Los personajes de Bleach pertenecen a Tite Kubo.
La historia es una adaptación del manga "Miseinen Dakedo Kodomo Ja Nai"
Advertencias: AU. Contiene OoC .
Gracias por comentar: jbadillodavila, Akida-san, AndreaBarboza.3363, FrikiHimechan, nessie black 10 Frany H.Q, 8579.
LIGERAMENTE CASADOS
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Capítulo 3.- ¿Te has gastado todo el dinero?
La mañana transcurrió normal entre clases para adelantados, que tomaban voluntariamente, y clases de regularización, que eran obligatorias.
Después de clases los alumnos que pertenecían a algún club fueron a sus prácticas. Eran casi las dos de la tarde y el clima ya era caluroso, aún bajo techo.
En el gimnasio de la universidad se encontraban los equipos de Kendo y Judo, cada uno ocupaba la mitad de la cancha. El equipo de Básquet ya había terminado su práctica y les había cedido el lugar.
Byakuya sentado fuera del área de la lona azul observaba como dos de sus compañeros entrenaban. Desvió su mirada al lado izquierdo.
En la otra mitad de la cancha los alumnos del club de Judo tenían una demostración de sus habilidades. En ese momento una chica de cabello negro había derribado a su oponente. Debía admitir que era muy buena en ese deporte.
No sabía su nombre pero la reconoció como la amiga de Yoruichi. Byakuya buscó a la morena entre las personas que estaban en las gradas pero no la encontró.
—Byakuya, tu sigues. —le indicó el entrenador.
Él se puso de pie y caminó al centro de la lona, donde ya lo esperaba un chico de segundo año. Se veía nervioso por tener que pelear contra él.
La contienda comenzó y como casi siempre Byakuya fue el primero en asestar un golpe. Los ojos grises de nuevo se posaron en las gradas.
—("¿Se habrá perdido de nuevo?") —se preguntó. Si no estaba ahí es porque ya se había ido a la casa.
En la mañana le había permitido acompañarlo a la escuela para que se aprendiera el camino, pero quizá ella ya lo habría olvidado.
—¡Punto para Takeshi! —gritó el entrenador sacándolo de sus pensamientos.
El muchacho sacando ventaja de su distracción lo había golpeado en el antebrazo y él ni cuenta se dio hasta que el entrenador le habló.
Enseguida Byakuya se volvió a concentrar en su práctica y logró ganar el encuentro al asestarle dos golpes seguidos, uno en el abdomen y otro en la cabeza.
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—Byakuya estuviste desconcentrado en la práctica. —comentó Kyoraku mientras caminaban a la salida de la escuela. Eso no era propio de su amigo, quien se tomaba muy en serio las prácticas.
—Por poco pierdes. —agregó Ukitake.
Byakuya se enfadó, no necesitaba que se lo recordaran. Afortunadamente logró salvar la situación, pero no quería pensar que habría pasado si no lo hacía. Nunca se perdonaría el perder un encuentro con alguien de segundo, perdería la reputación que se había ganado.
—¿Es por esa chica de cabello morado? —preguntó Renji. Byakuya volteó a verlo serio, aunque escondiendo el desconcierto por sentirse descubierto.
—¿No sé qué tiene que ver ella en esto?
—Es porque esa chica tan linda no vino hoy. —señaló Haru abrazando a Byakuya. —también la extrañé.
El chico de cabello negro se deshizo del abrazo.
—No molesten con eso. —exigió. Pero en el fondo sabía que era inútil, porque sus amigos eran muy hostigosos.
—Como quieras, pero ya sabes que cuentas con nosotros para lo que sea. —mencionó Kyoraku, los demás asintieron.
—Sí, cuando quieras declarártele nosotros te ayudamos. —sonrió Ukitake y el muchacho de cabello negro lo fulminó con la mirada. Los demás rieron a sus costillas.
—Bueno, dejando eso de lado, tengo cupones gratis para el bufet del "Gotei Trece". —informó Renji mostrándoles cinco cupones.
Todos se alegraron, aunque Byakuya no lo demostró.
El Gotei Trece era el lugar de comida favorito de los chicos y acudían a él con frecuencia por el bufet ya que por un precio accesible podían comer todo lo que quisieran. Pero cuando obtenían esos cupones entonces el ir ahí se volvía una obligación.
—Lo siento. —comentó Byakuya. —pero tengo cosas que hacer y no puedo ir.
Los demás se extrañaron mucho, pues conocían la situación de su amigo y sabían que nunca perdía la oportunidad de comer gratis o comer fuera de su casa.
—¿De verdad? —preguntó Renji. —es gratis. —remarcó.
—Sí, pero hoy no puedo ir. —reafirmó.
Se despidió de sus, aún incrédulos, amigos y empezó a caminar a casa.
No sabía porque tenía la necesidad de asegurarse de que ella estuviera bien y sin ser consciente de lo que hacía, apresuró el paso.
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—("No sé porque me preocupo por ella"). —pensó Byakuya mientras subía las escaleras
Cuando llegó frente a la puerta de su pequeño departamento escuchó ruido adentro y se sintió más tranquilo.
—("Debí haber ido a comer"). —pensó, pues su preocupación era infundada. Ahora tendría que volver a comer sopa instantánea.
Agarró el pomo de la puerta y estaba por girarlo cuando escuchó algo romperse dentro de la casa.
"Odio estar aquí" "Odio esta vida"
Byakuya recordó las palabras que su madre le gritaba con frecuencia a su padre. Se quedó estático, sintiéndose agobiado.
Para él no era un secreto que sus padres se casaron por su culpa. Hana se lo hizo saber desde pequeño.
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Byakuya, de seis años, salió de su cuarto para ir por una bebida. Pero al llegar a la cocina vio a sus padres discutiendo.
—¡Ya es tarde y no has hecho de comer! —reclamó Sojun con enojo. Había llegado cansado del trabajo y no encontró nada en la cocina, intuyó que su hijo tampoco había comido. —Debes de ocuparte de tus responsabilidades.
—¡No me casé contigo para esto! —le gritó alterada. —Me arrepiento de haberme embarazado de Byakuya, si no lo hubiera hecho en este momento sería feliz. —externó sin importarle la presencia de aquel niño de ojos grises, que derramaba lágrimas desconsoladamente.
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Byakuya retiró la mano de la manija. Seguramente Yoruichi también lo odiaba por hacerla infeliz, por haberla alejado de las comodidades a las que estaba acostumbrada.
Ahora se daba cuenta que era un hombre muy cruel. Sólo había pensado en él. Ella tenía derecho a odiarlo y odiar aquella casa.
De repente la puerta se abrió y lo golpeó en el rostro. Yoruichi salió.
—¡Byakuya! —exclamó ella asustada por verlo ahí. —lo siento. —se disculpó al ver que él se sobaba la nariz. —pero tienes la culpa por quedarte parado frente a la puerta. ¿Y por qué lo hacías? —cuestionó curiosa.
—Escuché algo romperse, y el que odies la casa me trajo recuerdos. —aclaró.
—Yo no odio la casa. —dijo Yoruichi. —Es cierto que no tiene lujos, pero no podría odiar algo que mis padres aman. Además es nuestro "nidito de amor". —agregó con burla. Byakuya la miró más tranquilo. —El ruido que oíste fue un plato que se me resbaló. —dijo enseñándole una bolsa de plástico, donde estaban los pedazos rotos, la cual iba a tirar a la basura. —Mira, hasta me corté. —le dijo mostrándole la palma de la mano izquierda, donde tenía una pequeña herida que sangraba.
Byakuya se sorprendió y angustió. Le quitó la bolsa de la mano y la tiró al suelo, más tarde se haría cargo de ella. Luego, para sorpresa de la morena, la tomó de la mano sana y la condujo al interior de la morada.
—Es increíble que no te atiendas esa herida. —la regañó mientras la sentaba en una silla del comedor, pues no tenían sala.
—Pero si es muy pequeña. —mencionó ella riendo por la exagerada reacción del chico.
—Se te puede infectar. —replicó él.
—Pero…
—No te muevas Shihoin, iré por algo para desinfectarte eso. —ordenó interrumpiéndola. Byakuya fue a su cuarto y ella miró su herida.
No era grande, apenas y se notaría cuando cerrara. Pero se sentía bien sabiendo que Byakuya se preocupaba por ella. Estaba comenzando a descubrir un lado tierno y protector.
Byakuya regresó con una torunda, un curita y una botella pequeña de yodo. Sin pensar en lo que hacía o el mensaje que trasmitía, le limpió la herida a la chica y luego le puso la venda adhesiva.
—Ya está. —Miró con orgullo su trabajo.
—Gracias. —atinó a decirle ella sonriéndole. Él la miró y enseguida volteó a otro lado, la cocina.
Yoruichi decidió guardarse un comentario sobre que era gracioso verlo avergonzado, sabía que le molestaría.
—¿Te vas a comer todo eso? —preguntó sorprendido, pues en la barra de la cocina había seis tazones grandes con comida entre ellos carne asada, estofado de pollo, ensaladas, arroz y papas fritas.
—¡Claro que no! —respondió captando la atención del chico. Esta vez la comida sobrepasaba la cantidad de lo que podía comer. —sin darme cuenta terminé haciendo de más. —reveló. —como me gusta cocinar a veces no mido las proporciones.
Byakuya regresó su vista a la comida y se acercó a la barra. Todo se veía apetitoso y olía mejor. De verdad se le antojaba probar todo, pero su orgullo no le permitía pedirle a Yoruichi comer de lo que preparó.
—Pensé en tirar la comida. —comentó la morena a su lado. —pero eso no está bien, así que porque no me ayudas a comerla. —sugirió. Él volteó a verla. —No estamos rompiendo ninguna regla porque no la hice para ti.
—Está bien. —respondió él. —sólo lo hago para no desperdiciar la comida.
Yoruichi asintió reprimiendo una sonrisa.
Ambos llevaron la comida y los platos y cubiertos a la mesa. Se sentaron en la silla y se sirvieron.
El primero en llevarse un bocado a la boca fue Byakuya.
—¿Y bien? —preguntó Yoruichi para saber su opinión.
—Está delicioso. —contestó unos segundos después de probar el estofado. En verdad tenía tiempo que no probaba algo así.
—Ya lo sabía. —respondió confiada en sus habilidades culinarias.
—Me alegro de no haber ido al "Gotei Trece" con los chicos. —comentó despreocupado mientras se llevaba otro bocado a la boca.
Yoruichi ya había escuchado hablar de ese lugar por sus compañeros.
—¿Tenías planes para hoy? —preguntó intrigada por una hipótesis que se le ocurrió.
—Mis amigos me invitaron a ir porque tenían cupones gratis, pero rechacé la invitación. —respondió, confirmándole a la chica su idea.
Siguieron comiendo en un silencio agradable. Al terminar Yoruichi levantó los platos y los llevó a la cocina. Estaba enjabonándolos cuando Byakuya se acercó a ella con un trapo.
—Te ayudaré a secarlos. —le comentó. Ella asintió.
—Me alegra que te gustara lo que cociné. —murmuró Yoruichi mientras le pasaba un plato hondo. Él lo tomó y lo secó, luego lo dejó en el escurridor de trastes.
—Pero creo que no debí comerla. —opinó. —Yoruichi dejó de enjuagar un vaso y volteó a verlo, encontrándose con la mirada gris. —Para poder salir de mi casa me casé contigo y te usé, no me preocupé por tus sentimientos y en lo que te lastimaría. Por eso creo que el comer algo que preparaste es muy ruin de mi parte. —reveló con seriedad y sinceridad.
Ella dejó el vaso en el lavadero y cerró la llave de agua, volteó a verlo otra vez. Él se imaginó que le reclamaría, y lo aceptaba.
—Dices que no te importaron mis sentimientos. —comentó ella. —pero te has preocupado por mi todo este tiempo, si no te importara no hubieras cancelado la salida con tus amigos para cerciórate de que hubiera llegado bien a casa. —él se tensó al sentirse descubierto. —ni tampoco te habrías angustiado por mi pequeña herida. —le dijo mostrando el lugar en el que tenía la vendita color piel.
—No estaba preocupado, sólo no quería tener que darle explicaciones a tu papá si te pasaba algo. —dijo orgulloso.
—Si tú lo dices. —se rindió Yoruichi. —Ahora continúa con tu trabajo que esos platos no se secaran solos. —ordenó ella. —por cierto creo que me debes una por dejarte comer mi comida, así que de ahora en adelante deberás llamarme por mi nombre. —informó la chica, pues en verdad no le gustaba que la llamaran por su apellido, lo sentía algo rudo.
—De acuerdo… Yoruichi. —concedió por sentirse en deuda.
La sola mención del nombre hizo estragos en los dos, quienes no dijeron nada y siguieron con su trabajo.
Cuando terminaron de limpiar la cocina Byakuya se dirigía a su habitación, pero vio en la barra el sobre amarillo que contenía los gastos del mes.
El día de la boda el padre de Yoruichi les entregó un sobre amarillo con el dinero para los gastos del mes. Se los daría hasta que ellos terminaran sus estudios y pudieran encontrar un trabajo. Byakuya lo había guardado en un cajón del ropero del cuarto de Yoruichi. Pensó que estaba más seguro ahí.
—Yoruichi debes de regresar el dinero a su lugar después de usarlo. —comentó el chico acercándose a la barra para tomar el sobre. Se extrañó al sentirlo menos grueso, así que lo vació en la barra.
Yoruichi se acercó a él.
—No puedo creer esto. —exclamó sorprendido y enojado. Volteó a verla. —sólo quedan dos mil pesos de los veinte mil. —reprochó, y apenas era el sexto día del mes.
—Pues gasté en la comida. —comentó despreocupada. — además tuve que comprar trastes, los que había ya tenían telarañas. —¡Claro! Ahora que lo pensaba bien era obvio que aquellas cacerolas y platos se veían nuevos. Byakuya se reprochó por no darse cuenta antes.—¡Ah!, y di un donativo para una casa hogar y un refugio de animales. —mencionó. Hubiera querido que eso quedara en secreto, pero tenía que rendir cuentas.
—¡Shihoin! ¡Tenemos que hablar! —habló con enfado Byakuya.
—("Me volvió a llamar por mi apellido") —pensó decepcionada Yoruichi. Sin darse cuenta que Byakuya la fulminaba con la mirada.
Sé que he tardado mucho en actualizar, y no sólo ésta, sino la mayoría de mis historias, pero pasé por un momento de falta de inspiración y después por uno de desinterés total por escribir. No sé si por el trabajo, por cuestiones personales o por simple pereza, pero llegó un momento en que abría alguna historia, apenas escribía dos palabras y me decía "Mejor después". Y ese después no llegaba.
Pero creo que el estar editando la historia de "Contrato de amor" me ha servido para que recuerde cuanto me gusta escribir fics. Les agradezco por su paciencia y me comprometo a terminar la historia.
Saludos.
