronel Mustang¡Deténgase en este instante! -exclamó saliendo a toda prisa del coche-.
- ¡Edward¡Dime que no los has hecho! -gritó Roy mientras corría hacia el alquimista-.
Su mano se alzó tratando de alcanzar la del rubio, que se había estirado de igual forma, pero antes de que pudieran rozarse, Louis agarró al moreno por la cintura impidiéndole dar el paso definitivo.
- ¡Amstrong, suélteme¡Es una orden!
- Lo siento señor, la transmutación ya está en marcha, si interfiriera podría sucederles cualquier cosa a los dos -masculló necesitando hacer verdadera fuerza para retenerle-.
- ¡Déjame ir o no respondo! -gruñó sin dejar de mirar al joven que poco a poco se difuminaba frente a él-.
- Por mí puedo hacernos arder aquí mismo, señor. Es… una promesa a un buen amigo.
El moreno abrió sus ojos por completo y entendió perfectamente aquel mensaje, luego volvió a mirar la distorsionada imagen del rubio pronunciando un par de palabras mudas que sintió tan hondamente como si las susurrara a su oído. Finalmente, la esplendorosa luz de la transmutación se apagó.
Dentro del círculo ya no había nada. Roy cayó de rodillas al suelo, para luego aferrarse con uñas a la tierra y contener dentro de sí el grito de furia que deseaba emitir por doquier. Había perdido.
- Lo siento mucho, señor, pero él así lo deseaba -añadió la apacigue voz de Louis- Todos debemos respetar su decisión. Y estoy seguro de que si a usted realmente le importa, también sabrá sacrificarse como él lo ha hecho.
Mustang cerró los ojos para concentrarse en la imagen que abordaba su pensamiento y conestar mentalmente a las palabras que había pronunciado Edward "Yo también… yo también…". Elevó su rostro y encontró la mano de Louis que no tardó en estrechar.
Si era cierto todo aquello en loq ue Ed creía, pronto estaría de vuelta. La equivalencia les debería toda una vida juntos y en esta ocasión, pretendía confiar en el alquimista de acero.
Sintió confusión en su cabeza y dolor en su corazón, pero un tremendo golpe procedente del exterior lo despertó de repente. Abrió los ojos de una sola vez y se sentó en la cama, observando la ventana que inesperadamente se había abierto sola.
Edward frotó sus ojos y miró a través de ella, encontrando un nevado paisaje alemán, que lejos de resultarle entrañable, le provocó una gran punzada en su alma. De nuevo se hayaba al otro lado de la puerta.
Había… ¿despertado?
Se acercó con pasos sigilosos hacia el cuarto de aseo, y apoyándose en el lavabo, encaró la imagen que percibía en el espejo, al tiempo que deseaba controlar su agitada respiración. Abrió el grifo y comenzó a mojar con impetú su cara, notando al instante ruidos entre la serenidad de la noche. Se sobresaltó inmediatamente y corrió hacía la planta baja, arribando hacia la cocina como un loco y encontrando tranquilamente sentado a Alphonse.
- ¡Alphonse! -exclamó desconcertando al aludido-.
- ¿Sí, Edward?
- ¡ES-ES QUE…¡SOY YO¡Y ERES TÚ¡ESTAMOS AQUÍ!
El de ojos azules enarcó una ceja y depositó sobre la mesa su taza de café.
- Sí, Edward… Eso ya lo veo…
- Enton.entonces… -exclamó nerviosamente y confunso-.
- Creo que deberías calmarte, Ed. Es muy tarde y no es momento de armar alboroto a los vecinos…
El chico rubio de ojos azules se acercó hasta él, pero cuando trató de tocarlo, éste retiró bruscamente su brazo retrocediendo unos pasos y finalmente, chocando con una de las paredes.
- Ed…
- Agh… mierda… -llevándose una mano a la cabeza- Me ha vuelto a suceder -cerró fuertemente sus ojos y trago saliva- Esto no tiene sentido…
- ¿Em? -musitó para paulatinamente ir alzando las cejas- ¡Aaam¡Ahora comprendo! -sonrió ampliamente- Has vuelto a creer que regresabas de otro mundo ¿no es eso? Y has venido a buscarme de nuevo… ¿Cómo empezaba¡Ah, sí! Despiertas en tu cuarto y sin ninguna razón nos adentramos en un bosque a lanzar cohetes. Es en ese instante cuando una hermosa niña viene a buscarte y te pide que…
El ojiazul siguió narrando su historia, pero Ed solo escuchaba martillazos en su cabeza y fuertes vibraciones. Aquel era su despertar matutino en el que una y otra vez le perseguía esa vivencia, que a menudo, se tornaba tan real que difícilmente lograba diferenciarla de su realidad.
Recordaba cada palabra como cierta, notaba la brisa del viento jugar con sus cabellos y las cálidas caricias de aquel a quién tanto amaba…
- … después lograis detener la revuelta de los ciudadanos y tienes una fuerte pelea a golpe seco con ese tal Mustang ¿es así?
- Mas o menos…
- Lo que ocurre luego es que…
Volvió a ensimismarse y a ignorar el exterior.
Aquello se le hacía tan auténtico que le resultaba una mortificación constante pensar que en realidad, nada de aquello había ocurrido, que nunca regresó a su hogar, que nunca admiró el cuerpo que tanto esfuerzo le había costado entregar a su hermano y que el amor que él y Roy se habían profesado solo se trataba de una ficción inventada.
- ¿Ed?
- Em… ¿sí?
- Es a lo que me refiero ¿no? -dijo Al acercándose al joven- ¿De nuevo la misma pesadilla?
Y en aquella ocasión, no hubo margen de error a la respuesta. Entre las miles de ideas que ahora atravesaban su mente y las decenas de reacciones que experimentaba involuntariamente su cuerpo, tuvo certeza de ello.
- No… Te equivocas. Ha sido el más dulce de mis sueños…
Alphonse enarcó nuevamente las cejas y miró extrañado al muchacho. Llevaba sufriendo esos mismos despertares con su amigo desde que le conoció, y jamás lo había notado tan melancólico y dolorido y al mismo tiempo, yan decidido y firme.
- No te entiendo, Ed.
- A veces dudo de si es cierto que hay un lugar más allá de nuestro alcance en el que se encuentra mi hogar. Un mundo tan hermoso y lejano que nuestros cohetes jamás serían capaces de llegar. Pero… yo siento pertenecer allí.
- Edward…
- Y no importa que creas o no, pues yo mismo he decidido acompañarte hasta el final de mi viaje en este lugar.
El de cabellos largos se acercó hasta el balcón, abrió las enormes puertas de madera y sonrió ampliamente al mirar a las estrellas.
- No hay nadie que pueda afirmar ciertamente cual es la realidad y cual es el sueño, pues estos pueden ser tan tangibles y carnales que pueden rebasar nuestra realidad y hacerse dueños de nuestros deseos y de nuestra voluntad. Pero… ahora estoy aquí, contigo, y tengo lo necesario para hacerlos realidad… ¡y es que he despertado! Hubo un tiempo en el que quise reprimirme y negarme a vivir en este lugar, ocultarme en mis ensoñaciones y vivir solo esos momentos, pero ahora que soy consciente de que estoy soy alguien en este lugar ¡deseo vivir, Al¡Deseo aprovechar todo cuanto tengo a mi alcance! Y tal vez, cuando llegué mi momento y mis pruebas se hallen superadas… pueda regresar al lugar de donde verdaderamente pertenezco y continuar con mi vida -suspiro para volver la cara hacía el joven- Eso es lo que creo que significa mi sueño.
Al lo miraba con auténtica atención. Aquel jóven no dejaba de sorprenderle y por primera vez, trató de analizar aquellas alocadas palabras que de vez en cuándo Ed solía soltarle. Fue entonces, que se encontró verdaderamente fascinado. Se acercó a él y lo tomó de los hombros para mirarle fijamente a los ojos.
- Tienes razón, Ed. Siento haber desconfiado de ti durante todo este tiempo. Reconozco que yo tampoco soy nadie para juzgar que es lo que hay de verdad y mentira en nuestras vidas… lo cierto, es que siempre tuve miedo de creer en tus palabras, sobre todo porque cada día que paso contigo estoy más convencido de que esto es el auténtico sueño, mi sueño Ed.
- Alphonse… -alzó las cejas-.
- Así es. Y por alguna extraña razón siento que soy el culpable de que estés anclado en este lugar. Te aprecio tanto que no deseo que te marches nunca, y eso me convierte en un egoísta. En realidad… puede que yo también necesite despertar para que definitivamente, tu puedas seguir adelante.
Edward se sintió conmovido. Mostró una leve pero hermosa sonrisa y tomó una de las manos de Al.
- Sea como fuere, tu también formas parte de mi vida. Y estaré contigo siempre. No tienes por qué preocuparte porque yo nunca te olvidaré. Ahora sonríe y termina de empacar esos materiales que nos vamos. Si esto es un sueño, no quiero irme sin haber disfrutado de cada una de las cosas que tiene para ofrecerme
- ¡A sus órdenes! -río-.
- Enseguida estaré listo.
Cuando estuvo preparado para marcharse, se dispuso a buscar las llaves del carro. Estaba seguro de que no las tenía él, y que como siempre, Al las tendría en su llavero sin ni siquiera saberlo. Aún así decidió darle gusto y tratar de encontrarlas. Registró cada uno de los cajones de su cuarto y bajo la cama. En ese instante, una luz llegó a su mente.
El joven tragó saliva y dirigió lentamente su mano hacia uno de sus bolsillos, extrayendo de él una prenda blanca que elevó hasta sus ojos. La miró con los ojos desencajados y seguidamente, el sonido de un claxon lo alertó de que, como esperaba, Al tenía las llaves. Finalmente emitió una enorme carcajada y se apresuró a dirigirse junto con su amigo. No sin antes, depositar sobre su cama el fino guanto blanco que acababa de encontrar en su bolsillo y que sin dudas, y tal como dictaba su principio de equivalencia, algún día debería devolver a su legítimo dueño.
Ya lo había dicho una sabia voz en antaño: la vida es un sueño y los sueños, sueños son,
Es maravilloso idear planes para el futuro, deseos que solo nuestro corazón es capaz de entender y mantener a flote, alimentarlos con nuestra paciencia y esfuerzo para finalmente alcanzarlos. Pero nunca hay que dejarse llevar por el camino equivocado ni ensimismarnos en ellos, sino aprovechar cada lugar, cada momento y cada persona como únicas. Vivir el momento, apreciar la belleza de las cosas simples y jamás olvidar que la realidad es capaz de superar con creces cualquier ficción y colocar bajo nuestros pies cualquier cosa. Solo es cuestión de proponerse una meta y luchar por cumplirla, sin esperar que nada nos caiga del cielo ni imaginar vidas futuras o ficticias. La vida es demasiado bella para desaprovecharla y ciertamente, poseemos un enorme corazón ansioso de llenarse de recuerdos, vivencias, sensaciones y sentimiento que llevaremos siempre con nosotros.
Porque puede que al despertar, solo hallemos la nada.
F I N
¡Holaaa!
Pues aquí se para nuestro tren. Espero que durante el trayecto se hayan sentido cómodas, hayan disfrutado y por supuesto, que no se hayan mareado mucho.
Supongo que la historia no acaba como pensaba la mayoría, pero he querido adornarla de todo un poquito. Por mi parte he disfrutado mientras le hacía tomar formar, aunque me queda la espinita de ciertos asuntos en los que querría haber profundizado un poco más y bueno... sigo teniendo sed.
Para acabar, me gustaría agradecer a toda la gente que me dedicó un reviews y aunque no lo sepan, me han llenado de muchos ánimos e ilusión sus palabras. De igual forma esperó recibir sus opiniones y si por otro lado, tienen alguna duda o algo que les quedó inconcluso, no duden en hacérmelo llegar.
¡Que nuestros caminos vuelvan a cruzarse algún día!
¡Besos y sean felices!
